*Este capítulo contiene escenas de accidentes y caídas que no tienen consecuencia porque es ficción. No lo intenten en casa.
…
Las Kocho eran verdaderas ninfas de los bosques que decidieron ir a pasearse entre los mortales.
Atraían la mirada de la multitud. Los chicos y chicas las observaban con admiración y algo intimidados, dada la belleza que exponían las tres muchachas, daba igual lo simple, rebuscada, exuberante o informal que fueran las ropas que llevasen.
Y en la estación del tren, la atención no fue la excepción.
Los grupos de jóvenes que se encontraban esperando su turno de subir al tren se quedaban prendados ante tales bellezas; los boleteros entregaban mal el cambio y no escuchaban atentamente a las personas que atendían. Las familias, madres, padres y jovencitas las saludaban si hacían contacto con la mirada, pues las tres, a pesar de su gran parecido entre sí, denotaban cada una, una forma diferente de expresar la belleza.
Kanae era una verdadera estrella de cine. Tenía una belleza fresca y graciosa, y su caminar y sonrisa eran galantes y carismáticas. Pero su sonrisa amable era lo que permitiría a las personas de a pie, si Kanae se dedicase al rubro de la actuación, acercarse a pedir autógrafos, pues daba la sensación de que correspondería los gestos atentamente.
Shinobu era una verdadera reina. Una miembro de la realeza por su porte tan altivo y maduro. Nadie dudaba que, a pesar de la altura de la joven, ella era ya una mujer adulta; nadie jamás la confundiría con una niña. A diferencia de Kanae, cuyo aspecto y presencia se mostraban más accesibles, ella tenía una belleza lejana y soberbia, pero callada. No necesitaba decir una palabra para marcar presencia entre los mortales.
Y Kanao, era una belleza lozana y juvenil. Era la deforme combinación entre la dulzura de la niñez y la curiosidad impetuosa de la juventud. Ella era más alta que Shinobu, pero nadie dudaba que ella era la última que nació de aquel trio.
Ella era de sonrisa tímida y de miraba preocupada. Parecía ser fácil de engatusar, fácil de perderse, por ello sus dos hermanas mayores la escoltaba por cada costado. Ellas trataban de iniciar conversaciones sobre lo que se les ocurriera, cosa que para la mayor no resultaba mayor problema, pero estaba siendo un reto el contestar.
Kanao estaba especialmente ida aquel día.
Estaba nerviosa. En teoría, nunca había estado tanto tiempo cerca de Tanjiro como lo estaría aquellos dos días. Generalmente, eran periodos que tenían fecha de caducidad, las típicas tardes de salida al centro, a tomarse algo; los encuentros en el instituto o las reuniones con sus padres.
En todas esas ocasiones siempre había un impedimento para que pudieran ser… ¿Efusivos?
Kanao enrojeció al darse cuenta de lo que pensaba.
Por supuesto, no es como que ella fuera a estar SOLA con Tanjiro a pasar una noche, estarían sus hermanas y sus cuñados. Pero la vigilancia de sus hermanas no era la mismo que la de los desconocidos, de sus profesores, ni hablar la de sus propios padres.
Era la primera vez que podrían estar solos, sin una supervisión asfixiante.
Y su corazón no paró de latir desde anoche, que se percató de eso.
Ella de todo corazón, inocentemente, propuso aquella salida para relajar a su cuñado y a sus hermanas que habían tenido un semestre difícil.
Y luego Kanae tenía que ir a sembrar discordia.
Mientras la mayor ayudaba a la menor a arreglar su maleta, Kanae mencionó que el detalle que sus padres no asistirían al viaje, luego agregó, a modo de advertencia.
—¡Así que nada de portarse mal, Kanao! —con una sonrisa pícara, mientras guiñaba un ojo.
Kanao quería convertirse en un avestruz y meter la cabeza bajo el concreto.
¿¡A qué venía la advertencia!? Y, de todos modos. ¿Por qué se sentía tan nerviosa? ¿Su hermana pensaba que algo raro iba a pasar o que Kanao lo tenía en mente? Porque la respuesta era negativa.
¿Kanae había dicho algo que no era correcto?
Su hermana solo advertía que se portara bien, como corresponde, sin escándalos, amablemente, cordialmente, que ayudara a los ancianos, a los niños, que siguiera las instrucciones y que se divirtiera…
Kanao comenzó a pensar con la vista pegada a sus pies.
¿Había visto alguna vez a Tanjiro sin camisa o el pecho por debajo de la clavícula?
—¡Kanao! ¿Cómo estás?
La voz de Tanjiro la sobresaltó.
Levantó la vista con los ojos tan abiertos y se encontró con la hermosa sonrisa de Tanjiro, y para su desgracia, absolutamente abandonada por sus hermanas.
Los ojos carmín del chico brillaban de ilusión y de encanto.
—¡Yo…!
Kanao se quedó de piedra pensando que quizás Tanjiro podría leerle la mente y descubrir las perversas intenciones de la muchacha.
Estaba roja y sus mechones rebeldes se le pegaron a la cara por el sudor.
Tanjiro pudo oler lo asustada que estaba.
—¿Todo bien, Kanao?
—¡Sí, sí! —chilló ella, tan aguda que apenas si fue audible, luego, después de unos segundos, su cerebro logró hacer sinapsis y encontrar una excusa—. Es que… Hoy hace mucho calor, es todo… ¿Viste a mis hermanas? Hace un segundo estaban junto a mí…
Tanjiro se dio la vuelta y apuntó hacia una muralla de la estación donde no pocas personas se apoyaban habitualmente, pero aquel día la muralla de ladrillo era ocupada por solo dos hombres.
Uno de los boleteros de la estación se quedó con el boleto colgando en la mano para extendérselo a su próxima clienta, cuando observó a aquella chica que podía ser la estrella de cine de sus sueños, se colgaba amorosamente del cuello de un tipo que daba por sentado tenía de tres a cinco cargos por robo y dos de asesinato.
