Wooow, siempre quedo sorprendida al ver cuánta gente se pasa por el fanfic y se los agradezco, son números que me sorprenden y creo que esa es una de las razones por las que busco inspiración de donde pueda para seguir publicando hasta culminar ésta historia de amor que comenzó como un breve deseo de expresar mi cariño por estos dos personajes y de verdad quiero seguir porque tengo la idea para su próximo rodeo, ojalá les guste pero antes... a terminar éste proyecto ^^

Disfruten del episodio y que tengan un excelente día~


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 30 – El Culpable


Mientras determinaba su escenario, sus recursos, sus planes para salir de ese hueco al que llamaba vida vio pasar los días, no sintió entonces cómo el tiempo la preparaba para la peor de todas sus pruebas.

Despertó por la madrugada y en automático salió a caminar, necesitaba despejarse antes de entrenar, el aire tan helado como sus manos, respiraba y veía su aliento, entonces, de la bruma surgió un sirviente, el mismo sostenía una carta.

- Buen día –saludó Lux pero aquel sirviente inexpresivamente la pasó de lado.

- Señora –contestó firme- permiso, llevo una carta al amo Draven. Es… urgente.

- Adelante –sonrió ella.

No parecía ser nada que la detuviera, usualmente le llegaban algunas cartas de sus seguidores invitándolo a cenas, fiestas y otros eventos sociales. Ni si quiera se imaginaba lo que estaba a punto de hacer que su mundo se quebrara.

Un golpe, dos golpes y entonces… Draven apenas con fuerza suficiente abrió sus ojos, la cama en la que retosaba estaba demasiado caliente para levantarse, entonces echó a quien lo perturbaba, ¿cómo podían golpear su puerta a esa hora?, una cabellera naranja se agitaba entre sus sábanas, la misma gemía, una amante más, un discurso menos.

- Amo, es muy importante –replicó después de unos segundos el sirviente y volvió a golpear la puerta de aquella habitación.

Respiró hondo y con algo de impulso el pelicastaño se puso de pie, caminó lánguido y al abrir la puerta se encontró con el rostro de piedra de aquel sirviente, tenía los ojos saltones, parecía estar asustado pero así era su cara.

- Si no vale la pena, te cortaré las manos y se las daré a los perros.

Mientras el sirviente esperaba Draven abrió aquel mensaje, curiosamente tenía un lazo rojo… entonces lo comprendió, vio por su mente la imagen del cuervo y se detuvo… para luego abrir furioso la carta.

"Es mi deber informar al amo y señor de las tierras, antes pertenecientes al Comandante Darius, que tras un terrible infortunio ha ganado el derecho a gobernar y tomar el puesto que le sucedía a su hermano, muerto en acción.

(...)

Gloria a Noxus y a todos los caídos en la defensa de nuestra gran nación."

Soltó la carta de inmediato, fue hacia su cama, envolvió a su acompañante y entre gimoteos y quejidos se la entregó a su sirviente.

- Llévatela. Necesito estar solo.

- Así será, amo –contestó el mismo llevándose a la joven con la que Draven había dormido la noche anterior.

No podía imaginar las palabras con las que diría esto, era como si… todo se hubiera vaciado de su mente, las palabras, las frases, los… chistes, las tonterías, todo. Había quedado en blanco, por primera vez en su vida no sabía cómo asimilar esto y lo peor es que no sabía cómo afectaría tal suceso a la mujer que le dejaron a cargo.

¡Tenía que estar bromeando! Esa mujer, esa estúpida mujer no podría sentir ni un tercio de lo que lo estaba llevando a la agonía, nunca le había corrompido la locura y menos la tristeza pero la ira lo enerva como si un rayo le hubiese atravesado el cuerpo, pero lo que en verdad sentía se disfrazaba, era culpa con una pequeña mezcla de pesar.

Ni una lágrima cayó de sus ojos, era como si estuviera congelado pero una sensación de fuego airado recorría su pecho.

Cada minuto, cada silencio y cada respiro empezaba a incomodarlo hasta que se puso de pie con toda su voluntad mas pronto algo se apoderó del lugar y no era ningún tipo de amague a lo que le recorría.

