*Este capítulo contiene más lenguaje vulgar y muchos insultos.
*Y mucho body-shaming.
*Así que vayan con una mente fuerte y advertida. Ustedes son una belleza 3
…
Shinobu acentuó más su mueca de rabia.
—Dame mi broche, Douma—repitió Shinobu con frialdad.
—Awww… ¿Así nos hablamos después de tantos años? Me rompes el corazón…
Douma acercó su mano al rostro de Shinobu y con su largo y huesudo dedo trató de acomodar uno de los mechones oscuros tras su oreja, pero la chica apartó la cara con desdén.
—No me hagas perder mi tiempo. Dame mi broche, ya—repitió ella, empezando a enrojecer de la ira.
Douma hizo un mohín y con una voz edulcorada y suave, aunque ortopédica y ensayada, dijo inclinándose sobre ella:
—Yo sé que la última vez que nos vimos no fue en los mejores términos. ¡Pero yo las he echado de menos a todas!—agregó con una gran y encantadora sonrisa.
El rostro de Shinobu se torció por la ira. Su mandíbula se tensó y por su garganta subió una bilis ácida de lo apretado que estaba su estómago, tal y como estaba cada uno de los músculos de su cuerpo.
Su expresión casi enajenada duró tan solo un instante y trató de relajarse tanto como pudo, pero todavía le apretaba el pecho de rabia.
En un hábil y rápido movimiento le arrebató a Douma su broche y lo franqueó para seguir caminando, ahora, incluso más rápido que antes.
—¿Shinobu?—llamó Douma viéndola irse.
Shinobu no contestó, pero los pasos de Douma fueron audibles tras ella. Su mirada se ensombreció y frunció su ceño, a pesar de que trataba con todas sus fuerzas de ignorarlo.
—¡Shinobu! ¡Eso no es muy amable!—dijo Douma—. Una señorita debe contestar cuando le hablan.
Shinobu estuvo a punto de darse la vuelta para escupirle en su cara, pero eso era lo que Douma pretendía. Pretendía que ella le hiciera caso e iba a usar todo su repertorio para lograrlo.
—Shinobu, sé que fui un poco frío con Kanae, pero mis sentimientos no han cambiado-
Shinobu comenzó a caminar más rápido.
—Shinobu—dijo Douma con una voz dulzona, en contraste con su siguiente movimiento.
Douma dio un paso largo y alcanzó a la chica, la atrapó con su mano y la cerró con fuerza alrededor del antebrazo de Shinobu.
Shinobu se detuvo repentinamente y el dolor en su brazo le hizo enfurecer todavía más, se dio la vuelta sin temor y vio a sus preciosos ojos, recubiertos de gruesas y rizadas pestañas, y, sin embargo, tan fríos como los de un muerto.
—Creo que debes escucharme al menos, la razón de por qué hice las cosas…
—No me interesa—Shinobu tiró de su brazo que temblaba por la fuerza—. Todo lo que tengas que decir me da igual.
—Shinobu… ¡No es justo!—Douma soltó una voz aniñada, casi como la de un mocoso caprichoso—. Solo quiero ser oído.
—¡QUE TE ESCUHE TU PU-!
—¡Shinobu!
Shinobu y Douma voltearon a ver quién era.
La voz gruesa y rasposa por el cansancio salió de la boca de su cuñado. Su rostro se veía pálido, a pesar de que su pecho subía y bajaba por las prisas de seguirla. Sus enormes ojos casi se salían de sus órbitas y su postura tosca, ahora parecía la de un salvaje o quizás un vagabundo hasta arriba de drogas.
Sanemi alzó ambas manos hacia ella, sin advertir la presencia de Douma.
—¡Shinobu! ¡Escúchame, yo no quería-!—
—¡Está bien, vámonos!
Douma se distrajo un instante y el agarre se aflojó de tal modo que la joven pudo desprenderse de él y se ocultó tras Sanemi.
Ella lo agarró de uno de sus brazos y tiró de él con todas sus fuerzas.
—¡Lo siento!—le soltó Sanemi con arrepentimiento sincero—. ¡Lamento lo que hice, yo no-!
—¡Está bien, está bien!—exclamó Shinobu, con apuro—. ¡Vámonos de aquí! ¡Conversaremos en otro sitio! ¿De acuerdo?
—¿Me perdonas?—preguntó, todavía jadeando—.
—¡Sí, sí! ¡No pasa nada! ¡Vámonos!—le dijo con una sonrisa tensa, tratando de escapar con Shinazugawa, aunque no lograba moverlo ni media pulgada.
—¿De verdad me perdonas?
—¡Sí, joder!—gritó Shinobu—. ¡Muévete, ahora!
—¿Es este… tu novio?—preguntó Douma.
Shinazugawa le prestó atención por primera vez.
Era más alto que él, más guapo y tenía modales más refinados, pudo verlo con su sola postura y las caras ropas con las que andaba, un traje rojo con camisa negra.
Era pálido, insanamente pálido, y tenía unos ojos que eran inolvidables y aterradores por igual.
En un instante, lo atacó una vibra extraña. El aura que desprendida el hombre de traje no era la misma que comunicaba su dulce sonrisa. Si bien no tenía una postura de ataque, sin duda su mirada se le hizo amenazante.
—¿No eres su novio?—repitió él, con una nota impaciente en su voz.
Shinazugawa arrugó el rostro con asco.
Douma sonrió con suficiencia.
Shinobu levantó el pie y pisó sobre el zapato de Shinazugawa con todas sus fuerzas.
Shinazugawa se apartó de la chica con un chillido.
—¡¿Qué te pasa ahora?!
—¡Te dije que nos fuéramos! ¡¿Cómo te cuesta tanto entender?!—bufó Shinobu desesperada.
