Hola a todos, espero que tengan una buena semana, supongo que el próximo episodio tendrá que esperar porque realmente quiero tener las cosas claras, ya publicaré algo en mi página de Facebook para los que quieran tener un adelanto. Siento que hay muchas cosas que los van a perturbar :'v como a mí. Creo que eso sería todo, un saludo y gracias por sus visitas, sus likes, su apoyo, etc :3


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 34 – Salvarla o Condenarla


- ¿Cómo se encuentra? –preguntó Garen, iba tras la camilla que llevaba a Darius.

¡Salieron! Ese túnel no significa nada ahora, no era más una cárcel, era libre… el noxiano abrió levemente sus ojos para mirar el cielo, era azul, ¿quién iba a imaginarse que un hombre como él se detendría a contemplar la naturaleza a causa de una fatalidad? Estaba envejeciendo a una velocidad que no creía.

- Estaré bien, sólo denme algo de tiempo –pidió con un ademán de su mano detener la camilla.

No era débil, sus soldados necesitaban de alguien fuerte, aún tenía las heridas curándose pero al menos gracias a la magia estaban cerradas. Se puso de pie con la ayuda de un par de muchachas, las magas apenas sostenían aquella mole hecha hombre, el mismo decidió prescindir de sus pequeños cuerpos para estar de pie y dio un par de pasos.

- ¿Lo ves? –dijo orgulloso de sí mismo y caminó un poco más hasta que su costado adolorido le pasó factura.

El valiente guerrero demaciano se puso a su lado, como si no hiciera nada, lo apoyaba pero le daba suficiente dignidad para mantenerse ahí, fuerte y sin miedo.

- No lo hagas –dijo más suave Darius.

- Eres de mi familia, permite que vea a mi hermana, ¿me llevarías a Noxus? –preguntó apoyando a Darius hasta que nuevamente se puso de pie para caminar.

Lo sabía. Darius ocultó una diminuta sonrisa que tenía guardada en su alma, Garen lo estaba ayudando a no caer, era raro contar con alguien además de su hermano, quizás había vivido mucho tiempo cegado por la idea… no simplemente estaba abriendo su corazón a otros, estaba cambiando su visión del mundo.

Deslizaba su mirada a través de ese campo lleno de heridos, demacianos y noxianos ayudándose unos a otros cual si fueran iguales. Centurias habían pasado desde la última vez que un noxiano le daba la mano a otro guerrero que no fuera de su nación, quizás su amor por Lux lo había cambiado por dentro tanto que podía ver una nueva era nacer ante su sorpresa.

Por otra parte, Lux caía presa de esta ilusión, una que le mostraba que estaba rodeada de traidores, que su amado se había ido y que su única razón de vivir era el producto de su amor pero su mayor ilusión era verse a sí misma como una mujer cegada por el brillo de un bribón.

Ahí estaban en medio de una fiesta sin saber lo que venía…

- Claro, Dr. Jenze –Draven hablaba con otro hombre, lucía… serio, era extraño.

- Su hermano siempre procuró dejarme traer mi mercancía aunque traía un poco más de otras cosas –le enseñó una bolsa llena de una sustancia color naranja- es bueno tratar con alguien de mente abierta como usted.

- No se preocupe más de ello, traiga todo lo que quiera –le animó quitándole la bolsa para abrirla y olisquear el producto- es maravillosa.

La música sonaba, las mujeres desfilaban en aquel salón mientras Lux se deslizaba sin ánimo de llamar la atención con una copa llena, veía de reojo al noxiano, el mismo no la perdía en su radar, quizás la hacía imaginarse que la estaba ignorando pero no era así, estaba más atento que nunca.

- Quisiera saber si contaré con su apoyo ahora que mi pobre hermano no está entre nosotros –sonrió fingiendo una sonrisa y se llenó la boca con mucha bebida.

Pronto al otro lado del salón otro noble le llamaba, a lo mismo Draven se despidió con una reverencia algo fingida y fue al encuentro de este otro potencial aliado, parecía misterioso, pero sólo era su proveedor de 'mujeres'.

