*Kimetsu No Yaiba no me pertenece. Pertenece a Gotoge y a (fucking amazing) estudio Ufotable.
*Este fic no tendrá demonios y estará parcialmente basado en Tales of Demon Slayer Academy.
*Puede implicar temas sensibles y comportamientos que no se deben imitar.
…
Prólogo.
Tanjiro conoció a Kanao cuando ella estaba ayudando al Club de Voleibol. Más bien, la conoció cuando Kanao estaba arremetiendo sin piedad contra el Club de Voleibol.
Él fue al gimnasio con la intención de ayudarles a mover el equipo que el Club de Gimnasia dejó en medio de una de las canchas, y cuando se adentró al sitio, un partido de práctica ya estaba teniendo lugar.
Frente a la red, la vio alzarse del suelo como una majestuosa ave, a quien la gravedad le es indiferente. Vio su rostro de apariencia suave, pero brillante por el sudor. Estaba seria y sonrojada de la concentración, fue entonces que su brazo derecho pegó a la pelota con tal fuerza y en un ángulo que logró romper la defensa de dos jugadores que trataron de detenerla frente a la red.
La única que tuvo el coraje de hacerle frente fue la capitana del club Maru Susa. Que trató de parar el balón juntando sus brazos para que le diera de lleno en los antebrazos, pero la fuerza del balón fue tal que sus extremidades se separaron y le otorgaron al equipo de Kanao el punto.
Los chicos del equipo de Kanao saltaron de la alegría y se asombraron de la habilidad deportiva de la chica, que solo recibía los cumplidos con escuetos "gracias" y "tú también lo hiciste bien". No agregaba más, ni hablaba menos.
Y tenía una pequeña y débil sonrisa.
Con todo, ella le pareció muy bonita.
….
Tanjiro miró a su compañera y jefa del trabajo expectante.
Aoi Kanzaki, por su lado, tenía alzada una ceja en una expresión de disgusto o decepción. Tenía una mano en la cadera y con la otra sostenía una bandeja vacía.
—¿Ese es tu gran plan? ¿Vas a hacer eso?
El chico la miró con confusión. Honestamente pensaba que era un gran plan.
—¡Claro! ¡La paciencia es la madre de las virtudes! —se defendió—. Si espero, y veo que ocurre, entonces sabré cuál es el problema y mis oportunidades.
—Es un plan muy malo, Tanjiro—corrigió la chica duramente—. Eso no va a funcionar con Kanao.
—¿Por qué? ¡Yo creo que esperar su iniciativa es una buena forma de medir su interés! Después de todo, si alguien te quiere te busca.
—No, no. Eso no es una buena idea—Kanzaki negó con su cabeza categóricamente. Aunque ahora estaba empezando a ponerse un poco inquieta.
—¡¿Por qué?! Todavía no me has dado una razón.
—¡Porque no es una buena idea! —Kanzaki alzó la voz y su tono se confundía entre el enojo, la desesperación y el nerviosismo. Pero Tanjiro creyó oler lo último en la esencia de su amiga—. ¿Por qué no le dices sencillamente que te gusta y que la quieres como novia? Es más fácil y estoy segura que aceptará.
—¿Cómo estás tan segura? Hace un par de días me rechazó para ir a una cita con Kaigaku. Sé que no tengo derecho a quejarme ni nada, pero, ¿cómo me pides que esté tan seguro de que me aceptará?
Kanzaki arrugó la nariz al acordarse de aquella situación e inmediatamente desvió la mirada. Ella no estaba más feliz que Tanjiro porque su amiga aceptara salir con él. Le enfermaba solo pensar que ese patán pudiese estar a kilómetros cerca de Kanao, ni hablar de estar a centímetros de ella.
Tanjiro interpretó su silencio como aceptación.
—Estoy muy confundido, Kanzaki. ¿Ha salido conmigo casi todos los fines de semana durante cuatro meses y algo, y de repente, un día, le dice que sí a Kaigaku? Hemos ido al cine, a tomar helado, hemos visto películas en mi casa, hemos ido a los recreativos juntos, incluso, me ha ayudado a cuidar a mis hermanos menores mientras mi mamá, Nezuko y Takeo no estaban… ¡Ella conoce a parte de mi familia!
