:) Es bueno volver para actualizar, no tengo mucho que añadir más que agradecer a todas las personas que pasan por mi página y me dejan sus opiniones acerca de la historia y me dan su apoyo para seguir con la historia. Y para los que no sepan todavía o no se han enterado, pueden pasar por mi página de FB /StarlingShadow, ahí podrán encontrar diversos dibujos (en su mayoría con relación a Darius, Lux, League of Legends o anime). Hago sorteos y regalo comisiones de dibujo (para los que quieran participar). Y cuando llegue a los 1000 likes sortearé algo que he estado tejiendo desde hace un rato o un paquete de Riot Points para los que viven en países con un mal servicio de paquetería (como Venezuela. Tomo de referencia la opinión de varios amigos míos que viven allá).

En fin, es todo, disfruten del episodio :) recuerden que sus comentarios me animan a seguir escribiendo~


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 45 – Cadena de dolor


Su mundo padecía ante la somnolencia de su amor propio, cada golpe, cada músculo lastimado, cada bocanada de aire que tomaba consumía aquel vil recuerdo. El orgullo que alguna vez tuvo.

Entonces despertó, airado, rabioso, sediento de venganza, no, él no iba a tomar a su mujer, Swain falla en una simple cosa, Darius jamás creería que Lux es la amante de Draven, no, para nada. La única razón por la que había estallado hasta moler a golpes a su hermano era porque conocía su naturaleza, este hombre, al que cuidó, alimentó y crio… ése mismo hombre seducía a su mujer y propiciaba una guerra.

La boca a rebosar de sangre, escupiendo lo que le impedía respirar, mirando su infierno atravesarle con ese poder pocas veces visto fuera del campo de batalla.

- ¿¡Estás loco!? –gritó Draven intentando apartar los puños de su hermano sin responder.

- Recuerdas a Milen –comenzó a decir empujando a su hermano contra la pared con fuerza hasta hacerlo rebotar al piso.

- ¿Quién? –contestó desde su miseria, apenas veía los zapatos de su hermano.

- Claro que no la recuerdas, ¡idiota! –pateó su cara y fue hacia él para levantarlo por la solapa.

- Te defendí cuando nadie más creía en ti –se lamió los labios, estaban secos y quebrados, le molestaba- ¿crees que estás vivo porque Swain vio un aliado con potencial en ti? ¡Yo le pedí que te diera un empleo! Nadie más que yo te entregó al cuervo para que ningún oficial, incluso por encima de mío, te atacara, ¡maldito ingrato! –gritó dándole otro puñetazo fuerte en el estómago haciendo que el mismo Draven soltara todo lo que había comido- le di mi lealtad a ese idiota para que tú pudieras vivir la desobligada y fatua vida que forjaste. Ni si quiera Fraktal, luego de que le robaras a su esposa, Milen, podía tocarte pero tenías que terminar con la poca paciencia que te tenía… -lo arrojó al propio vómito mientras pisaba su cabeza con su bota.

- ¡Lo que sea que te haya dicho es mentira! -alzó su voz a pesar de la humillación.

- ¿En serio? –preguntó sin creerse sus palabras- lo mismo que le hiciste a él, me lo haces a mi –bufó molesto- me puse de tu parte y… ahora ni si quiera recuerdas su nombre pero eso ni si quiera es importante, ¿verdad? Porque no sólo has traicionado mi confianza sino has intentado robarme a la única mujer que no tenías derecho a tener. La violaste y le hiciste creer que era su culpa.

- ¡FUERON LAS CONSECUENCIAS DE PROTEGERLA! LA SEMILLA OSCURA Y SUS MALDITOS DESEOS, YO JAMÁS…

Pronto fue recibido por otra patada hasta hacerlo rodar por el piso chocando contra unas barras de metal, el resonar del mismo no calmó la situación ni hizo que Darius reaccionara.

- ¿Crees que no sé cómo funciona? Las semillas florecen por el deseo genuino de un corazón herido, no hacen que planees cosas, no te OBLIGAN a hacer nada que no quieras, así que… todo lo sucedido, TODO, incluso llevarla al castillo del bastardo de Cavagnarov fue parte de tu torcida voluntad, idiota. Y lo peor no es sólo eso, es que… -caminó hacia él y agarrando violentamente la cabellera de Draven lo levantó hasta tenerlo a su altura- le hiciste creer que era inevitable, que fue un plan de Swain-

- ¡ES PORQUE ERA UN PLAN DE ESE HIJO DE PUTA! ¿¡POR QUÉ NO ME CREES!?

