Hola amigos, jeje jejeje jeje... ok, no. Se que he dejado el fanfic por muuuuuucho tiempo pero realmente no podía seguir con el rítmo de publicaciones y los torneos que mi comunidad estaba realizando. Bueno, ahora que hecho la transición a una nueva computadora (mejor ^^) pienso publicar al rango de tiempo que les tenía prometido (1 mes), quizás los abandoné por ese lado pero al menos seguí dibujando y espero no haberles fallado en eso al menos.
Muy aparte de todo, tenía un bloqueo mental horrible con este episodio, debido a que me era un poco complicado... nunca me animaba a terminarlo o no veía una manera de manejarlo, aunque en estos días tuve un milagroso despertar de inspiración y pude hacer lo impensable, terminé el episodio :3 y ahora se los dejo, espero lo disfruten de corazón son unos amores, por su apoyo, sus mensajes bonitos y su aliento.
Hasta muy pronto.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 29 – Morir y no de amor
Tres cosas tenían sentido en su vida en ese momento, su voluntad, su fuerza y su valor para seguir adelante. Necesitaba de esas tres cosas porque por un breve instante no podía contar con nada más. Había visto su propia existencia pasar en un segundo y su cuerpo, prácticamente inhábil de sobrevivir a un desastre, luchando.
Quizás se negaba a pensar en su amor porque no quería manchar sus recuerdos. Cuando saliera de ese lugar, cuando… la volviera a ver, quería recordarla con sincero cariño a su amada y no con el miedo que quizás impregne el evento tan violento que sucedió.
Algunas horas antes…
- Señor, ya pusimos varias cargas en las ruinas del pueblo minero –avisó un soldado.
- Esperemos cerca –fijó su vista al horizonte, los vientos del sur pasaban por su rostro sin el menor recaudo.
Darius había llevado a cabo la orden más importante de aquella misión, quizás muchos se pierdan pero salvará a otros de un enfrentamiento directo. Hundir al ejercito demaciano bajo los túneles de una ciudad minera era lo mejor que podía haber pensado, el éxito no estaba asegurado pero podría volver a casa, proclamar una victoria, aplastar el espíritu del enemigo y quizás… infundir el miedo que tanto esperaba.
- Debe funcionar –susurró para luego suspirar.
Pasaron un par de horas y no había rastro de vida alguno, pronto se dio cuenta de que algo pasaba, no era nada bueno, había demasiado silencio… entonces lo supo.
Abrió los ojos como platos al darse cuenta, el cuartel general que habían instalado a kilómetros de ahí… lo veía como una columna de humo gris en el cielo. Como si leyeran su mente, como si alguien estuviera dentro de su papel.
No era sólo su esencia demoniaca la que movía su espíritu lleno de un deseo arduo de venganza, era él mismo, guiado por su hastiante pasión. Jarvan veía a una distancia razonable cómo aquel grupo guiado parecía perdido así su plan pronto se llevaría a cabo.
Unas cargas de dinamita explotaron a una distancia cercana. Darius, testigo de su obra, podía ver cómo el piso se quebraba a sus pies, el campamento minero tenía una gran extensión… pensó y corrió junto a sus tropas al lugar más cercano, en el mismo se encontraron con un grupo demaciano, pensó que quizás era un lugar seguro pero no. Ellos les esperaban con armas.
Entonces esarmados y sin esperanza, sólo podía pensar en evitar una pronta muerte, por lo mismo haciéndose del interruptor que haría explotar las cargas…
Pronto una guerra se desató, en la cual los dos bandos se enfrentaban.
- ¡¿Qué pretendes?! -le gritó una voz conocida golpeando la mano con la cual sostenía tal dispositivo, haciéndolo perder aquel objeto.
- Tú –añadió Darius desafiante.
- Nos encontramos de nuevo –contestó calmado Garen.
Reafirmó su postura para asumir el poder que aún tenía como comandante de aquel grupo, no podía explicarse cómo supieron de las cargas pero sí podía solucionar esto.
- ¿Qué demonios haces? –preguntó el noxiano.
- No diría que estoy de vacaciones. Entrégate y devuelve a mi hermana.
- Nunca –agitó su capa roja al viento mientras empuñaba su hacha para dirigirla con violencia hacia aquel insensato. No lo conocía, no pretendía que fuera de su familia pero iba a acabar con ese asunto de una vez. Aún no terminaba de perdonar el atrevimiento de lastimar a Lux el día de su boda- te vas a morir –sentenció Darius.