- MALDITO HIJO DE PUTA –gritó con todo lo que podía. Las mismas paredes de roca sólida retumbaron al bramido del guerrero.

La furia lo hizo lanzar un puñetazo a la pared, luego otro y un último, el cual lo dejó sangrando los nudillos, no podía pensar en que las cosas estarían bien. Para variar tenía compañía, volteó y vio a Lux, escondió sus manos tras él.

- ¿Qué sucede? –preguntó curiosa, había escuchado un ruido y vio a un sirviente muy ocupado con una pelinaranja muy agresiva en el patio del castillo.

- Es… -estuvo a punto de decirlo pero cerró la boca- una araña –expresó gesticulando muy notablemente con gestos- escapó –concluyó ante la mirada interrogante de la rubia.

- Oh –le creyó porque simplemente… esos ojos locos le decían que podía decir la verdad y sonrió por amabilidad- hay muchas, anoche también vi una –asintió- ¿qué es eso? –preguntó agachándose a punto de tomar la carta hecha pedazos que le enviaron.

Tan pronto se inclinó, Draven pisó el papel sin quitar sus manos de la espalda.

- Basura, tonterías, gente que me invita a… eh... animar fiestas infantiles, ¡bargh! –fingió molestia por algo trivial.

- Entiendo –recuperó su postura- Draven –bajó la mirada levemente- me pregunta si podría enviar una carta a Vi, he estado preocupada por ella, tal vez nada de lo que ustedes querían como pareja salió como esperaban pero la necesito.

Sí, eso había sido inesperado, las cosas entre la piltoveriana y él tampoco habían marchado nada bien, aunque en ese momento tenía un terremoto destruyendo todo de él. Vi y él tuvieron un muy breve romance, a él le gustaba pero su espíritu casual arruinó todo. Ni si quisiera tiene idea de la exclusividad y se acostó con otras mujeres al mismo tiempo que con ella, comenzaron algunas discusiones y él terminó estrellado en una pared pero no era nada que no se vaya arreglar sin una disculpa cariñosa y algo de sexo por rabia.

Agitó su cabeza entonces, debía volver a la realidad, estaba divagando demasiado.

- Claro que sí, nena. Tal vez cambió de idea.

- ¿De idea? ¿De castrarte o matarte? -preguntó Lux divertida.

- No podrá evitar tanta sensualidad –hizo boca de pato con los labios y la rubia se rió nuevamente.

¿Era lo que querría Darius? Que acabara siendo un payaso para esta tonta demaciana y no le hablara de lo que realmente estaba pasando. Quizás era lo mejor, no era la clase de persona que aguaba una fiesta y tal vez ahora debiera vivir su vida como mejor lo sabía, a lo grande.

- ¿Quieres entrenar? Iré a la unidad de reclutas de Darius.

- N-No vayas, podemos… ah… eh… debemos comer porque hoy es… mi cumpleaños –mentía y Lux lo sabía.

- No lo es.

- Sí, sí lo es, en unas horas y… quería que organizáramos algo para la noche y… entrenar en unos minutos acá, en el castillo.

- Estás inventándolo todo –dijo Lux sin seguir creyendo las tonterías que decía.

- Claro que no.

- Si en verdad fuera tu cumpleaños, no estarías aquí conmigo, estarías en una gran fiesta, con muchas mujeres y mucha bebida o en un prostíbulo –dijo ella convencida.

- Hazme caso -tomó los hombros de la rubia- prepárame algo y vuelvo en un rato para hacer todo lo que te estoy diciendo.

- ¿Te vas a un bar? –preguntó arrugando la nariz.

- No pero tengo algunas cosas que platicar con ciertas 'damas' antes de que Vi llegue. De todos modos escribe o llama a tu amiga.

- Sólo lo estás inventando para perderte por una semana y hacerme quedar como una tonta al preparar algo.

- Es en serio –trató de convencerla una vez más.

La rubia suspiró y aún con la nariz algo arrugada vio a Draven, sólo buscaba excusas para perderse en la ciudad, no entrenar fuera ni portarse bien. No tenía remedio. Iba a dejar que hiciera lo que quisiera, al fin y al cabo realmente actuaba raro, quién sabe lo que ocultaba, lo iba a averiguar, dio media vuelta y se marchó de la habitación.

