Buenas a todos :D espero la estén pasando muy bien. Estuve escribiendo bastante estos días, podría decirse que tengo cubiertos los siguientes 3 meses. No quisiera avanzar sin comentarles que pueden seguir otros detalles del fanfic así como dibujos y otras cosillas en mi página de Facebook /StarlingShadow

Su apoyo hace que la historia crezca cada vez más, espero ver sus comentarios porque como saben - Comentar = Apoyar al autor a seguir escribiendo. Ahora sí, los dejo con la actualización de este mes, disfruten ^^


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 38 – Lo que él no sabe


- Así que… tendrán un bebé –dijo con su alma al filo de perderse.

- Ni si quiera creo que sea cierto –dijo Caitlyn- pero podrías empezar por empacar para romperle los dientes, te acompañaré –mostraba cierto apoyo, aunque al final sólo quería que Vi se desahogara.

La pelirosada volvió a pensar en una bebida, necesitaba dejar de revolver el asunto, Draven era pasado. Era una mujer fuerte, independiente y maravillosa, no tenía nada que envidiarle a la rubia, sí… tal vez quería arrancarle la cabellera pero fuera de eso nada más le llamaba la atención, salvo, claro, su corazón roto.

- Bueno, déjalo –Cait posó su mano sobre la de Vi.

- Mañana –dijo forzando su brazo hasta tener el vaso de cerveza bailando entre sus labios.

- ¿Oyeron eso? –dijo una voz tras las dos agentes de la ley- la gente no sabe qué más inventar, son tan estúpidos.

- ¿A qué te refieres? –volteó con molestia la pelirosada.

- Lux no está enamorada de aquel bárbaro, es una estupidez –contestó nuevamente el no-invitado con una cabellera igual de rubia que la demaciana de la que hablaban- y lo del bebé, ¿honestamente? Se fumaron algo muy fuerte para imaginar algo así.

- Ezreal –dijo Cait intentando calmar al explorador.

- El que no sabe lo que dice eres tú.

- ¿En serio? ¿Eres de las locas que creen en aquellos inventos? –preguntó con ánimo de pelea, Ezreal parecía haberse molestado por la sola insinuación verídica del asunto.

Vi se puso de pie, dejó su cerveza de lado y empujó al rubio lo más fuerte que pudo, tenía una expresión asesina en su rostro, como si fuera a comerse vivo a cualquiera que dijera lo contrario de lo que ella afirmaba.

- Dilo de nuevo.

- Estás loca. Lux es una dama y jamás, JAMÁS se acostaría con un bastardo así –afirmó y empujó de vuelta a Vi.

- Oh… no –susurró Cait temiendo lo peor.

Pero la realidad era diferente a cómo lo decían estos dos, era claro que nadie sabía lo que sucedía en el interior de Noxus y menos en el seno más discreto de una de las familias de esta oscurecida nación.

- ¿Cómo estás? –preguntó Darius.

- ¿Es el desayuno? –preguntó con una leve sonrisa.

- Sí, traje… algo –no sabía lo que era, tan sólo lo había pedido.

- Gracias –Darius dejó cerca la comida mientras Lux lo comía con ánimo.

Querían llevar su vida lo más tranquila que les fuera posible, la tormenta estaba sobre ellos pero no iban a parar por las habladurías, después de todo Draven se había apartado del castillo, vivía en los burdeles, bares, lo que fuera un "lugar" donde quedarse, un "lugar" donde no estuviera su hermano o… ella.

Tomó una silla y la acercó a la cama, juntaba sus manos como si quisiera hablar de algo en específico pero no quería perturbar aquella agradable mañana, Lux parecía estar mejor, hablar más y comer mejor cuando no se le recordaba aquel asunto pero luego…

- Voy a hablar con Swain –irrumpió y pronto Lux se detuvo, sin parpadear vio hacia otro lado.

- ¿Y qué pasará? –preguntó.