Y su amigo, que se encontraba en la cabina de al lado, se quedó con el corazón quebrado cuando observó a la pequeña reina dando un fugaz beso al tipo de mirada muerta, tan muerta que parecía ser un veterano de Vietnam que había viajado en el tiempo.
Shinobu tomó a Tomioka de la mano y fueron juntos a la boletería, dejando a su hermana apachurrando a su novio contra la pared de la estación con un gran y fuerte abrazo.
—¡Esperé tanto este día! —dijo Kanae con la mejilla pegada al tórax de Sanemi.
Él recibió el gesto con modestia y fue bastante más delicado para dar caricias que se limitó a dar a la altura de la cabeza.
Kanae apoyó su mentón y miró a Shinazugawa con los ojos más brillantes y esperanzados que había visto en años.
—¡La vamos a pasar muy bien!
Sanemi forzó una sonrisa, poniendo todo su empeño.
No estaba seguro de aquella afirmación.
Shinobu a lo lejos, le entregó los boletos a Tomioka.
—La verdad es que me ilusiona este viaje—habló la chica, casi con lo que pareció timidez—. Espero que sea algo tranquilo y no tengamos problemas.
—Yo también lo espero.
Pero Tomioka se había despertado aquel día con una sensación de nauseas en la garganta. Sentía una ligereza incómoda en el pecho, casi como un cosquilleo de nerviosismo.
Algo iba mal. Algo estaba perturbando el equilibrio. Algo no iba bien. O algo bueno, definitivamente no iba pasar.
—¿Trajiste lo necesario, Tanjiro? —preguntó Kanao.
—Todo lo que me pediste lo traje. ¡No hay de qué preocuparse! —se detuvo un momento para ver a Kanao—. ¿Estás bien? ¿Te sientes mal?
—No… es que…—Kanao colocó una mueca entre la confusión y la preocupación—. Yo…—sacudió su cabeza, como queriendo espantar sus propios pensamientos—. Nada. Estoy un poco nerviosa por el viaje, es todo. Nunca había hecho algo como esto.
—¡Saldrá bien! —aseguró Tanjiro—. ¡La pasaremos genial!
Justo en aquel momento, el teléfono de Tanjiro empezó a sonar.
—¿Hola? —preguntó nada más arrastrar el botón verde.
—¿Tanjiro? —era la voz de Zenitsu, pero ciertamente se escuchaba un poco extraña y baja por interferencia—. ¿Tanjiro, me escuchas?
—¡Sí, soy yo! —Tanjiro se tapó el oído libre con la mano que le sobraba—. ¿Estás bien? Te escucho muy mal… ¿Dónde estás?
Zenitsu demoró en contestar.
—Nosotros ya llegamos. ¿Dónde vienes tú?
Ahora fue Tanjiro quien demoró en contestar, pero no por la interferencia.
—¿Qué? ¿Cómo que ya llegaron? ¿Llegaron a dónde?
—¡Pues a "Mi Montaña"!
Inosuke intervino en la llamada con un bramido tal que la interferencia no pudo aplacar la voz del niño cerdo.
—¿Cómo que tu monta-?
Tanjiro se quedó helado con un remezón desagradable en su corazón. Un escalofrío recorrió su espalda y palideció de momento.
Esto no estaba bien.
…
—¡Inosuke, sal de ahí! ¡Es propiedad privada! —Zenitsu agitó su brazo en dirección a su amigo como si estuviera espantando moscas frente a sí—.
Sostenía su teléfono con la otra mano y la línea se estaba demorando lo suyo en contestar.
—¡Claro que es privada! ¡Es del Gran Inosuke!
Zenitsu se encontraba en un lugar entre la nada y el paraíso vacacional que rodeaba aquella montaña.
Era un lugar de alta vegetación, el bosque era denso, de árboles altos y era raro pensar que un lugar cono aquel existiese no tan lejos de un pequeño poblado. Pero ahí estaba. Siendo natural y casi salvaje.
A lo lejos, Zenitsu podía escuchar canticos de pajaritos que le eran totalmente desconocidos y unos gruñidos muy, pero que muy lejanos que lo ponían un poco nervioso. Los árboles se agitaban ruidosamente por el viento que soplaba en aquella altura de la montaña, que en algún punto se dividía en dos tierras privadas.
La primera, la más concurrida y costosa, que era la escalada al hotel escondido entre la espesura de aquella montaña, y la segunda, un lugar no habitado, al menos desde la opinión de Zenitsu, porque en sus buenos kilómetros no fue capaz de divisar ni una sola carretera o entrada que diera para pensar que en aquel lado de la montaña existiese vida humana inteligente y cortés.
Hacía una media hora que se habían salido del sendero de los turistas, y se habían adentrado al boscaje desconocido y no señalizado.
Inosuke se movía con rapidez, y ágil saltaba troncos, rodeaba árboles y se afirmaba de rocas para continuar, y varias veces se encontró dejando a Zenitsu atrás.
Pero en un punto, Inosuke se detuvo frente a algo. Era lo único que parecía ser un rastro de la civilización: una cerca de alambre púas, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Zenitsu no se preocupó, pues no era capaz de escuchar estática o un zumbido peligroso que hiciese pensar que era mejor no acercarse a aquella cerca. Más bien, era hasta un poco ofensivo lo vieja y desgastaba que estaba. No era como si alguien no pudiese simplemente cruzarla.
Como estaba haciendo Inosuke en aquellos momentos.
—¡Si nos ve el dueño bien podría darnos con escopetazos si quisiera!
—¡Yo soy el dueño! ¡Y no necesito escopetazos para echar a patadas a la gente de aquí!
Inosuke sacó un cuchillo rústico y artesanal de su bolsillo y con un solo movimiento cortó los tres alambres que formaban la cerca, haciendo una entrada, ciertamente ilegal y daño a propiedad privada.