- Es… lo que hay –murmuró Draven fijando su mirada en la nada, se dejó caer sobre su cama… aunque llamar a Vi no era lo mejor, prefería que estuviera para cuando debiera contarle a Lux lo que había pasado con su hermano.

Además de todo, debía enfrentar al cuervo negro en sus dominios, ojalá pudiera posponerlo más tiempo, tenía tanto que hacer, suspiró, olvidaba todos los problemas devenidos a causa de la rubia.

El cielo negro le saludaba tristeza, pereza, desinterés y finalmente seriedad, ¿así era lidiar con un duelo? El gran señor que creía que nunca sería capaz de sentir algo había tenido que lidiar con el abandono, la traición y la culpa. Porque él había hecho algo para que los ojos del endemoniado cuervo se fijaran en él, estaba seguro de que era el culpable pero nada podía probar, aún.

Comenzaba a pensar que los intereses de Swain no eran Noxus y eso era más peligroso, si fuera por él se lanzaría a matarlo pero debía cumplir una promesa, cuidar a la esposa de su hermano, 'cuidar', una risilla salió de su interior, ¿cuándo había sido la última vez que le pidieron cuidar algo?

Era un verdugo con gran estilo, su última preocupación era la de cuidar algo, no podía ni tener una mascota, así de desinteresado era, ridículamente sensual pero sin capacidades para salvar a la rubia de un destino peor que el que le esperaba al saberse viuda.

- ¿Buscas algo? –le preguntó una voz.

Sin notarlo ya estaba en el centro de la ciudad, la abandonada y triste ciudad.

- Aléjate, bruja.

- Aww, el huerfanito está enojado –le dijo agudizando su voz. Le'Blanc no tenía nada de tacto.

- Busco a Swain.

- No tengo idea de donde esté.

- ¿No eras su putita? Deberías saber dónde está la verga emplumada que te mete todos los días en esa boca.

De estar sonriente, la expresión lúgubre de la artista del despiste se volvió desafiante, no era la primera vez que encontraba a Draven molesto pero nunca le había hablado de esa manera, por lo general tiene cierto grado de miedo hacia ella y a lo que representa para Swain. Quizás habían presionado demasiado su suerte, el verdugo de Noxus podía ser una molestia para ellos.

- Cuida tus palabras, puede que sea la última vez, parece que ni la desaparición del gran comandante te hizo reflexionar –dijo y volvió a sonreír victoriosa.

No pasó ni medio segundo cuando una de las filosas hachas del noxiano le atravesaron el cuello, pronto sangre brotó del cuello de la maga pero era sólo una copia, la verdadera Le'Blanc ya se encontraba tras él para apuñalarlo pero no contaba con que voltearía para apuntar su cuchilla a su cuello sin tocarla, a sólo unos centímetros.

La tomó del cuello y la llevó a una calle para arrojarla contra la pared, la misma chocó y algo adolorida lo miró con odio.

- Eres un estúpido –le escupió.

Draven apretó su cuello con el dorso de su brazo para luego apretar sus pechos a gusto.

- Da gracias que respeto un cuerpo tan sabroso como el tuyo. Te advierto que tu primera vez conmigo no va a ser algo que quieras recordar y que soy más poderoso que tú –Le'Blanc le miraba con odio mientras él apretaba más su cuello- necesitarás más que un estúpido truco para vencer al gran Draven, soy el mejor y sé cómo torturar traidores, lo sabes. Realmente no quieres tenerme en el equipo contrario –sonrió enseñando todos sus filosos dientes.

Bajó entonces su mano hacia la entrepierna de la maga, la cual movía las piernas alocadamente, estaba sintiendo la imponente necesidad de respirar y no le importaba nada más que alejarse de la locura del ojiverde.

- Por mucho tiempo mi hermano me prohibió hacer tonterías, me decía "no toques a este, a aquel, a aquella" pero creo que mi mayor placer siempre fue lastimar a las personas, sin importar si lo merecieran o no. Si antes nunca dije nada de su 'fraternidad' de amiguitos ajena a Noxus, fue por mi hermano –apretó las carnes sobresalientes de la entrepierna de aquella mujer y comenzó a meter un dedo con violencia.