—¿Eres algún familiar?—preguntó Douma dando un par de pasos hacia él.
—¿Ah?—Shinazugawa le dio una mirada otra vez, pero Shinobu lo tiró, esta vez de la chaqueta haciendo que la mirara.
.—¡Vámonos!—le dijo, ahora con un tono de pánico y apuro en su voz que Shinazugawa ya no pudo ignorar—. ¡Vámonos! ¡Por favor!
Sanemi observó que los ojitos púrpuras de Shinobu, vidriosos y desesperados como nunca los vio. Sus manos lo sostenían tensamente y todo su cuerpo temblaba sin parar. Esa expresión lo dejaba con un montón de preguntas en la cabeza hasta que su vista se dirigió a los antebrazos de la chica.
Había una marca morada de una gran mano en uno de ellos.
La mirada de Shinazugawa se ensombreció.
Eso no estaba ahí en la mañana.
Sanemi con la mandíbula apretada le echó una sola mirada a Douma.
—¿Quién eres tú?—le preguntó más hosco de lo normal.
—Yo pregunté primero.
Douma ni se inmutó ante la mirada o el tono de la pregunta.
—Yo soy su cuñado—le gruñó.
Douma abrió tanto los ojos como pudo, con una profunda sorpresa.
Pestañeó un par de veces y luego exclamó:
—¿Su… QUÉ?
Douma alargó una sonrisa y luego se deshizo en carcajadas.
Shinobu abrió los ojos desmesuradamente.
"Ay no…", pensó ella viendo cómo los puños de Shinazugawa se ponían blancos.
—¡Ay, ay, ay! ¡Me duele!—continuó riéndose Douma sosteniendo su estómago—. ¡Cómo bajó la vara, la pobre mujer!
Shinazugawa se quedó helado y Shinobu comenzó a tirar de su cuñado con todas sus fuerzas, con la esperanza de evitar lo que parecía inevitable.
—¡Vámonos, Shinazugawa, no vale la pena!
—¿"Shinazugawa"?—repitió Douma con los ojos bien abiertos. Luego negó con la cabeza con lástima.—Pobrecita…—se lamentó, sin embargo, su sonrisa nunca desapareció.
Shinazugawa observó a Douma a la cara y algo en su estómago hizo revolverse del disgusto.
Pero ninguna sensación le obligó a levantar sus puños, sino que hizo que subiera sangre a sus orejas.
No pudo sostenerle la mirada tampoco.
No quería que ese hombre lo notara, por lo que simplemente se dirigió a su cuñada.
—Vamos…
Shinobu apretó el agarre en silencio y tiró de él. Parecía estar arrastrando a un cadáver andante, pues Sanemi estaba cabizbajo y con una expresión triste e impotente, como si se hubiera quedado con algo que decir, pero sin la voluntad de poder decirlo.
Varios metros habían avanzado hasta que Douma exclamó.
—¡Salúdame a mi Kanae!
Sanemi se detuvo abruptamente, repuesto de su ira.
"Ahora sí…", pensó con toda la intención de darse la vuelta.
Shinobu tiró de él con más fuerza, pero sus esfuerzos de avance solo la dejaban en su sitio.
—¡Es obvio que lo hace para molestarte, déjalo en paz! ¡No hagas una escena, Shinazugawa!
Era como una pulga tirando de un león, por lo que la escena no dejaba de ser entre lo preocupante y lo cómico para los transeúntes metiches que se quedaron mirando al par con interés.
Douma se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria. Shinazugawa había reaccionado demasiado tarde.
Shinazugawa resopló con un amargo sentimiento de derrota y futilidad, luego se percató del tirón de su cuñada. Se la quedó viendo unos instantes con una mirada deprimida, pero, por algún motivo, verla hacer inútiles intentos por tratar de moverlo de su sitio lo hizo sonreír.
—Te hace falta hacer más pesas…
Shinobu lo soltó y le dio un puntapié en la rodilla que le hizo encogerse de dolor.
—Tarado…—le soltó, roja como un tomate. Se había quedado sin palabras para contestar.
Luego comenzó a caminar hacia adelante, bien agarrada de su bolso.
—¡Qué genio!—exclamó él tomándose de la canilla, sin embargo, salió a perseguirla otra vez.
Si bien Shinobu tenía una expresión de enojo en la cara, su paso no se aceleró, no trató de evitarlo y tampoco se molestó cuando sintió las sonoras y bruscas pisadas de Shinazugawa tras ella.
En un punto del recorrido se detuvo y se quedó viendo a un edificio. Entonces, comenzó a atarse el cabello con su broche otra vez, mirando la muralla de espejos. Una vez se halló satisfecha, comenzó a caminar otra vez, pero no se molestó ni comentó nada cuando Sanemi se puso a caminar a su lado, aunque a una distancia prudente.
Caminaron varios metros en silencio, hasta que Shinazugawa no pudo más.
—¿Quién era ese?
—¿Puedes esperar a que elija un café? Esta conversación me va a dejar agotada.
Iba a estar hablando de Douma con Shinazugawa, por lo que los niveles de ejercicio cerebral iban a ser abrumadores y se necesitaba cafeína extra para sopórtalo.
—¿Qué tal ese?—apuntó Shinazugawa.
—No me gusta.
—Solo vamos a charlar ¿Acaso importa el café?—Shinazugawa frunció el ceño.
—Para ti quizás no, pero para mí sí—replicó Shinobu sin inmutarse, de vuelta a su tono altivo habitual.
—No creo que haya mucha diferencia en los productos o en el lugar.