- Él sabe que hizo algo mal, no voy a hacer tratos. NO cuando te hizo lo que te hizo. Tan sólo lo voy a hundir, tan profundo que nadie podrá recordar quién era.

- Uhm.

No dijo otra cosa y volvió a comer con la mirada baja, parecía un animal a la defensiva mas Darius no mencionó otro asunto, también estaba su matrimonio que por haber sido consumado podía resultar inválido y ahora podría pertenecer a alguien que no es Darius.

- Voy a salir, no tardaré –Lux resintió algo de dolor psicológico y con el miedo que tanto había experimentado tomó rápidamente un pedazo de ropa de Darius, se colgó de la misma sin dejarlo.

- ¿Por qué lo haces? –preguntó.

- Yo… -no era capaz.

"Tengo miedo", gritó su interior, su cuerpo, su misma vida y se encorvó recordando la soledad.

Darius volvió a ella y tomándole la mejilla la besó suavemente, no la asustó ni nada pero la hizo dar un pequeño salto.

- La mitad de mi unidad resguarda el castillo. Nadie puede entrar. NADIE –hizo énfasis en lo que podría ser la clave de la calma de la rubia.

Ni Katarina, ni Swain, ni nadie aliado podría acercarse para lastimarla, no de nuevo así que lo soltó, acto seguido el noxiano se volteó y salió de la habitación no sin evitar ser seguido por la mirada de Lux, cada paso hasta perderse tras el cerrar de esa vieja puerta de madera maciza.

¿Qué pasaría con su vida? Se preguntó, no dejaba de comer entonces giró su mano a un lado y encontró un platillo cerrado, lo abrió y encontró fruta… se quedó viéndola, eran gajos de naranja, dejó la comida para intentar dormir, había sido suficiente por hoy.

Darius seguramente lo averiguaría todo, en su momento lo haría, era como si ya pudiera saborear el amargo sufrimiento de su amado, su mirada fruncida, sus manos alejadas de ella y quizás palabras que cavarían la tumba de su sufrido ser.

Dos suaves golpes se dejaron escuchar estremeciendo a la rubia, la cual comenzaba a estresar su cuerpo pero no era quien se imaginaba. Sona, la bella artista había conseguido quedarse en el castillo, iba a revisar a Lux y le tocaba melodías curativas para mantener el tratamiento por el cual recobraría fuerzas.

Aunque no demasiadas dado su estado, esperaba que su criatura se repusiera primero.

- Gracias –añadió Lux viendo desde una corta distancia a Sona, la cual no dejaba de tener esa mirada inquisitiva- ¿hay algo que necesite saber? –preguntó al momento.

Sona negó con la cabeza, agitaba su cabellera e incluso había detenido su música, puso su instrumento a un lado y se sentó en una silla cerca, movió sus manos dudosa de que pudiera entenderla, no quería adentrarse en su mente, sería demasiado.

- Lo entiendo –dijo aliviando la incomodidad de Sona por comunicarse.

Sona movió entonces sus manos con más avidez para comunicar algo de lo que le llevaba rondando la mente.

- ¿Por qué no se lo dije? Quizás… sólo tenía miedo. Esa noche perdí muchas cosas, no quería verlo morir entre mis manos, perdí a Darius, ¿tenía que perderlo a él también?

Sona movió sus manos con algo más de preocupación mientras Lux la veía con ojos tristes.

- No… él no lo sabe –dijo y más signos se dejaron venir- nadie lo sabe, sólo yo y bueno, tú también.

El signo "secreto" se mostró al instante pero Sona resintió aquello como algo negativo que podría dañar más si fuese revelado que si no se supiera.

- Ahora que me siento bien hablaré y le diré las cosas que no sabe, ¿sabes dónde está? ¿Puedes llevarme?

Pero eso no era lo único que se cocinaba en aquel caldero de malos días, también estaban los que buscaban sobrevivir a toda costa. Aquella noche, la fatídica noche que oscureció el alma de Draven, Cavagnarov supo de inmediato lo que pasaba y desde su escondite vio todo lo que debía ver, sobrevivió simplemente porque era su castillo, conocía las salidas secretas mejor que aquellos desafortunados que murieron en las manos del ejecutor.

