Buenos días a todos, espero que estén todos bien, pasaba por aquí a dejar un nuevo episodio. Antes de seguir quisiera mencionar que la actualización tendrá una nueva modalidad, lo primero es que se actualizará este mes sí se alcanza el número de reviews requeridas (actualmente estamos al 194, la meta es 244). Si del 3 al 5 de Noviembre no llega a esa meta, la actualización se retrasa hasta que se alcance el próximo mes.

Ojo, no se toman en cuenta los comentarios spam que comentan palabra por palabra. Valen comentarios que tengan contenido, que hablen de la pareja, de la trama, de la historia, del episodio, de los personajes, teorías acerca de los personajes, etc., no vale repetir algo. Si tienen alguna sugerencia pueden pasar a mi página de Facebook /StarlingShadow

Eso es todo, gracias por su atención, disfruten del episodio y que tengan un excelente día

Ps. Actualizaciones normales del episodio 48, el próximo mes en mi patre0n ;)


w w w . pa t re 0 n . c 0 m /OnlyStarling


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 47 – Pedazos Rotos


x

xx

xxx

¿Qué significa este silencio? Un eco que casi le arrebata el aliento, son pisadas, las propias, se detiene viendo a la nada, exacto, un vacío frente a ella, estira sus manos esperando que él las tome pero no puede, nadie puede hacerlo.

Quiere pronunciar su nombre, cada letra está atrapada, sólo balbucea, el sonido le ha sido arrebatado en un acto brutal, sus ojos… los cuales parecían no poder humedecerse por este estruendoso dolor comienzan a soltar mares de lágrimas y entonces un pequeño grito escapa de su interior.

Agoniza.

Sona corre hacia ella para consolarla, evitar que caiga porque Lux se balancea peligrosamente, no puede sostenerse.

Cualquiera puede juzgarla, decir que no era para tanto y tendrían razón pero ¿a qué se compara perder un amor? ¿Acaso puede razonar con su sufrimiento? Decirle "Para, por favor, para" y así la simpleza invadirá su ser para darle una paz jamás imaginada. No, no era así.

Y entonces su corazón se partió, no el de ella, no, su corazón latía presuroso y sufriendo todavía, el de su amado… Darius se desvanece, no entiende, está desorientado, sale del castillo y no puede más, cae de espaldas al piso, sus heridas abiertas no le causan tanto dolor como el que intenta evitar, el que como mil agujas atraviesan su corazón. Respira y no cree que lo está logrando, es como si estuviera en un sueño, todo parece mentira, irreal o incluso falso.

Posa su mano sobre su propio pecho y con la otra se apoya para levantarse, el suelo es su compañero, lo invita a quedarse ahí como un ancla hasta que su amada lo busque, no está lejos, está a unos cuantos metros, sólo tiene que salir… encontrarlo ahí, miserable y sin esperanza.

Yace entonces un par de lunas más por Noxus, son rojas y anuncian un abismo sangriento, quizás ha pasado pero las heridas se mantienen abiertas. Dos corazones parten en direcciones distintas.

- "¿Lo superaré?" –Piensa ella acostada en su cama, no tiene fuerzas para su rutina- "Debería" –intentaba convencerse.

Quería un amor, fue muy ignorante al pensar que eso cubriría todas las deficiencias culturales, "el entendimiento llegará" decía a cada paso que daba, dejando escalar aquel querer que por el noxiano cultivó. Una luz no era suficiente para sellar su felicidad, parecía que aquel claro se asfixiaba en dolor, lo necesitaba…

Son apenas 2 días de su ausencia y se siente como si hubieran pasado más de una eternidad, no puede contener su hastío, vergüenza, derrota, quién iba a imaginar que Luxanna, una gran dama demaciana perdería, no sólo su historia de vida, sus planes, sus deseos por un impulso, ¿podía evitarlo? Recordaba no poder imaginarse en los brazos de otro, con los labios de otro, con el amor de otro y no, no era un capricho, llamarle capricho a esta lucha llena de obstáculos no le rendía suficiente honor.

Necesita que vuelva, que la abrace, que le de aquel calor que al irse le robó, abraza sus cobijas y no puede hacer más que soltar en llanto, otra vez.

Sona toma su mano e intenta consolarla de nuevo, pero falla, ni si quiera su música puede calmar a la mujer que ahí yace dispuesta a morir, olvidando todo, incluso a su criatura.

