*Este capítulo tendrá alta presencia infantil que puede resultar irritante para ciertas audiencias.

*Se recomienda discreción

*Este capítulo será más largo de lo normal.

Dos semanas habían transcurrido e Inosuke no había dicho palabra, pero bien que se la pasaba con el chico nuevo jugando, chillando y peleando.

Tomioka tenía la resistencia y fuerza para alzarlo del suelo y darle las vueltas en el aire que a Inosuke le encantaban. El niño se colgaba en la espalda como los monos titíes bebés y le tapaba los ojos para molestarlo y, a veces, le tiraba de las comisuras de sus labios, así como la técnica del anzuelo, que había hecho a Tomioka soltar un quejido doloroso.

Todo mientras el pequeño se deshacía en risitas y en carcajadas, mientras Tomioka, con una paciencia de santo, no se inmutaba ni ante los más odiosos arrebatos propios de un niño.

Inosuke apenas si miraba a Shinobu.

Y tenía que admitir que estaba un poco celosa de ello.

La gran mayoría de las veces, Shinobu se sentaba en una esquina, ignorada completamente por ambos chicos, mientras éstos practicaban las más peligrosas maniobras de artes marciales y de lucha libre.

A veces Tomioka abría los ojos preocupado, pensando que se había pasado un poco con la fuerza, pero Inosuke nunca lloraba, es más, una vez, pareció… ¿presumir? De sus habilidades físicas ante él con una prepotente sonrisa, como diciendo: "¿eso ha sido todo?".

Una vez, estando de pie y sin doblar las rodillas, Inosuke inclinó su tronco de tal manera que alcanzó a abrazar sus piernas holgadamente con su torso tocando sus rodillas.

Y se reía en esa posición sin muecas de dolor.

Siempre se reía, pero no decía ni una palabra.

Sin embargo, Tomioka le preguntaba si estaba bien, si estaba feliz, si estaba enfadado e Inosuke sonreía o asentía mostrando los dientes.

Eso era, cuanto menos, curioso…

En las dos semanas que llevaban cuidando al chico, Shinobu se dedicó a notar los pequeños ademanes que tenía el niño, a veces, lo veía separar los labios, pero, en su lugar, simplemente, tiraba de la camisa o del pantalón de Tomioka y apuntaba a lo que quería o gesticulaba de manera muy pobre lo que quería.

Y solo a Tomioka.

Si Shinobu se acercaba con amabilidad Inosuke arrugaba el ceño y la nariz y gruñía, y no era eso, se escondía tras Tomioka o de plano la ignoraba.

Ello no pasó desapercibido para el otro tutor.

—Es evidente que no le caes bien—soltó de repente Tomioka sin delicadeza alguna.

No hubiese sido tan grosera afirmación si no fuera porque estaban en la primera reunión con el Director Ubuyashiki.

Ubuyashiki abrió sus lechosos ojos con sorpresa.

—¡No lo puedo creer!

Shinobu se ruborizó hasta las orejas y contestó con una voz temblorosa:

—No hemos empezado con buen pie, es todo. L-la próxima vez haré un esfuerzo más sutil por acercarme…

—No te preocupes, Shinobu. Confío en ti, lo lograrás eventualmente—la animó el director con una cálida sonrisa.

Shinobu le devolvió una sonrisa nerviosa, pero en el fondo estaba apretando los dientes, tanto, que pensó que se le iban a trizar.

El director tomó uno de los papeles y comenzó a acariciarlo con la punta de sus dedos, revisando el historial y los antecedentes médicos y psicológicos de Inosuke, en tanto, Shinobu se fijó en Tomioka con sutileza.

Lo vio de reojo y su ira fue en aumento ante lo que interpretó era su prepotente forma de ser:

De perfil, ligeramente encorvado, Tomioka observaba con desinterés con los párpados casi cerrados, casi como si le pesaran por el sueño y con la comisura de sus labios hacia abajo, sin embargo, ninguna mueca que expresara algo.

Tenía esa insoportable vocecita calma, suave y grave, casi sin altivos o cambios de tono, sin importar que tan importante, interesante o irrelevante fuera el tópico que tratara la conversación.

Tan ecuánime. Tan aburrido. Tan directo y con tan poco tacto para expresarse.

"Seguro no tiene amigos", pensó Shinobu, en un arranque de revanchismo. "Seguro que a todos les cae mal. Es por eso que le cae bien a un chico salvaje".

Con ese pensamiento curó su sentimiento de inferioridad por unos instantes, lo que le permitió seguir con el siguiente paso: "Las conclusiones".

—Solo algunas observaciones, Director Ubuyashiki—dijo Shinobu tomando sus notas—. Solo el primer día he podido notar algo: Si bien Inosuke no habla, sí que puede entender, al menos, una cantidad de palabras importantes y también "leer" y comunicarse con el lenguaje no verbal.

—¿Eso qué significa?—preguntó Tomioka.

—Asiente, baja la cabeza, hace pucheros, niega con la cabeza, apunta, hace gestos con las manos y los pies…

Ubuyashiki asintió.

—Los habrá aprendido hace poco…—atinó a decir Ubuyashiki, como adivinando.

—¿Con tanta naturalidad…? Yo lo dudo—resolvió Shinobu.

—Creo que es un poco pronto para decir algo como eso—intervino Tomioka—. No podemos adivinar tanto de él en una sola sesión.

—Por eso son observaciones—dijo Shinobu con un atisbo de irritación—. Son cosas que podríamos tomar en cuenta en futuras reuniones y para abordar a Inosuke más adelante. O bien descartarlas.

Tomioka guardó silencio.

—Entiendo lo que quieres decir, Shinobu—dijo el Director—. No es una mala observación, de hecho… es bastante… reveladora. Preguntaré a Douma sobre eso.

Shinobu solo asintió con la cabeza.

—En ese caso, puedo dar por finalizada la reunión—concluyó Ubuyashiki—. ¡Qué bien que le hayas caído bien y que sepas tratar con Inosuke, Giyuu!, debo admitir que estaba un poco preocupado por ti. Shinobu, nada de esto significa que no podrás mejorar tu relación con Inosuke. Es un niño difícil. Muy difícil. Es por eso que debemos tener mucha paciencia y ser abiertos con él. ¡No te desanimes!

Shinobu y Tomioka se levantaron con una coordinación espeluznante e hicieron una reverencia y una despedida idéntica en forma y tono:

—Muchas gracias, Director Ubuyashiki.

A Shinobu le sonó extraña la situación. Tomioka no dio signos exteriores de darse cuenta o de que le importara, pues se incorporó y salió por la puerta.

Luego de un silencio que advirtió que el chico se había ido definitivamente, el director Ubuyashiki sonrió y miró hacia donde pensaba estaba Shinobu.

—¡Parece un chico tranquilo!

—Sí, parece—dijo Shinobu con venenosa afabilidad.

Semanas pasaron desde entonces e ir a verlo, era prácticamente sentarse a mirar cómo Inosuke quería "jugar" con Tomioka, igual que siempre. Dibujaba a Tomioka, comenzó a imitarlo y varios sonidos de afirmación característicos de Tomioka eran copiados por Inosuke.

