Ya que las cosas están más calmadas y que pasamos todas las fiestas de fin de año :) quería pasar por acá a dejar un nuevo episodio. Espero no haber tardado demasiado, en Diciembre o Noviembre (creo) ya tenía el episodio pero estaba editando algunos detalles (errores de dedo) pero no lo había publicado quizás quería iniciar el siguiente antes de subir un episodio nuevo.
Quiero agradecer todo su apoyo, en comentarios y por mensajes privados, al igual que las críticas. Gracias por seguir el fanfic después de tantos años. Se que no soy constante pero intento publicar un episodio por mes :) y ustedes son maravillosos al tener tanta constancia. Aunque sea un tanto tarde, les deseo que tengan un excelente año y sigan siendo tan fantásticos como lo son.
Disfruten el episodio porque es un poquitín más largo que episodios anteriores ;)
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 31 – Un Secreto en la Locura
Han pasado varios días, aunque las cosas lucen normales hay cierto recelo, Draven ha hecho la debida petición de rescate del cuerpo de su hermano, tenía la esperanza de encontrar algo bajo esas ruinas, aquellas que el comandante había ordenado demoler para acabar con las batallas por venir. Crear una distancia para evitar conflictos.
Tras la tragedia sucedida, en la que no sólo una persona perdió la vida, estaban 100.000 hombres desaparecidos, tragados por la tierra, dados por muertos debido a la magnitud y distancia de tierra hundida sin encontrar un fondo.
En cierto modo se declaró una pausa a las acciones de guerra llevadas a cabo por ambas naciones, quizás arrepentidas por el inicio una pelea que bien podría haberse resuelto diplomáticamente pero claro, era sólo un error más añadido a la lista de negligencias del soberano de aquella tierra llamada Demacia.
Jarvan, como nuevo rey a pesar de estar molesto por toda aquella situación era presionado por los nobles y familias afectadas, estaba dejando un mal precedente y con la poca sinceridad que tenía hacia sí mismo, aceptaba que no fue correcto hacer lo que hizo…
Por otra parte estaba Lux, la cual había quedado viuda y libre para regresar a su nación, regresar a… él. Quizás sus 'errores' no habían sido en vano, necesitaba desaparecer al comandante de la nación opuesta, no, no podían saber eso, nadie podría, no después de ordenar explotar las cargas sin tener idea de que podría causar un efecto colateral derrumbando una ciudad entera. Y los soldados que lo hicieron, probablemente estaban muertos luego de su acción.
Agitó su cabeza lleno de dudas, comiéndose las uñas pero no por las consecuencias sino de sólo imaginar volver a tener su objeto de interés, en cierto modo comprendía que ese deseo era irracional, su cabeza estaba plagada de su imagen sin poder dejar de pensar en ella, ¿acaso era brujería?
Sintió un apretón debajo de su cintura, justo en su entrepierna, estaba siendo llevado a la locura por sólo un pensamiento, la oscuridad que Swain había derramado en su corazón tomaba forma y cubría de raíces todo su interior y el rey de Demacia sin si quiera notarlo.
Algunas semanas atrás…
Muy lejos de todo sonido, de cualquier palabra, de la luz del sol estaban muchos gritos escondidos, cuando todo se calmó abrió sus ojos a la oscuridad, sentía un peso enorme sobre él, sus labios secos, tierra sobre su cara y algunas filosas piedras hiriendo su espalda.
- ¿¡HAY ALGUIEN AQUÍ!? –gritó, su voz, todavía fuerte, delataba quién era.
- ¡COMANDANTE! –gritaron algunos a lo lejos.
Darius estaba vivo o es lo que creía, seguía sin ver nada, estaba confundido, sólo necesitaba un minuto y lo que sea que lo estuviera atrapando le quitaba su capacidad para pensar. Tragó saliva y con sus gruesos brazos intentó empujar lo que tenía encima, no podía, hizo un esfuerzo, otro esfuerzo y finalmente lo dejó. No podía.
Las voces lo seguían llamando pero parecía desvanecerse, quizás no era el momento pero esto le traía algunas preguntas meramente existenciales, ¿para esto había vivido tanto? ¿El sacrificio de su amada lo había salvado para morir? Era ridículo haberse sacrificado tanto para acabar aquí, encerrado, sin respirar, en la oscuridad...
Giró entonces su rostro, cansado de pelear y cerró sus ojos para no abrirlos otra vez sin embargo unas voces lo interrumpieron, lo llamaban y no por su nombre, escuchó luego a algunas personas forcejear con lo que sea que lo estuviera reteniendo y fue cuando aquel destello de luz acompañado por voces se detuvo.
- ¡Deténganse! –gritó Garen.
Dos grupos, uno de noxianos y otro de demacianos tenían una pelea ahí y atrás de ellos estaba Darius.
Pronto se tomaron decisiones, Garen no iba a dejar que nadie muriera, era su deber proteger la integridad de sus hombres y de otros tras una tragedia, ciertamente era el primero en querer matar al que osó llevarse a su hermana vilmente pero no iba a ser su asesino, no cuando la seguridad de todos estaba en peligro.
