Buenas noches, espero que todos se encuentren de maravilla, saludamos un nuevo mes y con ello traigo una nueva actualización. Espero que lo disfruten. Agregué una nueva ilustración, ya saben que pueden seguirme en mi página de FB /StarlingShadow, este fin de semana estaré sorteando 2 comisiones de dibujo ^^

Gracias por sus comentarios, follows, favs y su fidelidad a lo largo de todos estos años :3


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 46 – Roto


No pasó ni un segundo luego de estar juntos y seguros que ella le contó todo lo sucedido, Darius no pronunció ni una palabra, tan sólo escuchó. Comenzaba a darse cuenta del plan de Swain, había ganado mucho y esperando tenerlo del cuello al secuestrar a Lux, no perdería más que un par de horas invertidas en Reskiba.

Había sido un títere y su mujer lo pagó en carne propia, todavía no podía creer que en su estado fuera capaz de huir, su resistencia era admirable, miró aquel rostro lastimado y aun cuando la rubia no paraba de hablar besó su mejilla, la besó como sólo él podía hacerlo, le acarició el rostro, le tomó la cabeza y la empujó hacia su propio cuerpo.

Quería tenerla cerca, sentir su calor.

- ¿Por qué? –preguntó ella sin entender.

- Estuve a punto de perderte… déjame, ¿sí? Ya entendí que Fraktal es un traidor, tan sólo quiero apreciar que te tengo todavía.

La rubia respiró hondo dejándose al abrazo, tampoco podía evitar sentir la calma recorrerle con él cerca, ambos estuvieron en una situación increíblemente difícil.

- ¿Y Draven?

Hizo la pregunta prohibida, la respiración del noxiano se detuvo y Lux lo notó, apartó su cuerpo del suyo y lo miró, aquel rostro casi de piedra se mantuvo inmutable mientras le contaba lo que había sucedido en Reskiba.

- Al parecer Draven no tenía intención de ir conmigo. Así que lo dejé ir. Swain aprovechó la confusión para traer parte de sus hombres y no llegamos a la prisión que tenía en mente para él –evadió la mirada inquisidora de la rubia-. Veré otras formas de llevarlo a reclusión. Por ahora está fuera del consejo noxiano, no tiene poder en decisiones del ejército y no será un problema para nadie –volvió su mirada a ella, estaba dudoso, ¿le habrá creído?

Lux asintió y asumió que esto era una decisión lógica, quizás después de todos los problemas aquel noxiano quería vivir su vida tranquilo, siempre lo había dicho, era un mal para todos, incluido su esposo, al que tanto amaba…

No iba a preguntar si era sincero y no cuestionó las decisiones que Draven tramó, tal vez sin que nadie supiera, ella misma huiría de este loco dilema si pudiera. El amor la ataba, no, no eran como cuerdas que la aprisionaban, parecían raíces que cada día crecían, recorrían su piel como un camino sin rumbo.

Por un momento estuvo a punto de desvanecerse, Darius dio un pequeño salto al sentir caer su cuerpo sobre él.

- Te llevaré a casa –dijo Darius, vio entonces tras la rubia a Dante, el mismo se recluyó distante, no iba a intervenir.

Una diminuta sonrisa surcaba su rostro, imperceptible incluso para el comandante que lo inspeccionaba. Le hacía feliz ver a sus padres así, juntos, increíblemente unidos en este mundo tan cruel.

- ¡Tú! –gritó Darius con voz de mando.

El castaño caminó hacia él con paso firme y se quedó viéndolo fijamente.

- Has cuidado bien de mi esposa, tienes mi apoyo para lo que desees.

- Señor, no es necesario. Cumplí mi deber. Mi satisfacción es servir a mi nación.

Y por primera vez, a pesar de los horrores de sus acciones pasó a estar en una burbuja, su esposa, él y aquel muchacho que decía ser su hijo, presentes, Darius cambió su expresión, parecía estar orgulloso, no entendía a razón de qué, él sólo era un soldado, tenía ganas de darle una palmada fuerte en la espalda. Arreglaría esto luego, por ahora iba a llevarse a su esposa a la seguridad que su castillo podía ofrecer.

- Supongo que podrías quedarte como guardia en mi castillo. Me hace falta alguien confiable.

- Sí, señor.

Darius levantó en sus brazos a Lux y caminó con ella hasta su transporte, la depositó con cuidado en el interior mientras salía fuera para dar las últimas instrucciones. Al terminar le pidió a Dante seguirlos en un caballo que su unidad había traído.

El camino parecía haber sido testigo de una batalla, lo veía muy destruido, quizás debería mandar a arreglarlo, últimamente no tuvo tiempo de nada, iba a ocupar su mente para no caer en cuenta de sus pecados.

Después de todo, romper la pierna de su hermano, dejarlo en el peor lugar de Noxus y mentirle a su esposa no eran algo que podía olvidarse con un simple deseo.