- Quería confirmarle que tengo un par de muñequitas esperándolo, sólo necesito que me diga dónde dejarlas –añadió aquel pérfido traficante de ojos pequeños y nariz ancha.

- ¿Muñequitas? –preguntó Draven sin entender por un segundo pero luego lo supo.

Siendo un traficante de mujeres debía saber que siempre le traían las más hermosas para ser probadas al ejecutador de Noxus y aunque sonrió ampliamente se vio opacado por otra sentimiento y buscó con sus ojos al instante a la rubia que tanto lo atormentaba.

- Guárdelas para después, hoy… -levantó su enorme vaso de cerveza, rebozaba- VOY A CELEBRAR MI COMPROMISO CON ESTA BELLA MUJER –llamó a Lux y la misma vino de puntas hacia él.

¿Quién iba a imaginar que tantos años fingiendo sonrisas en eventos sociales en demacia darían sus frutos? La joven lucía excepcional y se acoplaba al abrazo del noxiano, el cual acercaba su rostro al oído de la joven en medio de tantas personas, la música bajaba de tono mientras aquellos morbosos ojos los observaban.

- Dame un beso -susurró Draven pero Lux se negó casi sin mover la boca con un rotundo "no".

Y ante la espera de aquella audiencia curiosa y expectante, el noxiano le dio un amplio beso en la mejilla, era tan intenso que Lux cerró los ojos, la experiencia le asustó, si no fuera porque ambos fingían hubiera dado un salto en el aire.

Todos los presentes aplaudieron, Draven tenía las manos en alto con Lux a su lado riendo alocadamente quitándole la copa que por tanto había sostenido la joven para fingir su estado. Tomó el contenido de un tirón y eso la hizo participar con una inevitable risilla, Draven casi se ahoga para evitar que ella tomase el contenido de aquella bebida.

- Gracias –dijo Lux acercándose a él en medio de aquel tonto frenesí haciendo que agachara la mirada.

En ese momento pensó que podrían ser felices, no en medio de corruptos, mentirosos y prostitutas pero ambos compartirían la soledad de no tener a un ser amado entre ellos. Draven iba a aceptar que su hermano no estaba más y gozar de la libertad mientras Lux, mientras ella sólo pensaba en el presente.

La fiesta iba de bien a mejor, la rubia estaba tan sorprendida de que Draven fuera capaz de aguantar tanto cuando ella estaba casi cerrando los ojos de sueño, lo bueno era que algunos de aquellos salvajes se retiraban con mujeres o algo subidos por las drogas que circularon entre los invitados.

- ¿Quieres irte? –preguntó él a la ya distraída demaciana.

- Sí, claro, me cansé de hablar con tanta gente.

- Vámonos con estilo.

- ¿Cómo? –preguntó curiosa.

La levantó entre sus brazos y enseñando los dientes coquetamente, como si sonriera se abrió paso entre toda la gente, esperaba no resbalar ni soltar a la rubia, la quería llevar a su cuarto celebrando, él también tenía un subidón por las drogas que pasaron por su mano además de la bebida. No iba a dejar de celebrar su unión con Lux frente a todos esos testigos, eran unos depravados pero al final eran las personas que convencerían a gran parte de Noxus que ellos eran una pareja.

El pasillo largo y vacío les dio para pensar y hablar entre más se aproximaban a la habitación que los esperaba.

- Creo que los convencimos a todos –dijo Lux esbozando una sonrisa de satisfacción- sirvió de algo usar esta tortura –añadió refiriéndose a sus zapatos, los cuales dejó caer tan pronto pudo.

- Se comieron entero el cuento.

Al llegar hasta su destino, Draven acercó su mano a la manija como pudo, aun sosteniendo a Lux, y la abrió, los recibió la oscuridad. Caminó lentamente hasta la cama y la soltó ahí, la rubia rebotó y se quedó acostada, el noxiano la miró detenidamente con sólo la luz del ventanal reflejándose en su delicado rostro, parecía estar en calma.

- ¿Piensas en mi hermano? –preguntó sin dejar que ella pudiera evadir la respuesta.

- Todos los días.

