Buenos días (acá ya amaneció), no he dormido bien estos días porque ando escribiendo y repensando algunas cosas, sinceramente ando con una canción atorada en la cabeza desde hace un par de días y no puedo dejar de pensar lo que pasaría con esa melodía mientras escribo, bueno sí se pero no quiero dar más spoilers del giro que la historia podría dar para acceder al nivel de "angst" que estaba buscando.

Antes de dejarlos pasar sólo les agradeceré por sus comentarios y su apoyo todo este tiempo. Me inspiran a seguir haciendo lo que hago :)


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 33 – Odiarme No Basta


¿Quién iba a decir que bastaba un minuto para destruir todo lo que había construido? La oscuridad, el temblar del suelo y de todo a su alrededor, de las pequeñas rocas que caen sobre su rostro, de la incertidumbre, todo acompañado de una canción, una que resuena en su cabeza cada vez que cierra los ojos.

- Ya vienen –le susurra su acompañante.

- El aire se contamina –decía con un tono un poco más bajo, Darius se estaba cansando de luchar.

Pero su rescate lejos de encontrarlos intentaba no morir antes de salir, gases tóxicos en aquellas cuevas les impedían ciertos caminos pero Garen tenía razón, estaban cerca de ellos, faltaba muy poco para encontrar la luz en medio de tanta oscuridad.

A lo lejos Lux sólo miraba por la ventana, era tarde, casi de noche, ya podía sentir el característico helar del viento sobre su piel, cuello, brazos, incluso a pesar de llevar tanto abrigo; no ha pasado mucho desde que Vi los encontró, sentía la horrible mentira pesar sobre su corazón, ¿cómo explicarlo? Estaba aplastado y ahora sentía un puñal en él y ningún medio valía lo que estaba pasando.

Desviando su mirada se encontró con un espejo gigante empotrado en la pared, era de esperarse al estar en la habitación de Draven, permanecía ahí para explotar las murmuraciones, aunque él no estuviera los sirvientes hablaban, dentro y fuera del castillo. Los rumores recorrían Noxus, llegando hasta los oídos más finos de la élite en esa nación.

No podía decir que estuviera triste, sólo decepcionada de sí misma, angustiada con el dolor que causaba a otros y hambrienta de libertad, la misma que abandonó al casarse en un principio. Ahora estaba sola, sola con su pequeño… engendro, no, no, no... no podía estar pensando así, no de su bebé. El futuro que había sido capaz de ver NO tenía que ser el mismo para éste niño, iba a cambiarlo pero… sus ojos fríos, ausentes del calor de los suyos le hacían creer que no era como ella, no iba a heredar su candor y menos la pasión de Darius, iba a ser un ser de oscuridad, como todos en la rosa negra.

Así de inmersa en sus pensamientos no tenía consciencia de la presencia de Draven, el mismo había entrado entre risas, quizás esperando contarle algo que había escuchado en la ciudad o en su mismo castillo pero quién sabe, muchas maldades le producían felicidad también.

- Hey –le llamó la atención pero Lux no volteaba.

Salió de la habitación y fue hacia la cocina o a buscar algún sirviente, necesitaba saber si algo había sucedido en su ausencia, tenía cierto toque de paranoia.

- ¿Ha comido? –preguntó a un grupo de sirvientes, los mismos se inclinaron y nadie respondió- creo haber pedido que la alimentasen en mi ausencia, ¡tú! –señaló a una muchacha- No te hagas, te hablo a ti.

- Señor… yo fui con una bandeja de comida llena pero la señora no me contestó ni abrió la puerta.

Pronto un cable roto en la cabeza del sonriente ejecutor echó chispas, y cambió su expresión, lucía hambriento, como un perro salvaje, así de hambriento. Se acercó a la joven y tomándola del brazo la arrastró hasta tirarla al piso.

- ¿Qué te rompo primero? Déjame ver… -se tomó la barbilla.

- Señor, ¡por favor! –gritó la muchacha, tenía la bota de su amo en la cabeza.

- Uhmm… me hiciste cambiar de opinión, creo que… -se tomó un par de segundos para luego suspirar- simplemente cortaré un par de dedos, así puedes seguir trabajando –sacó su cuchillo de uno de sus bolsillos, hábilmente lo movió hacia su objetivo.

- Alto –dijo una voz entre toda esa multitud de testigos.