Un par de días pasaron y la seguridad en el castillo de Darius se normalizaba al igual que la situación en la ciudad, al parecer alguien más había asumido el rol de Swain, otro noble, tal vez o algún bastardo que comparte los ideales de aquel cuervo.

- En cuanto te sientas mejor nos iremos, sólo dime.

- No tienes que esperar tanto, podemos irnos mañana mismo si lo deseas.

- ¿Lux?

- ¿Ah?

El dormir juntos era un deleite, estando en la misma habitación, compartiendo la misma cama, cuidándose el uno al otro, nada podía molestarlos. Ahora ella lo abrazaba, mientras Darius se aferraba al cuerpo de su frágil amor. No iba a morir, el bebé estaba bien, la habían revisado antes, el reposo era clave para no provocar ningún desgaste en su salud.

- Excelente idea –le besó la frente- quería preguntarte algo –dijo con suavidad en medio de la oscuridad. Ambos habían despertado horas antes del amanecer.

- ¿Qué es?

- Tú conoces a Vi, ¿verdad? Han sido amigas desde hace tiempo pero desde que pasó… -fue interrumpido.

- Fue un accidente, te lo dije.

- No me importa, por alguna razón se trastornó y atentó contra la vida de nuestro hijo. No puedes negarlo.

- Dejarla en aislamiento como si estuviera en la cárcel es terrible.

- No es una cárcel, es… una celda privada.

- Es lo mismo.

- No iba a cambiar de idea, ni si quiera te lo consultaría porque aunque tú me odies, yo no permitiré que otra persona más te dañe pero…

- ¿Pero? –se quedó dudosa.

- Me llegó un mensaje y no quise creerlo hasta ahora –respiró hondo- Vi se puso algo mal y el médico la revisó. Me sugirió que la sacara para no empeorar lo que sea que tuviera.

- Espero que esté bien –dijo pensativa- la vi muy desgastada, deberías hablar con ella y preguntarle qué tiene, supongo que le pidió al médico no decir nada. Nunca le ha gustado mostrar sus debilidades –continuaba pero Darius se perdía en la melodía de su voz resonando tan dulce como el canto de un ave- ¿vas a dejar de soñar? –dijo Lux sonriendo.

- Tú me pones así –se justificó, Darius era un niño.

- Prefiero que la dejes salir, si el médico dijo que no está en condiciones de seguir dentro, podrías ayudarla un poco. Recuerda que lo que pasó fue un accidente, la perdono y… no necesitas preocuparte porque me haga daño –se acurrucó entre sus brazos.

- Bien, la recomendaré con el juez pero no quiero que te acerques a ella.

- Ella no es violenta con sus amigos, te repito que fue un accidente, no lleves más allá este asunto. Ayúdala al salir.

- ¿Cuándo cambiarás? Tu amabilidad terminará matándote, cariño. Por favor no sigas haciéndolo –le pidió dulcemente.

- No eres quien para pedirme esas cosas –acarició el rostro de su esposo, consciente de que sus palabras, a pesar de tener tintes bromistas, eran una realidad latente.

Él lo veía como debilidad, ella consideraba la compasión una fortaleza, porque la crueldad es un camino espinoso lleno de retos que te quitan tu humanidad. A pesar de no discutir de ello el conflicto estaba oculto, invisible prácticamente.

Al desear tanto la felicidad, ellos prefieren ignorar una verdad.

Un amanecer casi la saluda, ni un rayo de luz toca su piel pero puede sentir algo, el dolor recorrerle, la habían apaleado como a un animal, su piel clara como un bello durazno… ahora negra, obscura de tanto sufrimiento, mira al cielo, gotas de agua llegan a su reseca boca, mira a su alrededor aterrorizada, no hay nadie, sólo los animales que por gracia no la han devorado en ese bosque.

- "¿Hola?" –intentó comunicarse con sus ondas psíquicas, nadie… un silencio.

Movió su cuerpo y gimió sin poder cargar con tanto pesar, sus piernas, sus brazos, su rostro con el lado derecho de su ojo completamente hinchado.

- "Debo decirle, debo… ayudar-lo" –pedía con un ansia inmersa en terror.

Días antes, Sona fue descubierta haciendo algo que Darius consideró suficiente como para encerrarla en su calabozo, enviando al Comandante Fraktal a ello. Quién imaginaría que ese hombre la lastimaría hasta el punto de creerla muerta para abandonarla a su suerte en un bosque lleno de depredadores, siendo ellos los designados para destruir cualquier evidencia.

¿Odio? Ese odio no era normal, cada golpe, cada cachetada parecía agradarle, satisfacerle… y a pesar de no creer despertar otra vez, ahí estaba, ¿por qué? Desde el momento en que él le dijo la verdad no pudo abandonar su cuerpo. Su alma lloraba imaginando el destino del único capaz de enfrentarse a la misma muerte por ella.