Nada de lo que Shinobu tratara de hacer funcionaba.

Hasta que un día, se le ocurrió una maravillosa idea.

—¿Quieres que vayamos afuera a jugar a la pelota?—Shinobu sostuvo en sus manos una pelota de plástico que rebotaba.

Inosuke había desviado la mirada de Shinobu desde que se acercó, pero súbitamente giró la cabeza cuando ella había dicho "afuera".

Shinobu tomó nota mental de eso.

Los ojos de Inosuke brillaron y comenzó a agarrar a Tomioka de la camisa y a tirarlo, como apurando e instando una respuesta positiva de su parte.

—No sé si está listo…—dijo Tomioka.

Insouke arqueó sus cejas con decepción y un sonido triste salió de su garganta.

Ahí va otra vez…

—Solo será una media hora. No será mucho rato.

Inosuke pareció volver a decepcionarse ante las palabras.

Shinobu abrió los ojos intrigada.

"¿Reaccionó a "media hora" o "mucho rato"?", pensó Shinobu. No recordaba haber dicho palabras tan específicas en esas tres semanas. Rara vez hacían referencia a las horas o al tiempo, pese a que había un reloj de pared en la salita.

—¿No tenemos que proponérselo al Director primero?—preguntó Tomioka siendo tirado por Inosuke.

—Oh, ¡solo serán unos momentos!—Shinobu aleteó su mano en el aire, como quitándole importancia—. ¡No hace falta ser tan formalista!

—¿Y si se escapa?—la voz de Tomioka comenzó a agravarse imperceptiblemente.

—Bueno, para eso estamos nosotros, Tomioka, para cuidarlo—dijo Shinobu con una sonrisa.

Tomioka arrugó un poco el ceño. No parecía convencido.

Shinobu no se inmutó ante la duda del otro tutor. Iba a sacar a Inosuke al sol de todas maneras, con o sin el consentimiento de Tomioka. Lo que él dijera le daba igual, iba a abrir la puerta e Inosuke saldría y Tomioka tendría que ir tras él.

Era necesario que Inosuke se relajara y bajara la guardia y que se expusiera a otros ambientes.

¡Qué mejor que el exterior para eso!

—¿Fuera?—preguntó Tomioka lentamente a Inosuke.

Inosuke asintió y comenzó a saltar alrededor de él tirando con más fuera de la camisa.

El lenguaje de Tomioka era pobre adrede, Shinobu se percató de eso, ello se debía a la creencia de que Inosuke podía, con suerte, dominar unas quince palabras.

"¿Listo?", "¿Así?", "¿Hambre", "¿Otra", "¿Duele?" o "¿Aburrido?".

Tomioka asentía y solía más preguntar que obligar o incentivar a Inosuke a hablar por sí mismo.

—Sacarlo le hará bien. Podría perder vitamina D y ponerse pálido…—advirtió Shinobu a una velocidad que para Tomioka era excesiva para el entendimiento de Inosuke.

Inosuke miró su brazo y lo acercó al de Tomioka, como si quisiera compararlos. Inosuke arrugó la nariz, como si estuviera convencido y negó con la cabeza.

Volvió a tirar de Tomioka en dirección a la puerta y apuntó a ella con un sonido de apremio.

Un brillo de entendimiento se vio en los ojos de Tomioka, y en los de Shinobu, no había duda alguna.

—¡Vamos a jugar, Inosuke! ¡Atrápala!

Shinobu le lanzó la pelota a Inosuke y la atrapó al vuelo, pero luego miró a Tomioka.

Solo lo esperaba a él.

—Podremos salir, solo si vamos los tres—advirtió Tomioka a una velocidad normal mientras levantaba tres dedos.

Inosuke asintió y los apresuró a salir.

Tomioka miró a Shinobu, y Shinobu sintió la mirada de Tomioka sobre ella, pero no pudo determinar con qué sentimiento o con qué pensamiento la escrutaba.

"Será mejor esperar lo peor", se recordó Shinobu, por lo que cuando levantó la mirada, lo observó a los ojos sin temor y hasta desafiante.

—¿Qué pasa?—preguntó Shinobu.

Tomioka guardó silencio un instante.

—Nada.

Tomioka desvió la mirada en dirección a la puerta.

—¡Vamos, Inosuke!—exclamó Shinobu con una sonrisa radiante y hermosa.

Inosuke no esperaba a que le abrieran la puerta, pues lo hizo por sí mismo.

Salieron corriendo tras él a máxima velocidad hasta que dieron con el patio en el que estaban las nostálgicas pérgolas.

Shinobu llegó primero y Tomioka la siguió hasta colocarse tras ella.

Inosuke casi se echó sobre el pasto y se arrastró hasta la sombra donde se recostó un momento.

Lo vieron respirar hondo el aire puro con gusto y justo cuando suspiró, un viento suave acarició su cabello oscuro, como si le diera la bienvenida a la sintética, pero al fin, naturaleza, que lo vio crecer.

Inosuke se levantó de un salto y buscó la pelota, luego se giró con el rostro radiante hacia Tomioka y con todas sus fuerzas lanzó el balón en su dirección.

El rostro de Shinobu estaba justo en la diana de Inosuke y tan pronto como se percató que la esfera iba a una peligrosa velocidad hacia su dirección se hizo elegantemente a un lado y Tomioka recibió el balón justo a la altura de su abdomen.

Tomioka se dobló con dolor, pues el impacto atravesó hasta llegar a sus intestinos.

"Menos mal no fue más abajo…", pensó, pálido por el dolor.

—¡Buen tiro, Inosuke!—exclamó Shinobu desde lejos—. ¡Ahora te toca a ti! ¡Prepárate!

Inosuke abrió las manos con una actitud desafiante y excitada.

—Vamos, vamos, lanza el balón, Tomioka—Shinobu le dio un par de palmaditas en el hombro—. No lo hagas esperar.

Tomioka la miró con una ceja temblorosa, todavía pálido del dolor.

Se irguió con dificultad, pero logró ponerse en posición para lanzarle el balón a Inosuke, aunque con un poquito más de delicadeza.

Inosuke la atrapó al vuelo y volvió a lanzarla a gran velocidad, pero esta vez, Tomioka atrapó la pelota con gran habilidad.

El juego siguió y siguió hasta que las frentes de ambos se empaparan de sudor. Shinobu los observó desde lejos en todo momento y esporádicamente tomaba la pelota para facilitárselo a Tomioka, mientras se dedicaba a mirar a Inosuke de lejos.

En cierto momento de la tarde, Shinobu se levantó.

—Bueno, ¿no crees que ya es tiempo, Tomioka?—dijo Shinobu.

Tomioka lanzó la pelota hacia Inosuke y respondió sin mirarla:

—¿No podemos quedarnos un rato más? Parece que lo estás disfrutando…

—¿Más tiempo? ¡Pero si estamos pasados por 45 minutos!

