Hola :D estoy feliz de volver nuevamente, mientras esperaban estuve escribiendo sin parar hasta llegar al episodio 46, quiero hacer los episodios y publicarlos con un fanart cada que publique en mi página /StarlingShadow en FB (que si gustan pueden seguirme).

Bueno, no digo más, los dejo con el episodio mientras voy escribiendo los que sigan para no dejarlos sin noticias. Recuerden que comentar es apoyar al autor a seguir escribiendo, pasen un buen día o noche ;)

Ps. Cuando llegue a los 1000 likes haré un sorteo, aunque todavía falta :') no se lo vayan a perder (aunque todavía falta).


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 40 – Mi otro YO


Hay un recuerdo guardado, su cabeza no logra funcionar correctamente, ese recuerdo es de alguien, baja la mirada, agita su respiración por una tontería pero sabe que hay algo que no la deja estar tranquila.

- ¿Qué dices? –preguntó Draven.

- No le digas a Darius, se asustará –decía sentada en el piso.

El castaño la miraba desde arriba pero aún con eso pensaba que necesitaba acercarse, aunque eso le costara su lógica porque cada vez que veía aquellos dulces ojos llorar o enloquecer sólo deseaba darle calma, con caricias, con abrazos, con… besos.

Volvió a ceder, se arrodilló a la altura de la joven y le levantó la cabeza, acomodó su cabellera y limpió sus lágrimas.

- Tranquila. Hablas de Fraktal, él no estaba ahí, te lo juro, yo vi a todos, los vi a cada uno de ellos y están muertos, sólo queda Cavagnarov –no quitaba su mano de la cabeza de Lux- tienes algo de fiebre –pasó su palma por su frente.

- Necesito ir con Darius –gimoteó como si algo fuera a hundirse en ella.

- En un momento, espera un poco. Iré yo –aseguró asintiendo- ¿estarás tranquila si vigilo a mi hermano?

La rubia bajó la mirada, sabía que Draven le decía la verdad pero esa sensación loca de no saber qué estaba pasando la sobrepasaba, era una locura.

- ¿Qué pasa? –preguntó preocupado bajando su mano y apoyándola sobre su propia pierna.

- No lo sé, son las hormonas, estoy muy alterada, sólo… necesito descansar un poco –las lágrimas se mostraban de a poco.

- Tengo que llevarte a tu cuarto, no puedes estar conmigo… a solas.

- Eres la única persona que sabe esto, el único que conoce la humillación por la que pasamos, no puedo hablar de esto con Sona, de pronto tengo miedo, veo gente nueva, ruidos fuertes, sombras o simplemente mi mente se desconecta, no sé… algo me pasa –se abrazó a sí misma.

Ojalá pudiera hacer algo pero pasaba por lo mismo, una sensación de desajuste emocional lo seguía hundiendo en un pozo de desolación, ¿cómo no pensar en ello? Cada paso era más pesado que el próximo, ¿podía Draven hablar del asunto? Jugaron con su mente y ahí estaba, aun sintiéndose dentro de ese remolino de emociones sin aquel toque bestial. Quizás lo negativo desapareció pero aún la amaba, ese corazón palpitaba…

- El bebé, ¿cómo está? –preguntó Draven viendo hacia el vientre de Lux.

- ¿Qué?

- ¿Lo has sentido? –preguntó curioso.

- Eh… sí, siento algo –sus ojos dejaron de estar nerviosos- supongo que debe ser mi imaginación. Tengo frío… -parpadeó un par de veces.

- Debe ser el clima –dijo Draven, se puso de pie y trajo una cobija, al regresar envolvió a Lux en la misma.

- Gracias –vio hacia él mientras decía eso- perdóname, por causarte problemas.

- El gran Draven puede con todo, muñeca. He peleado más guerras y sobrevivido a las peores heridas, esto… no es nada.

- ¿Puedo…? –decía incómoda, intentaba no pensar en ello pero lo pensaba, sus ojos temblaron ante la duda de seguir hablando.

