¡Saludos!

Pues aprovechando que pasaba por aquí y tenía un episodio escrito que había terminado de leer para ver si estaba bien, vengo a actualizar. Sólo quiero añadir que este episodio tiene advertencia de +18.

Aparte de eso quiero agradecer a todos los que han pasado por mi página de Facebook, por sus likes y comentarios, me han dado el ánimo suficiente para seguir con esta maravillosa historia; he tenido algunos problemas para superar algunas cosas (como el bloqueo de escritor que tengo). También tuve un gran tropezón cuando perdí al único traductor que tenía para pasar este fic al inglés :( así que ese proyecto se cancela hasta encontrar un alma caritativa que tenga excelente manejo del inglés para traducir mi obra.

En fin, eso es todo por ahora. Espero no tardarme demasiado en la próxima actualización ;_; siento mucho si les desesperé, pero ;) sepan que no se arrepentirán, este episodio los compensa por completo. Es largo, intenso, sabroso y enfocado en DxL (Darius y Lux _). La próxima actualización vendrá en 20 días o un mes ;( y recuerden que comentar es apoyar al autor a seguir escribiendo la historia.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 24 – Una Noche Juntos


Explicar su vida juntos no era complicada, en sí… era sencilla, rozaba lo increíblemente básico. Despertar, comer y dormir.

Ojalá fuera difícil, ojalá tuvieran momentos especiales en aquella vida matrimonial pero ellos simplemente no hablaban, ello duró por un par de semanas. Darius estaba aún demasiado inseguro para preguntar algo, Lux tenía una expresión vacía en su rostro, no podía descifrar si quería un acercamiento o no.

Despertar por la mañana, caminar por casi una hora hasta llegar a su cuartel y volver por la noche para ver a la callada rubia comer en silencio, tan sólo el sonido de los cubiertos, estaba cansado pero no podía intervenir, de alguna manera era su culpa. Nada le impedía empujar a Cait cuando se le abalanzó. Tristemente el noxiano no sabía de las maquinaciones de Le'Blanc usurpando el lugar de la piltoveriana.

En fin…

Para cuando terminaban la cena aquella noche, algo interrumpió su atención.

- ¡Vaya par de tortolitos! –dijo con voz fuerte Draven.

- Te duró poco la vergüenza, ¿eh? –preguntó Darius un tanto molesto por el sobresalto.

- Dirás "dinero", vergüenza es lo de menos –respondió divertido y alcanzó a sentarse al lado de la rubia, la cual lo vio algo sorprendida- ¿qué cuentas? –pronto cayó en cuenta de que ahora no era más una extraña a su reducida familia- perdón, "hermanita" –le pasó el brazo por el hombro.

- ¡Quita tus manos de ella! –le gritó Darius levantándose de su lugar y yendo hacia Draven.

- Pues alguien debería de empezar a hacerlo –respondió Draven lleno de morbosidad, al instante Darius se paralizó, su ojo tembló del estrés que le provocaba la presencia de su hermano.

Cerró sus puños sin más ánimo de pelear con ello, veía como Lux no hacía nada para defenderse por lo mismo lo dejó pasar, estaba cansado de sentirse culpable y comenzaba a llenarse de celos, otra vez.

- No tengo hambre –añadió y salió de la escena. Iba a dormir, quería hacerlo, sencillamente tenía demasiada rabia para poder lograrlo pero lo intentaría, la sola imagen de su hermano acariciando el hombro de Lux, sin que ella hiciera nada para alejarse, lo perturbaba.

Al alejarse el celoso Darius, la demaciana le dio una pequeña palmada a la mano del recién llegado como una advertencia, Draven no luchó demasiado para alejarse, lo hizo en paz. Un sirviente llegó y le sirvió comida, parecía haber sido sólo una movida para irritar a su hermano.

- Vuelve a tocarme frente a mi esposo y sabrás cuan inofensiva es una patada en tu entrepierna –advirtió seriamente.

- Uuuuy… ¿de dónde nace tanto rencor? –respondió sin tomarla en serio- entonces es verdad que las mujeres se vuelven amargadas si no se las meten de vez en cuando, ¿eh?

Sin voltear a verlo Lux usó su entaconado pie para golpear una de las patas de la silla de Draven, la cual se quebró e hizo que el noxiano cayera por el desbalance al piso sin poder hacer nada para evitarlo.