Katarina ha ido a visitarla, no es casualidad, al no estar Draven, ni Darius, Lux iba a necesitar más de una persona en esos momentos de dificultad, ya sea para cuidar del castillo, así como para ocuparse de los soldados de la unidad noxiana que fueron asignados a su seguridad.

- ¿Por qué?

Pregunta Katarina a Sona porque Lux hace mucho que había dejado de contestarle a cualquiera, era un shock emocional. Una mujer tan virtuosa, siempre pretendida, nunca sola, siempre amada… ahora abandonada, eso era un pesar sobre su propia psique, una vida de grandiosidad reducida a "eso".

- Lux, háblame –pidió la pelirroja posando su mano sobre el hombro de la rubia, la agitaba levemente-. ¿Qué pasó? –vio hacia Sona, la misma se concentró.

- "Darius se fue" –dijo con molestia en su mirada.

- No parece que fuera importante –sugirió.

- "La dejó. Se rindió. Dijo que fuera feliz con Draven. No soportó que ella lo perdonara por lo que pasó" –contó un tanto afligida, todavía pensaba en el prisionero.

Volteó entonces a Lux, la agitó un poco más, odiaba decirlo pero no estaba actuando de acuerdo a su temple, ¿se iba a dejar morir por un imbécil que la abandonó? No podía hacerlo, no iba a dejarla hacerlo pero por más que intentaba Lux no decía nada, no miraba a nada en específico, sólo se acurrucaba a llorar.

Le habló de su hijo, de su familia, de su propio hermano pero nada la sacaba de ese estado, furiosa la noxiana se puso firme, miró sin dejar de fruncir el ceño la escena, estaba a punto de golpear a Lux mas se detuvo. Esto era culpa de quienes apoyaron esa relación.

Quizás… de algo que ella no conocía como el lazo que Janna creó para que Darius viviera, tal vez por ello la tristeza de ambos se incrementaba a niveles que nadie podría entender. Sus corazones se convirtieron en uno, por ello el dolor no pasaba como lo haría en una pareja normal, se amaban demasiado como para dejarse ir el uno al otro.

Darius por su parte actuaba como un robot, esa era su manera de lidiar con todo, era como si perdiera consciencia cada 5 minutos de lo que hacía, a veces la mirada se perdía pero la recuperaba para no dejarse notar con nadie que su ausencia era la ausencia misma de su razón para existir en ese lugar, en ese mundo, en ese… pedazo de infierno.

- Señor –interrumpió Dante expectante.

El noxiano volteó a ver al joven que con aquellos ojos azules sólo le recordaba sus penas y se encogió, como si quisiera ser más pequeño que la nada para así no enfrentar su realidad.

- ¿A qué viniste? Te dije que custodiaras el castillo –decía girando su rostro a otro lado.

- Sólo vine a informar de ello a la unidad. La señora Katarina me dio permiso –Dante había usado esa excusa porque estaba preocupado, por ambos, su madre en ese estado y su padre ahogado en penas, aquel rostro fuerte y viril ahora se notaba demacrado, sin color, con unas ojeras no típicas de un hombre saludable.

Iba a preguntar por ella al instante pero usó todas las fuerzas de su ser para contenerse, no quería cambiar de opinión, ella decidió su destino, él sólo dejó aquel camino libre. Después de todo está cansado de luchar contra todos, incluso contra los deseos de su propia mujer, la cual no sólo abandonó sino que hirió su orgullo.

¿Pero era lo suficientemente fuerte para alejarse?

- Vuelve al castillo pronto. Te relevo de tus deberes en la unidad, sólo… cuídala.

Dijo y se alejó, caminó lento al principio pero luego se dio prisa, como si necesitara llegar algún lugar, estando en su oficina, cerró la puerta, estaba calmado pero de pronto sintió un dolor en su corazón, apretó con su mano su pecho y con la otra se puso contra una pared en la oscuridad. No iba a resistir.

"No voy a intervenir" se repetía continuamente Dante divisando con peligro su futuro inminente, ¿y si le decía del estado de su madre? Tal vez eso haría que se reconciliaran, aunque un amor basado en el sufrimiento no era una meta. Bajó la cabeza, aquella furia que por tantos años lo encendía parecía haberse convertido gradualmente en una sincera pena hacia quienes lo engendraron. Las cosas nunca fueron en blanco y negro, eran como… una especie de historia sin predicción, una historia gris en la cual nadie podría diferenciar las acciones buenas de las malas.

