Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 25 – Nueva Vida
La noche cayó en su habitación pero no podía dormir, miraba al vacío y esperaba escuchar algún sonido, los soldados que lo custodiaban seguro estarían vigilándolo, ¿cuánto tiempo aguantaría esto? Se preguntó.
De repente un golpe en la puerta le llamó la atención.
- ¿Quién es?
- Permiso –añadió una voz abriendo la puerta, encendiendo la luz- recibimos órdenes, es libre, nos retiramos –señaló el soldado dando media vuelta.
- Un momento –dijo Ezreal- ¿qué pasó? ¿Se van?
- El tiempo que debíamos tenerlo bajo vigilancia ha concluido, debería alegrarse –respondió el soldado sin voltear.
- ¿Qué hicieron con ella? –preguntó con preocupación.
- Hasta nunca –se despidió el soldado.
Lo retuvieron por alguna razón, trabajando por obligación en las oficinas de la embajada demaciana, tal vez buscaban lastimar a Lux, querían impedir que él pudiera oponerse a ello. Debía descansar un poco antes de realizar una visita a alguien que podía darle las respuestas que necesitaba y esa era Vi.
Aunque aún no sabía de ninguna de las piltoverianas, tal vez era porque ellas tampoco conocían su paradero después del incidente en el campamento del Rey Jarvan IV.
Quedaba también pendiente el asunto de aquellos extraños soldados, el arma 426. La información podía ser valiosa, por lo mismo no podría darla a conocer con facilidad y menos cuando su compañera le había pedido no hacerlo, ¿por qué querría encubrir aquello? ¿Habrá tenido Darius razón?
El espía era colega de Lux, tal vez un amante… ¡no! Saltó una voz en su mente de inmediato, ella no era capaz.
Claro que no era un amante suyo, Ezreal aún desconocía el secreto más tenebroso de la vida futura de Lux; el cielo era testigo de su sufrimiento al igual que el pobre infante que abandonó a causa del odio de dos naciones en aquella realidad.
- ¿Estoy vivo? –preguntó Dante al ver un fulgor naranja atormentarle. Era una fogata.
- Despertaste –le respondió Gray- uhm… bebe esto –le acercó un vaso de agua.
- Idiota –musitó apartando el vaso con el dorso de su muñeca- ¿qué pasó?
- No puedes usar tus poderes de esa manera sin el cristal que nos robaron, te… 'sobrecalentaste' y tuviste unos días muy malos después.
- La zorra demaciana escapó –rió irónico- mi madre la protegió. Si tan sólo supiera…
- Pero no debe saberlo –intervino Gray- ni si quiera pensaste en las consecuencias, pudiste cambiar algo en el futuro, además creo que lastimaste gravemente a esa mujer –musitó por lo bajo.
- ¡Cállate maldito grillo! –le gritó con las fuerzas que le quedaban, Dante estaba irritado por no cumplir con su meta, por involucrarse como un amateur, como un ridículo despojo emocional. Lo peor era tener esa voz tan irritante gritándole al oído, Gray era un grillo muy molesto en este triste cuento.
- Odio cuando estás en ese plan –añadió Gray torciendo su rostro y volviendo a acostarse en el piso- buenas noches –le dio la espalda.
No podía evitarlo, quería destruir a esa mujer, salvar a su madre, salvar… su futuro porque no activaba aquella barrera que creó para protegerse de tantas emociones, ¿dónde había quedado el eficaz soldado que contrataron? Tenía sólo una misión, encontrar un cristal que le permitiera usar sus poderes con total libertad y robar el dispositivo Hex de aquel científico.
- Retomamos nuestra misión, encontrar a Viktor y volver a nuestra era. Estoy cansado de lidiar con esto –añadió molesto- ¿me escuchaste? Gray, despierta.
- Te escuché –musitó Gray y volteó a él- pero no es lo que haré.
- Moriré si sigo de este modo, mírame –se señaló a sí mismo.
- Elegiste salvarla –se levantó para verlo a los ojos- no te importó el costo. Con todas las cosas que has hecho me sorprende que te arrepientas de seguir. Dijiste que era injusto, la viste morir y quebrantaste tu espíritu por ella, tan sólo por saber de su sufrimiento, ¿quieres que suceda? –preguntó Gray.