—¿¡Tú estás demente!?—pasó tan rápido que Zenitsu no pudo detenerlo.
—¡Zenitsu! ¿¡Q… …tá pa…do!? —Tanjiro se escuchaba con interferencia—.
Insouke guardó su arma y se devolvió con un salto para arrebatarle a Zenitsu el teléfono.
—¡Estamos aquí para apoyarte, Gyotarou! ¡Vamos a subir la montaña, y vamos a protegerte del hermano de Piña! ¡JA, JA!
—¡Inosu…! ¡Qué… tú no…!
Y la llamada se cortó.
…
Tanjiro miraba su teléfono con el semblante pálido.
—¿Qué ocurre? ¿Zenitsu está bien? —preguntó Kanao—.
Tanjiro puso su mejor sonrisa.
—¡Él está bien!
Al menos eso esperaba. Porque quien no estaba nada bien era Tanjiro, y esperaba que ella no preguntara, pues ahí sí que sería difícil decir que todo estaba bien.
—¡Vamos, chicos, no abulten la fila! —desde la altura del tren, Shinobu los llamaba, pues eran la única pareja que se quedaba abajo.
—¡Ya vamos! —contestaron los dos al mismo tiempo.
…
Tomioka recibió una maleta de parte de Shinazugawa, que alzó para meterla dentro del compartimiento superior destinado al equipaje. O al menos eso trató, pues la maleta parecía negarse a entrar con la fuerza amable que estaba presionando.
Trató de darle con más fuerza, pero parecía imposible.
Shinazugawa, viéndolo en problemas, le arrebató la pequeña maleta que Tanjiro llevaba y la usó de martillo para que la maldita maleta entrara de una vez. Cosa que después de tres intentos entró haciendo fricción.
Luego tiró descuidadamente la maleta de Tanjiro a un lado, que se posicionó holgadamente en la parte sobrante del compartimiento.
Procedió a tomar el asiento de la ventana y antes de que se diera cuenta, Kanae se hallaba a su lado, tomándolo por el brazo.
Frente a él había una mesa, y la siguiente triada de asientos, a continuación. Kanao se posicionó junto a la ventana y a su lado, Tanjiro. Para desgracia de la tercera pareja, cada uno tomó el asiento que sobraba, solo pudiendo verse de frente.
Shinobu tomó asiento al lado de su hermana, y Tomioka al de Tanjiro.
—¿Cuál es nuestra estación?
—Es ésta.
Kanao le mostró una foto en su celular y apuntó al cuadrito morado con una gran "E".
—De ahí tomaremos un autobús y después vendrá la parte complicada…—señaló la muchacha.
—¿Qué tiene de complicada?
—Hay que subir una cuesta hasta el hotel—completó Shinobu desde su posición—. Es un trayecto turístico largo y muy agotador. Al final te espera un hotel. ¡Pero no lo logra cualquiera!
—¡Suena bien! —Tanjiro abrió con los ojos todavía más entusiasmado—.
Shinobu ladeó la cabeza, enternecida.
—¿Has viajado en tren antes, Tanjiro? —preguntó Shinobu.
Tanjiro negó con la cabeza.
—En general solo uso el autobús—se giró hacia Tomioka con una gran sonrisa—. ¿Y usted? ¿Ha viajado en tren?
—Para la universidad—contestó Tomioka en un ecuánime tono de voz—. Tengo que ir a terreno para medir el suelo u observar los caudales de los ríos—se giró hacia el par—. Pero la verdad es que no he llegado tan lejos.
—Tú también viajaste en tren, ¿no, Shinazugawa? —Kanae sonrió hacia él—.
Sanemi no tenía muchas ganas de conversar, pero un comentario pequeño no mataría a nadie.
—Sí. Con mis amigos—respondió, aunque terminó con una nota seca, por lo que continuó—. Tampoco llegamos tan lejos, pero antes de llegar a esa estación, hay una que da cerca de un lago y nos quedamos a acampar ahí.
—¿Con Tengen, Mitsuri, Rengoku y Obanai? —volvió a preguntar Kanae—. ¿Lo tenían planeado?
Se notaba que quería que interviniera en la charla.
—No—Sanemi se ruborizó un poco—. Una noche nos reunimos y pasaron cosas…
—¿Cómo así? —indagó Kanao recostándose sobre la mesa—.
Sanemi se detuvo un momento, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Porque no era una historia ejemplar y podría llenar la cabecita de Kanao con ideas equivocadas, o que tuviera ganas de repetir lo que él hacía.
—Estábamos un poco alegres por el alcohol—por no decir que borrachos como cubas—. Y luego Mitsuri vio en una de sus redes sociales un concurso que le llamó la atención.
Ella les chilló a todos que tenían que apoyarla porque esa noche observó los astros, consultó el tarot o no sé qué mierda, y en base a eso dijo que la suerte estaba de su lado aquella noche, por lo que los obligó a jugar en un concurso en una página con más de dos millones de seguidores.
—Concursamos e invitamos a los que pudimos.
Acosaron a todos sus malditos y familiares y amigos a las dos de la mañana para que les hicieran el favor de seguir las instrucciones que el concurso colocaba en la descripción.
—Y cuando nos despertamos, habíamos ganado.
En realidad, ganó la mamá de Rengoku, pero la frágil mujer cedió sin problemas el premio a su hijo y a sus amigos, por lo que se ganó el galardón a la mejor mamá de ese año.
—El premio era en una cabaña al lado del lago.
—¿Fue buen viaje? —preguntó Kanao.
—Fui con mis amigos—contestó como si con eso lo dijera todo—. Por supuesto que sí. Fue todo tranquilo, sin muchas movidas.
La verdad es que se la pasó tres días seguidos borracho, gritando a todos lados y espantando a todos los animales a su alrededor; Obanai se cayó de una ventana de lo mal que iba y tuvieron que llevarlo a urgencias para que le pusieran puntos en la cabeza; Tengen espantó a un rebaño de ovejas que se escaparon de la propiedad privada de al lado, mientras Rengoku trataba de poner orden, pues era el único que no bebía, pero Mitsuri abarcaba casi toda su atención pues la muchacha se empeñaba en nadar estando borracha y eso era algo que no iban a permitir.