Sin saberlo él caía en la misma filosofía que su padre, el cual difícilmente podría decir si lo que hizo su hermano era correcto o no, para él era imperdonable y ese era el punto final, nada justificaba la violencia hacia su esposa. Debió morir como un guerrero antes de fallarle, debió matarlo él mismo pero… no tenía la fuerza de manchar sus manos con su propia sangre.

Ahora tocaba liberarlo, ¿pero cómo lo haría? Nadie tenía esa capacidad de evadir la seguridad o de sacar un reo, si alguien entraba era para no salir.

Pero si de reos se hablaba podía decir que al menos uno sí se libró de aquel problema.

- Me alegra que estés bien –dijo Cait abrazando a Vi.

- Creo que les alegra más a ellos –señaló a algunos aterrorizados soldados noxianos dentro de la comisaría, quizás había soltado un puño o dos porque estaba irritada.

- Vamos a regresar –ordenó Cait.

- No puedo –sacudió su cabeza en negativa- hay algo que debo decirle a Draven, no puede esperar.

- ¿Todavía quieres hablar con él? ¿Acaso no recuerdas que te mandó al diablo y que estuvo a punto de matarte con esa mirada de loco? –decía algo irritada la piltoveriana.

- Cuando hable con él será distinto.

- Bueno, supongo que será algo difícil.

- ¿Por qué? –preguntó Vi.

- Me contaron que se metió en problemas con gente importante y terminó recluido.-

- ¿Qué?

- Él es un caso perdido, lo sabes. Hace mucho que lleva jugando con su suerte, y terminó en Reskiba.

Eso no podía ser cierto, Vi le dio la espalda y con enojo golpeó la pared. Esto no podía ser más que su culpa, ella deseó que él pagara por todo lo que le había hecho, mientras la pared se caía a pedazos y algunos soldados levantaban sus armas, ella se levantó contra ellos.

- ¿Van a atacar? -preguntó retando a todos en aquella comisaría noxiana.

- ¡¿Estás loca?! –Alzó la voz Cait, caminó hasta ponerse frente a ella y la miró a los ojos- si vas a arruinar tu vida por un arrebato, deberás pasar por mí antes.

- Quiero ir a Reskiba –susurró Vi- necesito hablar con Draven.

- No hay nada que sea tan urgente como para arruinar tu vida por un mensaje, no dejaré que lo hagas, baja los puños y ven conmigo.

- Cait, estoy embarazada –confesó en un susurró.

Entonces aquella intimidante mujer la miró aterrorizada, como si quisiera huir, no de ese lugar, o de los guardias o de la misma ciudad, quería huir de sí misma. No podía mantener sus pensamientos en un lugar, tan sólo estaba ida.

Todo lo sucedido, los arrebatos, el hambre, los antojos, su misma violencia inesperada eran producto de los cambios que su cuerpo estaba pasando. No recordaba haberse descuidado con Draven pero era el único con quien había estado y ese pequeño ser que crecía dentro no era producto de un milagro. Era suyo… debía ser suyo… ¡no había nadie más!

No tenía la intención de tenerlo o perjudicar las vidas de ambos, de hecho quería abortarlo pero necesitaba del apoyo del que fue su pareja, sabía muy bien que él la odiaba pero… siendo fiel a sí misma, necesitaba confesarle este secreto, que la apoyara, que la llevara al médico, que tomara su mano para terminar con esa ilusión y con aquella relación que nunca llegaría a nada.

- "No lo tendré" –pensó Vi desde el instante en que le dieron la noticia hasta el momento en que Cait la abrazó luego de aquella confesión.

La vida que tenía, los problemas que causaba, el dilema de existir en medio del crimen la llevaban a pensar que ese niño nunca tendría un buen modelo a seguir, nunca sería feliz, nunca contaría con su padre y menos con esta mujer que podría ser su madre.

No era egoísta ahorrarse el sufrimiento a un inocente, sólo que…

Recuerdos…

Estaba sola, sentada en una cama improvisada en aquella celda, miraba un pedazo de pan que tiró al piso, pensaba y pensaba…

- Se encuentra bien –le preguntó una voz.

- ¿Quién es? –no veía a nadie, ni en la comisaría, ni a su alrededor.

- Tome –dijo aquella voz, deslizando una bolsa de papel por una ventanilla casi oculta que daba hacia la calle. Era muy pequeña como para poder ver más que un plano directo a la salida.

Tomó entonces la bolsa de papel, la abrió y fijó su vista en una dona, ¿qué significaba esto? Se preguntó totalmente desprevenida.

- ¿Quieres envenenarme? –preguntó Vi.