Fraktal no sólo se burló de sus ideales, sino del destino de Draven y cuando le quitasen la piel, literalmente, la compraría para usarla y seguir maltratándola hasta la muerte. Iba a lastimarla emocionalmente, la enfrentaría a una realidad en la que aquel noxiano iba a ser asesinado como el peor criminal.

No quería y no iba a permitirlo pero el abuso de este hombre se volvió más brutal y cuando menos lo imaginó se desmayó, su respiración era tan leve que ni si quiera el médico pudo detectar los latidos de aquel débil corazón.

Y fue cuando llegó a ese lugar, se levantó casi a rastras acomodó su cabellera cortada, sí, también lo hizo, quería quebrarla pero no lo lograba hasta descubrir su apreciación por el "Ejecutor" noxiano.

Cuando se sintió con más fuerza, encontró un claro de luz, usó su habilidad para traer a los niños de una aldea, los mismos se asustaron al verla pero ella los calmó hablándoles telepáticamente. La ayudaron guiándola a la ciudad más cercana, unos campesinos le dieron algo de comida, ropa para ese ambiente helado y llamaron al agente de la artista en la ciudad más cercana.

La sorpresa fue inmediata, el agente estaba a punto de llorar por verla en ese estado, le pidió acudir a la justicia noxiana para encarcelar a sus torturadores (o torturador) pero Sona negó con la cabeza rotundamente. En su lugar pidió un transporte, necesitaba confirmar lo que Fraktal le dijo, si… Draven estaba vivo todavía, ¡necesitaba ayudarlo!

Conocía de Reskiba, el lugar donde los peores criminales eran recluidos, incluso fuera de Noxus era conocido como el palacio de la muerte. Todo lo que Fraktal dijo, despellejamiento, tortura, cercenamiento de piernas, brazos o remoción de órganos (con criminales aún vivos) era una verdad oculta para los altos mandos pero legal en el interior.

Con tanto horror en su interior por Draven no pensaba en sí misma, como si una fuerza fuera de este mundo la poseyera, ¿quién era? ¿De qué era capaz? ¿De dónde salió esta voluntad férrea?

"Así que tú sientes algo por él. Ni si quiera me cabe en la cabeza que alguien pueda 'querer' a esa basura"

Resonó aquella frase en su interior, sí… quería a Draven, lo quería sano, feliz y completo. Lloró, así de simple, sólo lloró.

En su vida había visto tanta gente, muchos interesados en su arte, en lo que era capaz de hacer, a veces tal vez en su cuerpo, belicosos que buscaban tenerla como un trofeo, personas buscando algo en ella que nunca daría por dinero y menos por fama.

Draven era natural, no quería nada de ella, la salvó sin conocer una pizca de su poder, de su fama, de su… ser y lo apreciaba. Sabía perfectamente que él dio su vida porque intentaba morir pero, él no se dejó matar, así que… en algún punto, a sus intenciones suicidas le saltó la idea de que no podía morir indignamente. Él era lo que nadie nunca fue.

- Señorita –le compadeció aquel agente que la acompañaba entregándole un pañuelo.

Las lágrimas de Sona surcaban su marcado rostro, era imposible limpiarse debido al dolor, así que las dejaba secar con el viento que entraba por la ventanilla del carruaje al que se subió para ir en busca de alguien que pudiera darle más que una mano.

Y sobre todo… iba a desenmascarar a quienes enviaron a Draven a una desgraciada suerte.

- Darius –dijo Lux sentada al borde de la cama.

Su marido recogía la ropa que podía en una maleta, lo hacía con calma, esto era tan normal antes, vivir para sí mismo o por alguien más. Cuando su hermano era un niño y él un "adulto" responsable, doblando ropa… qué cotidiano.

- ¿Qué pasa? –preguntó él sin verla.

- Lo haré yo, sólo dame unos minutos –se acarició el vientre- tuve un pequeño dolor pero pasará, no tienes que armar la maleta por mí. Es extraño.

- ¿Crees que no lo haría bien? –se volteó a ella con una mueca divertida, fingía indignación.

- Lo haces tan bien que no podré evitar que sigas haciéndolo.

- Ya tendrás más oportunidades, este no será el único viaje –volvió a lo suyo.

Terminando aquello quiso organizar la salida contratando un servicio de carruajes, sería más grato para Lux, estaría cómoda durante todo el viaje. Ir en otros medios de transporte sería problemático, el estrés de lidiar con otras personas lo consumiría.

- Señor –lo interrumpió un soldado.

Lo encontró en el pasillo, iba a pasar o delegar lo que fuera a decirle pero no pudo ignorarlo al ser mencionada una visita inesperada.