Draven estaban tan absorto y molesto que sólo volteó con furia a ver quién era, encontrándose con los ojos de Lux, la misma tenía el pelo desordenado y llevaba aún su ropa negra, lo miraba desafiante.

- Miren quién se levantó para ver el espectáculo –sonrió y empezó cortando un dedo sin ningún repudio, ni si quiera había llegado al hueso cuando la mano de la rubia lo detuvo.

- No comí porque te esperaba, vamos al salón, ¿podemos? –inventó otra excusa.

Ese ardor, la sensación de cosquilleo en su cuerpo era nuevo, el castaño soltó el cuchillo sin decir nada y se dejó guiar, soltó a la joven, que aunque gemía de dolor en un charco de sangre al menos había salvado sus dedos y su vida.

Estaba bailando con el diablo, simplemente aplicando lo poco que aprendía de Draven, nada que hubiera hecho antes lo detendría de sus delitos. Estaba loco y nadie podía negarlo; desde que pasó lo de Vi no era el mismo, parecía que el asunto lo afectaba más que otros problemas más recientes.

Caminaron juntos hasta el enorme comedor y se sentaron por su cuenta, Lux a su lado pero con la cabeza baja susurraba cosas.

- ¿Por qué hiciste eso? Pudiste romperle uno de sus brazos y… –susurraba ella pero no pudo completar lo que decía por ver la sangre en sus manos también.

- ¿Qué te pasa? –preguntó Draven.

- Nada –volvió en sí.

- Uhm –gruñó desaprobando esa respuesta- eso no es 'nada' porque si yo te asusto –dijo extendiendo sus brazos llenos de sangre- tú también me asustas.

- Lo que soy ahora me asusta, pienso en Darius –comenzaba a soltar unas lágrimas, no era tanto un llanto era más el dolor con el que lo decía, interminable, incapaz de detenerlo e hiriente.

- Piensas que si estuviera aquí no serías lo que eres ahora, ¿verdad?

- He analizado todas las posibilidades y no he podido encontrar una solución para poder terminar con todo esto. A veces sólo quiero… morir –concluyó pero estaba provocando algo más que ira en su compañero, lo hacía pensar que era peligroso.

Su deseo por la muerte, sus ánimos suicidas y aquellos pensamientos la estaban acercando a él, ¿por qué? ¿Por qué se estaba tan en sintonía con esta mujer? Hace un par de meses no tenían nada en común y ahora ¡PUUUM! La sentía cercana.

¿La iba a perder? Se preguntaba, ¿iba a fallarle al imbécil de su hermano? No quería fallar, no iba a dejar que sufriera, ni ella ni el bebé que tan curiosamente llegaba a este mundo en éstas condiciones.

- Hoy llegan unas visitas, amigos y socios de mi hermano en Noxus, los invité porque quiero tenerlos de mi parte. Si queremos que funcione debemos actuar como una pareja, no quiero verte así, lávate las lágrimas, están secas… y no hacen que parezca que engañaste a mi hermano. Debes lucir como una mujer que se deshizo de un obstáculo para estar con un gañan como yo.

- No puedo hacer eso ahora, además… si son amigos de tu hermano me odiarán por disfrutar su muerte –explicó la rubia.

- ¡Mierda! Tienes razón pero, corazón, aquí 'amigos' no significa lo mismo. Todos son fáciles de conquistar, incluso los sátiros esos, sólo invité a los hombres, traeré un poco de bebida, algunas putas y los tendré bailando en la mesa.

- Es… "comiendo de mi mano" –lo corrigió.

El noxiano se quedó viendo en silencio a la joven y de pronto la agarró de la cabellera con una mano, la acercó a él rápidamente pero sin lastimarla. Sus ojos se encontraron, los de él estaban inyectados de locura y los de ella… también.

- Lees mi mente –le susurró y la soltó cariñosamente acariciando con su dedo índice su rostro.

Se levantó de ahí para ir de vuelta a su habitación, ¿cuánto durará? Se preguntaba la rubia, estaba pasando por el peor de sus momentos y ahí estaba Draven, ahuyentando su buena voluntad y cordura. No la conducía hacia un final desesperado, la sostenía en su agonía.

Sin embargo, lo frágil no pesaba sólo en su mente sino en su amado también, el mismo nadaba en oscuridad, creyendo que no vería la vida de la misma manera pero un pequeño rayo de esperanza lo ayudaba a no hundirse.

El rescate había llegado, un par de magos curativos demacianos y un grupo de noxianos parte de su ejército estaba ahí, entre ellos hombres y mujeres con apariencia potente.

