Buenas, buenas :D para los que tal vez no saben, actualizo cada mes, intento hacerlo los primeros días, esta vez me pasé un poquito pero ya lo tengo, espero que lo disfruten, tanto como yo al escribirlo.

Recuerden seguir actualizaciones, dibujos, noticias, entre otras cosas relacionadas a mis historias o actividades en mi página de FB /StarlingShadow, cada que puedo regalo comisiones de dibujo y hago algunos retos. En fin, ya no les hago más largo el cuento y les dejo leer el episodio.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 44 – Reskiba


Luego de evadir a algunos rebeldes que apoyaban a Swain, su caminata no fue ni mínimamente más fácil, la ciudad cercada, soldados en todas partes, negocios cerrados, oficinas sin deshabitadas, un desierto del corazón de Noxus, pero Swain, sí, aquel cuervo en busca del mal permanecía como si nada pasara en uno de sus despachos de trabajo.

El edificio lucía tranquilo de no ser por todas esas explosiones alrededor de la ciudad que manchaban aún más el cielo gris de la, ya de por sí, oscura ciudad.

- Comandante, el área está libre –informó uno de sus soldados.

- Rodeen la cuadra entera y esperen mis órdenes –anunció el comandante adentrándose a la oficina de su ahora rival.

Su hermano como segundo al mando le seguía pero fue detenido por la mano alzada del castaño, le había negado la entrada. Iba a atrapar a este enemigo por su propia cuenta y no necesitaba la fuerza bruta, además todavía residía ira a punto de ebullición. Si pusieran a Draven y Swain en la misma línea no sabría decidir a quién partir en dos.

Al cabo de unos cuantos pasos, Darius finalmente llegó a estar frente a la oficina de su enemigo, no lo pensó más y tumbó la puerta con su gran cuerpo. Para su sorpresa dentro todavía estaban algunos trabajadores burocráticos, los mismos dieron un salto al ver al monstruo entrar de esa manera.

- Lleven los papeles y etiqueten correctamente los temarios. Gracias –se inclinó levemente- debo acompañar a este caballero –dirigió su mirada al comandante.

- ¿Te preparaste? ¿Irás así?

- Querido amigo, dudo que el lugar donde vayas a enterrarme me deje tener las comodidades a las que estoy acostumbrado –contestó.

- Cierto pero no está demás llevar unos buenos pantalones, ¿no me digas que caminarás por ahí convertido en la bestia que eres?

- Podría ser una opción. Necesito sobrevivir de alguna manera.

- Ya no podrás seguir haciendo el daño que hacías. Cuando te encierre mi mujer podrá vivir tranquila y nuestro hijo…

- ¡Ja! –rió- ¿todavía crees que es tuyo?

Aquellos ojos calmados y fríos repentinamente se mostraron airados, insinuar tal cosa hervía aún más su sangre, siendo así podría decir que necesitaba acabar con esta furia de alguna manera. Si lo matara en ese instante se libraría de todo pero…

- Nunca aceptaste mi trato pero quiero darte una última oportunidad.

- Ella no es su amante, no vas a jugar con mi mente.

- Yo entiendo que como su marido, realmente –le dio la espalda- quieres creer pero las demacianas son falsas, tanto como sus ideales de paz –volteó a él extendiendo sus brazos.

Miró sus ojos esperando un atisbo de confusión o rabia pero no, Swain simplemente se mantenía frío, calmado y centrado en su resolución. Quizás creía con todo su corazón que los ideales demacianos eran falsos por su propia experiencia y crianza mas Darius pensaba lo contrario, algo pasaba en su interior, siempre supo que el cuervo tomaba las decisiones y no la humanidad que tal vez dentro suyo se ahogó.

Hace mucho que dejó de cuestionárselo, ¿qué iba a saber él? Más sabía su contrincante en ese momento que cualquiera, eso hacía peligrosa su existencia, para él, para Lux e incluso para su hermano, que sin saberlo tenía la cabeza ya dentro de la boca del lobo.

- ¿Por qué tarda tanto? –se preguntó Draven, miraba la entrada fijamente, esperaba ver a su hermano salir con aquel Vastayan (*), tomado del cuello o arrastrado por el suelo cual si fuera un simple ave de corral.