Al verse humillado, el hermano de Darius, se levantó en contra de la rubia, la cual lo inmovilizó y lo cegó con un destello de luz aprovechándose de ello, para entonces Draven ya se sentía bastante atontado. La rubia finalmente lo hizo caer nuevamente al piso para amenazarlo con un aura muy brillante de luz en su puño.

- Jajaja… bien, bien, bien, eso no me lo esperaba –decía divertido y sorprendido al mismo tiempo.

La rubia suspiró y se alejó de él, no estaba feliz con lo que había hecho, usar sus habilidades y artes de pelea aprendidas en su juventud para intimidar no era algo que ella hiciera. No estaba orgullosa de la persona en la que se convirtió. Culpaba a Darius por ello, la había hecho caer en un estado de irritabilidad difícil de manejar.

- L-Lo siento –dijo totalmente desanimada y se fue.

De camino a su habitación sintió el peso de la culpabilidad, dejar que Draven la tocase de esa manera tan coqueta frente a Darius fue un error y quería parar pero el solo ver a Darius molesto le daba cierta satisfacción, ¿qué era esta sensación? Nunca la había sentido, era como si verlo sufrir ensalzado en celos le diera gusto, era… ¿venganza?

No, ¿cómo se permitió tal actitud? ¿Era Noxus? Estaba cambiando a causa de su infelicidad.

Entró a su habitación y se encontró una maleta, se sorprendió de ver ropa desordenada por todos lados y más cuando en su armario se encontraba el noxiano, no, ¡no era un noxiano cualquiera! Era su esposo, para bien o para mal.

Volteó a verla al sentir su presencia, levantó la mirada molesto y aunque no tuviera palabras para expresarse quería darle a entender que no iba a seguir permitiendo nada así nunca más.

- Vete.

Dijo concluyente, la sola palabra resonó en la habitación, tan firme que el mismo Darius dudó por un segundo de sus propias intenciones al llegar.

- Basta de esta actitud. Dormirás conmigo.

- No –respondió ella.

- Esto es el colmo, ¡no vas a pasar sobre mí de esa manera! Eres mi esposa y como tal debes dormir en mí habitación, ¡no voy a permitir más de tu rebeldía!

- ¿Ah sí? –dijo desafiante Lux.

- Sí.

Contestó Darius y siguió con su interminable tarea de meter la delicada y hermosa ropa de Lux como sea en aquella diminuta maleta.

- No voy a ir contigo aunque pongas mis cosas ahí –continuó Lux al ver que su esposo no se detenía.

- Sigue diciendo eso –respondió Darius y llevó la maleta hasta su habitación.

Al volver Lux había cerrado la puerta pero el noxiano se las arregló para entrar, rompiéndola. Le daba igual, se encontró con Lux de espaldas a él, tenía los brazos cruzados.

- Ahora ven –dijo Darius. Lux siguió sin moverse.

- No voy dormir contigo, no después de todo lo que me ocultaste.

- Fue hace tanto que creí que había sido olvidado –se excusó.

- Esta bien, entiendo eso, lo que no puedo dejar pasar es tu desliz con Cait. Es mi amiga y la besaste –añadió con un poco de tristeza.

- Fue ella quien me besó. En ningún momento participé de lo que haya pasado por su mente, ¿por qué no me crees? Tú besaste a aquel príncipe y yo entendí tus razones, aun cuando lo hiciste voluntariamente fue doloroso pero yo te quería a ti, nunca pasó por mi mente hacer lo que me haces ahora.

- Lo hice para salvar tu vida, ¿cómo pretendes comparar tu vida a un simple impulso de deseo provocado por un romance en tu pasado? –preguntó la rubia.

No quería entenderlo y menos escucharlo, no podía hacer nada. Tal vez ella tenía razón y debía dejar morir el sentimiento que alguna vez surgió en ellos, si esto era tan poderoso como para no poder superarlo entonces no se merecían una vida tortuosa aguantándose el uno al otro.

- Hiciste votos, qué fácil es prescindir de todo y sólo escuchar las voces inseguras en tu interior –reclamó Darius a todas voces.

- Fue un error, todo –decía la rubia encogiendo los hombros.

