Gracias por toda la espera estos par de meses, me tomé el tiempo en Diciembre y Enero para arreglar varias cosas y tener un poco de paz luego de las fiestas de fin de año :) pero bueno, aquí volvemos para seguir con una actualización cada 5 de mes.

Disfruten del episodio :) tanto como yo al escribirlo~ no olviden seguirme en mi página de FB: /StarlingShadow


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 50 – Swain, Lux y la Verdad


El sabor de su sangre, quería probarlo, con sólo verla llena de vida y al mismo tiempo sobresaltada para luego abandonar la idea luego de haber dado parte de su poder a la criatura que en su vientre se gestaba.

— Usted —pronunció algo atemorizada.

Un encapuchado con mechones de cabello blanco que se asomaban por fuera le saludaba, agitó su mano hacia ella y sonrió divertido por su reacción, bueno, por la reacción de ambas porque Sona también parecía estar asustada.

— Sí, sí, creo que al final me aburrí de esperarla —confesó Lúmen.

— ¿Esperar a quién? —preguntó Lux sin quitarle un ojo de encima.

— ¡Ya cálmate! —sonrió aquel personaje con aspecto élfico— si quisiera matarte, en realidad no te mataría, mataría a todos en la ciudad y luego te permitiría morir porque ambos sabemos que, en el fondo, tu voluntad de vivir sin aquel corazón noxiano es nula —era verdad.

— Es que… —decía la rubia pero estaba temblando.

No podía evitarlo, era la reacción normal de cualquier ser humano al estar en contacto con una criatura como él, no podía parar su temor, casi podría decirse que leía sus pensamientos, sus más hondos y oscuros pensamientos, todos los humanos los tienen, era parte de la naturaleza.

Desearía huir de ese infierno introspectivo, con aquel mal rondando su cuerpo, casi rozando el peligro al punto de sobrecargarla de terror. Lastimosamente una fuerza la ataba a ese lugar, ¿qué era?

— ¿Sabes lo que le hice a tu retoño? —comenzó a decir mientras fijaba sus ojos en la peliazul, la cual también temblaba, pero se colocaba en posición de defensa, por dentro pensaba que era interesante que alguien pudiera reaccionar de esa manera.

— ¿Fue algo malo? ¿Lo mataste? —se abrazó a sí misma, los ojos llenos de terror envolvieron sus reacciones, quería gritar o llorar, pero se negaba a pensar en algo positivo viniendo de este ser, ¿cómo podía actuar?

— Tu osadía merecía que lo hiciera —hizo un pequeño gesto pensando en ello— pero no —se relamió los labios mientras se apartaba de ellas— le di un don, algo para detenerla. No saben lo que es el verdadero miedo y a pesar de toda mi historia, no quiero repetirme, me equivoqué con la humanidad, ella lo sabía y cuando vio mi corazón… bueno —giró sus ojos a otro lugar— no es algo que vaya a dejarlas dormir tranquilas, así que pospondremos esta conversación para luego —enserió su rostro.

— ¿A quién? —preguntó Lux ya cansada de adivinar quién era "ella".

— Espero que no lo averigües nunca —advirtió con sincera preocupación— ni tú ni otros seres humanos la merecen, no importa cuán malos sean —finalizó apartándose por completo de las dos muchachas, las cuales casi petrificadas seguían quietas en el mismo lugar.

Habían muchas preguntas y ninguna respuesta, mas algo era seguro y que en su mente Lúmen ya no pretendía estar en las sombras para que el cuervo hiciera lo que quisiera sin su consentimiento, debía detenerlo, recuperar su poder como pilar noxiano y también pensar en el futuro, de fallar él o estos humanos.

Aquella ocasión en la que se encontró con Lux por primera vez, sí, notó su poder, aquel potencial que tenía para hacerle frente a futuros inconvenientes pero también supo por algunas visiones que su hijo podría mantener el orden, aquel híbrido de Luz y Oscuridad, pensó Lúmen y un atisbo de paz le calentó un poco el corazón, se detuvo al instante, ¿qué diablos le estaba pasando? Volteó de inmediato hacia las jóvenes que había dejado marchar, ese bebé… casi podía sentir su magia, le otorgó algo que dejó de sentir desde hacía mucho tiempo… esperanza y un pequeño rastro que lo guio a su humanidad ya muerta.

