Capítulo 7: Luz de gas.

*Este capítulo puede tener técnicas macabras de manipulación que no deben romantizarse.

*Porque tiene la intención de ser un capítulo entretenido. Así que cuidado.

….

Tomioka se quería morir, pero solo porque sabía que Shinobu lo iba a matar.

Errores garrafales había cometido en su vida y luego estaba el llamar a Shinazugawa por su nombre y ninguno del que se arrepintiera tan profundamente.

Estaba sentado, solo, mientras todo el mundo se movía de aquí para allá ordenando. Veía a su novia conversar con Kanae, Kanao ayudando a colocar ensaladas, el Señor Kocho colocando las carnes, las verduras y sus dos concuñados no daban signos de vida. La cumpleañera se había negado a dejar que sus hijas y su esposo se hiciesen cargo mientras ella estaba sentada. Pero era el carácter tan trabajólico y servicial de su suegra.

Parecía ser testigo de una película, todos actuaban sin prestar atención a su presencia. Pero no tenía idea de dónde moverse o donde quedarse para permanecer escondido. En cualquier momento vería la figura de Shinazugawa y comenzaría a ponerse nervioso otra vez.

Necesitaba un milagro para salir de aquel problema. Había pensado en ponerse denso con el tema, espetarle que estaba siendo molesto o algo así para que el muchacho dejase de insistir, a riesgo de crear un ambiente muy incómodo por el resto de la noche. Pero había dos inconvenientes, principalmente:

Uno. Arruinar el cumpleaños de su suegra haría que Shinobu se molestase todavía más con él.

El segundo problema, era que no quería hacerlo.

Tomioka bajó la vista al plato de porcelana. ¿Cuándo fue la última vez que conversó con alguien de su edad y que no fuera por temas académicos en su facultad o simples charlas sobre las flores, el clima o el tráfico?

Hablaba de una conversación de verdad, que no se limitase a la cortesía, sino que respondiera al genuino interés. Podría ser de cualquier cosa…

Sabito se había ido hace mucho tiempo, y hasta entonces no se percató de lo solitario que era. Se sorprendía mirando, a veces con ojos envidiosos, los grupos de muchachos que en la lejanía se empujaban, molestaban o reían entre sí.

Era una perspectiva idílica y de algún modo, fantaseaba con la idea de ser parte de un grupo como aquel, que se presentaba como tan incondicional.

Pero era su propio carácter solemne y huraño el que no le permitía acercarse o ser así de familiar con las personas.

Y cuando le comentó que uno de sus concuñados tenía su edad, no pudo evitar ilusionarse un poco. No creía que fuese a conectar tanto con el novio de Kanao, pues la edad, la experiencia y los intereses serían muy diferentes, pero sí que pensaba que al menos podría llevarse bien con el novio de Kanae, a pesar de que Shinobu se quejara siempre de lo malo que era el hombre, de como nunca hacía nada bien y que, en general, no daba la talla para ser el enamorado de su hermana.

Tomioka tomaba con pinzas aquellos comentarios, pues si Shinobu tuviera en su poder las llaves del mundo, probablemente se las daría a su hermana mayor. Todo lo bueno y bello del mundo debía caer en las manos de Kanae.

Nada que Kanae poseyera debía de ser menos que perfecto y de sobresaliente. Y el novio no iba a ser una excepción.

Y ciertamente, el hombre no parecía cumplir con las expectativas de Shinobu. Por lo que Tomioka estaba dubitativo entre el carácter amargado y cruel que la chica describía, al de un simple muchacho un poco callado e introvertido y quizás despistado que a su novia podría parecerle insípido.

En todo caso, iba a ponerse de su lado, a pesar de que el interés por convertirlo en un potencial amigo no saliera de la cabeza de Giyuu.

Entonces se topó con Tanjiro, un conocido. Y después con Shinazugawa.

Tomioka frunció el ceño, casi imperceptiblemente.

Estaba un poco indignado de ser el único de los dos que recordaba que se conocían.

Pero Shinobu estaba agradecida, por supuesto. Tampoco es que ser reconocido por Shinazugawa fuera una buena noticia para Tomioka.

Alzó la vista hacia la pequeña dama.

Shinobu poseía una permanente y tensa sonrisa. De ella se desprendía su sarcasmo y el permanente cinismo tan arraigado a su carácter, producto de aquel complejo napoleónico que la pequeña soltaba en cada fibra de su ser.

Quizás Shinobu fuera pequeña. Pero era la más grande.

Pero Shinobu, aun después de la situación problemática en la que los metió, sonreía con soltura, naturalidad y gracia hacia su hermana mayor. Era expresión que destacaba cuando se ablandaba ante sus seres más queridos, con quienes no tenía que pretender que estaba feliz o que estaba colocando una coraza.

Tomioka adoraba verla relajada. En su entorno natural, lejos de todo lo que sentía podía amenazarla. Al menos, por ahora.

Porque Sanemi era una creciente amenaza.

Entonces Tomioka abrió la boca y lo que representaba el novio de Kanae dejó de ser simplemente personal: ahora también le concernía a él. Parecía ser el principal culpable de una potencial cena arruinada por todo lo que estaba en juego.

Sanemi no podía recordar quién era Tomioka, por el bien de su relación. Eso estaba prohibido.

Tomioka ladeó la cabeza con tristeza.

Ojalá las cosas pudiesen ser de otra manera…

...

Tomioka trataba con todas sus fuerzas de no mirar a Sanemi. Sanemi trataba de desviar la mirada de su suegro y Tanjiro sostenía una sonrisa nerviosa, mientras ayudaba a pasar los platos y las comidas a su novia sintiendo la mirada mortal de su suegro sobre él.

Las mujeres estaban ajenas a aquel combate silencioso. Se sonreían animadas y se reían de sus anécdotas. Kanae estaba feliz de que finalmente sus cuñados y su novio se conocieran, y que, por el momento todos se llevasen bien.

Kanao no había parado de sonreír desde que Sanemi había abrazado a Tanjiro, pues había interpretado que su cuñado había aprobado a su novio. Confiaba mucho en su cuñado, era como un hermano mayor para él.

La señora Kocho sentía una calidez en su corazón al ver cómo toda su familia estaba reunida con motivo de celebrarla. Veía a sus hijas felices y radiantes e interpretaba el silencio de los chicos como timidez. Se sonrió al pensar que quizás todas sus hijas se fijaban en el mismo tipo de hombre.

