Hola, hola, bueno éste episodio va a ser algo fuerte así que voy a dar la siguiente advertencia:
Episodio no es apto para personas sin criterio formado. De primero se pide comprensión a los temas a abarcar. Si tienen alguna duda o consulta será mejor que la dejen en sus comentarios. Si necesitan apoyo o creen que el episodio va por sobre sus principios o ofende sus creencias o ships también pueden dejarme un mensaje en mi página de Facebook. Se les agradece su discreción.
Mucha suerte y disfruten del episodio :)
FB: /StarlingShadow
Notas al episodio:
Sugerencia, colocar 2 canciones en las secciones indicadas (conforme vaya leyendo lo verá) :
(*) Killing Me Softly With His Song – Roberta Flack (pueden ponerlo en "bucle" si es necesario o en la misma playlist que la otra canción).
(**) Same Mistake – James Blunt
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 35 – Mi Peor Error
La solución no era compartir sus emociones directamente, quería ahogarse y desquitar toda su rabia. No había ido a su trabajo, ni si quiera tenía ganas de ver la condescendiente cara de Caitlyn, odiaba incluso caminar entre sus compañeros, sentía ojos sobre su nuca, le picaban con bromas, burlas y definitivamente no quería matar a nadie (ese día).
- Una cerveza –pidió Vi.
Sentada en medio de la barra de un bar, comiendo maní de un tazón con la mirada perdida mientras jugaba con su cabellera hasta que su bebida llegara a sus manos, así estaba. Quizás era su mejor opción, necesitaba divertirse y era la única manera que conocía.
- ¿Quieres matarme? –preguntó una voz tras ella.
- ¡Ahhgghh! Deja de perseguirme –contestó girando sus ojos hasta mover su cabeza y encontrar a su compañera.
Caitlyn tomó su sombrero y lo puso sobre la barra a un lado de una jarra de cerveza de otro cliente, el cual miró sorprendido aquella obra de la sombrerería mientras se alejaba unos cuantos puestos.
- Llevo días intentando encontrarte y vengo a parar a este lugar –apretó sus labios, como si quisiera hacer un berrinche.
- Ya, ya, ¿quién te dijo que era tu deber? –preguntó Vi.
- Nadie pero muy aparte de que tenga que aguantarte en el trabajo, debo vigilar que estés bien porque, para tu información –le señaló la cara con un dedo- somos amigas.
Vi cruzó los brazos para encogerse de hombros mientras el bartender le entregaba su bebida, una cerveza en el vaso más grande que ese lugar podría ofrecerle. La tomó entonces por la oreja de cristal, la meció un poco y bebió un sorbo ante la mirada prejuiciosa de su compañera, la cual no podía imaginar algo así.
- ¿Le sirvo algo, señora? –preguntó el bartender a la cansada oficial.
- No, gracias, estoy terminando mi servicio –le dijo con una sonrisa- pero podría traerme un vaso de agua, le estaría agradecida –terminó para dirigirse a su dolida amiga- ¿vas a parar? –Vi ni si quiera parpadeó.
- No molestes –la ignoró.
Iba a beber hasta no acordarse ni de su nombre, si Cait seguía allí era sólo por sus vagas intenciones de ayudar. Para ser oficial de policía no era muy buena en estos asuntos, quería que su compañera le preguntara lo que había pasado pero al mismo tiempo odiaba tener que responder y más si de Draven se trataba.
- Te dejó, ¿y qué? No eres la primera mujer a la que terminan –añadió Cait pero Vi permanecía distante a la conversación aunque algo le picó aquella frase.
- Mi instinto me decía que algo estaba mal pero nunca lo escuché. De por sí me parecía malo que esos dos se quedaran en el mismo lugar, Lux debió volver a Demacia, el imbécil de su esposo no iba a regresar.
- Creo que hay algo más –añadió Cait, le acercaron su vaso de agua, bebió un sorbo y regresó su mirada a su compañera.
- Sí, lo sé pero siempre imaginé que si Draven tendría un amorío sería con... no sé, una cualquiera. No puedo creer que esos dos se entendieran desde antes, ¡mierda! –golpeó la mesa- me vieron la cara…
La sheriff dudaba por completo que esa fuera toda la historia, conocía a Draven, no era tan tonto como para enamorarse de la esposa de su hermano y Lux… ella desbordaba amor por Darius, no era posible que la engañara, si Vi tenía un sexto sentido para algunas cosas, la sheriff castaña sabía que la rubia nunca traicionaría sus principios y para ser honestos, ¿Draven? ¿En serio?
- ¿Por qué siempre te dejas llevar por tus corazonadas? Al menos déjame investigar qué sucede, tú sabes que soy la mejor detective –le guiñó un ojo.
La pelirosada dejó su bebida para volver a perderse en sus violentos pensamientos, su semblante cambió a uno más oscuro, quizás la razón que nublaba su juicio era que a sus ojos Draven era un hombre completo, era fuerte, intenso, sexy y muy poco intimidable, ¡rayos! Y ella que lo había intentado.
Toda su vida había buscado un hombre capaz de absorverla al punto de no poder impedirlo, le daba vueltas en la mente en el día y por la noche no dejaba de zarandearla como si ella fuera la criatura más sensual que jamás hubiera existido, ¿era eso un veneno? El que le metió poco a poco en el alma para hacer que lo quisiera siempre a su lado, para no ver nada que no fuera rosa, para desearlo con tan sólo rozar su piel.
Y no era sólo la química animal, las emociones comenzaban a aflorar, estaba segura de que él la miraba de manera diferente, ¿quién podía fingir todo eso? Sólo un desalmado, un animal, una criatura que no es de este mundo.
- Ya no quiero saber nada de ese par, por mí que se pudran, son unos hijos de puta ambos, ¿qué se puede esperar de una bruja que engañó a toda su nación para andar de piruja con el enemigo? –lo único que le quedaba era una clase de "resignación-agresiva", Vi apenas sostenía su calma, iba a ahogarse en alcohol… como todas las demás noches y Cait no iba a impedírselo.
No era sólo ella, eran todos los que se incluían en éste peligroso círculo de vicioso dolor, su reflejo caía en Draven, el cual a pesar de ser menos expresivo con sus emociones personales sufría a su manera y sin notarlo.
- ¿Sucede algo? –preguntó Lux llamando la atención del castaño, el mismo soltó una risilla.
- Iba a verte –dijo Draven, estaba al lado de Lux, ambos en un pasillo, aunque él parecía admirar una pintura, ella lo había notado ausente.
