Me he tardado mucho en actualizar por diversos asuntos entre tarea y proyectos, siento mucho eso :( bueno, quitando eso quiero agradecer a los que se pasaron por mi página de FB. Seguiré con la historia continuamente siempre que no se presenten tantas ocupaciones.
Hasta pronto y sigan con la historia ;)
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 27 – Revelaciones
Hay cierto desgano en sus palabras, sin embargo se esfuerza por cumplir lo que a su marido le ha pedido. En realidad tiene muchas más cosas que hacer y no planea abandonar su mundo sin antes terminar su última misión.
- Necesito tu ayuda –le dijo Lux a su compañera pelirosada, la cual no le ponía atención.
- ¿Qué? –respondió al contacto de su hombro.
- ¿Pasa algo? Has estado muy distraída.
- Es… ese idiota que vive aquí, estoy cansada de que me siga a todas partes.
- Deberías tenerle algo de paciencia –contestó la rubia buscando algo en su mesa de noche.
- ¿Por qué? Sólo quiere un revolcón –tenía razón- y créeme que no tengo planeado perder mi tiempo con él –Vi se acostó de lleno en la cama de la demaciana-. A todo esto –bufó molesta- ¿por qué aguantas que ese parásito te fastidie en tu propia casa? Podrías pedirle al 'señor-idiota' que lo saque.
- ¿Señor idiota? –preguntó Lux curiosa.
- Ya sabes. Draven es un idiota a secas y Darius es el 'señor idiota' –torció sus labios en un gesto de burla.
- Ha sufrido mucho –excusó a Draven mientras sacaba unos papeles en blanco y un lápiz- en fin, necesito que averigües algo por mí, es… ahm… urgente –anotó y anotó por un momento.
- ¿Qué es? –preguntó Vi y Lux le entregó el papel arrancándolo rápidamente.
- Esos nombres, quiero que averigües todo lo que puedas. Perdona que sea tan grosera pero es un… problema interno –se justificó la pequeña demaciana encogiéndose de hombros, no podía darle ninguna otra excusa.
- Ya no trabajas para las fuerzas demacianas, deberías dejarle esto a tus superiores, podría entregar la información que quieras, después de todo aún soy bienvenida en tu ciudad.
- No –dijo con determinación-. Vi… esto es importante, sólo… busca toda la información que puedas de estos dos. No tengo idea de su nacionalidad pero estoy segura de que no soy ciudadanos normales. Podrían ser criminales peligrosos. Sólo averígualo, nada de investigaciones privadas, ¿sí? –posó su mano sobre las de su compañera pelirosada.
La piltoveriana dudó por unos segundos pero entendía que podría ser un asunto muy delicado por la forma en que Lux hablaba de ello. Esa lista que tenía en sus manos era importante, ella no le pediría algo así de no estar desesperada, ¡qué complicado!
Se levantó de la cama y buscó sus enormes puños mecánicos para ponérselos. Caminó un poco para llegar hasta el marco de la puerta y sin voltear a Lux le habló seria.
- No tardaré mucho pero tampoco seré rápida. Estaré de vuelta en 2 días –se despidió mientras iba rápidamente a su habitación para tomar una bolsa que contenía su ropa.
Si pudiera poner en una balanza sus preocupaciones, quizás 'él' ocuparía más peso que otro, sabía que le perturbaba, desde que Darius habló con ella de la posible sombra de la muerte no hacía nada más que ocupar su mente en seguir con su vida.
Pero al detenerse reía porque podía ser sólo una ilusión. En este remolino de ilusiones jugar con su mente era la última artimaña de un enemigo que aún desconocía, ¿pero por qué hacerle creer que tendría un hijo? Tenía un 90% de posibilidades de jamás tener un bebé, ¿por qué ese 10% iba a ser diferente? ¿Quién era ese enemigo oculto en las sombras?
Tantas preguntas sin respuesta, tan sólo el desconcierto acompaña a la joven, la cual se acuesta en su cama tal cual Vi lo había hecho antes.
- Señora, tiene visitas –dijo el sirviente entrando a la habitación. Usualmente no tocaban la puerta, sólo cuando Darius estaba.
- Dame un minuto –respondió desde la cama, sin moverse, como si fuera una roca en medio del mar. Una gran roca inamovible.
