Capítulo 10: Aguas termales.
*Este capítulo es oficialmente el más largo hasta ahora.
*Contiene más maniobras violentas que no deben de repetirse.
…
Zenitsu corría a todo lo que sus piernas daban.
Escuchaba el follaje remecerse violentamente a lo lejos.
Algo iba cayendo, algo grande pero flexible; algo que podía quejarse a medida que caía por la montaña.
Zenitsu quería apurar más su paso para poder llegar a interceptar el cuerpo que venía cayendo, pero las raíces en sus pies, los árboles que se le anteponían uno tras otro, los sonidos de animales a lo lejos que su paranoica personalidad interpretaba como persecuciones a su persona y sus furiosos pensamientos acerca de cómo Shinazugawa había sacrificado a Inosuke.
Y cómo Tanjiro sería el siguiente…
Apresuró el paso.
Si Inosuke llegaba a caer hasta las faldas de la montaña, encontrarse para antes del anochecer sería imposible.
Y Zenitsu, aunque le costara admitirlo, dependía completamente de Inosuke en esa situación.
El chico cerdo había demostrado ser un buen guía, un orientador excelente, que sin conocer a cabalidad los conceptos de los puntos cardinales, se sabía orientar por las sombras, el sol e incluso por el viento y la vegetación.
Zenitsu no sabía nada de eso. Ese territorio era de Inosuke. Sin Inosuke, Zenitsu estaría a merced de los depredadores, de su mala orientación, condenado a morir de frío y hambre.
Su supervivencia dependía completamente de Inosuke.
Zenitsu apretó los dientes.
—¡MALDITA SEA! —aulló con frustración.
Los árboles a su alrededor se abrieron paso ante él, sus movimientos se hicieron más precisos, muy parecidos a los de Inosuke. De repente su respiración no fallaba y sus piernas se habían vuelto de goma, siendo capaces de absorber o de ignorar el dolor en sus talones por las caídas y el de sus rodillas por las subidas a rocas que le impedían el paso.
El cuerpo de Inosuke caía más y más, pero Zenitsu se hallaba más cerca.
Se detuvo bruscamente una vez llegó a un punto en el que su oído captaba casi de frente el ruido del follaje y los quejidos y maldiciones de su amigo se hacían cada vez más y más claros.
Inosuke venía justo por su derecha.
Zenitsu se arrimó al árbol más cercano, y para su alegría fue capaz de rodearlo con un brazo entero. El grosor era suficiente como para sostenerse de él.
Luego, estiro su mano lo más que pudo hacia el sitio por el que Inosuke caía.
—¡Dame la mano, rápido! —chilló Zenitsu, una vez fue capaz de ver el torso, espalda y la cabeza de vaca que por obra y gracia de quizás qué dios se había mantenido pegada sobre los hombros de Inosuke.
Inosuke pudo sentir a su amigo muy cerca, y extendió su mano justo para agarrarse de la de su amigo.
La fuerza no se detendría, por lo que Zenitsu afirmó su brazo al árbol y sintiendo el peor tirón en el hombro que tendría en su vida, logró contener a Insouke.
Sus palmas se rasparon contra la dura rugosidad del árbol, y sus uñas se pusieron rojas del esfuerzo, por no decir de su rostro. Sus dientes chuecos bien se pudieron haber quebrado uno por uno por la fuerza con los que los apretaba, tratando de contener el dolor y la fuerza con la que Inosuke fue arrastrado.
Insouke trató de ayudar a Zenitsu agarrándose de la tierra con sus uñas y sus pies, pero la tierra del suelo estaba inesperadamente suelta y el esfuerzo resultaba fútil, pues solo se hundía más y más en la tierra.
Hasta que finalmente dio con una piedra enterrada.
Inosuke se raspó el talón tratando de dar con un punto de apoyo, pero eso tomó varios raspones más.
Entonces el cuerpo de Insouke se liberó de aquella fuerza, y su cuerpo logró quedarse recostado en posición diagonal, acorde al tipo de suelo.
Zenitsu lo soltó, pero demoró un poco. El agarre de Inosuke a su brazo fue tan brutal que el apretón le dejó moratones y una sensación de que la caída había durado más de lo que realmente fue.
Insouke, soltó la fuerza de su tobillo y simplemente se dejó caer al suelo. Zenitsu liberó su mano e hizo el agarre del árbol más débil, pero el dolor en su hombro, mano y antebrazo comenzó a padecer de manera ascendente.
Jadeantes, no se dijeron ni una palabra por un rato.
Inosuke fue el primero en incorporarse, y Zenitsu volvió a la realidad cuando sintió un asqueroso sonido de tendones moviéndose.
Nada más que el niño cerdo acomodándose su punto hombro y tobillo.
Luego se alzó sobre sus pies descalzos como si nada, y se limpió de torso la mugre, barro y sangre que se había hecho a medida que caía.
—¿Quién fue… el que te empujo? —preguntó Zenitsu todavía sin aliento.
Inosuke bajó la cabeza con tristeza.
—Fue Kanao…—Inosuke hizo un sonido de sobeteo de mocos—. Traté de defender a Gengoro del hermano de Piña, pero él le ordenó a Kanao que me empujara…—Inosuke se dio la vuelta dramáticamente con lágrimas en los ojos—. ¡Ellos están conspirando contra Monjiro!
—¡No inventes! —gritó Zenitsu dejándose caer sobre la ladera—. No puede ser… ¿Por qué lo invitaron a ir si ya no quiere estar con él?
—¡Pues para matarlo!
Zenitsu lo pensó dos segundos más, pues se preocupó de estar de acuerdo con Inosuke.
—No… Tiene que haber otra explicación.
Esa versión de Kanao sonaba fuera de lugar. No parecía ser una chica que atacase por la espalda o que fuera maquiavélica, de ningún modo.
Zenitsu observó la cabeza de bovino que Inosuke llevaba puesta.
—¿Por qué no usaste tu máscara usual?
—¡Para que el hermano de Piña piense que Kentaro tiene más aliados! ¡Si ve que tiene más gente que lo respalde, seguro se piensa dos veces antes de atacarlo!
—¡Bueno, pues creo que tu plan funcionó a la perfección, Inosuke! —exclamó Zenitsu sarcásticamente.
Se levantó rascando su cabeza un poco irritado.
—¡Por supuesto que funcionó! ¡Pero solo por un momento! ¡Ahora debemos aliarnos para sacar a Tanjiro de ahí, o Kanao o el hermano de Piña lo matarán!
—¡No, tarado! Quiero decir que tu plan funcionó. ¡Por supuesto que, si le saltas a alguien de repente y no lo conoces se va asustar y te va a devolver la patada! Ibas con una cabeza de vaca. ¿Cómo pretendes que Kanao te reconociera?
—¡Oh!
Zenitsu debía admitir que bajo la cabeza de vaca Inosuke se escuchaba bastante diferente a cuando se ponía la cabeza de cerdo. Con la segunda se distinguía mejor el timbre y el tono gutural de Inosuke, pero con la cabeza de vaca, la voz era tan grave que era prácticamente irreconocible. Por no decir que no se entendía ni mierda de lo que hablaba.
Zenitsu alzó la vista al cielo.
Hacía media hora que su celular había perdido señal. Y eso fue hace varios metros debajo de su posición en la montaña, por lo que ni siquiera intentaría mirar para otra cosa que no fuera ver la hora.
Algo faltaba en esa ecuación. Algo no estaba bien en el relato de Inosuke.
Recordaba a Daki intimidando a otras chicas en el instituto, dentro de las que se encontraba Kanao, y ésta última no era capaz ni de decir pío de lo nerviosa que estaba.
Entonces, aparecía Kanzaki o Susa Maru o Nezuko y le decían a Kanao que se defendiera, que no se dejase intimidar por ella. Entonces, el temor o la tristeza que derivaban de las palabras hirientes de sus matonas, se desvanecían de la mente de Kanao, después, y como un verdadero autómata, Kanao se defendía de manera que varios de sus profesores interpretaron como desmedida.
Por eso las chicas evitaban intimidar a Kanao en la medida de lo posible.
Zenitsu nunca vio a la chica defenderse por sus propios medios. Siempre, sin faltar una sola vez, siempre mediaba alguien que le decía que debía de defenderse.
No es que no le afectasen las palabras de las chicas, Zenitsu podía sentir el corazón de Kanao estremecerse de la vergüenza, el dolor o la tristeza. Pero después de eso, parecía que las palabras de sus amigas siempre la llenaban de determinación y su corazón, casi repentinamente, se detenía y comenzaba a latir con frialdad y calma.
Por algún motivo, aquella situación navegó por su mente. Pero no supo cómo conectarla a la realidad que estaba viviendo.
Necesitaba más información.
—Cuéntame cómo pasó, Inosuke. ¿Qué dijeron Shinazugawa y Kanao?
—¿Quién es Chimbazubaga?