Shinobu estaba de las mil maravillas. Sonreía todo lo que su rostro podía dar porque ningún hombre había abierto la boca en todo lo que llevaban de cena. Se habían abstenido de continuar con la conversación, de preguntar acerca de la vida de Tomioka y Tanjiro, el factor más impredecible de todos, también se encontraba sumiso producto de la mirada incesante de su padre.

Tomioka la había cagado como pocas veces lo había hecho.

Momentos antes, se habían quedado solos en la cocina.

—¿¡Tomioka qué te sucede!?—rezongó la chica en un susurro—. ¿¡Por qué lo llamaste por su nombre!?

—Fue la sorpresa—Tomioka tenía un tono más sumiso y culpable en su voz—. De verdad no esperé que Shina-

—¡No digas nada más! Dijiste que no lo conocías…—Shinobu miró en diferentes direcciones—. ¿De dónde lo conoces?

—Podemos hablar de eso en otro momento, las paredes de tu casa son de papel. Si me escucha podría acordarse de quién soy… Hay que tratar de convencerlo que no me conoce…

—Claro. ¿Y Tanjiro? ¿Y si dice algo que no debe?

Tomioka abrió los ojos sorprendido. No había incluido al menor en la ecuación.

Shinobu se apretó el puente de la nariz con dos de sus dedos. Su mirada lo decía todo.

—¿Qué vas a hacer para resolver esto? —Shinobu lo miró alzando una ceja—.

Tomioka abrió la boca para decir su solución.

La conclusión fue que Shinobu se haría cargo de todo.

Pero había bastante poco que podía hacer, debido a que había muchas variables que se salían de su control.

Lo único que podría pedirle a Tomioka es que se mantuviera callado, que cuidara su lenguaje tan sarcástico y de sus comentarios breves y ásperos. Tenía que ser mínimo en sus expresiones, lo suficiente como parecer…

—Tienes que parecer aburrido—le dijo Shinobu—. De ese modo Shinazugawa no se fijará en ti. Y ni notará que existes.

Shinobu apretó los dientes al acordarse de la expresión del muchacho.

—¿Cómo? ¿Estás triste? —le preguntó la dama.

Tomioka no dijo nada.

Una vena en su mano se manifestó furiosamente, mientras bebía un poco de agua de su vaso.

¿Por qué se sentía triste por eso? Su expresión no cambió un ápice cuando le dijo que tenía que evitar que Tanjiro mencionara todo lo que los relacionaba. Ello implicaba tener conversaciones aburridas con el mocoso. ¡Y no puso ninguna cara con respecto a ello!

—Estarás agradecido, Tomioka. De verdad que Shinazugawa no te hable será lo mejor que el tipo podría regalarte jamás.

Y Tomioka no estaba convencido.

¿¡Por qué no estaba convencido!?

Entendería si se tratara de cualquier otra persona desagradable, pero se trataba de Shinazugawa. ¿Había sido parca en los detalles de por qué era un absoluto patán?

Shinobu no se lo explicaba.

Una vez cada plato estuvo en su sitio, una vez cada persona se colocó en su lugar y una vez hubo toda la familia en la mesa, todos los hombres de la casa se pusieron rígidos.

Erguidos, tiesos, como si estuvieran a puertas de ser condenados a muerte, salvo el señor Kocho, quien en la analogía sería el alcaide que llevaría a cabo la ejecución personalmente.

Shinazugawa se alegraba que la mirada de su suegro estuviera en el mocoso y no sobre él.

Su novia estaba sentada a su lado, ignorante de las mercenarias intenciones de su suegro y del ambiente incómodo que se había formado después de la charla. Podía notar esa misma aura de ingenuidad en su pequeña cuñada y en su suegra, y Shinobu, la actriz nominada al óscar, también sonreía y reía de los comentarios que hacía su novia o su suegra.

Sanemi alzó una ceja. Aquel semblante le parecía bastante convincente. A lo mejor Shinobu se olvidó del tema… Pero…

Sanemi observó al nuevo concuñado de reojo.

El semblante de Tomioka estaba caído, sus ojos entornados y sus labios hacia abajo. Estaba casi quedándose dormido. Tenía el descaro de parecer aburrido en la mesa. ¡En la casa de sus suegros!

Se pasó la mano por la frente, entre la molestia de estar en esa actitud en la mesa; la lástima, porque en cuanto lo viera su suegro iban a correr cabeza y el asombro porque para hacer eso en la mesa, en la casa de tus suegros y que éstos se apellidasen Kocho, y que te valiera tres hectáreas de mierda requería de una valentía no menor.

Sanemi abrió los ojos a todo lo que podía, decantándose por la sorpresa. "Cómo se pone los pantalones, señor, con esas pelotas tan grandes", pensó.

Sintió el roce de su novia sobre su nuca, e inmediatamente, como si tuviera alguna especie de radar de muestras de afecto, el señor Kocho fijó su mirada sobre él.

—¿Te encuentras bien? —Kanae tenía una expresión de profunda preocupación—. Te has vuelto pálido…

—Cierto, hombre, te veo un poco enfermo. ¿Algo de la mesa te cayó mal? —intervino el señor Kocho.

Sanemi comenzó a sudar frío. ¿Iba a ser él al primero que iba a atacar? ¡No era justo!

Tragó saliva en grueso, agarrándose de su coraje y del apoyo que sentía en el suave roce de su novia sobre él, entonces, su pecho se llenó de determinación.

—¡N-no, no! Todo está delicioso de verdad. La cena está buenísima, suegros. Estoy bien, Kanae, solo estoy un poco nervioso por las notas de mi universidad… Algunas no me las han entregado…

Era mentira. Mentira cochina, pero no había de otra.

—¿Qué hay de ti? —Sanemi se dirigió a Tomioka con una sonrisa que tambaleaba demasiado—. ¿No dijiste que estabas en la Universidad Estatal? ¿Ya te las entregaron?

La mirada del señor Kocho se desvió hacia Tomioka, y su expresión aburrida se deshizo en un instante, y tan rápido sintió los ojos púrpuras de su suegro sobre él lo petrificó.

Tanjiro estaba horrorizado desde su lugar. Sanemi había desviado la atención hacia Tomioka. "Lo ha matado. ¡Lo ha matado!", pensó Tanjiro.