Huyó por unos túneles hasta llegar a su siguiente parada, el punto de partida que lastimosamente fue emboscado por soldados de Swain, los mismos llevaron por la fuerza a Cavagnarov hasta su amo para luego dejarlo a su disposición.

- Miren lo que trajo la marea, ¿qué puedo hacer para que te sientas como en casa? –preguntó Swain extendiendo su brazo con una taza de té.

- No, gracias –contestó Cavagnarov claramente irritado.

- Vamos a hablar. No me gusta nada que hayas traicionado a la organización y pienso que es hora de que te corrijamos.

- Ustedes y sus 'métodos', creo que te sobreestimas, Swain.

- No demasiado –tomó el té que había ofrecido antes porque era obvio que aquel Conde no confiaba- pero creo que tú tienes algo que ofrecerme por tu seguridad.

- Sólo mi familia sabe cómo crear piedras con poderes inimaginables para cualquier otro ser de este mundo, matarme sólo hará que otro buen arte desaparezca de nuestra sangrienta cultura.

- No te mataré pero conozco alguien que está ansioso por hacerlo.

- ¿Ah sí? –arrugó la nariz, fingía no temer.

- Sí, mi aliada también está muy interesada pero puedo hacer que nada suceda por un módico precio, muy aparte de tu lealtad.

Suspiró, como un Conde parecía tenerlo todo en esta vida, dinero, clase y seguridad mas la realidad distinta a su pensamiento se asomaba por los ojos del cruel cuervo, el mismo esperaba arrancarle los ojos.

- Mi lealtad nunca será suficiente así que te daré una de las piedras más valiosas que mi familia ha creado, piedra de la verdad. El poseedor tendrá la posibilidad de sacar cualquier verdad de cualquier persona o ser mientras tú se la pidas.

- ¿Tan poco vale tu vida? –señaló Swain acomodándose en un sillón con su bebida caliente- me cuesta más mantenerte con vida, dame algo que me convenza.

- Es lo que ofreceré. Si no te es suficiente, puedo prepararme para mi muerte, si mi lealtad, mi arte y orgullo no alcanzan, lucharé todo lo que pueda sin la organización. A pesar de que enfrentarme al Ejecutor de Noxus no es lo más sensato, no aseguro que él vaya a vivir luego.

- Sabes, me convences, pero creo que dos piedras serían un buen trato. Una será la de la manipulación y otra de la verdad.

- ¡Es una locura! No te daré la última piedra de la manipulación, mi madre murió por crearla y mi padre la guardó en nuestra bóveda como reliquia familiar.

- Si lo piensas, tu madre nunca te quiso. Te engendró sólo porque quería aprender el arte único de la familia Cavagnarov, pero al no tener tu sangre nunca fue capaz de aguantar el proceso de creación. Era ambiciosa, ¿sabes para qué creó una piedra de la manipulación? ¿Lo imaginas?

- Es tuya –contestó pero sus ojos furiosos apenas podían contener la rabia que sentía al probar un toque de verdad en su pasado.

Hicieron trato sin decir otra palabra, Cavagnarov estaba harto de seguir huyendo, era horrible admitirlo pero de cierta manera necesitaba de la organización, lo que aquella noche vio le hizo incapaz de mantenerse en su lugar. No iba a enfrentar a la bestia que Noxus creó para una guerra de sangre, era un aristócrata, él no estaba hecho para mantenerse en medio de las incomodidades de una lucha con un campesino, era indigno.

Pero esa no era la única visita que recibiría aquella noche, Swain se vio interrumpido por otro personaje, el cual no parecía estar feliz de lidiar con un asunto que podía convertirse en una pugna de poder.

- ¿Señor? –preguntó un sirviente al cansado cuervo.

- Lleva a mi invitado al salón privado, yo saldré a recibir a mi gran amigo.

