Muchas gracias por su espera, les recuerdo que agrego contenido relacionado a LoL, anime, cosas mías, etc., a mi página de FB /StarlingShadow por si quieren seguirme, también hago sorteos de comisiones de dibujo, entre otras cosas.

Este mes ha sido divertido, subí una ilustración de Darius y Lux por Halloween, añadí un nuevo personaje original, seguí con el reto del Inktober y ahora vengo aquí a actualizar. Contestando un poco a los comentarios, espero no se frustren mucho porque no subo los episodios muy seguido, por lo menos ahora tengo puesto en el calendario que 1 vez al mes se sube actualización :)

Bueno, eso es todo, espero disfruten del episodio y se entretengan para luego esperar hasta el próximo mes :) recuerden apoyar la historia con sus comentarios. Eso me ayuda a seguir escribiendo.


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 48 – El plan de Swain


El olvido está a la vuelta de la esquina, tiene ganas de dormir pero no puede, sus ojos le pesan, tiene mojado el rostro, su pelo tiene gotas de sudor cayendo como una tortura en el momento menos esperado, respira agitado como todos los días, levanta la mirada y ve a su alrededor, oscuridad.

¿Cuánto tiempo ha pasado? No sabe, Draven sólo siente que los días vuelan, como si no existieran, como si todo fuera como una hoja que a lo lejos ve desaparecer.

Golpean su celda, cree que será su ración de comida, la única interacción humana que tiene de días en días, un pan con moho, agua sucia y… ratas alrededor. Qué lejos ve sus días de Ejecutor, admirado por los hombres, deseado por ambos sexos, qué gloriosa es esa victoria en sus labios que murmura "soy maravilloso" entre todas esas miradas. Una memoria ahora.

Lo único que lo mantiene cuerdo son sus recuerdos, su amor no correspondido, su deseo de venganza y su fiereza. Se dijo que iba a morir, que se dejaría luego de haber sido traicionado pero el recuerdo tortuoso de esa dama de pelo rubio no lo abandona, cada vez que cae, lo levanta, cada vez que un retorcijón le violenta el cuerpo, recuerda aquellos abrazos, su piel suave, tersa, su voz sincera, amorosa y su cuerpo.

Lleva días en aislamiento, tiene una pierna que se vendó a sí mismo luego de romper su propia ropa, ha puesto en su lugar sus huesos pero entrando a Reskiba lo alejan de otros. Su carácter poco amable hace que lo castiguen en su primer día, lo dejan bajo un régimen de un pan y un plato de agua sucia al día, está en una celda casi más pequeña que su cuerpo, parece una jaula, es oscura, por las noches el frío es insufrible, por el día el calor le quema la piel, tiene una parte de su brazo oscura así como sus piernas y parte de su espalda.

Pronto saldrá del aislamiento, estará con otros reos, gente más peligrosa que él en estos momentos y en su condición. Si estuviera al 100% la historia sería distinta pero su hermano se aseguró de que su muerte fuera inmediata mas no contaba con la astucia de Draven, que por lo menos se ahorró los primeros días para recuperarse.

Pasa una semana más, sus pensamientos no son los mismos, ahora se pregunta si algún día saldrá de ahí, no ha visto la luz del sol, sólo un pequeño y diminuto rayo que atraviesa su celda, no hay nada más, comienza a perder la noción del tiempo, de su propia existencia, quiere mantenerse cuerdo y para ello atesora sus memorias.

Rasca su piel, empieza a pelarse, parece que las quemaduras comienzan a ser más graves, odia admitirlo pero no puede soportarlo más y olvida.

¿Quién era Lux? ¿Quién era Darius? ¿Quién era él?

No ve sombras, sólo oscuridad, levanta la mirada y espera notar una fisura, no, tan sólo un pequeño hilillo de luz de la luna, es de noche, su cuerpo está helado, cree que ha perdido la sensación en su pierna derecha, no está seguro.

Y… llama a la muerte.

Khartus se pasea alrededor de la celda, puede ver la puerta metálica frente a él, nota un suspiro adolorido, la sangre, esa cárcel era su lugar preferido, ofrecía paz a los torturados y ellos lo abrazaban como niños a su madre.

Tanta era la locura en el lugar que el noxiano hizo que la muerte luciera sorprendida, no parecía quebrado o que hubiera dejado de ser él mismo como muchos otros, sólo estaba cansado, quería descansar, respirar aliviado, estar bien.