—Vas a estar por lo bajo dos horas escuchando cómo me quejo. Yo sugiero un lugar cómodo al menos. Lo hago por ti también, ¿sabes?, deberías agradecerme.
Shinazugawa respiró hondo y comenzó a contar hasta cien.
"¿Cómo Tomioka te aguanta?", pensó él con los dientes apretados.
…
Le entregaron la carta al mesero y solo el bullicio de la clientela y de los meseros era lo único que llegaba a los oídos de los dos.
Estaban sentados uno frente al otro, pero ninguno se miraba.
No eran las personas más conversadoras, pero aquel silencio pesado era ridículo, sobre todo después de lo que pasó.
Shinazugawa optó por tomar la iniciativa, pero Shinobu se le adelantó.
—Oye—llamó ella, todavía sin mirarlo—. Sobre lo de antes, ¿de verdad lo sientes?
Shinazugawa asintió de inmediato.
—Quiero decirte que me sigue pareciendo mal, pero no estuvo bien chantajearte con eso.
Shinobu guardó silencio, esperando más de él.
—Y que tampoco estuvo bien tomarle la billetera a tu novio.
—¿Cómo la conseguiste?—indagó Shinobu con genuino interés.
—Fuimos a una fiesta y ahí la tomé—contestó con deliberada vaguedad.
Shinobu guardó silencio un momento. Shinazugawa pareció notar un pequeño rubor de vergüenza en su rostro.
Luego de un pesado suspiro, ella preguntó.
—¿Quién te ayudó?
—¿Cómo que quién me ayudó?
—Es imposible que tú hayas logrado quitarle la billetera sin ayuda, mucho menos borracho—dedujo Shinobu sin acritud, aunque parecía estar diciendo un hecho.
Shinazugawa guardó silencio y desvió la mirada, tratando de mantenerse ecuánime.
—Un amigo.
—¿Cuál?—preguntó Shinobu con seriedad.
—¿Acaso importa?
Shinazugawa se preocupó por el tono de la pregunta.
Shinobu volvió a guardar silencio y reposó su espalda sobre el respaldo de la silla con los brazos cruzados.
—No. No importa. Tienes razón.
Shinazugawa se inclinó sobre la mesa.
—¿Cómo conseguiste mi historial?
—Tiene que ver directamente con él—respondió Shinobu apuntando a un lugar afuera, aunque era claro a lo que se refería.
—¿Quién es ese?
—Ese Douma. Es el exnovio de Kanae.
—Me he percatado, pero yo…
Shinazugawa dejó sus palabras inconclusas. Le daba vergüenza admitir, aunque fuera indirectamente, lo interesado que estaba por ese hombre.
Quién era, quién había sido, qué había hecho con Kanae y su familia…
Sanemi bajó la mirada.
Cómo había sido como novio.
Shinobu ensombreció su mirada.
—Ese tipo es un psicópata. Un asco. Un verdadero hijo de la gran puta…
Shinobu siguió con una larga lista de epítetos cada cuál más vulgar y ofensivo que el anterior, hasta que dio con el punto que Shinazugawa quería escuchar.
—Él es un psicólogo que trabaja en la correccional de Kimetsu. Por él escuché tu apellido.
—Ya… Escuchar mi nombre es una cosa, saber mi historial es una muy distinta.
—Douma me lo dio—confesó Shinobu.
Shinazugawa pestañeó asombrado y justo entonces llegaba el mesero con sus pedidos.
—¿Cómo que te la dio? Esa es información sensible… sobre todo tratándose de un menor de edad…
—No es sensible si se trata de mis hermanas—Shinobu se encogió de hombros dando un sorbo a su café.
Shinazugawa se quedó con la quijada en el suelo y su cerebro en los astros ante la audacia y la soberbia de la respuesta.
—Es pura coincidencia que tú resultaras ser el enamorado de mi hermana. Genya iba en el mismo curso que Kanao y en su misma escuela. Me preocupaba que podría involucrarse con él sin saberlo. Ahí investigué sobre ti y sobre tu familia…
—¿Hasta dónde investigaste?
Shinobu vaciló antes de contestar y, por primera vez, se notó incómoda, pues desvió la mirada al decirlo.
—Hasta tu padre.
Shinazugawa suspiró pesadamente, aunque no parecía enojado, más bien, entre avergonzado y con una leve irritación.
La conversación no continuó de inmediato.
—Entonces, ¿lo odias porque es el ex de Kanae?
—Tengo muchas razones para detestarlo. Esa es una de ellas—puntualizó Shinobu.
—¿Qué le hizo a Kanae?
—Él-
—¡Shinobu!
Shinazugawa entornó los ojos y apretó los dientes con irritación.
Esa vocecita…
—¡Mitsuri!—Shinobu cambió su expresión dura a una mucho más agradable en cuanto la dueña de la voz chillona entró en su campo de visión—. ¿Qué te trae por aquí?
Mitsuri le dio un apretado abrazo a Shinobu antes de contestar.
—Vine con Obanai.
El nombrado se asomó tras ella y levantó la mano en un saludo informal a ambos.
—¡Hola, Shinazugawa!—Misturi hizo un mohín triste—. ¡Le dijiste a Obanai temprano en la mañana que hoy no podrías venir con nosotros!
Shinazugawa levantó la mirada hacia su amigo y rememoró la última vez que habló con él. Desde el viernes que no se habían escrito palabra.
Obanai lo miró a los ojos, con su intensa mirada bicolor cargada de desesperación y nerviosismo.
Shinazugawa entornó los ojos con mucha decepción, luego miró a Mitsuri.
—Es verdad. Se lo dije—dijo Shinazugawa, luego apuntó a Shinobu con una mano—. ¡Es que tenía que hacer esto!