- Esa mujer…

No recordaba a Sona, su cabeza dio vueltas sin saber la tormenta que traía la artista. Pensó por un segundo lo que podría venir a comunicarle, si quería hablar con su esposa simplemente la ignoraría. Precisamente hoy viajaban lejos de Noxus por un tiempo, querían pasar tiempo a solas para reparar todo el daño causado por Swain pero esto…

Dobló sus mangas hasta su codo y respirando hondo fijó su vista al frente, la iba a echar. Ella no tenía el derecho de quejarse, lo que hizo fue imperdonable, ayudar a Draven a robar a su esposa, era una conspiradora que no valía una pizca de la amabilidad que le brindó al salvar a Lux de la muerte. Bastante piadoso fue al no mandarla a matar.

Llegó hasta el portón y se encontró con una sorpresa, la golpeada cara de la muchacha, con la ropa rasgada le daba una idea de la ferocidad de su antiguo aliado. Suspiró. Fraktal había aprovechado toda la confusión para satisfacer sus bajos instintos. Darius lo sabía… sabía que él era un bastardo sádico pero nunca imaginó que arriesgaría tanto por darse el placer de lastimar a esta mujer.

- Ya veo –dijo deteniéndose a una distancia corta de Sona.

La joven miró desde el primer momento al comandante, no quitaba su vista de él, necesitaba inspeccionar sus razones, ¿sentiría culpa? No, no lo hacía, podía saberlo porque no bajó la mirada, es más, la veía como un cazador, uno cruel, fue cuando su cuerpo se movió por sí mismo al tenerlo más cerca.

La cachetada que llegó al rostro del noxiano resonó en medio de la penumbra, Darius ni si quiera giró el rostro y no era porque no hubiera sentido tal golpe, lo sintió… le dolió pero quizás fue más algo interno, en su alma. Finalmente alguien le reclamaba sus pecados, lo merecía.

Miró otra vez el rostro golpeado de la joven, la misma lloraba a mares, desesperada, ahogada en sufrimiento, no por su propio dolor sino por ser testigo del dolor que había causado a su propia sangre. Cometió un delito y no era capaz de echarla, no como lo imaginaba momentos antes de llegar, ¿por qué? Se preguntó, ¿por qué ella mostraba tanto por alguien como Draven?

- "¡Tu…!" –se comunicó telepáticamente, no pidió permiso, su furia le impedía recordar su delicadeza- "¡¿cómo pudiste?! Él confiaba en ti" –su cuerpo tembló.

La veía tiritar como si no hubiera un mañana, quería cerrar los ojos e ignorarla mas su sufrimiento se lo impedía, lo obligaba a mantener la mirada en aquella víctima. Su hermano había dejado un corazón roto, alguien que sin importara lo que hiciera lo extrañaría, hubiera sido mejor volver atrás y no abandonarlo para morir pero era tarde, en ese momento quizás ya no existía.

- "¿Vas a dejarlo ahí?" –susurró adolorida.

Calculaba una respuesta pero estaba seguro de que ninguna llegaría a satisfacer las ansias de esta mujer en busca de justicia.

- "¡CONTESTA!" –airada lo golpeó con una onda de magia.

Eso sí lo lastimó, encogió un poco su costado, sus heridas nunca curarían de este modo, pensó hasta detener el siguiente golpe de la peliazul. Le apretó la mano más fuerte de lo usual sin darse cuenta.

- "Eres un bárbaro, nada va a conmoverte, ni si quiera que te pida que lo saques de ahí. Pues si así vamos a hacerlo, si no lo sacas le diré la verdad a la única persona que te importa" –amenazó y Darius la soltó de golpe empujándola levemente para atrás.

- Llegas a mi casa, atraviesas el portón de la Mano de Noxus, me amenazas, golpeas y encima de todo te inmiscuyes en asuntos que no te importan. Cuida tus acciones –amenazó ferozmente.

- "No lo haré" –se retrajo con miedo naturalmente pero su voluntad era más fuerte- "él no merece esto".

- "¿Crees que violar a mi mujer e intentar quitármela es poco?" –contestó en su pensamiento el noxiano.

- "Él hizo todo para salvarla, lo vi en su mente, leí… la mente de Lux también, no había salida. Las cosas pudieron ser peor para ambos. Luego de lo que hizo… él iba a suicidarse, no era una broma o una actuación, luego y antes de hacerlo. ¡No eres capaz de ver la situación completa! Tienes la mente cerrada" –contestó Sona revelando algunos secretos de aquel tórrido evento.

- Hubiera sido mejor que lo hiciera –sentenció sin pensarlo dos veces.

Con indignación Sona abrió la boca haciéndose para atrás, entonces pensó en cómo alguien como él podía ser amado y amar a alguien, ¿cómo podía ser tan cruel con su propio hermano? ¿Cómo podía ella sentir más empatía que él?

Pero a los pocos segundos la expresión de Darius mostró arrepentimiento por lo dicho, bajó la mirada y giró su cuerpo hacia la salida.