Él lo sabía, era insano pero conocía el remedio a tanto temblor, quizás el único lazo que tenían era ello, se puso a su altura y la abrazo por sobre la cobija, ¿no era delito si no la tocaba o sí? No la estaba tocando, no su piel pero estrujaba su cuerpo mientras se satisfacía, respiraba suavemente escuchando a Lux hacer lo mismo cerca de su oído.

Pero no era sólo el sufrimiento de esos dos el que resonaba sino también de aquellos que a su alrededor se movían. Ezreal por su parte, libre de todos los problemas que le había causado Jarvan IV huyó, su único camino sería Piltover, necesitaba hablar con Cait, ver si podía ayudarlo.

Pero encontrar a la piltoveriana no era la mejor de las ideas en ese momento, el asunto de Vi podía interferir en sus deseos por ver a Lux, no sólo le habían roto el corazón sino ahora también era una de las voces que dirigían improperios hacia la que alguna vez fue la luz de Demacia.

La estación policial de Piltover se encontraba vacía, la noche anterior fue difícil, con Vi golpeándolo, Cait invitándole unas bebidas para compensar el comportamiento de su amiga y el terrible amanecer. Había sido como un cuento de terror descubrir lo que había hecho.

La pelirosada entró a la estación, con sus enormes guantes y una mochila en su espalda, quizás estaba despistada, usaba gafas oscuras para ocultar su malestar con la luz pero eso no le evitaba ver hacia un enano conflictivo en su camino.

- Tenemos que hablar –dijo Ezreal interponiéndose entre Vi y lo que sea que fuera a hacer.

- ¿El circo está en la ciudad? Voy a reportar que uno de sus enanos escapó de nuevo.

- Deja de jugar –agregó seriamente el muchacho de pelo rubio.

- ¡Aay! Qué mal carácter –dijo girando sus ojos y evitando al joven explorador para ir hacia la oficina de su compañera, necesitaba unos papeles antes de hacer su viaje.

- ¡Hazme caso! –le dijo yendo tras ella, entró a la misma oficina mientras Vi se dedicaba a buscar los famosos papeles en gabinetes del escritorio de Cait- ¿vas a ignorarme ahora? Oh bueno, yo también tengo cosas que hacer, ¿sabes? -le hizo una mueca- y no voy a perder mi tiempo si no quieres hablar de lo de anoche.

- ¡Ya! –dijo Vi y golpeó una pared para mirar con rabia al rubio- ¿Qué quieres? Ya me disculpé contigo, Cait te invitó unos tragos y yo no tengo ganas de lidiar con un jodido liliputiense. Supéralo, Lux no es la santa que proclamas, se acostó con Draven, se acuesta con Darius y te lo digo porque la vi en la cama con el desgraciado ese.

- Sólo hablas desde tu despecho, gigantona descarada, pero voy a hacer que te tragues todas esas palabras –la encaró- y no sólo a ti sino a toda Runaterra. Lux es mejor persona de lo que jamás serías tú, la conozco desde que entramos al instituto de magia. Tiene sentimientos sinceros y a diferencia de ti no busca la pena de todos ni la simpatía.

- ¿Qué estupidez estás diciendo? –añadió con una ceja levantada.

- Lloraste mucho, no dejabas que me fuera, Cait se quedó en el bar pero tú destruiste un par de mesas, así que me obligaron a llevarte a casa. Seguías diciendo que querías que alguien sintiera lo que tú sientes, que la traición es algo difícil, que te entendiera y…

- ¿Y? –contestó Vi con ánimos de escuchar.

Ezreal bajó la mirada, no iba a decirlo, no quería…

- La razón por la que quería hablar contigo ahora era porque…

Cait entró a la oficina muy de prisa con algunos papeles cayendo, con la prisa tiró todo sobre su escritorio, buscando luego sus esposas cuando vio a este par peleando de nuevo.

- ¿Qué sucede? No les bastó con destruir el bar anoche, abandonarme y dejarme la cuenta, ahora vienen a crear problemas aquí. Vi, eres una oficial de la ley, pórtate como un adulto. Tenemos que irnos, los corresponsales nos esperan para investigar el caso del que te hablé –añadió y mirando firmemente a su compañera hizo que salieran juntas de aquella oficina.