Quería… matarla, sentía tanto amor y deseo por conservarla en su vida que le dolía, inexplicablemente tampoco podía tocarla o lastimarla. Tal vez sólo quedaba una opción y era ¡obligarla a quererlo de nuevo!

¿?

Fue hasta ella y la cargó en sus hombros, Lux gritó que la soltara pero Darius ensordeció a cualquier súplica o pedido. La llevó a gritos y empujones hasta su habitación donde la soltó en la cama como si de un bulto se tratara para luego ir hasta la puerta y cerrarla.

- ¿Qué haces? –preguntó asustada.

- Vas a dormir aquí –dijo Darius sin moverse de la puerta.

- ¡No puedes hacer esto! –le gritó asustada y enojada al mismo tiempo.

- SOY TU ESPOSO -respondió el noxiano tratando de rescatar algo de aquel quiebre- ¿cuál es el problema? ¿Por qué no eres capaz de ver más allá de un error?

- ¡Tengo muchos celos! ¡Te odio! -le gritó y nuevamente le dio la espalda tratando de ocultar sus sentimientos- me he convertido en una criatura egoísta y sólo… siento esto –puso su mano en su pecho- no puedo evitarlo, sé que no fue un día perfecto pero lo fue hasta que descubrí algo que me ocultaron, me hizo sentir engañada y luego estos celos… mírame, soy casi una niña, Cait siempre fue tan inteligente, tan femenina y fuerte al mismo tiempo. Sólo quiero quitar estos malos sentimientos de mi interior pero no eres capaz de entenderlo.

- ¿Por qué? ¿Insinúas que soy estúpido? –reclamó el noxiano.

Era eso… eran celos. Lux no podía con aquel sentimiento, su interior ardía en llamas por tener que vivir ese sentimiento de forma que no podía hacer nada para evitarlo. Esto había sido causado porque en su vida quizás nadie la hizo sentir de ese modo.

Creció y vivió en una familia acaudalada, con todos los beneficios que una noble pudiera recibir, muy aparte de todo tenía esa inteligencia, tan alabada por sus profesores, sus padres, sus amigos… era difícil para alguien tan excepcional verse perdida en un sentimiento por el cual jamás pasó.

Y no era solo, lo único que no podía controlar en su perfecta vida era el amor tan inestable que existía en aquel entonces entre ellos, ¿cómo controlar algo que no esperó? ¿Cómo controlar la pasión que por Darius tenía? Lux era la clase de mujer que planeaba todo, eficaz e inteligente y algo como este matrimonio se había salido de sus planes. Estaba viviendo sin instrucciones. Imaginaba incluso la edad en la que se casaría, en la que entraría al ejército, en la cual tendría hijos y todo se fue a la basura por seguir a, lo que quizás fue lo más arriesgado que hubiera hecho, su corazón.

Era mujer, le gustaban las novelas románticas y soñaba con un príncipe como Jarvan. Pero también era un inteligente e independiente ser humano con capacidades plenas de lucha, así que aunque le gustaba caer en ciertos clichés femeninos, era consciente de que todo ocurría en ambientes fantasiosos… pero ahí estaba Darius, probándole que quizás algunas cosas podían pasar.

- Si soy estúpido, ¿por qué te casaste conmigo? –preguntó.

- NO ERES ESTÚPIDO –gritó quedándose sin aire por unos momentos.

Bajó la cabeza, varios mechones le obstaculizaban la vista, sólo podía notar cómo su cuerpo temblaba, parpadeó un par de veces y vio de reojo al noxiano, el cual se mantenía quieto, en una esquina donde la tenue luz no llegaba.

Le daba vueltas todo, sólo sentía incomodidad. Darius se quitó de la puerta no sin antes llevarse la llave y en su lado de la cama comenzó a quitarse la ropa hasta quedar en interiores, eso dejaba su pecho expuesto. Lux no lo miraba pero había escuchado caer toda aquella armadura y ropa pesada, tenía las mejillas rojas, no sólo por aquel grito sino también por lo que sucedía.

No estaba preparada, se decía una y otra vez pero todo cambió cuando el pelinegro se acostó en la cama, dándole la espalda al lado vacío de la cama de Lux. Sólo el rechinido del movimiento de Darius la hizo quitarse toda esa cabellera que cubría su rostro para verlo. Iba a dormirse.