—El hermano de Genya—dijo Zenitsu entre dientes, comenzando a impacientarse.
Inosuke ladeó la cabeza.
—¿Quién es Genya?
…
Sanemi observó la coronilla de Kanao con preocupación.
Si bien la chica le dio un verdadero movimiento de lucha libre al chico con cabeza de vaca, ella no se sentía bien.
Trató de todas las formas posibles de hacerle saber que su movimiento, no solo fue increíble, sino que fue útil para proteger a sus hermanas, a Tanjiro, a todas las personas que los rodeaban en aquel encuentro y a él mismo. Pero nada, la chica seguía caminando con la vista al frente.
Sanemi trataba de comprender qué había hecho mal, pero nada llegaba a su mente. Nada parecía animar a la pequeña y eso le rompía el corazón.
Los esfuerzos de Kanae eran muchísimo más efectivos que los suyos. Ella le comentaba acerca de cualquier cosa, y Kanao parecía distraerse por instantes (o bien respondía a su hermana con mayor cortesía), pero volvía a su estado decaído nada más la conversación llegaba un punto muerto.
Kanae acarició la cabeza de la niña en varios momentos del viaje, casi con un aire maternal. Como tratando de calmarla o consolarla en silencio.
Si estaba triste o enfadada, ni Sanemi ni Kanae podrían saberlo. El rostro de Kanao no cambió ni un ápice. Su ceño no se frunció y sus cejas no se arquearon. Pero su silencio era desgarrador, casi cruel.
Y eso lo estaba matando.
Minutos más tarde, lograron llegar a la cima, en las últimas escalas Tomioka estaba sentado mirando su teléfono celular.
—¡Con que aquí estabas! —Kanae llamó su atención una vez pasó por su lado—. Creí que te habíamos perdido…
—Ustedes se perdieron—Tomioka frunció el ceño, desvió la cabeza—. Me dejaron solo…
Kanae quería reír, pues su cuñado casi había hecho un mohín.
—¡Lo sentimos! —dijo con una sonrisa—. ¿Te aburriste mucho?
—El viejo no me dejó entrar—explicó—. Pero me dio la clave del wi-fi. Así que no, no me aburrí.
—¿Has sabido algo de Shinobu? —Kanae se sentó a su lado, viendo que las puertas todavía estaban cerradas y no daban signos de abrirse pronto—.
—Por ahí debe ir, ¿no? —contestó Tomioka, encogiéndose de hombros.
—¿Y no estás preocupado? —preguntó Sanemi, casi en un tono de reproche.
—Se la pudieron haber comido los lobos—instigó Kanae a modo de broma.
—Nah. Ella es una mujer autosuficiente y confío en ella—contestó el hombre sin inmutarse—. Ella puede con una manada de lobos perfectamente.
Kanae comenzó a reír a carcajadas, y Sanemi alzó una ceja con inseguridad.
¿El tipo era así de frío y dejado o realmente no le importaba su novia?
—Nos encontramos con un tipo que trató de atacarme—relató Sanemi con el ceño fruncido—. ¿No estás preocupado?
—¿Por quién? —Tomioka alzó una ceja.
—¡Por Shinobu! —Sanemi abrió los ojos desmesuradamente. Ya le estaba cansando el jueguito de hacerse el desentendido.
—¿Y por qué iba a estar preocupado por Shinobu si te atacó a ti? —Tomioka mostró sus palmas con confusión—. ¿Estás bien?
Sanemi guardó silencio.
—Pues sí… Pero, Shinobu…
—¿La atacó a ella también? —preguntó Tomioka.
—N-no… Pero…
—Ella puede. Si necesita mi ayuda me lo dirá—respondió con cortesía, pero igualmente fue capaz de sonar decidido.
El sonido de la puerta deslizándose hizo que todos alzaran la vista en dirección al hotel. Tomioka y Kanae se irguieron expectantes.
—Disculpen las molestias por la espera…—una anciana pequeña y amable les dio la bienvenida—. ¡Hagan el favor de pasar!
—¿Tanjiro ya viene? —preguntó Tomioka—.
—Sí, está con Shinobu—Kanae se dirigió a su hermana menor—. ¿Quieres conocer por ti misma, Kanao? ¿O prefieres esperarnos?
Kanao hurgó en uno de los bolsillos de acceso rápido de su mochila, y sacó la moneda extranjera.
La lanzó en el aire y la dejó caer sobre el dorso de su mano.
—Entraré sola—concluyó con una voz ecuánime.
Agarró sus cosas y se unió a Tomioka para entrar.
Kanae y Sanemi se quedaron en silencio un momento. Sanemi intuía que venía una advertencia o un reproche de parte de Kanae, lo que lo colocó nervioso.
—¿Fue por mí? —se apresuró, adivinando lo que quizás viniera.
Kanae soltó un suspiro, con una sonrisa.
—No seas inmaduro. Es más complejo que eso.
Kanae se sentó en la última escala y palpó el sitio justo a su lado, invitando a Sanemi a sentarse.
Él obedeció.
—¿Entonces, no fue por mí? —preguntó Sanemi con confusión.
—Es por su condición, Shinazugawa…—dijo como si eso lo explicara todo—. Ella nunca te dirá que no. Ni a ti ni a nadie. Y eso le molesta a veces.
—¿Le molestó que le dijera que pateara a un degenerado?
Sanemi no era una chica. Pero le costaba imaginarse a una mujer que no tuviera las ganas de patear a un incordio impertinente y asqueroso. Valentía para hacerlo era una cosa, pero ganas no deben de faltarles.
—No era un degenerado. Era…—Kanae arrugó la frente tratando de recordar—. ¿Cómo se llamaba el hijo de Shinobu…?
—¿"El hijo de Shinobu"? —Sanemi no se lo podía creer.
—Bueno, da igual, eso es otra historia —Kanae aleteó el aire quitándole importancia—. Conocemos a ese chico. ¡Es un buen tipo, solo es un poco excéntrico! No sé si Kanao logró reconocerlo con esa cabeza vaca… Él generalmente se pone una cabeza de cerdo…
Sanemi abrió los ojos, pero no supo por qué. Algo atacó su subconsciente de modo instantáneo. Pero no podía recordar qué. ¿Una cabeza de cerdo? ¿Había visto algo así? ¿Cómo era posible que se olvidara de algo así?
Sonaba como a una película de terror o a un videojuego de survival horror.
—La verdad es que no lo reconocí sino hasta que se dio espaldas contra el suelo y cayó…—Kanae entornó los ojos, visiblemente preocupada—. Ojalá esté bien… Pero me tranquiliza saber que él solía vivir por aquí. Por lo menos conoce el lugar.
—¿Vivía "aquí"? ¿En medio de la nada? —esta historia se ponía más y más confusa.
—¡Sí! ¡Pero que me voy por la tangente! —Kanae trató de poner en hilo sus ideas, porque las demandas de su novio ante el exceso de información le parecieron plausibles—. Kanao odia responder violentamente, me lo ha dicho. Pero no puede evitarlo si alguien se lo ordena. Entonces, cuando responde con violencia sin quererlo, se pone muy triste.
—O muy enojada…—sugirió Sanemi.
—Puede ser, pero la verdad es que rara vez se queja, pero es fácil interpretar que está incómoda.
Al menos para Kanae, eso era bastante sencillo. Para Sanemi no.
—Sobre todo, si se trata de las órdenes—continuó la chica—. No sé si le disgusta, le gusta, le asusta o le entristece… Ella nunca dice nada sobre eso. Solo se vuelve más reservada. Como ahora…
La conversación se estancó en un silencio.
Kanae suspiró con desgana.
No estaba siendo el viaje idílico que esperaba.
Sintió la cálida y áspera mano de Sanemi sobre la suya.
—Lo siento…—fue lo único que pudo decir—. Yo no pensé que le disgustara tanto patear a la gente. No lo volveré a hacer.
La conocía desde hacía tres años y hacía año y medio se percató de que, quizás, la muchacha tenía un problema de conducta.
Kanao no era una mala niña. En su presencia era bastante cordial, callada y servicial como pocas personas él conoció en su vida. Pero después estaban las llamadas y las reuniones del instituto a sus padres, los boletines informativos de Kanae respecto de su actitud y el sinfín de advertencias que ella le colocó nada más conocerla y Shinobu convirtiéndose en una fierecilla protectora cuando él la animaba (en broma) a hacer algo peligroso o estúpido.
Eran antecedentes perfectos para, por lo menos, sospechar sobre ella de ella al principio.
Creo que no le negó a Shinazugawa ni un vaso de agua en todo el tiempo que se conocían. Ni una sola vez, por muy cansada que estuviese o por muy lejos que se encontrase de él.
Kanae colocó su otra mano sobre el dorso de la mano de Sanemi.