—Fue un buen viaje—concluyó.
Tomioka desde su lugar escuchaba atentamente. A pesar de los parcos detalles, un viaje al lago sonaba como algo divertido. De algún modo quería seguir escuchando sobre ese viaje, quería investigar más sobre quiénes eran esas personas.
Shinazugawa tenía muchos amigos. Y parecían ser amigos cercanos y buenos.
Se sentía un poco envidioso, pero solo por la unívoca idea de amistad que tenía atascada en la cabeza. Siempre que escuchaba a alguien hablar de sus amigos, se imaginaba siempre el mismo tipo de relación cercana y de casi hermandad que tenía con Sabito.
Alguien que tuviera muchos amigos, debería tener esa relación con todos ellos. ¿No es así?
Extrañaba eso. Quería vivirlo de nuevo.
Quiso indagar más, pero no tuvo el valor para preguntar por las personas que Shinazugawa conocía. Esta vez, las ganas de acercarse a gente de su edad se estaban acumulando en su ser. Y cada vez, su timidez estaba perdiendo la batalla con sus ganas de socializar.
—Ustedes chicas, ¿han ido a ese hotel antes? —preguntó Shinazugawa, tratando de sacarse la atención de encima.
—Íbamos más seguido cuando éramos pequeñas—contestó Kanae. Alargó su sonrisa—. ¡Recuerdo tener que cargar a Shinobu en el último tramo varias veces porque no podía más!
Shinobu cerró los ojos a la vez que se ruborizaba desde la frente a hasta la barbilla. La ceja comenzó a temblarle incontrolablemente y no ayudaba a su compostura la sensación de paranoia de que todo el mundo de repente la estaba mirando.
—¡N-no debió ser más de una vez! —respondió ella tratando de mantener la compostura.
—¡Fueron varias veces! ¡No mientas!
Kanae se acercó a ella para rodearla con sus brazos, pero Shinobu se deslizó como cobra hacia atrás en dirección al pasillo para evitar el afecto. Sin embargo, Kanae se inclinó todavía más y logró engancharse al cuerpo de su hermana lánguidamente.
Shinobu se resistió y puso las manos sobre la frente de Kanae, y comenzó a empujar.
—¡Hermana! —protestó la chica
—¡Di que fueron más veces! —Kanae no cedió y parecía estar de lo más entretenida.
—¡Fueron más veces! —musitó Shinobu.
—¡Ahora déjame abrazarte!
—¡Kanae! ¡Ese no era el trato!
Shinobu estaba frunciendo el ceño y arrugaba los ojos con fuerza, pero finalmente, los temblores de su cuerpo producto del fuerte agarre acabaron cuando terminó por ceder ante el afecto y dejó que su hermana la abrazara con fuerza.
Sintió la suave mejilla de Kanae contra la suya, y para su desgracia, las risitas alegres de Tanjiro, Kanao y de Shinazugawa.
—¿Shinobu, no le gusta ser abrazada? —preguntó Tanjiro enternecido por el cariño de las hermanas.
Ella se removió un poco incómoda, todavía atapada.
—No es que no me guste…—sintió la mirada de su hermana, escrutándola sin piedad—. Es solo que siento que hay sitios para eso…
Kanae suspiró un poco ofuscada y la soltó. Tenía una expresión aniñada, casi infantil.
—Eso es exactamente lo que dice Shinazugawa—replicó un poco de tristeza—. Te pareces tanto a él, a veces.
Sanemi y Shinobu giraron lentamente sus cabezas para mirar a Kanae con expresiones entre la confusión, la perturbación y la indignación absoluta.
Shinazugawa recuperó la compostura antes.
—Lo dirás por la altura…—comentó con una sonrisa burlona.
Kanae tomó la mejilla de Shinazugawa y le dio un ligero tirón, enfurruñada.
—Confunda, pero no ofenda…—rebatió Shinobu desviando la mirada con contrariedad.
Kanae volvió a girarse con la misma expresión.
—¡Shinobu…!
Shinobu no conectó con mirada de su hermana, y se limitó a mirar el paisaje que ofrecía el lado opuesto del vagón.
—¿Habrá un nombre para ese complejo? —preguntó Tomioka. Luego se sujetó el mentón con una mano—. ¿Qué diría Freud?
—Seguro algo asqueroso—Sanemi arrugó la nariz con desagrado—. Dejémoslo ahí.
Hablando de complejos.
—¡Tomioka! ¿Cómo fue la primera vez que llegó a casa de las chicas? —preguntó Tanjiro con una gran sonrisa.
La verdad es que tenía curiosidad de saber cómo reaccionó el suegro.
Tomioka masajeó su barbilla.
—Pues…
Sobrevivió, por decir poco.
Shinobu le encargó a su hermana mayor, Tsutako, que lo arreglara y lo pusiera bonito para la ocasión, pues siendo él un hombre de vestimentas cómodas, poco complicadas y que no se arriesgaba a usar colores muy encendidos o estampados, quería que luciera llamativo, pero no demasiado vistoso. Reconocible, pero no olvidable.
Tsutako dio en el clavo y lo mandó bonito. Usando la vieja camisa que Sabito dejó allí y nunca se llevó y unos pantalones color vino. Solo después de una guerrilla para que el muchacho se dejase peinar, partió un poco nervioso a conocer a sus suegros por primera vez.
La primera impresión visual encantó a su mamá y desconcertó a su padre.
Esperaba a yernos llenos de defectos de los cuales podría quejarse y reírse para sus adentros, pero solo conociendo la apariencia, Tomioka no le entregó mucho material a su suegro.