- ¡No! –añadió descontrolado, tomó el vaso de agua que le ofrecieron antes y lo arrojó a una pared- ¡pero me mata tenerla cerca de mí! Yo no soy así, no me… desbordo, no me emociono, no sufro, no amo, no extraño, no deseo… había suprimido todo aquello con éxito, gracias a eso me convertí en agente doble y ahora…
- Encontraste tu humanidad, ¿qué tiene de malo? –lo confrontó su compañero de cabellera roja- Dante, sólo somos soldados en una misión pero quien llenará el informe cuando volvamos seré yo.
Dante cerró los ojos y junto sus fornidas manos, en su mente la figura de su madre apareció y se desvaneció en una estela de sangre. Al final era un niño atrapado en la soledad pero descubría el alma pura de quien le dio la vida y le satisfacía en el fondo de su corazón no haber sido creado bajo crueles circunstancias.
Esquivó la mirada de su compañero porque quizás Gray tenía razón y finalmente había confrontado su humanidad y no le gustaba porque nunca tuvo que conocerla.
- ¿Qué… debo hacer? –preguntó dudoso Dante.
Gray se detuvo en seco, parecía que sus planes de dormir plácidamente habían sido interrumpidos por algo. Había alguien cerca y debía mantener en secreto esa presencia.
- Repón energías, mañana hablaremos, supongo que estarás con más fuerza –dijo mientras se ponía de pie y apagaba con un poco de agua la fogata mientras salía del refugio y dejaba a su compañero.
- No voy a hacer lo que dices –intentó levantarse pero Gray puso su mano sobre el hombro de su compañero para dominarlo con algo de magia.
- Duerme –señaló Gray y con la mirada perdida Dante asintió, acostándose de inmediato- no se cuánto tiempo más pueda manejar esto.
Una misteriosa figura apareció fuera, a la cual Gray se aproximó rápidamente. Sus sentidos sabían quién era pero sus ojos apenas divisaban a la persona que hablaba con él. Había demasiada oscuridad en aquel paraje.
- Disculpe –bajó la mirada, al parecer lo estaban regañando.
- Le diste demasiada libertad.
- En mi defensa… se me va de las manos y tiene una voluntad muy fuerte –se excusó Gray.
- ¿Voluntad o terquedad?
- Yo… -suspiró el pelirrojo.
- No podemos dejar que siga sucediendo, debe realizar su tarea y tú la tuya. Por eso te di esta misión, en definitiva eres el más apropiado no sólo por tu historia sino por todo lo que Dante representa. Tampoco omitiremos el hecho de que si no da reversa a la destrucción de Runaterra, todos pagaremos con creces.
- Podría morir.
- He visto las posibilidades, probablemente muera pero su existencia en este plano material no será en vano. Escucha mis palabras, como un guardián del tiempo soy incapaz de intervenir para evitar la destrucción de todo lo que conocemos pero este niño es la esperanza.
- Él no es un niño –Gray se temía lo peor- señor… –reconsideró- Zilean, dígame lo que puedo hacer.
Pero así como apareció entre las sombras así desapareció, no pudo entender lo que quiso decir, tal vez sólo divagaba otra vez de un tiempo en otro sin reconocer que su enfermedad lo estaba aturdiendo. Lo único que Gray sabía era que un mal se acercaba, uno que destruiría el mundo entero y Dante les ofrecía la posibilidad de cambiar eso.
Quizás no era un héroe pero encajaba en el papel por ser el único en poder enfrentarse a la organización más peligrosa que ha existido tras ese plan.
Si por un lado estaba LeBlanc, por otro estaba Zilean, ambos poderes intentando cambiar el mundo, para bien o para mal Gray estaba entre ambos sin saber que los dos extraerían lo más valioso de la criatura que Lux había entregado a este mundo tan cruel.
Las semanas fueron transcurriendo, más normales de lo habitual, sin ningún incidente, todo era demasiado calmo.
Mientras algunos se acostumbraban a sus turbulentas vidas, estaban Darius y Lux viviendo en cierta burbuja rosa, parecía ser perfecto por un momento de no ser por Draven, el cual aún vivía con ellos, alimentando la ira de su hermano y el miedo de la rubia, la cual preferían mantenerse lejos.