Pronto se oyeron poderosos pasos y desde el interior de aquella oficina con puerta rota salió Darius, Swain se encontraba atrás, lo tenía atado por las muñecas mientras lo halaba como a un caballo. Era cierto, se sorprendió que no luchara por liberarse, que dejara su destino a la voluntad de la "Mano de Noxus".

- ¡Vamos! –ordenó Darius pasando de lado a su hermano.

Debía mantener la cabeza en alto, no quería ver al traidor que compartía su sangre y tampoco seguir escuchando al bastardo de Swain, lo único que deseaba era volver a los brazos de su amada, poder cumplir sus promesas, llevarla lejos… donde nadie los juzgara.

Subió entonces a empujones a su presa a una carrosa especial, una a la que no pudieran detener, tenía una cerradura especial. Darius subió al asiento del conductor guardando la única llave del preso en un bolsillo cercano a su corazón, iba a llevar con su propia mano al hombre que propició su delirio, su inseguridad y dolor.

- Síganme –ordenó a las tropas que le acompañaban. Draven tomó un caballo y montándolo como todo un experto se fue a todo galope con él.

Les tomaría un tiempo llevar al sitio del que hablaron, pasarían un par de horas pero en el transcurso otra persona se alertó del asunto, no muy lejos de las intrigas Cavagnarov elevaba su puño para golpear una pared.

A salvo en su guarida veía como su único recuerdo valioso en el momento había sido robado, por su mente pasaba el nombre del autor, nunca debió confiar en Swain…

- Hijo de puta –expresó apartando su mirada del cubículo de cristal vacío- maldito bastardo, te voy a matar.

La robó, sin el menor recaudo, Swain era un verdadero criminal. Su idea nunca fue obtener sus valiosas piedras, él quería entrar a su bóveda secreta para robar aquel recuerdo; se estaba cansando de sus traiciones, no iba a seguir con la organización y menos ahora que Swain gritaba a todas voces que le valía más su propia seguridad a su lealtad.

A lo lejos, la situación entre los hermanos noxianos se hacía cada vez más obvia, Draven luchaba por ignorar la distancia que se formaba, al igual que aquel silencio incómodo que irremediablemente los embargaba.

- ¿Hermano? –llamó Draven, Darius se distanciaba de la tropa cada vez más- ¿Darius? –dijo una vez más.

- ¿Qué quieres? –preguntó de mala manera.

- Has estado callado todo el camino, digo, siempre lo estás pero ahora…

- Mi esposa está en cama y yo aquí, con la basura más grande de Noxus –giró de reojo hacia él.

- Pronto lo encerraremos pero necesito decirte algo.

- Vaya… ¿hay algo que quieras contarme? –volvió a un tono poco común en él. Ironía.

- De hecho sí pero no sé si ahora sea el momento, lamento que tengas que hacer la entrega de Swain a la prisión pero si de algo sirve, puedo hacerlo yo.

- No confiaría una tarea tan delicada a un ejecutor, sólo eres capaz de rodar cabezas, no puedes cumplir una simple misión porque careces de autocontrol.

- ¿A qué viene eso? –contestó con algo de molestia.

- Nada. Olvídalo –movió las riendas del caballo y se adelantó dejando a su hermano atrás, no sólo en pensamiento sino también en dudas.

Por su lado, Lux había mejorado significativamente tras la partida de su esposo, el médico que habían enviado la monitoreaba, le había puesto un suero para darle algunas medicinas de refuerzo mientras reposaba.

- ¿Dónde estoy? –preguntó como si despertara de otro sueño.

- Señora, mi amo me ha ordenado ocuparme de su salud.

- ¿Su amo? ¿Darius?

- No, mi señor, el General Fraktal.

- Oh… -vio a otra parte, todavía sentía el dolor de la caída- ¿mi bebé?

- Aún se encuentra delicada, no se mueva. Para asegurarnos debe mantener la calma hasta mañana.

- Gracias, ¿ha visto a la doncella de pelo azul por aquí?

- No, señora. Yo llegué hace poco, no puedo informarle más.

- Llame a un sirviente, tengo mucha sed –añadió pero el médico le extendió un vaso de agua de inmediato.