- ¿ENTONCES TAMBIÉN ES MENTIRA QUE LA HAS ESTADO SEDUCIENDO COMO SEDUJISTE A LA ESPOSA DE FRAKTAL? ¿ES MENTIRA QUE LA QUIERES CONTIGO? ¡¿ES UNA MALDITA MENTIRA QUE LA HAS DESEADO DESDE QUE YO LA TUVE CONMIGO LA PRIMERA VEZ?! –gritó rabioso el Comandante, sus ojos echaban fuego y calcinaban todo su interior.

- ¿Lo viste? –susurró.

- Vi cómo la violabas, cada segundo –un nudo en la garganta le hacía difícil hablar- fue una tortura, tal como lo que hizo para salvarte.

- ¿Qué? –respondió sin entender.

- ¿No recuerdas cuando ella te besó? Claro que no, estabas tan ensimismado en ella que no lo recuerdas, tomaste algo que era mío porque Lux no es la clase de mujer que dejaría morir a alguien, ni si quiera una escoria como tú.

- "Me besó… ¡me besó! Así que no era mi imaginación, ella lo hizo, ¿por qué no me lo dijo?" –se encogió entristecido mientras se inundaba en pensamientos- "ella dijo que veía a mi hermano, siempre lo hizo pero en algún instante…" –despertó- estás celoso porque ella me quiere –dijo arrogante Draven mientras esbozaba una sonrisa atrevida.

Esa no era la mirada de un hombre apaleado como lo era, lucía feliz, incluso victorioso, tal vez alguno de los golpes que le propiciaron le hizo perder la cordura pero pensaba en algo, Lux. Él era una verdadera amenaza, Darius jamás lo hubiera lastimado de esa manera si no lo sintiera así, pronto su cabeza dejaba de estar nublada, un recuerdo se despejó.

Quizás sí era una tragedia haberle hecho el amor pero ella se había entregado como un sacrificio vivo y cuando sacrificas algo lo haces por voluntad propia por lo tanto…

- …ella se entregó a mí –sonrió nuevamente Draven.

- No te hagas ideas, hermano, por favor. Si crees que mis golpes duelen, te dolerá más chocar con la realidad y no quiero que mi mujer te arranque el corazón para pisotearlo.

- Parece que no la conoces –musitó, hasta los adoloridos músculos de la boca le pasaban factura.

Levantó la mirada con el orgullo de un guerrero, dejó caer secamente al piso a su hermano y comenzó a arrastrarlo por una de las piernas, lo llevaba lejos de esa resolución, para quizás acallar con aquellas voces, las mismas que le mentían.

- ¿Señor? –dijo un guardia que custodiaba la última puerta.

- Traigo un preso, encárguense de él –lo soltó y girando sobre sus talones se fue caminando hacia el gran y único ascensor.

- ¡¿Qué?! –gritó dándose cuenta Draven, se levantó del piso pero no pudo ponerse de pie, tenía una fractura, ¿pero cuándo? Se preguntó- ¿crees que esto es el final? No te perdonará que hagas esto y cuando lo sepa vas a perderla, ¿vas a arriesgarte? –siguió diciendo mientras el guardia lo esposaba con cadenas aún más gruesas- Ella no es como nosotros, ¡¿ME ESTÁS OYENDO?! ELLA NO ES COMO NOSOTROS… -la voz resonaba en las paredes- CUANDO SEPA LO QUE ME HICISTE LA PERDERÁS… Y SI TE VAS… NOS PERDERÁS A AMBOS-

El ascensor comenzaba a disimular las palabras que intentaron llegarle pero ahora sólo escuchaba murmuraciones que se desvanecían, las olas de desprecio se mezclaron con el dolor, Darius dejó caer su espalda contra la pared metálica para cerrar los ojos y cubrir los gritos de dolor que su boca luchaba por sacar de su pecho.

Poco a poco destruía la fantasía que tenía, no esperaba que su hermano sobreviviera y tal vez era lo mejor, quería evitarse hacerlo él mismo, ¿cómo perdonarlo? No era sólo la traición, era la idea de violar a su esposa, manipularla para hacerle creer que era la culpable y luego intentar alejarla de él.

Su matrimonio fue consumado, tarde o temprano la alejaría y la sola idea de que se la llevase le perturbaba. Tomó varias mujeres casadas, en varias ocasiones lo castigó y en otras le advirtió que sus acciones tendrían consecuencias pero no oía, se había ganado enemigos, ellos nunca serían como su hermano, no lo atacarían de frente, le tenderían trampas y muy aparte de quitarle la vida, arrasarían con su legado.