Ezreal suspiró, quizás no era necesario seguir con la discusión, Cait tenía razón, debían seguir con su camino sin perder el tiempo. Ahora mismo Lux podría estar en problemas y él estaba ahí, jugando a pelearse por el decir de chismosos y malvivientes.

Lux no sólo necesitaba ayuda, ella debía hablar con un profesional, su paranoia le cobraba factura. Ya en su habitación miraba hacia la ventana, otro día oscuro y Darius que no regresaba, ni si quiera Sona estaba con ella, había desaparecido, ¿dónde se habría metido?

Tocaron a la puerta, estuvo atenta y vio pasar a Darius, el mismo entró con ojos preocupados, fue directamente hacia Lux, ella contestó extendiendo los brazos como una niña y tomó sus manos, estaban heladas.

- Draven me dijo que tenías fiebre –dijo mientras le tocaba la frente, su enorme mano casi podría cubrir el rostro de la joven.

- Estoy bien, un sirviente me trajo unos remedios.

- ¿Remedios?

- Hiervas medicinales, creo –dijo soltándose y apoyando su espalda completamente en la cama- me siento con más fuerzas.

- Lo sé pero no te apresures, no quiero que te lastimes –añadió con voz firme- así que tómate con calma esto –besó su mejilla.

- Eso haré. Todavía tengo algo de sueño, creo que dormiré un poco, ¿vendrás conmigo? –preguntó con cariño la rubia.

- No puedo dormir contigo, cariño, debo enviar un par de cartas más a otras unidades pero me apresuraré –le aseguró.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- ¿Acerca de?

- Fraktal, ¿llegaste a algún acuerdo con él? ¿Te dijo algo? –preguntó.

- No –contestó pensativo el noxiano- él nunca dice nada de lo que realmente piensa, evade las preguntas o contesta con algo más, es irritante.

- Cuídate de él, no me da confianza.

- ¿Ah sí? –dijo curioso mientras traía una silla hacia la cama para sentarse un par de minutos- ¿qué te hace pensar eso?

- Eh… sólo hay algo en él, no me gusta, siento una oscura toxicidad alrededor suyo.

- Todos tenemos nuestra propia oscuridad, incluso yo. No te preocupes tanto y… creo que te escuché hace un momento, ¿te pasaba algo? ¿Quieres… contarme algo? –se fijó en ella.

- No fue nada –contestó de inmediato, sus ojos mentían, temblaban y desviaban la mirada hacia otro lado.

Él le creía, a pesar de que sabía que mentía, le creyó porque lo que menos deseaba era dudar de las cosas que ya sabía. Habían pasado por tanto que los conflictos entre ellos estaban vetados desde ya.

Su hermano lucía demasiado tenso al hablarle del estado de Lux, por lo mismo se había preocupado, creer por un instante que hubiera recaído le revolvió el estómago, no quería que ella sufriera y menos de esa misma manera.

Por el contrario estaba Draven, soportando aquel dolor en silencio, escuchaba tras la puerta, necesitaba asegurarse de que su hermano estuviera, como dijo, con la delicada rubia, cada segundo de aquella relación le dolía. Quería ser Darius.

Agitó su cabeza con fuerza y se golpeó la frente con la palma de la mano, ¿qué demonios estaba pensando? Era un idiota, ser él mismo era de lo mejor, su hermano era muy aburrido, casi tanto como un palo de madera. Ojalá… pensaba apretando con su otra mano el pecho, ojalá… pudiera arrancar este pesar.

Por lo menos durante algunas semanas pudo sostener esta situación pero así como pasaron llegaron los meses, ¿cuánto ya era? Algo así como 4 meses, el cuerpo de Lux casi no había cambiado, todavía tenía una figura cuasi delgada y su vientre sólo se mostraba como si hubiera subido de peso.

Estaba feliz de conservar a su criatura; cada noche, luego de un agotador día se acostaba en la cama a mirar el techo, contaba en un cielo imaginario las estrellas pero cuando estaba a punto de llegar al número record de su juego le interrumpían. Su esposo no la dejaba concentrarse, le hablaba de algo, la movía, roncaba…

No dormían juntos pero luego de terminar con sus deberes siempre regresaba a aquella habitación, que aunque no era la suya de pareja, podían contar con un ambiente cómodo y cálido para tener privacidad.