—Hay que animarla para que tenga iniciativa. Es por esto que preferimos que tire de una moneda a que la obliguemos a hacer algo—Kanae acarició con su pulgar la mano de su amado—. Quizás así pueda soltar todo lo que tiene dentro y decirnos, de una vez por todas, qué está pensando…
—¿Es por eso que tiene que experimentar cosas buenas?
Sanemi escuchó la solución al problema una vez de los labios de su novia, pero jamás había podido entender el trasfondo psicológico que traía encima la pequeña.
—Tiene que experimentar, sí, para conocer las cosas, los conocimientos que le gustan—Kanae ladeó la cabeza—. Y personas que le gustan, también.
Sanemi alargó una sonrisa tensa.
—¡Seguro! ¡Sus amigos, sus profesores, sus queridos cuñados, sus queridas hermanitas, su familia cercana…!
Kanae rio. Era algo que se imaginaba saliendo de los labios de su padre.
—¡Sabes a lo que me refiero! "Él" está siendo de mucha ayuda.
Sanemi resopló ofuscado.
Pensar que Kamado era un elemento importante en la vida de la muchacha lo ponía de los nervios.
Cualquier otro chico podría ser de ayuda si se lo proponía. Cualquiera.
No era tan difícil encontrar un tipo que no fuera un absoluto patán o que fuera medianamente decente. O al menos eso era lo que Sanemi pensaba.
Y tenía que ser así. Tenían que existir otras opciones. Debía de haberlas, aunque fuera por probabilidad.
Porque Tanjiro era tan buen chico como Sanemi era una puta lechuga.
Y si Tanjiro la cagaba, Kanao iba a tener una reacción regresiva o su condición podía empeorar. Ella podría pensar: ¿para qué intentarlo nuevamente? ¿Para qué tener nuevas experiencias, si de todos modos iban a ser malas? Lo mejor sería, simplemente, limitarse a hacer lo que los demás dijeran que le convenía. Eso era más seguro. Eso era menos problemático que pensar en los riesgos de una propia decisión, como la de atreverse a amar a alguien por primera vez.
Tanjiro había mentido, manipulado y fue un puto grosero con él. Quizás cómo fuera cuando llegase a estar en verdadera confianza con ella…
¿Y si se enteraba de que ella haría todo lo que él le pidiese?
Era un pendejo. De quince putos años. Podría apostar sus riñones a que le importaba una mierda lo que sintiera Kanao o cómo se sintiera respecto a cualquier cosa y que iba a aprovechar esa condición como si fuera una mina de oro…
Si ella se sentía incómoda o asustada, podría imaginarse que Tanjiro pensaría que ese no era su puto asunto.
Esto no podía salir mal. Estaba prohibido.
Además, si Tanjiro terminaba con ella porque la relación resultó ser aburrida, exasperante o que las cosas no eran o avanzaban a la velocidad o cómo él quería. Probablemente, Kanao se destrozaría por dentro, y tampoco se atrevería a arriesgarse a experimentar más.
Kanao era un cristal trizado a punto de romperse. Por eso se negaba a aceptar que Tanjiro no fuera prescindible.
El ceño de Sanemi se estiró cuando una idea que pensó brillante surcó por su cabeza como la brisa fresca en una tarde de verano.
Pero si Kanao terminaba con Tanjiro….
Sanemi se sonrió, con una expresión maquiavélica.
La historia sería distinta.
Kanao necesitaba experimentar. ¡Lo había dicho la propia Kanae!
Y si Kanao, por las casualidades de la vida, se encontraba con un chico más apuesto, más interesante, menos imbécil y más agradable que Tanjiro… Entonces, Kanao se sentiría confundida.
Obviamente que Kanao iría a por el mejor candidato y le desearía lo mejor a Tanjiro.
Esa idea le aligeró el pecho tan gratamente que pareció que, en un suspiro, todas sus preocupaciones e inseguridades se fueron volando con el dióxido de carbono.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Kanae, que largo rato se quedó mirando a Sanemi.
Sanemi levantó la vista para verla.
—En nada—contestó.
Acercó su cuerpo al de Kanae sin llegar a levantarse, y cuando estuvieron pegados muslo con muslo, Sanemi rodeó a la chica por la cintura y escondió su cabeza en su cuello.
—Estoy muy contento de estar aquí contigo—era la verdad.
Kanae sonrió enternecida y devolvió el gesto en igual armonía.
—Yo igual…
Sanemi se sintió relajado por primera vez en mucho tiempo.
Lejos de la presión de la universidad, de las responsabilidades como autoridad en un departamento, fuera del alcance de la mirada de sus suegros o el público en general, con un aire fresco, distinto al apenas respirable aire de la ciudad, alejado del insufrible calor…
Ahí, con Kanae, solos los dos. Ahí podía relajarse.
Kanae acarició la gran espalda de Sanemi, embriagándose del olor del chico, y de su colonia.
Estarían solos. Solos como en mucho tiempo no lo habían estado.
Kanae rasguñó el grueso polo de Shinazugawa, abrumada y un poco frustrada.
¿Cuánto más tenía que esperar?
…
—¡Lamento tanto que tengas que hacer esto, Tanjiro!
Era la cuarta vez durante el viaje que Shinobu se había disculpado profusamente con el joven.
—¡No se preocupe, Shinobu! —exclamó Tanjiro, sintiendo un tirón a la altura del esternón.
—Creo que ya me siento mejor. ¡Puedo seguir caminando sola! ¡Prometo que no me quedaré atrás!
El sol matizó el horizonte; la tarde dorada les miraba la espalda y la incipiente noche los aguardaba.
Shinobu no era reconocida por su fuerza física y su resistencia, por lo que debía descansar muy seguido durante el viaje. Pero estaba entrando el fin del día, y los dos todavía no llegaban al fin de la escalera, que Tanjiro comenzó a pensar era una travesía de la que no saldría vivo de lo larga que era.
Pero Shinobu aseguró que quedaba muy poco. Hace como quince minutos, más o menos.
Tanjiro, al verla cómo luchaba por levantar los pies y avanzar en la escalera, se apiadó de ella y ofreció a cargarla en su espalda durante el trayecto que faltaba.
Luego de una larga insistencia por parte del chico, y viendo cómo la escalera estaba parecía alargarse y ser más asfixiante de lo que recordaba de pequeña, Shinobu cedió ante el voluntarioso Tanjiro y se dejó cargar, no sin dejar de disculparse casi todo el camino.
Se sorprendió de ver lo vigoroso que era el muchacho, pudiendo cargar durante un tiempo prolongado tanto con el peso de ella como con las dos mochilas.
Tanjiro se distraía del dolor de los hombros y brazos con pequeñas charlas, pero, a decir verdad, tenía unas irresistibles de ganas de preguntar por Kanao.
Pensar en ella, y en la inexistente esencia que logró notar al empujar a Inosuke, hacía que su corazón comenzara a latir desembocado. Y teniendo el peso encima y la cuesta frente a él, pensaba que agregar un tema delicado, que necesitaría de toda su concentración y fortaleza emocional, haría que los dos llegasen al hotel ya entrada la noche.
Pero quería saber. Quería saber qué ocurría con ella.
—Kanao está bien, Tanjiro—la voz de Shinobu llegó a él tan de sorpresa, que le hizo pensar que le estaba leyendo la mente.
—¡Lo sé! —respondió con casi en un chillido y comenzó a apresurar el paso, haciendo que las mochilas se mecieran con más violencia—. Ella está bien…
—¡Oh! Disculpa. Te vi un poco sobrecogido después de la patada y pensé que quizás tú-
Tanjiro inhaló con fuerza, dándose cuenta de lo que había dicho.
—¡QUIERO SABER! —se volteó a ver a Shinobu con los ojos bien abiertos y las fosas nasales tan abiertas como un par perfectas canicas—. ¡Quiero decir…! Me gustaría saber, señorita Shinobu… Yo, de verdad, de verdad, estoy preocupado…
—¿Hay algo que te haya llamado la atención? Solo para estar seguros de que hablamos de lo mismo.
Tanjiro le comentó sus preocupaciones sobre la repentina pérdida de aroma que sufrió la chica. Dada su pésima habilidad para relatar, tuvo que explicar varias veces su habilidad para oler las emociones y la historia de su padre entre medio.
Pero Shinobu era tan respetuosa como lo fue Rengoku durante su desastroso relato, por lo que sintió tan en confianza como con él.
Pero al finalizar, Shinobu no dijo nada. Desde su posición era difícil ver qué expresión poseía la chica.
Tanjiro se puso nervioso al notar un olor leve, fresco y casi imperceptible en la joven. Era el aroma de la meditación, pero también el de la indiferencia.
—Es muy interesante lo que me estás contando, Tanjiro —comentó Shinobu genuinamente—. Es, de hecho, una buena forma de poner en… ¿palabras? —o quizás olores— el problema de Kanao.
Kanzaki vino a Tanjiro a su mente como un rayo.
—Algo me mencionó Kanzaki, hace bastante tiempo—dijo Tanjiro—.