- ¿Es todo? –preguntó Lux con tono sumiso.

Su respuesta se dejó venir en un gruñido pero aún con eso no volteó a verla, Lux con mirada insegura, sin saber cómo moverse en esa enorme habitación se sentó al borde de aquella cama, podía recorrerla con la yema de sus dedos sintiendo la suavidad de las pieles que fungían como cubrecamas.

Levantó una esquina de aquella frazada de su lado entonces y se pensó por un momento entrar, estaría en el mismo lugar que aquel a quien tanto había alejado. Deseaba conocer su calor, ansiaba su cuerpo junto al suyo y saciar su inexperiencia con el placer de la experiencia.

Quitó parte de su ropa por un momento y buscó algo para ponerse entre todo aquel desastre, en la maleta mal hecha encontró un sencillo camisón, no quería lucir sexy, sólo quería dormir tranquila y si su esposo la asaltaba en un arrebato apasionado podría al menos huir ligera.

Las sábanas ya guardaban el calor de Darius, lejos de hacerla sentir mejor la hizo cohibirse más, no quería que pasara nada.

- No eres estúpido… no quise insinuar eso, lo lamento -susurró Lux volteando su cuerpo al lado contrario de Darius, Sus espaldas ni si quiera chocaban, había un espacio tan grande entre ellos.

- En ocasiones sí lo soy, fui estúpido al casarme contigo. Una mujer tan llena de perfección, capaz de convertirme en un falso seguidor del cambio.

- ¿Crees que eres el único que ha sacrificado algo dentro de sí? –añadió con dolor, Lux estaba sintiendo el resentimiento fluir en su interior.

- Quiero a Noxus victoriosa, fuerte e incorruptible.

- Quiero vivir la libertad, la paz y el fervor por la justicia…

Creyendo que su amor era lo suficiente se unieron, sin pensar en los contratiempos, las diferencias, el enorme abismo entre ellos se hacía más profundo, persiguiendo ideales tan lejanos, aún sin ser una pareja, dos espíritus combatientes en distintas sintonías.

- Pero –Darius volteó a ella- quise ser estúpido, ¿entiendes? Yo… en realidad –acercó su mano al hombro de Lux, aun sin tocarla- me miento cuando te culpo –carraspeó un poco y posó su mano sobre el hombro de la rubia, esperaba ser rechazado pero no fue así- fui yo quien te eligió, nadie me obligó, plagaste mi mente y mi cuerpo de locos deseos. Supongo que nunca pensé en ser 'feliz' hasta que te conocí. A pesar de fallar como un verdadero soldado, triunfé al cumplir la meta al empezar a amarte.

- ¿Quieres realmente seguir con esto?

- Estoy casado contigo, ¿no?

Era torpe para responder y a pesar de ello, Lux entendía algo porque su cálida mano apretaba su hombro con delicadeza. Volteó a él tratando de ser cuidadosa, la cama hacía un ruidito cada que alguien se movía.

- Es difícil hacer a un lado las diferencias, es… -se detuvo.

- ¡Complicado! Lo sé, pero coincidimos en una cosa, ¿no? –preguntó el noxiano.

- ¿En que podemos trabajar en nuestros problemas haciendo una cita con un consejero matrimonial? –preguntó dudosa.

- Ven –la acercó a él mientras extendía su brazo para que ella lo usara de almohada- ¿sientes eso?

- Sí… -susurró sin quitarle la vista.

- Ninguno de los dos está seguro de esta relación pero si nos acercamos, dejamos de lado las diferencias, incluso dejamos de sobrepensarlo todo, sólo sentimos esto –sonrió levemente.

- ¿Qué es? –le preguntó a Lux.

La rubia alzó su mano y la puso sobre el pecho del noxiano, su corazón latía como el de un caballo de carreras, tan potente que apenas lo contenía. Todo esto le recordaba lo afortunados que eran de estar juntos, estuvieron a punto de no lograrlo pero por alguna razón terminaron uno al lado del otro.

- Confía en esto –dijo Darius.