Tomioka se giró de súbito hacia Shinobu con los ojos bien abiertos.

—¿¡Hace cuánto!?

Shinobu separó sus labios para repetirse y la esfera de plástico se dirigió con magna fuerza hacia Tomioka

Shinobu pudo apenas soltar una exhalación de sorpresa cuando la cara de Tomioka salió de su campo de visión por la fuerza de la esfera.

La pelota fue despedida en dirección al cielo hasta una altura que llegó a tapar el sol, alargando una gran sombra. Inosuke fue cegado un instante por la perspectiva, pero con un ágil movimiento logró alcanzarla al vuelo y alzó ambos brazos victoriosos con una ronca carcajada.

Tomioka sopló del dolor y al instante su mejilla se hinchó en un color sonrosado.

—Ya me tengo que ir…—dijo sujetándose la mejilla herida—. Tengo trabajo de medio tiempo, ¡¿por qué no me dijiste?!

—Jamás me dijiste que te avisara—respondió Shinobu con gélida voz grave—. Además, parecía que la pasaban bien. ¿De qué te quejas? ¿No me dijiste que querías quedarte un rato más?

—¡Unos diez o quince minutos no cuarentaicinco!—exclamó Tomioka y soltó un quejido consecutivamente.

—Si estás atrasado, entonces vete—resolvió Shinobu encogiéndose de hombros, sin un ápice de lástima—. Yo me encargaré de entrarlo.

Shinobu se dirigió hacia Inosuke.

—No le agradas, no resultará…—Tomioka se irguió más y comenzó a seguirla.

Shinobu apretó los dientes y ensombreció su mirada con coraje.

—Pero dijiste que estabas apurado…—replicó Shinobu deteniéndose.

—De todas maneras, no puedo dejarte sola con él.

—¿Por qué no?—preguntó ella con el ceño fruncido.

—Eso no importa, solo no quiero—respondió con la mandíbula punzando de dolor.

Tomioka se le adelantó y muy pronto dejó a Shinobu atrás.

Inosuke le lanzó la pelota una vez más y Tomioka la sujetó con firmeza en sus brazos una vez la atrapó.

—Hay que entrar—dijo Tomioka—. Adiós.

Inosuke entristeció su mirada e hizo un puchero que no afectó a Tomioka.

—Vamos—volvió a decir Tomioka—.

Inosuke se sentó en el suelo con las piernas cerca de su plexo y soltó un gruñido lastimero.

—No, no. Vamos.

Tomioka trató de tomarlo de los brazos, pero Inosuke rehuía de su agarre y tiraba de él.

Tomioka logró cerrar sus manos alrededor de los antebrazos de Inosuke y éste, al instante, soltó más gruñidos en protesta, tirándose a sí mismo al suelo del pasto y resistiéndose al sitio donde era dirigido con sus piernas y pies que incrustaba en el pasto y la tierra.

—¡No… no!—Tomioka tiró más de él.

—Ya basta, que le haces daño—dijo Shinobu llegando al sitio—.

—¿Y cómo quieres que lo entre?

—Puedes explicarle.

—Inosuke no lo entenderá—dijo Tomioka volviendo a jalar de él.

—Inosuke, ¿te quieres quedar un rato?—preguntó Shinobu con ambas manos sobre sus rodillas.

Inosuke asintió enérgicamente.

—Bien, pero Tomioka no puede quedarse más tiempo—explicó ella con lentitud—. Si quieres puedes quedarte, pero conmigo o volver adentro.

Inosuke arrugó el ceño y se resistió al agarre de Tomioka con más fuerza.

—¡Te dije que no funcionaría!

—Tomioka no puede quedarse—dijo Shinobu levantando un dedo—. Tomioka no va a quedarse más tiempo.

Inosuke se entristeció, disminuyendo la fuerza de su resistencia. Súbitamente, comenzó a jalar otra vez, pero con más fuerza.

—¡Voy a volver! ¡Voy a volver mañana, igual que siempre y vamos a jugar otra vez!

Inosuke tenía los ojos vidriosos, pero finalmente, luego de una férrea pero constante resistencia, Inosuke se levantó y tomó la mano de Tomioka, con una mueca decepcionada.

Tomioka le revolvió el pelo.

—Voy a volver, voy a volver.

Inosuke suspiró con tristeza.

—¿Te quieres quedar un rato más y jugar con Shinobu? ¿O volver adentro?

Inosuke miró a Shinobu de arriba abajo y tiró de Tomioka en dirección a la puerta de entrada.

Fue como un gancho al hígado.

Fuera del hogar, la dependienta los despidió con una gran sonrisa. Tomioka apenas asomó la nariz, pero Shinobu le dedicó una sonrisa dulce y salieron por la misma puerta, en direcciones opuestas.

Shinobu detuvo su camino y se giró para ver la espalda de Tomioka que esperaba la luz verde del paso cebra con ansiedad.

Lo vio alejarse a gran velocidad, esquivando a las personas con gran destreza.

"Espero que se caiga", pensó ella recordando lo que le había dicho.

En casa y sobre su escritorio, Shinobu se puso a actualizar sus notas.

Las conclusiones que dejó Douma eran evidentemente erróneas.

En los antecedentes, se decía que Inosuke era un verdadero salvaje, incapacitado para entender cualquier clase de lenguaje (fuera verbal o no).

Pero es que entendía señas, palabras más o menos complejas para lo que se esperaría de un niño feral; comprendía un concepto del tiempo y no era necesario hablar con lentitud para entendiera.

Existían las evidentes salidas de niño desadaptado. Que Inosuke había vivido toda su vida criado por jabalíes era algo fuera de discusión, pero dudaba que no tuviera contacto alguno con la civilización, sabía del lenguaje, entendía qué le decían.

Shinobu se hizo para atrás en su silla, con aire grave.

"Entonces, ¿Por qué no habla?", pensó mordiendo una de sus uñas.

Tocaron la puerta de su habitación, sobresaltándola en su escritorio.

Shinobu se apresuró a guardar la evidencia, se dio la vuelta y trató de verse lo menos sospechosa posible.

—¡Pase!

Al abrirse, la pequeña coleta oscura de su hermanita se asomó por la puerta.

—¿Puedo entrar?—preguntó la menor con su ecuánime tono de voz.

—¡Claro! ¡Pasa! ¿Qué necesitas?

Kanao se adentró en la habitación y cerró la puerta tras de sí y se dirigió a su hermana con seguridad automática.

—Mi mamá me dijo que confirmara si me acompañarás mañana a jugar en la tarde.

Shinobu arqueó las cejas, un poco incómoda.

—No podré hacerlo de nuevo…—confesó con lentitud—. Pero te prometo que, de verdad, de verdad podré la semana que viene a la siguiente.

El pecho de Kanao se hundió imperceptiblemente, a pesar de que ni una línea se había formado en su cara.

—De acuerdo.

Kanao se giró hacia la puerta, la abrió y se fue cerrándola tras de sí.

Shinobu suspiró y volvió a perderse en sus pensamientos.