Respiró hondo y de un pequeño salto se levantó de la cama. Caminaba por el salón como si no tuviera ganas, parecía pasear sus zapatillas sin intención de llegar hasta que lo hizo.
- El comandante me ha enviado por usted –añadió bajando la mirada pero viendo de reojo a la, ya sorprendida, demaciana.
- Soldado Dante –dio un paso atrás.
- ¿Es… cierto? –preguntó desconfiada.
- Sí. No tema, sólo debo acompañarla -su mirada vacía asustaba a Lux-. El comandante sugirió que debido a mi ausencia debo ser el corresponsal para aprender algo de responsabilidad –se excusó el joven.
- Está bien –respondió siguiéndolo.
Caminaron casi a la par pero nerviosos, no lucían cómodos el uno con el otro. Indiferentes a su situación tan precaria, intentando no lucir preocupados pero al mismo tiempo guardando distancia.
- Tomemos el carruaje –decía Lux, ir a paso lento en esta situación podría hacerla explotar en nerviosismo- ¿dónde está? –se preguntó mientras veía a todos lados. Un guardia del portón le explicó que estaba en reparaciones.
Angustiada dio un pequeño suspiro mientras caminaba delante de aquel joven de ojos azulados, no es que el camino fuera largo, la única razón de tomar el carruaje era para no estar tanto tiempo con este dudoso personaje en su historia.
- Vamos.
Entrecerrando los ojos por la sospecha, Dante dio un suspiro también. Parecían un espejo, esos ademanes, esa costumbre de suspirar cada vez que van a hacer algo que les incomoda, eran similares pero tan distantes por las verdades a medias entre ellos.
Adentrándose en el pequeño bosque cercano al castillo de Darius, comenzó a oscurecer, las hojas hacían un sonido en particular antes de caer. La rubia sólo esperaba que no lloviera, no quería admitir que en su afán olvidó llevar algunas cosas.
- Ten cuidado –dijo en voz baja Dante.
Lux volteó a él, abrió sus ojos tanto como pudo, estaba enrabietada, quería saber qué pasaba, ¡qué diablos pasaba! Tenía el derecho. Por ello tomó a Dante por el brazo y lo haló al bosque, lo puso contra un árbol y lo miró fijamente tratando de extraer la verdad del espejo que apreciaba.
- Tú no eres del futuro, ¿quién te ha mandado? –alzó la voz mientras preguntaba.
- No lo soy –bajó la mirada.
- ¡Detente! Deja de hacer eso, no puedo evitar molestarme, ¡deja de hacerme esto! No juegues más, eres un criminal, debería hacerte pagar por esto –amenazó con un halo de luz en su puño.
- Ese destello no me mataría, es tan débil que apenas me haría un rasguño, en cambio –levantó su puño, el cual tenía un fulgor aún más fuerte- este la lastimaría de verdad. Me gustaría investigar su interior, tal vez entre sus extrañas encuentre la respuesta que tanto… quiero –con ojos asesinos fue acercándose a la rubia, la cual temerosa dio un mal paso y cayó de espaldas. Dante se paró al lado de su cuerpo aún con aquel amenazante fulgor saliendo de su puño- aunque también tengo el deseo de que me veas. Veme, ve-me –repitió intentando decir algo con sus aterrorizantes acciones.
- Sabía que no podría confiar en ti –la voz débil de la rubia se tornó determinada, al momento que lanzó una de sus habilidades para paralizarlo, entonces corrió pero fue fácilmente encontrada.
- Veme…
Le decía otra vez pero Lux corrió en dirección contraria de aquella presencia. No entendía, estaba… teniendo miedo hasta que al correr en otra dirección se encontró con el cuerpo del joven, fornido y tenso, tanto que rebotó hasta casi caer pero la detuvo.
- No entiendes –añadió cansado- que esto te es tan familiar como tu propia luz –tocó el rostro de Lux con aquel peligroso fulgor, la joven cerraba los ojos temerosa por su muerte pero nada sucedió- ¿cómo dañarte con tu propio poder? –la miró con tímida inocencia.
- Ese poder… –susurró admirada al momento que tomaba el rostro de este entre sus manos, unas lágrimas corrían por sus mejillas al verlo bien- es mío… –lo decía pero parecía ser más una pregunta.
Aquel muchacho del futuro acercó su rostro al oído de la rubia, la cual comenzaba a temblar, ya no de miedo sino de emoción.