- Nadie tocará al comandante noxiano, estamos todos en peligro y nuestra prioridad sobrevivir como sea posible. Así que vamos a sacar al comandante, declaro un cese a las acciones de guerra, comuníquenlo a todos.
- ¡No dejaremos que un demaciano nos de órdenes! –declaró uno de los potentes y fornidos noxianos protegiendo a su comandante con un espada, muy dispuesto a apuñalar a quien se acerque.
Todos los demás se unieron al mismo delante de Darius, no creían que nadie tuviera buenas intenciones, creían que todo esto acabaría en un embuste para ganar la primera batalla en la 'guerra' que habían declarado.
- Suficiente –se pronunció Darius- aceptó el cese de acciones de guerra -tosió y con ello algo de sangre salió de su boca, tenía el labio partido, la caída fue dura.
No iba a desmayarse en ese momento, sólo veía borroso desde que sucedió y la luz de aquella antorcha que sostenían los demacianos le parecía desvanecerse. Todo estaba en su cabeza.
Cuando los soldados demacianos que sostenían la antorcha alumbraron al comandante vieron una enorme pared aprisionando contra el piso al comandante, aunque había un pequeño espacio en el que el cuerpo de Darius se acomodaba ciertamente aquella pared aprisionaba parte de su pecho.
Necesitaba respirar con normalidad, quitarse esa roca de encima y salir de ahí junto a sus subordinados.
- ¿Podemos levantar eso? –preguntó Garen.
- Entre todos podemos –contestó un soldado noxiano- pero nuestro comandante está herido, creo que es una hemorragia –bajó un poco la mirada- necesitaremos un mago que pueda curarlo inmediatamente después de sacarlo.
- Si lo dejamos mucho tiempo de todos modos morirá –contestó otro.
- No podemos arriesgarnos, ¡es un hecho! –agregó otro.
Garen respiró hondo, su cuadrilla no tenía ningún mago de ese tipo, tal vez en algún otro grupo haya algún mago que pueda mantener vivo a Darius después de quitar tal peso de su cuerpo pero ¿cómo iba a saberlo? Estaban a oscuras, con prácticamente ninguna certeza de que haya otros vivos en ese laberinto minero, una antorcha, algunos hombres, tan asustados como para matarse entre ellos y nada de confianza para dejarlos.
- Garen –dijo algo bajo Darius, le estaba llamando haciendo un gesto, al menos podía mover un brazo, no quería pensar en que su otro brazo y demás partes de su cuerpo tuvieran fracturas.
El hermano de Lux se acercó con cuidado, para estar a su altura se sentó en el piso.
- ¿Qué pasa? –preguntó.
- ¿Podemos hablar en privado? –comentó Darius.
- No es el momento –agregó Garen.
- Lamento haber… haberme llevado a tu hermana tan lejos… fue mi error –desvió su mirada a la nada- ella… ella mira todos los días el horizonte, el sol y… suspira, yo nunca he podido evitar sentir que estaría mejor contigo, lejos de mí –tragó un poco de saliva- merezco esto –confesaba con ojos a medio cerrar- el destino sólo me dice que debo… morir y… aunque lo evité varias veces, quiero que ésta… sea la última –apretó los labios recordando la sentencia que había dejado en su joven esposa- déjame.
- Cállate –le dijo Garen algo conmovido.
- Es en serio –señaló el comandante- quizás estas cuevas no aguanten, nadie sabe que estamos aquí, han pasado... un par de días, no sé, recuerdo despertar y dormir varias veces… casi no siento hambre. Mis hombres apenas me han encontrado pero sé que tampoco han comido, están débiles y así nadie ganará –tragó saliva- yo sólo… quiero que hagas algo por mí. No me debes nada, sólo quiero que hagas algo y será lo último. Te llevarás a tu hermana lejos y nadie sabrá nuestra historia. Todo se olvidará y podrá reiniciar su vida, podrá mirar el cielo con la misma paz con la que solía vivir y usará su tenacidad para liderar su nación.
Garen frunció el ceño y giró su rostro para no encontrarse con el aprisionado comandante, el cual estaba dando un discurso, uno lastimero, nada típico en él, su rostro sólo reflejaba el cansancio de su lucha, no sólo física sino mental.
- ¿Alguien tiene agua? –preguntó Garen a sus aliados, se miraron entre ellos y uno de ellos le entregó una botella- compartan lo que tenemos con estos hombres –miró a los noxianos- saldremos de aquí pronto.
Al principio dudaron pero siguieron las órdenes, compartiendo parte de comida y agua que guardaban con este grupo noxiano, los mismos bebieron el agua tan rápido que podía escucharse cómo tosían al atragantarse, al igual que las raciones de comida.
- Nos iremos. Ordena a tus hombres que me sigan y si encuentro más en el camino, los llevaré a salvo, no importa cuánto me tome –dijo Garen y volvió la mirada al soldado que le había entregado el agua- dame tres raciones de comida –ordenó.
- Ya lo compartimos todo, señor –respondió.
- ¿No tenemos nada? –preguntó Garen quedándose pensativo por un momento, entonces buscó en su bolsa y dando un leve suspiro entregó su propia ración al más necesitado de los dos.
Necesitaba estar fuerte si quería sobrevivir, dejó también una pequeña botella de agua para que no pasase sed. Su idea tal vez era la más piadosa. Buscar ayuda.