Garen rió como si de una broma sin gusto se hubiera tratado y del mismo modo en que Darius repuso su pose de combate, él lo hizo. Alzó su espada y la dirigió hacia él, algunas chispas saltaron de aquel impacto pero a ninguno le importó. Por un instante bajaron la mirada… pero la elevaron al instante, viéndose como dos extraños, ambos deseos violentos incapaces de acallar por la paz.
Sin embargo el encuentro no duró demasiado, una de las cargas explosivas cedió ante el peso de una de las columnas de la ciudad minera, creando una serie de explosiones alrededor.
Ni si quiera tuvieron oportunidad, tan sólo se vieron perdidos, cayendo en lo profundo de este sitio… tan perdidos que propios y extraños los considerarían parte del otro mundo.
De vuelta en Noxus…
¿Qué es lo que murmura el viento? Sólo resopla en sus oídos sin dar ningún mensaje, cuando era joven creía estar conectada, con la tierra, con sus seres queridos, con… todo pero ahora no había nada, sólo un débil murmullo.
- ¿Qué pasó, conejita? –interrumpió Draven.
La rubia parecía estar en posición de meditación cercana a un estanque del castillo, tenía las piernas cruzadas, el pelo recogido y las manos juntas, tan pronto la interrumpieron las separó y miró al noxiano a los ojos.
- Ejercicios mentales, deberías probarlos.
- Así como… cuando sumas y restas, ¿verdad? –dijo Draven a lo que la rubia sonrió y se puso de pie.
- Algo así pero es para mantener mi cordura. Hablando de otro asunto… ¿crees que podamos hacer algo con respecto a lo que te dije? –preguntaba sin darle la cara, no podía mostrarle aquellos ojos que gritaban lo vulnerable que era.
- Sólo esperar y… quizás ponernos en forma para pelear, ¿quieres practicar? –preguntó con algo de inseguridad.
Era extraño que el ojiverde mostrara cierta inseguridad, quizás nunca se vio en la posición de preguntarle a alguien que lo acompañara, lo único que le alegraba a Lux era que cada día la veía más como una aliada que como un enemigo. Podía hacerse a la idea de que en algún momento confiaría en sus verdaderas intenciones. Aunque había cosas que ella no terminaba de aclarar.
- La pregunta ofende –añadió colocándose en posición de ataque.
En la distancia, la razón de las preocupaciones de la joven rubia estaba aún en una búsqueda, intentando descifrar el cruel destino que le fue designado a su madre. Por alguna razón su búsqueda lo había llevado hasta una zona lo bastante oscura como para llamarse "La Isla de las Sombras".
Sin embargo, no pudo entrar a tal lugar, una extraña barrera que sólo su compañero, el mago Gray, pudo evadir. Le parecía injusto pero aun así le daba tiempo para pensar, ¿cómo la estaría pasando su madre? Cerraba los ojos, ansiando poder protegerla, de todos los males, incluso de él mismo.
Se había prometido a sí mismo, desde el instante en que se perdió en los sinceros ojos azules que le habían sido heredados que moriría antes de darle un futuro desolador. Su propio ser dejaría de existir… y Gray parecía tener otros planes, no le importará que él sacrifique su misma existencia por la de su madre.
Pero no sólo era su existencia, era la vida misma que le había sido dada, la sentía desvanecerse entre sus manos, por un instante pensó ver desaparecer sus piernas pero había sido sólo una alucinación, tenía demasiado sueño, se pegó las mejillas para despertarse un poco hasta que vio a su compañero acercarse a él.
Aunque todo le era claro, había una sola cosa que en su mente no se revela, ¿qué ganaba Gray con todo esto? Quizás ni si quiera sus aliados estaban de su parte. Tendría un ojo puesto en él.
- ¿Problemas? –preguntó Dante.
- Algunos –dijo con una sonrisa torcida. A lo mejor lo decía por algunas quemaduras en su cuello y antebrazo.
- "En serio, ¿qué ganas?" –se preguntaba Dante- ¿Y soltó algo?
- Ah… -recordó todas las criaturas oscuras que lo persiguieron y algunos demonios que casi se apoderan de su espíritu- casi nada pero lo importante es que apresé su espíritu –le enseñó una botella de cristal reluciente.
