Hola de nuevo a todos, luego de una pausa de casi 1 mes, aquí llega el nuevo episodio, espero lo disfruten tanto como yo escribiéndolo. Este episodio tiene algunas referencias y datos explicados al final, por si se quedan con alguna otra duda, además de las que aclaro, pueden enviarme un mensaje o dejar su comentario, en el próximo episodio trataré de responderles.
No olviden que pueden seguirme en mi página de FB: /StarlingShadow para ver algunas actualizaciones, dibujos, sorteos, entre otras cosillas que a mi me gustan. También pueden apoyarme en para tener algunos detalles de mis historias, si hay gente, veré si puedo agregar sorteos y más dibujos a la categoría de fanfics que tengo.
Creo que eso es todo lo que quería decir por ahora :) gracias por su apoyo, hasta la próxima~
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Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 52 – El Hijo Amado
El amor que rodeaba la gruesa capa de odio que creó por años lo desestabilizó, reunió fuerzas para dormir ese día, dos cosas eran seguras, una que amaba a su esposa, otra que lucharía por siempre con ese sentimiento de odio hacia su hermano, a pesar de que se estaba forzando a sí mismo a perdonarlo.
Darius no recordaba nada, tan sólo tenía una idea en su mente, una repetitiva y molesta idea, llevar a Lux al castillo de Lúmen.
¿Por qué? Se preguntó como en un suspiro. Al ponerse oscuro, fue como si viera fuera de sí, a través del cielo, la luna, unas estrellas pero el poderoso latir de un corazón junto a otro le despertó.
Su día comenzó como cualquier otro, se aseó, se vistió y fue a su regimiento, ordenó a sus tropas vigilar la ciudad y a otros ver los movimientos de Swain.
Noxus estaba débil a ataques, una ventaja para sus enemigos podría ser aprovechar esta oportunidad para irrumpir en sus dominios.
Por su parte Dante y Grey se presentaron a las prácticas, veían de lejos al Comandante, trazaba algunos planes junto a sus soldados más cercanos.
De lejos, el gigante noxiano parecía estar tan concentrado, perdido en sus pensamientos, quizás también pensando en la rubia, que historia aparte, vivía distante de él; Dante quedó con la emoción aflorarando en sus ojos al contemplar este suceso, como si viera una estrella brillar. Ni si quiera pasaba por su mente todas las veces en que quiso conocer a su padre, era un niño lleno de imaginación y ahora sólo un adulto con cicatrices que contra todo pronóstico se curaban al paso.
Despertando de aquel aletargado pensamiento y sin notar que aquel muchacho del futuro lo veía como un cachorro, se dio a la tarea de ocupar sus pensamientos en sus deberes como protector de esa tierra llamada Noxus. Mandó a llamar soldados, necesitaba compartir lo poco que había elaborado durante su receso.
De repente los ojos del gigante noxiano se posaron en el muchacho que tanto le había observado, estuvo a punto de decir algo, incluso hizo un breve contacto visual, pero volteó hacia Grey.
— Tú —dijo sin pestañear.
Le indicó que lo siguiese, no lo iba a negar sintió algo de envidia al ver marchar a su compañero.
— Muchacho, tu líder de escuadra me habló muy bien de ti. Tomas decisiones rápidas y aprovechas las condiciones de los medios apropiadamente. Me hace falta algo así —dijo Darius.
—Señor, sólo cumplo con mi deber —respondió con voz firme sin levantar la mirada todavía.
— Hay actividad demaciana muy sospechosa en la frontera. Pero no te enviaré allá —se paró al lado suyo bajando un poco su rostro para encontrarse más cerca de él— estarás a cargo de cuadrar la seguridad de mi castillo. Esta "tarea" es sumamente importante.
— Así es, Señor —respondió afirmativamente.
— Bien. Ajusta un plan de protección, anota cuantos soldados se necesitarán y todo lo que se requiera. El jefe de escuadra lo evaluará y si es bueno, veré si puedo ascenderte —dijo conciso el comandante noxiano para luego alejarse— ya puedes marcharte.