- Quédate con esto.
- ¿Qué? –dijo el comandante.
- Es hora –dijo Garen.
- Escuchen –comenzaba a decir Darius, dirigiéndose a sus hombres- no me queda mucho con ustedes, necesitan un guía que no esté atrapado, así que sigan a este demaciano, él los llevará a una salida segura, saquen a todos los hombres que les sea posible, reagrúpense y regresen a Noxus.
- Señor, no podemos dejarlo –dijo uno de los soldados.
- No es una petición, son mis órdenes. Fuera de aquí.
Ya no iba a dirigirse a ellos, mientras algunos dudaban de mover un pie otros se consolaban creyendo que era una orden de su comandante y aunque quisieran la situación se tornaba más riesgosa conforme pasaba el tiempo. Al fin y al cabo esas ruinas podían derrumbarse nuevamente y atraparlos para siempre.
- Haz que aguante –puso al alcance de su mano la bolsa de pan y el agua- hasta luego –se despidió Garen del noxiano, el mismo no hizo ningún ruido, estaba resignado.
Pronto las luces abandonaban al noxiano, lo dejaba otra vez oscuridad y quizás su orgullo herido dirigía al soldado más valioso de la misma nación de luz porque tomaba una decisión que no le convencía por completo.
Consideraba a ese hombre una desgracia pero estaba sacrificándose para salvar a todos sus hombres, ni si quiera iba a intentar salir de ahí, con lo inestable de esas ruinas… en cualquier momento Darius iba a ser sólo historia. El orgullo, posiblemente, no era lo más importante para él porque lo veía como un patriota más, uno que no se reconocía plenamente.
Morir era la meta más gloriosa de un noxiano, un honor pero estaba muriendo para salvar a otros, estaba sacrificando su propia existencia por la de otros, considerando sus vidas más valiosas que la misma vida del corazón de Noxus, ¿quién era para juzgar su modo de morir? Era una acción solidaria y…
"…estaría mejor contigo, lejos de mí"
¿Cómo podía pensar así? ¿Quién se creía para sacrificarse así? Garen comienza a despreciar a Darius por una trivial razón, no puede resentir que creyera conocer lo que su hermana quería, no lo sabía.
Siempre observó a su hermana desde la distancia pero admiraba su entereza y valor, era una gran maga a tan corta edad, respetada por toda la sociedad demaciana, ella pensaba con la cabeza y nunca con su corazón pero lo conoció y todo cambió, se volvió ¿inestable?
¿No es Lux acaso la mejor versión de sí misma ahora? Fuerte, intensa, determinada, valiente y feliz, ¿feliz? No podía olvidar su expresión, iba a casarse con esa bestia y tenía una sonrisa que apenas podía disimular, ¿en qué momento perdió de vista a su pequeña hermana? ¿Cómo podía existir algo que él no supiera muy aparte de sus sentimientos? Quizás fallaba… pero algo que reconocía era que ella nunca abandonaría a un ser amado y menos a una 'decisión' (Darius) que tomó.
- "Idiota" –pensó Garen.
Su hermana nunca se conformaría con un "estarías mejor sin mí", no era derrotista, no era una muñeca que se movía al vaivén de lo que dijeran los demás, ella amaba a este imbécil sacrificado, ella amaba a éste hombre capaz de sacrificar su propia vida por las de otros miles.
No, su hermana no iba a ser viuda, NO a esta edad. NO iba a dejar que éste imbécil hiciera que ella sacrificara todo para morirse cuando le da la gana.
- Alto –volvió en sí, iba a recuperar los valores que fue dejando a causa de su odio por Darius- vayan ustedes, encuentren el camino pronto, hasta donde vi hay una salida al norte, encontrarán más hombres en las cuevas, exploren con cuidado. Confiaré en ustedes para ayudarse entre sí. Recuerden que la desobediencia a nuestras órdenes será tomada como traición, por lo mismo no deberán atacarse entre sí, hagan otra antorcha, regresaré.
- Sí, señor –dijo uno de sus subalternos con pausa.
- Y si encuentran un mago curativo envíenlo pronto. Esperaré con el comandante noxiano que… como saben es esposo de mi hermana, por tanto no duden que velaré por su bienestar –dijo para aliviar las preocupaciones de los soldados noxianos.
En cuanto le entregaron otra antorcha se fue caminando a prisa por donde vino, iba a evitar que el imbécil que le robó a su querida hermana dejara su vida a la nada. Debía sacarlo de ahí o nunca se perdonaría haber evitado que esto sucediera, su hermanita no iba a vivir esa burla y dolor.
Al llegar vio a Darius con los ojos cerrados, pensando lo peor corrió y le tocó la mejilla para luego pegarle un poco.
- Deja de jugar –dijo Darius y lo miró- ¿por qué volviste?
Más calmado el pelicastaño se volvió a sentar a su lado, no iba a dejarle entrar a su cabeza, sólo iba a acompañarlo hasta que la ayuda llegara.
- Vete de aquí.
- Tengo derecho a quedarme.
- Estas ruinas podrían caer en cualquier momento.
- Eso no lo sabes, por lo que sé podrían aguantar varios meses o un par de años –contestó Garen desinteresado en la preocupación del noxiano.
