No pude actualizar todos estos meses por todas las preocupaciones de fin de año y año nuevo, las ranked, el inicio de ranked y las clases al igual que la tarea y proyectos. Bueno, gracias por su apoyo, ánimo y mensajes positivos. Les dejo el episodio, disfrútenlo, hasta una próxima ocasión y recuerden que comentar es apoyar, si apoyas la historia animas a la autora a seguir escribiendo. Gracias.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 26 – Una Vida Normal
Demacia caía en una profunda depresión, la popularidad de sus líderes bajaba drásticamente, el descontento pueblo yacía una vez más sin la voluntad de creer en nadie. Jarvan podía imponerse por la fuerza pero quería ganar el corazón de cada demaciano nacido en esta cuna de bondades pero cada vez le era más difícil.
Había desterrado al corazón de esa ciudad iluminada para morir en manos de bárbaros, al querer castigarla y verla humillada, no pudo evitar humillarse a sí mismo, el desespero le colmó el corazón cuando la 'pacífica' brigada que envió regresó sin la rubia. Su plan falló, de una manera estrepitosa y dolorosa, ¿cómo estaría? Se preguntaba, cada minuto le torturaba la idea de haberla dejado ir, esperaba noticias pero ningún otro demaciano se atrevería a intervenir en aquella ciudad.
De por sí su pueblo comenzaba a abandonarlo, si iniciaba una guerra habrían mayores disturbios y perder el voto de los nobles era lo que podría hacer su cabeza rodar.
Pero eso no era todo porque no sólo perdió a Lux, sino también a su mejor amigo, quien despreciándolo se apartó haciendo obvio su descontento, incluso asistiendo a la insípida boda fraguada en Noxus con tal de demostrar su apoyo a la dulce hermana que vio partir lejos de él a causa de quien creyó amarla.
"Búscala"
Le susurró una voz, trababa de ignorar lo que su cabeza le repetía, en ocasiones, por varios minutos hasta que comenzaba a pensar en otra cosa. Quizás era sólo un llamado de aquella apagada consciencia, la cual había pasado por una gran prueba al humillar a los Crownguard.
Agachó su cabeza y rascó su mejilla, en un acto descuidado se lastimó, viendo lo que había hecho la confusión le llenó la cabeza de dudas, ¿merecía ser Rey? Un poco de sangre goteaba por su mejilla.
- Señor, ¿se encuentra bien? –preguntó un sirviente entrando a la habitación real. Al querer acercarse Jarvan hizo un ademán para que se mantuviera distante.
- Sí –afirmó con la mirada en la nada el antiguo príncipe- necesito que llames a alguien –su mirada fija se detuvo en aquel sirviente que dio un leve salto de susto.
Quizás no elaboraba un plan, tan sólo tenía en mente una idea que le rondaba la cabeza constantemente, no podía dormir, ¿sufría de alguna enfermedad? Necesitaba redimirse, hacer algo para liberarse de lo que podría ser su consciencia apuñalando sus deseos incesantemente.
Entre tanto, en Noxus, las cosas parecían mejorar, al menos en el aspecto de aceptación. Lux comenzó a sentirse cómoda al visitar a su esposo, por supuesto al principio la miraban de lejos pero luego se acercaron a ella, los nuevos reclutas aceptaban de a poco y respetaban a su comandante. Notaban que su juicio estaba intacto, que la mujer que él eligió era apropiada, tenía un espíritu fuerte, parecía una noxiana.
Ella misma se daba cuenta, estaba desarrollando una fuerza que no había conocido antes, se veía a sí misma más independiente y luego miraba a Darius, quien se deleitaba de tan sólo imaginar que si le faltaba, algún día, podría seguir adelante por su cuenta. Era un hombre de guerra, su vida estaba plagada de peligros, nunca se había preocupado por esto pero quería dejarle algo… no sólo la sombra de su amor sino un espíritu fuerte para combatir, incluso, la vergüenza de haberlo desposado.
- ¿Qué pasa? –preguntó Lux al notar a su esposo ido.
- Me quedaré un poco más, ¿podrías adelantarte? –preguntó él.