¿No era él quien le dio parte de su poder? Claro, dejaba la tierra de los hombres para perderse durante décadas y cuando volvía, un híbrido como nunca antes vio, un no nato, un retoño (como él le llamaba) incapaz de verlo usaba su magia para infundirle esperanza, quizás… no se había equivocado en nada al darle parte de sus poderes. Nunca le gustó perder, pero si lo hacía, su carta de victoria estaba asegurada.

— ¿Vas a odiarme? —preguntó viendo al cielo—. Yo creo que sí…

La vida no había sido buena con él, un ser poderoso, incomprendido, relegado a estar entre personas que poco o nada sabrán de su naturaleza, impredecible por las enseñanzas de un maestro, pero… alguien capaz de ver el mundo de una manera distinta. Quizás ese fue su delito, por el cual huye de ella, pero ¿quién es? No lo dirá, si lo hiciera llamaría a su alma y despertaría lo que queda de su consciencia.

Pero el corazón de Noxus por ahora estaba en el lugar indicado, lleno de nuevas ideas, proyectos, un sin número de…

— Darius —dijo Lux viendo a Darius todavía en compañía de Katarina.

Caminaron por la ciudad y fácilmente ubicaron un sirviente de la casa Du Couteau, quien los reconoció al instante, dándoles información valiosa de la ubicación de su ama, así como de quién le hacía compañía.

Aquel castillo con un portón simple sólo tenía un guardia fuera, el cual sin duda era parte de la tropa de Darius, dejando pasar a las muchachas. La puerta de aquel castillo ni si quiera estaba cerrada, pudo empujarla suavemente y ver aquel pedazo de sueño convertirse en su amor.

La cabellera castaña oscura del comandante se movió ondeante al girar e ir de prisa a recibir a la mujer que tanto había esperado por ver, la tomó por la cintura y levantándola enérgicamente la abrazó contra su cuerpo.

— Me extrañaste —señaló la rubia, las comisuras de sus labios no podían evitarlo, estaba sonriendo como una niña.

— ¡Da—Darius! —reaccionó Katarina— ¡el bebé! —le gritó intentando que él tuviera más cuidado.

— ¡Oh! —la alejó de su cuerpo— yo no pensé —dijo al instante bajando a Lux al piso con sumo cuidado.

— Estoy bien —le tomó el rostro entre sus manos, deslizó sus dedos como si fueran caricias por su mentón y apoyó por completo sus palmas casi por debajo de sus orejas para acercar su rostro— también te extrañamos —besó los labios de su esposo con la alegría de su alma rebozando.

Fuera de cualquier otro pensamiento que tuvieran Katarina y Sona estaban algo fuera de lugar, sin saber a donde mirar o qué hacer mientras los pequeños tórtolos se daban el cariño que tanto esperaron, pareciera como si cualquier separación los hiciera actuar así y no era para menos, la tensa situación en la que Draven se había metido, su separación a causa de ello, la ayuda de Swain e incluso la masacre del barbárico Fraktal.

— ¿Pueden parar? —agregó Katarina sonriendo algo avergonzada—. Por lo menos hasta que nos vayamos, digo… ¿no quieres un te? —preguntó a Sona, la cual accedió moviendo su cabeza afirmativamente con rapidez.

Ambas se fueron de ahí, dejando solos a esos dos, los cuales parecieron sentir algo de culpa por la incomodidad. Para la pelirroja era raro ver a Darius, "el gran Darius", el "comandante Darius" actuar de esa manera, llevaba años siendo un rígido hombre de la milicia, así que le impactaba un poco, todavía. En el caso de Sona, ella simplemente no estaba acostumbrada al nivel de intimidad de ambos, como si fueran una misma alma en dos cuerpos distintos, no era indiferente a su amor pero… le sorprendía un poco, quizás también porque nunca tuvo a nadie a quien querer o que la quisiera con esa intensidad.

— Mírate, ¿has dormido bien? —preguntó Darius observando de pies a cabeza a su rubia favorita.