Las huellas de su abuso no desaparecían pero el amor, confianza y cariño le sacaban adelante, cada vez que miraba los ojos de Darius, su corazón volvía a dar un salto, ¿cómo podía amar tanto a éste cabeza dura? Se decía sin contener una sonrisa.

- ¿Has leído todos esos libros? –preguntó el noxiano quitando algunos de los mismos de la cama.

- Sí, necesito hacer algo sino me volveré loca.

- Lo sé pero procura salir al jardín también, necesitas algo de sol, hoy estaré ocupado en mi unidad pero NO te vayas a asustar si llego tarde, dormiré en el salón.

- ¿Eh? ¿Por qué? –preguntó con curiosidad y preocupación.

- No puedo seguir molestándote y despertando al bebé –le acarició la pancita- necesita tener horarios de descanso y escucharme llegar tan tarde, quitarme la armadura, trabajar, no le hace bien. Mi ambiente no es apto para nuestro hijo –le sonrió levemente.

Había dicho "nuestro", luego de haber pasado por todo ese sufrimiento aquellas palabras eran como mariposas revoloteando su estómago, quería abrazarlo pero sólo le sonrió y volvió a su lectura, no sabía cómo expresar su cariño, Darius lo entendió, se acercó a ella, le acarició la espalda y salió de la habitación.

Era un hombre después de todo, se sintió orgulloso de su familia, era una realización. Con postura erguida, una leve sonrisa en su rostro y con mucha energía fue a cumplir con sus deberes, en su ruta pasó por el lado de su hermano, al hacerlo le recomendó cuidar de su esposa mientras estaba fuera, Draven asintió y se dirigió a su propia habitación.

Le parecía curiosa su actitud, aquella actitud alocada e indefendible de su hermano desaparecía, ¿quizás la madurez? Pensó pero no, su hermano debía esconder algo más, algo que se relacionaba con su esposa. Resintió lo que procuraba no sacar a flote, su desconfianza.

Ya en medio del bosque que rodeaba su castillo su transporte se detuvo por algo que desconocía, sacó la cabeza por la ventana y vio un par de soldados que bloqueaban su camino.

Bajó a ver y vio un rostro conocido.

- ¿Podemos dar un paseo? –preguntó la voz.

- No tengo tiempo para esto, ¿qué quieres? –lo encaró.

- Si me tratas así, dudo que quieras mi apoyo.

- Fraktal, ¿qué ganas haciéndome la vida difícil? –preguntó Darius.

- Iba a decir algo importante y no quisiste escuchar, fuiste a ver a tu mujer y regresaste menos dispuesto, no me culpes si me incomodo pero no has querido contactarme desde entonces.

- ¿De qué hablar? Conozco de tu odio a mi hermano pero nada de lo que digas cambiará mi lealtad.

Fraktal se detuvo y caminó hacia Darius poniendo una mano sobre su hombro en señal de compañerismo, nunca había hecho algo así, el comandante estaba sorprendido, volteaba su rostro hacia tal acción.

- Entiendo.

- ¿Qué? –dijo Fraktal sin quitar su mano.

- Quieres algo a cambio de tu cooperación –reafirmó sus sospechas.

- No es nada difícil ni extraordinario pero he sabido que Swain te ofreció un trato, quisiera que escucharas lo que él quiere. Si sólo escuchas lo que quiere… te seguiré hasta el final, tienes mi palabra.

El castaño desvió su mirada, algo tramaban ambos pero no era la clase de hombre que fuera a ser manipulado, Swain no tenía tanto poder y Fraktal le había dado su promesa. Estaba dispuesto a hacerlo porque nada de lo que escuchara cambiaría su pensar. La sangre pesaba más que el decir de un par de viejos resentidos.

- Lo haré, si me dejas en paz –contestó fríamente- y me das tu lealtad.