- Eres mi madre pero entiendo que no lo creas, este… no es el mejor momento, sólo quiero que creas en mí por un instante, quiero salvarte, déjame llevarte donde puedas estar bien –su cuerpo tenso de repente dejó de estarlo, era como una esponja, si Lux quisiera podría empujarlo y él caería como una roca.
- No puedo tener hijos –lloriqueó- y aun así… -respiró agitada- ¿eres real? –le tocó el rostro con más fuerza.
- ¿Qué significa eso?
Ambos se pararon para verse a los ojos, la conversación comenzaba a salirse de sus manos.
- Llevo varias semanas intentándolo, yo…
- Es imposible, yo vi el- -iba a decirlo pero se detuvo.
- Aunque me salves del destino que has visto, acabaré de la misma forma, una y otra vez, debo hablarte de algo –contestó Lux con resignación y le contó algunos detalles del asunto, Dante parecía confundido pero quizás… había algo más detrás de ello.
La compleja conversación terminó para dejar ir a la rubia a su destino y él seguir con el castigo puesto por el 'comandante'. Quizás su idea de regresar no había sido la mejor pero decidió salvarla y es lo que haría.
Debía investigar más de esa 'sombra de muerte' para ello quizás acudiría a su pequeña enciclopedia viviente.
- Tengo registros de un… mago, un humano que decidió entender más la muerte que la misma vida, creo que en esta época aún está en una etapa muy temprana de su existencia –contestó Gray, el mismo terminaba de encender una fogata en el pequeño campamento hecho a las afueras de la ciudad noxiana.
- Ella habló de una "sombra", le fue transmitida por mi padre. Debido a que una descuidada y estúpida hechicera no vio las consecuencias de actos tan irremediables –decía Dante.
Poniéndose pensativo Gray cerró los ojos, pensaba en que la situación comenzaba a ponerse desesperada, posiblemente el cambio producido por ellos había alterado el futuro, era riesgoso seguir jugando así, temía que pronto su amigo dejara de existir, ahora mismo caminaban como si estuvieran en un terreno quebrado, cualquier movimiento en falso los haría caer en el abismo de la nada.
- Iré por él. Aún me sobra magia para poder manipular su mente y extraer la respuesta.
- Consíguelo –ordenó Dante, veía su mano con detenimiento… era su impresión tal vez, pero comenzaba a dejar de sentirla como si desapareciera.
Y no eran los únicos preocupados en dejar de existir. La rosa negra advertida de la existencia de estos viajeros por la propia voz de Le'Blanc se reunió, algunos miembros simplemente permanecían entre las sombras mientras otros dejaban fluir su inconformidad.
Los planes se retrasarían debido a estos problemas 'menores', llamados así por Swain, quien desinteresado centraba la reunión en otros puntos. Esto podría ser arrogancia, ya que creía firmemente que no sería un problema y también guardaba una duda a nivel razonable. Es decir ¿agentes del futuro? Por favor, eso podía ser una exageración, no había datos de algo similar en el pasado.
- ¿Por qué razón no los eliminaste? –preguntó Swain, callando con su pregunta a los presentes.
- Cargan una extraña magia, encontré a ese mocoso de pelo rojo un par de semanas antes, lo eliminé pero… de la nada… volvió a aparecer. Es… como un hechizo de invulnerabilidad y regeneración –respondió LeBlanc- su compañero tiene esa misma aura. No importa cómo mueran… siempre regresan a su estado normal.
- Querida… eres tan susceptible –susurró Swain tomando por el mentón a LeBlanc- en lugar de plantar preocupaciones busca una manera de terminar con nuestros planes iniciales, ¿lo recuerdas? Eliminar Demacia, extinguir su luz, cortar la cabeza de un traidor.
- ¿Se refiere a eliminar aquella ridícula unión? Demacia y Noxus nunca han estado más confundidos –decía con asco la maléfica bruja-. La débil demaciana puede morir con facilidad, un accidente nos basta pero cortar la cabeza de mi amigo será más difícil, mejor hacerlo yo que otro, aunque es complicado llegar a él cuando nuestro pueblo lo ve como un patriota todavía. Será mejor… llevarlos a la guerra.
- ¡Sí!… -dijeron algunos miembros en la lúgubre reunión.