—¡Vinimos a comprar un regalo!—mintió Shinobu—. Para una amiga de la universidad. Le dije que los rechazara porque pensé que no nos íbamos a topar.
—Entiendo. ¿Qué le compraron? ¡Quiero ver!—exclamó Mitsuri con los codos sobre la mesa.
—Shinobu no encontró nada que le gustara—continuó Shinazugawa fingiendo hastío—. Para la otra la acompañas tú…
—¡Encantada! ¡Podría estar horas paseando por aquí!
—Lo sé…—Shinobu pareció un poco abrumada al decirlo.
—¿Podemos sentarnos con ustedes?
Shinobu y Shinazugawa no encontraron buenas excusas para negarse, por lo que asintieron.
La única genuinamente contenta con la situación era Mitsuri que pasó a sentarse junto a Shinobu y dejó a Obanai junto a Shinazugawa.
Después de pedir sus bebidas y de una charla más que intrascendente, Mitsuri se levantó un momento.
—¡Ya vuelvo!
Presumiblemente, había ido al baño.
Se quedaron los tres en silencio, pues era ella quien llevaba la mayoría de la conversación.
Shinobu se inclinó sobre la mesa, mirando a Obanai.
—Oye, Obanai, ¿has sido tú el que ha ayudado a Shinazugawa a robarle la billetera a Tomioka?—preguntó de repente.
Obanai abrió los ojos con sorpresa, a pesar de que su boca era oculta por una mascarilla negra.
Miró a Shinazugawa, luego miró a Shinobu.
—Él me obligó a todo.
—¡Mentira! ¡Pedazo de mierda-!—Shinazugawa saltó de inmediato.
—Yo no tuve nada que ver.
—¡Esta idea fue suya!—explicó Shinazugawa a gritos.
—Yo solo hice lo que me pidió-
—¡Éste se quería robar el dinero!—mintió Shinazugawa.
—¡Mentiroso!—Obanai le dio un palmetazo en la mollera, indignado—. ¡Me debe dinero, es por eso que está mintiendo!
—¡Le debo, pero es porque hicimos una apuesta sobre-!
—¡A callar, basura!
Shinobu observó la discusión en silencio, absolutamente decepcionada.
—Son de lo peor—dijo Shinobu negando con la cabeza y dando un sorbo a su café.
—¿A sí?—replicó Obanai revanchista—. ¿Sabes quién más es de lo peor? ¡Giyuu "Cuernos" Tomioka!
Shinobu y Sanemi se le quedaron viendo sin palabras, exigiendo explicaciones.
—Sí, sí. ¡El otro día apareció en una foto! ¡En el perfil de una chica, bien abrazaditos!
—¿Te pediste un café irlandés?—masculló Shinobu, enrojecida de la vergüenza—.
—No, no. ¡Mira la prueba!
Obanai extendió su teléfono a Shinobu. Shinazugawa se asomó como buen metiche y su rostro cayó a la decepción y Shinobu alzó una ceja.
Sí era Tomioka. Sí estaba en una foto con una chica. Sí estaba abrazado con ella.
Pero era Mitsuri.
Y, más bien que pasárselo bien, el pobre Tomioka estaba siendo ahorcado por el vigoroso brazo de Mitsuri, en el que se veía claramente que no la estaba pasando nada bien.
—No sé. Yo digo que hay que matarlo—dijo Obanai como quien no quiere la cosa.
Shinobu sonrió con una ternura inusitada.
—¿Se llevaron bien?—preguntó al par con una voz suave y amable.
Shinazugawa no pudo contestar por la sorpresa.
—Sí—refunfuñó Obanai.
Mitsuri llegó poco después y volvió a activar una conversación más animada, pero si quizás más superficial.
Shinobu la miraba con atención y le comentaba bastante. Estaba alegre de que pudiera distraerse de tan amarga tarde que había estado viviendo hasta ahora.
"Está haciendo amigos…", pensó ella, tan orgullosa como alegre.
…
Mucho tiempo antes, Shinobu recordó que estaba haciendo un pastel con su hermanita pequeña.
Kanao tenía once años apenas, pero atenta y obediente le entregaba todo lo que necesitaba a su hermana mayor.
—¿Me pasas la crema, por favor, Kanao?—Shinobu extendió la mano hacia Kanao.
La pequeña tomó la bolsa transparente en la que se veía una crema de color celeste, de aspecto esponjoso y suave.
Shinobu la recibió con ambas manos y comenzó a escribir con letras grandes:
"¡Felicidades, Aoi Kanzaki!".
"Kanzaki" era la palabra que abarcaba más espacio en la parte superior de la tarta, pues era su apellido.
Esa era la sorpresa, el mayor regalo para una niña como Aoi: Un apellido.
Shinobu observó el resultado final: una tarta que, para ser casera, estaba sorprendentemente bien hecha.
—¡Lo logramos, Kanao!
Shinobu tomó a su hermanita de sus lánguidos y rígidos bracitos que no se movieron demasiado ni con mucho entusiasmo, pero en el rostro de la chiquilla se vislumbraba la sorpresa y no la apatía. Era más bien la reacción ante algo poco común.
Shinobu acarició la cabecita de su hermana y la tomó del mentón con cariño.
—Ya no verás a Aoi tan seguido como antes—dijo con cierta compasión.
—Lo sé—respondió Kanao sin expresión—. Pero está bien. Dijiste que ella estará bien.
Shinobu sonrió ante la aparente apatía de su hermanita menor y no hizo comentarios sobre su fría reacción.
Shinobu tomó la tarta y se dispuso a guardarla en el refrigerador.
—¿Vendrás conmigo a entregárselo? ¿Vendrás conmigo a la fiesta sorpresa?—preguntó Shinobu a su hermanita.