- ¿¡Entendieron todos!? –gritaba Garen.

- ¡Sí! –contestaron al unísono todos los presentes.

Un grupo de personas, ¡un grupo! Iban a salvar a Darius, los hombres y mujeres potentes levantarían con todas sus fuerzas, aunque sea un poco, la enorme roca que presionaba parte del cuerpo de su comandante, mientras un mago curaría las heridas causadas por las mismas, el otro mago aguardaría con un hechizo de contención, tanto para salvar al comandante de derrames internos como para crear un aura curativa que impida más heridos.

A la cuenta de Garen varios de ellos empezaron a elevar la roca, Darius gritaba por el dolor que le provocaba remover sus carnes vivas que sangraban seguidas del desgarro de algunos músculos, él también empujaba la roca.

Tan sólo la elevaron un poco para sentir sus fuerzas decaer porque los presentes no podían con tanto peso, era roca tras roca pesando desde arriba, un cúmulo de peso sobre el comandante. Y lo único que podía hacer Garen era jalar a Darius.

- ¡UN POCO MÁS! –dijo potente mientras sacaba al aprisionado.

Si soltaban todo el peso aplastarían condenando el destino del comandante pero procedían con cuidado, al tener un espacio más que suficiente Garen usó todas sus fuerzas para sacar a Darius. La sangre... oh, la sangre, brotaba a borbotones a pesar de estar siendo controlada, sus heridas tan horribles como fatales estaban siendo curadas pero eso no le evitaba el trauma y estrés que sufría mentalmente.

Así que después de pasar unos días tan malos se dejó ir, casi como cuando te meces en la punta de un pico, como cuando extiendes tus brazos al aire, tan libres, tan ligeros pero no es sólo eso, es la entrega a una dama oscura que espera llevarte a lo incierto.

- NO TE DUERMAS –le gritaba y todo el odio del hermano de su esposa se transformaba en un silencio indefinido por sí mismo.

Iba a descansar, lo necesitaba.

Las noticias en un lugar tan necesitado no viajaban rápido, no con todos preocupados en salvar las vidas de los que quedaron atrás. Quizás si hubieran tomado en cuenta la preocupación de aquellos que esperaban a sus seres amados, no se hubieran tomado tantas decisiones.

Ahora yacía Lux acostada en la misma cama de su captor, aquel hombre que con violencia la había cazado como un animal, el mismo dormía plácido a su lado, sus dientes… filosos como los de un lobo le llamaban la atención.

Acercó entonces su mano a su mejilla, la tocó y sintió cálido, ¿quién podría imaginar que ese hombre la salvaba de un destino peor? Quien la conociera no creería todo lo que estaba haciendo, ¿valía la pena tanto sufrimiento? ¿Acaso su hijo se convertiría en algo valioso?

Necesitaba un descanso, un espacio para pensar. Quitó su mano del rostro de Draven y se levantó, no iba a despertarlo, el noxiano tenía un sueño tan profundo que ni el terror más grave le sacaría del mismo. Sangre seca en sus manos , la mantenía pensativa, se movió más y se puso de pie, iba al baño a lavarse pero al hacerlo pensó mejor en salir, iba a tomar aire, tomar paciencia, tomar todo lo que pudiera porque su mundo se derrumbaba sin poder mantenerlo unido.

Lux camina por el bosque fuera del castillo, entre la bruma puede notar algunas aves, ramas moviéndose por la brisa de la mañana, el titilar de las gotas de lluvia sobre las hojas y finalmente…

- Madre…

Escuchó tras ella y no volteó, tan sólo movió su mano casi por instinto a su vientre, lo cubrió con su mano, quizás su retoño era del tamaño de una uva, tal vez… qué curioso pensar en ello cuando alguien, claramente, peligroso estaba con ella.

- Volviste –dijo cuidadosamente, estaba pensando en todos sus movimientos.

- Necesito que me ayudes con algo –fue hasta ella y le puso la mano en el hombro.

- Entiendo a lo que vienes –dijo Lux evitando la mirada el muchacho, iba a irse y quizá debía llevarse sus recuerdos con él.

- No te preocupes… los recuerdos de mi padre quedarán intactos y tampoco robaré los recuerdos que tienes de mí, tan sólo los bloquearé por un tiempo, hasta donde no vayan a afectar el curso de tu… partida. He pensado que sólo te hago mal y lo entiendo. Ahora… ayúdame por favor –arrastró su mano desde su hombro hasta su frente, le apartó algunos mechones enredados.