Grey hizo una ligera reverencia y fue al encuentro de Dante, el cual estaba expectante.
— ¿Qué pasó? —preguntó.
— Sólo necesitan que me agrupe a una escuadra para ir en algunas misiones —mintió.
— Ah… suena bien —contestó encontrando molesto aquel tono irregular en su voz. Podría estar interpretando mal el temblor de su voz o quizás mentía.
Pero el castillo no era más que el principio de todo, un terrible presentimiento se presentaba, parecía también que no podía confiar en su aliado, ¿qué era lo que planeaba?
— ¿Cómo va todo? —preguntó Draven al llegar al salón donde Lux y Sona estaban.
— Muy bien —contestó la rubia— uhmm… ¿vas a la ciudad? —Draven aparecía… presentable.
— Necesito ver a alguien. No tardaré. Dejo soldados cuidando el castillo —añadió como quien tiene prisa para irse tan rápido como se encontró con ellas.
Esos días de reposo había pasado de estar enojado con Vi a pensar en la posibilidad de que no era necesario vengarse, quizás Sona comenzaba a "sonarle" coherente. Ya había cometido muchos errores hasta ese punto, el primero lastimar a Lux, el segundo confiar en sus instintos y el tercero… dejarse llevar.
Un flashback de su noche con Lux llegó para hacer que se encogiera adolorido y avergonzado.
En la ciudad se cubrió la cabeza para no ser reconocido, no por miedo a que le vieran golpeado y destruido por su estadía en Reskiba sino porque si algún miserable seguidor de Swain lo veía, avisaría y podrían intentar molestar a Lux.
Caminó por las calles en medio de su anonimato hasta llegar a una alejada tienda, golpeó con calma la puerta, un par de veces para ser reconocido. El crujir de la madera y el sonido de las clavijas siendo abiertas le dio la seguridad para entrar.
La oscura puerta le mostró luego un pasillo tenebroso que recorrió sin miedo, al llegar al final encontró un sirviente, el cual reverenciándole le dejó pasar, una mesita iluminada simplemente con unas velas le saludó.
— ¿Sabías que vendría? —preguntó.
De esa misma oscuridad surgió la figura de la matrona noxiana de la familia. Najid.
— Tuve una visión de que necesitabas mi consejo.
— Es acertado, vieja.
— ¿Qué quieres saber?
— Hay una persona de la cual quiero vengarme, bueno, no es sólo una. Es una mujer, alguien que me ha lastimado profundamente. He… pensado —agregó luego de dudar un poco— en lastimarla pero una amiga mía me ha hecho caer en cuenta que posiblemente no deba hacerlo porque la muy bastarda está embarazada. Y no podría hacerle eso a la madre de mi hijo, ¿verdad? —su brújula moral estaba rota, necesitaba una idea de qué hacer.
— Uhm —Najid lo miró y giró su cabeza, lo examinó mientras acercaba su mano a su rostro.
— ¿Si me vengo de esa mujer mi hijo saldrá lastimado? —preguntó—. Digo, no tengo problemas en matarla y quedarme con la criatura, puedo criarlo, después de todo no mentí en que necesito un sucesor.
— ¿Puedo leer tu futuro?
— Sí, sí, es lo que necesito.
— Uhm… —con ambas manos acarició el rostro de Draven hasta rodearlo y apretar su cabeza— espera —cerró sus ojos y se concentró, la luz de su aura comenzó a hacerse visible.
Luego de unos segundos esta lo soltó, evadió la mirada del muy atento noxiano mientras alejaba sus temblorosos dedos de este.
— Tú… no debes dañar a esa mujer, a la mujer que espera un hijo tuyo —dijo Najid.
— ¡Oh! —se sorprendió decepcionado de poder llevar a cabo su preciosa venganza—está bien —asintió— lo presentía —se quedó pensativo— y es lo mejor, al final, supongo que Vi tampoco merece eso —esbozó una sonrisa nerviosa, la decepción en sus palabras se notaban.