Terminando el desayuno Lux despidió a Darius con un beso, tras ella estaba Draven, el cual veía cono ojos incrédulos los gestos de cariño de la demaciana.
- ¿Qué pretendes? –preguntó elevando la mirada.
- Tu hermano dijo que me aparte de ti –señaló Lux evadiendo a Draven para pasar de lado pero el noxiano se interpuso.
- Sabes mi pasado y mi… debilidad por las –acercó su dedo a la mejilla de Lux acariciándola- demacianas.
- No me toques –advirtió la rubia apartando su rostro del roce de los dedos de Draven.
- ¿Crees que es el final? –se rió- hay una revuelta en los cuarteles noxianos, todo a causa de –la vio fijamente- tú sabes.
La rubia apartó la mirada de la de Draven para respirar hondamente y marcharse como pudiera del lugar, odiaba imaginar que lo que le dijeron fuera realidad pero tenía razón. Su matrimonio había salvado ambas naciones de caer en una cruel guerra, ¿pero qué había de la política interna noxiana?
Ningún miliciano estaría feliz de ver un comandante como Darius casado con una demaciana. Estaba en la creencia popular que quien no fuese de Noxus era una criatura débil y miserable, merecedora de una pronta muerte.
Llegando a su habitación, cerró con seguro y se sentó en la cama con las piernas cruzadas, quería pensar en algo, antes de actuar tendría que averiguar más de todo lo sucedido.
Y entonces se le ocurrió una solución, no muy convencional pero funcionaría. Debía demostrar su fortaleza, ella aún era un cervatillo débil, debía cambiar esa imagen. Tomó ropa más holgada y se cambió, ese día ella visitaría a su marido.
- Zorra –gruñó Draven con la mirada en la nada.
Recordaba una herida, tan profunda que no le dejaba seguir adelante y tan irritante que hacía que se retorciera en cada rincón de su memoria. Debía terminar con eso, ¿pero cómo?
- ¿El idiota menor?
Una voz le llamó la atención, Draven giró su cabeza y tras él estaba una pelirosada, la cual llevaba entre sus manos comida suficiente para atragantar a un troll.
- ¿Qué haces? –preguntó el noxiano a la piltoveriana, por curiosidad más que por interés.
- Acabo de llegar y tengo hambre.
- ¿Eh?
- ¡Hump! Nada –se apartó con toda aquella comida- ya me voy~
- Eh… –reaccionó Draven sorprendido y la siguió rápidamente- pero estás aquí, eso significa que –añadió un tono coqueto- podríamos hacer algo, tú sabes… que lo deseas.
Vi paró en seco y volteó a él con mirada coqueta también. Se acercó entrecerrando los ojos y abriendo los labios levemente, como si quisiera decir algo.
- Me encantan los hombres con iniciativa –dijo sugestiva, con su rostro cercano al del noxiano- pero… -mordió sus labios- odio a los imbéciles –señaló y estrelló un pastelillo en el rostro del noxiano- ¡qué pena desperdiciar tan deliciosa comida! –tomó otro pastelillo y lo mordió mientras se alejaba juguetona de la escena.
Draven relamió su rostro y aunque se sentía molesto por el atropello en su propio hogar, le gustaban las mujeres fuertes, reaccionarias, intensas, sólo podía pensar en que su deseo por quitarle la ropa y juguetear entre sus piernas era tan fuerte como su ansiedad por las mujeres. Una constante en su día a día.
Y mientras este se ocupaba en querer conquistar a esa mujer, Lux salía. Debía hablar con Darius de este asunto y si podía ayudarlo, lo haría. Su ropa holgada y monocromática la hubieran hecho pasar desapercibida de no ser por su hermosa cabellera rubia, la cual se ondeaba por la grisácea ciudad de Noxus, llamando la atención de todo hombre, pobre y rico, que la veía.
En el transcurso de su recorrido, pudo notar cómo algunos soldados la veían con demasiada atención. Tomando valor fue hacia ellos, preguntó formalmente por su esposo, no quería denotar miedo, quería verse fuerte y orgullosa de quién era, porque ellos sabían que no era nativa de Noxus.