Y la conversación terminó inmediatamente. No iba a decir algo que pudiera empañar aquellas palabras, deslizaba sus ojos por cada parte descubierta de esta mujer y suspiraba sin que lo escuchara, fue cuando tocó la realidad y agitó su cabeza, se había mareado, se sentó en el piso y apoyó su espalda a la cama tratando de cerrar sus ojos y dormir, mañana sería otro día, uno igual de pesado que los otros.

No tenía miedo de lo que sucediera en el futuro, ya le habían quitado demasiado, la rubia mantenía su mente ocupada, quizás olvidar no era su fuerte, durante su vida había sido muy obsesiva con muchos asuntos, le intrigaba la magia y aprendió mucho de ello, le intrigaba su nación y prácticamente se convirtió en un ícono de la misma, era grandiosa en todo lo que emprendía pero quién iba a verla ahí… en medio de Noxus, con aquel corazón roto que no paraba de sangrar.

No imaginaba, ni si quiera un poco que la realidad chocaría con sus deseos tan pronto tuviera una oportunidad.

Por otra parte el guerrero gigante que por marido había tomado se encaminaba hacia su país de origen con el único propósito de devolverle su amor y de componer lo que estuviera perdido… o lo que pudiera recuperar.

- ¿Iremos en un carruaje? –preguntó Darius.

- Claro, no pensabas caminar en tu estado hasta Noxus, ¿verdad? –contestó su contraparte demaciana subiendo al gran armatoste.

- Un transporte moderno, de aquellos que usan siempre estaría mejor. Pensaba que tenían una mejor relación con Piltover –lucía molesto.

- Mira –salió del carruaje y se acercó lo suficiente a Darius para susurrarle- es lo único que pude encontrar para que "mi" Rey no supiera que estaba transportándote vivo.

- ¿Vivo? ¿¡Qué tonterías dices!? –preguntó algo sorprendido.

- Nadie sabe que sigues vivo, por lo que sé hay una revuelta interna en Noxus y Jarvan ordenó cerrar las fronteras, ni si quiera deberían haberte atendido en nuestro campamento, te traje a riesgo de ser acusado de traición –admitió, estaba jugándose la cabeza en este asunto.

Si le quedaba algo de dudas, esto disipó todo sentimiento que lo estuviera deteniendo, iba a confiar en Garen, después de todo su rectitud era admirable. No iba a decirle nada de lo que pensaba pero parecía que la sensación de ser aceptado lo llenaba gratamente.

- ¿Vas a subir? –preguntó Garen alejándose.

- Sí, sí –contestó fastidiado y sin dejarse notar el dolor subió los peldaños hasta estar dentro.

Acomodó su corpulento cuerpo para estar incómodo, no encontraba una posición en la que no le doliera todo, sentía que era un viejo, ¿cómo controlar esta situación?

- ¿Cuánto tiempo tardaremos? –preguntó.

- Si no cruzamos los puntos de guardia demacianos, 1 semana.

- ¿¡QUÉ!? –gritó dando levantándose un poco de su asiento en dirección a Garen, quería amenazarlo con su cuerpo- ¿ESTÁS JUGANDO?

- No –respondió el castaño, no iba a mentirle- pero es poco comparado a que no vuelvas jamás. Debemos evadir los puntos de guardia, si alguien en Demacia sabe que estás vivo no podré defenderte ni llevarte con mi hermana.

- ESTÁS LOCO, ESTO ES… ESTÚPIDO –con su puño golpeó una de las delgadas paredes, haciendo retumbar todo el transporte- ME NECESITA Y LO ÚNICO QUE PUEDES HACER ES DARME 7 DÍAS PARA LLEGAR.

- Subestimas a mi hermana, ella es fuerte, sabrá sobrevivir sin ti por unos días –curiosamente Garen confiaba en su hermana.

- No lo entiendes, mi hermano la devolverá a Demacia, a tu rey loco y él no la dejará irse, no me permitirán verla jamás y por lo que sé, a tu familia tampoco –acusó perturbado y se dejó caer, le dolía demasiado, no iba a curarse bien si seguía así.

Era lo único que podía hacer, el castaño no tenía tantos privilegios como se creía, ¿cómo iba a burlar a guardias demacianos con sólo su encanto?, apenas podía consigo mismo y sus propios demonios cazándolo cuando cometía un error.