¿Qué había sido todo eso? De repente el servilismo de ese extraño hombre había pasado a ser una actitud de aislamiento, Sona no estaba, ni su marido, ni ningún sirviente a su servicio, de hecho… viendo el suero poco podría asegurar si eran medicamentos de verdad o si él trabajaba para alguien más.

- Quiero estar sola.

- Lamento no poder hacerlo. Me ordenaron mantenerme a su lado hasta que mejore su estado.

- Le ordeno que se vaya o de lo contrario gritaré y ordenaré a los guardias hacerse cargo de usted. Esta es mi casa, nadie da órdenes por encima de mi marido o yo.

- Esperaré fuera…

Dijo aquel extraño apartándose de ella, no eran sólo sus palabras, Lux comenzó a brillar con intensidad como si amenazara peligrosamente la vida de este hombre. Tan pronto salió procedió a quitarse la intravenosa que tenía, poco le importaba lo que fuera, no necesitaba de tanto dudoso cuidado.

Ahora debía al menos levantarse, averiguar lo que sucedía, la situación de Sona, contactar a su esposo, echar a los extraños de su hogar y por último saber dónde estaba Vi, no quería que pasara nada, lo recordaba… ahora sí lo recordaba todo. Ella estuvo a punto de tirar por la borda todos sus secretos, pudiendo destruir a una de las pocas personas que la ha apoyado todo ese tiempo, al menos si no podía ayudarla… debía liberarla con su verdad.

Pero tras esa oscuridad se liberaba algo más tenebroso, un plan incapaz de ser develado por los protagonistas de esa tragedia. Swain estaba en una oscura cabina pero todavía era capaz de usar uno de sus sentidos más prodigiosos, la comunicación a distancia con uno de sus aliados.

- ¿Me escuchas?

- Claro –asintió Fraktal- ¿ya llegaste a tu nueva casa? –mostró una risilla de burla.

- Escucha atento, ya pasamos la franja del bosque de fuego, ya no tendremos problemas… aún si regresan no podrán salvarla. Elimina a todos y llévate a esa bruja.

- ¿No quieres que te deje a la damita de pelo azul? –preguntó aquel.

- Me gustaría, cuando vuelva de aquí… voy a tener hambre de carne joven y ella me servirá por un tiempo. Parece que alguien quiere ganarse la placa de empleado del mes –enseñó sus dientes replicando una sonrisa poco amistosa.

Así era, su plan… ¿pero por qué pensaría que sería fácil abandonar Reskiba? Todavía le quedaba pelear con esos dos hermanos, ¿había algo más que no sabían ellos y él sí?

- ¡Oye! –Draven pateó la cabina de Swain- ¿qué haces? Escucho mucho ruido de ahí.

Nadie contestó.

Las campanas del reloj sonaron, Lux se puso de pie, finalmente había dejado de sentir aquel palpitar en su costado y vientre, apoyando sus manos en los muebles se movió a la salida, abrió la puerta y notó la compañía de otros solados, no eran los que su marido había puesto a cargo.

Pronto fue hacia las ventanas, el jardín, los puestos de vigilancia, todos estaban vacíos. Una alarma en su interior sonó aún más fuerte que las campanas del reloj, ¡debía huir!, abrió la ventana y caminando por el borde con cuidado fue hasta la habitación más cercana. A lo mejor así podría evadir esta… ¿invasión? Ni si quiera sabía lo que era.

Pudo encontrar una apertura y tomando todas sus fuerzas se impulsó a entrar, cayó dentro, rogaba cada segundo no hacerse más daño. De por sí su caída había sido estrepitosamente horrible, no soportaría hacerse daño ahora.

Quedándose en el piso por unos segundos, decidió esperar a que sus músculos tuvieran nuevamente la fuerza para continuar, apoyando sus brazos en los muebles volvió a caminar hacia la puerta, la abrió de a poco y verificó un pasillo vacío.

Aprovechando ello se dirigió al piso de abajo, donde vio un par de soldados muertos, sus ojos vieron con miedo lo que sucedía, los evadió y se dirigió a la cocina donde encontraría algunos sirvientes escondidos.