- Por favor, márchate o llamaré a los soldados.

- "No me iré hasta que me digas que lo liberarás" –dijo sin moverse de su lugar.

- Las raíces consumirán tu juventud entonces –dejaba el lugar hasta que Sona fue acercándose a él, Darius volteó y viendo la determinación de la misma se agachó hasta tenerla cerca- si Lux se entera, veré que mi hermano sea ejecutado por sus crímenes, así que no presiones su suerte.

Se calmó, inhaló mientras cerraba los ojos y luego exhaló para abrirlos nuevamente, comenzó a correr delante del noxiano, no podía detenerla pero corrió para intentarlo mas fue detenido por otra de sus habilidades, una que lo había paralizado por unos cruciales segundos.

Corrió y corrió hasta llegar a la habitación de su amiga, la rubia volteó sorprendida al mismo tiempo que asustada, Sona… estaba golpeada, varios moretones delataban el suplicio que quizás fue.

- ¿Qué te pasó? –corrió hacia ella y la abrazó con cuidado para luego verla de pies a cabeza.

Al recuperar su movilidad, Darius corrió lo más rápido que pudo pero al no alcanzarla en su camino habló con la artista, ¡qué estúpido fue amenazarla!

- "No lo hagas, te lo pido. No le quites la poca felicidad que tiene"

- "¿A costa de la sangre de tu hermano? Debiste pensar en eso antes de amenazarme, ¡bárbaro!"

Sus ojos llorosos no pudieron contener tal sufrimiento y lo dijo.

- "Pregúntale a tu esposo" –nada más, no iba a decir nada más. Darius debería explicarle por qué Sona estaba herida.

No hablaría de Draven, no iba a decirlo por ahora pero su esposo iba a responder por su sufrimiento.

- Te dije que te fueras –sus dientes rechinaban.

Darius la tomó por el brazo y Sona se encogió de dolor nuevamente, su cuerpo así de pequeño guardaba aún el dolor de su sufrimiento, al menos tenía la suerte de seguir en una pieza.

- ¡Déjala! Y contéstame –dijo Lux frunciendo el ceño e interponiéndose entre ellos.

- ¿Qué? –levantó la mirada haciéndose para atrás.

- ¿Qué le pasó a Sona? –preguntó articulando cada palabra poderosamente.

- … -tragó saliva.

- ¿Vas a decirme?

- Yo…

- ¿Qué? No… me vas a decir que estás en esto, ¿tú… tienes algo que ver con sus heridas? –señaló a la joven peliazul.

- No te mentiré. No fui yo y tampoco lo ordené, fue Fraktal bajo su propio deseo. Cuando sitió el castillo le dio una paliza a tu amiga…

- ¿No hay nada que quieras decirme? –preguntó temerosa.

- Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido por nosotros, no me odies –susurró lo último con algo de sufrimiento.

- ¿Qué quieres decir? –cambió su posición a una de defensa, abrazando instintivamente su vientre.

- Que… tu amiga me culpa de algo que no hice –acercó sus manos para intentar toca a Lux, la misma no rechazaba el acercamiento.

- "¡Dile! Dile que… dejaste en la cárcel a tu hermano para morir, ¡no mientas más! Eres de lo peor, ni si quiera cuando tienes la oportunidad eres capaz de admitirlo" –reclamó Sona comunicándose en la mente de ambos.

De pronto un mareo llegó, Sona sostuvo a Lux cuando se balanceaba, Darius reaccionó inmediatamente intentando ayudarla pero la rubia apartó sus manos violentamente.

- No me toques… -susurró.

- ¿Qué haces escuchando esto? Deberías reposar. Yo sacaré a esta mujer de aquí para que lo hagas.

- Apártate de ella –extendió su mano y Sona ayudó a Lux a sentarse en la cama. Se mantuvo en silencio por un par de minutos rebuscando la razón de esta revelación- lo sabes –concluyó.

Su esposo asintió con tristeza al tiempo que se encorvaba, la verdad le estaba cortando el alma.

- Él y tú consumaron ese matrimonio, te violó delante de cientos de personas para el deleite de un pervertido. Te engañó haciéndote creer que fue algo inevitable y yo tomé la ley en mis manos –confesó arrepentido.

- Haces que suene como si fueras el héroe pero yo permití que lo hiciera, yo… me entregué a él, cometí un error y no te lo dije. Cuando sucedió nuestro bebé era lo único que me quedaba de ti, yo decidí quedarme, yo decidí actuar como su esposa y yo…

- ¡Lo entiendo todo pero él no cometió un error, él lo hizo a propósito! –gritó esperando que comprendiera- la semilla de la oscuridad no florece en la voluntad de quien no tiene en mente realizar algo así. Lo sé porque Swain también introdujo una en mi corazón para matarte y desatar una próxima guerra.