- ¿No hay otras opciones? –preguntó Garen.

- Eres tú el de las ideas.

- Me refiero a mi hermana.

- Otra opción para ella es que mi familiar más cercano la tome como esposa pero él –pensó en Draven- nunca me haría algo así, significaría que sería su esposa, habrían más preguntas que respuestas. Él ni si quiera es responsable consigo mismo. La dejará ir.

- Pues esa tampoco es una opción, sólo partamos, ella estará bien, confiemos en que sabe cuidarse, recuerda lo inteligente y perspicaz que es.

- Lo es… -cerró los ojos- "mi amada, aguanta un poco" –pensó el noxiano sin poder evitar apretar los dientes.

Tras las gruesas paredes aún caben más secretos que los que habían sido confesados, quizás el noxiano menos indicado iba por buen camino, quizás estaba tomando la mejor decisión o tal vez estaba tentando su corazón al deseo.

Despertó. Sus ojos pesados se abrieron y frente a él estaba una cómoda, parpadeó un par de veces y giró su cabeza hacia la ventana, estaba cubierta, respiró con dificultad para levantarse y apoyando una mano lo logró. Volteó y ahí estaba Lux, aun durmiendo, apoyando ambas manos en la mullida cama fue acercándose más a ella, estaba sobre su cuerpo, su pequeño y escultural cuerpo, olía a flores, se puso perfume, esa esencia natural le quedaba perfecta.

Se dio el lujo de aspirar un poco hasta que lo recibieron los ojos de la joven rubia, la cual no cambió su expresión, estaba estática, expectante, como si no pudiera moverse de la impresión.

Sus cuerpos casi juntos, él sobre ella, acorralándola en un íntimo rincón de aquella habitación, la miraba a los ojos… se perdía en el mar de su parpadear.

- Quiero… -susurraba Draven.

- Buen día –le saludó la indefensa conejita.

- Quiero… -siguió- "besarte" –pensó pero de inmediato cambió de idea- que traigas el desayuno, tengo hambre –sonrió disimulando su deseo original.

- Claro –suspiró algo aliviada y Draven se hizo a un lado para tumbarse en la cama, Lux pasó por encima suyo para salir descalza de aquel lugar.

Él creía que ella no sabía sus intenciones pero Lux claramente entendía algo, había una extraña oscuridad dentro de este hombre, era raro sentirse así, la había intimidado al grado de hacerla dudar de esta farsa, quizás… sólo quizás su lado no científico le decía que era algo que estaba imaginando.

- "No es real, no es real, no es real, no es real" –decía sin parar mientras su mano intentaba detener su corazón agitado por el miedo.

¿Y qué está haciendo con su vida? ¿Qué pretende quedándose? Iba a marcharse para protegerla pero cada vez que salía a dar una vuelta era una patada en el estómago, un dolor fuerte, irritante, incapaz de dejarte pensar, nada era claro, comenzaba a dejarla pero luego volvía a casa, a su hogar, al que podían hacer su hogar.

¿Qué le impedía hacer de esto un sueño? Estaba sola y él también, necesitaba un apoyo, una mujer que pudiera conocerlo, cuidarlo y tal vez amarlo, no ahora, no era tan optimista, pero quizá luego, cuando el otoño llegue a sus corazones.

- Lux, ¡Lux! –gritó y se puso de pie, salió a tropezones de su habitación y encontró a la joven en el salón. La miró un segundo y ella no supo de nuevo qué pasaba por la mente de ese hombre pero Draven corrió hacia ella como un niño, la abrazó como un hermano, como un amigo o como un pretendiente, ni él lo sabía- ¡perdón! –le dijo casi en grito- no sé lo que me pasa –decía con aquella voz tan rasposa, correspondiente a un hombre como él- pero hay algo que tengo que decirte –iba a confesar lo que Swain le había hecho a su corazón, no era de los que guardaban un secreto por mucho y menos uno que afectara su floreciente relación de confianza.

Pero al instante en que su boca se abrió, un golpe de campana de la entrada se escuchó, una visita importante, aquella campana sonaba sólo en ocasiones especiales y lo estaba llamando.