- Vuelve con ellos –agregó desinteresado.
- Yo no tengo esposa, ni hijos, ni familia que dependa de mí. Mi deber está con mi hermana, tendrá mal gusto pero al final es tu esposa y respeto eso –dijo Garen aunque lo último le costó, quizás era lo correcto- tómalo como un tiempo para compartir, hay muchas cosas que quiero saber.
- ¿Los demacianos siempre son tan ridículos? Ensalzando tonterías como el valor y el respeto por las vidas, soy un moribundo, mi vida no vale nada para mi nación en éste momento, soy una carga.
- No creo que lo hagas por eso –replicó Garen.
- Cállate.
- Contesta algo –comenzó a enseriarse- ¿por qué quieres morir?
- ¿De qué hablas? –preguntó curioso Darius.
- Estás muy determinado a que te dejen aquí, debe haber una razón.
- Jajaja –Darius empezó a reír- ¡qué bribón! –soltó con tono alzado- y lo peor es que crees que debo decirte mis razones para actuar. Me casé con tu hermana, no contigo.
- Ya cállate, no seas suicida. Deja de actuar como si sólo importaras tú.
- Conozco tu preocupación…
Musitó pero evitó mirar a Garen para no despertar sospechas, quizás Darius no quería que exploraran su interior de la misma forma en que Lux lo hacía, esto… esto era sólo un experimento. El sello de la muerte podía regresar al huésped original si moría antes que el sujeto que lo tomó.
Iba a devolverle la vida a su amada y al mismo tiempo salvaría a sus camaradas. No era mucho pero podía ser suficiente.
- ¡Ah! ¡No! -lo interrumpió- no conoces nada.
- Jaja olvídalo. Un tonto de mente cerrada sería incapaz de entender todo lo que quiero hacer, lo que mi nación espera de mí es una muerte digna en batalla pero ahora hemos perdido todo honor. Mírame, postrado aquí, con una roca sobre mi cuerpo, incapaz de defenderme, con mi enemigo esperando comer mi carne cual si fuera un cuervo.
- Simplemente no quiero ver a mi hermana velarte. Me duele aceptar las decisiones que tomó y cómo nos engañó pero sé que fue por amor, usó su inteligencia y valor para entregarse a la única persona que le ha llenado el corazón –sonrió, en el fondo era todo un romántico- mi familia siempre ha defendido Demacia, quizás desde el inicio de la creación de nuestra nación. No puedes pedirle a un Crownguard traicionar su corazón, eso lo haría miserable toda su vida.
Darius no dijo nada más, estaba conociendo una parte de aquella nación que le era impresionante y más de la familia de su esposa. Ahora entendía un poco más los sacrificios que se hicieron, ella lo estaba dando todo, de pronto algo surgió en su cabeza.
Quizás por eso ella ni si quiera dudó al salvarlo, le entregó una vida y él estaba muriendo, le había prometido volver, sin embargo ahora estaba empecinado en dejarse para salvar a su tropa y quizás en el proceso dejarse morir parar que ella pudiera tener alguna oportunidad.
¿Cuál oportunidad? Tal vez si moría la maldición se quitaría de su vida, ¿lo hacía con esa esperanza? Sí pero no estaba pensando claramente y ciertamente su hermano tampoco lo hacía. A la distancia existía otra batalla, una que no podía resolverse con armas, en el corazón mismo de Noxus.
- ¿Tienes todo listo? –preguntó Draven entrando a la habitación de Lux. La misma guardaba algunas blusas en su maleta con sumo cuidado.
- Espero no te moleste, le pedí a Vi que trajera una carrosa, son muchas cosas y no podré irme caminando.
- Claro, no importa. No olvides nada y… -parpadeó, el ojiverde no podía evitar sentir lástima, ahí estaba la rubia, algo encorvada, con un vestido negro y el pelo recogido en una coleta. Sufriendo profundamente, hasta parecía no poder respirar- ¿podría… hacer 'eso'? –preguntó curioso.
Lux abrió los ojos sorprendida por un momento y luego intentó sonreír pero apenas podía esbozar una mueca aun así asintió levemente. Draven se acercó a ella y la abrazó, al principio era confuso y nervioso mas luego se tornó cómodo… podía sentir cómo se consolaban mutuamente.
- Calma, hermanita –dijo pero se arrepintió porque aquellas palabras significaban muchas cosas para Lux, muchas… que Darius jamás podrá escuchar ni ver.
La aceptaba como parte de su familia, no como si se burlara, ni si quiera como un chiste de mal gusto, era sincero en su intento de consolarla, tal vez luego de haber sido consolado quería devolverle aquel gesto. Era nuevo pero al intentarlo una vez sintió como Lux se derrumbaba temblando como un venado herido.
- No quiero irme –susurró entre aquellas lágrimas que tanto quería contener, necesitaba darle un último "adiós" a su amado, quería si quiera despedirse, ¡qué cruel era tener que separarse de todo lo que consideraba era para siempre!