Se puso de pie, dejó su pequeña taza de te a un lado y caminando algo encorvado hacia la puerta la abrió sin antes suspirar por el asunto.

- Oh, ¿qué tal? No te esperaba tan pronto, es una alegría ver a la misma Mano de Noxus viva y fuerte.

- ¿Seguro? –vio con seriedad al cuervo.

- Claro, pasa mi gran amigo, pasa –le abrió la puerta tras él no sin antes ver de reojo que su sirviente se hubiera llevado a Cavagnarov por otra puerta.

El potente noxiano entró a la oficina y se quedó cerca de una ventana, no esperaba que fuera una reunión corta.

- Confiesa lo que hiciste y veremos si esto no escala tanto como creo.

- ¿Qué dices? No tengo nada que confesar, tu desaparición fue tan inesperadamente dolorosa para todos como para mí.

- No mandaron ninguna unidad de rescate, un ejército completo se pierde en medio de unas ruinas y no enviaste nada.

- Eso lo decidieron tus compañeros, no tengo jurisdicción sobre decisiones del ejército. Mi elección hubiera sido recuperar a nuestros compatriotas pero ya lo sabes, prefiero estar en el consejo noxiano, ayudar en la legislación, apoyar decisiones de guerra, etc.

- Yo lo sé todo, incluso el asunto de mi "intervención", enviaste a la bruja esa pero ella no cumplió, traicionó tus principios e intentó asesinar a la misma mano de Noxus, ¿ves los problemas en los que te metiste? –señaló Darius sin sonar amenazante pero con un leve dejo de ferocidad.

- ¿Qué harás? –dijo Swain cambiado su expresión.

- Primero hablemos de mis derechos como ciudadano y luego pasaremos a las consecuencias de la traición.

- ¿Quieres hacer un trato? –preguntó nuevamente Swain algo animado.

- No, no quiero nada, sólo hundirte.

- Eso no será posible, lo sabes. Además… te conviene más hacer el trato a ti que a mí. Hasta donde conozco, has perdido tus derechos como dueño, esposo y comandante.

- Parece que alguien no aprendió derecho noxiano antes de entrar al consejo –rió con ironía.

- Claro que lo aprendí, no hay nadie mejor que yo. Cuando "moriste" la joven demaciana debió regresar a su país de origen pero prefirió quedarse para cumplir con el derecho de tu hermano, ¿sabías que él es el legítimo esposo y dueño de todo lo que tienes?

La expresión de Darius volvió a cambiar, su ceño fruncido se intensificó mientras arrugaba su rostro enrabiado, nadie podría decir que él no quería partir en dos al traidor.

- No lo es porque su matrimonio no fue consumado.

- ¿Estás seguro? –preguntó Swain, la duda era como sus semillas de la oscuridad, se insertaban en su corazón lentamente.

- Sí –aseguró Darius sin moverse de su lugar.

- Tengo algo que podría interesarte, sólo debes hacer un trato conmigo, ya sabes… algo sencillo. Te devolveré todo lo que quieras si accedes. Tu casa, tu esposa, tu dinero, tu ejército e incluso te daré un lugar en el consejo –el té estaba frío, pensó y lo dejó en una mesa mientras apoyaba amabas manos en la misma.

- No necesito hacer tratos contigo. Si quieres pelear, eso haremos. No me importa dividir Noxus por el tiempo que sea necesario. Así al menos me libraré de ti, además… si hablas de aliados, los tengo más que tú.

- El derecho noxiano de pertenecer al consejo ha sido dado por la cuna de oro de antaño de esta nación, aquellos bastardos que jamás mirarían a un campesino como tú, nadie en su sano juicio rechazaría eso por una pelea insensata de mentiras.

- No se a qué quieres llegar pero no haré ningún trato contigo. Si quieres jugarte la cabeza en esta lucha, perfecto.

- Así es –dijo Swain abriendo la puerta de su oficina- mi puerta siempre estará abierta al trato que te ofrecí, tan sólo recuerda que lo que tienes ahora por derecho legal le pertenece a tu hermano, incluida tu esposa.