"Ni siquiera intenta imitarnos…", pensó. "Las entiende, se las repetimos y nunca las replica…".

Es como si lo hiciera a propósito, ni siquiera lo intenta.

Shinobu no pudo llegar a nada concluyente y su mente vagó hacia Douma otra vez:

"¿Por qué mintió en este caso tan sonado? Más importante, ¿será este el primer caso clínico alterado?".

Shinobu sonrió maliciosamente.

—¡Inosuke!—llamó Shinobu desde su puesto asignado—. ¿Quieres salir a jugar?

Inosuke se giró hacia ella con unos ojos brillantes y una sonrisa que no cabía en su carita.

Corrió a su lado y tiró de ella, dejando la pelota rebotando solitaria sobre el pasto.

Tomioka se acercó.

—Eso es muy pronto.

Inosuke se giró a él con unos ojitos de perrito y le suplicó con un gemido.

Tomioka negó con la cabeza.

Shinobu puso una mano sobre la cabeza de Inosuke.

—Yo puedo llevarte si Tomioka no quiere ir.

Inosuke se dio la vuelta y le rodeó el brazo para tirarla en dirección a la puerta.

—Inosuke no está listo para salir—Tomioka frunció ligeramente

—¿Por qué no?—preguntó Shinobu.

—Inosuke todavía sabe obedecer bien. Se va a portar mal fuera.

Shinobu se giró a Inosuke.

—¿Te vas a portar mal?

Inosuke negó enérgicamente con la cabeza.

—¿Vas a obedecer? ¿Incluso a mí?

Inosuke asintió y tiró con fuerza de ella.

Shinobu sonrió radiante y orgullosa ante el acercamiento, aunque éste fuera producto de un premio.

—Vayamos, entonces-

—No—Tomioka se acercó sin llegar a tocar a Inosuke—. Todavía no está listo.

—Lo está.

—No lo está, tiene que primero saber comportarse en el patio y luego podrá ir a jugar con otros.

—Y ya lo sabe. Sabe que no hay que romper ventanas, puertas o escribir por las paredes.

—Eso no es suficiente—Tomioka se cruzó de brazos, intransigente.

—He criado a otras chicas antes, sé que está listo—dijo Shinobu.

Se atrevió a acariciar la nuca de Inosuke que no la apartó, sino que miraba a Tomioka con un puchero y unos ojos llenos de anhelo.

—No lo creo. Creo que te equivocas—repuso Tomioka.

La mirada de Shinobu se ensombreció por momentos y sonrió afable y venenosa, ladeando la cabeza.

—Lo voy a sacar de todos modos.

—¡Necesitas también mi permiso!—exclamó Tomioka.

—Él y yo queremos ir—Shinobu apuntó a Inosuke—. Dos a uno, con eso es suficiente.

—Inosuke no tiene voto aquí.

De repente Inosuke soltó un gruñido animalesco, mientras le mostraba los dientes a Tomioka. Sacó el pecho y levantó sus puños, en señal de protesta, resopló por la nariz con fuerza.

Tomioka se asombró de la reacción y, por un momento, pareció ver en los ojos de Inosuke un destello de decepción.

—Si no quieres venir, entonces quédate—Shinobu se encogió de hombros y se dio la vuelta en dirección a la salida, seguida por Inosuke.

Tomioka tuvo lo vaga esperanza de que los dos decidieran volver o que ella, en realidad, no estaba hablando en serio, pero el rato pasó y luego de que la puerta principal se cerró y permaneció cerrada, Tomioka los siguió.

Luego de un rato, Tomioka había enviado varios mensajes que Shinobu había visto y que no había contestado. Había visitado tres parques de juegos y en ninguno se topó con el curioso par.

Habiendo visitado todos los parques y canchas que conocía, se puso a perseguir a las familias, a mujeres con coches y a los padres con los niños sentados sobre los hombros. Así descubrió otras plazas, canchas y parques de juegos de la zona.

Se paró en la esquina de una especialmente grande y poblada, y se puso a mirar con atención los rostros de las mujeres pequeñas y de los niños juguetones y revoltosos.

Varios niños, padres y madres que llevaron a sus pequeños al parque se quedaban viendo a Inosuke con asombro.

Se balanceaba en el columpio con gran fuerza y quienes se le quedaban viendo por el costado apenas veían una rápida y difuminada sombra color azul y rosa.

Inosuke reía con su grave y rasposa voz que llegó a asustar a más de un niño y escandalizó a más de un padre y madre.

Mientras tanto, Shinobu lo observaba desde una banca y al son de las peligrosas e intermitentes maniobras de Inosuke se erguía y se volvía a sentar; levantaba las cejas y las devolvía a su lugar; tensaba y relajaba sus músculos.

Tenía un color pálido, casi verdoso de los nervios, pero se negó en todo momento a admitir, aunque fuera por probabilidad, que esta había sido una mala idea.

—¡I-Inosuke! ¡Ve-ve con cuidado!—exclamó Shinobu con su vocecita aguda y dulce que tambaleaba.

Inosuke sonrió con todos los dientes y le mostró desde las alturas una expresión altanera y desafiante.

"Ay, no…", pensó Shinobu al instante.

Inosuke se impulsó con una fuerza que hizo levantar una gran polvareda a su alrededor. Las cadenas del columpio se separaron y formaron una parábola suspendida en el aire, para luego estirarse con la fuerza de un látigo. Inosuke fue visto apenas como una sombra negra del rabillo del ojo cuando subió y dio un giro de 360 grados alrededor del tubo que sostenía las cadenas del columpio.

Las familias ahogaron una exclamación de horror y los niños chillaron emocionados ante la acrobacia, quienes procedieron a tirar de sus padres para que les dejaran ir a los columpios, a fin de repetir el acto y fueran el foco de tanta atención como lo había sido Inosuke.

Inosuke se balanceó un par de veces más y saltó desde lo más alto del balanceo y aterrizó en la tierra, con una pose triunfal que iba dirigida a Shinobu, que se había despeinado de los nervios.

—¡Br-bravo, Inosuke! ¡Lo has hecho muy bien!—Shinobu se levantó con sus pocas fuerzas y se acercó a él. Luego le susurró—. ¡Pero debes de tener cuidado!

Inosuke soltó una risa ronca y tiró de ella para ir a otros juegos.

Shinobu estaba parada tras la reja de alambre de la cancha de fútbol con una sonrisa orgullosa.

Inosuke se había dedicado a jugar solo en todo momento y no quiso interactuar con otros niños, hasta que vio la cancha de fútbol. Le fascinó la esfera rodando de aquí para allá entre las piernas de los chicos, algunos más habilidosos que otros, pero en los que todos se dibujaban sonrisas.

Shinobu intercedió en la negociación del líder y dueño del balón para que Inosuke jugara.

Era un niño un poco aterrador y muy alto para su edad.

—Deja que juegue—dijo uno de los chicos de cabello negro como el azabache—. Total, nos falta un jugador.

—¡Así será más divertido!—había dicho un chiquillo pelirrojo con una radiante sonrisa.