- ¿Cómo te ayudaré si todo lo que conozco de ti es destrucción? –preguntó ella.

- Tú no tienes que ayudarme con eso, nunca te pediría algo así. Yo sólo vine a 'cerrar' un círculo contigo, quiero pensar que estoy conforme con que me hayas amado.

No era tan cierto, le temía, desde el mismo momento en el que vio su poder lo hizo, ¿quién podría detener a esa bestia sin control?

- No sabes lo que he pasado –con su mano libre puso la muñequera nuevamente en su lugar, Lux ni si quiera resistió ello y sintió como un cálido ardor le recorría la cabeza e iba hasta su columna vertebral- tranquila, estos recuerdos están atados por nuestras emociones, un día me reconocerás porque vine de ti y no porque yo te lo diga y ese día… estos recuerdos serán tuyos de nuevo, madre…

Con todo borroso se vio ahí, nuevamente con sus preocupaciones, con sus deseos y aspiraciones, con su luto y con el frío en su cuerpo pero sentía un peso menos, como si… algo fuera a mejorar, como si su hermosa criatura hiciera que todo valiera la pena.

¿Cómo iba a imaginar todo el amor que le tenía? Suspiraba pensando en Darius, en aquella media sonrisa tímida con ceño fruncido y su felicidad encarnada en el alma. Iba a ser padre, iba a decirle eso pero sólo era su imaginación. Estaba sola en aquel bosque, bueno… no tan sola, pensaba al acariciar su vientre, mientras que a lo lejos aquel viajero del futuro solamente la observaba, podía notar que algo de la calidez que había apagado regresaba, Gray tenía razón en algo y era que quizás era mejor olvidar este asunto y dejar que siguiera su curso para así volver a su era.

La miró desde lejos por unos minutos más hasta que ella se fue, quizás fueron los momentos más agradables de su vida, quitarle el peso de su destino de sus hombros hizo que Lux pudiera tomar mejor todos los momentos de interminable desesperación y ahora era una mujer que buscaba la mejor manera de cuidar la criatura que había concebido con un pleno amor.

- Tenías razón –dijo Dante al notar la presencia de su compañero.

- Es la ley de todo viajero del tiempo. No ver el pasado como un cambio, no pisar el futuro del presente y no vivir el futuro en la memoria de los aún vivientes.

- No siempre te entiendo pero pude devolverle algo de paz con esto y encausando mi vida. Estoy harto del odio que he generado, por ella.

- Dante... cometí un error por cobardía –bajó la mirada.

- ¿Gray? –miró a su compañero, el mismo no podía esconder su curiosidad.

Dio algunos pasos en reversa y luego volteó completamente su cuerpo, quería ver algo más que la bruma pero era lo único que lo rodeaba al momento. Iba a decir más pero la voz no salía de su boca, la abría y nada.

- ¿Qué pasa? –preguntó nuevamente Dante.

- ¿Cuál es el principio de nuestro rol?

- Eh… -movió su cabeza algo confundido.

- No podemos morir –veía la nada.

- ¿Y?

- Karthus, ese… ser, me castigó.

- Pero te encuentras bien, ¿cómo hizo eso?

- Su castigo no es el mismo que le daría a un mortal, no puede llevarse mi alma porque cuento con el sello del tiempo, así que… vio mi muerte. Predijo que Luxanna Crownguard iba a ser quien me matara. Lo dijo tan en serio que empecé a temblar y mientras se distraía lo atrapé para hablar con nosotros –Dante apenas podía creer lo que le decía.

- ¿Cómo podría matarte? Ella no tiene ninguna razón.

- La muerte natural es la única forma de irme de este mundo por eso…

- ¡Por eso querías que siguiera su curso natural! –le gritaba el joven de cabellera castaña, lo impulsaba la sorpresa, la ira, el desdén por su cobardía.

No había manera de que alguien como ella hiciera algo así, ni si quiera motivada por la ira, Lux no era cualquier persona, ni si quiera Swain podía introducir oscuridad en su corazón, era fuerte en sus convicciones, no había dudado nunca de que la verdad absoluta estaba en la justicia, ¿entonces Gray era un villano?

¿Cómo podía una mujer con los días contados ser su perdición? Dante estaba confundido, Gray era su amigo pero Lux era… la mujer que más lo amó, usualmente hubiera acabado con sus problemas pero no podía tomar partido por ninguno, ¿o tal vez sí?