- Espérame –dijo y se alejó.

No importa quien fuera, iba a mandarlo al demonio, ¿quién se atrevía a importunar un momento así? Tenía que confesarlo, tenía que decirlo todo, ayudar a Lux para que lo ayude.

- ¿Quién es? –preguntó al guardia de la entrada.

- Es un emisario, mi señor. Vino a entregarle una carta.

- Déjalo pasar, rápido –quería terminar con esto.

Las puertas se abrieron y un joven de apariencia delgada se mostró ante él, caminó vigorosamente hacia Draven y bajando la cabeza estiró sus brazos para entregarle una pequeña carta.

- Ridículo –añadió y tomó con molestia tal papel, lo abrió salvajemente y leyó.

Una invitación de un hombre de la realeza antigua en Noxus quería reunirse con él, quizás para hacer tratos como los demás nobles pero éste era diferente, buscaba una reunión con él, hasta que leyó el nombre del remitente y su expresión cambió.

- Cavagnarov, esa basura se atreve a contactarme, avisa a tu amo que si busca un precio por mi… esposa –dijo sin creerlo- "es la primera vez" –la confusión lo dejaba algo alegre.

- No, mi amo sólo busca una reunión, dado que usted es el heredero del comandante caído.

- Mi hermano es un héroe para esta nación, cuida tus palabras –amenazó Draven con clara violencia.

- Perdone –se inclinó- son palabras de mi amo, no mías. Sólo soy su emisario.

- ¿Cuándo?

- Mi amo me pidió que lo llevase al lugar de reunión ahora mismo y quiere mantener este asunto secreto.

- Dame un momento –pensó sin compartir sus cavilaciones- voy a cambiarme y me llevarás a tu amo, pero si es una trampa, créeme que conocerán mi lado más "amable" –le enseñó la mirada que todos los hombres que había matado vieron.

Aquel mensajero sólo se hizo a un lado para inclinar su cabeza permanentemente, no era rival para un guerrero, tan sólo un esclavo, Draven calmó su ánimo y fue hasta su habitación rápidamente, iba a hablar con este bastardo y tal vez le quebraría un par de huesos, sería divertido.

Ya listo su uniforme, sus cuchillas y todo, pensó en Lux, la había dejado esperando en el salón pero no quería regresar, temía sus propias acciones, es cierto que no debían contemplar la mentira por mucho tiempo pero la verdad podía esperar.

Tomó entonces su decisión y partió hacia la 'reunión secreta' con aquel conde, iba a hacerle pagar cada lágrima que hizo derramar a su protegida, deseaba tanto torturarlo, no lo hizo antes por no alterar el orden en Noxus más de lo que ya estaba, además no era tan tonto como sus pares creían. Sabía que si se alzaba contra alguien poderoso podría haber más consecuencias que una simple trifulca entre hombres.

Atravesaron el bosque Wandarian, pasando las montañas que ocultaban el oscuro rincón noxiano hasta una pequeña mansión en medio de la nada, ¿quién podría si quiera vivir en un lugar así? Sólo una bestia como lo era este conde, sangre podrida de la antigua y nauseabunda Noxus.

- Bienvenido –dijo aquel hombre sentado en un portón calado en madera, se veía cómodo bebiendo en una copa de vino lo que Draven creía era sangre.

- Se ve espesa.

- Sí –la entregó a un sirviente y se acercó al ejecutor- habrá oído de mí –posó sus manos sobre los hombros de Draven, lo cual no fue bienvenido.

Pasaron sólo un par de segundos cuando el salvaje castaño respondió con un corte de cuchilla, aunque Cavagnarov era rápido, se había alejado antes, conocía sus límites para con este salvaje animal criado por la propia respiración ahogada de aquella nación.

- Esa fue una advertencia, la siguiente no será tan lenta –añadió Draven con una sonrisa no tan animada, su rostro no mostraba la avidez de siempre.

- No vine a pelear –le devolvió la sonrisa, el Conde no era estúpido.

- Qué sorpresa porque yo sí, dame sólo una razón para no convertirte en una mancha de sangre.