Su túnica se arrastró un par de veces más antes de entrar, al hacerlo se fijó en el noxiano, quien fuerte era ahora en huesos padecía, tomó su mentón, Draven lo saludó feliz pero antes de poder llevarse su espíritu sintió algo que le impedía, dio un tirón y otro y otro. Se quedó para observar el vínculo que aprisionaba el alma de este hombre.

Se preguntó qué podía ser, era una magia conocida, algo en él, una esencia, como un perfume y entonces lo supo. Sona había puesto un hechizo de control para que la muerte supiera que ella tenía un asunto pendiente con el humano al que le hubiera puesto tal sello.

Desaparecía entonces del lado del noxiano para ir bambaleándose hacia una de sus más gratas amigas. Necesitaba pedirle que libere al noxiano de la magia para llevárselo. No era cruel porque dejarlo sufrir en las condiciones en las que se encontraba podía ser peor, si no comprendía… ese hombre podría sufrir más de lo que pudiera aguantar, se volvería loco y su alma se perdería, Khartus quería ayudarle.

Tomándose su tiempo llegó con sus demás espíritus acompañantes al castillo de los noxianos, los animales temerosos se escondieron en sus madrigueras, los insectos abandonaron sus hábitos y… algunos soldados quedaron petrificados. El señor de la misma muerte se había presentado ante todos, era una visita oficial, una que buscaba llevarse algo más de ese lugar.

Sona abrió los ojos con un pequeño dolor en su costado, se sentó sobre su cama y miró alrededor, su habitación oscura pronto podría iluminarse por la mañana pero sus manos, heladas como nunca temblaron.

Lo supo.

Se puso de pie inmediatamente, parecía estar a la defensiva y con facilidad la puerta se abrió, entrando Khartus, el lloro y gemir de las almas que había recolectado le acompañaba. Tuvo miedo por un segundo, nunca había venido a visitarla de esa manera.

- Querida… -saludó la muerte.

- "¡¿…?!" –miró atenta a su visitante.

- Ese hombre, dale paz –dijo de inmediato.

La peliazul dio un pequeño salto, puso su mano sobre su pecho y con la expresión adolorida escondió su sufrimiento por lo que este ser de otro mundo le decía, luego miró su inexpresivo rostro huesudo y no pudo evitar mostrar su debilidad.

- Dame la llave de su vida.

- "Él me salvó, la tome porque no puedo permitir que se vaya así, sin curarse" –dijo ella mientras se apartaba de Khartus.

- Me pide que me lo lleve, no lo ha dicho pero su espíritu está inquieto, me busca y hace mis campanas sonar, su alma necesita un descanso.

- "No puede ser" –juntó sus manos, el temblor no se detuvo ni si quiera intentando evitarlo.

- ¿En verdad quieres perderlo completamente? Ya no le queda tiempo –sacó del bolsillo de su túnica un reloj de arena, mostraba apenas 10 granos, caían lentamente para acabarse.

- "Es una deuda por algo que hizo, me perderé si te lo llevas"

- ¿Esperas un favor de la muerte? –preguntó rascándose el mentón.

- "¿Qué quieres de mí? Ya no tengo nada" –bajó la mirada suspirando- "sólo lo tengo a él, yo quiero… que pueda rehacer su vida"

- ¿Cuántas veces te dije que no te quedaras demasiado tiempo leyendo las intenciones de alguien? Te lo advertí, querida. Ahora te embelesas por su pasado, sabiendo que no lo recuperarás a como era.

La muerte amansó sus intenciones y bajó la guardia, desapareció su horda de almas y voces para quedarse al lado de la artista, la cual no sabía qué más hacer, esto era culpa de Darius, se vengó cruelmente de su hermano sin saber nada de lo que había sufrido. Quería entregar su alma a Karthus pero si decidiera hacerlo, Lux sufriría su pérdida y no iba a permitir que ella sufriera nuevamente, no como lo hizo cuando el cobarde ese la dejó.

- ¿Qué fue eso? –se levantó de golpe Darius mirando a todas partes.

- Hay algo aquí… -susurró Lux, tenía helado el cuerpo entero.

- Yo también lo sentí –admitió el ligero temor que la muerte infundía- ¿será Swain?

- ¿Él es capaz de hacer algo como esto? –dijo tiritando, no era nueva a esta sensación.

- No pero lo averiguaré –se levantó de la cama para ponerse defensivo y buscó su arma, la cual dejó a un lado de la cama- quédate y no salgas –advirtió el noxiano y caminó con cuidado hasta la puerta sin si quiera ponerse algún calzado.