- ¿Qué?

Abrió su boca sin poder decir algo más, ¿era cierto entonces? ¿Draven le había mentido todo ese tiempo con una finalidad tan cruel? No, él no era tan inteligente como para elaborar un plan así, no era una ofensa pero aquel apasionado hombre no sería capaz de pensar fríamente en un plan para lastimar a su hermano.

Giró su rostro a Sona, ella sólo expresaba dolor, su bello rostro le contaba una historia distinta, no era posible que una mujer tan virtuosa llorara por un completo bastardo. Leyó su mente también y era capaz de deducir si Draven era un farsante o no.

Tomó con delicadeza la mano de su amiga, la apretó levemente esperando una respuesta a todas sus interrogantes.

- "Él no pudo evitarlo, lo sé porque leí su mente cuando vino a visitarte" – decía mientras negaba con la cabeza instintivamente.

- ¿Ibas a llevarnos lejos para hacer todo esto y que no me enterara? –preguntó Lux sin voltear a ver a Darius.

- No, yo quería que viviéramos sin la intervención de nadie. Que tuvieras un embarazo tranquilo a mi lado, como lo prometí… fui sincero.

- Sólo en eso.

- Swain me introdujo una semilla luego de conocerte para matarte pero se destruyó sola porque mis intenciones no eran lastimarte de ninguna manera.

- Sin embargo lo hiciste, ¿no?

Los próximos minutos fueron interminables porque el silencio que en ocasiones era tenso ahora podía cortar en pedazos al comandante, él sólo quería mantenerse estoico pero iba a perder la cabeza. Veía como la perdía con cada respiración suya, en algún momento pensó en dejar de hacerlo pero era una tontería. Con ella no podía fingir, ni levantar la cabeza, se avergonzaba de lo que había hecho.

- Darius –lo llamó casi con voz susurrante y él contestó al instante, de alguna manera esperanzado- necesito estar sola. Cierra la puerta y espérame abajo.

¿Qué haría? Cerró los ojos al caminar y suspiró otra vez, parecía tener sudor frío recorriéndole la frente, pensaba en las posibilidades, si le había dicho que lo esperara de seguro era porque no estaba tan molesta como para tomar una determinación fatal o había posibilidades de estar bien si… dejaba salir a Draven, no, eso no iba a hacerlo.

Cualquier crimen que haya cometido debía pagarlo, no le importaba si Lux lo perdonaba o lo veía como si fuera una especie de salvador por hacerle lo que le hizo a costa de todo lo que representaba su amor. Sí, también estaba enojado con ella pero… justo cuando quería reclamarle recordaba que era una víctima de su propio mundo.

Él era un hombre de ideales, lo veía todo blanco o negro, no había un área gris en la cual fueran permitidas las acciones de su hermano. Había demasiada agua como para no ahogarse, lo salvó en muchas ocasiones, su hermano gozaba quitándole las esposas a otros, no era un hobbie precisamente pero parecía ser una mala maña que nunca corrigió.

Sólo cuando le afectó a él es que supo la magnitud de sus delitos, entendía el odio de Fraktal y el de muchos otros… porque ahora era el protagonista de su propia tragedia, la única persona que representaba un apoyo también podía quitarle lo único que le importaba en ese instante.

- Ya lo decidí… -dijo Lux, sus ojos antes brillantes y con candor ahora apagados y enrojecidos por las lágrimas que quizás derramó.

Darius se levantó del sillón en el cual esperaba a su amada, la miró y esperó que ella sonriera un poco aunque sea, que le pidiera irse de toda esa pesadilla, que abandonara la idea de castigar a Draven y se fueran juntos. Eso sí lo aprobaría.

- Saca a Draven de Reskiba. Si vas a tenerlo ahí a causa mía, te pido que lo saques porque no puedo vivir con la idea de que paga por algo que yo hice.

- Eres una víctima, no hiciste nada.

- Él también lo es –dijo firmemente la rubia- cuando sucedió… -bajó la mirada avergonzada, hablaba del momento en que tuvieron sexo- él lloraba sobre mí, aún puedo sentir el sabor salado de aquellas lágrimas… -hablaba como si estuviera en su propio mundo- así que perdóname si le creo a él –entrelazó sus dedos nerviosamente- te pido que lo saques de ahí, por el amor que me dices tener y el que deberías guardar todavía por tu hermano, hazlo.

- No sabes lo que dices –refunfuñó molesto con la idea.

- Si te niegas me iré de aquí y no volveremos a vernos.

- ¿En serio? –preguntó sin creerlo.

- Así es –contestó segura.

- ¿Todo esto lo pensaste sola? –dijo dudoso mientras echaba una mirada furiosa a Sona, la cual se escondía tras un muro por instrucciones de Lux.

- No voy a repetirte esto, saca a tu hermano de ese lugar o me iré.