- Porque tengo un trato que puede interesarte, tú y yo somos iguales –volvió a sonreírle pero coquetamente relamiendo su labio superior.

- No te compares con la perfección, saldrás perdiendo.

- Claro que no lo haría, tú eres quien yo siempre quise ser, de no ser por mi represivo padre y mi mojigata madre, jamás me hubiera encerrado tanto y podría gozar de los placeres que usted, mi amigo, goza.

- ¿Qué mierda buscas? Ya no quiero escuchar tu parloteo estúpido, tengo cosas que hacer, mujeres que visitar y una esposa a la cual complacer –añadió lleno de confianza.

- Eso mismo, su esposa, su flamante y nueva esposa levanta sospechas, no yo, pero mi amigo, Swain –Draven elevó una ceja al escuchar ese nombre- también pero necesito lidiar con alguien razonable, la bruja loca esa le lava el cerebro –refiriéndose a LeBlanc, increíblemente incluso Cavagnarov la odiaba- le hace creer que debe entregar nuestra nación a fuerzas oscuras que nadie conoce, ¿y qué sería un noble y un guerrero sin un reino?

No iba a negarlo, Lux no tenía una actitud totalmente convincente, ¿quién la culparía? Estaba en duelo, no había pasado tanto tiempo y ahora… simplemente faltaba esto, este corrupto e inestable Conde quería algo, lo sabía, todas las células de su cuerpo se lo decían, no por nada era el perfecto ejecutor noxiano, conocía la verdad a través de los ojos de los hombres.

Miró entonces a Cavagnarov con la poca intención de acabarlo y el noble supo entonces que podía estar tranquilo.

- ¿Qué quieres?

- Tengo un gusto por las mujeres y fetiches inimaginables pero cuando frustraron mi unión con esa gema demaciana, entendí que tal vez había otros medios para gozar de ella. No puedo dormir desde entonces, ¿sabe lo que dicen por ahí? Una mano rasca a la otra.

- Sigo sin entender –se rascó la oreja, el castaño comenzaba a hartarse.

- Soy la clase de polvo que puede surgir en cualquier lugar, no me importa la fragmentación de Noxus o que la Rosa Negra domine el mundo pero podría hacer un pequeño esfuerzo para convencer a mi amigo de que su lealtad es real y que quite la semilla que insertaron en su corazón por un pequeño precio.

- Se acabó –no iba a escuchar más a este loco Conde, sus propuestas eran ridículas. Dio media vuelta y cuando estuvo a punto de marcharse Cavagnarov lo detuvo.

- ¿No le molesta que no lo tomen en serio? Podría arreglar que esto sea más rápido, la destrucción de esta nación, la muerte de… gente inocente que podría vivir –refiriéndose a específicamente a Lux- sólo falta una gota de veneno más para que la demaciana sea enviada lejos, para que muera seca y llena de dolor, ¿usted cree que la Rosa Negra sólo quiere matarla? No, ¿hablé de fragmentar Noxus? Fragmentarán esa joya primero, la violarán, la torturarán, quebrarán su espíritu y cuando crea que todo está perdido, le darán un pequeño, un diminuto –se agachó indicando sobreactuadamente su punto- rayo de esperanza… pero se lo quitarán y perderá la razón, ¿cómo se esto? Porque ya lo han hecho antes, con otras mujeres valiosas para otros reinos en años, centurias o siglos pasados.

Había girado sobre sus propios talones pero al escuchar aquel último chillido amenazante, suspiró, ¿qué tan importante era Lux? ¿Qué tan importante era mantenerla viva? El Conde de aspecto fantasmal tenía un punto, su familia había crecido con la Rosa Negra pero sólo apoyando su actuar según su conveniencia.

- ¿Han hecho esto antes? –preguntó Draven sin voltear.

- Mi familia lleva el registro de las actividades de esta organización, usamos lo que podemos para sobrevivir a cualquier tipo de catástrofe, es una inteligente manera de jamás codearnos con los miserables. Siempre estamos sobre todos porque la información es poder –Cavagnarov tomaba la rienda de esta conversación, tenía la completa atención de Draven.