"Voy a salir vivo de esta mesa, aun si tengo que sacrificar a media familia", pensó Sanemi. "Una lástima que tengas que ser tú, pero no hay de otra". Tanjiro iba a ser la reserva y su cuñada el último recurso para desviar la atención.

—A todo esto, aun no me has dicho tu nombre—sonrió con más seguridad, al ver cómo su pequeño plan había dado resultado.

Tomioka cometió el error de mirar al señor Kocho a los ojos, y Sanemi se mordió el labio, sintiéndose un poco mal.

"Fuiste un buen tipo, supongo".

Tomioka separó los labios.

—Tomioka Giyuu—respondió la dulce y tierna voz de su cuñada, mirando directamente a Sanemi—. Y creo que ya es un poco tarde para que sigas esperando algunas notas. ¿A estas alturas del año? ¿Seguro has revisado bien, Shinazugawa?

Sanemi se quedó rígido en su sitio. ¡Que tu novia te apoyara era el equivalente al apoyo aéreo!

—Sí… Este profesor se le conoce por demorar tanto en entregar notas.

—¿Y le dejan hacerlo? ¿Qué dicen las autoridades sobre eso? —Kanae irrumpió en la conversación.

Shinobu abrió los ojos y surcó sobre su boca una sonrisa maliciosa.

Sanemi apretó los dientes pensando en lo mucho que Kanae era una buena mujer. Y como eso podía ser contraproducente a veces.

—Es uno de esos profesores que son intocables porque son buenos investigadores…—se encogió de hombros—. Ya sabes cómo es…

—Lo lamento, mucho…—Kanae comenzó a acariciarle el pelo con cariño, casi como un consuelo—. Odio cuando pasa eso.

No es que no le gustase que su novia lo tocase, más bien lo contrario, pero siempre las muestras afecto en público, en familia y sobre todo con su suegro frente eran lo ponían especialmente nervioso.

—¿Pero crees que te fue bien? —preguntó el señor Kocho de manera tan predecible.

—Sí, creo que he aprobado todo...—contestó el muchacho—. ¿Y tú, Tomioka?

—Sí, ha aprobado todo. Con sobresaliente—volvió a contestar Shinobu—. Tomioka es muy inteligente.

Con ese tono lo único que faltaba decir era, "a diferencia de ti, cavernícola".

—¿Y qué estudias? Me dijiste que estudiabas en la Estatal ¿no? ¿Cuántos semestres llevas? —No iba a dejar que la chica le diera toda la atención a Sanemi.

—Tomioka estudia-

—Mi amor, perdona que te interrumpa—intervino el señor Kocho—. Sé que Tomioka es un poco tímido y callado, pero estoy seguro que puede responder solo.

Tanjiro se estaba comiendo las uñas y Sanemi cerró los ojos tratando de contener una sonrisa tan larga como su cara.

Discretamente, levantó un puño bien apretado como signo de victoria. "Qué grande es mi suegro", pensó.

Se contuvo ligeramente, viendo con agrado cómo Shinobu comenzaban a temblarle las manos. Y su mirada siempre tan sarcástica y serena se iba cayendo a pedazos. Estaba perdiendo la batalla por conservar su compostura.

¿Por qué no quería que Tomioka contestara? ¿Por qué era tan importante que no le contestara? ¿Tendría que ver con lo de antes?

Tanjiro observaba todo tan impotente. Quería ayudarlos. Shinobu olía a temor y Tomioka soltó un escalofrío de repente.

Estaban asustados por Shinazugawa… ¿Qué debía hacer? ¿Qué ocurriría si Shinazugawa descubría quién era Tomioka?

—Yo...

"¡Tengo que hacer algo, va decir algo estúpido!", el corazón de Shinobu bombeaba en sus oídos.

—¡Tomioka-! —saltó la pequeña mujer de manera tan patética y poco intimidante que nadie le prestó atención.

—Yo estudio Ingeniería Hidráulica—contestó Tomioka finalmente—. Pero… ¿Cómo sabes que estudiaba en la estatal?

Sanemi y Shinobu se petrificaron. Y un silencio se presentó en la sala. Aunque había miradas más curiosas que extrañadas. La madre, Kanae y Kanao observaban con curiosidad.

Shinobu se recuperó al instante y dudó ante la actitud de su novio. ¿Qué pretendía con esto?

—Me-me lo dijiste temprano. Cuando llegaste. ¿No recuerdas? —Sanemi alzó una ceja.

Tomioka frunció el ceño un poco extrañado.

—No hablamos cuando llegué. Pasé directamente a ver a mi suegra—se giró hacia la pequeña mujer—. Shinobu no me dejó acercarme.

Shinobu sonrió sintiéndose un poco tranquila. ¡Claro! ¡Eso es lo que había que hacer! Tuvo unas inconmensurables ganas de besarlo. Era una idea tonta, imposible y que dudaba que fuera a funcionar, pero si podía agarrarse a algo en ese momento, lo atesoraría con ganas.

—Pero si cuando entraste dijiste mi nombre…—apuntó Sanemi ladeando la cabeza.

Tomioka abrió los ojos, todavía más confuso.

—¿Y qué dije?

—Mi nombre —Sanemi empezaba a impacientarse.

—¿Y cuál es tu nombre? —preguntó Tomioka.

Shinazugawa sintió a algo parecido a un déjà vu. Le había preguntado eso en el mismo tono hacía rato. ¿Cierto? Porque lo había preguntado, ¿verdad?

Sanemi dudó un momento, pero volvió a ponerse firme en su situación de que aquel hombre lo conocía, pero quería ocultarlo con todas sus fuerzas. Había casi olvidado que su suegro estaba atento a la conversación.

Se detuvo un momento a pensar, y luego se giró a su novia.

—Kanae, ¿no quieres responder tú? —preguntó.

Y para sorpresa de todos en la mesa, la señora Kocho, así como el señor Kocho soltaron unas risas sinceras. La suegra de Sanemi se atrevió a reír con más vivacidad que su suegro, que pareció casi molestarse de que la broma le había hecho gracia.

Shinobu alargó su sonrisa, como si la broma le hubiese hecho gracia, pero su mirada se ensombreció.

Kanae lo miró tratando de contener la risa, haciendo un mohín, y frunciendo el ceño.

—No molestes a mi hermana—Kanae tiró suavemente de la mejilla del muchacho—. Preséntate ya.

—Sanemi Shinazugawa—dijo finalmente—. Pero eso ya lo sabías.

Tomioka frunció el ceño.

—¿Me lo dijiste antes?