Entre tanto, Darius seguía entrenando a sus soldados con la dureza que lo caracterizaba, le había sido dada la tarea pero por alguna razón ellos lo veían con descontento, iba a quebrantar sus espíritus hasta que le temieran o murieran en el acto. No aceptaría otra actitud de parte de estos insolentes.
Por obviedad no decían nada pero sus miradas lo decían todo, tenían ese aire de superioridad, ellos amaban Noxus tanto como él pero no confiaban en su mando. Quizás todo era causado por Lux pero no le importaba, como había dicho antes, su voluntad era fuerte y sus convicciones lo hacían un digno noxiano, si flaqueara en su deber o en sus opiniones, habría buscado el camino fácil, abandonando a Lux sin remordimientos.
Pero éste… era él.
- ESCÚCHEN, PEQUEÑOS BASTARDOS, ESCOJAN UN COMPAÑERO, VAN A LUCHAR Y DEMOSTRAR QUIÉN ES EL MÁS FUERTE.
Poniéndose en posición los reclutas lucharon entre ellos hasta tener a dos finalistas, ambos fueron ante Darius, el ardiente calor del sol los estaba haciendo rendirse. Necesitaban un respiro de todo el entrenamiento.
- Una pausa, señor.
- Denegada –respondió Darius viendo con el ceño fruncido a estos- en la guerra, ningún enemigo te dará agua para calmar tu sed. Parece que la fuerza, dada por nuestra gran nación, te abandonó. Pequeño inútil.
- Habla de lealtad y se revuelca con una zorra demaciana –se oyó entre sus filas como un murmullo.
- ¿Quién es el valiente? –preguntó alzando una filosa mirada capaz de cortar hasta un diamante.
- Yo –dijo uno de sus reclutas finalistas, era uno de los más fornidos, siendo alto, musculoso y fiero. Tenía la fuerza para imponer su opinión. Su contrincante parecía darle la razón, aunque dio un paso atrás al ver la mirada de Darius.
- Bien –añadió Darius quitándose sus guantes- vuelve a la fila –se dirigió al otro recluta, el cual temeroso le obedeció- vas a luchar conmigo y si ganas, te daré mi puesto.
Los presentes dejaron oír su sorpresa por tal proposición pero antes de que el comandante noxiano se adentrara en la arena para librar una batalla con aquel recluta bobalicón se alzó una voz no muy distante de ellos.
- Es-Esposo mío –dudó al principio pero se llenó de fuerza y levantó la cabeza, debía recordar que mostrarles debilidad harían que se lanzaran a ella para destrozarla- ¿me permite un momento? –preguntó Lux caminando hacia el campo de entrenamiento.
- Oh –reaccionó con breve sorpresa sin quitar la mirada de aquella rubia- he cambiado de idea –dijo y pronto se dirigió hacia aquel recluta- te enfrentarás a ella.
Todos voltearon con sorpresa hacia la demaciana, la cual no podía salir de su asombro. Ignoraba por completo la apuesta e incluso lo que sucedía en el momento.
- ¿Qué dices? –preguntó la rubia.
- Algo sencillo, quiero que enfrentes a este recluta. No midas tus fuerzas. Y tú tampoco –se dirigió al recluta.
¿Estaba iniciando una pelea entre la pequeña e inofensiva maga de luz y éste soldado? Era lo que pasaba pero Lux aún no salía de su asombro, no entendía la razón de su pedido pero no iba a negarse, había pasado mucho desde la última vez que hizo 'ejercicio' en campo.
Se quitó lo que traía para quedar con una delgada camiseta, la cual dejaba ver sus brazos y se formaba perfectamente en su cintura, parecía estar ajustada pero ella siempre hizo que la ropa se formara de acuerdo a su figura. Los presentes formaron un círculo alrededor de la arena de lucha.
- Qué bueno que llevo cómodos pantalones –añadió Lux con un tono de picardía.
Acarició su cabellera para terminar la acción haciendo una coleta. No iba a dejarse el pelo suelto.