— Debo decirte algo —añadió la matrona noxiana con seriedad—. No veo a tu hijo en esa mujer.
— ¿Qué? ¿Vi? —movió la cabeza casi por instinto negando— ¿Cómo? ¿Entonces no está embarazada?
— Por eso quería decir algo… realmente importante.
La matrona quitó sus manos de la mesa, de hecho las ocultaba, era un mal hábito que había adquirido ya que todos las miraban luego de una lectura. Giraba sus ojos ocasionalmente para ver al Ejecutor; no temía a nadie pero sí a este, él destellaba sangre y horror en su destino.
— No lo veo claramente, es decir… tu descendencia es apenas un murmullo entre los vivos.
— Pero Vi dijo que esperaba un hijo mío y no he estado con otra, ¿qué es lo que has visto, vieja? Explícate —ordenó preocupado.
— Veo 2 esencias —parpadeó mirando de reojo al noxiano menor— pero son distintas, una es clara, te pertenece, pero la otra… es raro, no había visto algo así antes. No sé cómo explicarlo. Me disculpo —se inclinó.
— Y la mujer con esas esencias, ¿puedes decirme quién es? Cualquier cosa, su color de pelo, su tamaño, cualquier… cosa me sirve.
Temía lo peor, se decía a sí mismo que estaba viviendo una fantasía, un… mal giro del destino, intentaba quitar esa sonrisa que había tenido pensando en su futuro hijo para retomar aquel camino de incertidumbre, uno en el que seguía lastimando a las personas su alrededor.
— Creo que ya sabes quién es —contestó aquella mujer evitando, esta vez, verlo directamente.
— Te-Tengo que irme —se levantó dejando caer las cosas a su alrededor, estaba tan nervioso que no se controlaba.
Salió de ahí a tropezones, con los vellos de su cuello y brazos erizados, sin querer imaginar, sin si quiera… pensar en lo que estaba por hacer o decir. Dio algunas vueltas alrededor de la ciudad mientras unas gotas caían, miraba al piso, sus pensamientos no se conectaban con su cerebro, estaba en blanco, negando lo que le habían dicho.
Era mentira, sí, debía ser mentira, no podía concluir este ciclo de maltrato de esa manera, no podía… hacerle eso también, hacerle… eso a todos.
Llegó al castillo ataviado, enfrascado en una lucha en su interior con todos sus demonios y de camino a su habitación se encontró con su más grande torturador, qué ironía… lejos quedaron sus días como ejecutor ahora que se encontraba cara a cara con un mayor peligro.
— ¿Ya llegaste? —dijo Lux con media sonrisa y un vaso de agua.
Ella sonrió porque no veía nada malo en Draven, porque confundía su palidez a haber estado todo ese tiempo en ese encierro, este no sólo tembló y se acercó a ella con sumo cuidado, con los ojos húmedos. La tortura que estaba por mencionar era incierta.
— Sí —bajó la mirada— ¿todo bien con el —pausó— bebé?
— Claro —contestó natural— tuve un antojo y fui a la cocina.
— No tienes que ir por la comida siempre que así sea. Traeré un sirviente para que se ocupe de ti.
— ¿Qué? —se sorprendió.
— Sí, muñeca, el médico te recomendó tomar las cosas con calma —forzó una sonrisa levantando la mirada, pero estaba ausente.
— ¿Seguro que estará bien? Ha pasado tanto desde que tuvimos… tantos sirvientes —dijo viendo por lo bajo sus recuerdos. Cuando los invadieron y estuvieron a punto de matarla.
— Nada va a pasar —la tomó por los hombros— estaré aquí para proteger el hogar que mi hermano me dejó.
— Gracias —contestó y automáticamente fue liberada de aquel toque, dio la vuelta de camino a su habitación.
Su corazón estaba palpitando, ¿sería verdad? ¿Esto estaba pasando? Se preguntó de nuevo el verdugo noxiano, veía marchar con atención a quien podría estar con un terrible pesar dentro de sí.