- No me atrevería –confesó la misteriosa voz.

- ¿Crees que lo comeré? Debeser una broma, ¿te envió Draven? –preguntó mientras olisqueaba un poco aquella masa con crema y chispas de colores.

- Le juro que no tiene nada malo, vengo del castillo de la señora Crownguard pero ya debo irme.

- ¡Espera! –pidió Vi y daba un pequeño mordisco.

- ¿Dígame? –contestó.

- ¿Draven te envió? –preguntó Vi, sabía que no era así.

- Así es –contestó la voz al instante- tal vez hay cosas que deben decirse, tal vez… deberían tener una última conversación, quizás él debería saber de su decisión.

Había escuchado toda la plática que tuvo con el médico, ella ya se había planteado en quedar una fecha para un aborto.

- Fuera –ordenó Vi pero la persona de aquella voz permaneció- ¡fuera! –gritó una vez más tirando mitad de la dona al piso- a nadie debe importarle esto, es mi asunto –no estaba enojada, estaba aterrorizada.

Un extraño no iba a decirle cómo hacer su vida, cómo guiarse y sus razones para evitar esta tragedia en una criatura, sobretodo porque no podía imponerse ser madre, ni a Draven ser padre. Su estilo de vida… no le iba a dar lo suficiente.

- Sólo hable con él –dijo por último aquella voz y se desvaneció.

Fin de los recuerdos…

Por alguna razón se tranquilizó, después de todo esa dona no fue envenenada, seguía con vida y con un interesante ánimo por conversar con el progenitor de la tragedia con nombre.

No sabe que aún hay mucho más para descubrir en esto, secretos difíciles de ocultar por mucho más tiempo.

- "Creo que me entregaré" –pensó Darius, aún en su cuartel, quitándose su uniforme, se planteaba la única manera de ayudar a su hermano y dejarle el camino libre a Lux- "ahg" –pensó adolorido, de sólo imaginar la sonrisa de su amada por otro- "no la merece" –dijo con las manos sobre la mesa, apoyando su peso en la misma, fijo en la oscuridad.

Agita su cabeza hacia abajo, sus mechones caen sobre su rostro, no puede con esta desesperación, quiere acabar con el asunto pero no se imagina lejos de su esposa porque Lux lo es y siempre lo será.

Toc-Toc-Toc

Un sonido seco resonó, no tenía intenciones de voltear, abrir y hablar con quien fuera pero el golpeteo se volvió a oír para luego ser acompañado de una voz conocida.

- ¿Vas a responder? –dijo con voz amenazadora la pelirroja.

No contestó.

- Bueno, supongo que…

Pateó la puerta un par de veces con aquellas poderosas botas para entrar a tropezones, encontrándose a un noxiano encorvado sobre una mesa junto a su uniforme en la oscuridad.

- ¡Qué casualidad! –dijo Katarina fingiendo sorpresa mientras posaba su mano en su cintura de manera coqueta.

- Quiero estar solo –musitó serio.

- Deberías ocuparte de tu mujer, estoy harta de hacer tu trabajo –resopló con una calmada furia frunciendo el ceño.

- ¡Fuera de aquí! –le gritó arrojando su pechera de metal hacia ella.

Dando un salto la evadió, era demasiado ágil como para que un arranque de ira de Darius la pudiera dañar por sorpresa.

- ¿Quieres pelear? –preguntó desafiante.

- No tengo tiempo para nadie, te destrozaré si te quedas –amenazó mostrando sus débiles ojos a una sagaz Katarina.

- Pues destruyes las cosas muy bien, tu esposa es el ejemplo.

- Dile que sacaré a Draven pronto, así podrá re hacer su vida, que tenga paciencia –añadió evadiendo la mirada de su visitante.

- ¿Crees que es por él? –dijo Katarina casi molesta- ¿te estás dando cuenta de lo estúpido que eres?

- No necesito de tus reclamos, además este asunto no te concierne y te lo he dicho más de mil veces.

- Me concierne si implica llevarme a hacer cosas que no debo, como ocuparme de tu castillo, ordenar a los nuevos sirvientes, pedir los víveres y organizar a los nuevos soldados.

- ¿Por qué ella no se está haciendo cargo?

- Ven a ver –dijo la pelirroja casi segura de que podría cambiar su opinión.

- No puedo –giró su cuerpo hacia una pared, avergonzado de admitir su más grande error. Haberse ido.