Volvió a explicar los acercamientos que tuvo con su amiga. El que ella explicara que ella no "podía" decirle lo que quería, pero tampoco podía decirle que no.
Ahora que lo decía, si bien el que ella no pudiera negarse a ninguna petición que le hiciesen, Tanjiro comenzó a pensar en un problema en otro problema que lo estaba realmente preocupado: las muy, pero que muy esporádicas muestras de afecto de Kanao.
Y que ni una sola vez le había dicho que lo quería…
—Es un buen acercamiento. Efectivamente, ella no puede negarse a ninguna orden. Y por supuesto que eso le molesta y todavía más si es responder con violencia o que la dejen en situaciones comprometedoras.
—¿Shinazugawa sabía sobre eso?
—Hace tres años que la conoce—la voz de Shinobu se hizo repentinamente más grave y un aroma a furia comenzó a llegar a las fosas nasales de Tanjiro—. Por supuesto que conoce el problema de Kanao, y aun con todo le parece… "complicado" entender que ella no siempre está feliz con todo lo que le ordenan.
Tanjiro guardó un silencio temeroso. Su corazón empezó a latir ante el comentario cargado de veneno.
—Tampoco parece entender lo contraproducente que puede llegar a hacer que de repente le ordenen algo de estas dimensiones.
Shinobu abrazaba el cuello de Tanjiro de tal manera que no lo ahogara con ellos. Pero sin ahogarlo, Tanjiro pudo sentir cómo lo brazos de la joven se ponían tensos y cómo con una de sus manos, apretaba con fuerza el brazo opuesto.
Y la voz de Shinobu, aun sin ser todo lo aguda que acostumbraba a ser, seguía con un tono que difícilmente podría interpretarse como "agresivo".
—También le debe de parecer muy divertido obligar a otras personas a responder con violencia.
El olor a ira siempre fue un aroma que Shinobu desprendía con mucha sutileza. Siempre estaba ahí, pero ahora, el olor de Shinobu era muy parecido al amoniaco o al cloro, quemaba sus fosas nasales y le hacía difícil respirar a Tanjiro.
—A-a usted n-no le agrada mucho Shinazugawa. ¿Señorita Shinobu? —Tanjiro comenzó a costarle caminar.
—No mucho, la verdad—contestó la joven, recuperando un poquito la compostura—. ¿A ti te agrada Shinazugawa, Tanjiro?
—No—Tanjiro contestó con inmediatez, con tanta seguridad que la chica se sorprendió.
Shinobu se sonrió, casi complacida.
—¿Por qué no te agrada? —preguntó la muchacha pegando su mejilla a la espalda de Tanjiro. El aroma había desaparecido—. ¿Te hizo algo?
—Tuvimos un primer encuentro muy desagradable—la marcha de Tanjiro de repente se hizo más ligera—. Nos asaltaron y afirmó que Zenitsu y nosotros éramos los ladrones de verdad. Luego trató de inmovilizarme, pero le pegué un cabezazo.
Shinobu soltó una risita.
—Es una muy acertada primera impresión—comentó la chica—.
—No sé si tan primera…—Tanjito frunció el ceño.
—¿Lo conocías de antes?
Tanjiro le comentó a Shinobu que Genya se había convertido en su amigo hace más de seis meses, y que habían sido inseparables durante esa cantidad de tiempo. Pero Genya a veces llegaba a clases con la cara larga y comentaba acerca de su odioso hermano mayor.
Se imponía demasiado a Genya.
—Una vez dijo, y le juro por dios que es verdad, que Shinazugawa le dijo a Genya durante una pelea: "¡Yo tengo un mejor concepto de lo que es vivir!". Refiriéndose que Genya era muy desorganizado, desordenado y, para gusto de Shinazugawa, muy "dejado" e "irresponsable", solo porque no hacía las cosas como a él le gustaba y cuándo le parecía.
También tenía que agregar sobre lo poco que era capaz de confiar en Genya para tareas importantes y no tan importantes. Por supuesto, porque para Shinazugawa nada que hacía Genya era suficiente. Nada era lo suficientemente perfecto.
Y nunca creía palabra de lo que Genya decía. Tenía que ir a comprobar TODO lo que Genya afirmaba o negaba.
—Se comporta como un padre especialmente odioso—comentó Shinobu ante una pequeña pausa que hizo el chico—.
—¡Eso! ¡Y ni siquiera es su padre en primer lugar!
—¿Qué dice Genya al respecto?
Tanjiro abrió los ojos y frunció el ceño, visiblemente frustrado.
—¡Lo defiende! ¿Lo puede creer?
Cuando Zenitsu, Tanjiro, y a veces, Inosuke, eran capaces de detectar lo basura de hermano mayor que Shinazugawa era y se lo comentaban a Genya, en los más diversos tonos, Genya saltaba diciendo que su hermano tuvo un día duro, que igual Genya no era tan responsable de todos modos, que en realidad su hermano no era tan malo y que solo era así con él.
Siempre había una excusa para Shinazugawa Sanemi.
—Eso último sí que me parece preocupante—Shinobu bajó y su tono se hizo casi maternal al oír la historia de Genya.
—Le hemos dicho miles de veces que se dé a respetar—Tanjiro bajó la cabeza—. ¡No hace falta que le grite o que lo muela a golpes! Pero sí exigir que le crea, que confíe en él y otras cosas. ¡Genya no se ha portado más que perfecto en estos meses que hemos sido amigos! Pero Genya no se atreve a contestarle. Y lo sigue defendiendo.
Shinobu entornó los ojos. "Dales poder, y los conocerás".
—Ya no sabemos qué hacer para hacerle entender que su hermano tampoco es la "grandísima persona" que él nos quiere hacer ver.
—No creo que debas proceder de esa manera, Tanjiro—Shinobu adoptó su típico aire maternal, aflojó el agarre del muchacho.
—¿Qué cree que debería hacer?
Shinobu ladeó la cabeza en una expresión irónica para sí misma. Tan experta en dar consejos que nunca practicaba…
—Simplemente, deberías de dedicarte a lo que Genya se está quejando. Mostrar su apoyo a Genya. Consolarlo si es necesario, lo más importante, es que Genya se sienta escuchado y comprendido. Porque decirle lo qué tiene que hacer o ser demasiado directo con la verdadera naturaleza de Shinazugawa frente a él, solo lo espantará.
—¡Pero Genya siempre lo está defendiendo! Incluso por cosas que no tienen justificación.
—Puedo entender a qué te refieres. Pero imagina esto: Piensa en Genya. Un día, discutió en su casa con su hermano que quiere mucho. Recibió muchas críticas de su parte (e insultos, quizás). Luego va hacia ti en la escuela, completamente derrotado y agotado, a fin de contarte qué pasa con su hermano. Entonces, ¿qué se encuentra cuando trata de decirle lo que pasa con su hermano? Más críticas. Más personas que le dice qué debe hacer. Más insultos, quizás.
Genya no tiene un lugar dónde refugiarse. A donde va recibe ataques.
Tanjiro guardó silencio.
Shinobu bajó la cabeza un momento, un poco triste.
—Que no se te olvide nunca que él lo quiere. Pero también te quiere mucho a ti. Y debe romperle el corazón que dos personas que quiere mucho no se soporten (o que por lo menos, se lo hagan saber). Querrá evitar el problemas y críticas. Por eso Shinazugawa siempre tiene una razón para ser un imbécil. Y quizás cuando discute con su hermano, Genya te defiende a ti.
Tanjiro comenzó a recordar todas esas veces que Zenitsu le dijo directamente que Shinazugawa era un tonto, un mandón y un cagón con delirios de grandeza. E Inosuke insultaba a Genya por no defenderse adecuadamente. El propio Tanjiro había llegado a tener discusiones muy acaloradas con Genya si se trataba de su hermano…
—Lo que quiero decir, Tanjiro, es que el problema no es que Genya se deje tratar mal por su hermano. Si Genya lo quiere, Shinazugawa siempre va a tener una razón para tratarlo mal…—Shinobu sonó especialmente dolida—. El verdadero problema es que, por esa vergüenza o esa incomprensión que siente de tu parte, ya no te diga nada de lo que Shinazugawa le hace.
Shinobu guardó silencio un momento.
—Que él mismo se aísle, que se sienta incomprendido y que enfrente a su hermano solo. Porque solo Genya se dará cuenta de lo malo que es Shinazugawa, eventualmente. Y nadie podrá hacerlo entender de ningún modo.
—No es capaz de tomar en cuenta mi opinión sobre su horrible hermano… Y tampoco de decirme si tiene un problema…
Parecía que delimitar el problema con respecto al hermano de Genya era ser demasiado intrusivo. Quizás no era eso lo que Genya quería. Quizás Genya solo quería pasarla bien con sus amigos. Quizás solo quería apagar el cerebro y olvidarse de su hermano.