- Cuando desapareciste pensé que algo malo había pasado pero un sirviente me dijo que saliste en una carroza por una invitación y decidí esperarte.
- Son casi las 4, deberías dormir –añadió pensando en lo ojerosa que estaba, era fácil notarlo.
- No puedo dormir y salí para beber un poco de agua, sólo que te vi parado viendo esta pintura.
Draven volvió a echar una risilla, giró su rostro hacia la dichosa obra de arte pintado que colgaba en la pared y se hizo para atrás, estaba irritándolo de alguna manera. Los trazos, los colores, las figuras e incluso el estilo, ¿acaso su sentido artístico había despertado?
- "¡Nah!" –pensó de inmediato- odio el arte –concluyó sin querer en voz alta.
La rubia posó sus ojos sobre la desesperanza de aquel que, en lugar de aliado, parecía un soldado perdido a punto de escapar, ¿cómo escapar de un error que parecía comerte los pies? Si huyera lo encontraría y si se tropezara lo atraparía hasta ahogarlo en el más profundo de los lamentos.
- ¿Quieres venir al cuarto? –preguntó Lux con voz pausada.
El noxiano tensó su cuerpo a la idea, sus ojos se movieron rápidamente, como si rebuscaran en su mente. No quería.
- Tengo hambre, vuelve tú a la habitación –dijo sin mirarla, luego como un robot giró sobre sus talones y se fue de allí.
Caminó así hasta salir del castillo y veía finalmente el cielo, ¿cuándo podría disfrutar de la verdadera libertad? Pensó y no guardó ningún pensamiento, los soltó todos, su angustia, su deber, sus decisiones, ¿qué podía hacer para liberarse de éstas sensaciones?
Posa su mano en su pecho, le arde… la pasión prohibida lo está matando y quizás termine por quebrar por completo su corazón, la lluvia se deja caer, sólo son gotas, está mirando el cielo y le caen algunas en los ojos obligándolo a cerrarlos, pronto logra sentir una mano en su espalda.
- "NO" –se dice a sí mismo y lo piensa una y otra vez.
- ¡Contéstame! –gritó Lux.
Sin darse cuenta la lluvia era torrencial, tan fuerte que apenas podían escucharse, entonces volteó, todo su rostro empapado, llena de preocupación, hambrienta de… respuestas.
- ¡Ayúdame! –le contestó con un grito airado, se detuvo en seco esperando una reacción pero no obtuvo respuesta y la abrazó en un arrebato.
La levantó en sus brazos, era más alto que ella, la estaba abrazando muy fuerte pero no le importaba porque sentía que él estaba tan ahogado en angustia como ella, le habló al oído y pudo decirle que se calmara.
La soltó y Lux lo llevó de la mano dentro del castillo, aquellos segundos le parecían eternos y la delicada mano de ésta mujer lo retorcía de ganas de hacerle más. Necesitaba calmar sus pensamientos, ¿quién era? No se conocía más.
- Siéntate –le ordenó con dulzura.
Estaban en su habitación, él todo empapado y ella goteando aún, fue corriendo entonces hacia un armario y sacó una toalla para ponérsela encima, le frotó un poco la cabeza para secársela pero Draven la detuvo con una mano. La toalla le cubría el rostro pero de reojo se animó a mirarla, parecía un niño…
- ¿Qué?
- Swain -bajó la mirada otra vez- él puso una semilla oscura en mi corazón. No quiero hacerte daño, de verdad.
- Lo sé –asintió y le devolvió su mano para seguir frotando su cabeza- no quería decírtelo porque no parecías preparado para compartirlo –el castaño contuvo la respiración para cerrar los ojos lentamente y volver a abrirlos- he estado buscando algo entre mis libros, sólo hay teorías, no quería darte falsas esperanzas aunque tengo buenas pistas de cómo arreglarlo. Te curaré y curaré a Jarvan, entonces finalmente podrán ser libres.
- La única forma de librarnos de esto es cumplir el deseo de la semilla –dijo ocultando por completo su rostro con esa toalla.
Lux dejó de frotar la cabeza de Draven con esa toalla para luego sentarse a su lado, no era como si le rompiera las esperanzas pero ella tenía teorías de cómo ayudarlo, simples teorías y su única solución temprana era cumplir un deseo oscuro motivado por el egoísmo o la maldad.
- ¿Cuál es… tu deseo? –preguntó con miedo pero sin apartarse.
- "Amar a otra demaciana" –dijo dentro de sí pero no pudo decirlo en voz alta- poseerte –contestó, era más consistente con él.
El amor podía asustar más que el deseo de pertenencia, porque el amor puede atar a una persona de la peor manera y la posesión sólo actúa como si fueras un objeto, es más fácil darle la espalda a alguien que te quiere como algo y no a alguien que tiene deseos profundos de intimidad. Al menos para alguien como ella.
Y Lux no se veía como alguien que abandonaría a alguien que la amara.
Quiere morir aislado, se está castigando a sí mismo con un rechazo que él mismo propicia.
- Lo arreglaremos –dijo Lux sin apartar su mirada de la nada- dormiré en el suelo, duerme en la calma, por favor.
- ¿No temes que haga algo? –preguntó, trataba de calmarse pero no podía si quiera imaginar que Lux le dijera que "sí".
- Le temo a los cobardes, no a los hombres fuertes –sonrió y tomando la toalla que le había puesto en la cabeza a Draven comenzó a secarse ella también para luego acostarse en el piso.
Su mente no paraba de trabajar, ¿dormir? Le mentía, no iba a hacerlo hasta tener la respuesta, necesitaba sacar de aquel hueco a Draven, no merecía esa clase de vida, desear algo que no puedes tener y castigarse al mismo tiempo… no era justo para ningún ser humano.
Si tan sólo… pudiera ayudar al menos a alguien, le falló a Darius pero no lo haría con su hermano, no perdería su alma en este juego de cartas que Swain había lanzado tan violentamente a su entorno.
Acostada en la oscuridad, con su ajetreada mente intentando descansar de una vez, sólo el recuerdo de estar en el regazo de su amado la podía calmar, aquellas manos que le recorrían los brazos con ternura, aquellos ojos que pasaban delicadamente por las bondades que la naturaleza le había otorgado para amarlo y aquella voz que la hacía estremecerse.
Si tan sólo pudiera volver… volver a esa grieta, encerrarse ahí para siempre y tener a su amado sólo para ella, sin engaños, traiciones ni organizaciones viles como las que buscaban el mal en todo el mundo. Tan sólo ellos y su amor.