— Sí, no te preocupes, Sona me ayudó a cuidar de Draven, despertó hoy, el médico me dijo que va a estar bien. Necesitará tratamiento y pienso que… —dudó, ya que aquel silencio en el cual se internó fue muy extraño, cuando hablaron y no se dio cuenta de que alucinaba— sería buena una evaluación. Sabes que aquel tiempo de tortura pudo atraer un poco de locura a su cuerpo, ¿recuerdas lo que nos contó?

— Aquello que mencionó de atar su alma por un juramento me pareció demasiado, así que es posible que mi hermano tenga secuelas.

— Sí… —susurró Lux.

— Lo que necesite, ayudaré en todo —bajó la cabeza, no quería, pero mucho de lo sucedido se hubiera evitado si en lugar de intentar matarlo hubiera hablado con Lux. Decirle que sabía todo, que la perdonaba y así finalmente sacar de su sistema todo ese dolor y rabia, habría sido mejor. Tosió un poco.

— ¿Estás bien? —se preocupó ella.

— No te inquietes por mí también —dijo serio tomando las manos de su amada.

— Estás caliente —susurró— puedo prepararte algo en la cocina —se movió intentando soltarse de su agarre.

— No —dijo atrayéndola hacia él, la levantó con cuidado entre sus brazos y se la llevó hasta uno de los muebles.

Tomó asiento y la dejó sobre él como si la cargara todavía, la estrujó levemente como si fuera un tierno peluche, quería sentir su calor, su energía, aquella increíble viveza que lo hacía tan feliz.

— Estar lejos de ti hace que me irrite, sólo quédate un minuto.

— Debemos esperar un poco —agregó Lux pasando sus dedos por la cabellera de su esposo mientras volvía a besarlo— mientras… —su voz baja y aguda le daba una vibra muy distinta a su acompañante— ¿podemos ir a algún lugar? —preguntó algo sonrojada.

— ¿Qué? —dijo él despertando del momento de ternura que tenían para darse cuenta de las intenciones de Lux— ¿estás segura? No quiero lastimarte —añadió con preocupación.

La joven, pretenciosamente arrimó su ansioso cuerpo al del comandante, entrecerró los ojos y curiosa giró levemente hacia su objetivo.

— No me hagas esto —dijo Darius conteniendo su gran cuerpo. Parecía que el temblor de sus músculos se convertía en animosidad.

— Quiero—

Y antes de que pudiera terminar la frase, su compañero se levantó junto a ella de aquel mueble mientras la llevaba casi corriendo hacia una habitación o lugar que estuviera vacío.

¿Quién hablaba de necesidad? Él ansiaba su cuerpo, su piel, su dulce voz pidiéndole ser amada, ¿cuánto había pasado desde la última vez? Ni si quiera le pasaba por la mente momentos antes mas cuando ella pronunció aquellas palabras, con aquella única voz, tan sensual, tan única.

Era raro pero desde su primera vez él siempre pudo identificar cuando quería, tal vez era el tono en el que hablaba, su lenguaje corporal o las hormonas llamándolo a desbocar su pasión en ella.

Ya en una habitación, lo primero que pensó fue que no debía ser brusco, ponerla contra una pared o… la cama.

— Espera —dijo Darius apagando sus ganas, la soltó para luego mirar la cama por unos instantes.

Lo recordaba. El peor momento de su vida, cuando Swain le mostró cómo violaban a su esposa, cómo su propio hermano encontraba un modo de hacer todo lo sucio que imaginara con su cuerpo.

— ¿Darius? —preguntó ella.

— ¿Podemos hablar? —dijo él sentándose en la cama que había prometido ser el punto de inicio para hacer el amor otra vez, como la pareja que eran.

— ¿Qué pasa?

— Lo se todo —agregó con dolor.

Apretando los dientes, la sorpresa le llegó al instante, Lux ya tenía idea de que algo así pasaba por su mente desde antes, quizás esto sucedía porque era la primera vez que lo hacían después de aquella tragedia. Ella también se sentó al lado de su esposo, miraba la nada, como si recordara.

— Quería decírtelo, en verdad… —comenzaba Lux.

— En serio quiero hacerte el amor —dijo Darius mientras giraba su cuerpo hacia ella, parecía querer explicarse pero nada era fácil en ese punto, ¿cómo le dices a tu esposa que conoces su peor error?