El chico bajó la mirada. Tampoco pensaba que se había comportado en clave de amistad. ¡Lo había evitado a toda costa! ¡Se aseguró de eso!
—Yo… de verdad pensé que era el único…—acabó su explicación con una nota triste.
Kanzaki apretó los dientes y trató de contener un grito de frustración.
—Kaigaku no importa, Tanjiro. Tienes que probar a decirle cómo te sientes—contestó la chica con una voz rasposa.
—¡Es muy fácil para ti decirlo! —Tanjiro volvió a bajar la mirada, como recordando algo doloroso—. Antes de que yo la invitara por primera vez, ella salió con ese chico, amm, ¿Murata? Creo que como una semana antes que yo—alzó la mirada para ver a Kanzaki y con más ímpetu del necesario alzó la voz—. ¡Pero me dices que tenga esperanzas de que me dirá que sí! ¿Cómo sé que solo soy algo pasajero para ella? Si es así, no quiero perder el tiempo—bajó voz una vez más—. Ni siquiera intentarlo.
Aoi puso la bandeja que sostenía sobre su cabeza y la tiró hacia abajo, doblándola en un ángulo peligroso en el que podía romperse. Tenía los dientes tan apretados que parecía que se le iban a trizar, y de su garganta salió un ahogado chillido de frustración.
—No quiero dejar de ser su amigo y de verdad no me molesta que haga esas cosas, pero yo no quiero ser parte de eso—suspiró—. Solo quiero saber cómo sentirme con respecto a ella.
—Ve y confiésate a Kanao, Tanjiro. Es todo lo que debes hacer.
—¿Me has escuchado, Kanzaki? ¡No estoy seguro de nada! Es por eso que quiero que sea ella la que me busque. ¡Porque generalmente soy yo el que lo hace! Solo quiero estar seguro, quiero tener la certeza de que le intereso, y así ahorrarme una situación incómoda y porque tampoco quiero jugarme nuestra amistad con eso.
Tanjiro debería olvidarse de las mujeres y ser santo.
—Tanjiro… Todo lo que puedo decirte es que seas valiente y te confieses a Kanao.
—¡Kanzaki! Yo sé que eres la mejor amiga de Kanao, pero también eres mi amiga. ¡Quiero contarte esto y que me ayudes también! —Tanjiro sonaba desesperado—. ¿Yo le gusto?
—¡No seas injusto! —Kanzaki se cubrió el pecho con la bandeja—. ¡Sabes que no me corresponde decirlo! Además, me parece de muy mal gusto intervenir en las relaciones ajenas.
Tanjiro golpeó la mesa con su cabeza con una desgana absoluta. Ella tenía razón. No era justo. Esta relación era de dos y Kanzaki no era una de las partes.
Kanzaki quería disculparse, pero no sabía por qué.
—¿Harás tu plan, entonces? —le preguntó la chica con una expresión triste.
—Claro—contestó el chico con amargura—. No estoy dispuesto a hacer otra cosa.
—Tanjiro…
—¡Señorita, la cuenta, por favor!
Una dama en el otro extremo del café alzó la voz llamando a Kanzaki.
—¡En un minuto voy! —Kanzaki vio a Tanjiro levantarse del asiento—. ¿Ya te vas?
—Sip. Parece que ya es hora de cerrar…
Efectivamente. Era ya casi de noche, y la luz del sol se había vuelto fría e vacua, por lo que los faros del exterior ya estaban encendidos.
Kanzaki se detuvo a pensar un momento su situación. Si Tanjiro se decidía no habría forma de detenerlo y para su desgracia, por la actitud de Kanao, él asumiría que ella no estaba interesada en él de esa manera, aunque no fuera cierto. Ella estaba segura de que ello ocurriría y se sentía tan impotente por el no poder unirlos de manera ética.
Por otro lado, estaba Kaigaku.
Y cuando ese nombre se le cruzó por la cabeza, una epifanía llegó a ella. Abrió los ojos desmesuradamente ante la revelación sobre la justicia y el orden del mundo. Kanao iba a perder a un partido como Tanjiro sobre el cadáver de Kanzaki.