Quizás Genya solo quería… Desahogarse y no que le dijeran cómo tratar un problema.
Se sintió un poco mal.
Tanjiro alzó la cabeza.
—¿Cómo es que sabe de eso, señorita Shinobu?
La verdad es que ser directo y amable siempre fue una táctica que a Tanjiro le funcionó. Sus mejores tácticas de sutileza tenían que ver con el cómo tratar con los niños y la psicología inversa que practicaba con Inosuke de vez en cuando, a veces (o muchas veces) sin querer.
—¿Ha vivido algo como eso, acaso? —indagó Tanjiro con mucha precauación.
Shinobu suspiró, viendo como estaban a la vuelta de llegar al hotel. Y sintió su propio corazón estremecerse de un modo desagradable. Como si estuviera a punto de decir algo que no debería decir, como si alguien que no debiera podría escucharlo.
Pero se percató de su propio orgullo, y cómo trataba de protegerla de una vergüenza que debería ya de haber superado.
—Sí que lo he vivido. He vivido tú misma perspectiva, de hecho.
La perspectiva tan frustrante. La perspectiva que te hace sentir más impotente. La perspectiva de ver a una persona que amas con todo tu corazón, amar un imbécil con todas las letras.
—¿La vive con Shinazugawa?
Shinobu soltó una risita.
—¡Te sorprenderá saber que me estoy conteniendo todo lo que puedo! No. No se trata de él.
Ella se aferró más a Tanjiro, y volvió a colocar su mejilla en su espalda. Se sentía cómoda. Cómodamente vulnerable.
—Antes de Shinazugawa, Kanae salía con un verdadero hijo de puta—Shinobu bajó la voz—. Y cuando se lo dije, se alejó de mí casi por completo.
…
Shinazugawa observaba la competencia de pin-pon absolutamente alucinado.
Kanao y Tomioka llevaban un buen rato pegando a una pelota sin parar. Era la misma pelota desde hacía cinco minutos, y apenas era visible cuando le daban con las paletas rojas.
Kanae estaba fascinada a su lado y le mostraba todo el apoyo a su hermana menor.
Tomioka a veces estaba en problemas, pero lograba darle buenos reveses, aunque Kanao no perdía el ritmo y tampoco el control.
Finalmente, y unos segundos después de que sintieran la puerta abrirse.
—¡Shinobu! ¡Tanjiro! ¡Qué bueno que llegaron! Nos empezamos a preocupar un poco…
Kanao se distrajo un mili-segundo cuando escuchó el nombre de Tanjiro, entonces, Tomioka logró asestarle el punto.
Tomioka soltó el aire que llevaba guardando en su pecho un largo rato, y ni siquiera fue una victoria placentera, pues la muchacha sonrió con los ojos brillantes, nada más identificar al chico.
El juego había terminado antes de que él anotara el punto.
Kanao dejó la paleta en la mesa y corrió a encontrar y ayudar a los recién llegados.
—¿Tuvieron que cargarte para llegar? —preguntó Kanae a modo de broma.
—¿Ya comieron? —preguntó Shinobu con una sonrisa.
—No. Ni siquiera nos hemos metido a las aguas termales—contestó Tomioka dejando la paleta en la mesa—. Yo ya me voy a preparar, de seguro a esta hora ya no queda casi nadie en el agua.
—Yo igual voy a prepararme—Shinazugawa se levantó de su sitio.
Inmediatamente, Kanae le pasó la maleta de Tanjiro.
—¡Lleva esto, por favor! Tanjiro se ve exhausto…
Sanemi le dio una rápida y crítica mirada, con una mueca de bulldog. Y aceptó de mala gana llevar la maleta por el pasillo.
Tendría que ir al cuarto que él, Tomioka y Tanjiro iban a compartir de todos modos.
—¿Nuestro cuarto…? —Shinobu levantó un dedo.
—Yo te llevaré, vamos—Kanae tomó a su hermana de la muñeca y la arrastró por el pasillo, mientras con la otra llevaba su maleta—. ¡Se han arreglado y modernizado desde que éramos pequeñas, vas a ver qué bonito-!
La voz de Kanae se perdió en el pasillo.
Tanjiro dirigió su vista a la gran habitación. Era un cuarto exclusivo y muy elegante.
Un estilo japonés preponderante. Las puertas y ventanas eran grandes y se formaban con varias barras de madera marrón perpendiculares entre sí. La mesa era de madera y brillaba de lo pulcra que estaba, era baja y bastante grande incluso para seis personas. En ella se podría dejar reposar un verdadero banquete.
Había un pasillo que daba a dos habitaciones bastante espaciosas, minimalistas, pero lo que poseían era verdaderamente cómodo. El futón más suave que podría haber tocado estaba en su habitación, y los tres tenía un armario para guardar, tanto sus cosas, como su futón.
Y entre ellas, al final del pasillo, se encontraba el baño.
Había otra puerta que daba a un pasillo público que daba directamente a las aguas termales.
La luz era cálida, y era donde el estilo japonés tradicional chocaba con la tecnología, pues las luces podían hacerse más potentes o más leves, había un hervidor y pudo divisar varios enchufes.
Tanjiro se sentó y se estiró. Tratando vanamente de liberarse de la tensión en sus hombros y esternón.
Soltó un horroroso quejido al sentir cómo sus tendones se acomodaban en su espalda. El peso se liberó, pero quedó con el entumecimiento y el dolor contante.
—¡Me vendría bien un buen baño con agua caliente! ¿No han ido todavía? —preguntó Tanjiro.
Kanao negó con la cabeza.
—Kanae dijo que era mejor que los esperáramos—ella sonrió con genuina emoción que contagióa Tanjiro—. ¡Así que desvístete y vamos a bañarnos!
Siguió un silencio tan repentino, que resultó sorpresivo.
La sonrisa de Tanjiro no se movió ni una pulgada, pero se volvió tan tensa de lo petrificado que quedó.
El comentario hizo eco en la cabeza de Kanao unos segundos después, pero logró percatarse su muy desafortunada selección de palabras.
Sintió su corazón remecerse y fue la desagradable sensación de la sangre llegando a su cara y a sus orejas, lo que la animó a hablar.
—¡Quiero decir! ¡Que tienes que prepararte para las aguas termales! —se apresuró a decir la muchacha—. Los baños termales no son mixtos, pero puedes conversar con las personas del otro lado... Por eso…
Tanjiro estaba rojo, casi tanto como su pelo. Pero no se atrevía a apartar la mirada, por miedo a ser descortés con Kanao. Estaba desesperado y deseoso de que llegara alguien que los interrumpiera o que tuviera el suficiente ingenio para cambiar a una conversación más agradable.
Tragó saliva sonoramente. Los latidos de su corazón lo dejaron sordo, y ante la desesperación que lo aquejaba pareció ser poseído por el espíritu de su maestro Rengoku.
—¡ENTONCES ES MEJOR QUE EMPECEMOS! ¿¡NO CREES!?—Tanjiro se levantó tan rápido que el mareo le pegó con fuerza, tanto que la mitad de su visión se volvió a negro.
"¡No, no, no!".
Sus oídos se taparon con aire, y su cuerpo comenzó a inclinarse incontrolablemente hacia su ojo.
Kanao fue testigo de cómo el cuerpo de Tanjiro se contorsionó de modo extraño y reaccionó en el instante que uno de los pies del muchacho se levantó del suelo contra la voluntad del chico.
Se levantó a gran velocidad, lo abrazó por el costado y logró tomarlo por los hombros para devolver a su pie al suelo y estabilizar su postura.
Tanjiro tragó saliva y sus oídos se destaparon con un desagradable sonido. Y progresivamente los colores volvían a su ojo. Giró su cabeza, tratando de captar desesperadamente más y más imágenes para cerciorarse de que su ojo volvía a la normalidad.
Se posó en el tatami color verde, en la mesa marrón en la coleta de Kanao, en su flequillo, en sus preciosos ojos fucsias, en sus labios finos y delicados y en su… ¿Clavícula?
Visible por la yukata blanca que llevaba puesta. Le delineaba bien la figura en su cintura y en sus caderas.
Tanjiro inmediatamente levantó la vista y miró a Kanao a los ojos, como debería ser.
Le sonrió, entre el calor del momento y la aureola que palpitaba alrededor de su cabeza todavía.
—¡Gracias, Kanao! Me pasó algo con el cansancio o algo así.
Kanao iba a abrir la boca, pero una voz rasposa y grave los interrumpió.
—¡Kamado! —Shinazugawa lo observaba desde la puerta de su cuarto, con una mirada casi desquiciada—. Ven, vamos, que hay que encontrar uno de tu talla…
Avanzó tan veloz que ninguno de los niños pudo advertir su llegada, ni cuando agarró a Tanjiro de la chaqueta, y lo apartó del lado de Kanao.
Comenzó a arrastrarlo por el pasillo hasta el cuarto donde ellos dos, junto con Tomioka iban a compartir cuarto.