- ¡Ah! –despertó de golpe. Darius había tenido un mal sueño, por alguna razón una especie de angustia le atacaba.
- ¿Qué pasa? –preguntó Garen.
La carroza sigue su camino, se pueden escuchar los cascos de los caballos sonar al vaivén de una caminata rápida, aquel helado amanecer les saludaba, ambos rivales se quedan viéndose, el primero en parpadear es Darius, no puede evitarlo, tiene algo en los ojos.
- Nada –contestó secamente.
- Pronto llegaremos a la frontera, el camino es más largo porque tomamos las rutas que no están vigiladas. Duerme un poco más, estaré de guardia.
- Ya no lo haré, de por sí tu cara no inspira confianza, te ves peor que yo y no tienes ninguna herida.
- Soy muy resistente –añadió acompañado de una leve sonrisa.
- Lo dudo, no has dormido nada. Haré la guardia porque quiero ser justo con el hermano de mi esposa.
- Te llenas la boca con eso y de verdad me haces creer que te sientes orgulloso.
- ¡Claro que estoy orgulloso! –contestó airado- he luchado mucho como para no estarlo –puso su cabeza de lado para mirar la nada- me fui sin decirle esto pero ahora no me importa que el mundo se entere.
Garen admiró aquel gesto, no era como un poeta pero verlo expresar su cariño le hacía añorar aquellos días en los que fue amado y lo amaron. Si tan sólo el amor que profesan estos dos tórtolos no fuera tan complicado como lo sería si fueran comunes aves en el cielo, buscando encontrarse una y otra vez.
Ambos pensando el uno en el otro, suspirando, sintiendo desazón y el mismo temor por el futuro, por las consecuencias…
Amanece en Noxus también, tras una corta lucha por quedarse despierta, Lux ya casi por la madrugada había quedado dormida, sintió como si hubieran sido 5 minutos pero despertó de repente un par de horas después y vio frente a ella una bandeja, su desayuno estaba ahí junto a una nota, se acomodó hasta sentarse y tomando aquel papel procedió a leerlo.
"Voy a salir. Por nada del mundo dejes el castillo."
Sintió curiosidad, quizás no tanto por la nota sino por la comida, no se veía mal pero la sencillez le hacía pensar que ningún sirviente había pasado a dejarla, ¿habrá sido Draven? Sonrió de repente aunque no debería… por eso cambia su expresión a una más seria.
- Tengo que volver al trabajo –dijo y al mismo tiempo se llevaba a la boca un par de panecillos, fruta mal cortada y bebía aquel agrio jugo de naranja.
Pronto se reía limpiando su rostro, el pensamiento de Draven en la cocina la hacía entrelazar todos los sentimientos que le provocaba, no sabía lo que le habrá costado hacerlo pero sí sabía que debió poner tremendo miedo en los sirvientes al aparecerse ahí tan temprano.
Terminando dejó todo en una mesita para ir hacia su armario y tomar un suéter, iba a trabajar en la biblioteca, necesitaba revisar todos los libros que había pedido un par de días atrás, por alguna razón no había podido terminarlos, era fascinante la variedad de escritos acerca de magia de todos los tipos que la biblioteca noxiana podía ofrecerle.
Se sentó en el piso para revisar el primero, magia oscura. No era precisamente un libro didáctico y tampoco venían recetas con sapos o serpientes o patas de cualquier reptil, sólo era un libro teórico de pociones, uso e historia del uso del recurso mágico en las eras tempranas noxianas.
Pasaron un par de horas más, las piernas le dolían un poco y no importaba cuánto cambiara de posición, seguían sintiéndose incómodas, quizás debía llevar algunos libros a su cuarto, no creía que un poco de desorden molestaría a Draven.
Fue entonces cuando un sirviente tocó a la puerta.
- S-Señora –dijo una joven algo tímida, mostraba sólo parte de su rostro.
- Dime –respondió Lux sin quitar sus ojos de la lectura rápida que le daba, había empezado hace poco pero ya estaba casi por la mitad del libro.
- Llegó un mensaje.
- ¿De quién es? –preguntó sin prestar mucha atención.
- E-El mensaje es de nues-nuestro amo –tartamudeaba, parecía estar nerviosa.
La rubia cerró el libro para mirar a la muchacha, la misma tenía un aspecto descuidado, algo despeinada, el antebrazo con algunos moretones y algo de sangre seca en la naríz.
- ¿Te pasó algo? –preguntó.
- No, señora. Al-Alimentaba a los caballos y uno de ellos me empujó –se excusó.
Quizás no era lo mejor que se le hubiera ocurrido, no dejó satisfecha a Lux pero tampoco creía que debía preguntar más, no se imaginaba nada de lo que estaba tras este asunto, la pobre muchacha había sido abusada y en esa ocasión no por Draven.
- Hablaremos más tarde de ello –dijo seriamente- ¿cuál es el mensaje? –preguntó.
- Un sir-sirvi-sirviente me entr-entregó est-esto –con la mano algo temblorosa le acercó una nota, Lux la tomó cuidadosamente.
Al tenerla en sus manos salió de aquel lugar a toda prisa, lo cual no le pareció extraño pero después averiguaría todo lo sucedido, no iba a permitir que lastimaran a nadie, al menos en su hogar nadie haría eso.
Abrió rápidamente aquel papel doblado y lo leyó, en definitiva era letra de Draven.
"vamos a cenar, realmente He hecho las cosas mal estos 4 días Y quisiera poder platicar Un poco coNtigo si te par3ce, sin pre5iones, aPartados de todas las dIstracciones, qué tAl?"
- ¿Letras y números? –leyó en voz alta sin entender, ¿qué estaba diciendo? Suspiró, quizás estaba ebrio, ya había pasado pero ahora la citaba a platicar, qué tontería. Tras la nota estaba una dirección.
Por una parte estaba de acuerdo pero por otra no entendía por qué era tan contradictorio, por la mañana le había pedido no salir por nada del mundo y ahora quería hablar de algún… asunto.
Se percató de algo, sí, Draven podía escribir mal en ocasiones pero esta nota tenía algo más, no parecía ser tan simple y antes de ignorar el asunto notó algo, los números podían ser letras y las letras en mayúsculas podían significar algo.
Juntando todo podía ver: "H4Y UN 35PIA".