Fue una velada tranquila y, por supuesto, Kanae estaba encantadísima y lo aprobó nada más saber que el chico existía. Kanao se mostró con timidez, y casi ni interactuó con él. Así como hasta el día de hoy.
El suegro, la primera vez se mostró un poco más reticente a participar y a generar un ambiente pasivo-agresivo, pues lo que podría decir en una noche, a pesar de no ser mucho, parecía ser bastante impresionante.
—Sobreviví…—Tomioka tomó un suspiro y se dirigió a Shinazugawa—. ¿Cómo fue tu primera noche?
Shinazugawa se quedó con los ojos abiertos. No mostraba emociones, debido a la sorpresa de volver a un día como aquel hace tres años.
Le echó una mirada divertida a Kanao, que inmediatamente la bajó completamente ruborizada.
—Kanao-
—¡No digas eso! —protestó la chica casi como un lamento.
—¡Pero si no he dicho nada! —Sanemi sonrió tan largamente—.
—Pero sé que dirás…—Kanao procedió a bajar la mirada.
Sanemi se carcajeó con energía y le revolvió un poco el pelo.
—Te vas a reír de esto un día…
…
Como cualquier hombre, se hallaba un poco nervioso de conocer a la familia, por lo que se arregló lo mejor que pudo y hasta planeó con días de antelación sobre cómo iba a saludar a sus suegros.
Kanae le llenaba de seguridad. Decía que le iba a encantar a sus padres, que iban a amarlo una vez lo conocieran.
Estaban en la puerta de la casa. Literalmente a pasos de verse frente a frente, cuando a Kanae soltó el pequeño, chiquito y muy importante detalle:
—¡Vas a ser la sorpresa de la noche!—le giró para mirarlo, absolutamente excitada—. ¡No les he mostrado nada de ti!
Sanemi se agarró de la reja de la casa abruptamente, sintiendo como el corazón le caía sobre el estómago. Comenzó a sudar frío y su postura se encogía a medida que el pensamiento se adentraba cada vez más y más en su cerebro.
Kanae se quedó agarrada del brazo, un poco confundida.
—¿No les has mostrado ni siquiera una foto? —preguntó con una voz rasposa y temerosa.
—¡Ni siquiera he descrito cómo eres! —replicó Kanae tan dulcemente.
—¿O de dónde vengo?
Kanae negó con la cabeza.
Sanemi tiró de ella y se inclinó para hablarle en voz baja.
—Mándales una foto, primero—trató de sonreír—. Vamos a darnos una vuelta para asegurarnos de que todos la vean y luego volvemos.
—Esa no es la idea, Shinazugawa—comentó ella como si fuera algo evidente.
—Kanae… No es buena idea que no sepan nada de mí.
—¿Por qué no?
Y fue incapaz de decir todas sus razones en voz alta. La verdad es que señalar lo evidente que eran le parecía ridículo, y muy tonto. Además, ¿no sería prejuicioso pensar que sus suegros no lo aceptarían por su aspecto?
O Kanae confiaba mucho en la tolerancia de su familia o estaba absolutamente ciega.
A camino, quizás, entre las dos opciones, estaba la respuesta que él tanto buscaba.
…
Kanao se encontraba colocando los platos cuando su hermana se adentró a la casa.
—¡He llegado! —anunció, más alegre de lo normal.
Kanao se dio la vuelta para recibirla y por poco no se le sale el corazón por la boca.
Agarró el teléfono sobre un pequeño mueble, y con un botón de marcado rápido llamó a emergencias, pensando que su hermana despistada había dejado que un delincuente se colara a la casa, sin que ella se diera cuenta.
Pero luego Kanae empezó a mover sus labios, y luego lo tomó del brazo, y se lo presentó.
Sanemi y Kanao se miraron a los ojos largamente. Tan nerviosos como cada uno podría estarlo, y no se dijeron una palabra.
—¿A quién estás llamando, Kanao? —preguntó Kanae.
Kanao se quedó petrificada, todavía por el shock de ver un muchacho de esas características. La voz de su hermana era un murmullo lejano, era como el eco de una voz.
—Habla emergencias. ¿Me escucha? —habló la señorita en el teléfono—. ¿Señor, señora? Este es un número de emergencias. ¿Cuál es su problema? ¿Hola? ¿Puede decirme su ubicación, por favor-?
Kanao colgó el teléfono, absolutamente ruborizada.
—A emergencias…— musitó en un hilito de voz.
Y si aquello no pudo ser peor, su suegra nada más verlo soltó un plato de las manos que se hizo trizas en el suelo.
Si su suegro se había perturbado por la apariencia de Tomioka, Shinazugawa fue un verdadero gancho al hígado.
…
Kanao había terminado el relato con ambas manos sobre su rostro.
—¡Lo siento tanto! —se escuchó ahogadamente bajo sus manos.
Shinazugawa se carcajeó, y volvió a revolverle el pelo a la pequeña. En su momento sí fue algo doloroso, pero a medida que conocía a la niñita, Sanemi supo tomarse su primer encuentro con humor. Aunque no fue fácil.
Shinobu agachó su cabeza tratando de ocultar su sonrisa, pues se le hizo imposible contenerla del todo.
Tomioka alzó la ceja, no entendiendo lo divertido del asunto. Y Tanjiro arqueó las cejas, sintiéndose muy mal por Shinazugawa.
Faltaba ya poco para llegar a la estación que necesitaban.
Y todo, por ahora, estaba en orden.
…
Tanjiro sentía las piernas entumecidas por el largo y extenuante viaje.
Inclinó su tronco sin llegar a flexionar sus piernas, y estiró sus dedos hasta tocar la punta de sus propios pies.
Luego, se irguió con fuerza y se dio la oportunidad de respirar profundamente el aire de la montaña, que se sentía más ligero y más limpio. Tanto así que llegó a marearse un poco.