- ¡Sangre noxiana corriendo por las calles como en antaño! ¿Cuántos no recordamos eso? ¿Cuántos deseamos el desmán? Sangre para nosotros, la rosa negra –terminó su discurso y los miembros satisfechos por ello aprobaron la acción.
Las semanas pasaron tranquilas hasta que un aviso determinó lo que sería el fin de la paz, la búsqueda de una última reunión sería en la frontera que ambas naciones tenían.
Un nervioso Darius accedió pero tenía un mal presentimiento, por otro lado… estaba Lux, a la cual miraba con tristeza, de alguna manera algo cambiaba en él, no deseaba verla triste, no deseaba una guerra apresurada y menos en estas condiciones, no cuando apenas comenzaba su vida. La preocupación de su vida anterior a su matrimonio nunca había sido si pudiera vivir más tiempo, sino si podría seguir en la guerra para seguir honrando a su nación pero ahora… quería vivir más por ella.
Si la dejaba sola ¿qué clase de esposo sería? Le había prometido una vida juntos, aun cuando fue difícil lo consiguieron, ¿qué difícil? No fue nada de eso, había sido una travesía casi imposible, ¿quién lo diría? Pensaba Darius acariciando el cabello de su esposa, la veía plácidamente dormida a su lado, respirando pausadamente, haciendo feliz cada segundo su existencia.
Sí, era feliz y cuando estaba en la cama acompañado por la única persona que había luchado por él, en plena madrugada, sin que nadie los molestase o viera, sonreía debido a su fortuna. Lux no sospechaba de tales cavilaciones, su marido apenas podía expresar su amor en palabras aunque hacerle el amor también funcionaba, sus emociones fluían al entregarse el uno al otro.
La penumbra se despejó, dejando ver que ya era hora, despertó de sus fantasías y sentándose al borde de la cama dio un corto suspiro, su amada permanecía dormida, no quería despertarla… cerró sus ojos y bajó la cabeza pero luego la levantó y se dio un pequeño impulso para prepararse.
Al cabo de un rato un sonido metálico hizo que Lux se sobresaltarse en sueños, abrió sus ojos algo confundida viendo únicamente a su esposo, el mismo se sentó al borde de la cama de nuevo mientras su mano enguantada acariciaba su rostro.
- Uhn… ¿dónde vas? –preguntó inocente la rubia.
- Debo marchar a la frontera.
- Cierto –un atisbo de tristeza ser asomó por sus ojos, sentándose en la cama con hombros caídos se sumió en pensamientos- ¿re-gresarás pronto?
- No, cariño –susurró Darius como si le temiera a lo que esas palabras pudieran hacerle a sus sentimientos.
- Regresaré a Demacia, hablaré con mis padres, con los nobles de mi nación, esta guerra es un capricho que puede detenerse –dijo decidida.
El pelinegro la miró con la calma que nunca había guardado y como si no fueran a tener un mañana le besó la boca con ternura, al separarse volvió a besarla para luego guiar sus labios a las suaves mejillas de Lux, la rozaba como una caricia que no podría darle, no pronto, no en… un futuro.
- Quédate en el castillo, cuida de nuestro hogar, cuídate tú y sobretodo no confíes en nadie.
- Intentaré hacerlo –respondió Lux.
Darius se puso de pie, dio la vuelta y se marchó, dejando tan sólo el recuerdo de su capa roja ondeando ligeramente en conjunto al sonido metálico de su armadura, el cual Lux intentaría recordar cada segundo en su larga… espera.
Sin embargo no olvidaría cuánto le dolería estar lejos de él sin saber si regresará, era cierto que le prometieron una larga vida, ¿cómo tenerla en medio de tanto horror?
El viento se hizo cortante, como si fuera a lijar los rostros de aquellos que marchaban a la guerra, Darius frunció su ceño y ordenando con la fuerza salida de su voz se puso delante de todos los que le seguían.
A lo lejos las pisadas demacianas hacían temblar el terreno, las montañas incluso parecían tragarse el grito de cada guerrero para liberarlo en un eco desenfrenado. En anteriores ocasiones Darius habría ordenado con su voz terminar con lo que les estuviera llamando al enfrentamiento pero ahora se cohibía en un suspiro preocupado.
A lo lejos veía el estandarte demaciano acercarse mientras un mensajero que llegaba a caballo hasta ellos, tal vez reconsiderarían esta guerra, por un momento un hilillo de esperanza se apoderó de Darius, si podían evadir esto… él le regresaría la paz y al calor de su amada.