- ¿Cómo? –miró curioso tal brillo azulado.
- Dante, tengo mis medios, es un espíritu de nivel bajo, es fácil apresarlo, al menos por unos… -vio sus dedos y comenzó a contar- 5 o 10 minutos, supongo.
- ¿¡Supones!? –gritó Dante- ¿eres idiota? Sea lo que sea puede sellar nuestros espíritus en ésta era, hacernos parte de las Islas de las Sombras.
- Oh… -vio confundido a su alrededor y algo en su cabeza comenzó a girar un poco, quizás era que el poder de aquel ser era demasiado fuerte. Era el poder de Karthus, apenas podía contenerlo, la presión espiritual fue tan fuerte que pronto cayó al piso, el cristal que guardaba el poder de aquel ser se expandió y liberó.
La onda de aquel golpe afecto no sólo al joven Gray sino también a Dante que poco a poco abrió los ojos, aquella característica bruma en las Islas de las Sombras ahora yacía sobre él, pronto se puso de pie y notó cómo aquel ser miraba fijo el cuerpo de Gray.
- Aléjate –dijo con ímpetu.
- Oh… pequeño, ¿qué hace una criatura viva en mi dominio? –preguntó Karthus.
- Ah… vine… a hacerte unas preguntas –dijo Dante parecía aturdido.
- La marca de la muerte, ja… -decía como un tono de arrullo.
- ¿Cómo lo sabes? –preguntó.
- El aroma que despide esa marca es tan dulce para mí, atrayente… y maravilloso…
- Criatura, yo no soy de éste mundo, vengo por respuestas. No divagues.
- ¿Qué quieres saber de la marca? –preguntó Karthus.
- ¿Cómo la quito? ¿Cómo hago que desaparezca?
- Pequeño… nadie puede desafiarme, la muerte de quien tenga esa marca es inevitable. No hay ser humano que la haya evadido, al menos en ésta era.
Tragó saliva, el muchacho comenzaba a desesperarse.
- ¿Y si ofrezco mi vida? –preguntó Dante.
- Jaja… necesitas sangre con línea directa a quien guarda la marca.
- Vengo de otra era, soy el hijo de Luxanna Crownguard, debe… haber una manera en la que pueda salvarla, no puede morir.
- Su nombre está escrito.
- ¿Por qué no puede usar mi sangre? Tome mi vida, tómelo todo pero quite esa marca.
La criatura de otro mundo lo vio, por así decirlo porque en aquellas cuencas no había ojos capaces de capturar toda la emoción de aquel muchacho, respetaba la muerte al igual que el sacrificio por ella pero no era suficiente.
- Vienen e intentan manipularme, esperan que no me apodere de ustedes y además, piden favores. Niños, ¿cuándo aprenderán? –se hizo para atrás y levitando sobre la bruma se fue alejando.
No conforme con la respuesta de aquel, Dante tomó valor y corrió hasta estar delante de él, lo desafiaba.
- Necesito saber.
- Tu sangre… está sucia y él lo sabe –siguió su camino.
¿Él? ¿Quién era él? Gray se despertaba de a poco pero aún sin control sobre sus piernas, no podía ponerse de pie.
El mensajero de la muerte volteó hacia ellos, parecía que quería decir algo pero guardaba la sorpresa, ¿no era acaso el deceso el hito más importante de una vida? Ningún ser humano sabía el momento de su muerte, ni si quiera… ellos pero Karthus sí.
- ¿No lo sabe, verdad? –preguntó la muerte y comenzó a reír como si no hubiera un mañana, entonces tras una explosión desapareció.
Tardaron un par de horas para reponerse de los ataques mentales que padecieron, incluso después de reponerse algunas lagunas mentales impidieron que pudieran aclarar el asunto. Habían perdido toda esperanza y tiempo en un viaje, que quizás no tuvo sentido.
- "No lo sabe" –pensó Gray, un pensamiento le recorría el cerebro y era el temor, el temor más profundo que nadie hubiera imaginado.
¿Qué podría ocultarle a Dante? ¿Cómo podría tener la sangre infectada? ¿Alguna enfermedad? No, no podía ser una enfermedad, tal vez era algo peor, sin embargo ni una palabra saldría de su boca. Sus secretos eran más importantes que la vida de cualquiera en ése momento.