Todavía recordaba burlarse de su desdicha al saber que su hermano no pretendía embarazarla (*), dándole remedios caseros, hojas de plantas que podían impedir la concepción pero que, al mismo tiempo, podrían crear un ciclo irregular en su menstruación.
Crear ciclos irregulares capaces de retrasar la ovulación o hacer que un óvulo pudiera escapar al normal funcionamiento de su útero, siendo este… fecundado por otro espermatozoide cuando ya estaba uno cumpliendo ese papel.
Nunca había llorado en el pasado, Draven no recordaba haber tenido esas ganas de llorar colmándole la paciencia pero esta duda, esta predicción, esta… maldita idea lo sacaba de quicio, quería soltar los mares de soledad y desprecio a sí mismo que guardaba con sus lágrimas pero debía aguardar, una… tonta confirmación, la matrona podía estar en lo incorrecto, podía haber visto mal.
— Hey… —llamó Draven a Lux, quien estaba a punto de girar por un pasillo— pensaba que deberías ir al médico, ya sabes, no has tenido tiempo de tomar vitaminas y hacer que te revisen.
— No sé si sea oportuno —pensó dudando.
— Sona dijo que sería bueno que hicieras un ultrasonido, creo que quiere ver al bebé. Ella ha pasado por mucho, podría ser bueno para ustedes salir. Yo las acompañaré, no pasará nada —dijo inventando la mejor excusa. Al menos así podría verse menos interesado.
— ¿En serio te dijo eso? —levantó la mirada para dar unos pasos y acercarse a Draven.
Había notado lo preocupada que estaba su compañera, después de todo, ella pasó por algo terrible también, su cabello… sus heridas, recordaba lo molida que llegó a verla; lo único que muchas veces la sacaba de ese trance de pensamientos o recuerdos oscuros era cuando mencionaba al bebé o cuando tocaba canciones para este. Sería bueno compartir un poco de su esperanza con ella y Draven, por otra parte… su pensamiento se alejó hasta llegar a Darius, quería que estuviera presente.
— "Este bebé" —pensó acariciando su vientre ya más notable—. Quiero que Darius vaya.
— Cuenta con eso. Enviaré un mensajero y lo veremos en el consultorio, conozco un buen hospital —añadió confiado al tiempo que sostenía una sonrisa falsa.
— Te lo agradezco —en cambio, la rubia, le devolvió la sonrisa honesta y se fue hacia su habitación.
La mano de Draven se extendió a la nada, tenía un pensamiento que aquella matrona había puesto en su cabeza, uno que no podía ignorar hasta comprobar que… que…
El día posterior a ese, se reunió con su amiga, le contó lo sucedido, no dio detalles o dijo algo relacionado a sus sospechas, tan sólo habló a medias de la salud de la demaciana que tenían a su cuidado. Primero debían ver que se hiciera revisiones regulares, evadir estas podría afectar en el desarrollo de su criatura y en eso Sona estuvo de acuerdo, sin saber nada de lo que lo atormentaba, ya que no leía sus pensamientos y si los hubiera hecho se habría enterado de la terrible verdad que ocultaba su interés.
Los tres se dirigieron a la ciudad, tomando el carruaje más sencillo de la casa, no querían levantar sospechas al transitar en aquellas calmadas calles. Dentro de este, la estructura permitía dos asientos frente a frente, Draven se sentó en solitario, miraba al piso, casi perdido, había intentado por todos los medios no divagar o mostrarse diferente, por suerte ninguna de las jóvenes prestaron atención, creyeron que estaba aún convaleciente, así que se dedicaron a hablar entre ellas.
El trayecto no tuvo mayores incidentes más del que podrían mencionarse como paradas obligatorias en puntos específicos de la ciudad, ahí los revisaban y eran informados de los caminos habilitados y permitidos.