- "Ojalá pudieras ser consciente de que La Rosa Negra no parará hasta terminar el trabajo" –pensó dentro de sí Draven- el lugar más seguro es tu nación, que vivas allá y que el odio de Noxus no pueda alcanzarte. Con todo eso, ignoraré mi responsabilidad y podrás casarte nuevamente si lo deseas. Quiero pensar que la voluntad de mi hermano es que rehagas tu vida lejos del peligro.
- Estoy de acuerdo –se separó- seguiré con eso. Gracias.
Le dio la espalda para continuar con su tarea, recoger sus cosas y volver de donde salió, aunque no iba a regresar entera, una parte de su corazón se quedaba, hizo puños sus manos.
El noxiano salió de aquel lugar y caminó hasta la salida de su castillo para sentarse en el portón, esperaría la dulce compañía de la rebelde piltoveriana. Quizás buscaba desesperadamente cambiar de ambiente, ya había sido suficiente de tantas lágrimas, ideales de responsabilidad, pensar en su hermano y cuidar a la tan herida rubia.
Lo bueno era que la llama de la pasión estaba encendida entre ambos, ¡sí que necesitaba de Vi! Podía perfectamente cubrir una parte de su sufrimiento con algo de sexo (mucho sucio sexo lleno de depravaciones) y si su compañera más común no quería, iría a la ciudad por algo de acción. Después de todo la piltoveriana nunca le había dicho que fueran exclusivos o algo así.
Un par de horas después podía divisar a lo lejos la figura de su interés, se puso de pie, ya que esperaba sentado, se sacudió un poco la ropa y caminó hacia ella sin dejar de admirarla.
- Hola, belleza –sonrió.
- Hola, re-tonto, ¿qué quieres? –preguntó con un ligero tono cariñoso.
- ¿Tienes un rato? Te espero en la cama –le guiñó.
- Ah… no sé, quiero ayudar a Lux con sus maletas y otras cosas.
- Quiero hablar contigo –dijo Draven no tan coqueto como siempre, quizás eso le asustó más.
- ¿Eh? –levantó una ceja- ¿De qué?
- Te lo diré hoy, además hay algunos papeles que aún no han llegado y necesitamos los sellos de la oficina central para que yo autorice el viaje con mis firmas… -iba a decir algo tonto pero se le pasó- en fin, ¿nos vemos en unos minutos en mi cuarto?
- Espero que no sea algo estúpido ni sucio ni pervertido ni degenerado ni haya ningún animal en el cuarto para probar cosas raras porque te mataré –advirtió la piltoveriana, no estaba demás con Draven.
- ¡Ooooh! ¿Por quién me tomas? –levantó los brazos en pose de defensa porque Vi acercaba su cuerpo al de él- ¡te veo en unos minutos, muñeca! –besó su naríz suavemente y se alejó corriendo.
¿Qué diablos había sido eso? Un sonrojo pronto se mostró en sus mejillas, Vi parecía haber sido sacada de su mundo con esa tontería, ¿qué le pasaba? Habían tenido las noches más salvajes y conocían cada parte de su cuerpo pero un simple beso en la nariz la estaba poniendo de cabeza, ¡estúpido Draven!
Pero el noxiano ya tenía su discurso en la cabeza, todo este asunto le había enseñado que nunca era tarde para cambiar, para hacer una vida buena, una en la que tenía todo el poder asegurado pero sobretodo una en la que no podía dejar escapar una oportunidad como aquella dama piltoveriana.
Conoció muchas mujeres, sensuales, activas, dispuestas a cosas perversas por él pero Vi era diferente, le gustaba su fuerza, ¡fuerza violenta! Era capaz de mandarlo a sentarse sin si quiera tocarle un pelo, la mirada tosca y sus manos suaves al tacto le enloquecían, aunque no tanto como ese pequeño espacio en su espalda, tan suave y sensual que al arquearse durante el sexo lo volvían loco.
La sensación de estar unido a ella era única, sus cuerpos calientes y húmedos por el sudor, la pasión entre sábanas que no podían ocultar pero quizás eso tampoco era nuevo sino aquella sensación que le daba, la de no querer huir, la de amar su compañía, la de hacerle olvidar aquel dolor que la 'otra' le había dejado.
Quizás la muerte de su hermano le abrió los ojos, lo hizo darse otra oportunidad con esta maravillosa, fuerte y feroz mujer.
Hoy, no, en ese preciso momento iba a preguntarle a Vi si quería… vivir con él. Vivir en su castillo, ser… amantes, disfrutar por todo el tiempo que pudieran y ver si llegaban a algo más, algo que a Draven, por alguna razón no le asustaba, suspiró como si el aliento le fuera arrebatado, se agachó un poco sin poder aguantar la emoción.
Sirvió en unas copas su mejor bebida, necesitaba quitarse la ropa también y colocarse en su mejor pose para conquistar a su mujercita, que de mujercita no tenía nada porque era toda una fiera.
Mientras su mente divagaba en qué posición era mejor y si su ropa interior era la adecuada o debía cambiarse (tal vez porque un estampado de leopardo no era siempre lo más apropiado para una petición tan seria como la que iba a hacer) llegaba la razón de su locura.
- ¡Ya vine! –gritó empujando la puerta. Draven yacía acostado con los brazos abiertos, sin interiores, con solo una sábana sobre su entrepierna, la misma tenía una elevación curiosa por cierta erección difícil de ocultar- espero que esa no era la única sorpresa que tendré -dijo Vi pero estaba muy conforme con ello.