- Mira, no se lo que pasó entre ustedes y no me importa, sinceramente. Lo que hago ahora es por Garen, él… yo le debo mucho –confesó- y me pidió sólo una cosa, que cuidara a su hermana pero no lo he hecho y por eso pasan estas cosas –tenía la razón- "si ella se muere, Garen nunca me lo perdonará" –pensó para sí- ven conmigo, sólo ahora. No te pediré más, ven a regular a los sirvientes, ordenar a tus soldados y ocuparte de los víveres, ni si quiera tienes que verla, sólo acompáñame.

No iba a decirle el estado en el que se encontraba Lux porque quería que viera por sí mismo, que tomara la decisión de cuidar de su esposa sin que interviniera su opinión, después de todo ellos eran un matrimonio, sin importar lo que dijeran los demás o lo que hubiera pasado con Draven.

Aceptando de mala gana, volvió a ponerse parte de su uniforme, no tenía intenciones de quedarse o de si quiera ver a Lux, iba a realizar los deberes que Katarina le había pedido, dejar al escuadrón encargado de la seguridad de Lux muy bien equipado y además pedir la comida necesaria para que vivieran tranquilamente hasta que su hermano se pudiera hacer cargo, como dueño de esa casa.

Tan pronto salieron de la unidad de Darius, Katarina lo subió a su transporte mecánico, tenía un buen carro traído exclusivamente desde Piltover, era lo último que su padre había dejado antes de desaparecer.

La ventanilla de cristal la abrió porque no soportaba el calor y menos estar en un mismo auto con Darius, su ánimo la ahogaría, no pasaron más de 20 minutos, en los cuales casi no cruzaron palabras. El noxiano miraba a través de la ventanilla sin interés, las luces en el horizonte, así como el color del fuego se estremecían ante la oscuridad, estar alrededor de la ciudad le parecía gratificante hasta que resolvió irse, ahora todo le traía malos recuerdos.

Estar en el piso por varios minutos, viendo el gris cielo, inmerso en arrepentimiento pero con deseos de volver a su hogar, eso significaba ese castillo. Conforme avanzaban los minutos su corazón palpitaba cada vez más rápido, la sensación de estar en el mismo lugar que su amada, tan sólo sentir su aroma en ese lugar le despertaba sensaciones inimaginables.

Katarina lo metió de un empujón dentro del castillo, cerrando las puertas tras él para que no cambiara de opinión. Luego lo guio dentro hasta que llegaron al pasillo en el que quedaba la habitación en donde Luxanna reposaba mientras se recuperaba.

- Iré por algunas facturas para que vayas a la ciudad, ya regreso –dijo Katarina dejándolo justo en medio de aquel lugar.

Miró a la izquierda y derecha para luego darse cuenta de que estaba solo, solo con la tentación, su cuerpo incapaz de girar hacia la puerta de Lux volteó al lado contrario.

Pero le ganaron las ganas, quizás ella estaría durmiendo, era tarde, su embarazo no le permitiría estar despierta, podría… echar un vistazo, tan sólo verla a distancia, fue con decisión a la puerta y dando un respiro la abrió.

Efectivamente todo era oscuridad, una pequeña luz se mostraba cercana a su cama y junto a ella estaba Sona, Darius caminó paso a paso sin decidir aun lo que iba a decir pero su cuerpo hacía todo automáticamente, acercarse no era algo que pensaba.

Sona volteó hacia el noxiano, la misma no lució sorprendida, más bien con el rostro menos inflamado lucía feliz de verlo, quizás por ella misma no hubiera albergado ese sentimiento, era por Lux, Darius vino a verla y ella tal vez con él cerca reaccionaría de aquel tortuoso sufrimiento.

La peliazul posó su mano sobre el hombro de la rubia, la movió con delicadeza pero ella no quería levantarse, comenzó a llorar otra vez, había llorado todo el día y ahora parecía continuar con esa angustia sin saber que no estaban sólo ellas dos.

- "Haz algo, por favor" –se comunicó la peliazul pero Darius todavía se negaba a acercarse.

Molesta por su actitud, decidió levantarse y halarlo hasta quedar a menos de un paso de la rubia acurrucada. Fue entonces cuando parte de las memorias de Sona pasaron involuntariamente por la mente de Darius.

La visión de verla casi al borde de un desmayo cuando él se fue, su bello rostro sin una sonrisa, ni si quiera un atisbo de felicidad, el llanto incontrolado, las horas de cuidado recibido sin si quiera levantarse para comer algo… llevando así desde hacía 2 días.