Tal vez creía que si se lo decía antes podría… podría perderla, ¿quién le asegura que Lux no lo abandonaría? Después de todo, el abuso, el consentimiento, el deseo… eran algo distinto cuando de otro hombre se trataba.

— Se que tal vez sabes la verdad por otros pero quiero decírtela yo también —era un sincero intento de salvar su relación.

— Te escucho.

— Yo… creí que estabas muerto, tal vez rompí mi corazón, aunque una parte de mi esperaba poder tener el consuelo de enterrarte, de verdad pensé que eso me daría paz, entonces Draven y yo comenzamos a llevarnos mejor durante ese periodo de tiempo, aunque yo encontraba cierta paz en querer tener una tumba en la cual llorar, él no lucía mejor, parecía querer llorar cada vez que imaginaba su vida sin ti. Cuando él me abrazaba me sentía más cerca de tu recuerdo, era como… si todavía pudiera tenerte, entonces me enteré de que estaba embarazada, él y yo planeamos —se encorvó— pasar por una pareja feliz, como si siempre nos hubiéramos entendido, todo con tal de no regresar a Demacia, de tener donde llorarte, de quedarme en Noxus. Además, esa organización parecía tener planes con nuestro bebé, Draven escuchó algo acerca, me asustó, harían cualquier cosa por impedir que nazca, tenía tan poco a donde aferrarme, así que me tragué la idea de que era esposa de tu hermano, por su bien, por mi propia seguridad, ya que si volvía a Demacia probablemente Jarvan haría algo para herirlo; cada día… cada minuto… cuando él estaba cerca de mi —sus ojos podían ver cómo su esposo resentía el dolor con lo que seguía y ni si quiera era lo peor— lograba sentir su energía, su… deseo hacia mí, me asustaba pero me consolaba diciéndome "puedes conservar a tu bebé y tener un poco de Darius", no pensé bien, era una estúpida y me dejé llevar por la falsa idea de que la familia que hicimos no se destruiría y… cuando pasó eso —cerró sus ojos, las lágrimas habían comenzado a fluir, lagrimas llenas de vergüenza— me negué al principio pero no tenía fuerza para luchar contra lo que estuviera poseyendo a Draven, sabía que él tenía parte de los sucios deseos de la Rosa Negra, creí que era momento de dejar todo esto atrás, sin ti la idea de que acabaran con nuestros sueños se me hizo fácil. Pensé entonces… mientras él… estaba sobre mí, mientras me… tocaba, pensé que si me dejaba por esta vez, que si cedía a sus deseos —tragó saliva, asustada de lo que decía— la semilla de la oscuridad no controlaría por completo su cuerpo, pero me equivoqué porque… no se detuvo incluso luego de… —la sensación de 'aquello' introducirse en ella la hizo gimotear— esto ya era parte de mi tragedia. Pero… mientras lo hacía, fue… fue como si todo mi cuerpo quisiera consolarlo, él lloraba sobre mí, lloraba mientras… pasaba "eso" —todavía podía recordar el rose intermitente de su miembro en su interior, el casi hirviente dolor y pasión desbordada— lloraba mucho, sus lágrimas, me tomé sus lágrimas porque caían en mi boca como si fueran gotas de lluvia, quise llorar con él pero… —se ahogaba en sus palabras— no podía, estaba concentrada pensando en ti, disfrutando… cómo me hacía el amor, cómo yo, en mi mente, hacía el amor contigo por última vez. Pero… abrí mis ojos y… lo vi a él, a él con el rostro mojado, llorando por fallarte, por lastimarme y lo besé, no una sino varias veces, lo besé para que dejara de mirarme así, la culpa lo hizo terminar y se fue, estaba… enloquecido, de una rabia que jamás había visto. Cavagnarov arruinó lo único bueno que tenía e hizo que se quebrara. Sabía que después de matar a todos iba a matarse —se agachó más y casi abrazó sus piernas, apenas podía articular palabras— ni si quiera lo pensó dos veces, me miró desde lejos para abandonarme y tomando un cuchillo lo vi con esas intenciones, ¿entiendes? —vio a Darius de reojo— su culpa era tan grande que iba a matarse por ello, iba a dejar su vida por ti, no por mi, él nunca me hubiera amado más de lo que te ama a ti. Así que se lo impedí —bajó la cabeza otra vez— lo abracé y lo besé porque no soportaba la idea de terminar con su vida por mis propios pecados. Además… yo también quería morir luego de cometer tantos errores, deseaba tanto… —abrió la boca y miró a Darius con locura en su rostro— reunirme contigo.