- Así será. Mi ejército y yo te seguiremos, sea lo que sea que quieras hacer.

Aceptó ante la duda, ignorando por completo los intereses de Swain. Sí, él sabía perfectamente lo que Fraktal quería, la muerte o el suplicio de Draven, era fácil moverlo como una ficha. Aunque aceptar tener a Fraktal y Darius en un mismo equipo contra él era un riesgo que estuvo dispuesto a tomar. Las ganancias podrían ser mejor, así como evitar la muerte de Cavagnarov, como deshacerse del único capaz de hacerlo.

Por otra parte, fuera de los bosques, en el refugio de Cavagnarov se encontraba Swain haciendo otro trato más.

- ¿Estas piedras no funcionan igual que las otras? –preguntó Swain, tenía muchas a su alrededor, de distintos colores y formas.

Un santuario de gemas y piedras con poderes mágicos se mostraban ante él.

- No –contestó cortante Cavagnarov.

Revisaban lo que iban a usar para sus cometidos aunque para ninguno de los dos era fácil confiar otra vez, Cavagnarov se había condenado al dejar su seguridad al cuervo.

- Aquí está –le entregó dos cajas, una encima de otra. Swain las abrió.

- Maravilloso –dijo apreciando su belleza- la verdad siempre luce tan hermosa ante los jueces del destino y la manipulación se esconde bajo la inteligencia –cavilaba, vio hacia al molesto Conde, el mismo odiaba tener que dar sus valiosas piedras por su vida pero no había otro remedio- ¿podrías traerme algo fuerte para beber? Tengo un antojo de tus servicios.

- Claro –giró los ojos y caminó desganado fuera de la habitación.

Craso error. El cuervo no perdía el tiempo, dejó las piedras prometidas sobre una mesa y procedió a buscar algo aún más preciado que ello, bajo otras piedras aún sin utilizar se encontraban los recuerdos de aquel degenerado.

Había algo en específico que necesitaba, Cavagnarov haría copias pero necesitaba ser el único que tuviera este recuerdo en específico, era tonto dejarlo a solas con algo tan valioso, sonrió cuando tuvo lo que buscaba, entonces guardó la misma en un bolsillo oculto y fue de inmediato hacia la mesa donde había dejado sus encomiendas.

La puerta sonó y el Conde regresó con un vaso de agua.

- No tenía nada –añadió molesto y le ofreció el vaso a su aliado (a la fuerza).

- Uno pensaría que alguien tan miserable como tú bebe a diario para perder sus valores constantemente pero veo que es algo que deviene de tu naturaleza, excelente descubrimiento –dijo saliendo de allí con TODA su mercancía.

El recuerdo…

Finalmente había ganado esa ronda, su aliado peliazul no iba a darle tanto, quizás hasta preferiría morir antes que darle sus memorias pero ésta, en particular, era la que más apreciaría porque lo llevaría a tener a Darius de su parte nuevamente o al menos se desharía de su molesto acoso.

En cambio Darius estaba igual de irritado, no sólo por tener que lidiar con Fraktal sino por tener que hablar con Swain, quería ponerle la mano encima y no sólo para hablar de castigos. Lo que necesitaba era matarlo, poner justicia al mal más terrible que puede guardar este mundo.

La ciudad lucía desolada, una lluvia fría se dejó llegar y evitó que las personas estuvieran circulando con normalidad, pronto algunos niños y mujeres corrían a resguardarse, Darius no tenía interés en nada más que llegar a la oficina de Swain y terminar con esto de una vez por todas, sin importar el aguacero que bañaba su rostro.

- Disculpe –dijo un viejo que había chocado su hombro y caído al piso.

El castaño suspiró pero se detuvo a levantarlo, no era un desalmado como para ignorar a los pobres.

- ¿Se encuentra bien? –preguntó el noxiano.

- No es nada –se tomó el tobillo.

- Sí es algo, viejo –inquirió y lo ayudó a levantarse.

- Gracias, gracias, Mano de Noxus, usted es muy generoso –decía el anciano.

- Estoy en un apuro pero… supongo que puede esperar, deja que te lleve a mi castillo, mis sirvientes te vendarán y podrás irte.