De todo esto, algo le quedaba claro, Swain, Fraktal o incluso Cavagnarov, ellos ganarían una ronda, iba a dejar que Swain se fuese por ahora porque sólo podía encargarse de llevar la basura una vez y necesitaría de él para mantener el secreto. Con su hermano recluido podría llevarse a Lux de la ciudad, vivir una vida tranquila hasta que las murmuraciones cesen, continuar con su carrera militar, planear una manera de acabar con Swain y así terminar con el círculo de maldiciones creado.

Pero era más difícil en la práctica eliminar el odio de ese mundo y más si todo se dirigía de inmediato al amor que tanto había protegido, Lux ni si quiera entendía, el sufrimiento, las largas jornadas de acoso y su corazón pendiente de un atisbo de esperanza que palpitaban por un nombre en específico.

- "Darius" –pensó de repente.

Animadamente giró su rostro para ver al culpable del alboroto, el mismo esperaba una orden, era obvio, ojalá pudiera averiguar qué quería realmente. Sus hombres se reunieron en la entrada, los miraba con rabia. Asesinos, bárbaros, salvajes, ingenuos… sólo eran ovejas obedeciendo un mando cruel, podía sentir la furia fluir en su interior, una ira que quemaba e imploraba por explotar como una granada hasta despedazarlos.

Ahora recordaba lo que era odiar, su amor había cubierto con delicadeza una parte de su ser que creía no conocía, alzó su vista para ver al noxiano guardar sus cuchillas en un bolsillo, en su imaginación casi saboreaba la sangre que brotaba de aquel oscuro corazón.

- Lleva a la dama al carruaje, ya nos vamos –ordenó el comandante a un soldado.

El mismo tomó a Lux por el brazo y ajustando sus amarres procedió a llevársela hacia la salida, en todo el trayecto la joven iba perdiendo la consciencia de sus actos, los iba a quemar a todos…

- Todo estará bien –dijo el soldado.

- ¿Eh? –algo en su voz la despertó, giró sus furiosos ojos hacia aquel, debajo de aquel casco podía notar un brillo azul destellar, ¿por qué esa mirada tan familiar la sosegaba?- ¿quién eres?

- Soy… un aliado –se detuvo, no quería volver a alterarla.

- Oh no… -se puso la mano en la cabeza. Había pensado cosas terribles, ¿qué le pasaba?

- ¿Se siente bien? –preguntó Dante con preocupación.

- No lo sé –contestó sintiendo el frío del horror que estuvo a punto de cometer.

- Yo me ocupo desde ahora, no haga nada –dijo y le sonrió.

¿Qué quería decir con eso? No quería que nada le pasara, esperaba que ambos salieran de esta situación pero no podía decir que fuera seguro hablar, tenían a los guardias a una distancia poco segura.

- El Comandante me pidió escoltarla al transporte y adelantarme.

- ¿Y la clave? –dijo uno investigando de arriba abajo al muchacho.

- "¿Clave?" –pensó Lux algo atemorizada con la respuesta, miró a todos lados y preparó energía en sus manos, la suficiente para cegarlos.

- Tres noches, un lobo –contestó con seguridad y lo dejaron pasar ante la sorpresa de la rubia.

Caminaron un par de metros, al llegar a la carroza ella se quedó viéndolo por un segundo siendo interrumpida solamente por la acción de cerrar la puerta del transporte. Dante no podía dejar que ella lo viera de esa manera por más tiempo.

- Oye muchacho, el Comandante me envió para relevarte en la escolta, te nece—

Fue derribado de un puñetazo en la cara, el soldado caído pronto echó un grito para llamar a todos los demás, siendo que Dante había tomado el carruaje para guiarlo a toda velocidad a través de la naturaleza que rodeaba el castillo de Darius.

Con la prisa no pensó en otra cosa, iba a salvar a su madre sin importar lo que le sucediera… justo antes de entrar a la parte más profunda del perpetuo verdor de la naturaleza los rodearon, eran otros soldados en caballos. Lux asomó su cabeza por la ventanilla mientras Dante frenaba de golpe.

- No salga –advirtió el joven preparándose para luchar.

Y fue cuando llegó a la escena, un desconocido cubierto por completo, derribó a los soldados que cortaron en paso adelante, sin desperdiciar oportunidad el castaño fue a toda velocidad para derribar con sus propios puños a los que atrás de ellos se encontraban.

El peligro había pasado por ahora, daban gracias que el líder de todo este revuelo no se encontraba con ellos, la rubia salió del carruaje para ir hacia el desconocido que les prestó su ayuda, el mismo cayó al piso luego de usar toda su energía en ese ataque.