- ¿Crees que te dejaré ir así? –dijo desafiando las órdenes del 'comandante', ella no era un soldado, iba a hacer lo que creyera que debía hacer.

- Hazlo por el bebé –chistó a su voluntad con evidente preocupación.

Lux salió de la cálida cama invadida por esta inseguridad, la cual traía nada más que malas noticias, caminó igualmente descalza hacia Darius, tomó su ropa, la apretó y le impidió moverse más para adelante.

- Esto lo he sentido antes, es… la muerte –decía apoyando su cabeza en el brazo de su marido para luego mirarlo.

- Por eso te digo –se quitó la mano de Lux para apretarla entre las suyas con delicadeza- quédate aquí, tal vez tu amiga tenga problemas, la muerte no hace visitas amigables, mi deber es proteger a todos en este castillo y si no estás segura, no podré hacerlo –se agachó para besar su frente.

Los ojos tristes de su mujer se quedaron expectantes, deseaba un beso suyo pero entendía su preocupación, la razón estaba de su parte en esta ocasión. Hacía tan poco habían reconciliado sus espíritus que podía imaginar lo complicado de la situación pero estando juntos todo parecía nimiedad.

Soltó entonces su mano, lo dejó ir a donde esta peste de otro mundo se desataba. Poco sabía que la habitación de Sona era la dirección correcta. Su puerta abierta, una luz poco natural dentro y nada más que el ambiente helado lo invitaban a descubrir lo que sucedía.

Avanzó de a poco hasta ver una figura cubierta con un manto negro sentada al lado de la joven de pelo azul, Sona vio a Darius fuera y a pesar de estar sofocada con la pena, le echó una mirada de rabia. Su acompañante notó la presencia del noxiano y se desvaneció.

Por un segundo ella se quedó pero avanzó hasta encontrarse con el noxiano fuera de su habitación, lo miró por encima del hombro y decidida hizo unos gestos son sus manos. Darius comprendía, había pasado un tiempo durante algunas campañas leyendo textos "inútiles" por aburrimiento, absorbía el conocimiento rápidamente.

- Ya casi amanece –comentó él y bajó la mirada- ¿no dejarás que él muera?

Sona negó con la cabeza.

- No puedo hacer nada, nadie en Noxus tiene jurisdicción en Reskiba –aunque hubiera deseado la muerte de su propio hermano, en ese momento era sincero en cuanto a su negativa.

Más signos, más… furiosos signos se dejaron venir entonces junto a un ceño fruncido, él la miraba impasible, quería arreglar el error que lo hizo alejarse de su esposa, quería reparar el daño que provocó por su ira pero con "querer" nada se logra.

- Hay una manera… -intervino afirmativamente la voz de Lux atrás de estos.

- ¿Qué? –dijo él volteando completamente hacia su mujer.

- No lo sugerí antes porque… -bajó la cabeza negando inconscientemente con la misma- no quería depender de esa persona pero… es posible, bajo la constitución noxiana liberar a un reo con el consentimiento de los gobernadores más notables en Noxus, Swain, tú y… el 3er líder, no se quién es.

- Ah –exclamó el moloso y con un leve dejo de decepción tomó su lugar al lado de su mujer- ¿cuánto tiempo le queda a Draven? –preguntó viendo hacia la peliazul.

La joven le mostró con gestos atormentados, el tiempo no era lo importante, ella podía mantener a Draven vivo, siempre y cuando él no perdiera la cordura.

- Los reuniré –dijo otra vez en voz alta, ahora resignado a hacer lo que sea por recuperar a Draven- pero… prometan que no saldrán de aquí. En cuanto deje el castillo, ustedes serán vulnerables, suponiendo que no acepten.

- ¿Por qué es tan peligroso? –preguntó Lux poniéndose frente a Darius.

- Si 3ro considera que mis actos no son la voluntad de Noxus puede removerme de mi cargo y asignar a otra persona. Es un acto de 2 fuerzas, Swain y 3ro pueden lograrlo. Ni si quiera Swain conoce la voluntad de 3ro, por eso es peligroso reunirnos, una ruleta rusa de muerte.

Cerró su boca y acariciando la cabeza de Lux se fue de camino a su estudio, necesitaba escribir un par de cosas más.

Al cabo de unos minutos Lux buscó a su esposo, lo encontró en su escritorio, con una hoja de papel entre sus manos y una pluma, escribía sin descanso.

- ¿Qué haces?