Lux intentó no ponerse nerviosa, luego de los atentados sufridos esos últimos meses, no podía evitar estar tensa cuando los detenían, también temía que en algún punto volvieran a ver a aquel elfo, el mismo que casi mata a Darius…
No entendía la razón pero su cuerpo rechazaba a ese ser, lo miraba y a pesar de pensar que era la perfección en dos piernas, sentía recorrer a su alrededor la tragedia, el dolor, la miseria de un mundo incapaz de protegerse ante las plagas que la tierra traía, no sentía odio pero sí una repulsión incapaz de comprender.
Sona le dio una palmada en la pierna y la rubia despertó, iba a preguntar qué pasaba pero Draven salió de la carrosa y esperó fuera. Ambas vieron como el día cambiaba de a poco, no habían más nubes oscuras, tan sólo un ligero viento que levantaba el polvo de las calles.
Un par de soldados bajaron de atrás de la carroza y se reportaron con Draven, el mismo sólo dio la instrucción de vigilar los alrededores.
Entraron entonces a un edificio, no era un hospital, parecía ser más un complejo de consultorios privados, los pasillos no se veían nada mal, no estaban descuidados y lucían muy limpios.
Al llegar a un segundo piso notaron una figura enorme apoyada en una pared, este era Darius, el cual viendo llegar a su amada giró su cuerpo hacia ella, Lux correspondió el gesto caminando a prisa hacia él, separándose entonces de sus acompañantes.
— Aquí estás —dijo Lux como si no hubiera creído que fuera una realidad tener a su esposo.
— Ven —le pidió y la rodeó con sus brazos, iba a sentir su calor porque había pasado tiempo y la había extrañado.
— Gracias por no faltar —dijo ella sin soltarse del abrazo de su amado.
— Estoy ansioso por ver a nuestro hijo —contestó Darius sin pensar mucho.
Quizás si hubiera usado su cabeza, aquella frase formulada que demostraba un sentimiento por su criatura no nata, no hubiera salido a flote, luego de mencionarlo abrió ligeramente sus ojos ante la vergüenza. Pasó un breve momento y se soltaron, Draven se mantuvo al lado de Sona viendo la escena y notó luego de que estos terminaron como su hermano chocaba su fría mirada con la suya.
— "Aún quieres arrancar mis vísceras" —pensó el castaño.
Darius no dijo nada y apartó su mirada tanto de Sona como de Draven. Él había orquestado la tragedia de la peliazul, sin embargo, no sentía pena alguna ahora que todas las emociones habían pasado, todavía la consideraba una conspiradora y podía llegar a odiarla, si no fuera porque su esposa sentía un cariño por ella. Por ahora iba a dejar las cosas en paz porque lo importante era mantener un ambiente pacífico.
— Buenas tardes —saludó el médico que había contactado Draven— ¿vinieron todos por el ultrasonido? Adoro las familias numerosas.
Todos le vieron con distintas emociones, ninguna de ellas buena, a excepción de Lux, quien parecía feliz al estar en el radar de Darius, se contoneaba ligeramente y podía ser capaz de saltar de emoción, quizás las hormonas hacían su trabajo.
Pasaron entonces a una sala, en la misma tenían dos divisiones creadas por una especie de cortina, en otra había un sillón delgado en el cual Sona, Draven y Darius se sentaron, claro que Darius puso una gran distancia.
— Belleza, ¿podrías ir al baño? Ponte esta bata —dijo el encargado y le entregó una.
— Sí, claro —dijo Lux caminando calmada hasta donde le indicaron.
Poco tiempo después, que para los que esperaban se les hacía eterno, ella salió, se acostó sobre una especie de camilla especial donde le harían la revisión, el médico la acomodó.
Tomó un poco de gel y caminando hacia los que esperaban al otro lado de la cortina les dijo que podían acercarse, así lo hicieron manteniéndose a una distancia moderada. La pantalla se mostraba en blanco y negro, era nuevo, como casi toda la experiencia. Los presentes vieron hacia esta y en cuanto el médico advirtió que el gel podía estar algo frío, todos voltearon a la rubia.