—¿Iré?—preguntó Kanao mirándola a los ojos.
—¿Irás?—indagó Shinobu, como si estuviera a punto de hacer a su hermanita en una trampa.
Kanao no contestó. Solo se quedó viendo a su hermana a los ojos.
—¿Iré a la fiesta sorpresa de Aoi?—preguntó Kanao sacando una moneda de su bolsillo.
Shinobu suspiró.
—Sí, Kanao. Iremos juntas—contestó Shinobu acariciando la cabecita de su hermana despejándola de toda duda.
Ese día tampoco decidiría por sí misma.
—¿Irá Kanae?—preguntó Kanao.
Shinobu sintió un revuelco en sus entrañas.
—No. Ella no vendrá con nosotras—dijo con una pesadez que reflejaba un poco de su rabia.
Shinobu se dio la vuelta para ver a su hermanita y le sonrió como si nada.
—¡Vamos a comprarle algo a Aoi! ¡Un bonito vestido azul le encantará! ¡Ve a prepararte!
Kanao atendió a la orden y fue escaleras arriba.
Shinobu se encargó de limpiar cada cosa que había usado y la secó, dejándola en su lugar.
"Kanzaki…", pensó Shinobu mientras secaba el molde en el que había hecho la tarta.
De repente se le saltaron las lágrimas y se las enjugó de inmediato.
"Lo que menos debería hacer es llorar… ¡Estoy feliz! ¡Estoy muy feliz por ella!", pensó dándose ánimos, tratando de desvanecer ese egoísta, pero sincero pensamiento de su cabeza de "Ya no será más mi pequeña…".
Pues pronto sería la de alguien más.
…
Aoi Kanzaki, luego de abrir el pequeño pastel y recibir el vestido más bonito que había visto, estaba llorando desconsoladamente en los brazos de sus nuevos padres.
Era tan poco común adoptar a chicos mayores de cinco años, que Kanzaki lograra ser adoptada era un verdadero milagro y parte del trabajo fue hecho por Shinobu, quien se encargó de cuidarla, de educarla, de darle una hermana mayor y, por supuesto, de investigar exhaustivamente a los padres, sus relaciones y sus historiales para que pudieran ser dignos de criar a la niña que había estado bajo su custodia desde hacía dos años.
Las otras chicas que Shinobu había apadrinado que también había logrado que adoptaran estaban ahí en la fiesta, celebrando que la última de ellas también tenía una nueva familia.
La propia Aoi había perdido la esperanza, pero ahí estaban, las personas que le prometieron quererla incondicionalmente de ahora en adelante.
Ella se despidió de Shinobu con un apretado abrazo y con las apasionadas palabras de:
—¡Siempre serás mi hermana mayor!
Shinobu se echó a llorar ahí mismo y la soltó por última vez, pues Kanzaki Aoi debía partir hacia su nueva casa.
En la escuela tenía un humor cabizbajo y distraído.
Desde que Kanzaki se había ido, ya no había razón para ir al Hogar Kimetsu, para tomar el té en la pérgola del hermoso jardín donde a veces los acompañaba el Director Ubuyashiki y su esposa Amane, o con la Señora Tamayo o con el profesor Himejima, cuando los niños pequeños iban a tomar la siesta.
Shinobu suspiró. Si es que hasta echaba de menos al pesado de Yushiro, que siempre le ponía pegas o críticas a su trabajo como madrina y era, en general, muy desagradable.
Una parte importante de su rutina había desaparecido, todos los días después de la escuela, ahora no tenía nada mejor que hacer. Suponía que por eso se sentía tan sola, pues tan ocupada estaba que ni se había percatado que no tenía amigas…
Shinobu, sentada en su taburete, veía con ojos anhelantes a un grupo de chicas que se proponían a ir al karaoke o a un café, pero no se atrevía a acercarse para charlar. No es que quisiera que de inmediato la invitaran, eso sería raro para ambas partes, pero…
¿Cómo acercarse de repente a personas que veías todo el día?
Así, sin quererlo ni beberlo, Shinobu se había ganado su estatus de chica perfecta e inalcanzable pero solitaria.
Shinobu siempre había rechazado a todos por ir a apadrinar al Hogar Kimetsu y ya nadie se atrevía a proponerle salidas o citas y todos estaban advertidos del comportamiento de la chica. Y en cierto modo, lo resentían, es por ello que se encontraba miradas escépticas cuando trataba de iniciar una conversación con quienes había rechazado previamente.
No dio frutos y tampoco sabría si habría dado de haber intentado con más ahínco porque una llamada del Director Ubuyashiki le traería una nueva noticia que la mantendría ocupada otra vez.
En la pérgola del hermoso patio, donde las chicas solían ir a tomar el té y leer, el Director Ubuyashiki le dio una cálida mirada de bienvenida.
—¡Shinobu! ¡Qué gusto tenerte de vuelta!—dijo el Director con una sonrisa.
El director levantó la mano como buscando algo en el aire a tientas y Shinobu se apresuró a tomarla para darle a entender que ella estaba ahí con él.
—¡Director! ¿cómo está? ¡Si es que no me he aparecido desde hace una semana! ¿Cómo es que me extraña tanto?
—Se siente tu ausencia… Todos la notamos.
Shinobu sintió un peso en el corazón. Se había encariñado con ese patio, con las amables personas que había encontrado ahí y con las chicas que siempre iba a ver.
—¿Cómo va la escuela?—preguntó Ubuyashki con su suave voz.
—Va bien—mintió Shinobu—. ¿Cómo va todo por aquí? ¿Hay nuevos padrinos o madrinas?
—Hasta ahora, solo uno—respondió Ubuyashiki—.