- ¿Qué ha pasado? –preguntó la rubia en tono bajo acercándose.

- Los soldados, están matando a todos. Las salidas están vigiladas, estamos atascados –contestó una de las mozas de la servidumbre.

- Vamos, todos, les daré una distracción a los soldados que bloquean esta salida. Quiero que la aprovechen y salgan.

- Señora, es imposible. Todo está rodeado –contestó otro.

- Yo lo haré. Confíen en mi –dijo sonriendo como siempre solía hacerlo.

Asomó entonces su rostro por el portón sin cerradura de la cocina y vio que en el jardín, donde la salida se encontraba unos soldados se reunieron. Pensó primero en derribar uno de los puestos de vigilancia pero necesitaba comprobar sus niveles de energía, abrió su palma e intentó crear un halo de luz, aumentando gradualmente el fulgor.

Al tener la energía necesaria se dirigió al otro lado del castillo para enviar un golpe de luz hacia la torre de control pero sólo logró hacerla temblar, lo bueno fue que llamó la atención de suficientes personas. Los soldados del portón cercano a la cocina se dirigieron allí y fue cuando corrió todo ese caminó, aún con el dolor en cada parte de su ser, hacia la salida con los sirvientes.

Detuvo a los pocos invasores con su habilidad paralizadora, al ver la escapatoria tan cerca se quedó hasta que todos pudieran escapar pero no pasó demasiado porque el verdadero peligro se mostró ante ella.

Cuando su mano se disponía a detener a los nuevos soldados que llegaban, el General Fraktal le apretó la muñeca haciéndola caer de rodillas al piso.

- Basta –ordenó con peligrosa seriedad.

- ¡Aghh! –gimió de dolor mientras veía como disparaban por la espalda a los que habían podido huir- NO, NO LO HAGAS, DÉJALOS IR.

- Pensé que ibas a cooperar pero no me gusta que me hayas hecho perder mi tiempo.

- ¿Iba a dejar que me maten? –preguntó dirigiéndose hacia él sin ningún temor.

- Mi trabajo no es matarte –extendió las comisuras de sus labios mostrando una perturbadora sonrisa- ahora coopera –añadió arrastrándola por el piso mientras escuchaba los gritos de aquellos que creyeron que podían huir de este horror, unas lágrimas surcaron su rostro inevitablemente, pataleaba, gritaba y luchaba por librarse y ayudarlos mas no podía… quizás eso era su culpa.

Al entrar al castillo nuevamente la arrojó contra una pared haciendo que se deslizara al piso, Lux sin embargo se endureció y miró con rabia al General, lo miró directo a los ojos, desafiaba su autoridad. Fraktal entonces levantó su mano para golpearla pero ella lo detuvo sin dudarlo, no sabía de dónde había sacado las fuerzas.

- No –susurró con los ojos temblando inundados en heladas lágrimas.

- Ya veo por qué el Comandante tiene "algo" por usted –retiró su mano.

- ¿Por qué? ¿Por qué los mató? –en su corazón no cabía tanta indignación, necesitaba una razón- no iban a hacer nada, sólo eran campesinos… trabajaban para mi marido sirviendo.

- Es complicado para una "liberal" entender lo rígidas que son las reglas en un batallón. Cuando alguien te pide que hagas algo, no es opcional.

- Usted dispuso su lealtad con mi marido, ¿cómo desobedece las reglas que le ha dado?

- Para mi suerte, hay un mando por encima del suyo –bajó la mirada y giró hacia un ventanal- y la única orden que me fue dada por él fue vigilar que estuviera en el castillo.

- Esto no va a quedarse así –advirtió la joven.

- Por ahora sí, pero le pediré algo –aproximó su ser a la joven mientras la miraba desde arriba- si quiere conservarse en una pieza, le recomiendo no darme problemas. No sería bueno perder a su criatura, ¿verdad?

Abrazó su cuerpo por instinto, su bebé, lo había olvidado por un segundo pero era imposible no explotar ante las injusticias de este hombre, suspiró entonces y frunció el ceño volviendo a retar al hombre que no dejaría piedra sobre piedra en su propio hogar.