Sonrió y tan pronto lo vio de pies a cabeza se dio una idea de cómo podía disfrutar aquella tarde en aquella cama, ni si quiera tan cerca de él podía responder por qué había llegado tan lejos, se agitó un poco y bambaleó su cuerpo coquetamente.
- Claro que no, bebé, acércate -agudizó su voz.
Entonces Vi procedió a quitarse una a una sus prendas para quedar en interiores y meterse debajo de la misma sábana, su mano bajaba por los abdominales del noxiano hasta encontrarse con el arbusto que ocultaba muy poco al miembro del noxiano, el cual erecto causaba una gran impresión.
- Todavía no –alejó la mano de Vi- te dije que quería decirte algo –acercó la bebida en una copa a ella, sus labios coquetos no paraban de provocarla.
- ¿Qué es? –preguntó y en su mente se imaginó una joya muuuuy costosa, quizás un regalito o algo tonto por eso jamás se esperó lo siguiente.
- Yo, bebé, quiero, tú sabes, ah… -se volteó para dejar la copa que tenía y dejarla en una mesita de noche atrás de él para luego girarse y tomar las manos de Vi- quiero que vivas acá, por el tiempo que creas conveniente, tú sabes, como… convivir juntos más que como huésped temporal, algo como huésped… -titubeó bajando la mirada por un segundo- permanente, si así lo quieres –terminó. Lo hacía dicho todo y estaba esperando que la pelirosada procesara todo.
Y sí, Vi no se esperaba eso, parecía tener un corto circuito, ¿acaso era esto un compromiso? No había sido sólo bastante sexo casual y… bueno, sí, estaban llevándose bien pero ¿no era demasiado pronto?
¿Cómo podía decir algo? Ella empezó sonriendo nerviosamente y luego se soltó del noxiano, apretó los labios y evadió la mirada de aquel amante, el cual parecía perder su erección también.
- ¿Lo dije bien? Es sólo que te quejabas de que yo había hecho cosas con otras mujeres y creí que esto te haría feliz, la casa es muy grande y…
- Es demasiado –interrumpió la piltoveriana y aquel espacio en la cama que parecía ser tan cómodo antes ahora era un abismo.
El silencio se prolongó por un par de minutos hasta que la pelirosada se levantó de la cama con la excusa de que había olvidado comprar algunas cosas para el viaje de Lux. Fue bastante incómodo entrar con tanta fogosidad a la cama para luego irse apagada como un fósforo.
- Yo-Yo te llamo –sonrió nerviosa antes de salir y cerrar la puerta.
Esto dejaba más preguntas que respuestas pero Draven se cubrió la cabeza, era un tonto al pensar que podía seguir llenando vacíos con decisiones aceleradas, quizás tenía razón. No era el tipo de hombre que se veía todos los días, nervioso, perturbado, eso desmotivaba a cualquiera, supuso.
Después de escucharla marchar, el sólo crujir de esa vieja puerta le regresaba a aquella época, el maldito trauma, la maldita hora en que confió su vida a alguien y le traicionaron pero estaba cambiando, ¿en serio había sido demasiado pronto? Se preguntó, puso sus pies en la alfombra, con la sábana cubriendo sus genitales… tan indefenso a cualquiera que-
La puerta sonó, eran unos golpes pausados, creía que no había pasado demasiado pero sí, como una hora procesando sus tonterías.
- ¿Estás ahí? –dijo Lux con curiosidad, prefería no llevarse una sorpresa al entrar sin ser invitada.
Draven se puso de pie y buscó unos pantalones, al estar presentable volvió a sentarse al borde de la cama.
- Pasa.
Con timidez la rubia asomó su cabeza y vio cabizbajo al noxiano, sabía que no era tiempo de hacer algo como esto pero la forma en que su amiga salió de aquel lugar le pareció motivo suficiente para ver si Draven no estaba contra la pared.
- Escuché a Vi y no pude evitar pasar.
- Es personal, hermanita –intentó no mostrarse decepcionado.
La rubia caminó hacia él y tomó un lugar a su lado, en el borde de la cama, al sentarse el cuerpo de Draven se aproximó más al de ella. Era como un niño, uno muy peligroso pero al final un niño, travieso, sin consciencia de lo que estuviera haciendo mal.
- Sólo necesita tiempo, tal vez la asustaste un poco –excusó a su amiga, la joven se recogió el cabello en una coleta aún más alta.
- Mi hermano… ¿te asustaba? –preguntó Draven- quiero decir, cuando te propuso esa locura de casarse contigo, ¿te asustó?
- Las cosas eran distintas, quería darle todo, partes de mí que nunca le había dado a nadie, quería que él las viera, que supiera cuánto me interesaba y no podía hacer eso desde donde estaba. La diferencia es que Vi es más libre de lo que crees y quizás ahora mismo se esté replanteando todo.
- Eso espero.
Volteó hacia su mesa de noche y vio la copa que había dejado, se distrajo pero eso hizo que pudiera recordar cosas.
- Necesito hacer algo.
- ¿En qué piensas? –dijo Lux.