— ¿Por qué? —dijo él, aturdido por completo con las palabras.

— En mi interior, desde que me dijeron que moriste, sólo quise dejar de sentir todo pero luego tu hermano llegó con la loca idea de que me habías dejado este regalo —ocultaba su rostro con su cabellera aún ahogada en llanto— y eso me dio el impulso para vivir un poco más, un poco más hasta que Cavagnarov manipuló a Draven y… enloquecí sin saber ya qué hacer, si morir, si vivir con esta culpa, si… dejarme matar…

— Basta —le llamó la atención.

Darius colocó su mano sobre la temblorosa cabeza de Lux para intentar levantarla, se arrodilló en el piso y acariciando sus rodillas con ternura volvió a insistir para que ella dejara de ocultar su rostro, finalmente luego de unos segundos levantó un poco la cabeza.

— ¿Por qué te avergüenzas frente a mí? Ya lo superé, por mí mismo, superé dentro de mí tus errores. Ya me fui una vez, no quiero irme de nuevo. Si no te dije nada es porque tal vez… —miró a otro lado— tal vez… pensaba que me abandonarías —se quedó estático— ¿qué mujer aguantaría todo este dolor y vergüenza? Recomenzar para ti era lo mejor, así que… ya, si no vas a abandonarme entonces trabaja conmigo para superar lo demás, mis miedos, tus miedos, que sean del pasado —le apretó la cara un poco— vamos, deja de llorar —la soltó, luego volteó a otro lado completamente hasta alcanzar un pedazo de su capa, la rompió y con esa misma le limpió el rostro.

— Quería estar contigo, deseo… sentirte… —susurró Lux.

— Eso pasará cuando estés mejor —se levantó del piso para sentarse nuevamente a su lado— escucha algo —le dijo esperando que ella lo viera, para cuando lo hizo siguió sin poder controlar su gimoteo— te quiero, tal vez no lo digo seguido pero es la verdad y no cambiará, jamás. Ya intenté alejarme de ti, ignorar lo que siento cada que te veo, estar lejos me provoca ira, porque eso significa que no tengo el carácter suficiente para protegerte o cuidarte, no siento que soy un hombre porque traiciono lo que de verdad pienso.

Apoyó su cabeza en el cuerpo de Darius para seguir gimoteando un rato más, al tiempo que sus brazos la rodeaban con cariño, le daba pequeños apretones y besaba su cabeza. Tenían mucho que decir y ahora que lo hacían una carga se iba de a poco, tal vez no sería para siempre pero por ahora estaban mejor, los desastres los perseguirían pero estaban seguros de que tendrían que superarlos.

Actuar fuera de lo que conocían les sería difícil pero apoyándose mutuamente lograrían crear un cambio, no sólo entre ellos sino en su entorno. Conversaciones así sólo reafirmaban lo que ellos siempre han sentido, ya no era tiempo de poner culpas, era el momento de vivir y superar todos los problemas que podrían venir a causa de su unión.

Pero parte de sus voluntades abiertas a seguir juntos era ese "inexplicable" sentimiento de esperanza que sentían, algo que… quizás tenía una razón más para ser.

Lúmen había provocado que la magia surgiera como fluyen los causes de los ríos, aquel niño cambió su destino levemente al haber obtenido tales dones. Quizás al sentir el estrés de su madre comenzó a irradiar aquel poder de dar esperanza a quienes están a su alrededor, así también su padre fue afectado.

— Algo ha cambiado —dice una voz en la oscuridad.

¿Dónde está? Es otro lugar, un escondite, un sitio que desprende un claro hedor a muerte, quizás es el olor a sangre seca, no unas gotas, ríos de sangre incapaces de ser detenidos.

— Tu incompetencia ha provocado que suframos este cambio, querida.

— No puedo matarlo, es imposible, está arruinando nuestro futuro.

— ¿Tendré que ocuparme?

— Swain —finalmente reveló su nombre— el niño, es hijo del comandante, este cambio no sería tan notable si no fuera así. Tenemos que matarla, antes de que de a luz, deja de defenderla.