—¡Ah!, ¡qué bien! ¡Él me reemplazará!—dijo Shinobu.
—No digas eso. Eres irremplazable.
Shinobu sonrió conmovida, sin embargo, no lo creía.
—Te llamaba para ver si tenías un tiempo libre… Para un último trabajo—dijo Ubuyashiki.
—Pensaba concentrarme en mis estudios en lo que me queda. Si bien me va bien, tiene que irme excelente. Para la universidad y todo eso—explicó Shinobu—. Por eso me temo que…
Ubuyashiki asintió en dirección en donde creía se hallaba Shinobu.
—Entiendo, en ese caso, mejor no—concedió él, cerrando los ojos de su mirada lechosa.
—¿Qué clase de niña es?—preguntó Shinobu, sin poder resistirse.
—Oh, no, no. Es un jovencito.
Shinobu descartó la idea sin sentirse mal. Ella no estaba acostumbrada a tratar con niños. Era complicado tratar con varones sin hogar, en general, se trataban de chiquillos muy problemáticos y escandalosos. Se necesitaba el doble de exigencia, por la misma razón, generalmente se adoptaban a niñas.
"Y mis chicas en general son muy tranquilas…", pensó Shinobu.
—¡Toda una celebridad, de hecho! ¡Ha aparecido en las noticias!—le explicó Ubuyashiki.
Shinobu ensombreció su mirada. En general, esa no era buena señal. Eran niños que salían de ambientes extremos o estaban envueltos en algún delito menor o, si es que era el peor de los casos, algún delito mayor.
—¿De quién se trata?—preguntó ella.
—¡Está en todas partes, Shinobu, me extraña! ¡Hasta yo lo he visto!—bromeó el director con una dulce risita.
Shinobu rio incómodamente un instante y confesó, un poco avergonzada:
—No he visto las noticias últimamente. Cuénteme quién es.
—Es "el niño jabalí". Fue descubierto en una montaña cerca de un hotel de lujo. Atacó a un grupo de alpinistas novatos y les robó la comida.
—¿Es de estos niños salvajes?, ¿criados por animales?
Ubuyashiki asintió.
—Ha caído en nuestro hogar. Y es nuestro deber reintegrarlo y encontrarle un hogar. Esperaba a que él cayera en tus manos, así no sentiría ninguna preocupación, pero está bien, podemos entrenar al nuevo muchacho.
Shinobu puso una mueca nerviosa, no pudiendo no sentir una espina de culpabilidad, pero negó con la cabeza.
"¡Mis estudios! ¡Tengo que hacer amigos, también!", pensó Shinobu.
—Ahora que lo pienso—dijo Ubuyashiki con sorpresa—, es raro que no conozcas su caso. Si él está siendo atendido por tu cuñado. Douma, ¿no?
Shinobu palideció.
—De hecho, parece que va a hacer un estudio muy importante basándose en Inosuke. Así le han denominado en el centro.
"Tengo que estudiar", pensó Shinobu una y otra vez. "Tengo que hacer amigos o me quedaré sola para siempre", pensó como refuerzo y aunó a cada pensamiento consecuencias cada vez más severas y extremas. "Me moriré sola, me quedaré en la calle, nadie me va a querer…", y así hasta que Ubuyashiki le dijo:
—Lo cuidará este chico. Casi no tiene experiencia, pero tiene ganas de trabajar, y eso es importante. El propio Douma lo ha asignado, así que podemos confiar en su criterio.
Shinobu arrugó su nariz como una fiera.
"¡Lo ha hecho a propósito!", pensó con rabia. "¿¡Asignar a un tutor novato!?, ¿¡para un caso como este!?".
Shinobu se levantó golpeando la mesa, sobresaltando a Ubuyashiki.
—¡Déjeme ser su tutora y su madrina! ¡Yo velaré por él y lo haré un buen ciudadano!
"Ni ese cuidador ni Douma se aprovecharán de él", pensó Shinobu. "¡No lo permitiré!"
…
Ubuyashiki accedió y dio todas las nóminas y recomendaciones para que ella fuera la cuidadora del excéntrico muchacho, sin embargo, no dejaron que lo cuidara sola y no descartaron al chico por ella.
Sin embargo, Ubuyashiki convino con el comité de cuidados y con el Centro que lo cuidaran juntos, puesto que, si bien uno era inexperto, sería de gran ayuda como asistente.
—¡Tuve que batallar bastante!—le dijo Ubuyashiki al teléfono—. Por recomendación de otros profesionales, no te convendría cuidarlo sola pues es bastante problemático. ¡Será una ayuda para ti, Shinobu!
—¡Muchas gracias, Director Ubuyashiki!—dijo Shinobu con los dientes apretados, fingiendo un tono muy afable—. Lo importante es que estoy dentro del proyecto. ¡Muchísimas gracias por sus recomendaciones, daré lo mejor y no lo decepcionaré!
—¡Sé que harás un buen trabajo!—la animó con toda sinceridad—. Siempre puedes pedirnos ayuda, estaremos ahí para ti.
Shinobu asintió, entonces recordó que hablaba por teléfono.
—¡Sí, señor!—respondió.
Al colgar Shinobu apretó su teléfono con fuerza y lo lanzó contra su cama con rabia al pensar en Douma.
—¡Este maldito…! ¡Se acabó! ¡Se acabó él, se acabó toda su vida, se acabó su puta carita sonriente, su puta y plástica reputación!—masculló.
…
Le entregaron la ficha de Inosuke y Shinobu la estudió cuidadosamente, sin perder los detalles.
Procuró tomar notas de todos y cada uno de los intereses, de sus problemas y de las posibles reacciones que tendría Inosuke al momento de conocer a alguien y desenvolverse con él. Después de todo, un niño feral era un caso más que especial y muy raro, sobre todo en un país como ese.