Un joven de cabello amarillo se acercó al entusiasta pelirrojo con cierto temor.

—No lo sé… no crees que es un poco… ¿raro?

El pelirrojo escrutó a Inosuke con la mirada, pero sus rojos e ingenuos ojos no notaron nada que le preocupara, pasó por alto que estaba descalzo, que no llevaba camisa y que tenía una cara andrógena que puso colorado al dueño de la pelota a primera vista.

—¡Yo creo que está bien!—había dicho el chiquillo—. ¡Vamos a jugar!

Shinobu observaba a Inosuke desde lejos, viendo cómo era un jugador asertivo, un poco conflictivo e indudablemente popular. Lo vio levantar los puños varias veces cuando había anotado un gol, aunque a veces se equivocara de arco y se llevara varios manotazos por parte del chico de cabello amarillo, que se había apasionado demasiado durante el juego, siempre lo vio contento y centrado.

—¡Querida!—escuchó Shinobu a sus espaldas—. ¿Alguno de esos chicos es tu hijo?

Shinobu se dio la vuelta, roja como un tomate.

—Yo no-

—Escúchame—la mujer que llevaba un bebé colgado a la espalda la interrumpió con un aire muy grave y preocupado—, quiero decirte esto porque te veo sola, pero hay un chico que anda acosando a los niños desde hace rato.

Shinobu palideció.

—¿Quién? ¿Qué ha hecho?

—Varios de mis amigos lo han visto varias veces persiguiendo coches y parándose en las esquinas mirando a los niños.

Shinobu sintió una punzada de asco en las entrañas.

—¿Cómo luce?

—Es un chico con una camisa roja y verde- ¡Mira! Ahí está—la mujer lo apuntó con un dedo sin discreción hacia el muchacho.

Shinobu se giró con el ceño fruncido, predispuesta a desaprobarlo con la mirada, hasta que vio al chico de camisa roja y verde.

Tomioka se quedó parado en la esquina, justo al lado del letrero con el nombre del parque de juegos.

—Ah—dijo Shinobu, con repentina gracia—. Ese no hace nada, señora. Yo no me preocuparía por él.

—¿Segura? Yo creo que es un poco espeluznante—dijo la señora—. Tiene como la mirada muerta...

—Yo lo conozco, dijimos que nos veríamos aquí—mintió Shinobu.

—¡Oh! Discúlpame, hija, no sabía que era tu marido.

Shinobu enrojeció con fuerza.

—¡Él no es-!—Shinobu sacudió la cabeza—. No importa. No se preocupe por él.

Shinobu sacó su teléfono y buscó la conversación con Tomioka.

"Estamos en el parque de juegos Kimetsu", escribió, luego agregó un emoticono pasivo-agresivo de una sonrisa simple.

Desde lejos vio a Tomioka sacar su teléfono celular casi al instante de que el mensaje se hubiese enviado. Tomioka sacó su teléfono, levantó la vista hacia el letrero, y luego bajó la cabeza con aire irritado.

Lo vio rascarse y revolotearse la cabeza con frustración, escena que le dejó una sensación de satisfacción.

Shinobu volvió mandar un mensaje.

"Estamos junto a la cancha. Inosuke está jugando".

Tomioka leyó el mensaje y se apresuró a correr en dirección a la cancha.

Shinobu se dio la vuelta, pretendiendo que no lo había visto.

Poco a poco comenzó a escuchar los pasos pesados de Tomioka tras ella, hasta que se detuvieron justo a su lado.

—¡Hola! ¿Lo dejaste jugar?—preguntó al instante con preocupación.

—Quería jugar—Shinobu se encogió de hombros—. No tiene nada de malo que haga deporte y que haga amigos.

—No contestaste los otros mensajes.

—Ah. No los había leído—respondió ella con aire distraído.

Tomioka levantó el teléfono con el ceño fruncido.

—Aquí pone que los leíste.

—Se me olvidó contestar—repuso ella sin perder la calma—. ¡Es que la estábamos pasando tan bien!

Ella le dirigió una sonrisa tan afable y dulce que parecía mentira que podría inspirar tanta rabia, como lo hacía en esos mismos instantes con Tomioka.

Pero había logrado un avance impresionante, eso era algo innegable.

Inosuke había estado con varias personas, había usado los juegos sin novedad, por tanto, había aprendido a hacer las cosas por turnos y no había atacado a nadie, por lo que le dijo Shinobu.

Y ahora hacía amigos.

Y tan pronto como ese pensamiento surcaba su mente, Inosuke cayó al suelo de espaldas por el empujón el chico de cabello azabache.

—¡Ya te dije que no valió!—bramó el chico de cabello negro—.

—Pe-pero pateó dentro de la cancha…

El chico de pelo amarillo quiso intervenir, pero el chico de pelo negro le dio una sola mirada de furia que lo hizo desistir hasta de su propia oración.

—¡Fue dentro!—saltó el chico pelirrojo, quien se encontraba en el equipo de Inosuke—.

—Fue fuera—repusieron el líder del equipo y el chico de cabello negro, que estaban en el equipo contrario.

—¡Gol anulado!—sentenció un chico del equipo del líder.

—¡Sí vale!—chilló otro desde detrás del chico de pelo rojo—. Yo lo vi. ¡Inosuke no hizo nada mal!

Inosuke desde el suelo resopló por la nariz, confirmando su defensa.

—Gol anulado—dijo el dueño de la pelota—. Eso fue trampa.

—¡No fue trampa!—exclamó el pelirrojo con ímpetu.

—¡Sí lo fue!—el chico de pelo negro arrugó el ceño y miró a Inosuke con desprecio—. ¡Eres un tramposo, niño cerdo!

Inosuke abrió los ojos indignado. Se levantó sin arrugar ninguna parte de su semblante, se acomodó las vértebras del cuello y las manos con un sonido perturbador.

—¿Qué estás-? ¡AH!

Inosuke saltó sobre el chico de pelo negro y comenzó a arañarle la cara.

—¡Suéltalo!—gritó el dueño del balón.

—¡No, Inosuke!—el pelirrojo se apresuró a tomarlo por los brazos para alejarlo del chiquillo de pelo oscuro.

El líder comenzó a darle patadas a Inosuke, mientras que el pelirrojo trataba de jalarlo fuera del conflicto con todas sus fuerzas, recibiendo parte de los impactos del dueño del balón.

—¡Inosuke!—gritaron Tomioka y Shinobu.

La situación pasó de uno a cien en un instante y apenas pudieron reaccionar, y apurarse a llegar a la entrada.

El chico pelirrojo logró sacar de algún lado la fuerza necesaria para separarlos.

El niño de pelo negro tenía varios arañazos en los brazos y uno especialmente feo en la frente, Inosuke tenía varios moratones en el costado y a la altura de la barriga, y una de sus mejillas estaba enrojecida por el forcejeo de su víctima que trataba de sacárselo de encima.

—¡No vas a jugar más!—gruñó el dueño del balón.

—Aparte de tramposo, mal perdedor—escupió el chico de pelo negro todavía en el suelo—.