No trataba de arrastrarla a la idea insana de creer ciegamente en su corazón, la animaba a creer en él, en su fuerza de voluntad, la cual logró que viviera con un poco de ayuda pero vivía, no para cumplir los caprichos de una niña mimada sino para hacer realidad una vida que merecían.

- Perdóname –volvió a decir el noxiano en medio de aquella suntuosa oscuridad.

El rostro de Lux se llenó una inmensa dulzura mientras un rastro de lágrimas rodaban por sus mejillas. Eran frías, llenas de tristeza y a la vez remarcaban el esfuerzo de la rubia por hacer a un lado su egoísmo y entender a su esposo.

- …debí ser honesto con respecto a Cait, fue un error que no cometeré otra vez. Pero quiero dejar claro algo, yo no la besé, no consentí su acercamiento, no hay en mi corazón otro deseo que no sea el de vivir mi vida en pareja contigo, mi amada, créeme.

- Te creo… –besó Lux los labios rasposos del guerrero, sentía su respuesta llena de emociones al igual que el cuerpo de su esposo rodeando su cintura con cariño hasta tenerla por completo entre sus brazos- ¡tenía tanto miedo! –dijo casi en grito confesando sus temores más profundos- pensé que nuestro matrimonio se convertiría en una agitada ruleta de infidelidades –gimoteó y luego descansó su cabeza en el potente pecho de Darius.

- No será así –acarició la espalda de la rubia calmándola.

- Lamento haber dicho todas esas cosas.

- Y yo –susurró Darius.

Esa era la verdad, cuando sus temores desaparecían y se tenían el uno al otro parecía que la vida perfecta que tanto anhelaron se convertía en una vida normal. La cabellera de la rubia comenzó a irritar la nariz del noxiano, por lo cual estornudó levemente. Era precisamente algo que los había sacado de la pequeña burbuja de amor que crearon en ese momento.

No estaba en su cabeza, ni en la de él, esto era real. Lux levantó la cabeza para ver a los ojos a su marido, se perdió en ellos nuevamente, no había nada que pudiera ya decirle. La respiración de ambos se agitó al instante, la rubia acarició con la yema de sus dedos la mejilla de Darius, se quedó así por varios minutos.

- ¿Qué está pasando por tu cabeza? –preguntó con la respiración cortada. No podía pensar muy bien con el cuerpo de la rubia sobre él.

- Hazme el amor… -dijo convencida y acto seguido sonrojó su rostro como nunca lo había hecho, Darius se sobresaltó.

Parecía un inexperto que sólo en sus sueños más profundos había concebido una escena así, bajó una de sus manos hasta llegar a uno de los firmes glúteos de Lux, la tentación era demasiada.

- No quiero lastimarte –confesó Darius.

- Ya eres suficientemente delicado –agregó divertida mientras recogía su cabello tras su oreja.

No era precisamente una persona suave, en cuanto a sexo se refería. En realidad nunca le importó el sexo de forma en que las mujeres implicadas tuvieran satisfacción, mientras lo gozara él y se sintiera satisfecho, estaba bien.

Aunque era peligroso 'hacerle el amor' a alguien como ella, una mujer a la que estaba tan emocionalmente implicado, ¿qué pasaría si intimaba con esta demaciana? Si la amaba ahora, después de hacerlo no podría soportar perderla. Estaba… indefenso ante las consecuencias pero era algo a lo que se enfrentaba al cumplir con su promesa.

- Te quiero, lo sabes, ¿verdad? –dijo el noxiano con voz tenue.

- Sí –respondió y pronto sintió las manos de Darius recorrer su cuerpo, desde su parte inferior hasta la curvatura de su espalda.

La boca del pelinegro se unió a la de ella, saboreando así sus labios, sus lenguas se movían como una ola llena de pasión, iban y venían, en un movimiento rápido Darius volteó la escena, Lux estaba debajo del pelinegro, nunca había sentido tal poder sobre su cuerpo, respiró agitada por el cambio de lugar y se quedó viendo con algo de temor lo que sucedería.

Sin decir una palabra, Darius posó su mano en la entrepierna de la rubia para luego acariciarla de arriba para abajo, la estimulaba por encima de la ropa, mientras la otra mano del noxiano presionaba un pecho hasta sentir los pezones de Lux responder a las caricias.