- ¿Cómo puedes decir eso? Ese idiota no merece nada de ti, estuviste a punto de perder a nuestro hijo, te atacaron incluso luego de eso y ahora te rindes a su voluntad.

- No hay voluntades que satisfacer, sólo quiero hacer algo bien.

- Si de mí depende, él no saldrá de la cárcel para hacerte lo mismo –concluyó con una extraña y pasiva ira dentro.

- Bien… -bajó la mirada, caminó por el pasillo hasta encontrarse con Sona, la cual salía con un par de maletas.

Los ojos de Darius se abrieron como platos, rápidamente fue hasta la peliazul, le quitó las maletas y las apartó del lado de su dueña, no iba a darle nada porque no permitiría que se fuera.

- Devuelve eso.

- Ahora me dices que te irás, las maletas son para irnos ambos, no sólo tú. Dices todas esas tonterías para… abandonar nuestro amor –soltó las maletas para acercarse a una Lux que no quería mirarlo- ¿tanto así vale Draven para ti?

- No lo entiendes… -susurró Lux- y no espero que lo hagas –luchaba por apartarse de su agarre- ¡basta! –dijo duramente mientras se apartaba finalmente de él- por favor… no me pidas elegir entre nuestro amor y hacer lo correcto.

- ¿Crees que te dejaré ir con eso? –las comisuras de sus labios se mostraban felices por poder impedírselo.

- Tú no eres mi marido, no puedes impedirme que me vaya a donde quiera –dijo Lux dejando de piedra a Darius, el cual no creía ni si quiera lo que escuchaba.

- L-Lo soy –titubeó inmóvil en su postura.

- Pasé mucho tiempo aquí, leí bastante y me complazco de decir que he sido capaz de terminar todos los tomos de derecho noxiano. Mi matrimonio fue consumado, tengo de testigo a Sona y Vi. Así que si quisiera irme al rincón del mundo, lo haría y no necesitaría romper el acuerdo de paz con mi nación. Si pudieras pensar mejor, sabrías que necesitas del consentimiento de Draven para separarnos oficialmente, además el contrato matrimonial menciona que todos los hijos nacidos bajo este matrimonio tienen los derechos de cualquier ciudadano noxiano de primera clase. Puedo disponer de una de las casas fuera de este castillo y congelar las cuentas de mi esposo mientras permanece en la cárcel.

Volvía al mismo estado de no creer nada de lo que escuchaba, cerraba los ojos y los abría al instante para no perder de vista la mirada fruncida de su esposa… de su… amor. Nadie le había lucido más decidida que ella, esa mujer parecía enojada, quizás por sus mentiras, quizás por el sufrimiento de un amigo en la peor situación o quizás porque permitió que Sona fuera lastimada de esa manera.

Así era su furia, fría, calculadora, estremecedoramente despectiva, no había ni una lágrima en su rostro y muy aparte de su voz, sus acciones gritaban más fuerte que cualquier otra cosa.

- ¿Lo tenías todo planeado? –preguntó molesto.

No, era un plan, era su ágil mente que buscaba una manera de protegerse, él la había lastimado con sus acciones y ella a pesar de que luego se arrepentiría, quería lastimarlo.

- Pudiste hablar conmigo y resolverlo, en cambio hiciste "justicia" a tu voluntad, increíble que hayas pensado que podías vivir mintiéndome. Creí que éramos distintos, que podíamos escuchar la voz de nuestra voluntad sin herirnos. Nuestro lazo, cuando te conocí, era intenso, a tu lado… parecía ser todo tan transparente como una casa de cristal…

- Nunca fui como el cristal. Era distinto, te escuchaba a la distancia y me fascinaba de cada sombra tuya que descubría, no sabes lo que me costó admitir que podía estar secretamente enamorado de alguien que no era de mi condición… pero siempre pensé que con aquella brillante cabeza serías capaz de entenderlo y sobretodo que no intentarías cambiarme.

- ¿Cambiarte? La única que ha luchado para adaptarme he sido yo, entonces creías que yo debía hacer todo a tu manera… ya veo en donde fallamos.

- He dado muchas cosas por nosotros, no menosprecies mi sacrificio.

- ¿¡Sacrificio!? –dijo casi en grito la rubia-. Desde que llegué sólo han intentado matarme o lastimarme e incluso venderme entre ustedes, ¿ahora soy yo la que no ha sacrificado cosas? Eres injusto.

- "…ustedes" –señaló con el gesto de comillas con sus manos- interesante.

- No me mires así –puso un paso delante suyo amenazante- estoy cansada de pelear, haz lo que quieras, sacaré yo misma a Draven.

- Suerte –agregó irónico Darius.

Apretó los puños mientras su amado de cabellera castaña la rodeaba para dejarla ahí, arrastró un poco las maletas y a los segundos las tiró al piso, como si quiera librarse del asunto. En realidad lucía como un berrinche pero él nunca lo admitiría.