Su vientre, para los invitados, comenzó a lucir más grande de lo esperado, la rubia hizo un pequeño gesto y al estar toda embarrada el médico ya puso el aparato sobre el mismo. Empezó a moverlo de a poco hasta que la pantalla dio señales.
— ¡Oh! Míralo, ahí estás —decía el médico— se ve muy bien —decía hasta mientras movía aquel aparato para tener una mejor vista en la pantalla.
— ¿Puedo…? —la rubia miró a Darius— digo, ¿podemos saber el sexo?
— A eso vamos —contestó el médico, muy animado, girando nuevamente aquel aparato hasta que de repente quedó en silencio—. Aquí tenemos un precioso varón, si no me equivoco —dijo disimulando aquella violenta acción, tenía una careta de emoción.
— "Vaya…" —decía Draven a punto de suspirar aliviado pero el médico volteó hacia él de manera curiosa.
Esto habría sido un completo desastre de no ser porque era el médico que eligió, a quien le advirtió que si encontraba algo fuera de lo normal no lo dijera a los padres y era claro que este galeno parecía preocupado.
Rápidamente movió el aparato de la ecografía para ponerlo en la posición en la que estaba anteriormente.
— Se me olvidaba, ¿no quieren una foto? Este es el mejor ángulo, estoy seguro de que quieren una, ¿verdad?
— Eh… —reaccionó curiosa la joven madre— por mi está bien, me gustaría un par de fotos, gracias —la rubia sonrió.
La mano de Darius tocó la de ella, ambos se vieron y seguían sin creerlo, iban a ser padres, esto era maravilloso, ya pasaba de ser un decir, ahora que lo veían ya se sentía este aire paternal/maternal.
— Eres maravillosa —dijo Darius al oído de Lux.
Esta vida era un milagro, un bello recuerdo que rescataban de la tragedia que habían pasado, pintaría un futuro prometedor, era una lástima que Lux hubiera olvidado todo, incluso haber visto ya su hijo.
Todo parecía terminar maravillosamente, Lux acabó de vestirse, caminó junto a Sona hasta el carruaje mientras platicaban con Darius, el cual permaneció en silencio pero maravillado por lo que vio en aquel monitor.
Por otra parte Draven dijo que debía quedarse, iría a hacer que le revisen sus heridas, necesitaría un cambio de vendajes o algo así mencionó antes de huir de esta incómoda escena (él, Lux y Darius).
Se encaminó directamente al mismo consultorio donde estuvo y encontró al médico; alguien debería darle un premio a este, al disimular con tanto tacto su devoción al Ejecutor, en cuanto lo vio se levantó de su silla y le hizo una merecida reverencia, luego con algo de timidez le extendió su mano, en la misma tenía una foto más de la ecografía y un historial médico distinto al que le dio a la demaciana.
— Es muy discreto, compensaré su lealtad —dijo Draven al instante.
— Mi buen señor, todo mi ser para el Ejecutor de nuestra gran nación —se levantó de su escritorio e inclinó la cabeza.
Era leal, no sólo eligió a este hombre porque fue referido por su mismo hospital sino porque también era un acérrimo fanático, todo su cuerpo extasiado por compartir un momento a solas con éste gran Show Man de la carnicería, el Magnífico Draven.
— ¿Qué encontraste? —preguntó preocupado, esperando lo peor.
— Hay un feto más.
— ¿Son gemelos? —sonrió por la idea, parecía haberse preocupado en vano, quizás.
— No. Son… es algo nuevo para mí, quiero decir, creo que pocos han tratado un caso similar en toda Runaterra.
— Habla claro —dijo Draven presuroso y nervioso de ver cumplidas las palabras de la matrona.
— Un feto es claramente más pequeño que el otro —dijo desde su opinión experta y le enseñó una fotografía de aquella ecografía que había sacado.
En la misma podían verse una especie de división y dos pequeñas figuras lado a lado, el castaño las vio y sintió como un palpitar fuerte le hacía temblar, como un golpe, como una falta de… aire.