- Jaja… -rió de sí mismo- en otros tiempos, habría podido dar una vuelta entera a esto.

- ¿Se encuentra bien? –preguntó apareciendo sobre él.

La poca luz se perdía entre la bruma y la humedad pero podía notar claramente a su delirio, le preocupaba, su corazón latió como sólo ella podía hacerlo latir y esbozando una gran sonrisa fijó sus ojos en aquella dulce figura, tantos años, tantos problemas, tanto sufrimiento y aún podía decir que la adoraba.

- Sí, estoy bien. Iba de camino a la ciudad y los vi en problemas –evadió la mirada de la rubia pero luchaba por verla de reojo, el viejo Draven no perdía sus mañas.

(*)

- No, no, usted nos salvó, ¡muchas gracias! –dijo convencida de que su libertad se la debía.

- … -se quedó por unos segundos contemplándola cuando ella volteó, sólo 5 segundos más se decía hasta que se levantó- huyan antes de que vengan los otros, me quedaré para darles tiempo –se levantó apoyando su brazo en su propia rodilla, podía oír crujir sus articulaciones con cada paso que daba.

- Huya por favor -advirtió con sus mejores intenciones.

(*)

La espalda de aquel los despedía, Lux subió nuevamente al carruaje, esta vez en la parte de adelante para conducirla con Dante a su lado, el cual no pudo tomar el control del mismo.

- Yo me ocupo –dijo ella y giró su rostro hacia aquel desconocido con aspecto de vagabundo- ¡no se arriesgue, váyase lejos de aquí! –gritó y tiró de las riendas.

No eran sólo ellos en peligro, la situación tenía el filo de una daga, si tan sólo Darius supiera lo que sucedía, ¿pero quién podía culparlo? Un transfondo tan delirante sólo podía ser imaginado por un loco.

Swain giró sus ojos hacia Darius cuando regresó, lo miró desde abajo sin emitir ningún movimiento, tan sólo aquel satisfecho brillo en su mirar, como si completara su existencia con ese acto, levantó entonces sus manos para ser liberado de las ataduras.

- Supongo que llegamos a un acuerdo.

- Nuestra sociedad está rota –contestó Darius sin mirarlo, seguía afectado por sus acciones- no quiero verte cerca de mi o mi esposa y si mencionas este asunto –se refería a su hermano- no habrá guerra, tan sólo liberaré todos los documentos secretos que tengo en mi poder, estarás muy ocupado huyendo de todas las naciones que afectaste con tus hazañas para que puedas alcanzarme. Pero cuando suceda, te estaré esperando con mis puños arriba.

- ¿Usarás tu mejor mano por una vida sosa con aquella demaciana? –preguntó indignado- Un sangre pura de esta nación, a los pies de nuestros enemigos. Qué lástima.

- Te equivocas –replicó- te tengo a ti a mis pies y eso te duele tanto como a mí.

Otra traición le cobraría más de lo que pudiera pagar pero así debía ser, quizás era su mejor carta pero todavía le quedaba una última movida, una de la cual no saldría nadie vivo. Caminó a paso lento y pronto su corazón le cobró factura, le dolía, se tomó el pecho… quería ignorarlo hasta llegar seguro a su amor pero cómo ignorar, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo obviar que su hermano estaba condenado a una vida miserable de dolor? Su único consuelo parecía ser que no sería el autor de tal muerte.

Se vio a sí mismo sumido en esta cruda resignación, quizás si vivía tal y como eligió podría calmar esas ansias locas de acabar con aquella sucia existencia, la cual había llamado "vida". Salió entonces con una prisa jamás vista de aquel lugar para recomenzar, tomó sus armas y junto a su tropa se dirigió a su único destino.

- "Ahí voy" –pensó él.

- "Darius, Darius…" –pensaba constantemente Lux.

Quien imaginaría que las vidas de ambos se conectaban en tan cruenta forma, dos sensaciones unidas por dolor y al mismo tiempo como dos imanes uno tras otro sin remedio.

La lluvia cae, al principio es débil pero luego ruge con truenos, la huida tiene que parar, Dante intenta detener a Lux pero ella corre despavorida, sin intención de parar, mira atrás a cada segundo y se encoge de dolor en otros momentos.

- ¡Siguen atrás de nosotros! –decía ella a los gritos, parecía que entre más fuerte la lluvia más débiles eran sus agobios al hablar.