- No tiene que hacer eso, mi señor –tosió.

- Debo dar el ejemplo, además en mi apuro no lo vi, será sólo un momento.

Dicho y hecho, Darius acompañó al anciano hasta su carroza, el mismo llevaba una túnica vieja y larga que cubría todo su cuerpo y cabellera, no parecía estar sucio, tan sólo tenía ropa vieja y un tobillo lastimado.

- Llévalo al castillo, dale un par de hogazas de pan y haz que alguien lo cure –ordenó Darius a su cochero.

- Sí, señor, ¿regreso por usted?

- No, caminaré –dijo Darius- y usted, no se sienta intimidado, acepte esto como prueba de mi buena voluntad.

- Rezaré por usted, Mano de Noxus –agachó la mirada, parecía ser un anciano muy golpeado por la vida porque ocultaba su rostro tras su abundante cabellera gris y su capucha de ropajes gastados.

Suspiró aliviado y siguió su camino hasta donde encontraría al cuervo noxiano. No entendía por qué pero por alguna razón aquel hombre, al que había ayudado, le parecía conocido, ¿dónde lo habrá visto antes? Requisaba su memoria pero no lograba salvar el recuerdo o el lugar donde vio aquellas facciones.

En fin, eso no era lo importante, quizás lo que marcaría su día sería poder hablar finalmente del maldito trato de Swain. Así la 'guerra' interna entre todos tendría la posibilidad de resolverse de un modo menos sangriento.

Pero quizás era sólo una ilusión. Un hombre de guerra está perdido en la nada y la paz.

No habían pasado más de 30 minutos y la carroza del comandante finalmente había llegado al castillo; guiado y ayudado por el mismo cochero el anciano fue dirigido hacia el salón de la servidumbre.

Ahí lo dejó, no sin antes advertirle que no robara nada, quizás hasta le cortarían una mano si resultara ser un ladrón. No había nadie aún en los alrededores, el viejo irguiendo un poco su postura como si se estirara caminó por el pasillo, parecía… parecía tener una dirección.

No pasó ni un minuto hasta que encontró los salones principales del amo de esas tierras, miró y no había nadie, entró con calma, se apoyaba en las paredes, aún sentía algo de dolor. Llegó entonces hasta una ventana, la misma daba hacia el jardín, se quedó un minuto viendo.

Acarició los cristales del ventanal, algo había captado su atención, el anhelo de su sentir lo cubrió pero fue sorprendido por otro ruido.

- ¡¿Quién te ha dado permiso?! –gritó Draven mientras tomaba al intruso con un brazo y lo estrellaba contra una pared- VOY A ACABAR CONTIGO AHORA MISMO, ESPÍA.

El anciano lejos de sentir temor comenzó a reír, era intimidante pero algo sonaba conocido en esa voz, Draven abrió los ojos al máximo cuando el rostro del intruso se reveló, ¿¡era acaso su padre!? El hombre le sonreía, esos ojos, esa expresión diabólica, ¿cómo… cómo podía ser este hombre su padre?

- Me parezco mucho a él, ¿verdad? –dijo el anciano.

- ¿Quién eres? –dijo entre susto y molestia soltándolo.

Los ojos del viejo se posaron en los de Draven, parecía querer decir algo con tal acción, quizás sólo incomodaba al noxiano con tal de huir de su delito.

- ¿No te parezco conocido? –enseñó los dientes. Justo faltaba uno, uno… que…

- No puede ser… -dijo Draven.

- Claro que sí, bebé –hizo su mano un puño y lo pasó con suavidad por el rostro del ya sorprendido noxiano- ¡vaya que lucía bien! –se apreció anhelante.

- ESTO NO ES CIERTO –no podía creer lo que sus propios ojos le revelaban y se hizo para atrás.

Debía ser un sueño, no podía estar pasando algo tan surrealista, se pellizcó en más de una ocasión para despertar de algo como esto, quizás se durmió mientras esperaba a Lux.

¿Verse a sí mismo?

- Vamos a tener que hablar y mucho... –añadió el viejo.


Fin de Episodio 40