- No te dejaré desprotegida –añadió sin dejar la pluma.

- Es… -volcó su atención rápidamente al papel para quitárselo de las manos dejando un rayón largo de tinta en su paso.

- ¡Hey! –le llamó la atención.

La rubia se estremeció al leer las primeras líneas y frunciendo el ceño se quedó observando la reacción del noxiano que por marido había tomado.

- ¿Un testamento?

- Sólo son mis voluntades, no es un testamento.

- Un testamento es un acuerdo jurídico, este… sólo deja mi voluntad con mi ejército, mi última asignación como líder de una tropa. Dejaré a alguien competente y sobretodo que pueda usar todo el poder de mi ejército para detener cualquier invasión o intento de asesinato de mi prole. Tú puedes defenderte –extendió la mano pidiendo aquel papel, Lux todavía dudosa se lo entregaba insegura- lo sé, eres fuerte pero el niño, como ciudadano noxiano necesitará de un entrenamiento apropiado y un cuidado en sus años de aprendizaje. No quiero que se crie en las calles como yo –añadió y tomó el papel de las manos de la rubia con calma para seguir escribiendo- quiero que tome el camino que desee aquí o en Demacia –sonrió levemente- pero que se crie seguro y contigo.

- No morirás –detuvo su mano sobre la nerviosa escritura de su marido, el cual suspiraba al sentir su apoyo- yo iré contigo, protegeré tu espalda.

- ¿Escuchaste lo que dije? –preguntó.

- Soy tu mujer, tengo derecho a estar ahí. No soy una dama de sociedad y me sobran fuerzas para cumplir mi deber, el cual es cuidarte –confesó.

Darius dejó de escribir para levantarse de su silla, no era ella quien más temía estar sola en una tierra ajena, era él. No quería dejarla, no como siempre, esa vida llena de obstáculos lo hacía preocuparse, ¡esa pequeña mujer lo hacía pensar en la vulnerabilidad! Cosa que no había pasado en otras ocasiones.

Siempre creyó que la fuerza lo era todo, que podía imponerse por sobre cualquier peligro porque contaba con el poder pero amarla lo hizo ver cuán corto el alcance de sus fuerzas. Aquellos brazos, imponentes y músculos capaces de quebrar lo que quisiera, no tenían la capacidad de unirse para proteger este tesoro.

Su mujer no sólo era un adorno, podía sentir aquel poder brotar en su interior, la magia sin precedentes le cubría, lo hacía sentir capaz de tomar el mundo.

- Te confiaría mi vida –confesó él.

Iba a abrazarla pero fue sorprendido por las manos de ella, puestas sobre sus brazos, las cuales se guiaban hasta sus hombros para luego llegar a su cuello.

- Hazlo tan seguido como puedas –contestó Lux.

Darius se inclinó hasta poder tener los labios de su esposa a su disposición para luego besarla, quería compensarla por esta muestra de devoción, ni un ejército de mil soldados proclamando su nombre le hubiera hecho sentir tan arriba como lo hacía ella.

Fuerte, inteligente, astuta e incluso poderosa por su magia, ella lo era todo, excepto que durante su estadía en Noxus intentando encajar se redujo a sí misma, era raro… pero siempre quiso hacer lo correcto, ser reconocida y sobretodo sobresalir en su nueva vida. Su comportamiento, su forma de lidiar con los problemas, no era la manera, las palabras en Noxus parecían subestimarse, entonces mostraría su fortaleza con hechos.

El cordero que Jarvan entregó para que degollaran iba a tornarse en un lobo, uno capaz de proteger la garganta de la persona más importante en ese lugar, nada podría impedírselo, lucharía… ¡tenía que luchar más que nunca!

- ¿Lista? –preguntó Darius ya vestido con su armadura de batalla, un hacha colgaba de su mano derecha y a su izquierda estaba la rubia con una armadura más ligera, con su bastón de magia balanceándose en su mano.

- Así es –contestó y tomó lugar al lado de su marido. Enfrentarían a 3ro, un personaje del que poco podía hablar Darius, así como Swain, el cual luego de haber recibido el mensaje tomó su decisión, el lado del que tomaría partido y cuáles serían sus acciones.

El silencio se agudiza ante sus preocupaciones, alzan la mirada porque no les queda otra opción, quieren que todo salga bien y más cuando la vida de todos depende de sus próximas acciones.