Era extraño pero Lux nunca le había dicho que "no" a los ejercicios que requirieran cierta lucha cuerpo a cuerpo. Era como si activaran un botón de acción en ella y aunque le pareciera raro que su esposo la mandara a practicar sus habilidades empañadas en lucha, le daba gusto que no se avergonzara al elegirla para esta tarea.
- Se bueno –le dijo con una sonrisa mientras se ponían frente a frente.
Aquel soldado parecía una pared de concreto, era fornido como Darius pero con una contextura más delgada, no parecía ser nada lento, en realidad era ágil, la mirada oscura y fija en su objetivo lo hacían una peligrosa arma en campo de batalla.
Estaba casi ofendido de que aquel comandante le hubiera enviado a esta pequeña flor para enfrentarlo, era débil, delicada y si la tocaba, de seguro se rompería. Vio la figura demaciana de pies a cabeza y echó un corto gruñido de burla.
- ¡Empiecen! –gritó con voz firme aquel comandante.
El recluta se puso en posición de combate moviéndose levemente de izquierda a derecha, Lux no se movía, lo miraba curiosa, era interesante cómo este soldado se esforzaba en acabar con ella a pesar de subestimarla.
Y el primer golpe se dejó venir, Lux lo esquivó y con una barrida hizo caer al recluta al piso, el mismo respondió rápidamente poniéndose de pie pero fue recibido con un fulgor de luz en sus ojos, lo cual lo hizo retroceder por unos segundos para ser recibido con un golpe entre sus costillas, no fue un puño. La rubia usó su palma para dejarlo casi sin aire, el muchacho cayó de espaldas intentando recuperar el aliento.
Al igual que todos, él no podía ni respirar de la impresión, no había ni una gota de sudor en la frente de Lux, sencillamente parecía haber cierto disfrute en sus ojos pero de inmediato volvió a ser la misma y volteó hacia Darius, el cual sin expresar una pizca de sorpresa extendió su mano para que ella lo tomara.
- Espero que haya quedado claro que no soy el único que puede defender la honra y valía de mi esposa. Por lo que me consta, la única debilidad que poseo está en las filas de mi cuartel. Deberían sentir vergüenza por su actuar. Y tú –señaló al caído- quiero 100 vueltas alrededor del cuartel, los demás pueden ir a las duchas –dio la espalda y se dirigió a la rubia para llevarla de camino a un lugar más privado.
- ¿Por qué hiciste eso? Se veía muy cansado –añadió algo seria.
- Les enseño una lección –respondió el noxiano sin verla.
- ¿Les?
- Todos ellos consideraban… -miró al piso y se detuvo, Lux lo adelanto para ponerse en frente.
- ¿Qué? –preguntó con curiosidad.
- Nada.
- No lo ocultes, sé que… debe ser difícil estar casado con una extranjera –decía Lux omitiendo sus raíces demacianas.
- La verdad es que consideran que eres una debilidad, que soy blando a causa de ti, no habla bien de mí ser feliz con-contigo –dijo intimidado por la reacción de su esposa- pero –la miró a los ojos- soy más fuerte debido a mis decisiones. Tú me has hecho ser un hombre de verdad porque te amé y fui más fuerte que los prejuicios. Esto no es para débiles –sonrió levemente.
Al hacerlo fue recibido por una delicada caricia, Lux amaba eso de él, siempre ansiando ser fuerte en todos los sentidos. Incluso siendo fuerte por ambos pero no debía, ya estaba ahí para cargar aquellos prejuicios junto a él.
- Te quiero –le dijo acercándose para besarlo.
Darius respondió tomándola por la cintura para acercarla y la rodeó por completo levantándola un poco en el acto, él era bastante alto. Era su manera de corresponder la ternura que su esposa le profesaba tan intensamente. El cielo dejó de ser un poco gris para iluminarlos con un halo de luz.
Como si alguien estuviera atento a ellos o el universo hubiera conspirado para que fueran felices a pesar de ser como el cóncavo y convexo. Porque aunque fueran tan diferentes se complementaban.
Caminaron juntos desde el cuartel de Darius hasta su hogar, iban conversando. Era interesante, su vida en ese momento era normal, estaban casados y disfrutaban de cada momento juntos. Lux en su interior ansiaba hacer de este estado algo permanente o más regular.
- Ah.