Darius apretó su hombro al sentir un escalofrío recorrerle, el camino comenzaba a ser más dificultoso, piedras, oscuridad, niebla, ya casi podía saludar al peligro. Unos soldados lo vieron y pronto lo reconocieron.

- Comandante –saludó uno poniéndose firme.

- Traigo a un preso, mi compañía se quedará atrás, saldré con mi refuerzo –dijo señalando a Draven y de inmediato salieron otros soldados para dirigirse a la carroza y revisarla cuidadosamente.

- ¿Sucede algo? –preguntó Darius.

- Es una revisión normal, no se preocupe. Si no lleva nada más que al preso que anuncia, no tiene nada que temer.

- No me gusta el tono que usa –añadió Darius.

- Con todo respeto, Comandante, Reskiba no es parte de su ejército, ni tiene jurisdicción sobre nuestras medidas de seguridad.

Los soldados levantaron la mano y dieron luz verde al paso de Darius a lo cual aquel encargado vio con cuidado sus próximos movimientos, girando entonces a un lado del camino.

- Todo perfecto. Pase y recuerde, el detenido debe ser dirigido a una celda provisional. Al salir deberá llenar los datos del recluso, le agradeceré que no salga con más del refuerzo que acaba de anunciar en este momento.

Darius pensó por un minuto en bajarse de su carrosa pero prefirió terminar con su asunto pendiente antes, girando lentamente sus ojos volvió a mirar al frente y echó a correr al par de caballos negros que halaban su transporte.

Llegaron hasta un pasillo angosto, una luz tenue naranja lo iluminaba, un cartel le anunciaba que el camino para transporte pesado había llegado a su fin, bajó para sacar a Swain, mientras busca las llaves le indicó a su hermano que se bajase y vigilara el área.

Sin ánimo de molestarlo Draven decidió hacer caso sin decir palabra alguna, algo había pasado, su hermano no era tan tosco ni frío, ¿debía averiguarlo? ¿En este momento? Podría ser peligroso, y si…

- Hermano –le llamó pero no volteó hacia él.

Encontrando la llave procedió a ponerla en el cerrojo, lo giró con calma y se abrió, su viejo aliado salió, no estaba transformado, ni agitado, ni se veía nervioso, como si no temiera a vivir una vida en verdadera oscuridad, como si no supiera qué clase de prisión era.

- Es bueno verlos juntos –dijo de inmediato Swain, agitó las cadenas que ataban sus muñecas divirtiéndose extrañamente con el ritmo.

- Traes la fiesta –contestó Draven.

- Algo así –le respondió Swain y Darius jaló las cadenas violentamente hasta hacerlo tambalear.

- Ata los caballos –ordenó el comandante- me adelantaré con ésta basura –siguió el camino de piedra que le seguía.

No podía hacer otra cosa, iba a arreglar y aclarar las cosas pero no iba a ser en ese momento, parecía que su hermano iba a estallar, necesitaba conversar… no sólo de Lux sino de lo sucedido en su ausencia, para tal vez… quién sabe, que no se hiciera ideas extrañas, aunque en el fondo quisiera lo contrario.

- ¿Hice algo para molestarte tanto? –preguntó el cuervo.

- Cállate. Estoy a un paso de partirte la cara.

- Muy original.

Suspiró. Volteó y vio a los ojos a su viejo aliado, seguía impasible, como si fuera de paseo por la playa o algo así, no es que se lo imaginara en una situación parecida, era sólo su actitud.

- Había olvidado darte algo, no creo que los guardias aprecien que lleve cosas, ¿verdad?

- ¿Qué es? –preguntó Darius.

- ¡Atrápalo! –se lo arrojó, a lo que el Comandante respondió ágil atrapando lo que fuera, casi fue un reflejo, qué imbécil…

Abrió las manos y pronto soltó la soga que amarraba a Swain, quedó en blanco mientras las memorias de aquel Conde le recorrían, las memorias de un acto salvaje y sin precedentes. Cuando Darius abrió sus ojos, se vio en el mismo lugar, no recordaba cómo había llegado ahí pero sabía que necesitaba salir.

Pronto desde aquella oscuridad pudo ver a su hermano, desnudo, ensangrentado, lleno de heridas caminando desganado hacia la última habitación donde acabaría con algunos hombres, no sintió horror, había visto cosas peores.