Paró en seco, no podía ser verdad, ¿qué estaba diciendo? Debía ser una coincidencia… una estúpida coincidencia, ¿y si era verdad? La paranoia se apoderaba de sus pensamientos, todos y cada uno eran guiados por la idea de un 'espía', ¿pero por qué? Debido a esto posiblemente era más peligroso seguir hablando de todos sus planes en aquel castillo.
Caminó a prisa hasta salir al patio trasero, el aire pesado y la oscuridad se apoderaba de aquel lugar, quizás lo único que podía querer proteger estaba siendo amenazado y si el espía había sido enviado a algo más que vigilarlos… ¿qué tal si venía por sus vidas? El horror que vivió con aquel Conde se revivía en la mordida que le había dado, el dolor aún no se iba, volvía como una ola a sus recuerdos.
- "¿Qué hago?" –se preguntó, ya no iba a compartir nada más en voz alta.
- Ama –dijo alguien por detrás.
- ¿Qué? –dio un salto y volteó a ver.
- El carruaje que el amo Draven ordenó acaba de llegar –dijo aquel soldado- ¿le pido que espere?
- ¿Seguro que fue Draven? –preguntó Lux nerviosamente.
- Sí, señora. Yo mismo lo comprobé al acompañar a nuestro señor a la ciudad. Dijo que era urgente que fuera con él, el amo sólo mencionó eso.
- Esta bien –agregó algo insegura- iré a vestirme, regreso en unos minutos –dijo Lux y caminó con cuidado hasta llegar a su habitación, se miró en uno de los varios espejos que colgaban y buscó un vestido sencillo.
Quería usar algo de negro pero prefería mantenerse en su acto, el amarillo era un color feliz y recordaba tener un vestido así con flores. No era una viuda, sólo una mujer aprovechada, una villana que incluso se apoderaría del corazón del hermano de su fallecido esposo.
¿Y si se recogía el pelo y delineaba sus ojos? Quedaría mejor todavía. No era su mejor momento pero al menos lucía como una amante desgarbada, de esas que sólo buscan el dinero o el poder, no se consideraba mejor que los demás, sólo quería causar una mala impresión, tomó de su cajita de joyas sus aretes más caros, unos con diamantes y se los puso. Listo.
El viaje en carruaje no fue muy cansador como creía, lo único que le agradaba de ello era poder quitarse los zapatos altos, ya se los pondría de nuevo cuando llegase a su destino, ni si quiera ella ubicaba el lugar, sólo tenía una dirección, la cual le dio al cochero.
Cada bamboleo de aquel coche la hacía sentirse como si se meciera, pronto las pocas horas que durmió le cobraron factura y sucumbió completamente al sueño, respiraba profundamente, estaba teniendo, quizás, un buen sueño ahora.
El sonido de los caballos le recordaba las campanas de una iglesia, todas aquellas veces que de niña se había quedado viendo bodas en la ciudad.
Ver a corta edad el surgir del amor entre parejas que tomaban ese gran paso la hacían retomar sus votos, sus deseos y seguir fiel a su plan.
Pero quién iba a imaginar que la clase de amor que el destino le tenía preparado era de novela, increíble, asfixiante, emocionante, trágico, increíble y todo ello en una sola caricia. La presencia de Darius podía hacer que su mundo girara por completo, le daba sentido a cosas que jamás hubiera imaginado, incluso a su propia existencia porque si de algo le había hecho sentir segura su amado era que nada más sería 'para siempre' como él lo fue.
- Mi señora –dijo el cochero golpeando delicadamente la puerta del carruaje.
Despertó de golpe viendo con ojos entrecerrados las luces artificiales fuera del carruaje, se preguntó dónde estaba pero no podía decirlo, lo único que podía asegurar era que Draven estaría ahí, al menos él no le fallaría.
Salió del carruje colocándose los incómodos zapatos, caminaba con gracia pero le dolían un poco más con cada paso.
- Bienvenida –saludó una muchacha al recibirla, era un portón enorme, ¿un restaurante?
Algo desconfiada miró a través de la apertura y vio un salón, un cálido salón adornado con hermosas luces y una mesa enorme en medio. Los cristales de la lámpara le distrajeron por un instante hasta que incluso tras esa oscuridad pudo divisar su único rastro de luz en Noxus.
- Draven –saludó a la distancia pero él no contestó.
Por alguna razón volteó por unos segundos a otro lado para luego volver su mirada a ella, estaba en otro mundo, ¿estaría drogado o ya habría bebido?
- ¿Sucede algo? –entró al lugar, lucía muy limpio, muchos sirvientes desfilaban por ahí y repartían comida a los demás invitados, los mismos en mesas más pequeñas.
- Yo… sólo… quería hablar un… poco –dijo Draven.
Puso su cabeza de lado para tratar de comprender toda esta situación pero no podía entender nada de lo que pasaba, la rubia entonces se quedó de pie junto al castaño esperando que él dijera algo más que ambigüedades.
- ¿De qué querías hablar? –preguntó Lux.
- Toma asiento –sugirió Draven señalando una silla frente a él.
- No –respondió la demaciana para sentarse al lado del ejecutor- ¿qué sucede? –susurró con leve preocupación.
- Todo –dijo y de inmediato tomó una botella para beberla como un salvaje, se había llenado de alcohol- ¿quieres algo de tomar? –preguntó.
- ¿Qué haces? –dijo entre molesta y curiosa.
- Bebe, es mejor –dijo Draven volviendo a dar un gran y excesivo sorbo.
Quería estar alcoholizado, total o completamente, quizás incluso desmayarse porque lo único que podía apartarlo de aquella trampa perder la consciencia, quizás lo malo era que nada funcionaba, su cuerpo estaba muy acostumbrado a grandes dosis de alcohol.
Suspiró de inmediato y recordó todo lo que lo llevó a esa maldita mesa en ese maldito lugar, desde aquella maldita mañana…
Flashback
No hay tranquilidad, los pájaros no cantan, los insectos no emiten ningún sonido tampoco, se levanta alertado, algo anda mal. Lo primero que hace es revisar y ve Lux acostada aún en el piso, suspira un poco tranquilizado, ¿pero qué es lo que pasa?
Mueve sus ojos y ve que por la ventana hay algo más que nubarrones negros, un montón de cuervos negros, no literalmente, sólo un grupo de hombres en fila, viendo hacia su ventana. LO SABE.
Camina como si su vida transcurriera en cámara lenta y ve a sus sirvientes, todos inconscientes en el suelo, como si temieran a algo, mira y ve a más cuervos negros en su casa, en realidad están en TODA la casa.
Llega a la cocina y puede ver al mayor de los males aguardando para aterrorizar a más infieles a la causa.