Le'Blanc apretaba los dientes porque no podía gritar, estaba siendo abusada física y emocionalmente por esta basura, quizás… sólo quizás debió pensarse dos veces antes de molestar a la persona equivocada en el momento equivocado. Fue entonces que por un segundo el ojiverde volvió en sí y la tiró al piso sin compasión.

- Mi hermano era débil, ¿qué podías esperar de él? Se casó con una demaciana pero yo no lo soy y si vuelves a hablar sin respeto de él o le cuentes a alguien de esto, consumaré nuestra grata amistad.

La maga apenas podía respirar y tenía algunas lágrimas saliendo de sus ojos, se había excedido.

- Maldito –le gritó algo ahogada y aún tosiendo en el piso. Ni hablar del dolor que sentía, era una suerte que su ropa siguiera intacta.

- Buen día, perra –pasó por su lado y guardando sus hachas siguió su camino.

Así terminó su día, no sentía ninguna satisfacción, no era feliz con su sufrimiento, quería su propio dolor, su corazón estrellado en el pavimento y aquel pecho que tantas mujeres acogió para conquistar ahora pedía a gritos ser cuidado.

No iba a encontrar a Swain así, de seguro estaba viéndolo desde lejos, era un estratega, esperaría a que se amansara, Draven era casi irreconocible, no tenía control sobre sus actos y Swain no iba a atacarlo, no ahora pero esperaría, los cuervos siempre esperan que caigas.

La tarde se llevaba calmadamente la poca luz que el día le daba a aquella triste ciudad. Pocas gotas cayeron sobre su rostro, miró por un segundo al horizonte y no pudo evitar pensar en la desolación, ¿cómo iba a tomar su nuevo papel de 'señor' de esas tierras? ¿Cómo iba a decirle a la joven y rozagante Lux que a tan corta edad había quedado viuda?

Pronto se encontró en el castillo, los sirvientes y soldados que custodiaban los alrededores le vieron de lejos, al chocar miradas con el nuevo amo de esas tierras todos bajaban levemente la mirada como si le hicieran una reverencia. Era incómoda tanta serenidad.

- Señor, la demaciana le ha preparado la cena. Me pidió que le avisara cuando usted llegara, ¿lo hago? –preguntó.

- Escúchame bien, basura –comenzó agresivamente a hablar y elevó la mirada para dirigirse a todos los que estaban cerca- esa mujer, es su ama y deberán darle el mismo respeto que le tenían a mi hermano. Ahora que no está puedo deshacerme fácilmente de cualquiera. Si escucho aunque sea un mínimo murmullo en contra de la ama de esta casa, ejecutaré a toda su familia, colgaré sus cabezas en el portón y los obligaré a comer sus hijos –cerró los ojos y pausadamente los abrió para tomar un último aliento- la era del comandante Darius ha terminado –se relamió los labios- así que por favor denme un motivo para divertirme. Él ya no está para mimarlos, asquerosos campesinos –terminó y se metió a la casa.

Si en algo creía Darius, era en que cada persona en Noxus tenía un lugar y cada lugar era respetable mientras sirviese a su nación, ya fuera limpiando su castillo, cuidando caballos o sirviendo alimentos. Nunca dejó que su hermano hiciera de su propio hogar un mundillo caótico en el que fuera un tirano, es cierto que los esclavos eran lo más bajo en la escala noxiana pero para Darius siempre fueron de utilidad, les daba un propósito, los alimentaba y los hacía engranes funcionales en esa sociedad tan ordenada.

Ahora todo era diferente, Draven estaba loco, en un principio porque su carácter lo propiciaba pero ahora era más por el dolor que sentía y la manera de afrontarlo era HERIR a los demás, dejar de inhibir sus más escondidos deseos, más allá del sexo, estaba un Draven con ansias de sangre.

Iba a explotar esa sensación de poder, quizás Le'Blanc había sido algo más que un animoso llamado a la locura, tal vez ella le mostró el camino a la grandeza que tanto había deseado, sin ataduras, sin restricciones.