- Supongo –respondió dudosa-. Recogeré mis cosas, te espero en casa, ah… y… -caminaba por delante de él- no tardes.
- Seguro, ¡hey! –le gritó cuando la vio alejándose, tenía una mueca de molestia y el ceño fruncido- ¿olvidas algo?
- Aaah… -dudó la rubia.
Darius volteó la mirada en otra dirección, como si lo que quisiera no fuera algo que fuera a expresar, por lo mismo quedó callado. La demaciana sonrió levemente y pensó en algo que quizá podría solucionar ese vacío.
- ¡Oh sí! –corrió hacia su esposo y quedándose a unos centímetros esperó que él hiciera algún movimiento, el mismo bajó levemente su postura para estar a la altura de ella. Pero grande fue su sorpresa cuando la rubia tomó su rostro entre sus manos para plantarle un beso en la boca.
Esperaba un delicado beso pero ella quería compensarlo por haberlo olvidado, aunque no tenía ninguna objeción, al separarse del beso se vieron a los ojos por unos instantes.
- Te espero en casa –susurró ella.
Su agitada cabellera ondeaba como una de las tantas banderas noxianas en aquella base. Definitivamente era curiosa, podía ser delicada pero también apasionada, la veía marchar y sólo podía pensar en lo bueno que era ser feliz, esperaba que durara… ciertamente lo esperaba.
El portón del cuartel se cerró y al estruendo Lux se distrajo para tropezar mas no cayó, alguien pudo sostenerla.
- Cuidado.
Le dijo el extraño, la rubia se sobresaltó y antes de agradecer, reaccionó apartándose del agarre de este. La había tomado por la cintura y eso, de alguna manera, la hizo sentir incómoda.
- Gracias –respondió extrañada mas no gustosa.
- De nada –aquel extraño siguió su camino seguido de un par de soldados.
Parecía ser alguien importante pero no quiso detenerse a verlo, era mejor seguir avanzando, no podía permitirse amabilidades con un desconocido, precisamente le advirtieron de ello, debía ser cauta, no había mucha gente feliz de su presencia y en Noxus, el sólo hecho de no simpatizarle a alguien podía ser letal.
- Así que esa es la flor importada –dijo el Conde Cavagnarov disfrutando del perfume que Lux había dejado al toque en su mano, lo aspiraba de manera perversa y con una sonrisa diabólica dibujada en su fino rostro.
- Señor –lo saludó un soldado de Darius.
- Lléveme con su comandante –dijo y sigilosamente cambió su expresión.
No había un peligro, habían demasiados. Noxus podría haber sido relativamente amable con la 'extranjera' pero no duraría mientras otros intereses se interpongan, así como la lasciva perversión de un hombre que buscaba venganza a toda costa pero oculto en las sombras.
El momento para huir había pasado, ahora enfrentaban las calamidades que les fueron declaradas mucho antes de estar juntos, cuando escondían sus miradas y deseos propios por no ser algo que debieran cultivar en su interior. Como si sus propias naciones les hubieran enseñado a huir de lo que podría traer la paz a sus tierras.
Garen había cometido el error de evitar lo que le era impropio, limitándose a ansiar, como quien un deseo ha pedido, quizá por eso fue demasiado lejos al reclamarle a su hermana por aquellos sentimientos. Estaba furioso y no completamente por las mentiras, de cierta manera, al final fue porque alguien hizo lo que tanto había deseado. Siempre estuvo a un par de conversaciones de salir hacia Katarina y pedirle que ambos huyeran de las responsabilidades, aunque sea por un par de minutos.
Imaginando la situación, ella lo habría ignorado por completo pero porque era una esclava, incapaz de pensar por sí misma. Una sonrisa irónica se mostró, Garen creía que su hermana, a pesar de mentir tan cínicamente, había tenido el valor de aventurarse de esa manera.
Si amar a alguien era una gran responsabilidad, enamorarte de un par tan contrario como lo eran los noxianos contraía un peso enorme sobre su nombre y su familia. Por suerte, Jarvan habría aportado a la causa.
- ¿Ocupado? –preguntó Quinn.