Llegan al castillo en el cual quedaron a reunirse, no es de ningún noble ni noxiano, sólo es un centro de reuniones, vestigios de la antigua Noxus, llena de casas reales donde se dejaban al derroche. Amanece pero la ciudad rojiza permanece igual, oscura y húmeda, los pajarillos cantan y una leve bruma los rodea.

- ¿Llegamos? –preguntó Lux.

- Estamos cerca –contestó su marido elevando la mirada.

- Espera –lo detuvo y se puso delante de él.

La rubia frunció el ceño porque esa bruma no era normal y delante de su esposo se reflejaba una especie de barrera, extendiendo su mano logró tocarla, era… difícil de decir lo que hacía pero mientras la tocaba intentó encender un halo de luz con la mano libre y no lo lograba.

- Es una barrera mágica –dijo ella.

- Para Swain, el desgraciado tiene mucho poder, 3ro no quiere arriesgarse.

- ¿Puedo saber por qué eres tan cuidadoso con ese tal 3ro? –preguntó Lux curiosa.

- Swain y yo fuimos aliados por mucho tiempo y no precisamente por amistad, la voluntad y el poder de 3ro eran demasiado… imponentes, el tiempo le daba ventaja, incluso si compartíamos el poder, poco a poco sus habilidades nos sobrepasarían y llegado el día de no necesitarnos nos quitaría de en medio. Creo que 3ro es el único que mueve los temores más básicos del cuervo.

- ¿Sólo eso? –elevó una ceja.

- Es tonto, sí pero –rió levemente- yo no jugaría con alguien que hace temblar a Swain.

- ¿Quién dice que estoy temblando? –agregó el recién llegado.

Agitó su capa e intervino esperando que reaccionaran. Darius echó una mirada furiosa a su compañía, ya que no le avisaron de la aparición de este. Lux volteó a él con toda confianza pero al momento con desconfianza apretó su bastón para ponerse delante de su compañero, tenía lista la barrera para protegerlo, no era tan buena como la de Sona pero hacía lo suyo.

- Pobres criaturas… –agregó Swain por lo bajo al ver a ese par de tórtolos.

- Te cité para hablar con 3ro, no para pelear –intervino Darius.

- "No, no parecen sólo avecillas, esa pose…" –pensó dentro de sí el noxiano con el plan-. La barrera no es por mí, es para que 3ro no salga, ha estado aquí durante mucho tiempo –agregó.

- Tus rodillas –notó Darius, las rodillas de Swain temblaban levemente, a lo que se detuvo de inmediato, consciente de que nada curará el pasado.

Apretando los labios y casi descubierto en sus pensamientos se dio un aliento de valor para entrar a los dominios de 3ro, sus seguidores dieron el paso con él. Darius vio a Lux y ella a él, con un parpadeo supieron qué hacer casi al mismo tiempo, ingresando al aura anti-magica de 3ro.

- ¿Cómo te sientes? –preguntó Darius por lo bajo.

- Estoy muy bien –asintió con la mirada fija al frente.

Estaba haciéndose la fuerte, lo sabía, algo había en esta bruma que la afectaba y él no sabía qué hacer, en un principio se llenó de valor por la nueva actitud de su mujer pero ahora volvía a temer por la vida de su criatura, ella apenas había pasado un peligro, días en los que no había comido, golpes que no sanaban.

Viéndola de reojo notaba las raspadas y el morado en su mejilla, estaba seguro de que esas "fuerzas" que la renovaban eran parte de su valor, de su amor, de aquella parte dentro de su ser que le pedía que no dejara ir otra vez a la persona que vinculaba su alma

.

Sin tener otra oportunidad se vio ya frente al portón de aquella casa, la veía limpia y bien cuidada, pronto otra barrera se dejó sentir, esta, sin embargo, sí afectaba a Darius, así como a Swain, los cuales decayeron levemente.

- ¿Le avisaste que veníamos? –alzó la voz Darius.

- Sí pero no nos quiere.

- ¿Por qué? –preguntó molesto.

- Yo... –iba a contestar pero fue interrumpido por el abrir de las puertas.

- Vaya… -dijo la voz casi en eco de aquella casa. Su rostro se cubría con la sombra de un velo, el cual sólo dejaba escuchar una voz distorsionada.

Ambos noxianos fijaron sus ojos en esta figura, como si no quisieran perder un segundo de sus acciones, temían por cualquier movimiento, susurro o simple ademán. Unos guardias blancos se mostraron, los mismos con armas.

- Los quiero fuera de aquí. La vieja Noxus ha caído, los "pilares" no existen, no son nada y nunca lo serán de nuevo –afirmó la voz regresando por donde vino cerrando su portón con lentitud tras de sí.