Son decisiones que llevan un increíble peso y dolor, quizás su madre era la única capaz de entenderlo ya que estaba a punto de entrar a la función.

Tan pronto llegó al castillo buscó a algunos sirvientes para hacer pedidos, necesitaba estar presentable para la cena que Draven estaba preparando. Un banquete, unos vestidos, unas joyas… ¡pero no las que le había regalado Darius! Esas las iba a guardar en una caja fuerte.

No iba a lastimar el recuerdo de su único amor, así que joyas, vestidos y algo de maquillaje harían el trabajo, la prepararían estéticamente para actuar un papel, iba a ser astuta, iba a adaptarse, no por nada era la mejor en lo que sea que fuera a hacer.

El noxiano de dientes afilados había abierto sus ojos, estirado sus brazos, al hacerlo no encontraba nada, estaba solo en una habitación oscura pero toda aquella calma pronto fue nada en comparación a la voz aguda de Lux, la misma le pedía que se levantara, no sabía bien porque lo único que escuchaba eran balbuceos en su mente.

- ¡Levántate y brilla! –le decía animada, la rubia descubrió la ventana dejando entrar toda la luz.

- ¡Uuuughhh! –gimió molesto- DÉJAME DORMIR –le gritó con poca autoridad pero la joven se subió a la calma de inmediato.

- No te voy a dejar dormir, debes estar listo –le pegó una palmada en la mejilla y lo obligó a mirarla.

Era todo un espectáculo, ya no tenía el pelo desordenado ni se veía agotada, estaba… animada, brillaba con todo su esplendor y tenía esas mejillas rosadas que jugaban con sus labios, los mismos encubiertos de un labial tan rojo como la sangre, peleando entre ser una dulce ama de un castillo a ser una sensual bailarina buscando conquistarlo.

Su cabellera destellaba en color, estaba lisa y caía por parte de su rostro, no lo cubría completamente porque lo más interesante era el maquillaje, lo estaba emocionando. Draven sintió por primera vez su ego saltar de un susto porque esa sensual demaciana estaba buscando bailar una pieza con el diablo.

Lux dejó de intentar despertarlo porque Draven tenía los ojos abiertos como platos, parecía que el verde de su mirada permanecía como la naturaleza en el bosque. La miraba convencido de su elección, iba a ser el esposo de esta bella mujer, no pensaba más en Quinn, Quinn era un Ibis(*) en comparación a este glorioso cisne.

- Me pondré tacones pero sólo para la cena –añadió ella sin sentir nada fuera de lo normal.

Salió entonces de la habitación, descalza y sin el menor apuro, ¿qué rayos había sido eso? Una estrella fugaz, pensó Draven con las pocas neuronas que procuraban estar alerta en este momento.

Pronto sintió algo más, el apretón de una erección.

- ¡Mierda! –se gritó a sí mismo con repudio.

Ni si quiera él podía evitarlo, ojalá supiera quién estaba trastornando su corazón, ojalá pudiera cambiar el momento en el que cambió su amor fraternal por deseos insólitos alojados en su interior sin permiso de nadie.

Sólo si fuera de esa manera sería capaz de luchar sin dejar que la espina inyectada de veneno se hundiera más en su ser, evitando así ser como todos esos grandes hombres corrompidos, destruidos por su avaricia, por su deseo, por su locura… incapaces de sembrar buenas costumbres, indiferentes al dolor, inmunes al valor de la verdad y justicia.

- "Ya cálmate" –se decía viendo su reflejo en el espejo.

No iba a perder más tiempo, estaba asustado de su reacción, el noxiano había corrido al baño para ocultarse, tenía miedo de que esa pequeña demaciana lo viera débil, él era su hermano, su amigo, su aliado, ¡tenía una maldita misión! Y la mujer de su hermano nunca había sido un objetivo porque… la respetaba.

- "…aba" –susurró y evitó mirarse, tenía asco.

De todo el mundo, de todas las cosas, de sus miles de errores ninguno lo había destruido tanto como este, al principio intentaba convencerse de que era una simple mujer, a cualquiera le hubiera excitado ver esa sensual dama arrimarse a su costado, luego pasó a la negación y antes de poder aceptar ese error cortó sus pensamientos. No iba a aceptar algo tan sucio, al menos NO con la esposa de su hermano, esto tenía que ser brujería, un truco.