- Ella irá a la corte en cuanto se recupere, admitirá su delito de omisión al no admitir que el matrimonio fue falso y quizás le den una advertencia, sin ningún problema, en cuanto a mis bienes, Draven los devolverá porque a diferencia de ti, él no es injusto. Al final… todo vuelve al círculo.

- No todo. Al menos si alguien prueba que el matrimonio de tu hermano se consumó, nada regresará a ti.

Era imposible, Swain estaba nadando en nimiedades, Darius pensaba que eran los pataleos de un ahogado, era imposible que su hermano le haya hecho algo a su Lux, ella no… lo permitiría.

"…perdón por no defenderme, por fallarte"

No, ella no podría haber implicado eso. Draven jamás haría algo así, él nunca… ellos nunca… ¿era verdad lo que estaba buscando esconder? No, negó de nuevo su pensamiento, se encerró en lo que sabía, la amaba y el amor es respeto, era verdad.

Acalló entonces para dejarse a la duda y salió de la presencia de aquel cuervo. No iba a creerle a un mentiroso porque lo único que le ha dado es dolor, traición e inquietud ante su futuro.

- ¿Aquí es? –preguntó Lux frente a un portón muy iluminado.

Las mujeres entraban y salían de allí, las mismas miraban a la demaciana desde arriba, pero claro… la rubia acompañada de la peliazul tenían ambas un encanto único.

- … -asintió Sona.

Ambas entraron al lugar, Lux aún guardaba su apariencia bajo una capucha que cubría el 90% de su cuerpo al igual que Sona.

- Disculpe, ¿puedo saber dónde está Draven? –preguntó Lux a una muchacha de porte masculino.

- Claro, cariño, subiendo las escaleras, el cuarto privado de los clientes, número 3. Si les preguntan, díganles que las manda Zafiro, la diosa del coctel.

- Jeje –sonrió levemente Lux- gracias.

Se movieron de allí, había mucha gente y la tal Zafiro parecía tener que ofrecer más bebidas a los clientes, a diferencia del piso de abajo, el de arriba era solitario, los pasillos estaban iluminados con una luz de neón púrpura y cada cuarto decía "no molestar", aunque en el caso de Draven el mismo lo tenía para estar solo.

Las mujeres se le habían ofrecido pero ninguna tuvo la mínima oportunidad de entretener al cansado noxiano. Parecía que todo transcurría más lentamente a través de sus ojos, quizás en ese punto de su existencia lo único que quería era dormir, lo hacía seguido y era algo gratificante. Mientras dormía al menos no recordaba la desagradable sensación de vivir.

Una habitación oscura, las ventanas cubiertas, tan sólo él y sus cobijas, abrazando su almohada mientras desaparecía en la nada.

- ¿Puedes esperar aquí? –preguntó Lux.

Sona asintió y le pidió que si tenía algún problema la llamara de inmediato.

Entonces golpeó la puerta, esperó un momento, zapateó un poco y nada sucedía, fueron como… ¿5 minutos? Comenzaba a creer que la tal Zafiro le había mentido, acomodó su mano en el pomo de la puerta y la giró, increíblemente se abrió.

Lentamente procedió a abrirla y se encontró con un gran desorden, ropa por todos lados, algunas botellas sobre un par de cómodas y un pequeño nudo en la cama, como si estuviera enroscado. La rubia temió acercarse por un momento pero el valor que había tenido de llegar ahí le daba suficiente para hacer lo que tenía que hacer, tocó aquel gran bulto escondido bajo unas cobijas.

Tembló.

- No quiero nada –murmuró Draven.

- ¿Podemos hablar? –preguntó Lux.

Los ojos de Draven se abrieron como platos, su cuerpo tenso como nunca y sus piernas nerviosas no paraban de moverse al son de su respiración y aquella boca llena de maldiciones calló.

Sintió entonces a la persona que había escuchado sentarse a su lado, ¿era la rubia? ¡ERA LA RUBIA!