- ¡Solicito una audiencia! –gritó Lux, interrumpiendo en medio de aquellos noxianos.

- ¿Qué hace? –musitó Swain.

La sombra se detuvo, elevó su mano haciendo un ademán, sus soldados detuvieron la puerta, la figura volteó hacia Lux para luego dirigirse a ella caminando. Pudo ver sus ojos, eran gélidos, casi sin… vida, casi como si fueran grises al igual que su cabellera, se quitó entonces el velo para descubrir por completo su glorioso aspecto casi élfico.

- ¿Quién trajo este retoño ante mí? –preguntó.

- Fui yo –intervino Darius.

- Mantienen una unión poco común –añadió Swain como si quisiera definir lados y culpas.

- Es mi mujer.

- Estar aquí no me impide saber lo que pasa fuera de mis muros, mi vista aún se mantiene vigilante –giró sus ojos a Swain- ella es la mujer de aquel otro, ¿cómo se llamaba ese insolente?

- Draven –contestó Swain.

- No es su mujer. Noxus cometió un error al declarar mi muerte, yo siempre estuve vivo pero las intrigas de alguien que me quería fuera de esta ciudad cumplieron su meta.

- Todo mundo sabe que se entregó al vulgar de tu hermano. Contesta algo –vio a Lux por primera vez- ¿de quién es la criatura? –preguntó sin más recato.

Vio a su esposo y sabiendo de lo que era capaz su enemigo ahí presente supo la respuesta, no quiso hacer que los mataran al instante y sí, 3ro era capaz de hacerlo, no porque confiara en Swain sino porque estaba enterado del plan de la Rosa Negra. Ellos buscaban impedir la unión de esos dos por la capacidad que tenían de engendrar una criatura capaz de dividirlos, ver el futuro… no estaba en ellos pero sus ojos gélidos lo divisaban.

Una criatura, muy lejos de esta era, alguien tan fuerte como Darius y tan poderoso que su magia demaciana heredada estremecería naciones enteras. Además, había un componente único en aquel niño, algo que sólo podían saber él y su contraparte demoniaca, Swain, suponiendo que en algún punto de ese encuentro se enterara.

- Es… -iba a vivir en un mundo sin temor, sin mentiras.

- Es de mi hermano –contestó rápidamente Darius- él abusó de su poder mientras la tuvo. Yo no pude controlar mi rabia y lo envié a Reskiba.

- Entonces ya no es esposa tuya –contestó cortante- vamos, quiero escucharlo de ti –pidió girando sus ojos a Darius.

- Así es –contestó.

- No, no, contesta correctamente o me plantearé cerrar esa puerta y ordenar a mis guardias que los maten.

- No es mi esposa pero sí mi mujer –advirtió con furia en sus palabras.

3ro se agitó suavemente como si hubiera sonreído para sí, una tortura para el alma de ese guerrero lo hacían pagar por la osadía de traer a una demaciana.

- Sé a lo que vinieron –se volteó- y no pueden jugar con este matrimonio, no les corresponde. Daré mi voto de apoyo si cumplen con las normas noxianas.

- ¿En serio? –preguntó Lux pero no le contestaron.

- Esa unión debe ser hasta que des a luz, luego puedes entregar al niño a su padre y casarte nuevamente con quien desees...

- Pero… soy su madre, ¿no puedo estar con él? –preguntó Lux.

- Nuestras leyes existen por una razón, para protegernos y proteger a los demás. Ese niño no debe permanecer en una unión rota –esbozó una mirada comprensiva pero lucía peligrosa- además, criar un hijo ajeno sólo dará pie a malestares –movió sus manos en el aire mientras se acercaba a Lux- no queremos hilar una tragedia, ¿verdad?

Su mirada, sus ojos, su piel, todo en aquel rostro era aterrorizante, Lux no podía mover ni un músculo, era como si usaran magia para congelarla en el tiempo, ni si quiera podía quitarse de su camino y 3ro estaba dispuesto a acercarse.

- ¡Detente! –gritó Darius al sentir el peligro.

- Shhh –agitó su mano y sus guardias blancos lo detuvieron con sus armas- no te atrevas y tú menos –giró su mano hacia Swain quien también parecía preparar un ataque- par de salvajes, tú un traidor –volvió a señalar a Darius- casándote con una sucia demaciana, hija del día, amada por la luz –sus dedos acariciaban el rostro de la joven- nada me da más asco que el corazón puro de Noxus esté podrido de ideales extranjeros -se acercó a su oído, podía escuchar el corazón de Lux latir a mil por hora- ¿cómo puede la heredera de la luz engendrar una criatura de amor con el hombre que abrazó la oscuridad? –tocó su vientre con la palma de su mano- ¿no sería mejor eliminarlo?