Puso la mano en el hombro del chico y lo obligó a sentarse otra vez.
Tanjiro alzó la vista con confusión, y antes de poder preguntar, el acusador dedo índice de Kanzaki se le puso en frente.
—Quédate ahí—ordenó—. Si te mueves te mato—volvió a mirar a los clientes, y luego a Tanjiro otra vez—. ¿Tienes dinero?
Tanjiro le contó las migajas que traía encima. Ella asintió sin ánimo de duda.
—Te traeré un té helado.
La chica cobró a los clientes y los despidió con dulzura, levantó y limpió la mesa; lavó y guardó los platos; apagó varias luces del café, excepto las que iluminaban la mesa en la que estaba Tanjiro, cerró las cortinas, cambió el letrero de la puerta a "cerrado", se quitó el delantal y preparó el té helado de Tanjiro y ella se preparó un café negro.
Todo esto a una velocidad impresionante.
Dejó el té helado frente a Tanjiro, que de inmediato comenzó a sorber por el cilindro de plástico.
Se sentía como en una película de mafiosos y el corazón le latía, como cuando las películas presentaban el inicio del conflicto.
Ella no dio un solo sorbo y habló.
—Tú le gustas a Kanao.
Tanjiro se atragantó.
Kanzaki pensó con irritación: "Vamos… que hasta tú lo sabes.".
—¿Cómo estás tan segura?
—¡Porque me lo dijo! —Kanzaki agudizó su voz, en un pobre intento de imitar a Kanao y luego habló a velocidad de metralleta—. "Aoi, sabes, que me gusta Tanjiro. Es muy divertido, me hace reír, es un gran tipo. ¡Tiene una familia muy grande y amorosa! Me siento cómoda a su lado, quiero siempre apoyarme en él y me late el corazón cada vez que suena mi teléfono pensando que es él"—la expresión de Kanzaki se hizo dura de repente—. Le gustas tú.
Tanjiro se quedó sin palabras y estaba por abrir la boca otra vez cuando Kanzaki se inclinó sobre la mesa.
—¡Tú! No Kaigaku, no Murata, no Muichirou, Yuuichirou, Senjurou ni Zenitsu. ¡Tú! Tú, Kamado Tanjiro, tú le gustas.
—Entonces… ¿Por qué…?
—Mira—el rostro y tono de voz de Kanzaki se puso serio—. Estas son las dos cosas que te diré. Y no diré nada más. ¿Oíste? La primera es que tú le gustas. La segunda, es que ella no puede decírtelo. ¿De acuerdo? —Aoi alzó una ceja e hizo énfasis a continuación—. No es que no quiera, es que no puede. ¿De acuerdo?
Tanjiro pestañeó asombrado. ¿Quién era Kanao Tsuyuri?
—Ella no puede pedírtelo ni decírtelo. Pero lo siente.
—¿Por qué no puede? ¿Está en peligro? —Tanjiro se inclinó sobre la mesa muy preocupado.
—Nada de eso. Ella está bien, solo no puede pedirte que lo hagas. Esto ni muchas otras cosas—Kanzaki negó con la cabeza—. Esto es todo lo que te diré. Cuando ella esté lista, te dirá el resto. Solo quiero que seas comprensivo con ella, y que no sientas que no te quiere, y que una vez que seas su novio no tendrás que preocuparte más—Kanzaki suspiró—. Entonces. ¿Harás lo que te dije o no?
Tanjiro miró a la mesa.
—¿Dónde me estoy metiendo, Kanzaki?
Aoi se sintió dolida. A lo mejor debió pintarlo con más naturalidad y menos severidad.
—Ella es la misma Kanao que has conocido siempre. Este es solo un detalle. Ella no tiene sorpresas para ti.
Kanzaki ensombreció su mirada.
Tanjiro se irguió y sus ojos se abrieron como normalmente eran, rojos, potentes y animados. Sonrió con su decidida y amable sonrisa. Ello significaba una sola cosa: Tanjiro iba a pelear por Kanao. Y no había forma de echarlo para atrás.