—Sí…—Sanemi entornó los ojos—. Llegaste a la casa, te giraste para verme y dijiste "¡Shinazugawa!".

Shinobu alzó una ceja, un poco incrédula (aunque Sanemi pudo ver cómo le temblaba) y Tomioka entrecerró los ojos, como si tratase de recordar. Se cruzó de brazos y luego se agarró el mentón dubitativo.

—¿Seguro que fui yo? Porque yo entré y fui directo a ver a mi suegra. Además, Shinazugawa no me suena de nada… ¡Ah, ya recuerdo!

Shinobu se giró mirarlo con los ojos bien abiertos, mientras Sanemi y Kanae se inclinaban sobre la mesa con interés.

Tomioka conectó directamente a los ojos de Sanemi. Era una mirada desafiante, pero lo era por la inexpresividad. La absoluta carencia de temor o de cualquier otra emoción era lo que la hacía un poco molesta o quizás se sorprendió de que, por primera vez, en mucho tiempo, un desconocido se atreviera a mirarlo a la cara sin mover la cabeza con temor.

—Shinazuwaga sí que me suena. Ese apellido lo he escuchado en algún lado…

Sanemi palideció. Identificar su apellido nunca auguraba nada bueno, si era por algo ajeno a él y a hoy…

—Conocí a un oficial de policía en la mañana cuando estaba en el centro, cerca de la torre del Centro Comercial—se giró hacia Shinobu—. ¿No era ese un Shinazugawa? ¿O algo por el estilo?

Shinobu pareció buscar en el baúl de sus recuerdos, hasta que finalmente pareció advertir con una grata sorpresa a qué se refería su novio.

—¡El oficial de policía de la mañana! ¿El que detuvo a ese ladrón? ¡Es verdad! —dijo Shinobu con certeza—. ¡Sí se parece mucho a Shinazugawa!

—¿Por las cicatrices? —preguntó Kanao con interés. Había estado a toda la charla, pero hasta entonces no se atrevió a abrir la boca.

—¿Por el pelo blanco? —preguntó Kanae.

—¿Por lo feo? —preguntó Tanjiro con descaro y sin mala intención, con el mismo entusiasmo e interés que las chicas. La curiosidad lo estaba matando.

Sanemi le dio una sola mirada a Tanjiro, quien casualmente se sentó a su lado.

—¡Todo! —exclamó Shinobu como atrapada en el recuerdo.

—¿Y también se apellidaba Shinazugawa? —preguntó el padre—. A lo mejor es un pariente lejano. ¿No conoces a nadie como ese?

Era cierto que el albinismo era una condición que no era común en lo absoluto. Pero en su familia se sabía de por lo menos cuatro familiares. Un tatarabuelo (y el padre de ese tatarabuelo) de los que no quedaría ni el polvo de los huesos, él mismo y un sobrino, de un tío, de un primo de su padre. O al menos eso era lo que le había dicho su madre.

—La verdad es que sí… Mi mamá me mencionó alguno. Pero es muy lejano como para tener un parentesco real, y ni siquiera lo conozco.

Todos se le quedaron viendo, expectantes.

—¿Y qué esperas? —le preguntó su suegra con los ojos enormes y preciosos ojos rosados.

—¿Qué?

—¡Llámala y pregúntale, Shinazugawa! No me quiero quedar con la duda —Kanae lo tomó por el brazo y lo zamarreó suavemente—. ¡Es deseo de la cumpleañera!

—¡Por favor, Nemi! —rogó Kanao, con sus ojitos de cachorrito. ¿Había…? ¿Había rogado por algo?

—Ni modo…

Sanemi sacó su teléfono inmediatamente y marcó a su madre.

—¿Mamá? ¡Hola, mamá! ¿Sabes? Estoy en casa de Kanae, y nos surgió una duda. ¿Te acuerdas de ese primo nuestro que tenía el pelo blanco? ¿En qué trabaja?

Sanemi la puso en altavoz.

—¿Te refieres a Sanehiro? ¡Él es policía!

Toda la mesa ahogó un grito de asombro.

—¡Qué miedo! —soltó Kanao colocando las manos sobre su boca.

Sanemi agradeció profusamente y se despidió de su madre, luego colgó el teléfono.

—¡Shinazugawa no te acerques a policías si vas al centro! —le rogó Kanae un poco asustada—. ¡Podría ser tu doppelgänger!

—La tuya por si acaso…—Sanemi entrecerró los ojos en una nota dudosa.

—¡No, bobo! Cuenta la leyenda que, si te encuentras con una persona que tiene los exactos mismos rasgos físicos que tú, morirás.

Sanemi entrecerró un ojo con escepticismo.

—En todo caso…—continuó Giyuu—. Ese es el único Shinazugawa que conozco. Y al único que saludé hoy.

Esa era demasiada coincidencia. ¿Pero podía ser posible?

—¿Te olvidas de las cosas muy rápido o te pasa que piensas tanto una cosa y das por hecho que ya la has hecho? A veces pasa eso en situaciones de estrés…—sugirió Tomioka.

Sanemi a veces juraba haberle dicho a Genya que hiciera las cosas en la casa (porque esperar iniciativa de Genya para las tareas del hogar era esperar que crecieran duraznos de un palo de avellanas), cuando en realidad no lo había dicho. Genya podría ser muy lento para su gusto, pero era obediente y hacía lo que le mandaban, por lo que siempre creía a su hermano cuando le decía que en realidad no había dado tales órdenes.

O cuando sus amigos lo invitaban a beber y se le olvidaba qué bar, o cuándo o a veces no había juntas en lo absoluto y se encontraba parado como imbécil afuera de las cantinas, espantando a los clientes mientras esperaba a sus amigos en una esquina, refunfuñando y reclamando su impuntualidad.

A veces olvidaba los compromisos con Kanae, y tragos desagradables habían pasado debido a ello.

A veces ocurría lo contrario, que pensaba que le había dado un regalo, pero lo había guardado en lo profundo de su casa y nunca se lo había entregado.

Eran estados mentales que ocurrían en periodo de exámenes, cuando discutía con su familia o sus amigos. Momentos en que su cabeza estaba en otra parte; cuando el estrés se lo comía vivo, a él y a su salud física y mental. Y si de algo se había enterado desde que entró a la universidad es que se pueden acabar los exámenes, pero no el estrés…

A lo mejor…

—Te he visto un poco pálido hoy, Shinazugawa, ¿podría, quizás, haber sido eso? —preguntó la suegra, casi como si fuera hijo suyo—. ¿Has estado nervioso por algo?