Inosuke estaba luchando contra el agarre del chico pelirrojo y cuando escuchó eso, algo en su mirada se nubló de la ira y su cara enrojeció.

—¡Yo no hice trampa!—gritó Inosuke con una voz que retumbó en el corazón de todos los niños de la cancha.

Era una voz rasposa y grave, demasiado para un niño de su edad y tan potente como la de un adulto, por lo que erizó la piel de varios niños, tanto, que el chico de pelo amarillo se cubrió los oídos, pálido por el miedo.

—¿Inosuke?

El niño feral palideció al instante al identificar la voz. Se dio la vuelta para confirmar sus sospechas.

Tomioka lo veía desde una esquina de la cancha, a unos pasos del área del conflicto. Se había quedado de pie con una expresión incrédula.

Inosuke palideció y sus ojos se hicieron vidriosos.

Con un fuerte movimiento se deshizo del agarre del pelirrojo, salió por la puerta opuesta y emprendió carrera en dirección a una arboleda del parque.

—¡Inosuke!—gritó Tomioka—.

Comenzó a caminar para atravesar la cancha, pero dos niños se pegaron a los costados.

—¡Tomioka!—dijo el pequeño Tanjiro—. ¿Usted lo conoce? ¿De dónde lo conoce?

—¿Por qué la niña dijo que no hablaba, si él habla?—Zenitsu tiró del otro lado.

—¡Ahora no puedo, niños!—Tomioka se detuvo, temiendo que con uno de sus pasos pudiera patear a uno de los chicos y regarlo por alguna parte de la cancha.

Shinobu se le adelantó, corriendo por un costado y se apresuró a alcanzarlo.

—¿Va a ir a entrenar, Tomioka!—preguntó Tanjiro—. Urokodaki preguntó por usted el otro día.

—¡Ahora no puedo ir, Tanjiro, tengo cosas que hacer! ¡Después conversaremos!

Shinobu aligeró su paso cuando la vegetación se hizo más profunda.

Su voz se había raspado por sus gritos y sus piernas se habían entumecido, adoloridas de tanto caminar.

Había preguntado a una pareja, a una familia y a un grupo de niñitos, y todos habían visto a Inosuke, pero en la forma de una sombra descamisada o descalza, dependiendo de a qué altura estuvieran al momento del avistamiento.

Todos la dirigían a un lugar cerca de la frente, pero luego de merodear lo que le pareció una hora entera no pudo encontrar ni rastro del niño.

Se sentó junto a la fuente para descansar y suspiró, agotada de no poder encontrarlo.

Mientras que recuperaba el aliento, vio el follaje de un árbol moviéndose de modo inusual, como cuando resguarda a un gato, pero el área del movimiento era demasiado grande como para ser de un gatito.

Shinobu se levantó y con cautela se acercó al árbol.

Aferrado al tronco, con los dedos de sus manos y pies enrojecidos por la fuerza, se aferraba el pequeño Inosuke.

Shinobu arqueó las cejas con preocupación.

—Inosuke…—llamó ella con suavidad.

Inosuke se limpió los mocos groseramente con el dorso de su mano y sorbió el resto, sin decir una palabra.

Shinobu se acercó más al tronco.

—Inosuke baja, no has hecho nada malo…

Inosuke agitó la cabeza con un gemido lastimero.

—Inosuke, no hiciste trampa, yo estaba mirando de lejos. Eres un buen niño…

Inosuke gimió otra vez, negando con la cabeza.

—¿Crees que hiciste trampa? ¿O es otra cosa?

Inosuke no respondió.

—Háblame, Inosuke… Estamos preocupados por ti…

Inosuke miró hacia abajo, gimoteando. Tenía la cara empapada y los mocos se deslizaban más allá de su barbilla.

Inosuke miró a Shinobu y ella le devolvió la mirada con genuina preocupación.

Inosuke se quedó unos instantes más arriba del árbol, luego bajó y se quedó quieto frente a ella, tiritando, aguantando sus propios gimoteos.

Shinobu abrió los brazos e Inosuke se lanzó a ellos. Inosuke se deshizo en el abrazo con un lloriqueo potente y agudo. Ella le acariciaba la espalda, la nuca y el pelo, mientras murmuraba lo buen chico que era él.

Cuando Inosuke logró calmarse y separarse de ella, se enjugó las lágrimas de toda la cara con violencia, pero sus ojos permanecieron rojos y brillantes, adolorido por el ardor de las lágrimas.

De repente, la expresión enérgica de Inosuke había desaparecido, ahora, sus ojos parecían cansados y tristes, acentuados por la hinchazón del llanto.

Shinobu lo invitó a colocar su cabeza en su regazo para descansar, y en nada, Inosuke cerró los ojos para tomar una siesta, ahora con una respiración más calmada.

Shinobu aprovechó de revisar su teléfono y tenía varios mensajes de Tomioka, cada cual más escandalizado, pero solo respondió uno de ellos: "¿Dónde están?".

Shinobu contestó: "Estamos bajo un árbol de arboleda".

A lo que Tomioka contestó:

"Kocho."

"Con todo respeto."

"No me jodas."

Shinobu sintió unas inaguantables ganas de reír. Tenía que admitir que fue una referencia muy mala, pero la reacción de Tomioka era más graciosa.

Shinobu hizo mejores indicaciones y, en un rato, la figura de Tomioka salió desde detrás de los árboles.

Cuando se acercó, en silencio se sentó apoyado en el tronco del árbol.

—Se cansó de todo lo que pasó hoy—susurró Shinobu.

—Sí, pero no tanto como para dormir—Tomioka habló alto y con los brazos cruzados

Shinobu se giró a verlo indignada por su falta de respeto, pero antes de que separara los labios, Tomioka continuó:

—Sé que estás despierto, Inosuke.

El chico se encogió en el regazo de Shinobu.

Shinobu abrió los ojos, comprendiendo.

Inosuke abrió los ojos, pero no irguió, se quedó en su lugar. Shinobu comenzó a acariciarle el pelo, pese al sudor seco y pegajoso, la tierra y las hojas que se le juntaron en la cabeza. Lo hizo con agradable delicadeza y le acomodó uno de los largos mechones tras su orejita.

Cuando Inosuke estuvo listo, dejó el regazo de Shinobu y se sentó sobre sus tobillos, mirando hacia abajo, como si esperara de frente un regaño.

Tomioka suspiró.

—¿Por qué huiste?—preguntó él.

Inosuke no respondió.

—¿Huiste porque tenías vergüenza?—preguntó Shinobu.

Inosuke no respondió.

—¿Qué pasó, entonces? ¿Te dolió que el niño te pegara?—volvió a preguntar Tomioka.

Inosuke alzó la vista para verlo con el ceño fruncido y orgulloso luego negó enérgicamente con la cabeza.

Shinobu sonrió y le palpó la espalda con cariño.

—¡Inosuke, eres un niño muy fuerte!

Inosuke sacó pecho y resopló con la nariz con orgullo.

Pero luego de eso, el silencio pesado se sintió entre los tres.