El sol estaba en lo alto, sin embargo, parecía ser un mero decorativo del imponente paisaje. El aire no era abrasador y asfixiante como sí lo era el calor de la ciudad. Ahí, la sombra llegaba de la frondosa copa de los árboles y un viento fresco, casi helado, que refrescaba sus irritados rostros que el calor de la ciudad había bronceado.
—¡Me encanta! —dijo nada más admirar la hermosa vista verdosa que se extendía kilómetros y kilómetros lejos de su vista—. ¿Por dónde está el hotel?
Kanao se acercó a su lado y apuntó a un punto sobre su cabeza.
—Ese es.
La enorme montaña se alzaba sobre ellos. La verdad es que Tanjiro había subestimado la montaña en la que se escondía el hotel. La escala era bastante empinada y solo verla provocaba extenuación, pero había una barandilla a los costados que le dio más valor a Tanjiro.
—¿Está oculto? ¿El hotel, me refiero?
Kanao negó con la cabeza.
—Está ahí. Justo ahí.
Kanao se acercó más a Tanjiro y trató de dirigir su mirada en la misma dirección que su novia alzaba el dedo. Pero era incapaz de ver más que árboles.
—No lo veo…
—Ya lo verás, cuando subamos—se acercó Shinobu por un costado—. Es un sitio muy encantador. Sirven de muchas comidas diferentes ¡Es muy bonito, además!
—¡Y hay aguas termales! —sintió las manos de Kanae sobre sus hombros. Ella apretó y lo zamarreó de la pura emoción—. ¡Ya quiero llegar arriba! Avísame si te cansas, Shinobu. No quiero dejarte atrás.
Shinobu se ruborizó, aunque un poco menos que antes.
—No hará falta, Kanae.
—Cierto, cierto… ¡Tomioka nos acompaña esta vez! —Kanae le guiñó un ojo.
—¿Yo qué? —intervino el nombrado.
—¿Cargarías a Shinobu si ella llega a cansarse? —preguntó Kanae tan rápido que su hermana menor no pudo contestar.
Tomioka se encogió de hombros.
—Seguro—contestó él sin inmutarse.
—¡Qué caballeroso! —Kanae se enterneció como la romántica que era.
Tomioka miró a Shinobu.
—Te cargaré si te sientes mal, Shinobu.
—¡No hará falta! —rezongó Shinobu, enrojeciendo todavía más. Luego pareció relajarse un poco más y musitó—. De todas formas, gracias, Tomioka.
Él asintió sin sonreír.
—¡Eh! —Shinazugawa alzó la voz desde detrás de ellos, rodeado por el equipaje—. ¿Me vieron cara de mula? ¡Vengan a buscar sus cosas!
Shinobu sonrió, pero desapareció cuando su hermana mayor la fulminó con la mirada.
Iba a decir algo. Pero se lo calló.
...
La escalera no estaba llena de mucha gente como pensó. A lo mejor se debía a que las vacaciones estaban a punto de acabar o que la temporada estaba a puertas de su cierre. Había mucha gente joven y ruidosa, muy pocos adultos con niños pequeños y prácticamente ningún anciano.
Era un tramo verdaderamente complicado.
Y, aunque todavía no se sentía cansado, no estaba seguro de poder llegar en una pieza al hotel. Tanto por el viaje, como por Shinazugawa.
Le dio una mirada sobre el hombro y lo vio relajado y suspirante.
Estaba más callado de lo normal. No hablaba mucho con Kanae o Kanao, y se abstuvo hasta de acosar a Tomioka.
¿Habría levantado la bandera blanca contra ellos? ¿Habría conciliado consigo mismo una tregua, así como lo hizo Tanjiro?
Sanemi le extendió la mano a Kanao en una escala especialmente alta y la enorme mochila que llevaba a cuestas, inspiraba a la lástima por lo enclenque a comparación con su carga.
—¿No quieres cambiar de mochilas? Pareces una tortuga—comentó el hombre una vez la ayudó.
Kanao negó con la cabeza.
—¡Estoy bien, gracias!
Se adelantó al hombre y rápidamente llegó al lado de Tanjiro. Le dio una sonrisa fugaz y luego siguió con su camino.
Tanjiro se ruborizó ante la preciosa sonrisa de Kanao, pero, por algún motivo, se atrevió a volver a mirar a Shinazugawa, quien venía tras él.
Desde su lugar era capaz de oler el rencor y la furia de parte de Shinazugawa, y su rostro ni se molestó en ocultar su desprecio. Sus ojos se abrieron y su nariz se arrugó como la expresión de un león.
Lo vio dar un paso brusco, e inmediatamente Tanjiro emprendió carrera para seguir subiendo, pues todos, salvo él y Shinazugawa se habían adelantado.
Al parecer, la tregua no sería tal.
Sentía pasos pesados tras él. Y cada vez iban más rápidos.
Tanjiro comenzó a subir más rápido la cuesta y sus rodillas gritaban de dolor, ante el sobre esfuerzo que estaba haciendo, pero las pisadas no se detenían.
Shinazugawa iba tras él. Lo sentía justo debajo de sus talones.
Tanjiro pisaba con tanta fuerza que el impacto de sus propios pies se confundía con los pasos. Llegó a pensar que estuvo así durante horas, pues el dolor de su espalda, la presión en su garganta y pecho y el sudor debajo de sus ropas frío y constante. Pero Kanao y las chicas seguían por delante de él.
Adicionalmente, el ruido del follaje siendo movido con fuerza lo desesperaba todavía más.
Su corazón latía con fuerza hasta que sintió que lo agarraban por la mochila y él, con todo su peso se hizo para atrás. Creyendo que iba a caer, mantuvo sus ojos cerrados, pero solo hubo una retención por su parte.
—¡Kamado! —gruñó Shinazugawa.
—¡KENTARO! —vociferó una voz desde el costado de la escalera.
De la espesura saltó una figura humana descamisada con la cabeza de un animal disecado, el salto fue directo a él.
Sanemi soltó a Tanjiro y dio unos pasos hacia atrás en la escalera, evitó que las asquerosas y sucias uñas barrosas del cabeza de vaca le llegasen a tocar.