— ¿Qué dices? —se mostró curioso y sin culpa—. ¿Yo la defiendo?

— Sí —afirmó LeBlanc, mostrándose ante un claro de luz— casi puedo decir que intervienes con las intenciones de la organización.

— Yo soy el líder de lo que tenemos. No presiones tu suerte.

— No me amenaces, se muy bien que no has querido matarla desde que llegó aún sabiendo su destino porque planeas algo más fuera de lo que acordamos.

— ¿Otra vez con tu paranoia? —sonrió levemente su contraparte acercándose a ella— Relájate, si quieres matarla podrías arruinar lo poco que hemos construido. Recuerda que su muerte no debe ser violenta.

— ¡¿Por qué?! —reaccionó sobresaltada—. ¿Eso también estaba en tus visiones? No seas ridículo, estamos desperdiciando oportunidades, comienzo a pensar que no estás de parte de los intereses de la organización.

— Ya vete, no soporto tus acusaciones, si vas a tomar el liderazgo de la organización, adelante, inténtalo.

— Pruébalo. Prueba que estás 100% comprometido con nuestros planes para dominar toda Runaterra.

— No tengo que probar nada contigo y ya, desaparece o… —su brazo se encendió en rojo, indicaba peligro.

— Ya veremos —amenazó LeBlanc para desaparecer en la oscuridad.

El cuervo se encogió levemente cerrando sus ojos, ¿qué había sido todo eso? ¿Por qué de repente sentía la presión del bien tan fuerte en Noxus? La Luz… comenzaba a ganar terreno, ¿estaba cometiendo un error?

— ¿Qué haría ella si se enterara de lo que quieres hacer? —preguntó Lúmen apareciendo tras él.

— Maldición —musitó por lo bajo Swain— ¿cómo encontraste este lugar? —preguntó algo más irritado que de costumbre.

— Siempre has sido un mocoso estúpido, ¿sabes lo que pasará si cumples con tus deseos? —preguntó realmente preocupado.

— Me engañaste para encerrarla, yo… —apretó los puños sin que él lo viera su frustración— nunca me voy a perdonar lo que le hice —volteó a él.

— Eras un perro, no… quizás menos que eso, ella te hizo creer que podías ser grande.

— ¡Y aquí estoy! —soltó su transformación dispuesto a atacar.

— ¿De verdad crees que puedes contra mí? ¿En serio? —rió divertido viendo los ojos bestiales de Swain—. Vamos a dejar claro algo, no funcionará, ya lo has intentado.

Aquel demonio siguió viendo a Lúmen a una distancia notable, agitando su cuerpo, claramente dispuesto a perder un brazo o dos con tal de callar de una vez las voces que en su interior le pedían redimirse.

Se calmó y volvió a su forma humana, veía con seriedad y fiereza al 3er pilar.

— Así que con sólo verla una vez puedes decir que no es su reencarnación, eres un gran mentiroso —tragó saliva, ya que al estar mucho tiempo delante de Lúmen incluso siendo así de poderoso como lo era, sentía su cuerpo reaccionar al miedo— sentiste su energía, su poder durmiente, aquellos ojos amenazantes dispuestos a pagar con sangre cualquier sufrimiento que fuera capaz de sentir.

— Deja en paz a la demaciana o le diré a tu aliada lo que planeas.

— No sabes lo que…

— Luxanne Crownguard ha estado en tu mente por mucho tiempo, incluso antes de que pisara Noxus. Todas las tragedias de su vida, de alguna manera las propiciaste, casarse con un noxiano para llevarla a la infelicidad, provocar que la violaran, ser maltratada por aquel conde pervertido pero ahora lo tienes más claro, tu meta no es que la maten, es que sufra un dolor tan intenso e irremediable que pueda llevarla al suicidio porque tu maestra no es capaz de surgir de un corazón lleno de amor, la necesitas rota, llena de dolor, extremo sufrimiento, oscuridad, rabia y quizás… desolación. Sólo así podrías llamarla.

Por un momento Swain contuvo su temblor y rió, como si se burlara, los ojos cerrados, la boca abierta, no parecía él, la locura podía llamarlo en ese momento, odiaba a Lúmen, era fuerte y tenía una consciencia capaz de adquirir conocimiento con sólo tocar personas o cosas.