El viento sopló sobre la arboleda y movió el follaje, produciendo la suave melodía de las hojas de los árboles que calmó los corazones de los tres de cualquier disgusto que les hubiese provocado la situación anterior.

—¿Por qué no nos dijiste que hablabas, Inosuke?—preguntó Tomioka, ahora con más calma.

Inosuke desvió la mirada.

Tomioka frunció el entrecejo.

—Inosuke. ¿Por qué no dijiste que hablabas?

Los ojos de Inosuke se pusieron vidriosos otra vez.

—Inosuke. A mí no me gustan los niños mentirosos—Tomioka se cruzó de brazos, otra vez en us postura intransigente.

—¡Tomioka!—lo regañó Shinobu—. No hace falta decir eso.

Tomioka la ignoró.

—Si no me dices por qué, entonces tendré que irme. A mí solo me gustan los niños honestos.

Inosuke lo miró gimoteando, mientras hacía un puchero manipulador que Tomioka ignoró sin problemas.

Inosuke bajó la mirada y comenzó a llorar otra vez.

—Tomioka, ya es suficiente—dijo Shinobu con evidente desaprobación—. No hace falta que lo obliguemos a-

—Él me dijo…—gimoteó Inosuke.

De repente, los dos quedaron en un silencio expectante, incluso el viento había dejado de soplar.

—Él me dijo que si yo hablaba tú ya no vendrías a jugar conmigo nunca más…—sollozó mirando el suelo.

Shinobu palideció de ira y Tomioka quedó sin palabras.

—¿Quién es "él", Inosuke?—preguntó Shinobu con una voz más seca.

Inosuke levantó la vista hacia ella, todavía con los ojos rojos, separó los labios para decirlo, pero Tomioka se adelantó.

—Inosuke…—llamó él solemnemente—. Hables o no, yo siempre volveré a jugar contigo.

Inosuke comenzó a llorar con más fuerza.

—¿De verdad?—preguntó con una agudeza inusitada—. ¿Siempre vas a volver?

Tomioka le dedicó una sonrisa pequeña.

—Siempre. De hecho, harás las cosas mucho más fáciles para mí y para todos si continúas haciéndolo.

Inosuke se echó en sus brazos, lo que dejó descolocado a Tomioka por instante.

Él se giró a Shinobu buscando ayuda con la mirada. Shinobu hizo un gesto que indicaba que debía de devolverlo.

Tomioka miró hacia abajo con una ceja alzada y de la manera más ortopédica posible le devolvió el abrazo a Inosuke. Agregó unas palmaditas en la espalda, pues consideró que eso agregaría calidez al gesto.

Inosuke, para su desgracia, permaneció largo rato llorándole en el pecho y le manchó de mocos, tierra, hojas y lágrimas su camisa favorita.

—¿Quieres volver al hogar, Inosuke?—preguntó Tomioka con un poco de decepción.

Inosuke se levantó con la cara completamente húmeda.

Shinobu le extendió un pañuelo a Inosuke y éste lo utilizó para limpiar la camisa de Tomioka, pero solo extendió la mancha de inmundicia.

—Gracias, Inosuke…

—Volvamos a casa, ¿te parece?—preguntó Shinobu con una sonrisa.

Inosuke se levantó de un salto y se limpió la cara con su antebrazo.

—Vamos. ¡Cárgame en tu espalda, Tomioka!—exclamó Inosuke saltando sobre su cuidador. Soltó una risita malévola y volvió a decir—. ¡Siempre quise decir eso!

Inosuke lo ahorcaba con su abrazo de tanto en tanto, cuando veía algo que lo asustaba o que le llamaba la atención o cuando relataba algo y sentía la imperiosa necesidad de gesticular con sus manos.

Shinobu se reía de sus excentricidades, mientras que Tomioka las sufría en silencio.

Y la lengua suelta de Inosuke llenó casi interrumpidamente su caminata a casa.

—¿Shinobu?

Alguien la había llamado a las afueras del parque.

Shinobu se dio la vuelta y observó escandalizada a su hermanita menor, sola, parada en la acera del parque junto a la calle.

—¡Kanao!—Shinobu se exaltó y se apresuró a su encuentro, pues la ponía nerviosa ver a una niña tan pequeña sola en la calle—. ¿Qué haces aquí tú sola?

—Te vi y te seguí—respondió ella. Kanao hizo una pausa y continuó—. ¿Por qué estás aquí? Dijiste que no podías venir.

Shinobu recibió la cobranza con incomodidad, pero trató de mantener la calma.

—Es que tuve que venir con un niño del hogar—luego agregó con rapidez—. Y teníamos que venir solos.

Kanao alzó la vista para ver a Tomioka y a Inosuke, que habían detenido su marcha para esperarla.

—¿Por qué?—preguntó Kanao.

—Porque… porque él es un niño muy especial—dijo Shinobu con delicadeza.

Kanao dirigió su pétrea mirada a Inosuke, quien sintió un repentino escalofrío que le hizo apartar la mirada.

—¿Qué tiene él de especial?—preguntó Kanao.

—Mira, Kanao, te explicaré todo cuando llegue a casa. Ahora tengo que ir al hogar. ¿Viniste con mamá?

—Y Kanae.

—¿Viniste con Kanae?—Shinobu no lo podía creer.

Kanao asintió.

—Dijo que como no pudiste ir, ella iría en tu lugar.

Shinobu apretó su vestido con frustración, aunque no lo dio a entender con sus expresiones.

—Claro.

"Justo cuando yo no voy…", pensó Shinobu, sintiendo que se le iban a saltar las lágrimas.

Shinobu soltó un suspiro.

—Te deben estar esperando, Kanao. ¿Quieres que te acompañe o prefieres ir sola con mamá y Kanae?—preguntó Shinobu.

Kanao se apresuró a sacar su moneda y la lanzó al aire. Miró hacia el dorso de su mano y contestó.

—Voy sola. Gracias.

Luego se alejó.

—¡Nos vemos en casa!—exclamó Shinobu cuando Kanao estaba a punto de salir de su vista, pero no obtuvo réplica alguna.

Shinobu volvió a suspirar con pesadez y se peinó el cabello hacia atrás.

—¡Shinobu!—llamó Inosuke sobresaltándola.

Era extraño escuchar una voz tan rasposa diciendo su nombre. Aun no se acostumbraba.

—¡Perdón, chicos! ¡Ya voy!

Shinobu se apresuró a ir junto a Tomioka.

Inosuke inclinó su cabeza hacia Shinobu y, con cierto temor, preguntó:

—Esa chica… ¿tú la conoces?

—Sí, Inosuke. Ella es mi hermanita menor. Se llama Kanao.

Inosuke miró hacia ambos lados, como si fuera a decir algo muy polémico o confidencial.

—¿Y ella no es peligrosa?

—¡Ella no mata a una mosca!—exclamó Shinobu.

—¿Estás segura? ¿Te ha mordido alguna vez?

—Jamás me ha mordido, Inosuke—replicó ella con una sonrisa condescendiente—. Ella es lo más inofensivo que he conocido en mi vida.