Kanao se dio la vuelta, tan sobresaltada como las pocas personas que estaban a su alrededor. Vio a Inosuke abalanzarse sobre Sanemi, pero se quedó quieta en su lugar, sin poder moverse.
—¡Shinazugawa! —gritaron sus hermanas, que se hallaban más arriba.
Tomioka lideraba la caminata. Pero estaba con sus audífonos por lo que ignoró tanto los gritos de las chicas como la voz gutural de Inosuke.
—¿¡Qué es esto!? —Sanemi alzó sus puños, poniéndose en guardia.
—¡No le tocarás un pelo del lomo de Gonpachiro! —Inosuke alzó su puño frente a él—.
Sanemi se hallaba en absoluta desventaja. Llevaba una mochila llena y muy pesada. Antes de que pudiera quitársela, el ágil chico cabeza de cerdo lo alcanzaría con un puñetazo o con una patada. Tenía que pensar rápido. Había que equilibrar las cosas…
—¡No te saldrás con la tuya! —amenazó Inosuke cargado de dramatismo—. ¡Esta vez acabaré contigo!
—¿Tú quién mierda eres? —preguntó Shinazugawa con la nariz arrugada.
—¡Ino-! —Tanjiro salió de su shock por un momento y extendió su mano para detenerlo.
—¡Tanjiro!
Kanao llegó a su lado, con toda la intención de tirar de Tanjiro hacia atrás para sacarlo de ahí, pues se hallaba peligrosamente cerca del conflicto. Peligrosamente cerca de aquel desconocido con la cabeza de vaca.
Inosuke resopló por sus fosas nasales con fuerza. Las venas se le hincharon en las manos, el cuello y en su no visible frente.
—¿¡CÓMO TE ATREVES A OLVIDARME!? —los puños de Inosuke se pusieron blancos—. ¡Soy el amo y señor de esta montaña! ¡El dios de la montaña: Ino-!
—¡KANAO! ¡Empújalo contra el pasamanos, rápido! —ordenó Sanemi con desesperación.
Ante Tanjiro, el semblante de Kanao se apagó. Sus ojos perdieron el brillo y su mandíbula se endureció considerablemente. Era idéntico al rostro que ella mostró durante el partido de voleibol donde la conoció, hacía mucho tiempo.
Distante y fría, tan diferente a lo que él estaba acostumbrado.
No pudo oler nada. No había emoción alguna en ella. Ni siquiera su esencia propia que siempre la acompañaba. Ello de verdad lo asustó.
Le recordó a aquel día hace año y medio…
Kanao, en modo autómata, se posicionó firmemente sobre las escalas, buscando un punto de apoyo correcto y eficaz, de modo que el peso de la enorme mochila no le estorbase al actuar. Levantó una de sus aparentemente lánguidas piernas, y con una fuerza que no se ajustaba con su aspecto enclenque y pequeño, empujó al chico de la cabeza de vaca contra la barandilla.
Inosuke sintió el golpe potente a la altura de su plexo solar, por lo que quedó brevemente incapacitado, luego, la fuerza lo empujó contra el metal, pero su tronco se balanceó hasta atrás, arrastrando su parte inferior con él, al lado salvaje de la montaña.
El cuerpo entero de Inosuke cayó y rodó cuesta abajo, desapareciendo en el bosque.
Kanao siguió con su postura rígida unos segundos más. Luego, llevó una de sus manos a su boca al percatarse de lo que había hecho.
—¡Ay, no!
—¡Kanao!
Sanemi se acercó a ella, la tomó por uno de sus hombros y la apartó del lado de Tanjiro.
—¡Kanao! ¿Estás bien? —preguntó Sanemi con genuina preocupación—.
Kanao no contestó. Comenzó a temblar y sus ojos se pusieron brillantes.
—¿Qu-quién era ese? —preguntó la chica.
—Probablemente uno de esos exhibicionistas degenerados. Hiciste bien en patearle, Kanao. No te sientas mal—Sanemi puso una mano en cada hombro de la niña.
Ella lo miró, no muy segura, pero asintió igualmente.
—Esos tipos suelen ser muy insistentes y rencorosos… Así que no te separes de mí el resto del viaje. ¿de acuerdo? —Sanemi la tomó de la mano.
Kanao no asintió, pero recibió la mano de Shinazugawa en un apretón y dejó que se la llevara para continuar con el viaje.
Tanjiro quedó atrás. Solo.
Petrificado, no solo porque todo había pasado muy rápido, sino por todo lo que llegó a sentir en ese momento.
¿Qué quería hacerle o decirle Shinazugawa? ¿Por qué Inosuke intervino? ¿Dónde estaba Zenitsu? Y, más importante. ¿Qué le ocurrió a Kanao?
Tanjiro bajó la cabeza.
Hacía un año y medio, su padre había muerto.
La enfermedad que padecía lo deterioró a tal punto que no fue capaz de levantarse de la cama. Necesitaba ayuda constante para los quehaceres más simples, y por supuesto, como buen viejo que era, a veces hacía cosas que no debía hacer por su salud.
A pesar de su situación, Tanjiro nunca de dejó de percibir el olor a amabilidad que su padre desprendía con cada poro de su cuerpo. Era siempre un olor agradable, que pasaba por sus fosas nasales como un nuevo tipo de oxígeno; un oxígeno casi dulce, que no lo turbaba ni le hacía arder la nariz, pero que lo llenaba de vida.
Era un aroma agradable. Y siempre lo sentía al volver a casa.
Hasta que un día, al entrar a casa, no lo sintió.
Pensó por un momento que lo habían llevado al médico, pero al abrir la puerta de su habitación se dio cuenta que no era así.
Curiosamente, para Tanjiro, los muertos no huelen a nada. Al menos, no huelen como un humano vivo. No se refería al hedor de la descomposición u otros olores que de base cualquiera puede percibir: Huelen como las máquinas, como las estructuras de los edificios, como los objetos.