Dante queda algo pensativo, las furiosas gotas de agua tocan su rostro pero no puede detenerse en aquel detalle, no quiere cerrar los ojos ni si quiera por un segundo, no quiere perderse este momento.

- "Suficiente" –dice dentro de sí tomando la mano de Lux.

Ella lo mira, al principio con el ceño fruncido pero sabe lo que quiere, detiene el carruaje…

Dante golpea a uno de los caballos para que siga su camino a donde sea que fuera y así confundir a quienes los siguen.

A unos metros de ahí encuentran algunos árboles caídos, no había sido reciente y podrían ocultarse bajo mientras la lluvia para y sus perseguidores los pierden.

No hay mucho espacio, ambos se agachan y caminan a gatas un poco entre el barro y ramas quebradas. Se acomodan cerca, el silencio comienza a tragarse la incomodidad y a pesar del nerviosismo, Lux consigue decir algo.

- Gracias por tu ayuda, lo aprecio –asintió levemente, todavía no miraba al muchacho.

- El Comandante me dejó al pendiente de su seguridad, no tiene que hacerlo –contestó para no hacer personal este asunto.

- Mi esposo volverá y acabará con todos los traidores, ¡aaaghh! –se encogió de dolor, llevaba rato intentando disimularlo.

De inmediato Dante se puso a la orden, tocó sin permiso alguno la frente de la rubia, notó que estaba fría, se quitó el abrigo que tenía para cubrirla y quizás quitarle al menos una de sus preocupaciones.

- Tenga –le entregó una botella de agua tibia que guardaba en una mochila que tenía pegada a él.

Lux bebió un poco y se quedó en silencio, esperaba escuchar algo entre las gotas de lluvia, intermitentes y peligrosas al cambio, si sucedía probablemente sería alguien del grupo de aquel comandante loco.

Por la mente ni si quiera le pasaba la razón por la cual Fraktal pudo hacer eso, pensaba que le era leal a Darius, la realidad era distinta. Las horas pasaron y pudo notar la lluvia parar y el cielo oscurecerse saludando así el anochecer.

- ¿Sabes dónde queda Reskiba? –preguntó la rubia.

- No podremos llegar en estas condiciones. Debe descansar, yo vigilaré –decía Dante pero Lux no parecía querer confiar en nadie más.

Unos caballos se oyeron a la distancia, las alertas en su interior sonaron, ¿sería Fraktal? Frunció el ceño, se quitó el abrigo que Dante le había dado para salir, agudizó sus sentidos mientras buscaba la dirección de aquellos.

- No vaya, quédese aquí –advirtió el muchacho.

- "Van a matarlo, como lo hicieron con la gente en el castillo" –se encogió de dolor de nuevo- "lo siento…"

Miró al muchacho de cabellera castaña para acariciarle la nuca, él creía que ella comenzaba a recordarlo pero se dio cuenta de que no era así porque una descarga de energía le quitó la consciencia. Con la poca fuerza que tenía, Lux acostó el cuerpo del muchacho bajo aquellos árboles caídos y comenzó a correr con todo lo que daba su cuerpo.

¡Dolía tanto! Las piernas, los brazos, las rodillas y los ojos… le ardían por las lágrimas que derramaba, ¿por qué tenía que haber llegado a esto? ¿Por qué tuvo que enamorarse de él…?

Cayó al piso, su última pizca de energía se desvaneció, se quedó viendo al piso llorando amargamente, los caballos y las luces finalmente la alcanzaron. Se dijo a sí misma entonces que se arrepentía de haber dejado a tanta gente sufrir las consecuencias, quería poder ver a su esposo de nuevo y lamentaba no haber cuidado a su criatura.

Pesados pasos se dejaron escuchar, cada vez más cerca, pudo sentir una mano en su cuerpo y apretó los ojos lista para…

- ¿Qué te ha pasado? –dijo Darius levantándola de inmediato para sostenerla por completo entre sus brazos.

Se dio cuenta, la había alcanzado, su amor estaba ahí, su… no podía creer más, se aferró a él como si no hubiera un mañana, lloró desconsolada sin poder evitar que su amado también la sostuviera como un tesoro.

Pero para Darius era más que eso, la necesitaba para finalmente respirar, la quería como siempre lo hacía hecho, ¿cómo ignorar aquel dulce calor recorriéndole? Todo le recordaba a que era un humano como todos, que el invierno no era más que una ilusión, así como el dolor, como su propio dolor.

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Fin de Episodio 45


Nota de la Autora:

(*) He añadido una ilustración del episodio, son algunos paneles :') espero les guste. Los podrán encontrar en mi página de FB: /StarlingShadow