Se había perdido en sus pensamientos.
- No, para nada –añadió Garen y miró con amabilidad a su compañera.
La tarde apenas saludaba la iluminada ciudad demaciana, el hermano mayor de Lux pasaba un momento a solas en un parque alimentando a las aves, era algo que hacía para relajarse de vez en cuando. Se había sentado en una banca y con la mirada le indicó a su compañera que se sentase. Ambos vieron a la nada por unos segundos antes de hablar.
- ¿Cómo te sientes? –preguntó Garen con verdadero interés.
- Me he sentido mejor –posó su mano en la herida que aquel desconocido le provocó hace un tiempo.
- Sé que te enviaron para hablar conmigo, debiste esperar a estar mejor, aún no te recuperas.
- Si mi Rey me envía, es responsabilidad mía cumplir sus mandatos –respondió Quinn, lucía más cómoda, con los brazos apoyados en la banca a una prudente distancia de Garen.
- ¿En aquella ocasión por qué fuiste tras ella? ¿Cuáles fueron tus verdaderas órdenes? –preguntó desconfiado.
- Sólo traerla a casa –respondió de inmediato la joven. Mentía.
- Uhm –no respondió, lucía desinteresado.
- ¿En qué piensas? –preguntó Quinn.
- Ojalá pensara en algo, sólo… estoy confundido, éramos tan buenos amigos, al crecer todo se complicó –explicó un poco, tal vez su compañera no entendía.
- No te metas en problemas –posó su mano sobre el hombro- acompáñame.
Garen bajó la mirada y la regreso a Quinn, "poker-face" pensó al verla inexpresiva, nunca podía adivinar qué tramaba. Su mente revoloteaba y más cuando nada en su entorno estaba bajo su control como solía ser antes.
Entre tanto en Noxus la razón por la cual el reino de Demacia se apagaba, brillaba mucho más. Lux llegó hasta su hogar, se había cansado bastante en la caminata de vuelta, quería tomar un baño, quizás comer y más tarde preparar algo especial para su marido.
Tan pronto recorrió las habitaciones del castillo se dio cuenta de que Vi no estaba, necesitaba preguntarle algo, ¿dónde estaría? Buscó en su habitación y no la encontró, su ropa estaba regada en el piso, en fin, no le dio tanta importancia para luego ir por algo de comer, le quedaba cerca la cocina.
Sorprendió a los cocineros preparando, adelantadamente, la cena. Los mismos se apartaron al verla y dieron el respectivo saludo.
- Pueden retirarse, yo prepararé algo.
Dijo la rubia pero los sirvientes se quedaron algo atónitos, no se movían y la veían sin saber cómo reaccionar.
- ¿Hay algún problema? –preguntó.
- Señora –se adelantó una de las cocineras- me temo que no podemos, Lord Darius lo ha ordenado.
- Pues yo les ordeno que se marchen –dijo en un tono más serio, no hicieron caso y uno de los presentes escondió algo- ¿qué es eso? –preguntó alertada pero nadie contestó hasta que fue hasta ellos para ver más de cerca. Debía ser cuidadosa con todo lo que pasaba y más cuando no había gente feliz de servir a una demaciana.
Al ver con detenimiento era una especie de hierbas, no le eran conocidas pero la actitud de los que ahí se encontraban le decía que parecía ser algo importante.
- ¿Qué es? –preguntó otra vez en un tono más fuerte.
Nadie respondió, bajaron las cabezas, querían esconderse, fue cuando llegó Darius.
- Te buscaba, ¿qué haces aquí? Deberías dejarlos trabajar –dijo seriamente.
- ¿Tú también? –preguntó Lux con mirada inquisitiva.
- Ven conmigo –insistió el noxiano tomándola por el brazo pero su esposa rápidamente se apartó.
- Si no quieres decírmelo, voy a la ciudad en busca de respuestas –salió rauda por la puerta, caminaba a paso acelerado, para cuando estuvo a punto de cruzar el portón principal del castillo se detuvo porque los guardias no la dejaron salir, giró y tras ella se encontraba Darius.