Huelen a no sentir.
Y Kanao, por un instante, no desprendió aroma alguno. Y ahora su olor se hizo casi imperceptible para él.
Se asustó. Se asustó muchísimo y sintió ganas de llorar. Pero fue incapaz hasta de consolar a Kanao y decirle que todo estaba bien. Y de explicarle a situación con sinceridad.
Alzó la vista para verla, y sus hermanas se acercaban a ella con preocupación, incluso Shinobu la abrazó por el cuello, como tratando de calmarla.
Kanao no reaccionó al abrazo. Ni siquiera dio la vuelta para mirarlo, lo que le dolió todavía más. Seguía atada a Shinazugawa por la mano, como si se tratara de una correa.
Vio cómo Kanae la observaba con su ojo médico, pero negó con la cabeza. Parecía que todo iba bien.
Shinobu se acercó a la barandilla, y de la parte salvaje sacó un palo bastante grueso y largo.
Se lo entregó a Kanae.
—Pégale con esto si aparece de nuevo, ¿de acuerdo? —advirtió Shinobu a su hermana mayor.
—De acuerdo—la mayor asintió con una expresión seria, pero sospechosamente lejana y distraída.
—¡Pero defiéndete de verdad! —repitió Shinobu alzando un poco más la voz.
Kanae miró el palo ansiosamente. No le gustaba la violencia.
—Nos defenderemos—contestó Sanemi—. No te preocupes por eso.
Shinobu lo miró a los ojos con descaro y sin miedo, guardando silencio un instante. Luego desvió la mirada.
—Gracias—musitó—. Adelántense sin mí. Yo esperaré a Tanjiro.
El trío se apartó, y los mayores trataron de distraer a Kanao con alguna conversación, mientras escalaban.
Shinobu esperó a Tanjiro desde su sitio, hasta que él se decidió por seguir avanzando.
Le dio una sonrisa cálida y sincera, tratando de transmitirle algo de paz que no nacía en ella.
…
Tomioka llevaba bastante tiempo tratando de elegir una canción que lo inspirara en un momento como aquel, pero no lograba decidirse por ninguna. Mientras subía un pie tras otro, se encontró con que no había más escalas para subir.
Un poco turbado alzó la vista para encontrarse con la silenciosa, elegante y majestuosa mansión, casa u hotel que se alzaba frente él, incrustada en la montaña.
Encontró a un viejecito barriendo la entrada y éste le dio una mirada de lo más asombrada.
—¿Ya llegó el primero?
—¿Primero? —preguntó Tomioka.
—Sí, sí. Eres la primera persona en llegar hoy…—el hombre revisó su reloj pulsera—. No hay casi nada listo todavía... Creo que nunca recibimos a alguien tan temprano. ¿Has venido solo, hijo?
Tomioka se volteó a ver las escalerillas por las que había venido, y estaban tan desiertas como el hotel.
Una brisa fría movió su coleta y los cabellos de su frente.
Tomioka suspiró tristemente, aunque no cambió mucho su expresión facial.
—Al parecer, sí.
…..
¡Eso es todo por hoy!
La verdad es que estaba más inspirada con esta parte de la historia, por lo que salió hace dos o tres días. Y como no tengo a nadie con quien compartirlo, me gustaría expresárselo a ustedes, aunque quizás algunos ya sepan qué onda.
Primero, salió el one-shot oficial de Kimetsu no Yaiba, donde nos muestran cómo nuestros héroes viven sus vidas después de vencer a Muzan.
Los cuatro protagonistas (Nezuko, Zenitsu, Inosuke y Tanjiro) viven juntitos en una casa. Nos cuentan que Giyuu se fue de vacaciones con Tengen y sus esposas y, mi favorita personal, nos revelan que Tanjiro le escribe a Shinazugawa, pero nunca recibe respuestas de su parte.
Tanjiro va a preguntarle a Kiriya que sucede con él, y si está bien. Y Kiriya contesta que Sanemi sabe leer, PERO NO ESCRIBIR, pero le dice que no se preocupe, que él está leyendo las cartas. Y LUEGO MUESTRAN A SANEMI DEJANDO UN PAQUETE LLENO DE DULCES Y OHAGI EN LA PUERTA DE LA CASA DE LOS KAMADO, y Nezuko estaba más que contenta, por supuesto. Y Zenitsu muy celoso, también.
Yo me quería morir. Ese hombre me vuelve a enamorar cada vez que sale (más encima salió su voz oficial en latino, DIOS).
Luego salió el Fanbook 2 de Kimetsu no Yaiba y TODOS LOS SHIPS SE HICIERON CANON. De la mano de nuestra vieja chismosa Gyomei Himejima, nada más y nada menos, que lo soltó TODO, sin pelos en la lengua, en el apartado de las opiniones que éste tenía sobre cada pilar:
Dice que a Giyuu le gusta hablar con Shinobu, y a Shinobu le gusta mucho hablar con Giyuu.
Nos cuentan que Mitsuri y Obanai se gustan (WOW, nadie se lo esperaba).
Y NOS DICEN QUE A SANEMI LE GUSTABA KANAE. Y QUE KANAE SE PREOCUPA MUCHO POR SANEMI. Y que Sanemi habla a veces con Shinobu para preguntarle cómo estaba porque era la hermana de Kanae. Suena un poco a friendzone, pero yo hago mi imaginación volar y ellos se casaron mínimo tres veces fuera de cámara. Ese es mi headcanon.
Ojalá el estudio haga algo con esto, porque está muy bonito la verdad.
Así que estaba doblemente triste y feliz, y con el doble de ideas para este fic.
Ojalá les haya gustado. Perdón por mis divagaciones, pero nadie de mis cercanos ve KNY, así que ustedes les cuento mis pajas mentales: Son lo mejor. Siempre leo y me rio mucho con sus comentarios.
Hasta la próxima.