El caballo patinó un poco en aquella árida tierra levantando el polvo, el mismo hizo toser a algunos, Darius levantó la mirada y vio al pequeño demaciano bajarse del caballo para entregar un mensaje del Rey.
Darius tomó aquel pedazo de papel enrollado y lo revisó, detuvo su respiración por un segundo y esperó un poco para dar una respuesta.
- El Rey pide una audiencia y aceptaré –dijo en voz alta para luego dejar sus armas.
Sin armas y a mitad del campo de batalla, Darius montó un caballo y fue al encuentro junto a un par de soldados, los cuales permanecían incrédulos, ¿de qué querría hablar el Rey? Darius creía que la batalla sería inminente pero si quería llegar a un acuerdo tal vez no estaba tan determinado a pelear.
Llegando al punto de encuentro, cada acompañante de ambos líderes quedaron unos metros atrás. Darius se vio cara a cara con Jarvan, después de tanto tiempo veía al príncipe ojeroso, algo le quitaría el sueño pero no debía distraerse.
- Yo… -decía Darius pero fue cortado de inmediato por la filosa voz de Jarvan.
- ¿Quién te has creído? –preguntó el nuevo Rey- has enredado tanto su corazón con mentiras y ahora mismo la tienes por ello, la engañaste para que te liberara, para que se casara contigo. Tengo el deseo profundo de quebrantar ese espíritu degradante en tu interior y demostrarle el poco valor que tienes.
- No la he usado.
- Eso es aún peor porque si has hecho esto porque hay 'amor' en tu corazón, eso me dice que ella nunca será feliz, un noxiano no puede anteponer sus anhelos por sus objetivos. Morirá de alguna manera trágica, será arrastrada a lo profundo por tus convicciones y desearás nunca haberla traído a esta tierra olvidada de dios.
- ¿Cuáles son los términos de este trato? Podemos reorganizar el tratado de paz porque si vas a llorar por el desprecio de MI esposa, nunca terminaremos. Ya eligió su destino –determinó el noxiano.
- Quiero a la doncella Crownguard de vuelta en Demacia –exigió Jarvan- y terminaremos esto, el tratado de paz estará intacto más algunas piezas de oro para compensar las molestias además de colaboración y libre tratado comercial.
- Ya no es una doncella, el matrimonio fue consumado y pertenece a Noxus, tanto como yo.
Darius vio como repentinamente la expresión de Jarvan cambió, se veía inexpresivo, su mirada oscura parecía exigir la sangre de inocentes por esta afronta, no era más que un niño en ese momento.
- ¡Que tu sangre corra en estas tierras y mueran todos como perros en mi lanza! –Jarvan giró sobre sí mismo dándole la espalda a su más grande enemigo y levantó su mano formando un puño a lo cual unas trompetas sonaron.
- Soy un hombre sangriento, quizá, pero no soy un demonio y JAMÁS te la daré, ni todo el oro del mundo hará que la tengas –le respondió mientras se alejaba, tenía cierta arrogancia, Jarvan volteó un segundo y vio como la capa enrojecida ondeaba quizás anunciando una cruel batalla por llegar.
Infelizmente ambos ejércitos tendrían su batalla pero había dificultades aún peores lejos del peligro de lanzas envenenadas de odio en aquel campo dividido por un vacío.
Esa corrupta noche no sólo Darius puso en peligro la paz entre ambas naciones sino que arriesgó la misma vida que tanto ha querido proteger.
- Señora, ha llegado una carta –avisó un sirviente y entregó lo que tenía en manos a la rubia.
- Gra…cias –dijo pero ya no había nadie a su alrededor. Era un sobre, lo abrió para encontrarse invitada a una 'reunión'.
Darius no había pasado ni un día fuera de Noxus y ya había indicios de una ruptura entre la vieja monarquía escondida en altos mandos de aquel ejército preparado para la guerra.
El tema de la reunión se marcaba como 'importante' y la implicaba a ella, no sabía cómo reaccionar pero supuso lo peor. Quizás su sangre la hacía blanco del odio, después de todo Jarvan había incitado el caos, ya no era parte de un tratado, era el enemigo.