Pronto lo vio caer mientras preparaba el cuchillo de aquella masacre para terminar con la última vida que quedaba, la suya, pero no sucedió porque fue interrumpido.

- Lux…

Susurró viendo a su esposa correr hacia un destino sangriento, creía que Draven iba a matarla y su corazón dio un salto luego de sentir recorrerle por toda la columna un escalofrío; ambos estuvieron frente a frente por unos segundos, dijeron algunas cosas pero no podía entenderlas, estaba muy lejos y luego llegó el dolor.

Ella eligió besarlo.

Quizás era la sorpresa o el repudio o tal vez… su corazón herido el que comenzó a torcerse, lo hacía tanto que parecía perder el equilibrio, la última vez creyó morir pero no fue así porque el cuerpo es un detalle que se recupera pero su espíritu caía tan profundo que olvidaba alguna vez haber sido el hombre más fuerte de su nación.

Y para mal de males no era un beso obligado, las memorias se hacían más claras, sus labios se pegaron por voluntad propia, se sumergieron en los placeres de la dulzura, aquellos que sólo había disfrutado él en sus días más íntimos, ¿era ternura lo que veía? Esa mujer lo estaba destruyendo.

Las memorias cayeron al piso y se quebraron. Darius despertó del trance y miró arriba desde el piso, Swain le ofrecía su mano, ¿la tomaría?

Una tropa de soldados pasó por su lado, iban a la salida para el cambio de rutina de puestos, Draven parecía ensimismado por unos segundos, esperaba que su plan funcionara. No iba a irse sabiendo que Lux corría un gran peligro y sabiendo que aquel viajero del tiempo padecería a la muerte, usó a su compañero para proteger que no se llevaran a Lux. Claro, en un principio se negó pero sabiendo que la vida de su mejor amigo corría peligro no pudo hacer más que aceptar porque bien los hechos actuales podrían cambiar su vida.

Caminó a paso lento hasta el segundo puesto de control y dejando el nombre de su hermano pudo pasar, entregó también sus armas y todo lo que se considerara peligroso. Luego le indicaron otro camino para llegar al ascensor principal, uno en el que pudiera bajar a las profundidades del tercer nivel.

Pasó como una media hora hasta que el timbre le indicó que llegó al piso donde los guardias dijeron que estaría su hermano, debía caminar un par de minutos hasta llegar al puesto de control del piso para encontrarse con Swain, el mismo estaba atado a unos tubos de gas o aire caliente, no lo sabía.

- ¿Y mi hermano? –preguntó.

- Dijo que necesitaba realizar una inspección a mi celda antes de meterme ahí para siempre –contestó.

- Iré con él, no vayas a huir. Los guardias no son amables con NADIE y mucho menos con los escapistas –se burló un poco antes de ir tras Darius.

- Eso espero –susurró el cuervo al verlo marchar.

¿Otro pasillo largo? Se preguntó el noxiano menor al caminar con cuidado por la oscuridad de aquel lugar. Llegó hasta otro ascensor en el cual unos guardias le saludaron para dejarlo pasar. Esta vez debía bajar hasta el quinto piso, quizás el área más restringida de toda Noxus. Nadie podía salir de ahí, al menos no vivo.

Pasó entonces otra media hora, quizás notable por el reloj incrustado en la pared del ascensor, tan pronto oyó la campanada dio un paso adelante para salir pero fue recibido por un puñetazo en el estómago. No pudo reaccionar suficientemente rápido para evadirlo pero luego de sentir el dolor se hizo para atrás viendo a su atacante.

- ¿Duele? –preguntó Darius.

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Fin de Episodio 44


Nota de la Autora:

(*) En la actualidad el lore de Swain ha cambiado bastante por lo tanto, ya no es meramente un vastayan, sino que usó a los mismos para ser quién es. Algo así como un demonio. Creo que mantendremos un poco la esencia de eso, sobretodo porque es la manera en que Draven desprecia a Swain, es como si para él los vastayan fueran menos que humanos al ser criaturas mágicas, añadiendo que en su pasado, es posible que haya tenido malas experiencias con ellos.