- ¿Qué haces? –preguntó Draven al ver a Lux sentada en el comedor totalmente distraída.

Volteó sorprendida, la encontró meditando en todo, soñando con ver a su amado una vez más, deseando poder tomar su mano y que él le diera de esos besos que le quitaban el aliento.

- Te hice un pastel y algo horneado. Come si quieres.

- ¿Me acompañarás? –preguntó el noxiano sentándose violentamente.

- No tengo hambre pero puedo quedarme.

Draven suspiró y viendo toda la comida que Lux había preparado se quedó en silencio, ¿en qué estaría pensando? Tal vez en el dolor transformado en rabia dentro de sí, luchando como nunca por no salir.

- Come algo, está delicioso, se que tal vez debí preguntar si te gustaba lo dulce pero como era lo único que se me ocurría simplemente lo hice –Lux se puso de pie y cortó un pedazo de pastel y se lo sirvió, se sentó a su lado y le alcanzó una cucharilla.

No podía decir nada, sólo miraba el pastel… estuvo así por algunos momentos más para luego voltear hacia la rubia, la miró con seriedad y abrió la boca.

- Ya, deja de mirarme así, si no lo quieres puedo dárselo a los sirvientes o guardarlo para después. No me molesta.

- Debes irte –dijo Draven- yo quería decirte esto antes pero creo que no podía.

- ¿Por qué? –preguntó Lux preocupada.

- No volverá –aseguró el ojiverde- y no estoy listo para hacerme cargo de ti, de quedarte tendría que sentar cabeza y no quiero. Sería una farsa.

- ¿Por qué dices todo eso? No entiendo, ¿tu hermano dijo algo? ¿Era suya la carta que rompiste? ¿Sentar cabeza? –su expresión se mostró con pesar al pensar en este rebelde intentando enseriarse.

Draven torció los labios y se inclinó hacia Lux viéndola a los ojos, estaba realmente muy confundida. Tomó sus hombros con firmeza y abrió otra vez la boca para esta vez terminar aquella historia.

- Él no volverá, nnnh… él –cerró los ojos y paró en seco- no vayas a enloquecer. Soy incapaz de contenerte otra vez, ¡no es mi deber! –gritó molesto.

El ambiente se tornó oscuro y silencioso, Lux no movió ni un músculo pero ya adivinaba a dónde iba con toda esa charla, abrió la boca un par de veces pero no iba a decir nada útil, tan sólo observaba al perturbado noxiano comerse las palabras y vomitarlas una y otra vez en su mente.

- Él no está muerto –interrumpió aquellos descabellados pensamientos que el noxiano tenía- dijo que volvería –sonrió pero entristecida mostró su pesar al ya perturbado Draven.

Apretó los dientes y los puños tan fuerte que le dolía, parecía que quería volver a golpear la pared, sus nudillos ensangrentados habían sanado un poco pero aún mantenía las manchas, se vio un momento a sí mismo y luego sintió algo que lo hizo estremecer.

La rubia entonces rodeó a Draven con sus brazos y aunque el mismo estaba tan perturbado por un instante reaccionó levemente a tal afecto pero pronto se dejó… se dejó al sentimiento, entonces, en la penumbra de aquel lugar lo abrazó, sus ojos secos, su ágil lengua que contestaba a cualquier provocación y sus deseos mortales de acabar con todo se calmaron.

¿Acaso… eso era una lágrima? Pensó pronto el noxiano, la sentía recorrer su rústico rostro. Bajaba con dificultad, pasaba por cada corte que tenía en la cara hasta llegar a chocar con su tan magnífico bigote, sus labios se tensaron y por una única vez admitió por dentro que extrañaba a su hermano, su único hermano, al que traicionó.

- Todo estará bien –susurró Lux.

No, nada iba a estar bien, nunca, jamás, en ningún punto de su vida nada iba a volver a estar bien porque aunque le prometió cuidar a la mujer que había desposado, era él quien parecía estar siendo cuidado sin merecerlo. Si ella supiera, si tan sólo… supiera.


Fin de Episodio 30