- ¡Déjala! –gritó y Darius golpeó a los guardias para ser luego sometido por la magia de 3ro quien tan sólo movía un dedo para hacer que se inclinara, ahí mismo los restantes guardias blancos le pusieron un par de armas afiladas en el cuello- ¡no la lastimes! -gritó con desespero.

- Es suyo, ¿verdad? Nadie se arriesgaría tanto por una criatura ajena –preguntó en voz baja- contesta niña.

- No tengo miedo –pudo girar sus ojos hacia aquel gélido rostro.

Aquel desafío no iba a pasar desapercibido, 3ro buscó entre sus ropajes algo, quizás una cuchilla para acabar con la joven, la misma seguía sin poder moverse, quién sabe si por miedo o por magia.

- ¿De verdad vas a matarla? –intervino Swain con algo de emoción en su mirada.

Examinando su rostro podía decir que parecía feliz de ver llevada a cabo la violencia que generó la interrupción de la rubia, por fin… acabaría todo y Darius no podía hacer nada.

- Lo haría –agitó su cabellera y de sus bolsillos sacó una pluma- sin embargo creo que me has tendido una trampa y no caeré –dijo buscando entre la ropa de Lux el permiso firmado para liberar a Draven.

Luego de ello soltó a Lux, no sin antes susurrarle al oído un "conserva tu matrimonio con el salvaje de Darius, no me interesa pero escóndelo de Swain, no debe saberlo" y ordenó a sus guardias que dejaran ir a su amado también con otro ademán, ambos perturbados por aquel se sostuvieron el uno al otro mientras se alejaban lo más que podían. 3ro volvió a cubrir su rostro y se acercó a Swain.

- Eres un maldito bastardo. Ya se lo que planeas, lo pude ver en los ojos de esa niña. No he vivido tanto tiempo…

- Escondiéndote –completó Swain.

Rió pero sin mucho ánimo. Iba a dedicarle un par de palabras más pero el tiempo de aquel campo de fuerza antimágica había superado su límite, pronto se rompería y no quedaría nada para protegerse de lo que tanto había luchado por alejar, algo que Swain pretendía traer de vuelta al valle oscuro que era Noxus.

- "Sólo tú sabes cómo traerla de vuelta, maldito cuervo endemoniado y ahora sabe dónde estoy" –pensó mientras empujaba con sus poderes fuera a todos los intrusos.

¿A qué se refería 3ro? ¿Será que hay alguien aún más peligroso que el mismo Swain? Por alguna razón 3ro se había auto exiliado en una mansión, con una barrera anti mágica, esperando todos los días que su más grande temor jamás se presente pero… el cuervo nunca se rendiría.

La misión de la Rosa Negra era traer de vuelta la oscuridad, pero… ¿y si esa oscuridad tiene nombre?

- Sé quién es –dijo Lux, ella caminaba delante de su marido con la cabeza algo baja. Su pálido rostro, testigo del miedo le hablaba tan rápido como podía a su mente para sacar de ella la información.

- ¿Sabes quién es 3ro? –preguntó Darius.

- Él es la razón por la cual Demacia abandonó y rechazó toda la magia. Su nombre es Lúmen –se detuvo y volteó hacia Darius- pero… -sus secos labios rogaban por ser humedecidos, mas Lux sólo podía quedarse atormentada e inmersa en otros pensamientos- él murió hace muchos años, traicionó a los Radiantes* y huyó con conocimiento oscuro lejos. Era hermano del Rey Jarvan, el primero. Pero son años y años… y él luce igual a las ilustraciones que tenían en las bitácoras. Iba a ser ejecutado por usar magia oscura en sus hermanos para quedarse con el trono, usó la misma magia para experimentar con ciudadanos inocentes… -su preocupación se hizo notoria al tiempo que Darius apoyaba su mano en el hombro de la rubia- torturó y mató para tener el poder y… ahora sigue con vida.

- No temas.

- De-Dejemos eso de lado, lo importante es que lo firmó –le mostró el papel- envía esto con tus hombres, lo más rápido que se pueda. Yo tomaré un carruaje.

- ¿Irás por él? –preguntó algo adolorido.