Ambos esperaron en silencio, no esperaba tener una conversación tan sólo esperaba que saliera de aquel nudo.

- ¿Por qué no te vas? –dijo con tono de molestia.

- Tengo algo que decir –contestó asustada por el tono que usaba el castaño.

- Si no te marchas, te mataré…

- Me odias porque abusaron de nosotros y no pude detenerlos matándote, ¿en serio vas a castigarme por eso?

- ¡Nadie me abusó! –gritó levantándose con furia, se puso de rodillas en la cama y fue hacia Lux, la tumbó en la cama- ¿QUIÉN TE DIJO ESO? SÓLO ERES UNA TONTA, UNA IDIOTA, UNA BASURA QUE SE PUSO EN MI CAMINO PARA HACER MI VIDA UN INFIERNO, DÉJAME EN PAZ, DÉJAME VIVIR TRANQUILO, DÉJAME MALDITA –levantó un cuchillo que traía con él y lo levantó en el aire para clavarlo… sobre la cama.

Lux comenzó a soltar lágrimas, estaba tan asustada, no podía ni si quiera gritar ante tal agresión, de inmediato Sona se puso alerta y cuando intentó entrar se encontró con una puerta cerrada con seguro, pero… ¿por qué?

Draven se detuvo, la vio indefensa y flexionó todos sus músculos para luego descansarlos, bajando sus brazos como si no pesaran nada, la miró como una presa abajo suyo y deseó consumar lo que le había arrebatado la vida, su inocencia ante este mundo lleno de emociones.

- Perdón… -susurró y se acostó sobre ella para abrazarla. Ambos acostados en esa cama, de nuevo.

Pero no fue sólo un instante, se quedaron ahí por un minuto o dos, él la abrazaba en la cama y ella le acariciaba la espalda, era como un niño otra vez, ¿por qué con ella? Se preguntó mientras apretaba su cuerpo y disfrutaba ese aroma a mujer.

- No te disculpes, nos hicieron daño… y yo no te libré de aquella tortura, fui egoísta. Sona me dijo que sacó al cuervo de tu corazón, eso significa que estarás bien, hagas lo que hagas, trabaja con tu consciencia, libérate de cualquier sentimiento que te dañe.

- Lo que tú me haces no me daña, en cambio lo que me hago yo… sí.

- Sí lo hace porque pasa por tu dignidad y te condena.

- Ese día… -susurró- mi mente estaba en blanco, ¿qué otra barbarie cometí? Tengo pedazos de aquellos momentos, pasan por mi memoria, pero son demasiado rápidos, me duele el cerebro cuando quiero recordar, no puedo dormir, no puedo beber y no creo poder si quiera existir hasta saberlo.

Lux cerró su boca, creía que sería capaz de hacerlo pero había llegado el momento de confesar la verdad, iba a hacerlo pero estaba aterrada, si se lo decía Draven era capaz de no dejar morir sus emociones y las cultivaría en una tierra de desolación.

- Hiciste todo lo que pudiste para salvarme, incluso bajo el poder de Swain luchaste por no lastimar mi integridad. Gracias.

Flashback

Aquella noche…la habitación era demasiado grande para todo lo que iba a decirle, no sólo eran sus acciones, él se contuvo y bastante en no hacerle todo lo que tenían planeado, parecía que algo más actuaba en su interior para ayudarla, algo que la hizo… disfrutar por un momento. El momento que no se perdona, el momento que odia de sí misma, el momento que jamás compartirá en voz alta.

Cuando terminó con todos los aliados de Cavagnarov, cae al piso satisfecho, inundado en sangre, ha descubierto que su alma grita a través del cuervo de maldad que Swain introdujo en su ser, le dice que se mate y se lleve consigo a la demaciana.

¡Es demasiado fuerte! Pero no era tan sencillo porque ese impulso de matarla era menor al compararlo con el cariño nacido de la maldición del cuervo.