— ¡Señor!
Escuchó de último antes de desvanecerse, quizás la noticia no era alentadora pero esto sólo quería decir una cosa.
Despertó poco tiempo después en la misma camilla en la que atendieron a Lux, a su lado el médico reaccionaba, lo revisaba y le hacía preguntas pero no había respuestas, era como si las palabras hubieran volado lejos de su entendimiento. Sólo escuchaba murmurar al hombre que lo atendía.
— "Soy un maldito" —pensó de inmediato el Ejecutor.
La había embarazado, cuando creía que no era posible echar más sal a la herida, a la vida de su amada, a la vida de quien más quería en ese mundo, ahora el destino le escupía directo en la cara.
"No es común" decía aquel estúpido médico, era un "milagro", así mismo, entre comillas, un estúpido milagro que le había pasado justo a la persona a la que menos quería que le pasara. Y sí, esperaba un bebé de Darius pero también uno suyo, Lux no lo sabía, no tenía que saberlo, era… demasiado para ella.
¿Qué iba a hacer? Cómo le iba a explicar que aquella noche que juraron olvidar, jamás podría borrarse, porque aunque lo supiese ella nunca se haría un aborto, no sólo por cuestiones personales sino por el miedo irracional a afectar a su bebé, al hijo amado, al único que podrían aceptar.
Era un desgraciado y se odiaba tanto que apenas podía consigo mismo, su cuerpo resintió el dolor y aquellas pulsaciones en su pecho regresaron más fuertes, aunque ahora no iba a desmayarse, no iba a dejar que eso lo detuviera.
En contra de los consejos del médico se puso de pie, tomó aquella fotografía y con la confianza que tenía le advirtió a este de las consecuencias de una indiscreción, el médico, ciego por aquella admiración, dijo que sí a todo.
Lux tenía el derecho de ser feliz pero muchas veces el conocimiento y la felicidad no están de la misma mano, al menos no en esta tragedia. Así que… no había mucho que pensar, arreglar su error iba a llevarlo a callejones oscuros en los que no se tentaría el corazón para… desaparecer todo lo que fuera suyo.
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Fin de Episodio 52
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(*) Referencia al episodio 26, en el que Lux se entera de que Darius le ha estado sirviendo en la comida anticonceptivos naturales a base a hojas. Y ella sin saberlo :I
Nota de la Autora: Najid aparece como consejera o matrona noxiana en el episodio 21. Hace una predicción en base al aura de la muerte que tenía Lux.
Acerca del 'doble' embarazo de Lux. Quisiera explicar un poco acerca de esto, es un hecho científico el que una mujer puede dar a luz hijos de 2 distintos padres, no es común, de hecho es algo extremadamente raro, cosas que se dan por irregularidades hormonales pero es posible. Al menos dentro de un rango de tiempo, hice unos cuántos cálculos antes de hacer este giro de trama porque ya había pensado en algo así desde hace un tiempo.
En sí es muy triste porque de saberlo Darius y Lux, ambos podrían sufrir demasiado, ahora no sé hasta dónde sería capaz de llegar Draven para evitar que algo que fue su culpa, siga haciendo estragos en la vida de esta pareja.
Sólo espero que no sea demasiado tarde para que Draven se salve, porque no queremos que llegue a un extremo en el que sea imposible ayudarlo.
Otro detalle que quería aclarar era el estado de Draven, supongo que a algunos les parecerá que tuvo un desvanecimiento muy fácil pero hay que tomar en cuenta el tiempo que estuvo en un encierro en aquella cárcel, lo mucho que su cuerpo sufrió y que incluso estuvo a punto de morir a causa de las torturas. Por lo mismo, tiene una condición que hace que su corazón esté débil, esto hace que cualquier 'sobresalto' le provoque un estrés que no es capaz de manejar y tenga estos desvanecimientos o desmayos. En su defensa diría que enterarse que arruinó la vida de las 2 personas que más le importaban, no fue para menos. Espero podamos estar de acuerdo en eso también.