Un delicado gemido salió de la boca de Lux mas no supo cómo disimularlo, eso no estaba en sus planes, ¿cómo había podido sucumbir al toque de su cuerpo? Pensaba estar rota, incapaz de sentir otra vez el toque de un hombre pero demostraba sentirse como si nunca hubiera pasado por una mala experiencia.

Y cuando estaba a punto de descontrolarse veía los ojos negros de aquel noxiano, le había tomado tanto tiempo aceptar que él era diferente, que amaba ser tocada por él e incluso estar cerca. Cualquiera se sentiría incómodo pero ella conocía su interior, no era un dulce caballero, cierto, pero la trataba como si fuera la taza de té más delicada, a veces sentía sus dedos retraerse de hacer algo pero le decía con la mirada que confiaba en él, que siguiera.

Su cuerpo finalmente sucumbió al placer, Darius procedió a quitarle la ropa, era divertido porque cuando lo hizo desordenó la cabellera rubia de Lux, eso cambió un poco el ambiente pero ambos se sintieron más en confianza, de alguna forma estar juntos era lo más natural en ese momento.

Lux quitó los cabellos rubios en su rostro con un vigoroso soplo y volvió a mirar a Darius coquetamente, lo cual hizo que el noxiano sintiera un gran abultamiento en su entrepierna, se quedó quieto por un momento, eso… había sido rápido, tan sólo una mirada y él ya estaba sufriendo por una erección.

Debía esperar, debía porque quería saborearla por completo, devorar su cuerpo, lamer esos pezones con vigor mientras comprobaba lo preparada que estaba su compañera para recibir lo que sus salvajes deseos querían aflorar en ella.

Había visto muchas mujeres desnudas, bajo su voluntad. Sí, era un hombre horrible, marcado por la guerra y el abandono, en realidad nunca entendió por qué Lux se fijó en él. Ahora menos que la tenía en sus manos.

Mientras se debatía en situaciones irrelevantes Lux besó su boca para sacar de su mente cualquier otro pensamiento. Rápidamente volvió a ponerle atención, la tenía desnuda, acostada en la cama, frágil y deseosa de sentir su cuerpo sobre el suyo.

- Voy a quitarte… esto –posó su mano en las mojadas bragas de la sonrojada rubia.

- Só-Sólo... hazla a un lado –dijo tímida sin poder respirar.

No iba a perder el tiempo, por lo que pensó en seguir el consejo pero antes iba a darle una probada de lo que iba a hacer. Se quitó la ropa también, al liberar su miembro sintió un alivio, ya no lo sentía aprisionado pero ahora tenía esa sensación de pálpito que no paraba. Respiró profundamente para relajarse, estaba comenzando a dejar de pensar e hizo a un lado lo que cubría la entrada vaginal de su esposa para poner sus dedos en ella.

Comenzó metiendo un dedo en su interior, Lux gimió y se agitó aún más mientras veía preocupada al noxiano pero satisfecha por el hecho de ser tocada por primera vez, la satisfacción venía de su excitación. Se había mojado una vez antes de que todo iniciara y sentía que otra oleada de placer se apoderaba de ella, ¿por qué estaba tan descontrolada?

- Mételo –susurró en la oscuridad.

Darius sacó su dedo del mojado interior de Lux para embarrar sus jugos en su propio miembro.

- ¿Lista? –preguntó curiosamente.

La rubia asintió.

- Esto te va a doler un poco –tomó su pene y lo dirigió hacia su vagina, lo frotó contra su clítoris, haciéndola gritar. Le seducía escuchar sus súplicas, no le rogaba que la matara, estaba pidiendo por más.

Apoyó la cabeza de su pene en la entrada de su vagina y la metió de a poco a partir de allí bajó su cuerpo para estar más cerca del de Lux, verla a los ojos, entrelazar sus manos con las de ella.

Lux cerró sus ojos un poco mientras Darius la penetraba y le dolía, gemía de tal modo que no lo disfrutaba, estaba perdida, de nuevo y lloró.

- Hey –la llamó él y apretó sus manos.

- Perdón, me… me… duele… para… -decía Lux con los ojos cerrados.

- Mírame –le dijo con tono suave.

- No… sá-sácalo, por… favor.