—Ah…—Shinazugawa pensó inmediatamente en su suegro—. No, no, no…

Su suegra lo miró con sus suaves y sabios ojos rosas, y con una sola mirada bastó para decir.

—¿Es tu suegro portándose mal contigo otra vez?

—¿Y yo qué? —saltó el hombre con indignación, con absoluto descaro.

—¡No, no, no! —se apresuró a decir Sanemi—. ¡Es por las notas, se lo juro!

La mujer pasó su vista por sus otros dos yernos.

—¿A ustedes también les pasó?

Tanjiro se apresuró a negar con la cabeza, alzando las manos. Su rostro se torció de tal manera que su papada parecía que se iba a desencajar de su barbilla y colocó una mueca que trataba de ser una sonrisa (¿o quizás una expresión seria), y miró hacia el techo tratando de evitar la mirada de la mujer.

Ciertamente, el muchachito no podía mentir, aunque su vida le fuera en ello.

Tomioka tensó su cuello que se podían ver las venas sobresaliendo de su piel. Su mirada se había ensombrecido y su quijada se puso firme, tanto que le costaba tragar. Alzó la vista, evitando su mirada y negó enérgicamente con la cabeza.

—Cariño… No los intimides tanto, ¿no ves que después se asustan y empiezan a ver cosas?

—¡Pero yo no-! ¡Pero si él-!

El hombre trató de defenderse, pero la mujer frunció el ceño, enfurruñada.

Tomioka relajó su postura y sintió una calidez en su pecho tan grande que le enterneció. No lo habían defendido así desde el jardín de niños.

Y Tanjiro se sintió un poco mal de delatar a su suegro. A pesar de que sabía que su actitud era antojadiza.

Sanemi quería abrazar a su suegra. Agradeció a Dios que fuera su novia la que se parecía a la mamá.

—¿Te pasa muy seguido, Shinazuwaga? —preguntó la señora Kocho dulcemente.

—¿Qué cosa?

—Esto de creer que dijiste o hiciste cosas. ¡A veces también me pasa con algunos clientes! Me vuelo por ahí y no les entrego sus medicinas. Es cuando tengo muchas cosas en la cabeza…

—O sea… No siempre. Pero este no es el caso —replicó el muchacho. Su seguridad flaqueó considerablemente hasta que recordó un factor casi olvidado—. Además, yo no estaba solo…

Sanemi volteó para ver a Tanjiro.

—Tú también estabas ahí. Tú viste que lo saludé. Lo hice.

¿Cierto?

Shinobu y Tomioka contuvieron el aliento.

Takeo, el hermano menor de Tanjiro, estaba pasando por una etapa… complicada. Pero era común cuando se dejaba de ser un niño y se entraba a la adolescencia. Se había puesto un poco… Impetuoso, por decirlo de alguna manera.

Se estaba preocupando por quiénes eran sus amigos, sobre todo en una época en donde el entorno era absorbente y ejercía una fuerte influencia sobre él.

Estaba más susceptible, un poco irritable ante las órdenes de su madre y los favores de su hermano, volvía más cansado de lo normal, se encerraba en su cuarto que compartía con Shigeru, y a veces tenía ideas "ingeniosas" que rozaban la manipulación y maquiavelismo. Esto ponía a Tanjiro un poco nervioso. No sabría si adjudicárselo a la edad, al cambio hormonal o a sus amistades.

Pero, maldita sea, si tenía que agradecer a alguien en ese momento, definitivamente ese era su hermano Takeo.

Recordaba una cena en la que Takeo se reía de lo mal que mentían Tanjiro y Nezuko. Takeo tampoco es que fuera un estafador carismático cuando se trataba de engañar, pero definitivamente lo hacía mejor que sus hermanos mayores.

—A mí también me cuesta mentir—había dicho Takeo en aquella cena—. Es más fácil mentir mientras estás haciendo otra cosa. Limpiar, escribir, cocinar, leer, estar en tu teléfono, la gente interpreta tus desvaríos de nerviosismo como falta de atención.

Tanjiro comenzó a cortar la carne que le habían servido, justo cuando Sanemi preguntó. La verdad sea dicha, sentir los ojos de toda la mesa sobre él lo puso muy alterado. Su novia lo miraba con curiosidad y parecía animarle para que hablara.

Si decía la verdad, Tomioka y Shinobu…

No quería ni podía imaginárselo. Pero tenía que contestar.

El joven ya podía sentir como se le torcía la cara por su completa incapacidad de mentir. Pero las dudosamente sabias palabras de su hermano llegaron a su cabeza.

Tanjiro agarró un vaso de agua y dio un sorbo tan largo liberando un caudal de agua tan abundante en su boca con el que llenó sus mejillas.

Dejó el vaso sobre la mesa, pero mantuvo el agua dentro de sus mejillas. Se giró dramáticamente hacia Shinazugawa con el ceño fruncido y movió su cabeza hacia los lados enérgicamente, adicionalmente, levantó su dedo índice y lo agitó en señal negativa para ayudar a dar un mensaje que ya estaba más que claro.

Takeo tenía razón. No solo porque fue muchísimo más sencillo hacerlo, sino que también su cuerpo había priorizado el mantener el agua dentro de las mejillas que hacer su cara de mentiroso.

Pero dudó que fuera suficiente, pues el ceño de Shinazugawa se frunció con escepticismo. Tanjiro se sintió mal al instante, con las absolutas ganas de confesar. Ya dio todo por perdido, no quería que la mentira escalara más, pero no podía abandonar a Tomioka ni a Shinobu.

Tanjiro mantuvo su vista sobre el plato y comenzó a cortar carne, concentrándose en cortar el filete de tal manera que toda su atención se fuera y en ello. Entonces, decir las palabras saldrían como ensayadas.

—No lo saludaste.

Tres simples palabras que le hicieron casi atragantarse cuando acercó un trozo hacia su boca. Pero hasta para su propia sorpresa, salieron bastante convincentes.

¿Pero sería suficiente?

Sanemi lavaba los platos con una expresión de profunda introspección. Por supuesto, los platos quedaban relucientes cuando pasaban por sus manos, mientras tanto, su novia tarareaba una canción que llegaba a sus oídos como el sonido de estática de televisión sin señal.