Dejarían claros los espacios y los futones que iban a ocupar cada uno de ellos.
…
Los seis estaban afuera de la puerta de las aguas termales, claramente determinadas con una enorme tela con los kanjis de "hombre" y "mujer" en la puerta donde las chicas y los chicos iban a entrar.
—Esto nos lo entregó la señora—Shinobu le entregó unos utensilios diversos a Tomioka. Jabones, recipientes verdes, varias esponjas desechables y por lo menos tres toallas muy suaves—. Dijo que no corrieran ni que quitaran las piedras de los baños. Y que se divirtieran —Shinobu cerró uno de sus ojos y luego advirtió—. ¡Y nada de andar de mirones!
Tomioka chasqueó la lengua, alzando una ceja.
—Claro. Seguro me falta algo por ver—replicó casi despreciativo.
Recibió un conjunto de toallas a la cara de parte de la joven dama.
—¡Vaya, Tomioka! ¡Andas más hablador últimamente!
Shinobu trató de mantener la compostura, pero su sonrisa y su ceja temblaban como las hojas y su rostro se había vuelto muy rojo.
Shinazugawa se llevó una mano a la boca, pero su intento de ocultar su sonrisa.
Tanjiro y Kanao se ruborizaron un poco, y desviaron la mirada con incomodidad, de tal modo que sus ojos no se encontraron.
—¡Nos vemos más tarde entonces, muchachos! —Kanae se adentró a los baños y con un gesto en la mano se despidió de los chicos.
La siguieron de cerca sus dos hermanas menores.
Tanjiro abrió la boca para desearle suerte a Kanao. Pero él mismo se detuvo pensando en lo tonto que era eso.
…
La verdad es que al principio el agua en su cuerpo fue una verdadera bendición. Su propio cuerpo reaccionó agradecido del calor que su cuello y hombros recibieron. Sus tendones se volvieron a acomodar, pero esta vez sin el dolor constante y entumecimiento.
Era agradable y si cerraba los ojos, tenía la sensación que podría llegar a quedarse dormido de lo agradable que era el ambiente.
Que, a pesar de ser silencioso, no era incómodo.
Shinazugawa no había dicho palabra desde que se adentraron al agua, así como Tomioka. Pero de él ello era esperable.
Tanjiro abrió uno de sus ojos para espiar a los otros muchachos.
Los dos tenían las mismas intenciones: no molestar, ni ser molestado.
Tomioka estaba en la misma sintonía que el agua, estaba a nada de fundirse con ella. Se dejó un pequeño pañuelo en su frente y sus ojos estaban cerrados, tratando de sentir cómo el calor del agua afectaba a cada célula de su cuerpo.
Shinazugawa estaba en otro punto del agua. Echaba lacabeza hacia atrás, apoyaba sus codos sobre las piedras y tenía medio cuerpo fuera.
Tanjiro frunció el ceño al observar la insana cantidad de cicatrices que tenía Shinazugawa en el cuerpo. Tenía dos grandes a la altura del pecho en forma de equis y un tajo que viajaba en diagonal desde la última de sus costillas hasta por debajo del agua. Y era imposible contar las que se venían en sus brazos, las que logró apreciar en su espalda y las de sus piernas.
Podía oírlos respirar tranquilamente, pero también podía oír a las chicas conversar animadamente al otro lado de la enorme muralla de madera.
Lo único que podrían valerse los mirones para ver hacia el otro era asomarse por el costado que daba a la montaña, al acantilado, a un abismo de varios metros de distancia y a una muerte segura.
Y la seguridad puesta fue casi indignante a Tanjiro. Era una vaya, también de madera, pero que apenas si llegaba a la cintura. No estaba reforzada y era la única parte del hotel que no se modernizaba correctamente.
No había razones plausibles para querer acercarse en primer lugar, por lo que Tanjiro dejó de preocuparse.
Como los otros dos muchachos, echó su cabeza hacia atrás, y se dedicó a oír o a tratar de entender las conversaciones de las chicas para entretenerse.
Hacía mucho tiempo que Kanae no se daba un baño de agua caliente que le permitiese estirar las piernas y casi acostarse en el suelo. Mantuvo su cuerpo bajo el agua hasta los hombros y en el relajo logró desarrollar un modo cerebral que desconocía en ella misma, y era el de "modo pensar en nada".
Un modo que le pareció tan agradable que esperó poder repetir volviendo a casa.
Shinobu mantuvo su vista sobre un punto sobre el agua un buen rato.
—Kanao lleva mucho tiempo bajo el agua, Kanae…—Shinobu observó el sitio donde su hermana había bajado la cabeza hacía buen rato.
—Está allá tras la roca, Shinobu—su hermana levantó el dedo para apuntar.
En medio de las termas para las chicas había una enorme piedra que sobresalía del agua. Aun con todo, el espacio de agua que la rodeaba era tan grande que era imposible que le resultara molesto a alguien.
—¿Kanao? —llamó Shinobu.
La pequeña asomó la cabeza tras a roca.
—¡Ah! Ahí estás…
Kanao se había aburrido. Por lo que se decidió por investigar el pequeño lugar.
Idílico como solo él podía serlo, las aguas termales de las chicas estaban bordeadas por un acantilado. Dos de los cuatro costados daban al hermoso paisaje boscoso. Kanao pudo ver desde su sitio el atardecer dorado que se ocultaba entre dos montañas más lejanas, y le pareció ver la torre de algún alto templo muy lejos de ahí.
Abajo, por otro lado… El acantilado era de piedra amarillenta y firme. A diferencia del lado de los chicos, que era lisa y casi parecía un tobogán natural, el de las chicas era empinada, pero las rocas se hacían afiladas y rugosas.
Entre caer por la ladera lisa hasta el abismo, o arriesgarte a quedar incrustado en una piedra tan afilada como esa…
—¡Kanao, cuidado con el borde! —exclamó Shinobu.
El borde, al igual que el lado de los chicos era más que nada una delimitación con una cerca de madera roída y ligeramente podrida.
Pero el caso de las termas de las chicas era un caso más especial, pues solo había una corrida de piedras de distancia con el agua.
La despistada mujer que quisiera salir del agua dándole la espalda al acantilado podría estar en grave peligro.
Kanao, sin embargo, quería ver.
Sacó parte de su cuerpo hacia afuera, con mucho cuidado, y observó hacia abajo.
Una sensación en el pecho y en la espalda la atacó. La terrible pero adictiva adrenalina del vértigo.
Era una vista asombrosa. El contraste con los pedruscos afilados y deformes con las copas de los árboles que a la distancia se venían suaves y esponjosos.
Kanao fue capaz también de ver el humo saliendo de un punto de la montaña. Como una pequeña casita o quizás una fogata.
Volvió a ver hacia abajo, fijándose en los detalles del acantilado, y se fijó que entre acantilado y bosque había un río. Era de agua cristalina y azul, casi como…
Kanao abrió los ojos y escondió su cabeza nuevamente. Casi la oculta bajo el agua.
Shinobu y Kanae sintieron el sonido brusco del agua al moverse con violencia. Alzaron sus miradas, alerta.
—¿Kanao? —preguntó Shinobu comenzando a acercarse al punto en el que Kanao estaba.
Kanae la siguió de cerca.
Kanao estaba con apenas la cabeza afuera del agua.
—¿Qué ocurre, Kanao? —preguntó Kanae al conectar con la nerviosa mirada de su hermana.
Kanao sacó la cabeza debajo del agua, pero todavía estaba alterada y ligeramente asustada, podía notar cómo se cubría con las manos en el pecho.
Se atoró tratando de gesticular con sus manos sobre lo que había visto, pero su nerviosismo no la acompañaba en la tarea.
—Kanao. ¿Qué has visto? —Kanae se acercó a ella, ahora tan preocupada como Shinobu.
Kanao tragó saliva y apuntó hacia el abismo.
—Alguien viene subiendo—contestó con un hilito de voz—. Por la ladera.
…
Zenitsu abrió los ojos con sorpresa.
—¡ABORTA, INOSUKE! ¡Nos detectaron! —chilló Zenitsu.
Inosuke se agarró con fuerza de un enorme y firme pedrusco que le serviría de apoyo para seguir adelante.
—¡NO PODEMOS HACER ESO!—Inosuke se giró hacia abajo para ver a su secuaz—. ¡Puedo sentirlos, Monitsu! ¡Estamos muy cerca para rescatar a Tanjiro!
—¿¡No dijiste que por este lado había un almacén!? ¡Acabo de oír a Kanao delatándonos!
Inosuke siguió su marcha a pesar de las protestas de Zenitsu.
—¡Claro! La última vez que vine a saquear a esta casa, me colaba por el almacén.
—¿Y hace cuánto fue eso?
—Hace como cuarenta y ocho lunas llenas…
Zenitsu hizo sus cálculos mentales y abrió los ojos, teniendo una horrible sensación.