Con coraje y mucho valor se vistió adecuadamente no sin pensar en llevar un par de sirvientes a los que Darius encomendó la seguridad de su hogar y su vida. Iría acompañada, no habría necesidad porque era autosuficiente en defensa pero su marido había insistido en que no se dejara engañar por la falsa amabilidad de extraños y cercanos.
De camino tenía la mente más ocupada en trivialidades adolescentes, su tierno amor y el palpitar de su corazón, creía que si algo le pasara a Darius… lo sabría, quizá la magia que los unía podía avisarle, ¿por qué preocuparse en la rebelión de algunos generales y comandantes? ¿Por qué temer al destierro? ¿Por qué temer a la cárcel? Lux comenzaba a sentirse ridícula por no tener todo eso en mente.
La entrada al castillo donde se llevaría a cabo era mucho más grande que donde vivía, lo veía con ojos de asombro, sin embargo dejó de lado su curiosidad por la arquitectura al ver la tenebrosa cara de Swain.
Aquel cuervo oscuro la había recibido, al bajar del carruaje la mano de aquél la esperó, Lux la aceptó como cualquier dama, nada pasó pero eso era lo que quería, saber que ella tenía miedo, saber que él era el dueño de la situación y que controlaba todo a su alrededor.
- Bienvenida.
- Gracias –contestó ella.
- Acompáñeme –sugirió Swain y al mismo tiempo notó como dos fornidos hombres la seguían- ¿podría atar a sus perros? La reunión es privada.
- Son órdenes de mi marido –resaltó aquella palabra, la cual incomodó a este noxiano.
- Supongo que no podemos hacer nada –dijo y siguió su camino por un pasillo, unas puertas se abrieron para llevarlos a un salón.
Podía ver unas mujeres y bastantes hombres, aparentemente de alto rango, todos vieron desde arriba a Lux esperando intimidarla pero no lograron su cometido ya que su objetivo había sido criado en estos ambientes, nunca se sintió menos que nadie y no empezaría a hacerlo.
- Mi querida, Luxanne. Queríamos hablar con usted –agitó su cabeza negando condescendientemente- han llegado avisos, la guerra inició, nuestro ejército acampara un par de semanas y se enviarán más refuerzos.
- ¿Inició? –añadió sorprendida la rubia, al instante las puertas tras ella se cerraron e hicieron que diera un pequeño salto.
- El problema es que muchos de nuestros más nobles colaboradores no están de acuerdo en apoyar una guerra con su marido al mando, bien podría ser un traidor.
- Eso es ridículo –respondió indignada y miró a todos en aquella sala- mi esposo es un verdadero patriota, él no merece sus dudas.
- Yo entiendo que él tiene 'algo' por lo exótico –tomó un mechón de la cabellera de Lux y lo acarició suavemente, la intimidaba- somos hombres, al igual que nuestros colaboradores –algunos en aquella multitud rieron- pero ese no era el tema, verá… -soltó su cabello y cruzó los brazos tras de sí- sin su presencia, doncella Crownguard, usted no es más que una pieza innecesaria, el trato se rompió, por sus venas corre la sangre demaciana más pura y leal a su causa, no podemos tenerla con nosotros y por lealtad a mi querido colaborador, Lord Darius, se votó por no tomarla como una rehén.
- No necesitaba organizar una reunión para eso, pudo enviar una carta.
- El punto es –volteó a ella- que no puede quedarse y muchos bondadosos miembros del ejército han pedido tomarla en lugar de Lord Darius.
- Lo entiendo –rió irónica pero asustada- no quieren tenerme como una 'presa' quieren que sea la 'presa' de alguien, quieren destruir mi matrimonio, un matrimonio totalmente LEGAL –hizo énfasis en aquello- en ambas naciones. Saben que no pueden separarnos y dios sabe por qué bajos instintos se están guiando para venderme al mejor postor entre ustedes, no sólo quieren destruir mi nación, quieren humillar mi existencia y que así sea la más miserable en la historia para que ninguna mujer noxiana –vio a las mujeres presentes- ni demaciana cree una brecha de dudas al desear casarse con alguien de otra nación.
Muchos de los presentes comenzaron a murmurar y otros aún reían, se burlaban de lo que decía, parecía no importarles. El matrimonio entre personajes de distintas naciones debía ser visto como impensable, nuevamente expusieron la herida que atormentaba el sueño de aquellos que deseaban la muerte como un amanecer.
- Me marcho –anunció Lux y les dio la espalda a estos.