- Si es sólo una hierba para condimentar… no te molestará que pregunte qué es.
El pelinegro la vio a los ojos sin parpadear por unos segundos hasta que apartó su mirada para luego suspirar, se había metido en problemas y todo porque Lux no aguantaba las sospechas. Todos habían actuado como si fuera un veneno mortal, estaba en su derecho.
- Claro que no, ¡abran el portón! –gritó Darius a los soldados, los cuales procedieron a hacerlo.
Al hacerlo dos sombras que llegaban por el camino les sorprendieron, eran Draven junto a Vi, los mismos parecían divertidos, quizá habrían salido a dar un paseo, el noxiano menor podía ingeniárselas para acercarse a quien quisiera.
- ¿Qué sucede? –preguntó Vi corriendo la corta distancia para ver a Lux.
- Nada –dijo nerviosa la rubia.
- ¿Qué haces con eso? –preguntó Draven.
- Silencio, hermano –intervino Darius.
- Jajaja… ahh –vio con una risilla diabólica a Darius- ¡eres un pícaro! –volvió su mirada a Lux-. Qué bueno que tomen sus previsiones, pero hay mejores métodos, ¿no creen?
- ¿A qué te refieres? –preguntó Lux.
- Es un anticonceptivo –dijo Vi en voz alta, veía a Darius con el ceño fruncido.
No podía creer lo que decía, tan sólo escucharlo, al principio no entendía pero luego todo se puso tan claro, las preguntas, las dudas, consultas al médico, TODO. Él no quería que este romance tuviera alguna consecuencia.
- Eh… creo que mejor nos vamos –dijo Vi, caminó al lado de Darius y lo empujó molesta.
Era una buena oportunidad para provocar más peleas pero, para Draven, su hermano lograba con tanta facilidad entrar en ellas.
- Yo… iba a hablar contigo de esto –comenzó Darius, se acercó a Lux pero ella no respondía, apretaba aquellas hierbas entre sus manos con fuerza- no creo que sea momento para algo así.
Podía estar embarazada, podía… estar embarazada y Darius le estaba dando esas malditas hierbas, ¡podía estar provocándole un daño irreversible! Lux se volteó a su esposo para golpearlo con todas sus fuerzas.
Ni si quiera ella imaginaba que haría eso, la mejilla de Darius había quedado marcada, tan sólo dio un paso para atrás, no quería que fuera a peor.
- ¿Quién te crees que eres para decidir sobre mi cuerpo? –preguntó intentando contener su ira.
- ¿Quién? ¿¡QUIÉN!? PUES SOY TU ESPOSO -levantó la voz.
- Y YO TU ESPOSA, ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA? -no podía creerlo.
- TENÍA QUE CONTROLARLO, NO ESTABAS TOMANDO NINGUNA PREVISIÓN. NO PUEDES ESPERAR TENER UN HIJO EN ESTAS CONDICIONES. EL MUNDO ENTERO SE ABALANZA SOBRE NOSOTROS Y NO TE IMPORTA, VIVES EN UNA FANTASÍA, ALGUIEN DEBE TENER EL CONTROL, ¿NO?
- ¿CONTROL? ¿ESTÁS HABLANDO EN SERIO? –dijo Lux para acercarse a Darius y empujarlo- SI NO QUERÍAS TENER HIJOS CON UNA 'DEMACIANA' PUDISTE HABERLO DICHO, ¿TANTA VERGÜENZA TE DA? MENTISTE CUANDO DIJISTE QUE NO TE PREOCUPABA.
- JAMÁS TE HE MENTIDO, AHÍ ESTÁS, OTRA VEZ CON LO MISMO, SIEMPRE GIRANDO EN ESE ASUNTO.
- ¿YO? POR FAVOR, ME DA HORROR QUE CREAS QUE SOY UNA COSA QUE DEBES CONTROLAR, EN LUGAR DE HABLAR CONMIGO Y TRATARME COMO TU IGUAL.
- YO TE TRATO IGUAL O MEJOR QUE A CUALQUIERA, ¡PERO NO LO NOTAS! PORQUE ESTÁS ACOSTUMBRADA A MIMOS COMO UNA NIÑA. SOY TU ESPOSO, NO TU PADRE.