…
A pesar del vapor que obstaculizaba sus fosas nasales, Tanjiro pudo oler el temor del otro lado de las termas.
Se levantó violentamente, llamando la atención de los dos hombres a su lado.
Se giró intempestivamente, sin decir sus razones y se acercó al borde del acantilado, con la intención de hablar desde ahí.
Pero no pudo avanzar ni un cuarto de su recorrido, cuando otra figura se alzó del agua con violencia.
Tanjiro sintió que su cabeza se hacía para atrás, para luego sentir que el suelo se alejaba de sus pies. Pero entonces su cuerpo estaba en el aire, y al siguiente cayó con fuerza sobre la superficie del agua.
Sanemi lo había jalado del pelo y con una fuerza descomunal lo había arrastrado de vuelta al agua.
Al reponerse de la caída miró a Shinazugawa, y nuevamente su mal de ojo cayó sobre Tanjiro.
—¡Las chicas están en peligro! —trató de levantarse con torpeza, pues las piedras de más al centro estaban muy resbalosas.
Sanemi lo miró con una sonrisa irónica y se cruzó de brazos.
—¡Claro, claro! —luego volvió a fruncirle el entrecejo amenazadoramente—. Esa ya nos la sabemos por libro, mocoso. Ni lo puto intentes.
—¡De verdad lo están!
Trató de acercarse a la orilla, pero Sanemi volvió a empujarlo al agua con su pie.
—Quédate donde estás—gruñó Shinazugawa.
Tanjiro volvió a salir del agua, esta vez con el entrecejo fruncido.
—¡Puedo oler el miedo! ¡Si no me crees, por último, acércate y pregunta si están bien!
—Ya lo haremos cuando volvamos a la sala.
Sanemi metió los pies en el agua y se sentó en el borde, en una posición muy cómoda para volver a meter a Tanjiro al agua con una patada sin importar por dónde tratase de franquearlo. Era un verdadero guardián de las puertas del infierno.
—¡Tomioka! ¡Por favor, haga algo!
El nombrado pestañeó un par de veces y demoró lo suyo en contestar.
—Tanjiro. Yo sé que estás en una época muy complicada…
—¡NO SE TRATA DE ESO!—protestó Tanjiro con el rostro enrojecido—. ¡Se lo puedo jurar!
Un sonido violento del movimiento del agua logró escucharse del otro lado.
…
—¡Ay, no! ¡Ya los vi! —chilló Kanae tapando su cuerpo.
—Kanao, hazte para atrás—ordenó Shinobu con el ceño fruncido.
Kanae abrazó a su hermana más pequeña y juntas se inclinaron sobre el agua. Shinobu era la única que se sacaba su cabeza en dirección al acantilado.
Apoyó su brazo sobre la línea de piedra que la separaba del vacío y echó la cabeza sobre el abismo. Palideció de la rabia y su mirada se ensombreció. Varias venas comenzaron a sobresalir amenazadoramente en su frente, cuello y mano.
—Qué bonito…—Shinobu sonó tan tranquila como la calma antes de la tormenta.
Sin alterarse, comenzó a caminar en dirección a la puerta de salida y de ahí sacó un recipiente de color verde. Volvió con él entre sus manos, y antes de llegar al borde, llevó el recipiente con un poco de agua hirviendo.
Lo apoyó sobre el borde, y de la parte más exterior, incluso la que no estaba protegida por la valla, sacó un poco de tierra y pasto.
—Ayúdenme a buscar piedras sueltas—pidió la chica.
Kanao inmediato empezó su búsqueda bajo el agua, pero Kanae se detuvo un instante para pensar.
—¿Shinobu? ¿Qué piensas hacer?
—Algo que siempre tuve ganas de hacer…
Shinobu sonrió tan dulcemente como a Kanae le gustaba. Pero algo andaba mal con esa sonrisa, por lo que no resultó todo lo agradable que ella esperaba.
Kanao salió del agua con un montón de rocas de todos los tamaños y densidades.
…
—¿Kanae? —habló Shinazugawa con la oreja pegada a la pared.
—¿Kanao? —Tanjiro pudo sentir la esencia a ira—. ¿Se-señorita Shinobu?
Tomioka continuaba su estadía en el agua. Ni un centímetro se había movido. Pero había agudizado su oído para sentir la presencia de las personas al otro lado.
…
Shinobu puso varias piedras en el fondo del recipiente verde y echó un montículo de tierra. Con su mano movió el fondo, de modo que el agua caliente, transparente y cristalina se volvió marrón.
—Shinobu. ¿Qué vas a hacer? —Kanae alzaba las manos, insegura de lo apropiado de la decisión.
—Vamos a hacer un experimento—explicó Shinobu, todavía con las venas en sus cienes bien hinchadas—. Qué cuerpo cae primero, ¿el de chaqueta amarilla o el descamisado degenerado…?
Shinobu colocó el recipiente justo sobre la trayectoria de la subida de las personas que iban subiendo la ladera.
—¡Shinobu! ¡Podríamos llamar a alguien antes! —Kanae sonó alterada y preocupada por el próximo movimiento.
—¡Ayuda! —cantó Shinobu melodiosamente, pero lo suficientemente alto para ser oída—. ¡Mirones!
Luego dejó caer el contenido por el acantilado.
…
—¿¡Mirones!?—exclamaron los tres muchachos inmediatamente.
—¡Kanae! ¡Kanae! —Sanemi golpeó la pared de madera—. ¡Kanae!
—¡Kanao! ¿Estás bien? —Tanjiro alzó la voz, mirando hacia arriba.
Sanemi volvió a golpear la pared de madera, tratando de llamar la atención de quien estuviera del otro lado, pero su desesperación lo traicionó y acabó por quebrar una de las tablas que componía la enorme muralla.
Se quedó congelado en su lugar, mirando su puño. No pensó que fuese tan endeble.
Tanjiro se dirigió al costado de la pared para echar un vistazo, y antes que pudiera dar un vistazo, escuchó el sonido de la puerta que daba a las termas abriéndose.
Un hombre anciano, calvo y vestido se presentó, siendo reconocido por todos como el dueño del local.
La vista del anciano, justo después de la llamada de auxilio de las señoritas gritando "mirones", fue la de un tipo tranquilamente sentado en el agua, un jovencito tratando de espiar por el costado de la puerta y un tremendo sinvergüenza que había roto la muralla de madera.
El hombre inspiró profundamente y sus fosas nasales se volvieron dos círculos perfectos.
Indignado por la promiscuidad de la juventud, el aparentemente dócil viejecito hizo un lanzamiento perfecto de dos recipientes verdes hacia la cara de cada degenerado que se hallaban cerca de la muralla.
Sanemi se agachó tomándose la frente con ambas manos.
Tanjiro se acercó hacia el hombre con ambas cercas arqueadas, levantaba las manos en señal de paz. No se había ni inmutado ante el golpe.
—¡Señor! ¡Se lo juro! ¡Nos podemos explica-!
El hombre dio un paso y volvió a hacer un lanzamiento, esta vez a la altura de la garganta, que esta vez dejó a Tanjiro fuera de combate.
…
—Lo lamento tanto…
Kanae acercó la venda a la frente de Shinazugawa.
Un enorme moratón se estaba formando a la altura del golpe. Fue un golpe limpio. No dejó heridas abiertas y tampoco había roto su cráneo. Pero de que iba a recordar el golpe con dolor, iba a recordar el golpe con dolor.
—¿Por qué pegaste a la pared? —preguntó Shinobu sosteniendo su cabeza con uno de sus puños—. ¿Cómo es eso de proceder con violencia?
Kanae la miró alzando una ceja, absolutamente incrédula.
—Justificadamente. Quiero decir.
—¡Gritaste "mirones"! ¿Querías que me quedara sentado haciendo nada? ¡Auch! —Kanae le obligó a mirarla una vez más, pues su trabajo todavía no había acabado.
Dejó que su novia acabara con el trabajo, luego se levantó para ir al lado de Tanjiro y Kanao.
—¿Tú de verdad te encuentras bien? —preguntó la mayor. En una suave caricia echó el húmedo pelo de Tanjiro hacia atrás.
—En la frente no. En el cuello tal vez—el chico apuntó al sitio.
—Baja un poco la yukata, por favor.
Tanjiro deslizó el cuello de la prenda un poco por debajo de sus hombros y alzó la vista.
Dejó a la vista los firmes hombros del muchacho y su espalda, que para su edad era bastante ancha. Su piel bronceada uniforme, que cubría su clavícula y lo que venían siendo el nacimiento de los pectorales.
Kanao enrojeció y dio la mirada más indiscreta que pudo haber dado en su vida. Al percatarse que tenía la boca abierta, que su corazón latía con fuerza y que su respiración empezó a hacerse muy profunda, desvió su mirada hacia otro lado.