- Si tanto lo quieres por qué no te quedas a su lado.

- Quizá lo haga –respondió Lux furiosa.

- Esta bien, sacaré a Draven para que seas inmensamente feliz –refunfuñó Darius acercando su rostro al de Lux, estaba algo rojo por la rabia.

- Quizás lo sea –respondió en otro refunfuño la rubia frunciendo al máximo su ceño sin quitarle la vista de encima al noxiano.

Al cabo de unos segundos comenzaron a ablandar sus miradas, el rojo del rostro de ambos comenzaba a subir aún más su temperatura y ya no tanto por la rabia, deseaban terminar la discusión pero ni Lux perdonaría a Darius, ni Darius aceptaría el perdón de Lux para Draven. Lo odiaba y quería apalearlo aún más, tal vez si lo sacaba podría vengarse como debía y no dejándolo morir en un rincón olvidado.

Giraron sobre sus talones y se dieron la espalda.

- Quédate con el castillo, con mi hermano, con mi dinero, no me importa. Cuando ese estúpido vuelva a lastimarte, no digas que no te lo advertí. Crees que eres importante para él, que hizo todo para salvarte, lo tachas de héroe pero no lo conoces como yo.

- Estás siendo cruel conmigo, con tu hermano y contigo mismo –bajó la cabeza, esperaba pensar en una mejor manera de no seguir en esta lucha.

- Creo que dijimos todo lo que debíamos. Estoy consciente de que no puedes ser mi esposa si no respetas tu cuerpo, nuestro hijo o nuestro amor. Y no lo digo porque me amenaces, si fueras otra persona, la historia sería distinta, lo sabes porque no podría tocar un pelo tuyo aunque quisiera, no pude matar a mi hermano a pesar de que te hizo tantas cosas, yo te respeto y por esa misma razón reduje a mi hermano como el criminal que era… pero tú no lo estás haciendo, tienes una falsa seguridad de que nada más podría dañarte pero hay mucho en este mundo que lo hará. No sólo aquí y verdaderamente no sólo yo pero… antes de que se acabara, lo acabaste tú al decirme que no tengo ningún derecho, así que… el que se va soy yo.

- ¿Qué? –volteó a él rápidamente, lo miraba asustada.

Ignoró aquellos ojos, los cuales se humedecían con las lágrimas del abandono que ahogaba su espíritu pero tan pronto le dio la espalda sintió la necesidad de decirle que no era cierto, quería echarse a sus pies, pedirle que olviden a Draven, que vivan sus vidas como si nada hubiera existido más que su cariño. Cada respiración la sentía como una helada brisa, un escalofrío se dejó llegar al dar los primeros pasos hacia la puerta, la rubia no dijo nada, tan sólo veía con el corazón apretujado, ella también sentía este dolor de un "adiós" tan precipitado.

- … -tragó saliva- Darius, no –le pidió con la voz quebrada.

Se detuvo y por un segundo creyó voltear hacia ella para tomarla entre sus brazos pero no podía ignorar el hecho de que desde hace mucho tiempo ninguno de los dos estaba siendo feliz con tanto sufrimiento, amaba a Lux por su fortaleza pero odiaba la falta de estima que olía en sus actitudes. Un hombre llega y la toma por la fuerza, ¿qué hace ella? Lo perdona, lucha por sacarlo de su encierro, uno bien merecido y… se enfrenta a la única persona que la quiere hacer feliz. Esa sensación a traición le evoca el rechazo.

- Te lo estoy pidiendo, por favor piensa en esto, no puedes lastimarlo a él porque no puedes lastimarme a mí. Estás enojado con los dos pero no va a pagar alguien que intento salvarme por mis errores. No tienes toda la verdad en tus manos, no puedes tomar la justicia para hacerte bien, a la larga no será lo mejor, envenenas nuestro futuro. No te pido que traigas a Draven para que sea mi esposo, te lo pido para que estemos en paz, si no quieres que lo veamos, no lo haremos pero juntos…

Escuchaba pero las palabras eran vacías, tanto como sus ganas de volver a la lucha diaria.4

- No te estoy abandonando pero si cruzas esa puerta… si lo haces… -decía con el inevitable llanto rompiendo su corazón.

- Tal vez nos apresuramos en todo. Me dijiste que no te obligara a elegir entre hacer el bien y nuestro amor, yo he elegido nuestro amor siempre y nunca ha resultado, ¿por qué ibas a ser la diferencia tú? –le dio la espalda y avanzó hasta la salida como si de un robot se tratara.

Acarició la tosca madera de la puerta y con el impulso de su corazón herido la empujó. Ella tenía razón, pensó Darius, no podían vivir su vida eligiendo su amor, tal vez era hora de cambiar, quizás… debía hacer el bien, por una vez… el bien por ella.


Fin de Episodio 46