Estaba a punto de guardar el historial hasta que vio la firma de quien había revisado a Inosuke.
"Douma" y su apellido.
Shinobu agarró su cuaderno con notas y, tomando un marcador permanente, dibujó un enorme signo de interrogación.
—Ya veremos, entonces…
…
En general, el historial ayudaba a tener un acercamiento más sencillo a los niños. Éstos desconocían que tal documento existía con tal precisión, por lo que les era más fácil conectar con los mayores, pues pensaban que era una agradable coincidencia o quizás el destino.
Y este documento podría no servir de mucho pues había una densa sospecha de que estaba adulterado, aunque Shinobu no se atrevía a deducir hasta qué punto. Es por ello que lo mejor era presumir que era completamente equivocado, lo que la ponía todavía más nerviosa.
Nunca había cuidado un niño; nunca acompañada con otro tutor y nunca era un niño salvaje.
Todo eso era difícil. Todo eso era nuevo.
Primero, iría la visita individual, Shinobu y el otro lo conocerían por sí solos. Luego, Shinobu y el otro chico se conocerían, trazarían un plan y se complementarían con las reacciones que tendría el niño y, finalmente, lo verían juntos para pasar el rato y para enseñarle cosas, en conjunto con otros profesionales que lo monitoreaban casi a diario.
El día del encuentro había llegado e Inosuke estaba tras la puerta.
—No te pongas nada demasiado caro o que te guste mucho—le había dicho Amane—. Es un chico muy inquieto y podrías lamentarlo… Esto solo como recomendación.
Hizo caso y se puso la ropa más simple y prescindible que tenía. En general, solía vestirse bonita para que las chicas estuvieran más abiertas y predispuestas a hablarle, pues lo primero que entraba era por los ojos y las niñas eran bastante superficiales y les gustaba tener atención de cosas y personas bonitas.
Shinobu dudó un largo rato sobre cómo proceder y de cómo saludarlo.
¿Cómo se saluda a alguien que no sabe hablar? ¿Conocería los más simples gestos?
Llevaba apenas dos meses en la civilización y su actitud era desconocida, más bien, se empeñaba en pensar que todo lo que Douma había escrito estaba equivocado.
Era prácticamente ir desnuda.
Shinobu giró el pomo de la puerta que daba a la sala.
Había estado muchas veces en esa sala. Era grande para dos personas. Siempre la pintaban con colores vivos y había siempre muchos cajones y cajas de plástico con juguetes, juegos y actividades que a los niños les gustaba hacer. No había televisor, para así mantener la conversación sin interrupciones o distracciones, pero, en general, era una habitación colorida y muy ordenada.
Las niñas solían quedarse mirando las cosas o se quedaban sentadas en la silla observando con cautela a su alrededor si eran muy tímidas. La saludaban con cortesía o apenas eran capaces de pronunciar palabra sin tartamudear.
Inosuke era especial. Inosuke tenía un desastre.
Había rayado las paredes con varios colores y había roto el candado que daba a la caja de témperas y plumones, por lo que su cara, manos, torso y brazos (pues iba descamisado y descalzo) se habían manchado de diferentes colores, así como por donde había pisado, apoyado y tocado.
Ahora, el chiquillo pintaba algo en una hoja de papel blanco en el suelo, con toda la panza sobre el suelo.
Shinobu se quedó en su lugar, turbada por la impresión, hasta que el chico se dio la vuelta.
La observó sin discreción y con completo recelo.
Inosuke era un niño precioso.
Tenía los ojos verdes y las pestañas largas y pobladas; la nariz y el resto de los vértices de su rostro eran redondeados y suaves. Sus labios estaban partidos y muy rojos por lo mismo, pero eran gruesos y naturalmente sonrosados.
Era… como una niña, un rostro inusitadamente dócil, pero con un torso extremadamente macizo para un chiquillo como él. Como el de un atleta infantil.
Inosuke se levantó sin sonreír y se la quedó viendo desde lejos, como si un intruso hubiese entrado a su territorio.
Shinobu apenas podía con cada sorpresa que le daba el chico, y eso que ni se habían dicho los nombres, pero trató de mantener la calma y decidió presentarse.
—¡Hola!—dijo con una sonrisa afable—. ¡Me llamo Shinobu! ¿Cuál es tu nombre?
Inosuke no contestó, todavía la veía con un aire de animal salvaje, que, para su desgracia, era un depredador contra su presa.
Los preciosos ojos de Inosuke, verdes como el follaje por el que se crio.
La vio de arriba abajo con una postura defensiva.
Inosuke resopló por la nariz sonoramente y soltó un gruñido rasposo de su garganta. Agarró su trabajo del suelo y se recostó sobre la madera del piso, como había estado hasta que Shinobu llegó, pero ahora, no le daba la espalda.
Shinobu pestañeó ante el comportamiento y tomó nota mental de su comportamiento histriónico y animalesco.
Se acercó despacio hacia él y estiró su cuello, pretendiendo estar interesada en lo que Inosuke dibujaba.
—¿Qué haces?—le preguntó Shinobu.
Inosuke no respondió.
Shinobu se inclinó un poco y apuntó con su dedo cerca de la cabeza del chico.
—¿Estás dibujando animales?, ¿qué animales te gus-?
Inosuke apartó la mano de Shinobu de un golpe y la miró con rabia en los ojos. Arrugó la nariz y el ceño y profería sonidos y gruñidos salvajes que replicaban de manera casi perfecta a las criaturas que lo habían criado.
Shinobu se apartó de él un poco asustada, entonces Inosuke volvió a su lugar y volvió a acostarse sobre el suelo para dibujar.