- ¿Por fin despierto? –extraña manera de saludar.
- Swain –pronunció su nombre con la consciencia de los males que iban a llegarle.
- ¿Es todo lo que recibiré? –preguntó.
- ¿Esperas más luego de todo lo que le has hecho a mi familia? –preguntó Draven con total indignación- eres ridículo.
- El suelo parece un buen lugar para expiar tus transgresiones y me da la impresión que quieres estar ahí mismo.
- Yo nunca me pondría al piso por alguien como tú, bastardo –no había ninguna llave que pudiera cerrar la gran bocota del noxiano, estaba jugando con fuego pero no le importaba.
- Me caes bien, siempre lo has hecho, incluso más que tu propio hermano, que en oscuridad descanse –señaló y acercándose a Draven lo miró directo a los ojos, cual si fuera un depredador.
Lo iba a devorar pero aquel noxiano no conocía más miedo que el que sus hachas infundían, por lo mismo no bajó los ojos, ni sus armas.
- Sé lo que estaban haciendo, ¿sabes que eso es traición?
- ¿Quién traicionó a quién primero? –contestó el castaño, siguió manteniendo la mirada.
- Fuiste tú al tratar con Cavagnarov, ¿querías venderle nuestros secretos para salvarte? –sonrió irónico.
- ¿Venderle qué? Si trabaja para ustedes, siempre lo ha hecho. Me dan tanto asco, quiero que lo sepas y en cuanto te descuides –decía con altivez- te arrancaré esas malditas alas.
Swain abrió sus ojos, estaba irritado, molesto, airado e incluso podía decirse que habían inyectado rabia en su espíritu.
Transformó sólo su mano en una garra amorfa con detalles de un ave y la acercó a su humanidad, le hacía daño, Draven no aguantaba esa toxicidad, la oscuridad que este hombre manejaba era otra liga. Su rostro se sintió avejentado pero no se movía fue cuando llevó a cabo una transformación completa y tomó la cabeza del castaño para estrellarlo contra el piso por la fuerza.
Fue tanto el golpe que apenas pudo quedar consciente luego de tal arremetida, quiso usar sus armas pero fue en vano, ni si quiera podía mover sus manos, las tenía aprisionadas, las garras del cuervo se lo impedían.
- Vamos a jugar un poco –dijo Swain riendo siniestramente de oreja a oreja- muévete aunque sea un centímetro y mis hombres matarán a la pobre muchacha que todavía duerme en tu habitación. No dudaré, no me tientes.
Respiraba como un animal, ¿qué le iban a hacer? ¿Qué podía ser peor que estar sometido a los chantajes de esta bestia? Sólo quería hacerle cara para cortarlo en pedazos y fue cuando supo que no era sólo él, era Lux, la misma no sabía de todo este peligro.
- Hazme lo que quieras, pero si la tocas, te mataré, asqueroso vastayan –dijo sin miedo a la muerte. Estaba preparado.
- No, tú harás todo esto y sin la necesidad de darme más problemas –abrió su boca en una sonrisa aún más amplia, entonces de su espalda como si de tumores se trataran se desarrollaron unos bultos que se movían al mismo tiempo que crecían para luego desgarrar la piel de aquella bestia.
Eran aves, unas enormes aves con ojos rojos y alas de espinas, las mismas salieron disparadas hacia el techo, chocaron violentamente hasta convertirse en una especie de tinta negra con espesor, todo ello chorreaba hasta el rostro de Swain, le cubría casi toda la parte derecha de su rostro y comenzaba a gotear sobre la nuca de Draven.
Quemaba… y quería gritar, al momento notó las manos de su enemigo que le advertían que debía guardar silencio.
- Como te gusta faltarle al respeto a quienes te dieron de comer y ciertamente la diplomacia no funciona contigo, tendré que castigarte. Por ahí dicen que la letra –toda aquella masa viscosa negra comenzaba a ser absorbida por su piel- entra con sangre –pronto lo dejó.
¿Qué era lo que le había hecho? Sus hombres entonces salieron de la escena, comenzaron a desparecer uno a uno, quedando de último el cuervo mayor, el mismo echó una risilla, ¡aquel pedazo de basura se reía a expensas de él! No podía creerlo.
Draven se puso de pie y lo primero que pensó fue en Lux, ¿estaría bien? Corrió como pudo por los pasillos, estaba algo mareado, tocaba su rostro y podía sentir todavía aquella lava negra quemándolo, el asco, el dolor e incluso la sonrisa tan clara de aquel también.
Abrió la puerta de su habitación y pudo verla, estaba dormida. Respiró más aliviado pero cuando se dio cuenta se vio a unos centímetros de ella, ¡perdía la noción del tiempo! Un minuto estaba en la puerta y al próximo tenía sus labios casi rozando las tibias mejillas de Lux.
Su cabello, suave, sedoso… pronto se imaginó masturbándose con el mismo, ¡despertó! Y se vio sosteniéndolo solamente, lo soltó con horror y sin darse la vuelta, caminó hacia atrás sin dejar de ver a la rubia.
¿Cómo podía haber tenido tal imagen mental? Era brutal, inconcebible y sucio, tan sucio como imaginar cómo quitarle la ropa, no podría ser difícil quitarse la ropa interior y frotar su miembro por sobre los delicados glúteos de Lux o incluso meterla un poco… lamerla mientras lo hace, la punta de su lengua roza la mejilla de la rubia, incluso su sudor parecía causarle… ¡una erección!
Su misma consciencia se vio inyectada de sopor y como no pudo más salió de allí, fue a la cocina, necesitaba acabar con esto, una especie de bruma cubría su mente, todos eran malos pensamientos, cada uno de sus deseos estaban plagados de fantasías sexuales, tomó un cuchillo, se lo puso en el cuello y tembló, no un poco, comenzaba a hacerlo descontroladamente, sudaba y quizás con un simple resbalón acabaría con tal pesar. Sería bueno, pensó para sí.
- "Cálmate, cálmate, cálmate" –se decía pero no parecía entenderse.
Entonces subió con el cuchillo otra vez donde estaba Lux, la miró tras abrir la puerta, tenía el cuchillo en sus manos, podía hacer esto de una u otra forma, matarla y luego violarla o matarse ahí mismo.
- "No" –volvió a la cocina, soltó el cuchillo de golpe para apoyar ambas manos en el mesón donde la servidumbre preparaba la comida.