Pero el rubor estaba para quedarse otro rato más por lo que trató de distraerse.
—¿N-no te dijo nada a ti, Tomioka? —preguntó la muchacha.
—¡Eso! ¡Estuviste ahí! ¿¡Por qué no dijiste nada!? —le espetó Shinazugawa.
Tomioka se giró y cerró los ojos colocándose una mano en el pecho.
—Es que ese lanzamiento fue impresionante—luego alzó la vista al cielo, encandilado por su recuerdo—. Para estar sobre un par de sandalias, tuvo una postura perfecta. Hasta en cómo movió la muñeca, el hombro y los brazos. Te juro que fui capaz de ver los golpes en cámara lenta de lo bien que lo hizo.
Shinobu puso una mano en su boca, tratando pobremente de contener la risa.
—Por supuesto que debió de ser impresionante…—Kanae acabó el trabajo con Tanjiro. No había nada raro—. He oído que el dueño de este hotel fue medallista olímpico de lanzamiento de bala.
¡Qué conveniente!, pensó Shinazugawa.
Shinobu soltó una carcajada, no pudiendo resistirse más.
—¡Lo siento tanto, Tanjiro! ¡Es que-!
Sanemi apretó los dientes y comenzaron a saltarle las venas en la frente y a temblarle el ojo izquierdo.
—¡Sí que fue impresionante! —replicó Tanjiro sobándose la frente sin dolor y sin ofensa—. ¡Apuesto que no ha perdido el toque ni con la edad!
Shinobu sonrió genuinamente y acarició la nuca del chico cariñosamente.
—¿Te gusta el pin-pon? —preguntó la mujer—. Hay una mesita por ahí.
Tanjiro abrió los ojos con alegría.
—¡En el instituto hay una!
Kanao se inclinó sobre él, con los labios ligeramente entreabiertos.
Costó que soltara las palabras, pero finalmente las dijo.
—¿Jugamos? ¿Tú y yo? —profirió con cierta torpeza.
Tanjiro asintió encantado.
Se levantó del suelo y extendió su mano a ella, que todavía se hallaba en el suelo.
Ella tomó la cálida y seca mano de Tanjiro. Y con un tirón amable, pero firme, el chico la ayudó a ponerse de pie.
Kanao sonrió, y sin soltarlo, lo llevó hacia el sitio. Comentando su partido con Tomioka y de cómo había sido muy complicado pero divertido jugar con él.
Sanemi vio la situación ante sus ojos sin poder intervenir.
—¡Eh, muchachos! ¡Ya van a traer la comida! ¡No se entretengan tanto! —advirtió Sanemi con una voz dulce tan plástica como la sonrisa de Shinobu.
—¡Ah, pero si seguro pueden dar un par de partidos antes! —intervino Shinobu con una sonrisa juntando ambas manos.
—Pero si se va a enfriar si la hacen esperar mucho…—Sanemi mostró los dientes, sin bajas la sonrisa. Ahora sus ojos ya de por sí opacos se habían vuelto casi negros.
—¡Nunca tan rápido, Shinazugawa! —Shinobu le sonrió con los dientes bien apretados.
Entre Shinobu y Sanemi saltaron las chispas de la rivalidad. Ninguno de los dos se temía entre sí y se condicionaban en la batalla interna que estaban librando, sabiendo perfectamente lo que pretendía el otro.
A espaldas, por supuesto, de sus respectivas parejas que observaban a los menores que inmediatamente empezaron a jugar.
Fue un asalto para Shinobu.
Y así Shinazugawa tuvo que tragárselo.
…
Zenitsu caminaba por la orilla del río pisando fuerte.
—¡Inosuke! ¡Inosuke!—gritaba pasando rápidamente su mirada sobre el agua, tratando de atrapar los últimos rayos del sol para ayudarse.
El frío comenzó a rodearlo, y no ayudaba a que su cabello y ropas se encontrasen mojadas.
Le dolía la mano como el carajo y la agitó de tanto en tanto. Parecía que solo recordar aquella piedra hacía volver el dolor. Pero se preguntaba si Inosuke estaba bien, pues lo que los hizo caer a los dos, fue la piedra que cayó sobre el hombro de Inosuke.
El chico que llevaba una cabeza de venado se desestabilizó y cayó sobre Zenitsu, y Zenitsu, sobre el agua.
Pero hacía quince minutos que se habían separado, e Inosuke no solo no contestaba, sino que su cuerpo no estaba a la vista.
—¡INOSUKE! —Zenitsu dio un último grito, que esperó se escuchase en todo el valle.
Ya no le importaba si los animales salvajes lo tenían en la mira, si algún ladrón que acechaba entre la hierba los encontraba. Zenitsu solo quería encontrar a Insouke para decirle sus últimas palabras, pues con la noche entrando en el aire y con el estómago rugiéndole como en mucho tiempo no sucedía, dudaba que fuera a sobrevivir.
Finalmente lo encontró.
Estaba durmiendo a pierna suelta a las orillas de una luminosa y pequeña playa de piedritas, con su cabeza de venado puesta.
—¡Inosuke!
Zenitsu se acercó y se arrodilló a su lado.
Le quitó la cabeza de venado y contempló un instante, el delicado y fino rostro de su amigo. Sus largas pestañas y sus labios que, de ser cuidados correctamente, no serían tan secos.
Zenitsu lo miró.
Absolutamente asqueado.
Levantó una mano y le dio una buena bofetada al rostro desnudo de Insouke.
Inosuke se despertó de sobresalto, dispuesto a pelear con quien fuera que se le cruzara. Pero, un momento de duda al ver el rostro de Zenitsu fue su perdición.
Zenitsu siguió con sus bofetones. Uno tras otros sin parar, Inosuke logró agarrarlo de las manos, pero ya con las mejillas calientes e hinchadas.
—¡Monitsu! ¿¡Te has vuelto loco!?
—¡Claro que me he vuelto loco! —le chilló a la cara, sucumbiendo a la desesperación—. ¿¡En qué diablos estaba pensando para seguir al pie de la letra tus planes estúpidos!? ¡Me ruge el estómago de hambre; escucho pasos a lo lejos de una especie de animal que no conozco! ¡Se está haciendo de noche y hace frío! ¡Tengo la sospecha de que no tenemos señal Y SIN ESO NO HAY FORMA EN LA QUE PUEDA CONFESAR LO QUE SIENTO POR NEZUKO!
Liberó una de sus manos y le dio una última y débil bofetada a Inosuke.
—Y voy a morir aquí contigo…—sollozó—. Es que esto no puede ser peor.
Inosuke se apiadó de Zenitsu. Por supuesto que una persona poco experimentada y novata en la supervivencia en la montaña iba a tener reacciones como aquella. Él era un verdadero pelmazo, al lado de él, y no tenía idea de lo que pasaba.
Atrapó los hombros de Zenitsu y lo miró con sus preciosos ojos esmeraldas.
—Monitsu—llamó Inosuke con seguridad—.
Zenitsu levantó la vista. De algún modo el tono de Inosuke lo había reconfortado un poco. Ya no se sentía tan desesperanzado como antes.
Inosuke sostuvo su mirada seriamente.
—Monitsu, las cosas siempre pueden ir a peor. Nunca lo olvides—continuó Inosuke con una sonrisa.
El corazón de Zenitsu fue a parar al núcleo terrestre y más abajo.
Su amigo sonrió mostrando todos sus dientes.
—¡Pero estás con el Gran Inosuke, por lo que no debes de preocuparte!
Inosuke se levantó del suelo, con las energías renovadas. Aunque tenía tanta o más hambre de Zenitsu, no perdería la esperanza.
—¡Debemos seguir con nuestra búsqueda o Tanjiro será acabado por nuestros enemigos! —alzó la voz tratando de sonar motivador—. ¡Pero debemos desistir por esta noche! ¡No lo olvides, Zerruntsu, esto no se acaba hasta que se acaba!
Inosuke apuntó a un sitio en la espesura del bosque.
—¡Andando! ¡A descansar!
Inosuke emprendió camino hacia la oscuridad del bosque con seguridad.
Zenitsu lo vio partir, pero después, al ver cómo cada vez era más difícil distinguirlo en la espesura y cómo el sol iba mermando su calor cada vez más, se resignó con un suspiro.
—No me quedan más opciones…
Le siguió la pista a Inosuke y continuó caminado. Pero se iba asegurar de ser lo más odioso posible hasta que encontraran la cueva, cuenco de árbol o lo-que-sea para sobrevivir la noche.
En cierto modo, se lo merecía por pensar que Inosuke sabía qué carajos estaba haciendo, en primer lugar.
….
¡Ojalá lo hayan disfrutado!
En breve se viene un capítulo más romántico, que creo que es lo que menos ha tenido este fic, a pesar de ser de romance.
Coménteme lo que les pareció. Siempre es un gusto para mí saberlo.
¡Feliz San Valentín a las personitas afortunadas!