Los labios de Darius se contrajeron, quizás por lo que había creído, que ella podría ser feliz, que hubiera llenado sus maletas y se hubiera ido hasta Reskiba por Draven para salvarlo a su manera, como siempre hacía. De su poco interés en el amor que compartieron.

La había acusado, en su mente, de tantas cosas, de infiel, de tener poca autoestima, de valorar menos que la nada su mal llamado amor.

Entonces se dio cuenta de lo que Katarina había intentado hacer, rió dentro de sí, era un idiota de verdad.

Se fue hacia Sona y con los ojos le pidió moverse de la silla que ocupaba, la misma salió de allí cerrando la puerta, esperaba que estos dos pudieran hablar.

Cuando escuchó el golpe seco de la puerta se sentó sobre la silla que había ocupado la peliazul para juntar sus manos por un minuto, se estaba dando el valor de decirle que ahí estaba. Sin duda ella lo abofetearía o quizás echaría al instante, lo que hizo no tenía perdón.

- "Perdóname por abandonarte" –pensó y estiró su mano al hombro de Lux.

Quería tocarla con todas las fuerzas de su corazón pero se detenía a unos milímetros de hacerlo, su llanto se hacía más fuerte a pesar de estar entre sábanas, aquel sonido ahogado en sufrimiento le dio el impulso que necesitaba, él también se retorcía por dentro y pronto sintió un par de lágrimas caer por sus mejillas, se tocó el rostro para notar este fenómeno.

Estaba llorando.

Dejó caer su mano sobre el hombro de Lux, no le importaba si ella lo echaba, él necesitaba esto más que nadie, así que la giró para que voltease y cuando lo hizo los ojos de ambos se encontraron anhelantes, no supieron cuánto pasó hasta que Lux se levantó velozmente de la cama para aferrarse al cuello de su amado.

Darius le rodeaba la cintura, la haló hacia él y se levantaron juntos de esa cama, al abrazarla algo conectó como un clic dentro de sí, como si el interruptor de su vida se hubiera encendido otra vez. Su amor había vuelto, su corazón latía, los colores que le fueron robados a sus memorias y vida misma recuperaron su fulgor.

- Perdón –dijo Darius al instante.

- Yo te quiero a ti, nadie más, nadie…

- Lo sé, lo sé... nunca debí irme –susurró escondiendo su rostro en el cabello de la mujer que se desvivía entre sus manos.

- Te quiero… te quiero… -repitió pero Darius se separó de ella para mirarla, ambos se vieron, así de indefensos como cuando nacieron, sin nada más que ocultar.

- Y yo te amo –chocó con delicadeza su frente contra la suya- como no tienes idea. No me importa lo que hayas hecho, lo pensé hasta el cansancio, no me importa –confesó.

Se arrepentía de todo, no sólo ella sino también él, ¿cómo dudar de esa mujer? ¿cómo dejarla en este estado? ¿cómo abandonar su sueño, su hijo, su amor? No era fácil iniciar cuando no había nada con que hacerlo.

Su camino, su guía, su luz, su mismo temple estaban en esa mujer, él era y siempre fue un hombre completo mas cuando ella llegó, aquel "completo" parecía no ser el mismo, esa mujer había sido una necesidad, un sosiego, un pedazo de vida y ahora que la tenía entre sus brazos lo comprobaba. No había manera de abandonarla o de hacer su vida de nuevo porque después de ella no había otra vida.

Bajó sus manos hasta su cuello, la acarició con cariño para luego besar sus labios, con delicadeza, con ternura, con aquel deseo que por mucho le invadió, qué sabía de vivir si esos labios eran la puerta a la felicidad.

- ¿Qué me has hecho? –preguntó mirando sus ojos.

- ¿Qué me has hecho tú? –le devolvió el reclamo con otro beso.

Ojalá pudiera saciar sus ganas y hacerle el amor pero estaba consciente de que ella necesitaba un poco de otros cuidados. Besó a su mujer y la acostó en la cama, no sin antes acostarse con ella, la abrazaba y poco le importaban otras cosas.

Se dijo a sí mismo que se había cansado de luchar cuando lo único que necesitaba era tenerla entre sus brazos para darse cuenta de que no había nada que no pudiera lograr, su voluntad férrea y su fuerza lo harían todo.

Su mujer tenía razón en algo y era que podían hacer lo que quisieran pero juntos, separarse era un error. No podía recorrer todo ese camino para luego abandonar a su familia… era su familia e iba a luchar para conservarla así.

X

XX

XXX


Fin de Episodio 47