Fue cuando preparó algo de fruta, quería mantener su mente ocupada en otras cosas, cortó las naranjas y cada segundo de ello no dejó de pensar en cortarse el cuello también, terminó de exprimirlas en un vaso y lo puso todo en una bandeja, el pan lo sacaría de una bolsa y lo pondría con cuidado a un lado de su 'desayuno'. Iba a escribir algo, necesitaba decir algo, su YO consciente escribió la primer nota, su YO perturbado la segunda y entre cada periodo de consciencia intentaba darle una pista a Lux.
Fin del flashback
Así fue cómo había llegado a esto, estar junto a ella con todo el escenario preparado, arriba en una planta privada con invitados con máscaras estaba Cavagnarov, divertido al extremo, era como si la obra se preparara por sí misma.
Y aún faltaba el plato fuerte, después de todo alguien tenía que sucumbir, no era nada personal, siempre lo habían dicho, excepto por LeBlanc, la misma disfrutaba desde la distancia de aquella prontamente trágica escena.
Draven no decía ni una palabra, quería concentrarse, pensaba en cosas que odiaba, cosas que le cortaban cualquier tipo de emoción que tuviera. Uno de sus pies se movía nerviosamente hasta que Lux le puso la mano encima mirándolo llena de preocupación.
- ¿Estás…? –la dejó a media frase.
- Necesito ir al baño –dijo y se movió tan rápido como pudo lejos de ese lugar.
¿Baño? Esa sólo era su excusa, debía hablar con el encargado de este terrible lugar, el diablo personificado, el traidor que lo llevó a ese preciso momento.
- Te daré lo que quieras –Draven apenas tenía el suficiente aliento para haber llegado a tal velocidad hasta aquel salón privado.
- Salgan todos –ordenó Cavagnarov. La multitud que le acompañaba desapareció y cerraron la puerta tras ellos. Sólo estaban Draven y éste degenerado- la voluntad más débil siempre pierde.
Aquel palco privado tenía una enorme ventana oscurecida, a duras penas se podría decir que habían personas, Draven se acercó al gran ventanal, mínimo podía mandar a volar a este hombre antes de arruinar su vida por completo.
- Quiero que veas algo –siguió Cavagnarov- antes de cumplir con nuestro trato –rió divertido extendiendo su brazo y señalando todos los palcos privados- tu 'esposa' cree que toda esta gente es la clientela del lugar, incluso las habitaciones privadas están colmadas de gente, lo que no sabe y tú tampoco es que todos ellos son gente afín a nuestra causa…
- ¿Qué tiene que ver? –preguntó irritado.
- Todos pagaron por ella –añadió el conde de tez pálida y miró de nuevo al guerrero noxiano- hoy la joya demaciana va a ser servida a 400 invitados.
- Qué demonios dices, ¡la matarían! –gritó al borde de un colapso.
- No entiendes, ellos pagaron por tenerla y gozarla, viva o… muerta.
El mundo se detuvo para Draven, así que Swain manipuló su voluntad para llevarla a este lugar para hacerle pagar por todas sus tonterías, sus miserables deseos finalmente conseguían sentir algo más que excitación, ahora querían protegerla, incluso sabiendo que luchaba por no hacerle cosas peores.
- Te daré todo lo que tengo, lo que mi hermano tiene, el castillo, su ejército, te doy mi vida incluso, úsala –parecía estar contra la pared, era vacío, sus palabras carecían de sentido, todo comenzaba a perderse, se volvía más gris de lo que jamás fue, al menos antes podía ver los tenues colores desbordándolo pero ahora… nada.
- Sabes lo que quiero.
- ¡NO PUEDO! –gritó a toda voz pero su cuerpo decía lo contrario.
- Creo que cambié de opinión, tienes una voluntad muy fuerte, quizás por tu hermano, por el amor que le tienes o por el respeto que aún le guardas al comandante caído pero no puedes aguantar más, lo veo en tu rostro. Eso que sentiste hoy, sí –Draven lo miró, parecía haber estado en abstinencia por uso de drogas- el deseo de matarte o matar el objeto de tu deseo, lo sentirás todos los días con mucha más frecuencia, pronto un día perderás la consciencia y amanecerás violándola mientras este muerta en tus manos, será tan gracioso ver la luz de sus ojos desaparecer. Aquel cuerpo frío y tú… despertando a un mundo sombrío.
- Lo… haré –cerró su boca, estaba sin aire pero no quería respirar por la boca, quizás no deseaba estar vivo tampoco.
- ¿Qué dijiste? –preguntó Cavagnarov.
- Es lo que Swain quiere, él sabe que lo traicioné por tu causa, metiste un espía a mi casa y ahora esa basura lo sabe todo –seguía viendo a través de aquel ventanal a la pobre Luxanna.
- No fui yo pero sí le dije de nuestro trato. Le encantó la idea. Me parece que serás un buen ejemplo –le puso la mano encima del hombro.
Tragó saliva y posó su mano sobre la ventana, veía su propio reflejo, endemoniado, incapaz de pensar en algo más, cansado de luchar, este futuro que elegía era el menos horroroso, quería pensar o consolarse de esa manera.
Fue entonces que el conde tomó su intercomunicador privado para comunicarse con sus secuaces, los mismos vestidos de servidumbre guiaron a Lux hacia la habitación preparada para el acto que llevaría al horror a ambas víctimas.
- Ella es mi mujer, no hay que dar ejemplos cuando lo nuestro es real –fingió, Draven sólo quería sentirse menos asqueroso en ese momento. Pero claro, Cavagnarov lo sabía ya.
De todas las cosas que había hecho, incluso de sus propias depravaciones, ésta era la peor, había llevado a una inocente a la guillotina, la iban a sacrificar y servirse de sus carnes cual si fueran coyotes para luego tal vez, en un acto de villanía quitarle la misma piel y marcar sus rostros con su sangre.
En la habitación Lux revisó todo el lugar, habían muchos espejos, los veía y se incomodaba, tenía la mano sobre uno de ellos y creyó ver movimiento, se alejó, ver su reflejo por mucho le provocaba paranoia, no se reconocía.
Un golpeteo se escuchó, era Draven, entraba tempestuoso con los ojos perdidos, la bebida le hizo un poco de efecto porque caminaba de lado, no se caía ni nada, sólo parecía estar chueco por los pasillos. Al entrar, por primera vez durante ese día Lux no fue lo único que vio porque había algo mucho más siniestro, los espejos, llenos de muchos pervertidos, entre ellos el gestor del problema.
- ¡Draven! ¿Estás bien? –caminó hacia él con prisa y se detuvo al verlo completamente quieto.