- Ah… -suspiró- lo escucharé pero sólo para saber –preguntó entonces, con algo de resignación cerró los ojos incómodo por la respuesta.

El Conde se acercó a Draven, ésta vez con la seguridad de que no reaccionaría, era un caballo salvaje aturdido sin motivos para enloquecer. Posó sus manos sobre el cuello de éste moloso y lo acarició suavemente con las yemas de sus dedos.

- Quiero verte haciéndole el amor a tu dulce esposa –susurró.

El castaño abrió sus ojos tan grandes cual si fueran platos, sólo movía su mano, era involuntario, estaba temblando un poco. Su corazón, el imperturbable corazón de palpitar fuerte comenzó a enloquecer y la temperatura de su cuerpo bajó y luego, sólo luego pensó en evitarlo.

Tenía que inventar algo, hacerse para atrás, de sólo imaginarlo sus músculos se tensaban.

Recordó entonces las palabras del miserable, ¿valía la pena la seguridad de Lux?, su espíritu se rompería, la maltratarían a niveles que ni si quiera él se perdonaría, ¿era cierto? Tal vez sólo era una treta para usarlo, no podía ser verdad, no podía tener tal influencia.

- Tienes la maldita confianza para pedirle eso a Draven, el ejecutor –fingió confianza.

- Jamás creí que fueras tímido, hasta donde sé has sido un sátiro, incluso con público.

- Es por e-ella, no está acostumbrada a eso, yo… necesito pensarlo.

- Si te sirve de consuelo, puedes hacerlo en una de mis mansiones. Son cálidas, agradables y tienen muchos espejos que me permiten ver lo que sucede –le daba una solución a todo.

Las cartas estaban sobre la mesa, la amenaza fue hecha y el suspenso se comía la calma que Draven guardó por mucho tiempo, entonces pensó en cómo su hermano resolvería una situación así pero no estaba ahí, ni si quiera era capaz de hacerlo, ¿qué pasaría si hacía caso al demente de cabello plateado?

Cavagnarov lo miró convencido, no sólo tenía la semilla oscura interviniendo su razón, también tenía un gran miedo atorado en su pecho, podía llamar a ello el inicio de su perdición.

- Ven mañana por la noche para cenar con tu bella esposa. Si vienen podría pedirte otra cosa, algo que no implique la delicada dignidad de la gema demaciana… así de generoso soy –le dio un delicado beso en la nuca con la terrible tentación de morderlo- si no llegan, entenderé que no aceptas el trato –se despidió el Conde para entrar de nuevo al calor de su cómodo hogar.

Ni si quiera le parecía suficiente razón pero en pocas palabras era violar a Lux o dejar que sea raptada, torturada y violada numerosas veces; le importaba su integridad pero más le importaba saber que era su deber protegerla, ¿entonces qué?

¿Huir? Estaba lejos de un lugar seguro, ¿matar al Conde? Sólo despertaría sospechas y lo pondría en una posición difícil, ¿hablar con Lux? Tal vez lo mejor era decirle o quizás… era mejor ahorrarle el estrés ahora que su embarazo apenas comenzaba pero si lo hacía con ella quizás podría fingir mejor que él era el padre aunque…

- Ugh… -su rostro se arrugó de tan sólo imaginar su 'misión'.

Regresaría a su hogar, sin la ayuda de este Conde, iba a caminar. Tal vez en el trayecto podría pensar mejor en una solución que implique no tocar a la rubia, ¿qué pasaría si cumple el deseo de la semilla oscura? Quizás tomaría control de su ser, ¿lo volvería más peligroso de lo que es?

Si una semilla de esta clase vuelve locos a los buenos hombres, él será una bestia sin control, un animal capaz de devorar a todo lo que se le acerque y aunque no siempre tuviera pensamientos así creía que la diversión se acabaría.

- Hermano, ¿qué harías?

Susurró perdiéndose en aquel bosque lleno de secretos, esperando llegar a Lux con una solución o al menos librarse de esto de la manera más fantástica alguna vez imaginada. Brillar, actuar, vencer y salvar a la rubia, ese iba a ser su mantra aunque eso le llevase a la perdición.


Fin de Episodio 34