Aunque ya esperaba lo que vino a continuación, pronto soldados leales a Swain la tomaron por los brazos, tan pronto gritó sus acompañantes fueron en su ayuda pero fueron neutralizados por la peligrosa magia de aquel cuervo.
- Regresen o encontrarán muerte en mis manos.
- NO –respondieron al unísono ambos soldados totalmente leales a su comandante.
La joven esposa notó lo real de aquella amenaza y no quería ver morir a nadie a causa suya por lo mismo levantó la voz.
- Vayan –decía Lux sentenciando su destino.
- Señora, fueron órdenes…
Lux los interrumpió y apretando los dientes volvió a darles la orden, no iba a permitirlo, ella podía defenderse, no ahora pero era capaz de escapar en cuanto tuviera una oportunidad, no iba a perder en esta 'batalla' a un par de leales soldados por una nada.
Finalmente ellos marcharon a empujones pero regresarían con el resto del batallón leal de su comandante para liberarla de cualquier encierro. La rubia bajó la cabeza por un momento atemorizada pero al instante recuperando su fuerza, la iba a necesitar.
- Puedo caminar por mí misma –dijo y sacudió el agarre de los soldados.
Vieron hacia Swain el cual asintió, la rubia respiró hondo mientras era guiada a través de todos aquellos traidores, muchos de ellos más leales al cuervo oscuro que a su misma nación pero debido a la presión del ambiente no pudo notar un rostro conocido que se asomaba.
- Me haría el honor de acompañarme –le dijo una voz masculina, Lux elevó la mirada para ver a ese 'conde', el tal Cavagnarov.
- Usted… -dijo suavemente.
- Pásenla bien –añadió Swain mientras guiaba al resto de la multitud fuera de aquel salón, quedando sólo aquel noxiano y aquella rubia escoltada por dos soldados.
Después de unos minutos caminando a través de un pasillo decidieron romper el silencio, no sólo por curiosidad sino por su propia seguridad. Necesitaba saber más de esto.
- ¿A dónde me llevan? –preguntó temerosa.
- A mi cálido hogar –añadió Cavagnarov burlándose pero en tono bajo.
- No lo haga, si Darius sabe lo que usted hizo no perdonará su vida, detenga esta locura, déjeme ir –decía tratando de persuadirlo.
- Mi principal preocupación no es su marido –hizo un ademán con la mano para quedar a solas con la joven esposa.
- Creo que mi marido es lo último que debiera temer, una guerra interna podría acabar con Noxus, usted… quiere fracturar una nación unida. Él no perdonará esta traición y lo sabe.
- Quizás quiero… un poco de anarquía –acercó su cuerpo al de la rubia y la tomó por los hombros guiándola hacia una pared, la miraba de arriba para abajo.
- ¿Qué le hace creer que permitiré que usted me use? –dijo Lux pero la voz se le iba.
- Entrenada en Demacia, fuerte, inteligente, independiente… y hermosa. Eres un brillante trofeo, ya veo por qué ese ignorante campesino fijó sus ojos en una joya tan fina –añadió Cavagnarov presionando el cuerpo de la rubia con más insistencia.
- ¿Campesino? –repitió como si no entendiera.
- ¿Voy a llamarle 'Lord'? Sería una ridiculez que alguien de mi estirpe se rebajara a tanto, ¿crees que todo Noxus apoya a esa basura campesina? Familias nobles perdieron muchos derechos gracias a él pero yo voy a compensarlos a todos.
- Nuestro matrimonio fue sólo un acuerdo, yo… -trataba de no parecer importante para que así la dejara ir.
- ¡Por favor! –golpeó con la palma de su mano la pared que aprisionaba el cuerpo de la rubia-. Es de conocimiento público que ha encantado a su marido, no puede evitar verla con esos ojos... –la señaló- esos mismos ojos llenos de incondicional y profundo amor.
- No existe amor entre nosotros… -decía más nerviosa sintiendo un bulto crecer cercano a su pierna.
Cavagnarov se excitaba con la sola idea de tener aquel tembloroso cuerpo en sus manos, llena de miedo… y con voz entrecortada. Deseaba azotar su pequeño cuerpo y apretar su cuello hasta dejarla morada, ver la vida desvanecerse en su bello rostro al mismo tiempo llenándola de su cálido jugo.