Estaba tan inmersa en su miedo, después de una experiencia traumática era obvio que se centrara en ello, pensaba que lo había superado, que podía hacer para atrás todo lo que le hicieron, que cambiaba sus miedos por el amor que le tenía pero al tener el palpitante y engrosado miembro de Darius en su interior se cerró. Él no se movía, aún estaba excitado, si quisiera hubiera seguido adelante, sin importarle pero quería que se sintiera segura, más si era su primera vez, más si… comenzaba a sangrar.

- Mírame, Luxanna –le llamó otra vez y ella abrió sus ojos muy poco.

- ¿Qué? –susurró adolorida.

- Te amo –le dijo y como si fuera un eco resonó en aquella oscura habitación.

La experiencia de haberlo conocido, lo que le inspiraba, su mirada y rostro en conjunto, no ávidos por complacerse sino por complacerla a ella en el más amplio rango de comprensión la estaban sacando de aquella lucha interior.

- Tranquila, relájate –susurró en su oído y le besó el cuello, luego en la mejilla y finalmente en la boca- no llores –se movió un poco y con una mano le limpió la lágrima.

Su cuerpo se agitó la primera vez que lo sacó, luego sintió que entraba otra vez y no pudo respirar, lo único que sus ojos podían divisar eran los ojos del noxiano, el cual apretaba su mano. Estaba haciéndoselo suavemente, tratando de que lo goce tanto como él.

Conforme pasaban los minutos la sensación de dolor disminuía hasta convertirse en… placer, el mismo que sentía cuando él la estaba tocando. Sin dejar de ver los ojos de Darius porque no quería perder las expresiones de placer que él también daba. En algunos momentos lo escuchaba gemir y eso… la… llenaba.

Sus caderas se movían al son de las de su compañero, no podía dejar de hacerlo, y ahora en vez de dar gemidos tímidos gritaba casi sin aliento, ¿estaba matándola? No, no era eso. Sencillamente se moría cada minuto a su lado.

Ya no importaba si el frío los alcanzaba, ahora sólo querían sentirse mutuamente hasta que los alcanzara el amanecer, no podían evitarlo, no había dolor, no había malos recuerdos, sólo estaba él.

- Viene… -dijo entrecortado, Lux casi no había entendido hasta que el ritmo de sus cuerpos iba aumentando de velocidad.

La cama temblaba en cada embestida y Lux aferró sus manos al cuello del pelinegro sintiendo cada golpe en su interior más fuerte que el otro, ya no estaba preocupada por el dolor, sólo por todo lo que le hacía sentir, iba a explotar, su cuerpo lo haría de algún modo.

El cuerpo del noxiano era firme por lo cual la rubia pudo aferrarse fácilmente.

- ¡Yaaaa!- -gritó tratando de controlarse Darius pero no pudo, eyaculando vigorosamente, Lux sintió una extraña oleada de placer al momento, algo salía de ella, no entendía qué era.

Había tenido otro orgasmo, más fuerte que el anterior y Darius la había llenado aún más. Estaba tan apenada, sólo cubrió su rostro pero aún con eso no podía ocultar su agitación, su placer y su rostro sonrojado.

- Lo hiciste… dentro –le dijo suave.

- Te… viniste –le respondió Darius, después de todo ella lo estaba disfrutando de verdad. Le alegraba.

- ¡No digas eso! –gritó avergonzada.

El noxiano se separó de ella sonriendo y se acostó a su lado tratando de regularizar su respiración. Había gozado ese momento, la había gozado a ella y lo mejor de todo era que ambos se habían gozado mutuamente.

- ¿Vas a dejar de reír? –preguntó Lux sin quitar las manos de su rostro.

- Ven aquí –la haló a él y le besó por un buen rato la mejilla- acostúmbrate a verme feliz.

Lux se detuvo para ver al noxiano esbozar una honesta y amable sonrisa de felicidad, no pudo dejar de contemplarlo, lo amaba.

- Trataré –le respondió Lux con otra sonrisa.

El inicio de su vida era este momento, ese sentir, ese… vivir.


Fin de Episodio 24


Notas de Autor:

Tengo mis maneras de hablar de la ropa interior pero no cómo describirla de modo que se entienda de una forma 'neutral'. No es un problema, sólo un dato agregado al episodio. Aunque creo que saben de lo que hablo.

Huehuehue 'bragas' ftw.