- ¿Cómo te sientes? –le preguntó el pelirrojo a Dante.
- Me zumban los oídos, además no logro recordar casi nada, sólo… está ese silbido tan molesto. Supongo que pasará.
Gray se mantuvo en silencio para no ahondar más en el tema. Estaban de camino a Noxus, ya casi podía escuchar a los pocos pajarillos cantar sus canciones, lo que significaba que finalmente salían de aquellas tierras fantasmales.
- ¿Qué haremos? –preguntó de pronto.
El corto silencio parecía haberle hecho olvidar un asunto más importante, la vida en cuestión; resignado y con un dolor en su costado gruñó en respuesta.
- ¿Eso qué significa? –dijo Dante.
- Que no es nuestro asunto, terminemos con esto y volvamos. Sigues vivo, sigues aquí, eso significa que se resolverá solo- ahh –volvió a gruñir.
- ¿Qué pasa? –preguntó el ojiazul.
- Choqué con una piedra cuando caí. No es nada –puso su mano sobre su costado- vamos a concentrarnos en nuestra misión, encontrar a Viktor, recuperar el arma 426 y regresarla a donde pertenecía.
- ¿Te molestaría hacer una parada? Quiero hablar con-
Fue interrumpido de inmediato por Gray, ya no quería entrar en ese asunto, estaba algo hastiado, los problemas que le provocó seguir a su compañero ahora le estaban cambiando el humor.
- No, ya basta con eso. Déjala morir, se lo ganó, ¿quién la manda a desafiar la vida y la muerte? ¿Quién se cree ella para decir que su 'amor' es superior a la existencia de los demás? Estoy harto.
Pausó su caminata y agresivamente avanzó para estar de frente a su compañero, el fuego en sus ojos podía quemar los de su compañero, el cual con frialdad deslizaba la mirada desafiante del ojiazul.
- Parece que tienes una opinión –agregó y se inclinó hacia desafiante.
- ¿Crees en verdad que con chasquear la lengua y hacer un berrinche voy a hacer lo que tú quieres? Estoy harto y no quiero seguir. No es nuestro asunto.
- Tú me trajiste a ésta era, tengo ganas de patearte hasta sacarte las entrañas por ser tan imbécil.
- Pues no creí que te involucrarías, esa mujer… va a sufrir más de lo que crees si la dejamos vivir –se excusó Gray con algo de pena.
- Por eso quiero salvarla, es… mi misión –le confió estoico el ojiazul.
El joven de cabellera roja se cubrió el rostro y evadió el ímpetu del que era víctima. No podía soportarlo, verlo le daba náuseas.
- Eres capaz –frunció los labios por un instante y continuó- y… abandonaré la misión –bajó la mirada, por primera vez en su vida había encontrado el sentido de las palabras que tanto lo atormentaron durante su vida.
Dicen que el suicidio marca más a los que amas que a ti mismo, tu vida, tu existencia, todo acaba en un instante pero las personas que te amaron nunca dejarán de recordarte, serás eterno en sus corazones. El daño… el suplicio del que escapan quienes acuden a dejar esta vida no acaba… nunca, no mientras los que se quedaron vivan la vida que no podrán completar los que se fueron.
Lux, por alguna razón, en aquel oscuro futuro había decidido quitarse la vida y pensando que nadie lo lamentaría dejó una marca en aquellos que la vieron con la magia que sólo se lo permiten magos como Gray.
Aún podía sentir aquel escalofrío recorrerle la nuca, Dante no podía olvidar, la esperanza, el amor, el futuro… todo le había sido arrebatado por intereses de violentos personajes en su historia.
- Ya no puedo más. Ve, haz lo que quieras –dijo Gray, abandonando así el duelo de miradas que tuvo con su compañero.
Estaba nervioso, airado, tenía ganas de irse corriendo pero caminaba para no levantar más sospechas. Aquel maldito demonio había revelado más verdades incómodas de las que podía aguantar.
Se alejó, así nada más, la niebla no le importaba. Dante ni si quiera dijo su nombre y no esperaba que lo hiciera, ¿detenerlo? ¿Para qué? Antes de entrar a un bosque cercano a su camino iluminado sacó de su bolsa de viaje la muñequera que le habían arrebatado a Lux en un principio, apretó los dientes y la tiró al piso.