- ¡PUES ACTÚA COMO TAL! –gritó Lux con todas sus fuerzas y se fue corriendo al interior, Darius la seguía.
- ¿QUÉ QUERÍAS QUE HICIERA? PARECES ILUSIONADA CON ALGO QUE PODRÍA PROVOCAR MÁS PROBLEMAS DE LOS QUE IMAGINAS. NO ESTOY… PREPARADO PARA DARTE HIJOS –decía a gritos pero Lux no lo escuchaba. Aunque la realidad no era otra que la del miedo.
No iba a decirle acerca de la predicción de la matrona noxiana, que ella podía tener el aura de la muerte y que si por algún milagro engendraba una criatura… moriría.
Era difícil decirle eso, no quería perderla pero entre más se agitaba, más gritaban ambos, más se apartaban, él no entendía por qué ella dramatizaba la situación, no entendía que quizá ella… ya esperaba un bebé.
Llegaron así hasta la habitación, Lux arrojó algunas cosas de Darius para luego confrontarlo con la mirada.
- VETE, NO DORMIRÉ MÁS CONTIGO. SI NO LO HACES… YO ME IRÉ –sentenció.
- ¿ES LO QUE QUIERES? NO VOY A ROGARTE. DUERME SOLA SI TANTO LO DESEAS. ESTOY CANSADO DE TU INDEPENDENCIA FEMENINA.
- PUES YO ESTOY HARTA DE TI, LLÉVATE TUS COSAS.
- ¿SABES QUÉ? ME VOY DE AQUÍ –tomó sus cosas y las metió en una maleta.
Ni si quiera lo miró, estaba tan molesta y tenía tantas ganas de romperle la cara, ¿y si esas malditas hierbas habían dañado a su bebé? Necesitaba darse un respiro, antes que nada estaba su hijo, necesitaba saber si estaría bien. Así que ni bien escuchó a Darius azotar la puerta, sacó de un cajón en su mesita de noche una prueba de embarazo que había comprado de camino a casa.
Entró al baño, las manos le temblaban, no podía ni si quiera abrir la caja de lo nerviosa que estaba, al hacerlo… siguió las instrucciones, debía orinar sobre el instrumento. Sus manos temblaban, al terminar de hacer la prueba tuvo que esperar, dejó la prueba en el lavado y se sentó sobre el inodoro antes de descubrir el resultado.
Mantenía su mirada sobre el lujoso y brillante piso, no quería levantarse y descubrir que estaba dañada, no sabía de los efectos de esas hierbas sobre su cuerpo y menos sobre el de la criatura que podía esperar. Darius había sido tan descuidado, tanto que no recordaba que la primera vez lo hicieron sin protección y varias veces.
Su vida sexual era activa, le gustaba probar a su esposo y él gozaba de su dulzura e inocencia. Aunque ahora se había pasado de la raya, miraba su mano aun recordando lo sucedido, la cachetada que le dio a su marido le había dolido más a ella, literalmente, ese muro enorme al que llamaba "Darius" ni si quiera parpadeó con el golpe pero quizá fue su interior el que sufrió más que en lo físico.
Se arrepentía de haberlo hecho pero tan pronto supo que él podía haber dañado a su bebé… salió de sí misma para enloquecer, iba a cambiar el futuro, no iba a dejar que nada le hiciera mal, iba a estar con él… y en definitiva no iba a permitir que se convirtiera en lo que Dante le había mostrado.
- Lo siento… -añadió y empezó a sentir ganas de llorar mientras acariciaba su vientre.
Se levantó y respiró hondo antes de levantar la prueba de embarazo, al descubrir el resultado sus ojos se abrieron ampliamente por un minuto para luego parecer decepcionada.
- Negativo –susurró por lo bajo.
Tiró la prueba al basurero y fue hacia la cama que había compartido con Darius, se acurrucó en posición fetal mientras lloraba. La sola idea de un hijo le había ilusionado tanto, así como le dolía haber ahuyentado a quien amaba, ¿cómo culparlo? Quería ahorrarle una vida llena de pesares.