- Sigue mintiendo –le susurró aquel, entonces la rubia aprovechó para golpearlo en el rostro e intentar paralizarlo con su magia, extendió sus manos pero nada salió de ella, ¡no tenía magia! ¿Cómo era posible? Vio con terror a su captor, el cual reía- nos vamos a divertir tanto.
Al tenerla tan cerca usó una piedra mágica, la cual se desvaneció al contacto de su cuerpo, un anulador, perfecto para relentizar y silenciar su magia por un tiempo moderado. La rubia estaba en un grave problema.
Aquel oscuro pasillo apenas la dejaba ver un alma, era lúgubre pero más aterrador, él la tomaría… ahí y en ese momento, no le importaba nada más, su erección no podía esperar, consumar su venganza, robar a esta mujer le daría la satisfacción que tanto anhelaba y eso elevaba sus ansias.
Nuevamente la puso contra una pared, Lux no podía defenderse, se sentía lenta y no tenía magia, Cavagnarov apretó sus muñecas y la apretó tan fuerte que había lastimado su espalda, podía sentir el desnivel de aquella pared.
Al principio el miedo que tenía podía solucionarse pensando en su escape pero este hombre no iba a esperar a tenerla en su castillo, la iba a lastimar en ese momento por su intento de huida, nuevamente podía sentir las manos de este hombre en su cuerpo, sus labios rozando su mejilla hasta bajar a su cuello y seguir hasta su hombro, entonces… deteniéndose abrió su boca, Lux gritó adolorida, este hombre comenzó mordiéndola como un perro.
Al sentir su dolor no pudo evitar meter su mano bajo la ropa de esta y guiarse hasta llegar a la entrepierna, antes de tocar si quiera la entrada íntima de su cuerpo, un sigiloso sonido como hojas de metal al viento se escucharon.
- ¿Qué haces? –preguntó la voz intrusa.
La mirada de la rubia buscó a la persona que habló pero no podía ver, era este maldito hechizo, abría sus ojos y los cerraba, como si así pudiera quitar aquella visión nublada que tenía.
- Estoy en mi derecho –contestó Cavagnarov- he pedido a la demaciana.
- Yo quitaría mis manos de ahí –presionó con una cuchilla la indiscreta mano del degenerado Conde.
- Du Couteau…
- Conozco a alguien con más derecho –presionó con la cuchilla la mano de aquel haciéndolo sangrar y acto seguido este hombre liberó a su presa- y no le fue informada esta reunión.
- Vas a pagar las consecuencias –sin dar la espalda caminó directo a la primera salida que vio.
En cuanto el peligro se fue, Lux siguió congelada y sin magia, apenas podía moverse pero luchaba por no mostrarse débil, quería… no llorar por el abuso del que fue objeto.
- Te llevaré a casa –dijo Katarina, un pequeño halo de luz iluminó su inconfundible cabello rojo.
- Dame unos minutos, no puedo… moverme.
- Me parece bien –dijo y se acomodó al lado de la rubia- ha sido un mal momento para saludar.
- Gracias por intervenir, sé que te he metido en un gran problema, no tenías que hacerlo.
- Claro que tenía que hacerlo –extendió su mano al hombro de Lux- se lo debo a tu hermano.
- No nos debes nada –Lux volteó hacia ella y le sonrió amablemente para luego suspirar, ocultaba una gran tristeza dentro de sí, la de no poder hacer nada para defenderse en un ambiente tan cruel.
Era como si Katarina hubiera salvado su vida, ese Conde escondía un monstro dentro de sí, uno peligroso. Lux no dejaba de pensar en la suerte que había tenido mientras la herida en su hombro no paraba de sangrar, las marcas de dientes de ese hombre le habían dejado algo más que dolor.
Darius tenía razón, Noxus era hostil y no debía confiar en nadie, si tan sólo no hubiera sido tan diplomática y hubiera dejado la invitación de aquel cuervo cerrada, olvidada en algún basurero. Era una tonta y como cualquier víctima de una agresión comenzaba a creer que era culpa suya pero no lo era.
Sin embargo la próxima vez estaría más preparada, además de ser más cuidadosa, esta vida ahora no era sólo suya, estaba Darius de por medio, no lo iba a dejar solo en medio de tanta traición. Finalmente Swain había mostrado los colmillos, resultando ser venenosos.
Fin de Episodio 27