- Eh… no, sólo era algo como que tú también deberías tener momentos como los que yo tengo, momentos en los que puedas ser capaz de olvidar pero no lo haces, digo, mira la casa, los pasillos, todos gritan el nombre de mi hermano. Yo tengo paz cuando escucho como hablas, ¡ja! Llena de esperanza incluso después de haber perdido aquello por lo que lucharon.
- Lo recuerdo con cariño, no me duele en ese sentido. Creo que lo único que me lastima es no haber podido hacer nuestra vida juntos más tiempo, creo que… -miró a Draven- nunca podré sentir esa misma emoción.
- ¡Basta! –Chocó su hombro con el de ella- no te das suficiente crédito, serás feliz porque tienes esa capacidad. En fin, terminé la terapia hoy, es mejor que me ponga a trabajar porque… bueno… no pensaba acabar mi noche así. Hablando de hacernos hermosas trenzas la una a la otra~
- Jaja, es muy tarde, ¿dónde irás? –preguntó Lux.
- Por tus papeles, no soporto tener a alguien verme miserable por una mujer –sonrió.
- Pero las oficinas cerraron.
- Tengo un amigo que puede ayudarme con eso, no lo pienses más. Para mañana podrás hacer tu viaje a Demacia –se puso de pie y Lux con él- así que ve, prepárate y duérmete –la tomó por los hombros y la dirigió a la puerta.
Ni si quiera la dejó decir algo más, con la puerta de aquella habitación cerrada pudo dar un "Hasta mañana" muy bajo. Draven decidió enfocarse en lo que le parecía importante e inmediato, los papeles de Lux, podían dárselos rápido si estaba en la oficina de aquel cuervo.
Su primer pensamiento era que nadie se opondría a que los tuviera y no iba a esperar más días, así que a lo mejor si visitaba las oficinas centrales de Noxus, así podría sacar los papeles sin problemas, lo más próximo a un obstáculo podría ser Le'Blanc, pero le había dado una lección, no creía que se opondría.
Por alguna razón la noche llegó más pronto, otra vez llovía, nubes negras en el cielo, si fuera otro lugar pensaría que es un mal augurio pero es Noxus, ahí siempre llueve o al menos casi siempre. Sintió un frío recorrerle la espalda y pensó en Vi, esa mujer… regresaría, sonrió confiado, a lo mejor estaba tan emocionada que se fue a decírselo a Cait, era probable, ¿rechazar a Draven? ¡Por favor! Si estaba más bueno que pan caliente, al menos así lo pensaba él.
Ya casi llegaba a las oficinas del cuervo pero como el portón principal estaba cerrado se dio una vuelta completa para entrar por la puerta trasera, casualmente también estaba cerrada, Draven levantó una ceja extrañado, ¿cómo podía irse así de rápido? Ni si quiera eran las 9, levantó la mirada y vio algunas luces encendidas, suspiró y dejó sus cuchillas en la entrada para poder subir la pared y subir hasta una ventana que parecía estar abierta al lado de aquellas luces.
No iba a decir que era vergonzoso entrar a un lugar al haber llegado tarde pero no era su primera vez así que no le importó. Al llegar a la ventana, entró como pudo y caminó por un pasillo largo hasta encontrarse con la familiar puerta tallada del cuervo, la misma estaba entreabierta, dio otro suspiro y puso su mano para entrar pero no lo hizo al escuchar otras voces.
- ¡EL MALDITO SIGUE VIVO, LO SEGUÍ POR TODA RUNATERRA Y SOBREVIVIÓ!
- ¿Cómo sucedió? –preguntó Swain.
- LO MATÉ Y REVIVIÓ. ¿QUÉ TENGO QUE EXPLICAR? –dijo Le'Blanc- FUE RÁPIDO Y DE LA NADA EL MALDITO SE LEVANTÓ COMO SI NADA LE HUBIERA PASADO. DICE QUE ES UN GUARDIÁN DEL TIEMPO Y VA ACOMPAÑADO DEL ENGENDRO ESE, ME DICE… QUE ES HIJO DE LA ESTÚPIDA BRUJA DE LUZ Y NUESTRO TRISTEMENTE FALLECIDO COMANDANTE.
Draven cubrió su boca sorprendido e hizo un pequeño ruido de sorpresa que por un instante llamó la atención de Swain pero el mismo regresó su mirada a Le'Blanc.
- El comandante está muerto, ¿cómo puedes creer en tales cuentos? El corazón de Demacia está marchito, quizás no muerto como quisiéramos pero logramos evitar su florecimiento y dudo que esté de encargo. Ya pregunté a la matrona que revisó el matrimonio de mi amigo, la joven es infértil, no puede concebir y carga con una magia antigua que consume su vida. Es prácticamente imposible.
- ¿Hicieron pruebas? –preguntó Le'Blanc tajante.
- Claro, aquí están –le entregó algunos papeles a la mujer que allí yacía incrédula. La misma le arrebató los mismos violentamente de las manos- datos de su salud, vitaminas, recomendaciones, reporte médico y… -se quedó sin papeles que revisar para luego mirar fijamente a su secuaz- no está.
- ¿Qué? –preguntó sin entender el cuervo.