- Tengo que ver que esté bien y no creo que puedas ir conmigo, no ahora –aseguró Lux.

- Puedes odiarme todo lo que quieras pero yo no le perdonaré lo que hizo y tú tampoco deberías –aseguró.

- Debo hacer lo correcto, además, 3ro reconoció que es hijo nuestro. Swain no escuchó nada pero deberé guardar las apariencias. Quizás tuvo sus razones para no decirlo en voz alta para que lo escucharan todos pero dudo que sea algo bueno.

El gigante noxiano llamó con su mano a uno de sus soldados y le entregó la orden, la enrollaron y amarraron con una cuerda para luego guardarla.

- Ve rápido –ordenó al soldado.

Se alejaba en un caballo a todo galope mientras la rubia yacía acongojada en un rincón de ese lugar, a la distancia todavía podía ver la residencia de aquel… monstruo, siempre pensó que alguien con tales dones no merecía tener el poder que tuvo. Aunque tras toda la historia todavía había más por descubrir, algo que tal vez podría cambiar su opinión o cambiarla a ella.

No tenía claro cómo es que había llegado a hacerse del poder en Noxus y verlo siendo el 3er pilar de una cultura tan cruel le recordaba lo verdaderamente importante que era hacer el bien para no caer en el mismo error, en el mismo… delirio.

- Ya vienen con el carruaje –se aproximó Darius por detrás poniendo sus manos sobre los hombros de la rubia- ¿en qué piensas?

- Cuando me tocó… -señaló su vientre- pude sentir cómo me curaba, me dio miedo, no era… no… no era algo normal -calló, estaba confundida.

- Si te hubiera hecho algo, yo… -empezaba, Lux volteó y se abrazó a él.

- Estamos aquí, el bebé está bien, tú estás bien y yo sólo necesito tiempo. Por ahora sólo debemos evitar que Swain sepa lo que pasa, su organización ya no quiere sólo separarnos y si saben de nuestro hijo lo lastimarán.

Unos caballos llegaron a interrumpirlos, un grave relincho los hizo separarse, el transporte de la rubia llegó, un soldado bajó y abrió la puerta del carruaje, esperó.

- Es hora –dijo Lux.

Darius vio por encima la escena, ella frente a un carruaje, sin saber cuándo podría verla de nuevo, tal vez este dolor no era sólo por dejarla ir sino por enfrentarla a Draven, el hombre que podría separarlos si quisiera, por fuerza o por voluntad.

Tomó su mano y a pesar de estar rodeado de sus soldados la haló levemente hacia él, Lux respondió abriendo sus ojos con sorpresa al momento que mostraba una sonrisa algo ensombrecida, sus labios secos se humedecían por el pasar de su propia lengua, inconscientemente se preparaba para recibir un beso.

- Te quiero –dijo él en la intimidad de aquel acercamiento.

- No hagas nada loco mientras estamos lejos –besó su boca prolongando los segundos y se separó.

- Estaré ocupado pero hablaré con mi hermano cuando se recupere –dejó un espacio un poco más amplio entre ambos para tocar con su gran mano el vientre de su esposa-. Volveremos a estar juntos –se separó esta vez para caminar en dirección contraria.

Esperaba tener esa oportunidad, miraba la espalda de aquel moloso desaparecer entre sus hombres, armado con su gran hacha, su cabellera agitándose y sólo quería conservar ese momento en sus memorias, ¿quién imaginaría que aquel arma que un día tomó en sus manos con violencia ahora serían las mismas que usaría para defenderla?

La vida daba muchas vueltas, pensaba y girando sobre sus talones caminaba hacia el carruaje para entrar y viajar, esta vez, un gran tramo hasta encontrar a Draven.

Poco sabía lo que este personaje sufrió, no por culpa de su hermano sino por su propia voluntad, la cual decidió salvarla de un destino cruel, jugando así con sus posibilidades. No había dejado que la secuestren y en el camino permitió que se quedaran con un pedazo de su alma.

¿Pero que podía un corazón torturado hablar con la razón de su perdición? Suspiró Lux. De alguna manera era feliz de salvarlo, quería verlo, ¿qué iba a saber de las decisiones que él había tomado por su bien? Ese amor, que un día Swain decidió despertar para matar a la intrusa, ese amor era puro, no conocía la envidia o el miedo, era el amor que la madre de Draven entregó al sacrificarse, era el que guardó para nunca despertar y que ahora le pertenecía a Lux, quiera ella o no.

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Fin de Episodio 48