Honestamente, quedar como un loco estresado que veía cosas frente a sus suegros lo había deprimido bastante.

Estaba seguro de que ello ocurrió. Pero todos los presentes estaban seguros de lo contrario.

Se avergonzó de sí mismo pensando que quizás había llegado a desdoblarse hasta el cuerpo de su primo Sanehiro durante la mañana y haberse presentado en esas circunstancias.

Pero las caricias en el brazo de su novia, la mirada maternal y preocupada de su suegra, los rostros seguros de sus contrapartes, la sentencia de Tanjiro y, por supuesto, la mirada escéptica y severa de su suegro que le hacía dudar hasta de que existía.

Kanae le tomó la temperatura varias veces y revisó la dilatación de sus pupilas. Incluso, propuso buscar entre sus cosas un toma-presión. Pero para Sanemi fue suficiente y continuaron la cena tranquilamente. Incluso el señor Kocho mantuvo una postura callada, pero no podía evitar pensar que la mirada del hombre se posaba sobre él más veces de lo normal.

A lo mejor también era parte de su imaginación.

El problema era vergonzoso, no porque pudiera tener una especie de alucinación breve e inofensiva de vez en cuando (que era un problema, ciertamente), sino porque fuera descubierta por él y los demás en un contexto familiar como aquel. No es que le molestase que supieran de su estado de salud, pero le hubiese encantado detectar el problema y la solución no con sus suegros presentes.

Suspiró. Se había ruborizado y durante la cena permaneció callado. Porque no podía evitar pensar que algo estaba mal. Y aquella sensación no había desaparecido. La duda no se había disipado, pero el bochorno lo paralizaba de pensar de otra manera.

Estaba en un estado mental estancado. Se sentía muy incómodo.

Su novia lo observaba de reojo de vez en cuando.

Kanae se sintió mal pues quizás fue demasiado paternalista con él y el tema.

Pero, a veces, no había modo de hacer que Shinazugawa Sanemi se relajara cinco minutos. Él aseguraba que nunca se sentía agobiado por el estrés, pero en tiempos cargados de agobio, Sanemi olvidaba cosas, se ponía enfermo y cansado y sus ojeras naturales crecían y se generaban bolsas bajo sus grandes ojos.

Ciertamente, el muchacho tenía que aprender a relajarse porque de otro modo ocurrían su salud se deterioraba, por mucho que él dijera no sentirse mal.

Estaba a su lado ayudando a secar los platos, y la mirada cabizbaja y pensativa de su novio le rompía el corazón.

—Bueno, ¿qué dices sobre la propuesta de Kanao? —preguntó como si nada la muchacha.

—¿Ah? —Sanemi no salió de sus pensamientos a tiempo.

—Lo que propuso Kanao. Salir a pasear a un sitio, para descansar de este semestre tan complicado. ¿Qué dices?

—Que sí, obvio—Sanemi le dio una sonrisa sincera. Luego, puso la mano sobre el hombro de Kanae y se inclinó sobre él en un gesto discreto—. Oye. ¿Qué pasa con ella? Ha estado más… "Conversadora" y "entusiasta".

—¡No lo sé! —Kanae abrió los ojos, incapaz de ocultar su emoción por completo—. Pero no hay que bajar el ritmo. ¡Debemos incentivarla! —Kanae hizo una pausa y miró la puerta un instante—. No sé qué es, pero puedo imaginarme…—alargó una sonrisa cómplice a Sanemi.

—No inventes…—Sanemi ya se veía venir esto—. ¿El noviecito?

—¡Vamos, Shinazugawa! —Kanae alzó un poco más la voz, pero seguía en clave secreta—. El terapeuta dijo que hacer experiencias y conocer gente le ayudaría.

—En la medida que sean buenas experiencias…—corrigió el muchacho—. De otro modo no creo que le den ganas de moverse de donde está o hacerlo de nuevo.

—¡Claro! Como cualquiera si tienes una experiencia traumática. Con Tanjiro no creo que pase eso.

Sanemi arrugó la nariz.

—Tienen recién quince años y es el primer novio, Kanae. No bajes la guardia, por favor.

—¡Si subo la guardia se va a notar! Y lo voy a arruinar todo…—dijo ella en tono de súplica—. Por eso, pensé que quizás...

Kanae agarró a Sanemi de la camisa y la jaló hacia la derecha y luego hacia la izquierda con suavidad, en un vaivén acorde al que hacía su cuerpo.

—Que quien podría tener la guardia arriba fueras tú, ya que te veo con iniciativa—agregó la muchacha en un tono meloso—. ¿Qué dices?

Sanemi rodó los ojos, haciéndose de rogar. Y ante el gesto, su novia comenzó a jalarlo con un poco más de fuerza haciendo un puchero de lo más adorable. Sanemi se mordió la parte interior de su mejilla. Y no pudo contenerse.

Ensimismado, Sanemi se acercó y le dio un beso en los labios a la chica. Fue corto como de costumbre, pero hicieron presión suficiente para hacer retroceder su cabeza ante el contacto.

Sanemi no se separó mucho una vez se lo dio.

—Claro que lo haré… Nos aseguraremos que el mocoso se porte bien.

Kanae sintió cómo se aligeraron sus piernas y cabeza. Casi olvidaba lo que e preocupaba. Por supuesto, estaban solos, pero eso explicaba la mitad.

—Qué bien…—musitó ella todavía embriagada de júbilo—.

Sintió el pomo de la puerta al abrirse y Sanemi volvió a su normal postura rígida y tensa. Se encomendó con ahínco a su labor que todavía no acababa.

—Kanae, Tomioka y yo ya nos vamos…—Shinobu se asomó dulcemente por la puerta con una sonrisa más que encantadora—. Quería despedirme…

—¿Tienen que irse tan pronto? —contestó la chica empezando a acelerar el proceso de secado.

—Sí… Tsutako tiene turno de noche en el hospital, y a Tomioka no le gusta dejar el departamento solo…

—Ah… Ni modo —Kanae se encogió de hombros con algo de tristeza—. ¡Nos vemos, cuídense cuando vayan por la calle!

—¡Siempre! —Shinobu hizo un signo de paz a su hermana desde la puerta y después dirigió su mirada a Sanemi—. Nos vemos, Shinazugawa. ¡Relájate un poco! ¿De acuerdo?

La chica cerró la puerta tras de sí.