Kanzaki sonrió dando el primer sorbo a su café. No había ni que preguntarle.
…
—¡El té estaba delicioso, Kanzaki! —dijo el muchacho una vez llegó la hora de partir.
Ya entrada la noche, la calle se veía atroz. Oscura, peligrosa y misteriosa. Kanzaki no tenía ganas de poner un pie fuera de su casa, pero su cortesía la obligaba a ver a Tanjiro llegar hasta la calle principal más cercana, cuidando que no lo secuestrasen por el camino.
—De nada, Tanjiro.
Y aun con la penumbra, el chico se veía radiante. Tan diferente al chico que entró por el café aquella misma tarde. Ahora no había temor en sus ojos, la tristeza se había ido y su energía había vuelto a normalidad.
—Cuídate de vuelta a casa, no hagas locuras—le advirtió la chica.
—¡No, Kanzaki! ¡Me cuidaré! ¡Hasta luego!
El chico iba a medio camino, cuando a Kanzaki se le escapó la voz.
—¡Tanjiro! —vio al chico darse la vuelta y se quedó con las palabras en la garganta, hasta que las soltó, a modo de advertencia—. Kanao nunca te dirá que no. ¡No te aproveches de ella!
Tanjiro negó con la cabeza con seguridad.
—Jamás. Nunca le haré daño a Kanao.
Kanzaki sonrió y finalmente se dieron la despedida.
Suspiró todavía en la puerta.
De hecho, hubo un tiempo en el que a Kanzaki también le gustó Tanjiro. Era un chico muy amable y tan valiente al mismo tiempo. Cuando te contaban que el mayor de los Kamado se metía constantemente en problemas, sin conocerlo, probablemente pensarían que era un delincuente juvenil o un caso perdido.
Pero él era todo lo contrario. Y fue su ímpetu y su confianza en él y en los demás lo que la enamoró, esa facilidad de ver lo bueno en lo malo y su entrega y lealtad a sus amigos, un trio de tipos raros por los que nadie daría un peso...
Y Tanjiro apostó todo por ellos.
Quizás no fue lo suficientemente rápida o lo suficientemente honesta, pero Kanao fue la primera de las dos en decirlo en voz alta.
Se lo contó, como si le revelara el secreto más profundo que la humanidad hubiese tenido. Su amiga estaba tan asustada de sus propios sentimientos que no sabía cómo reaccionar y parecía que en cualquier momento se largaba a llorar o a gritar. Quizás por celos o por no querer ver a su amiga destrozada por un sentimiento, Aoi le dijo que se tranquilizara y que lo tomara con calma, que esperase a ver cómo se desarrollaban sus sentimientos. Pensando en que, si ella esperaba, el sentimiento se haría más sosegado y claro… o desaparecería.
Pero no desapareció. Tanjiro no se lo permitió y, por el contrario, el corazón de Kanao estallaba nada más escuchar su nombre, y Tanjiro cobraba más y más interés en ella.
Hasta que finalmente, Tanjiro le confesó que estaba enamorada de Kanao y que quería acercarse más a ella, para finalmente invitarla a salir.
No importaba quien de las dos se hubiese enamorado primero, la que sobraba ahí era Kanzaki, claramente. Por lo que se hizo a un lado, con el dolor de su alma y apoyó y ayudó a sus dos amigos. Lloró tan fuerte y tan duro sola y con la otra amiga que tenía, pues Kanao habría desistido de sus sentimientos de haberlo sabido, y desaprovechar a un chico como Tanjiro…
Kanzaki no lo permitiría.
Pero como todas las heridas, éstas sanan, y en cierto punto las llegas a ver como victorias, como accidentes, como momentos que quieres olvidar o como recuerdos de momentos maravillosos.
Y Tanjiro, para ella, había pasado como una herida maravillosa que siempre querría conservar en su vida, como el mejor amigo que jamás tendría.
Kanzaki suspiró al pensar en el amor.
Ahora, si le hubiesen dicho que vendrían peores dolores de cabeza… Quizás se lo habría pensado mejor.
Se encogió de hombros.
O quizás no tanto.