Además le dijo que no estaba preparado, tal vez sólo era eso o quizás simplemente la despreciaba tanto como para querer compartir su vida con ella.
Tratando de controlarse intentó respirar hondo pero no podía, gimoteaba como un niño. Odiaba no poder controlar sus emociones en este tipo de situaciones y así pasaron los minutos hasta que escuchó el rechinar de la puerta.
De pronto sintió una mano sobre su hombro pero no volteó a ver, pensaba que era Vi tratando de consolarla, cerró sus ojos porque no quería que nadie viera como las lágrimas brotaban de los mismos como si de una cascada se tratara.
- ¿Puedes dejarme sola?
Pero aquella mano le apretó suavemente el hombro, luego escuchó como la cama se hundía levemente por el peso de quien se acostaba tras ella.
- No se qué hago aquí –le dijo Darius con voz suave.
- ¿¡Da-Darius!? –giró Lux con rapidez.
Se topó con el rostro marcado del noxiano, el cual tenía entrecerrados los ojos, la miraba e inspeccionaba los rastros de lágrimas, le costaba entender el sentir de esta mujer pero por amarla como lo hacía es que necesitaba saberlo.
- No duré ni dos minutos lejos de aquí –se rió de sí mismo. No tenía voluntad, era una vergüenza.
- ¡Me hice una prueba de embarazo! –le gritó de repente la rubia y se echó a llorar viendo como la expresión de Darius cambiaba de inmediato, pasando de sorpresa a miedo. Lux detuvo levemente el llanto cuando lo notó.
- ¿Es-Es… cierto? –dijo sin creerlo- ¿cuándo?
- Salió negativo pero… -frunció el ceño- ¡pudiste haberle hecho daño de haber estado embarazada!
No sólo hubiera matado a su propia sangre, otra vez, sino que en el proceso la hubiera matado a ella también, así como su amor, el cual pasaba de ser milagroso a tener la suerte de seguir existiendo.
Y cuando la boca de Darius se abrió para decir algo, simplemente no pudo expresar lo que quería decir con palabras, tomó la cabeza de Lux con cuidado y la acercó a él para besar su mejilla y abrazarla. Su error pudo haber dañado a más de uno y lo peor era que… LE IMPORTABA.
¿Qué significaba esto? Dio vueltas en el asunto por más de un par de minutos, la rubia no entendía, tan sólo lo despertó de ese trance posando su mano sobre la mejilla marcada del noxiano. Estaba tan ajena a lo que él estaba pensando.
- Quiero algo nuestro, lamento que no te guste la idea –bajó la mirada.
- Me asusta –susurró Darius, su voz se tornó tensa al admitir su sentir.
- ¿Qué?
- No quiero perderte y… tomé una medida desesperada, estás enfermando –respondió mientras su cuerpo se agitaba.
- ¿A qué te refieres? –preguntó ella de inmediato.
- Tu cuerpo está resintiendo el aura de la muerte. Janna, sí, ella… tomó tu energía y la canalizó para crear un lazo entre nosotros, al abandonarme la muerte, ¿dónde crees que fue? No podíamos evitar los daños colaterales –dijo Darius con resignación y algo de rabia.
- ¿Moriré? –era la segunda vez que le preguntaba eso, Lux no tenía suficiente de su corta existencia.
Darius se llenó de sentimientos al momento que la voz de Lux traspasó toda barrera, la abrazó contra su pecho mientras se aferraba a la, posiblemente, única mujer que había logrado llegar tan lejos. Quería odiarla, quería apartar su mente de ella, la idea de perderla lo volvió loco, enmudeció sus propios deseos para finalmente ahogarse en la realidad.
- Encontraremos la forma, siempre lo hacemos –trató de convencerse.
- Sabía que esto pasaría, tranquilo –susurró ella.
-¡No! Es demasiado… no puede… no… -decía palabras al azar, Darius no quería enfrentar esto tan pronto.
- Entonces jamás podré ser capaz de formar una familia, de cuidar algo que nosotros hayamos creado con este amor.