Por eso antes de terminar con su vida vio hacia lo único que le devolvía el sentido a todo, Lux. Ella corría hacia él en medio de aquella penumbra para impedirle hacerlo, le quita el cuchillo, lo tira tan lejos como puede, mira su rostro ensangrentado, mira el desastre en la tierra de aquel adolorido grito y le acomoda el cabello.

Draven está casi en su momento final decidiendo pero no puede resistirlo y besa a Lux, ambos se separan por un segundo y la misma Lux regresa a sus labios para besarlo de vuelta… sólo por un instante él se convierte en el fantasma de su amado pero desaparece demasiado pronto como para evitarlo.

Al volver a la consciencia se siente enferma con las acciones de su corazón corrupto por la magia del cuervo y ante los ojos del noxiano pierde el conocimiento, Draven está asustado, busca cualquier trapo para cubrirla y cubrirse a sí mismo y sale de aquella mansión para buscar ayuda, alguien… quién sea.

Con todo eso lo ha salvado sin saberlo bien ha evitado que acabe con su vida por algo en lo que ella también fue partícipe. Un simple beso correspondido.

Fin del flashback

- Amo a Darius, si él… o cualquiera se entera –suspiró y puso sus manos entre ella y Draven- esto está mal –giró su rostro a otro lado- yo sólo quería un hermano en ti y terminó degenerándose. Ahora cada vez que te abrazo siento que está mal, muy mal. Más cuando sucedió "eso" entre nosotros.

- No llores –le limpió las lágrimas con sus dedos, moría por besar cada parte mojada en su rostro- te juro que esto jamás saldrá de mi boca, yo lo olvidaré; entiendo que fuimos manipulados y ahora todo es tan incómodo, ni si quiera me reconozco, ¡vaya! No creo que nadie me reconozca en este punto, soy… estoy… es… -no sabía cómo explicarse.

- Entonces déjame ir con él. Ve con el juez, declara que nuestra unión no fue consumada, evítame tener que declarar, no te ahogues en este rincón del mundo, olvidemos lo que nos hicieron, vuelve con Vi y recupera tu vida.

- Es más fácil decirlo –giró su rostro, no podía verla mientras decía tantas cosas- ¿puedo preguntar algo?

Draven iba a llenarse de valor, aunque su rostro era de tono oscuro podía notarse una leve coloración en sus mejillas seguida de una agitación innotable para Lux.

- ¿Qué es? –preguntó ella mirando fijamente al hombre que la evadía.

- ¿Qué hacemos ahora? –le preguntó estando en esa posición, su cuerpo contra el suyo en medio de aquella enorme cama.

- Te veo como a un hermano. No importa cuántas veces violen mi cuerpo o me hagan el amor, mi mente, mi alma y mi propia boca sólo buscarían mi otra mitad.

- Entonces en aquel momento…

- Hice lo que tú me pediste, imaginé que eras Darius –tragó saliva- me ayudó a no enloquecer –pero no reaccionó de ninguna manera, la miraba expectante. Anhelaba todo de ella, incluso el movimiento de sus labios, con eso… le bastaba.

No esperaba menos, Draven lo sabía, siempre lo supo, él no era ni la pizca del reflejo de su hermano. Creía que si tuviera fortaleza mental no la hubiera lastimado de esa manera, dejándose a las manipulaciones de una organización oscura como esta. Al final, quizás escucharlo hacía menos doloroso el rechazo pero eso no evitaba las consecuencias de aquella magia oscura enraizada en su corazón.

Sonrió como quien acepta una batalla perdida y al instante la abraza en aquella cama, no iba a soltarla, quería conservar el momento lo que durara, no importa si ella no lo ama, no importa si nadie lo ama, él es feliz reconociendo que no es odiado, el perdón de Lux libera una de las muchas cargas que tiene.

En ese instante sólo importaba lo que él sentía y el alivio de simplemente no ser despreciado, podía sacar un poco de su alma de la oscuridad. Porque Lux era su rastro de luz aunque no lo quisiera y así sería hasta el último día de su vida…


Fin de Episodio 38