- Yo… -le dio la vuelta y la tomó por los hombros para dirigirla hacia la cama, le susurró al oído lo demás- nos descubrieron, era cierto lo del espía, lo lamento –la volteó hacia él y con la punta de sus dedos le quitó el resto de cabello que caía sobre sus mejillas- tengo que hacerlo –dijo y la empujó contra la cama, no lo hizo muy fuerte y Lux cayó sentada prácticamente, en realidad tenía los codos en el mullido colchón.
- ¿¡Hacer qué!? –preguntó con su corazón acelerado.
Al tenerla sobre la cama se subió sobre su cuerpo, la aprisionaba con sus piernas, la miraba y pensaba en atraparla con sus manos también, impedir que se moviera, que incluso dijera algo, quizás si gritaba le pondría una almohada encima.
- ¡Me estás asustando! –dijo en un grito intentando liberarse.
- Sólo será una noche, no será más.
- ¿Qué? ¿¡Qué noche?! –Lux abría su boca y respiraba agitadamente, como si no pudiera aguantar el miedo que sus temblorosas manos acurrucaban- NO DIGAS ESTAS COSAS, SUÉLTAME –le ordenó pero Draven endureció su agarre.
Acercó su rostro al de Lux y giró un poco hasta estar junto a su oído, iba a decir todo lo que pudiera, este momento iba a marcarla, merecía saber algo.
- Es una trampa, actúa, si quieres vivir, hazlo por el bebé, por Darius… imagina… -sus ojos parecían estar húmedos al pronunciar su nombre- imagina que es él.
- ¿Vas a lastimarme? –preguntó dándose cuenta.
- Debo hacerlo con fuerza, es… está en mi cuerpo, el veneno. Pusieron más y… necesito que me mates –volvió a ser consciente de sí mismo, el temblor de su cara, sus manos, su mismo cuerpo le indicaba a Lux que esto no podía detenerlo- tengo una daga, la sacaré y te la pondré al cuello, quítamela, no la sostendré con fuerza, hazlo y mátame, por favor… -los labios le temblaban también.
Iba a morir, él iba a dejarse morir en ese momento para no llevar a cabo los actos ruines que esta organización había planeado para castigarlo, al menos no sabían que ella estaba embarazada.
No dijo nada, Draven sacó la daga para dirigirla al cuello de la rubia, la misma dejó correr sus lágrimas, ¿qué hacer? ¿Asesina? ¿Amiga? ¿Hermana? ¿Esposa? ¿Qué era? Parecía que todos sus pensamientos huían, quién hubiera dicho que estaría petrificada como en aquella otra ocasión.
Vio a Draven luchando con todo su ser pero no era suficiente, era increíble cómo lo hacía, sus ojos le decían "no quiero" pero su cuerpo le afirmaba lo contrario, ¿tan terrible pecado era haber amado a Darius como para que castiguen al hermano? Desatar los peores deseos en su corazón, llevarla a este sórdido lugar para ser usada y luego desechada… ¿dónde quedaban los acuerdos? Todo era una mentira, ellos nunca la aceptaron, nunca quisieron la paz entre ambas naciones, sólo querían hacerla pagar.
El castaño le subió el vestido y descubrió su ropa interior, procedió a dejar bailar sus dedos en el borde del único pedazo de tela que cubría sus partes íntimas y antes de pensar en nada más dejó que sucediera, no encontraba una manera de impedirlo, su mente jugaba a ponerle barreras. Iba a atropellar su dignidad como si fuera un simple y triste animal a mitad de la carretera.
Su ropa interior también cayó, los dedos tibios del noxiano acariciaron su vientre, la hizo temblar, ella seguía viéndolo con miedo.
- El cuchillo –susurró en un hilillo de voz pero Lux no despertaba del trauma, por un momento un espasmo de sus músculos la hicieron moverse pero Draven presionó más el cuchillo contra el cuello de la joven logrando hacerle un pequeño corte.
En su interior Draven sólo se maldecía por dejar a sus instintos guiarlo hacia la destrucción, le había pedido a Lux matarlo pero se quedó quieta, como si no pudiera concebir la idea de si quiera empuñar esa daga hacia su corazón.
(*)
La perturbada mente del noxiano le decía que se detuviera pero la oscuridad brotando de su peor deseo se desató, insertó entonces un par de dedos en ella, la joven dio casi un salto sólo con sus caderas, no paraba de tener pensamientos fugaces.
- Cierra los ojos, maldita sea –añadía con odio pero también parecía gozarlo. Estaba tibia por dentro, tibia... tibia… la perra estaba tibia, pensaba.
La frotó, no una sino varias veces hasta tenerla húmeda, la abría con sus dedos y los metía más, Lux cerró los ojos sin dejar que las lágrimas corrieran como locas, de todos modos llegó a mojar la almohada, el cuchillo le presionaba la garganta hasta que lo soltó a un lado de ella.
Pero no porque fuera a parar, iba a usar ambas manos, una para desvestirla y otra para seguir masturbándola, le quitaría parte del vestido y tocaría sus senos; tal cual lo hizo pero al tenerlos descubiertos se lanzó a chuparlos como si fueran unos dulces, su erección estaba en su punto más alto, quería detenerla, quería jugar con ella y soltarla pero debía violarla, él y sólo él… nadie más, así ella seguiría viva.
- Imagina que soy él, imagina… por favor –repetía como si tuviera algún sentido.
Sólo era un humano, imperfecto, indescifrable, incapaz de hacer algo para detenerse, infeliz de tener que lastimarla, asqueado de tocarla. Se odiaba, ¡se odiaba!
Luego de meter sus dedos, empezó a frotar más y más rápido, metiendo incluso más dedos, Lux seguía apretándolo, estaba más mojada, quizás sólo por el frotamiento y por la saliva del noxiano.
- Suficiente –determinó y sacó su enorme miembro, lo acariciaba con una mano y seguía masturbando a Lux con la otra.
- No lo hagas, por favor… te lo pido… ah… -sollozaba sin control, rogaba porque parara, no era capaz de entender por qué habían llegado tan lejos- ah… ah… -gemía pero eso sólo era el principio.
Quitó entonces su mano de la entrada de Lux y la dejó lo más mojada que podía para no lastimarla, le abrió las piernas por la fuerza y con rabia, cuando ella se dio cuenta abrió los ojos y trató de escapar, ¡era demasiado! Lo golpeó, le dio un puñetazo, lo hizo sangrar pero no fue suficiente para despertarlo de este error.