Inosuke asintió, aunque se guardó sus dudas, pues no quería parecer asustado.

A pesar de que Shinobu lo aseguró, Inosuke tendría una experiencia diferente con Kanao cuando iniciara la escuela en unos meses más.

Cuando llegaron a la puerta de Inosuke, él tomó la mano de cada uno y, con aire secretista, les susurró a ambos.

—No le digan a nadie que yo hablo…

—¿Por qué?—preguntó Tomioka con confusión—. Que tú hables es una buena noticia.

Inosuke negó con la cabeza, categóricamente.

—No le digan a nadie que hablo. Ni siquiera a él.

—¿A quién?—preguntó Shinobu, más entusiasmada de lo que debería.

—¡A Kuma! ¡No le digan que yo les hablé!

Shinobu y Tomioka pestañearon.

—¿A quién?—graznó Shinobu.

—¡A Roma! ¡No le digan!

Luego les cerró la puerta en la cara a los dos.

Shinobu quedó tan confusa como Tomioka, y éste último, luego de meditar un rato, se giró a preguntar:

—¿Tú conoces a algún Kuma?

Shinobu entrecerró los ojos.

—Creo… ¿Qué sí?—respondió Shinobu.

Un sudor frío le recorrió la espalda.

"¿A lo mejor me equivoqué?", pensó. "¿Mencionó a una o a dos personas?".

Tomioka lo pensó un momento hasta que salieron por la puerta principal.

—¿Se referirá a Douma?—preguntó finalmente.

—¿De qué lo conoces?

—Es el que me asignó de padrino.

—¡Eso lo sé! Pero, ¿por qué te eligió?—Shinobu parecía impaciente—.

—Fui a una excursión a la montaña con un amigo, entonces, Inosuke apareció y atacó a mi amigo.

—¿¡Fuiste tú al que Inosuke trató de robar!?

Tomioka asintió.

—Logré someterlo con una cuerda que teníamos cuando acampamos. Y creo que de ahí... ¿Me tiene cariño?

—¿Qué hiciste?

—Lo colgué de un árbol—replicó Tomioka rascándose una oreja.

Shinobu se quedó muda y Tomioka se percató del silencio y continuó.

—La teoría de Douma es que yo fui una especie de macho alfa que cuestionó su autoridad en el bosque y que…

Shinobu contuvo una risa.

—¿Cómo? Que tú eras un qué—le preguntó con una larga y burlona sonrisa.

—Eso da igual—Tomioka se ruborizó—. La cosa es que fui el primero que pudo con él y eso hizo que me respetara…

—Te voy a guardar así: "Macho alfa"—dijo Shinobu levantando su teléfono.

Tomioka ensombreció su mirada.

—No te contaré nunca más nada.

Tomioka comenzó a caminar más rápido.

—¡Ah! ¡No te enojes, Tomioka, era una broma!—Shinobu lo siguió con una sonrisa de oreja a oreja.

—No.

—Vamos, ¡cuéntame más! ¡Prometo que no haré más bromas!

Tomioka la ignoró, pero Shinobu le siguió el paso.

—Tomiokaaaa…—cantó Shinobu mientras comenzaba a picarle el brazo suavemente con su dedo—. Prometo no molestar más por hoy, pero, en serio, cuéntame más de Douma…

Tomioka no habló hasta que la paciencia se le acabó de la persistente e ininterrumpidas ganas de la chica de saber la verdad.

—Él me dijo que no tuviera muchas esperanzas—dijo él de repente—. Sobre Inosuke, me refiero.

Shinobu detuvo su dedo y su expresión se hizo más seria.

—Me dijo que los niños ferales son casos trágicos, en general. Por eso me dijo que no tardara en rendirme, que lo ayudara a semi-adaptarse y que luego me fuera y que no frustrara si no hacía avances con él.

—¿Trágicos?

Tomioka pensó un momento sus palabras y continuó:

—Me dijo que son niños que nunca suelen adaptarse del todo al nuevo entorno social, son violentos, odiosos, frustrantes hasta para los profesionales y, por lo general, mueren jóvenes.

Shinobu palideció.

Tomioka detuvo su caminata.

—Por eso no quería dejarte sola con él. Por si… por si se ponía violento.

—¿"Mueren jóvenes"?—preguntó ella preocupada.

—Según estudios viejos, ¿sabes?—Tomioka trató de minimizar el problema—. Ahora ya no hay tantos niños ferales como antes, así que… Él puede ser una excepción.

Shinobu guardó silencio y Tomioka por largo rato pensó que había dicho algo inadecuado, violento y depresivo.

"La cagué otra vez…", pensó frustrado.

Tan bien que había ido la conversación.

Se rascó la cabeza, tratando de buscar las palabras adecuadas para seguir la charla hasta que finalmente se agarró de algo.

—Tomioka…—llamó Shinobu.

—¡Y-yo tengo esperanzas en él!—exclamó de repente, con un aire nervioso—. Conociéndolo mejor, él puede ser una gran persona y adaptarse. Ahora sabemos que habla y que sabe escribir su nombre. Tiene la mitad del camino hecho, ¿cierto?

Shinobu se quedó viendo su perfil, un poco sorprendida (y fascinada) de la actitud tan repentina.

—¿C-cierto?—Tomioka repitió nervioso.

Shinobu sonrió.

—Muy cierto—replicó ella.

Tomioka asintió y volvió a su solemne y triste silencio.

"No volveré a hablar. Siempre sueno tan estúpido…", pensó él con pesadez.

Tomioka emprendió su marcha otra vez y Shinobu lo siguió.

—¿Tienes familia, Tomioka?—preguntó Shinobu con tranquilidad.

—Tengo a mi hermana.

Hubo un silencio antes de que a Tomioka se le ocurriera preguntar:

—¿Y tú? ¿Qué tal, tienes familia?

—Tengo a mi mamá, papá y dos hermanas: una mayor y otra menor.

Tomioka asintió mecánicamente.

—Es una familia muy grande, sí.

Shinobu pestañeó y Tomioka comenzó a sudar un poco nervioso.

Otro gran silencio rodeó el ambiente que puso incómodo a Tomioka.

—Oye, y ¿tu casa no quedaba del otro lado?—preguntó Tomioka.

—Ah, sí. También puedo tomar un autobús en la parada que viene.

—Ya. ¿Y has decidido tomarlo justo hoy?

—Sí. ¿Te molesta?

—¡No, no!—repuso Tomioka mirándola—. ¡En serio que no! ¡Me parece súper bien!

Luego de enrojecer por sus propias palabras, Tomioka miró al frente, mientras pensaba:

"¡Maldición!, ¡¿por qué no atino a decir nada bien?!".

Tomioka suspiró con pesadez y arrepentimiento.

Shinobu se lo quedó viendo con fijeza, luego decidió tomar distancia, una que pensaba que era cómoda.

—¿Qué películas te gusta ver?

¡Eso es todo!

El más largo hasta ahora.

Ojalá les haya gustado, coméntenme qué les pareció.