- La prueba de embarazo, ¿se le hizo una? Porque tengo entendido que todas las mujeres que dejan Noxus deben hacerse una, debemos evitar que se lleven a un fruto de nuestra nación en su vientre, ¿verdad? –parecía estar poseída-. Y más si el 'retoño' tiene el poder de regresar en el tiempo para jodernos la vida.
- Nadie pidió la prueba porque era obvio que no podía concebir. El comandante no pudo consumar el hecho porque fue enviado hace…
- ¿1 mes?
- No –dijo rozando la incredulidad en su voz.
- Hay que matarla, no hay remedio. Yo me encargo de arreglar tu error –decía convencida la ya envenenada maga pero Swain la detuvo por el brazo.
- Si la matamos habrán rumores, nuestro plan es hacer todo poco a poco, Demacia hará muchas preguntas y ésta vez no será una simple lucha de honor. Nos llevaremos a la guerra por muchos años y retrasaremos nuestros planes. No se puede conquistar un mundo destruido.
No era tan tonto, tal vez el proceso de tanta información tardó pero comenzaba a entenderlo todo, la insistencia de Swain por alejar a su hermano, sacrificarlo como una pieza más cuando la necesidad lo empujara. Draven relamió sus labios, los tenía secos, sentía cómo se le habían partido de sólo esbozar sorpresa.
Ahí estaba otra vez ése escalofrío que le recorría la espalda, tan incómodo, irritante y… ¿qué significaba? Tal vez era 'eso', un momento en su vida en que se decidiría algo importante, movió los ojos nerviosamente comenzando a unir otros hilos más y lo supo.
La "Rosa Negra" estaba peleando con fuerzas que sobrepasan sus capacidades, las mismas usaban poderes que alguien como Swain no podía controlar y eso… eso lo volvía loco, aún sin desear demostrarlo estaba perdiendo el control de todo pero no podía darle un pedazo de su locura a Le'Blanc, ella era como un caballo, si sabe que el jinete no es apropiado lo atacará cual si fuera un animal nervioso.
Sin dudarlo se encaminó para otro sitio, necesitaba confirmar algo y necesitaba hacerlo inmediatamente.
Mientras tanto Lux comenzaba a aburrirse, hace mucho que había terminado de llenar sus maletas, casi no tenía ropa, lo único que podría decir que ocupaba algo de espacio eran las joyas que su esposo le había dado, las había sacado porque dudaba de 2 cosas, ¿sería capaz de aguantar el dolor de tenerlas en Demacia? ¿Podría abandonarlas en Noxus?
No podía decidir, las tenía todas esparcidas sobre su cama, las miraba recordando cada ocasión en que su amado le había llenado de bondades, el valor de ellas no era monetario, su valor era sentimental, para Darius significaba mucho darle todo, cada día era un regalo para él, así que… en una forma primitiva quería demostrarle lo mismo. No era bueno con las palabras, casi no podía expresarlas apropiadamente, era una lástima en ese sentido pero su más delicado gesto con Lux era el de tomar sus manos y apoyar su frente contra la suya.
Sus cabezas juntas, la suya con una piel rasposa apenas rozando la delicada y sonrosada piel que por tantos años cuidó. Ojalá… pudiera sentir sus toscas manos otra vez, ojalá pudiera.
- ¡LUX!
Escuchó un grito, claramente era Draven, pensó lo peor y corrió a su encuentro. Al llegar a su pequeña estancia vio a un acalorado y nervioso hombre temblar frente a ella.
- ¿Qué pasó? –preguntó corriendo hacia él.
- Abre tu blusa –ordenó.
- ¿¡Qué!? –respondió haciéndose para atrás.
- Ha-Hazme caso –su voz temblaba.
La rubia frunció el ceño y nerviosa siguió cubriendo su cuerpo con sus manos mientras miraba atemorizada a un, al parecer, ebrio Draven, olía muy fuerte a licor, otra vez estaba haciendo sus locuras, no quería ceder pero también parecía estar preocupado.
- ¿Confías en mí? –preguntó como si quisiera convencerla, la miró a los ojos aún con los mismos temblando de temor ante un resultado.
- Sólo no me lastimes –condicionó.
Poco a poco abrió su blusa empezando por el último botón, al llegar a la altura de su pecho Draven la detuvo y puso una especie de hoja sobre bajo su ombligo, la misma comenzó a irradiar calor intenso, quería quitársela pero Draven tomó sus manos, estaba frente a ella, no quitaba sus ojos de la hoja, fue entonces que la misma cambió de color y se deshizo frente a sus ojos.
- ¡Me asustas! –dijo soltando las manos que la estaban deteniendo.
- Oh no…
Quería negar lo que estaba sucediendo pero pronto, quizás más pronto de lo que esperó estaba viendo la responsabilidad como un hambriento lobo acercarse a él para devorarlo por completo, quería evadirlo como siempre lo había hecho.
Dio un par de pasos atrás y miró a la joven dama de ojos azules, su boca entreabierta, esperando una respuesta, parecía que ni si quiera parpadeaba, su cuerpo estático, ¡su interior gritaba!
- ¿Puedo contarte una locura? –dijo Draven mientras se inclinaba hacia la puerta para cerrarla…
Fin de Episodio 31