…
—Como reporte y conclusión, puedo decir que no logré sacarle ni una palabra.
Shinobu apenas si podía mirar al Director Ubuyashiki, mientras relató la penosa reunión donde Inosuke.
—¿Te atacó?
—N-no…—mintió—. Solo me hizo saber que me quería lejos. Siempre gruñía cuando trataba de acercarme.
—Ya veo…—el Director Ubuyashiki no perdió su amabilidad, ni siquiera pareció decepcionado—. ¡En ese caso, creo que debemos de presentarlos juntos!
—¿Juntos con quién?, ¿con el otro padrino?
—Exacto. El otro chico tampoco pudo sacarle mucha información, pero juntos podrían hacer la diferencia.
—Haré lo posible…
Shinobu entornó los ojos, con escepticismo.
Honestamente, no sabía qué esperar de su compañero.
Había sido asignado por Douma. Y entre esperar nada y lo peor, la segunda opción era la más viable.
Esperar sabotaje, esperar discusiones con él, esperar desidia, negligencia o poco compromiso por parte de él y hasta quizás, esperar maltratos de su parte...
No es que no existiera historial de madrinas y padrinos que hayan maltratado o que hayan pegado a los niños, o peor…
A Shinobu se le revolvió el estómago.
¿Qué podría estar pensando Douma para el estudio?, ¿qué era lo que le convenía a Douma exactamente?, ¿debía hacer lo opuesto a todas las sugerencias del chico?
Shinobu ladeó la cabeza con confusión. Pero, ¿y si el chico no tenía nada que ver con esto?, ¿qué pasaría si tenía buenas intenciones?
En todo caso, ¿cómo saber si Douma planeaba algo con Inosuke en primer lugar?
Shinobu se metió en esto por pura especulación de que Douma estaba a nada de arruinarle la vida a otra persona.
Otra persona más…
Shinobu cerró los ojos apesadumbrada.
¿Valía la pena arriesgar al chiquillo por Douma? Este era el trabajo de Douma, ¿en qué le beneficiaba que todo saliera mal?, ¿en hacer mal su trabajo?, ¿por qué todo lo que hacía Douma era automáticamente pernicioso?
Esta predisposición suya cayó como un ladrillo en su estómago. Tratar a las personas con condiciones mentales era un jueves cualquiera en la vida de Douma, ¿qué hacía el caso de Inosuke diferente?
Se podía ser una mierda en la vida privada y ser un profesional. No había por qué mezclar las cosas.
Su corazón irreflexivo, pensó Shinobu, le había jugado una mala pasada. Ya no podía arrepentirse ni echarse para atrás con Inosuke.
Y sería un trabajo largo y extenuante que, en realidad, no estaba preparada ni con ganas de realizar.
Ni siquiera estaba pensando en el niño. Pensaba en Douma…
Shinobu se tiró sobre su almohadón, sintiéndose estúpida e innecesariamente arrojada.
"Ya se me ocurrirá algo", pensó cerrando los ojos para irse a dormir.
…
Shinobu entró en el hogar sin darse prisa.
No quería ver a Inosuke. No quería enfrentarse al chico. No quería gastar energías en un trabajo del que no estaba convencida…
Solo pensarlo la dejaba agotada, y eso que apenas había pasado un día.
El pasillo que daba a la habitación de visitas con los chicos era bastante más ruidoso que el de los chicos, aunque se oían más sonidos de juguetes y onomatopeyas de pistolas o automóviles a medida que iba pasando puerta tras puerta, hasta que llegó a la que le correspondía.
Shinobu se quedó parada un instante sin animarse a tocar el picaporte si quiera.
Soltó un suspiro pesado, pensando que entre más rápido empezara, más rápido terminaría.
Acercó su mano al pomo y antes de que pudiera tocarlo, un sonido sordo salió de la puerta junto con un remezón que por poco no hace saltar las bisagras.
Oyó a Inosuke gruñir y gritar. El sonido de pesados pasos sobre la madera del suelo y algo parecido a un grito de guerra.
Shinobu se apresuró a abrir la puerta y se encontró con la escena.
Inosuke pegó un salto sobre un chico que hizo ahogar una exclamación a Shinobu, sin embargo, el chico lo agarró en el aire por debajo de las axilas y lo movió por el aire, hasta dejarlo sobre sus hombros, como un corderito en los hombros de un granjero.
Inosuke soltó una ronca carcajada y comenzó a languidecer sus extremidades, como quien se deja caer, retando a que el muchacho lo tomara con mayor firmeza o cuidado.
El chico de cabello largo lo logró apenas, y la solución más segura fue agacharse y dejar a Inosuke en el suelo donde se quedó con una radiante y sonrisa, con la frente perlada en sudor y el cuello escurriendo agua salada.
—¿Satisfecho?—preguntó el muchacho tratando de ocultar sus jadeos.
Inosuke no contestó solo se revolcó en el suelo unos instantes más antes de abrazar sus piernas hasta su plexo y tambalearse como una bolita.
En ningún instante dejó de sonreír.
El tutor se dio la vuelta y se vieron por primera vez.
Era de pelo largo y oscuro, lo ataba a una simple y descuidada coleta, era de piel pálida y de aspecto de frío.
Tenía unos ojos azules y apagados como el fondo del mar.
—Hola—dijo con su voz grave y calmada—. ¿Eres tú la otra tutora?
Shinou no contestó de inmediato.
—Soy Shinobu Kocho.
El chico se levantó del suelo.
—Giyuu Tomioka—se presentó.
…
¡Eso es todo!
Espero que les haya gustado, porque se viene más drama.
Coméntenme qué les pareció.