Sanemi ni se giró a verla. Sintió que el pecho comenzaba a retumbar nerviosamente y una desagradable sensación de calor subía hasta sus orejas. Quería hacerse invisible para que nadie notara que existía y que todo el mundo olvidara su desliz. Sentía que la tráquea se cerraba en su garganta y tiritaba de lo nervioso.

—Ya terminé…—dijo el muchacho apenas—. Es hora de irme.

—Vayan rápido y no se desvíen. ¡Y tú, papá, vuelve cuanto antes! ¿De acuerdo? —Kanae estaba dando órdenes desde la puerta con mucha preocupación.

El señor Kocho y Sanemi esperaban a Tanjiro desde la calle. Se suponía que el hombre los escoltaría hasta el metro y la parada de autobús a aquellas horas de la noche.

Sanemi estaba un poco confundido. Se giró a su suegro.

—¿Para qué va acompañarme?

El señor Kocho pestañeó lentamente.

—Para que no les pase nada durante el trayecto—contestó el hombre mirando a un punto entre el muro y Shinazugawa.

Sanemi frunció el ceño.

—¿Que "no me pase nada"?

—Sí—contestó el hombre sin inmutarse.

—¿A mí? —Sanemi hizo un énfasis apuntando a su propia cara.

—Digamos que…—habló el señor Kocho cuidadosamente—. Mi esposa y mi hija estimaron pertinente que yo te acompañara hasta la estación de metro. Pues piensan que les podría pasar algo.

—Aaaahhh…—Sanemi soltó una exclamación de entendimiento—. Ya, ya...

—Sí—volvió a contestar el hombre sin cambiar de expresión.

Desde la puerta el señor Kocho pudo ver cómo Tanjiro finalmente terminaba de arreglarse y se despedía de su esposa, de su hija mayor y de Kanao.

Kanao tomó el rostro de Tanjiro con ambas manos y le dio un pequeño y tierno beso en el sector de su mejilla, justo al lado de su nariz.

—Cuídate—dijo Kanao.

—Lo haré—Tanjiro sonrió tan genuina y tan largamente como no había sonreído en toda la velada.

Bajó los escalones hasta la puerta y se reunió con los dos hombres.

—¿Vamos?

Sanemi y el señor Kocho ignoraron a Tanjiro y empezaron a la marcha en silencio en dirección a la parada de autobuses. El destino más cercano.

El trayecto fue silencioso e incómodo para Tanjiro, pero para Sanemi fue un verdadero alivio no tener las ganas ni sentirse obligado a iniciar una conversación debido a su estado de ánimo. Era ignorante de cómo a veces el señor Kocho le daba furtivas miradas de soslayo, y parecía ser a quien más atención colocaba de sus yernos.

Sanemi tenía la mirada perdida y se martirizaba pensando en cómo todos se tomaron con gracia que se hubiera inventado su propia presentación de lo nervioso que estaba.

Quería pensar que en la mesa nadie se lo tomó muy en serio su situación. Quería pensar que era como esas caídas en público: que al único que le importaba realmente que se hubiese caído en público, era la misma persona que se había desplomado.

Pero su novia, su suegra y su cuñada favorita estaban realmente preocupadas por su situación y no le dejaron duda de ello.

Tanjiro miraba la expresión dolorosa en el rostro de Shinazugawa. A pesar de que la penumbra los rodeaba abundantemente, era capaz de ver lo mal que se sentía el muchacho. Quedó como mentiroso frente a su novia y sus suegros.

Y Tanjiro se sentía muy mal.

Le dolía el estómago como si quisiera vomitar y sentía que si volvía a mirar al muchacho se iba a largar a llorar.

Era desesperante la facilidad del cómo era capaz de sentir lástima por personas que ni siquiera le agradaban. ¿Por qué no podía ser como Zenitsu a veces y alegrarse por la desgracia ajena? No pedía sentir esas cosas siempre… Solo con personas como Shinazugawa. ¿Cómo Kaigaku, quizás?

Los pasos continuaron y finalmente llegaron a la parada. Justo estaba saliendo el autobús que llevaría a Tanjiro a su casa, por lo que debía de darse prisa.

—¡Muchas gracias por acompañarme, señor Kocho! —Tanjiro le dio solemnemente la mano.

—Sí. Cuídate, chico —el hombre aceptó el apretón y lo estrechó con fuerza, aunque su rostro no era tan enérgico.

Tanjiro se giró a Shinazugawa. Lo vio con la mirada perdida y pálidamente enfermo.

Se le hizo un nudo en el corazón y en la garganta, tan pesados que apenas si pudo contener lo que hizo.

Dio un paso y le dio un abrazo a Shinazugawa que de aturdido no pudo mover un músculo para defenderse. Pero sí que pudo notar el cuidado que puso Tanjiro en no tocar el moratón que él mismo le había provocado semanas atrás.

Tanjiro alzó la cabeza para mirarlo y le dio una sonrisa muy incómoda y culpable.

—Adiós. La pasé muy bien…—y carraspeó un "lo siento" que a Shinazugawa se le hizo inentendible—.

Luego se alejó corriendo para subirse al bus y perderse de vista para ambos.

Los dos hombres se quedaron extrañados ante el gesto de Tanjiro. Porque los dos habían jurado que Tanjiro sentía una animadversión hacia Shinazugawa, pero comenzaron a dudar a partir de ese momento.

¿Se había compadecido de él por lo del incidente de la memoria?

A lo mejor Genya tenía razón. A lo mejor lo había juzgado incorrectamente y sí era un chico del que Kanao podría sentirse orgullosa. A lo mejor… A lo mejor había sido muy duro con él.

Siguieron su camino hasta la estación de metro. No quedaba tan lejos de la parada, por lo que el trayecto no duraría mucho más.

Sanemi suspiró. Ahora sintiéndose muy melancólico y culpable. Llegaría a casa y le diría a Genya que tenía razón y hasta pensaría en una disculpa para Tanjiro.

—Oye, Shinazugawa…—habló repentinamente el señor Kocho—. Hay algo que no me quedó muy claro de la conversación.

—¿De qué cosa habla? —preguntó Shinazugawa más lento de lo normal—.

—Al final, ¿de dónde te conoce Tomioka? —el hombre se giró para verlo a los ojos—.

El pecho de Shinazugawa comenzó a desestabilizarse de inmediato comenzó a latirle el corazón de la vergüenza. ¿Estaba burlándose de él?

Sanemi solo se quedó en silencio.

—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato?

—Creo que quedó clarísimo que no me conoce…—se obligó a contestar.