- ¿Quieres un bebé? Tu cuerpo ni si quiera es capaz de concebir con facilidad y aún si sucediera te debilitarías demasiado rápido. Y es demasiado pronto para decirme adiós -confesó apretando levemente el cuerpo de su esposa.
- ¿Quién hubiera predicho que estaríamos juntos? No creo que alguien en su sano juicio hubiera creído que una mujer de Demacia vencería sus prejuicios para amar a…
- …un noxiano incapaz de ver la luz entre tanta sangre –añadió Darius.
- Exacto. Así que… sigamos con nuestras vidas como si nada estuviera pasando, formemos una familia, que no importe el tiempo que nos quede juntos, ¡vamos a aprovecharlo! Déjame disfrutar de esta felicidad, por favor…
A pesar de estar convencido de que era una locura, quería vivir como siempre lo había hecho, amarla tanto como pudiera y hacer su vida con ella mientras le alcanzara la existencia, a ambos.
Así que dejó el nerviosismo para componerse, debía ser tan fuerte como decía ser, encontrar una manera de resolver este asunto y darle a su esposa lo que quería, no un bebé, ni un capricho, ni una ilusión, sino una vida completamente normal.
- Uhmmm –decía mientras rápidamente se ponía sobre ella para mirarla- no vas a librarte de mí esta noche –le advirtió con una sonrisa pícara.
Lux abrió sus ojos como platos a tal cambio de actitud y se preparó para el apasionado beso que Darius le plantó en la boca. Era claro que iba a ser una noche muy larga.
- ¡Mmmmhhh! –gimió tan fuerte que todos en el castillo supieron lo que sucedía en aquella habitación.
Entre tanto la tensa calma entre Draven y Vi se vio interrumpida por tales ruidos, ambos miraron el vacío con incomodidad, al pasar un par de segundos se vieron a los ojos para reírse tontamente.
- El sexo-enojado es lo mejor después de una pelea –dijo Vi rompiendo el silencio.
- Imagina oír eso todos los días –añadió suspirando.
- ¿Y por qué no te vas? –preguntó.
- ¿Bromeas? Hay comida en casa, entretenimiento –miró para donde se encontraba la habitación de su hermano- y me gusta fastidiar.
- Degenerado –respondió con una mirada prejuiciosa.
- Podríamos hacer una competencia… grrr –Draven acercó su mano a donde Vi estaba y ella lo golpeó.
- Quita eso, sólo dios sabe qué has tocado con esas manos –caminó un poco por aquel salón y se lanzó para un sillón.
- ¿Por qué aceptaste salir conmigo hoy? –preguntó Draven con curiosidad al momento que se acomodaba en el mismo sillón pero a cierta distancia.
- Estaba aburrida y… me cansé de que insistieras tanto, así que maté dos pájaros de un tiro pero si te hubieras pasado de la raya, habría matado 3 pájaros –entrecerró los ojos y apretó los puños haciéndolos rechinar.
- ¡Ésa es mi chica! –le guiñó un ojo y mandó un beso.
- Bastardo –intentó levantarse pero Draven la tomó de la mano.
- ¿Y si te cansas de que te insista de que vengas a mi habitación también cederás? –preguntó coquetamente.
- Eres un mono en celo –se quitó la mano de Draven en una sacudida- mastúrbate escuchando a tu hermano y déjame tranquila –se fue de la sala.
Por un momento se sintió agredido pero se le pasó al fijar la mirada en el firme y pomposo trasero de aquella pelirosada, aquella holgada ropa no dejaba nada a la imaginación, casi podía saborear las embestidas que le daría cuando ella se dejara. Era difícil y le gustaba.
Los premios saben mucho mejor cuando te los ganas, cuando te regalan cosas sin ningún mérito tiendes a ser menos agradecido por lo que tienes.
Así como Garen, no sentía ninguna gratitud por la hospitalidad de su Rey, ex mejor amigo, en realidad lo odiaba, al escucharlo sólo deseaba poder lastimarlo, aguantaba los puños como un campeón pero eso no le evitaría lastimar su ego.