- "Swain…"

Exacto, no era tonto, no como todos decían, podía ser simple y banal mas no iba a caer en ese adjetivo. Movió su cabeza en negativa mientras trataba de recordar y sí, es algo que había pasado, personas cayendo en sus más bajos instintos por el simple hecho de estar en contra de él o Noxus. Si no lo supiera, si no hubiera sido su aliado en tales barbaries jamás lo imaginaría, ¿pero por qué? ¿Cómo podían si quiera sospechar? Debía controlarse, era más fuerte que esto, no iba a ser otro más.

- Señor –escuchó la voz de la sirvienta tras su puerta- la señora Luxanna me pidió que le avisara que su desayuno está listo…

Iba a callar su propio cuerpo, no era tan inteligente como para pensar en algo más pero quizás…

- VEN AQUÍ –dijo con voz fuerte y jaló por la ropa a la sirvienta dentro de aquel baño.

La empujó contra la pared, la miró a los ojos, la joven estaba asustada, se movió para luchar y Draven tomando una navaja contra su cuello le advirtió sin decir nada.

Le bajó entonces la ropa interior y le levantó la falda, ya estaba en posición, su miembro erecto por razones que él consideraba inconcebibles se alegró de encontrar un rincón donde entrar en la entrepierna de una asustada muchacha.

- Tranquila –le susurró, abrió su boca y la besó con lengua pero no parecía disfrutar, ¿qué sucedía? Al alejar levemente su rostro del de ella tomó abundante saliva con su mano y la dirigió a su caliente miembro- no espero que te guste pero tampoco quiero que te ilusiones –sonrió pero no como solía hacerlo, sonrió porque acabaría con su espontánea necesidad.

Y la penetró, no era dulce, no era como quería, ni si quiera estaba gustándole a él, la muchacha lloraba más por su inocencia que por dolor. Quizás era la primera vez que no estaba disfrutando del dolor de alguien para su placer, ¿por qué? ¿Por qué estaba así de duro? Se preguntaba y borraba de su mente la imagen de Lux momentos atrás, ¡SWAIN NO IBA A TENER ÉXITO! No entraría en su cabeza, no ahora y… ya, sacó su miembro y eyaculó sobre el vientre de esa muchacha, al hacerlo se alejó mientras la joven se cubría el cuerpo llorando desconsolada.

Su erección pronto se fue, aún sostenía a su presa por los hombros, al darse cuenta la tiró al piso.

- Ya vete –dijo con desprecio- me das asco, deberías estar feliz de haber sido tocada por el alma de Noxus.

- Perdón, señor –se arrastró como pudo para levantarse y salir de allí cubriendo sus partes íntimas.

¿Cuánto había pasado desde la última mujer que tomó de esta manera? Uhmmm… había cambiado tanto desde que Vi entró a su vida pero… todo era como siempre, no sentía nada, ni miedo, ni pena, ni asco por sí mismo, ¿¡ENTONCES POR QUÉ MIERDA SENTÍA TANTAS COSAS LUEGO DE VER A LUX!?

¿No era una característica de un psicópata no sentir o comprender las emociones de otros? Era un criminal injusto, controlado por un bastardo que no merecía la gloria que Noxus le daba, no tocaba a las mujeres en su castillo por Darius, no lastimaba personas por Darius, no VIVÍA por Darius pero él estaba muerto, ¿quién lo podía increpar? ¿Quién podía hacer eso ahora?

Se sentó en el helado piso tomando su cabeza, Lux había sido capaz de hacerle sentir cosas, ¿vergüenza? ¿Qué era eso? Quizás lo que hizo que huyera al baño para esconderse, ¿Deseo? Lo que le despertaba al ver a Lux mover sus labios al son de las palabras.

Entonces cómo violar a una inocente muchacha le hacía sentir menos que si pisara un charco de lluvia, definitivamente estaba bajo el control de su propia oscuridad y se odiaba a sí mismo… se odiaba tanto que no era capaz de moverse, de seguir con su vida, de… respirar el mismo aire que esta mujer.

Iba a irse, iba a irse de ahí antes de cometer el error que su 'yo' con algo de cordura jamás cometería, mancillar a Lux, no iba a permitirle a la semilla de oscuridad en su corazón tomar su inocencia, borrar su respeto y violar cada rincón de aquella rubia que había prometido proteger, ni hoy… ni nunca.


Fin del Episodio 33