Se levantó de la cama casi desnuda porque iba a irse, nada valía esta humillación, éste dolor, éste… abuso. Pelearon por un par de minutos, él no la lastimó, sólo la jaló por los brazos y la tumbó una y otra vez en la cama hasta que ya no pudo más.
Lux lo miró totalmente aterrorizada la última vez que acabó en la cama, sin fuerzas para hacer nada más y Draven intentó una vez más ponerla en posición para completar su ofensa pero ella tomó fuerzas de donde pudo y se levantó una vez más como si ignorara que Draven la tiraría a la cama, con la diferencia que ahora chocó contra el respaldar de madera y perdió el conocimiento por un par de minutos, estaba bien pero cuando se dio cuenta tenía amarradas ambas manos a los lados de la cama, se movió como un pez fuera del agua, se moría… se estaba destruyendo por dentro, ¿cómo podía ser de otra forma? La estaban tocando en contra de su voluntad.
- Cierra los ojos e imagina que soy él –ordenó.
Respiraba con la boca abierta, incapaz de calmarse de nuevo, llorando, rogando, pidiendo que no lo haga, preguntándose por qué no lo detuvo cuando él le dio la oportunidad y lo supo.
Compasión. Ella sentía tal compasión por él que en algún punto creyó que podría tener una oportunidad contra la magia oscura que se apoderaba de su corazón. No quería convertirse en una asesina y menos de lo único que Darius le había dejado, su hermano… su querido y único hermano.
- No quiero –le dijo en un hilillo.
- Yo tampoco –le contestó igual de bajo y apretó los labios, sus ojos húmedos parecían querer llorar con ella.
Acarició su vientre con su miembro para luego guiarlo a la entrada de la joven, la frotó por unos minutos más hasta ponerla nuevamente mojada, ella decía un "no" cada vez que la frotaba y luego sin previo aviso metió hasta el fondo toda su virilidad.
Lux dio un grito el cual Draven ahogó con su mano, luego casi en caricia bajó hasta su cuello y la apretaba cada vez que la oía decir si quiera algo. Comenzó entonces a moverse, de adelante para atrás, al principio suave pero luego lo hacía duro, muy fuerte. El interior de Lux segregaba más y más jugos.
Sus gemidos lo excitaban todavía al igual que cada "no" que recibía, no parecía entenderlo, su pene estaba cada vez más grueso, no se había sentido así antes, ¿era el efecto de la semilla oscura?
- Ahhh –gimió muy fuerte y le presionó el cuello. Se la metió una vez más y volvió a gemir, quería besarla para acallar todo esto porque no soportaba escucharla ni escucharse… ¿escucharse?
Estaba gimiendo, por primera vez en su vida… estaba disfrutando algo sin miedo a nada, ¿cómo podía sentir tanto placer? Cada vez que la penetraba su sensibilidad se incrementaba y se mojaba todavía más, incluso sabiendo que podía llenarla con sus jugos, cosa que usualmente no hacía, ni si quiera con prostitutas pero no era lo único que le excitaba, su mirada, su olor, su ternura; sus recuerdos entonces le atacaron, las veces que ella era sensible con él y sus abrazos, los cuales nunca hubiera esperado de nadie.
La amaba.
Sus ojos volvieron a empañarse mientras veía a la ya adolorida joven retorcerse con cada embestida que le daba, fue cuando soltó sus ataduras, iba a abrazarla, quería abrazarla, estaba hambriento de intimidad, no sólo ésta intimidad sino la que compartían cada vez que ella lo tocaba sin ninguna otra intención más que la de hacerlo sentir en paz consigo mismo.
- P-o-r fa-fav-favor –dijo Lux pero Draven volvió a apretarle el cuello.
Cada vez arremetía más fuerte contra ella, la pobre ya ni si quiera luchaba, estaba cansada, no tenía fuerzas y temía que él la ahogara. Con cada golpe en su interior se acercaba más a su meta, no podía creer que hubiera llegado tan lejos, la mujer que nunca imaginó estaba en su poder, no lo miraba, cerraba los ojos, quizás tratando de imaginar que no era él quien la estaba penetrando.
Estaba mojada, quería decírselo y que ella supiera que era él, gozarlo como lo hacía con todas pero no podía, necesitaba estar en silencio de no ser por el goce que estaba teniendo, gimiendo como un imbécil, como el peor lastre de la tierra, viviendo feliz a través del sufrimiento de ella.
Aprovechando que tal vez se hubiera resignado y estuviera haciendo lo que él le dijo desde el principio para no seguir sufriendo.
- Ah… ah… aahhh… ¿por qué? –preguntaba mientras le tomaba los hombros, la estaba acariciando, pasó de hacer eso a besar su rostro, le besaba la frente, la mejilla, el cuello… su respiración con la de ella comenzaban a sincronizarse al igual que sus gemidos, ella sólo se mantenía alejada de la interacción porque no decía ya nada.
Y entonces lo sintió, aquella energía dentro de sí, la fuerza que impulsaba cada embestida iba a llenarla, antes de hacerlo se aferró al cuerpo de Lux, la levantó y la abrazó con fuerza, mantuvo su cuerpo unido al de ella hasta que en la última embestida que le dio soltó todo su poder, era como si… no se acabara.
Draven gritó al sentir como descargaba todo su placer, la estaba llenando mientras la tenía entre sus brazos, con ese cálido abrazo que tanto amaba.
No entendía la razón de su respuesta corporal y emocional, su satisfacción no tenía cabida en ese momento. Estaba seguro de haberse masturbado un par de días antes de esto pero daba igual, salía y seguía saliendo, la tibieza del cuerpo de Lux y de su miembro, aún erecto… le pedía hacerlo una vez más. Incluso antes de sacar su miembro seguía estando duro.
(**)
Pero luego como un chasquido algo se quebró dentro, era el sonido de cristales rotos, poco a poco soltó a Lux, la depositó en la cama con cuidado y se apartó, tenía miedo, sentía horror, al alejarse sólo podía verla con la ropa destrozada, algunos moretones y cortes en el cuello y de su vagina aquel jugo blanquecino saliendo.
Negaba con la cabeza y no podía pensar, ¿él había hecho esto? Algo en Draven murió ese día. Algo que no podía decir que era pero que estaba seguro que jamás podría recuperar.
Incapaz, irreverente, indeciso, infeliz, miserable, asqueroso… era más que eso, ¡ERA UNA COMPLETA BASURA! LO QUE HABÍA HECHO ERA IMPERDONABLE.
Fin de Episodio 35