Los recuerdos abrazadoramente le quemaban el alma, así fue que al quedarse sin aliento por la angustia miró al cielo, no podía más…
- "Samar, Samar, Samar" –escuchaba a lo lejos pero eran reflejos de su pasado.
¿Quién podía ser? ¿Por qué lo llamaban? Había sido un paciente compañero, paciente y apacible, sin embargo su corazón mentiroso le llevaba a detestar esta situación.
- Ella dijo eso antes de morir, ¿cómo… es que lo sabes? –preguntó Dante.
Lo había seguido sigilosamente, se percató de que la actitud de su compañero era completamente diferente a la que solía mostrar. Pero al estar alejados y al creerse solo, Gray pronunció lo que creyó era únicamente en su pensamiento aquella palabra tres veces.
- Yo… -iba a explicarle, decirle la verdad pero se detuvo- te escuché mientras dormías. Tenías pesadillas.
- ¿Y qué significa?
- Hace poco busqué el significado, no estaba en ninguna lengua conocida en Demacia, ni en ninguna otra parte cercana, es… de una lengua muerta –cerró los ojos y evitó la mirada interrogadora de aquel ojiazul.
- ¿Qué significa? –pidió, ésta vez más como una orden.
- Tu destino, eso es lo que significa, el destino que marcarás en esta era. Significa "La tristeza de mi corazón". Esa mujer sufrió tanto que cuando naciste sólo pensaba en que tú eras un… pedazo de su corazón roto, a lo mejor sintió alivio. Pensar que moriste fue lo que la liberó, finalmente pudo acabar con… ese… con… -apoyó sus manos en un árbol.
- Ella ya pensaba en suicidarse, ¿es lo que quieres decir? Que yo prolongué su dolor…
- Quería que la conocieras para que cerraras el círculo, pero no lo haces, quieres seguir y seguir… la volverás loca si mantienes la idea que tiene de que eres del futuro. Poco a poco te robas su cordura.
No había pensado en eso, tal vez por estar tan concentrado en salvarle la vida, no pensaba en lo que dejaría en su lugar. De por sí era mentalmente inestable con todo lo malo que le había pasado. La estaba destruyendo en lugar de construirle un futuro.
- Entiendo.
La sangre en sus venas, caliente por la discusión que había tenido poco a poco se enfriaba, comenzaba a pensar y daba por cierto parte de lo que su compañero le decía. Ella repetía una y otra vez aquel nombre, era lo que estaba en su perturbada mente, tal vez sí era un fragmento de pesar en su vida, lo mejor era no volver a verla.
- Así que… el nombre que mi madre tanto había pensado para mí era Samar e incluso en medio de su más grande dolor ella decidió tenerme, su amor era grande, quizás soy incapaz de percibirlo pero al menos debería intentar honrar sus deseos. Vivir… -decía Dante- es lo que haré pero no puedo hacerlo a costa suya, es mi deber como su hijo.
- Tu deber es hacer una vida, alejarte del pasado, elegir otro camino, ¿lo entiendes? –preguntó Gray.
- "Mentiroso" –pensó y sonrió algo decepcionado, esperaría un poco, deseaba saber lo que ocultaba, debía ser muy importante como para abandonar una lucha que había iniciado- entiendo muy bien. Volvamos a nuestra búsqueda.
No era lo que callaba, era su propia vida. Quizás si hubiera sido sincero, en aquel momento, Dante no hubiera continuado con su misión.
Flashback
- "Esa mujer tiene el poder de matarte y lo hará, puedo ver los números rojos en tu cabeza y su inocente rostro cubierto en tus vísceras" –dijo Karthus.
- ¡Es imposible!
- El sello del maestro del tiempo te hace 'inmortal' pero nada cambia lo que vi, morirás y no será de forma natural, cruel y desgarrador será tu final –su voz agitada apenas podía contener su emoción- se vestirán con tu piel cual si fueras un animal. Tu agonía no conoce su punto álgido, al menos no cuando venga por ti.
Fin del Flashback
Por primera vez en su vida tenía miedo, miraba la nada como si buscara una respuesta pero estaba siendo sólo un incauto más en la ruleta que decidía su destino.
Todos eran fichas que daban vueltas esperando caer a su suerte, incluso aquellos que desaparecían a pesar de sus fuertes lazos con la vida, con el amor, con el futuro…
Fin del Episodio 29