— No debiste traer a la demaciana. Sea lo que sea que intentes hacer, ella lo superará, y si me toca estar de parte de alguien, ten por seguro que no será el tuyo.

— ¿Crees poder evitar su dolor? Bueno, tal vez seas capaz de evitar que la dañen para que mi maestra no sea invocada pero… tú no conoces lo que gobierna su voluntad —dijo guardándose lo mejor— "porque matar a Darius hará que pierda la cabeza y cuando aquel niño nazca muerto, no tendrá nada que la ate a este mundo" —pensó.

Sabía de aquel futuro, ese camino le ha sido enseñado a través de visiones del destino, por ello estaba tan seguro de su victoria, la muerte de todos los que ama era inevitable, la soledad, el constante recordatorio de su derrota, su miseria le llevarían al rincón más horrible de su mente y ahí, ahí… estaba su maestra.

— Todavía eres ese niño abandonado al que mi maestra entrenó, te aferras a su recuerdo creyendo que algo cambiará ahora. Ella no era leal a nadie, no la traicionaste, iba a acabar con todos de igual forma, hundir el mundo en oscuridad, no habría nada ni nadie. Te salvé, a ti y a la humanidad al sellar su existencia en un corazón virtuoso porque sabía que no volvería jamás a la vida de esa forma.

— Todos tenemos oscuridad dentro, incluso el corazón de Demacia. Pero no estoy aquí para hablar del pasado. Que pase… lo que tenga que pasar —dio un par de pasos atrás y se dispuso a marcharse—. Es bueno verte otra vez, Lúmen.

Los cabellos de color ceniza del 3er pilar se agitaron al movimiento del mismo, bajó la cabeza y recordando su pasado como una amenaza latente de este futuro se encogió. La maestra de Swain no podría derrotar el luminoso porvenir de Luxanne Crownguard, pero… ¿por qué? ¿Por qué Swain se veía tan seguro?

Era cierto que algo más se construía en Noxus, por razones que desconocían un foco de esperanza surgía, opacando claramente la notable voluntad de Swain o Le'Blanc. Esto, lejos de irritar a la organización, traía consecuencias en los demás involucrados.

— ¿Todo bien? —preguntó Katarina viendo entrar al salón principal a Lux junto a Darius.

— Sí, ¿verdad? —la rubia volteó hacia su amado mientras la contenía un abrazo.

Asintió a la pregunta con una leve sonrisa en su rostro, dejó ir a Lux para que fuera hacia Sona, la cual miraba molesta los ojos hinchados de su amiga. Con lenguaje de signos le preguntó si había llorado pero la rubia disimuló e intentó no contestar.

— Creo que es hora de irnos, ya ocupamos mucho de su tiempo.

— Yo también me iré —contestó Katarina—. Vamos, te acompañaré.

Las tres fueron caminando a la salida, en donde Darius estaba, abrió el portón, la última en salir era Lux, ambos se detuvieron y se vieron por unos momentos.

— Ven a visitarme más seguido —dijo él agachándose un poco.

La rubia respondió poniéndose en puntas para alcanzar sus labios y besarlo cariñosamente, se quedó un par de segundos así hasta separarse.

— Te amo —dijo ella y se fue.

Esa sensación perduraría, quería guardar aquel beso para siempre en su memoria, Darius sabía que si tenía la intención de cuidarla, incluso lejos, debía prepararse para una inminente guerra. Y lo primero necesitas para ello era información, saber quiénes son sus enemigos y dónde pelearías tus batallas. Hacer esto a ciegas podría costarle su vida.

— ¿Estás ocupado? —preguntó una voz dentro de aquella enorme casa. Darius volteó de inmediato para ver al intruso.

— Tenemos que hablar.

Dijo el extraño para luego hacer un movimiento con su mano y cerrar la puerta con aquella magia que el gigante noxiano desconocía.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó siendo interrumpido por su propia somnolencia. Sus ojos comenzaban a cerrarse, ¿había sido golpeado? Todo se ponía oscuro de repente.

— Tal como lo imaginaba —añadió Lúmen ante la falta de respuesta de defensa— ahora sí, vamos a trabajar.

x

xx

xxx


Fin de Episodio 50