El señor Kocho soltó una carcajada que enfermó a Sanemi.

—Sí, claro… No sé por qué llevaron esta broma tan lejos, pero fue hilarante.

Sanemi se detuvo en seco y la sensación de vergüenza se estaba disipando de a poco. Se autorizó a mirar a su suegro casi demandando respuestas.

—¿A qué se refiere?

—De lo que dijo Tomioka y mi hija. De que no te conocía.

El chico se quedó de piedra. Sintió le pecho enfriarse, casi como el aire y el viento antes de la tormenta.

—No creo que esté entendiendo lo que dice, suegro —replicó Sanemi agudamente apretando un poco los dientes.

—¿No te dijeron? —el señor Kocho negó con la cabeza—. Si hasta a mi hija se le olvidan las bromas que hace.

Sanemi alargó una sonrisa tensa. Estaba empezando a impacientarse.

—Tomioka y Shinobu llegaron a casa conmigo.

—No me diga—Sanemi habló tan rápido que no alcanzó a sentirse su intervención como una interrupción.

—Y no alcancé a quitarme los zapatos cuando Tanjiro lo abrazó, igual como te abrazó a ti antes—recordó el señor Kocho—. Luego se giró a un sitio y gritó: "¡Shinazugawa!".

Vaya, vaya…

—Luego dijiste: "¿Te conozco?".

Así que había sucedido tal cuál como él recordaba.

—Después de eso no sé qué pasó, porque tuve que ir a cambiarme—el señor Kocho se cruzó de brazos—. La verdad es que estuve toda la cena tratando de aguantarme las ganas de reír.

—Qué hilarante…

Sanemi habló con una voz profunda y extraña.

Su rostro se había deformado de lo fuerte que tenía apretado los dientes y las manos. De su cuello y cien se alzaban venas tensas y preocupantes. Pero en su cara surcaba la sonrisa más larga y más terrible que no había puesto en años.

Luego soltó una carcajada maquiavélica que hizo saltar al señor Kocho.

La risa natural de Sanemi tenía una carga de maldad pura que daba escalofríos a hombres, mujeres, niños y ancianos a un kilómetro a la redonda.

Varios pájaros alzaron vuelo escandalizados y se escuchó lo que parecía ser una jauría de perros ladrando histéricamente a la distancia.

Sanemi estaba furioso, por supuesto. Pero para su suegro nunca tendría mal genio.

Sanemi no alzaría la voz frente a su suegro ni frente a nadie.

—Suegro…—llamó Sanemi con una voz tranquila, casi dulce—. ¿Quién es Tomioka?

Dieron por terminada la charla.

Le dio la mano al hombre con una seguridad que el señor Kocho no vio nunca en él, ni en los casi tres años de conocerlo.

Fue un buen y agradable apretón de manos. Y, a pesar del susto, el señor Kocho quedó más extrañado que otra cosa.

Vio al chico alejarse con prisa, como si a aquellas horas de la noche hubiera hora punta.

Sanemi pisaba el pavimento con fuerza como si quisiera despertar al diablo. Se adentró a las profundidades del metro y un momento después, estaba ya en un vagón. Había como tres personas además de él en aquel solitario transporte.

Y dos de ellas estaban usando audífonos y aunque no lo estuvieran, le hubiese importado un comino de todas maneras.

Tomó su teléfono celular, y marcó a un número de su lista de contactos.

El teléfono marcó uno, dos, tres veces. Y alguien contestó.

—¿Hola?

Sanemi inspiró con fuerza.

—¡HAY QUE TOMAAAAAAR! —gritó al teléfono, llevándose las miradas asustadas de los otros pasajeros.

—¡BIEEEEEEEEEEEN! —chilló Uzui con ímpetu al otro lado de la línea—. ¡Para estas mierdas me gusta que me llamen! ¿¡Para que me feliciten por mi cumpleaños!? ¡Váyanse a la mierda! ¿En tu casa o en la mía?

—En la tuya, obvio—Sanemi se examinó las uñas con una sonrisa sagaz.

—¿A quiénes vamos a invitar?

A pesar de llevar casi cuatro años de noviazgo, Tomioka parecía ser un misterio incluso para su suegro.

Sabía tan pocas cosas que hasta el propio señor Kocho se ruborizó al respecto. Nada relevante pudo sacar de eso.

El lugar donde vivía estaba muy lejos del lugar en donde vivía Shinazugawa así que había pocas probabilidades de ser compañeros de clase.

Y se confirmó todavía más cuando le dijo que tenía veintiún años.

Dónde y qué estudiaba era algo que sabía.

Qué le gustaba o de qué se reía, eran cosas que eran absolutamente desconocidas para el señor Kocho.

Lo único que sabía sobre sus intereses y hobbies era que había practicado kendo desde que tenía como cinco años, que era un verdadero prodigio en el deporte en cuestión y que hasta hacía cuatro meses había sido campeón nacional de kendo y que era la única vez que lo había visto triste y a punto de llorar.

Sanemi sonrió al teléfono.

—A todos —murmuró con malicia.

Sanemi no sabía una mierda de kendo. Pero sí que conocía al actual campeón nacional de kendo, que había sido coronado hacía cuatro meses.

...

Luz de gas/Gaslighting: Es una técnica de manipulación, generalmente usada en contextos de pareja, en la que la pareja dominante se aprovecha de la incondicional confianza que la víctima siente hacia él, de su inseguridad, salud mental deficiente, o bien, valiéndose de recursos materiales para hacerle creer a la víctima que una discusión, una pelea, un golpe o una situación en particular no tuvo lugar, o que, muy por el contrario, ocurrió o bien que ciertas palabras dichas por el abusador fueron en realidad esgrimidas por la víctima.

En resumen, hacer creer a una persona que está teniendo alucinaciones o que está loca para manipularla. Por eso, si sienten que están siendo víctimas de esto, se recomienda encarecidamente grabar o escribir luego de las discusiones. Marcarse en partes del cuerpo específicas con lápices de colores sirve también, si esta persona tiende a revisar el teléfono.

¡Esto es todo por hoy! ¡Ojalá hayan pasado felices fiestas o que hayan sobrevivido a ellas!

Dije que demoraría menos, pero las cosas se salieron un poco de control. Y nada qué hacer, pues.

¡Se acabó la universidad y sí que esta vez prometo tener capítulos más seguidos!

Coméntenme qué les pareció.