Dio un corto gemido de molestia, respiró hondo y se detuvo un momento.
- ¿Estás bien? –preguntó Darius.
- Sí, sólo… una incomodidad.
- Deberías revisar eso –siguió su camino.
- Lo sé, no he tenido tiempo, con todo lo que hemos pasado jeje –sonrió nerviosa y paró en seco.
Al instante una imagen se le vino a la cabeza, ¿podría ser? El cruel rostro de Dante le sonrió y no era cruel porque se viera malvado sino por la falta de sensibilidad que tenía al cometer crímenes. Su mano tembló al dirigirla hacia su vientre.
- Voy a tomar un baño –dijo Darius sin voltear.
- Claro, te alcanzo en un momento –añadió la rubia.
- No tardes.
¿Dónde estará? Se preguntó viendo al cielo que parecía oscurecerse demasiado rápido. Haber pasado su luna de miel ocupada en problemas matrimoniales y en consumarlo le había restado tiempo de preocupación, debía volver al asunto, buscar al muchacho, detenerlo, recuperar el arma 426 y averiguar más de ese asunto.
No se había convencido por completo de que eso fuese real pero la duda la estaba matando por dentro aunque primero debería hacer una visita al médico para confirmar si su estado sería óptimo para realizar una última misión.
- ¿Estás embarazada? –preguntó en voz alta Vi.
- SHHHHHH… -la calló Lux- no lo he confirmado, pero me he sentido mal, tú sabes… jeje –decía un tanto emocionada.
- Así que… -se mordió los labios- Darius y tú no perdieron el tiempo, ¿eh?
- Ya basta –sonrió.
- Me alegraría mucho que ustedes tengan una familia, después de todo lo que han pasado –añadió Vi con seriedad- se lo merecen.
- No sé si es el momento para un bebé pero me hace feliz.
- ¿Quieres que te acompañe? Podría ayudar a sostener tu… cabello –decía dudosa, Vi no sabía mucho de esto.
- Dejemos eso por un momento. Necesito saber otra cosa.
- Claro.
Vi saltó a la cama de Lux, mientras la rubia se paseaba junto a un ventanal. Recogió su cabello en una coleta una vez más y vio hacia la pelirosada.
- ¿Dónde está Ezreal? –preguntó con suavidad.
- Acaba de enterarse de que te casaste, ehm… Cait –dijo el nombre de la piltoveriana con duda- se comunicó conmigo.
- ¿Cómo está ella?
- Hay algo curioso –bajó la cabeza y con una mano le indicó a Lux que se acercase. Al estar lo suficientemente cerca volvió a hablar- dice que no recuerda nada de lo sucedido, además estuve preguntando en la comisaría, dijeron que vieron a Cait 10 minutos después de tu boda.
- ¿En Piltover? –preguntó Lux sentándose en la cama junto a Vi.
- Sí.
- ¿Cómo-? ¿Cómo pudieron ver a Cait en Piltover y yo verla en Noxus?
- Es algo para tomar en cuenta, ¿no crees? –decía Vi.
- Sí… -añadió pensativa y se acomodó junto a Vi- ¿será que hay alguien más detrás de esto? ¿Pero por qué razón querrían arruinar mi boda con Darius?
- Haters –concluyó la piltoveriana.
Ambas se vieron a los ojos recordando un suceso que pudo haber marcado su destino, no sabían quién torturó a Darius, podrían ser esas personas las que quisieron intervenir, ¿pero por qué? ¿Por qué Lux? ¿Por qué Darius? No tenía sentido.
Al menos para ellos no porque no sabían de toda la conspiración debajo, si Darius supiera sería peor, la rosa negra no podía arriesgarse a perder a un potencial aliado. Tener al comandante noxiano de su parte les proporcionaba un escudo, muchos confiaban en él para llevar a Noxus lejos de la corrupción y si en algún momento su plan fallaba, siempre podían disponer de los… peones.
Pero eso era sólo un último recurso, en todo caso… por el momento eran prácticamente dueños de una nación entera, poco les importaban los valores que profesaran. El único interés que tenían era reinar en toda Runaterra, sin importar los costos… ni las vidas que se perdieran en el camino.
Fin de Episodio 25