- Tienes que entender que lo hice por su bien –se excusó a pesar de que en su rango podría imponer su voluntad.
- ¿Qué quiere su Majestad? –preguntó tratando de ser indiferente.
- Olvidemos las viejas rencillas, mi amigo. Antes que tu Rey, soy Jarvan y lo sabes. El trono no es para mí pero lo acepté porque no había otra opción. Quise tener a mi lado a tu hermana pero estaba… regalando su dignidad a aquel explorador.
- Jaja –comenzó a reir irónico, Garen iba a soltar la bomba.
- ¿Qué es gracioso? –preguntó molesto- Querer proteger a tu hermana de las habladurías y aun sabiendo que no es virgen, desposarla por el profundo cariño que le tengo. Evitándole vergüenza a los Crownguard. Deberías agradecerme.
- Su Majestad, ¿me permite hablar con libertad? –preguntó formalmente Garen.
- Adelante, ilumíname con tu honestidad.
- Se equivocó de hombre, no la envió a los lobos, ella ya se inclinaba por uno de ellos. La regalo pura a quien por tanto tiempo perturbó su mente y ahora sufre entre sus manos.
- No entiendo –dijo confuso Jarvan.
- Darius, no Ezreal –sonrió Garen después del daño que le había hecho y dando media vuelta se marchó.
Le tomó segundos entender lo que su amigo le había dicho, ¿qué había hecho? Se condenó al instante, tomó su corona entre sus manos y se la quitó, dejando que unos cabellos cayeran sobre su rostro, desordenados como su mente. Fue cuando se detuvo en seco para ver hacia aquel.
- ¡No me des la espalda! –dijo furioso y caminó con pasos ruidosos hasta Garen, lo volteó con rabia hacia él y mirándolo a los ojos lo retó- ¡tú permitiste que esto pasara! Sabía que no podía confiar en ti.
- No lo sabía hasta que los vi en la boda pero quien regaló a mi hermana, fuiste tú. Ignorándola tantos años para que ella terminara ilusionada con un asesino de baja calaña como lo es ese noxiano. Lo único que me alegra es saber quién realmente eres.
Su visión se nubló y comenzó a actuar por instinto al momento que tomaba a Garen por la solaba y lo empujaba contra una pared violentamente. Con ojos asesinos estuvo a punto de tomar un cuchillo y cortarle la garganta… tenía una voz en el fondo que le pedía que lo hiciera. Era como su lado oscuro, sediento de dolor, sí… quería lastimar a su amigo, no sabía cómo hacerlo hasta que sus manos fueron deslizándose hasta su cuello para apretarlo.
Garen luchó pero no pudo evitar aquel arrebato que tenía su Rey, lo miraba con los ojos inyectados de rabia.
Fue entonces cuando la nublada consciencia se despejó, dejando ver a Jarvan lo que hacía y aunque ya no quería, aquella voz en su interior se lo exigía.
- ¡No quiero verte más! Traidor –lo soltó de golpe- ¡Guardias! Llévenselo –ordenó volviendo a su trono, que sin notarlo estaba más lejos de lo que recordaba.
Cada paso de regreso le cansaba, estaba hastiado de todo. Vio su corona, la cual no brillaba entre tanta oscuridad. Había sido engañado por sus sentidos, guiado por la rabia no quiso hacer más que castigarla, sin saber que estaba premiándola… al dejarla casarse con su enemigo no sólo en batalla sino también en aquel corazón.
Se sentía tan estúpido, tan… amargado y ridículo, como si lo hubieran vestido de payaso y enviado al pueblo para ser el hazmerreír, al cabo de unos minutos se dio cuenta de que debía pensar con cabeza fría y para ello debía ignorar sus demás impulsos, por lo pronto dejaría de tener en gracia a los Crownguard, ahora… iba por algo más grande, un plan en su mente se armaba con la intención de recuperar todo lo que le había sido arrebatado.
Iba a empezar por Lux, por tenerla… a cualquier costo, por cualquier medio. Así como se lo mandaba la oscuridad en su corazón, aquella que Swain había enraizado en su, ya muerto, noble ser.
Fin de Episodio 26
