Hola de nuevo :) espero no haber tardado demasiado con las actualizaciones, supongo que me tardé porque estuve procastiando, no sólo aquí sino porque me quedé enganchada a un nuevo manhwa isekai que no quiero contar porque se me va lo friki.

En fin, espero disfruten del episodio, que es uno de mis favoritos por ciertas razones, antes de dejarlos quiero comentarles que pueden encontrar actualizaciones de mis obras en mi página de FB: /StarlingShadow o leer mis desvaríos en Twitter bajo el nombre de OnlyStarling

Recuerden que regalo cada cierto tiempo comisiones de dibujo ;) por si te interesan mis obras y-y-y-y-y-y-y también pueden encontrar más detalles de mis historias en mi pa tre on, pero shhhh es un secreto :3


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 53 – El Secreto de Dante


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..

...

Hay una guardia, por seguro, en el castillo y Grey se ha encargado fielmente de seguir los protocolos de seguridad, será un buen paso para forjar la confianza necesaria con el comandante, así como de muchos otros.

Es raro que nadie haya tenido dudas de su intervención en el ejército, que simplemente se ofrecieran y dijeran que han sido campesinos de otros pueblos que se rinden ante el poder de Noxus. Tan sólo eso… tan sólo entregarse al ejército fue suficiente.

Pudieron haber dudado, habrían de haber dudado…

Esos fueron sus pensamientos, entre otros; Grey parecía poner en juicio toda su intervención en esta historia, ni si quiera recordaba por qué estaba ahí. Quería salvar personas y sobretodo a Dante, aunque la única victima en esta historia ni si quiera podía decir nada.

¿De dónde realmente venía?

— El perímetro está asegurado —anunció Grey a la guardia interna del castillo.

Terminaría su rutina informándole a su comandante del patrullaje, además debía realizar un corto viaje a la frontera más cercana al área que le encomendaron cuidar. Quizás para terminar de asegurar que todo estaba en perfecto control.

A pesar de poder llegar a un grupo, fue en solitario, no iba a tardarse demasiado a caballo, un corto viaje a través del bosque noxiano que dividía esa costa, un corto camino que lo llevaba a un encuentro.

Tal vez Dante tenía razón, uno no podía quedarse viendo la destrucción fluir a través del tiempo, debía hacer lo que fuera necesario para cambiar lo que estuviera mal.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó Cait.

— Sin contar con que el idiota no estaba en casa ayer, pues… no muy bien.

Todavía en el hotel, en una habitación grande con dos camas, Vi con un montón de mantas cubriendo su cara, mientras Cait terminaba de ordenar su cama.

— Tal vez debiste llamarle, anunciarte o algo. Además no había nadie en el castillo —se sentó en su propia y mullida cama.

— ¿Crees que se arrepienta? —preguntó Vi con pesadumbre.

— Para nada. Ya dijo que quiere tomar su responsabilidad, no te preocupes tanto —se puso de pie para acomodarse al lado de su amiga— y ve olvidándote de llevar esos puños mecánicos —dijo Cait con un tono de tía preocupada.

— Pero no pesan mucho, yo puedo levantar eso y más, ¿sabes?

— He dicho que no, además avisaré a la comisaría que tienes vacaciones.

— Cait, yo puedo trabajar, ¡me estás cortando las alas! —dijo sin omitir el puchero caprichoso.

— Nada, nada —le quitó un par de mantas de encima y le acomodó la cabellera con cariño— debes cuidarte, tu bebé sólo depende de ti. No me obligues a hacerlo.

— Aaaghhh —gruñó la pelirrosada escondiendo su cabeza nuevamente.

Claro que dependía de ella y nadie más, era una lástima que no supiera todo lo que se armaba fuera de este asunto, ¿cómo podría saber de la tormenta sobre su cabeza? No podía escuchar el viento, las gotas de agua mojando sus pies, ni los truenos que resonaban como memorias muy lejos de su corazón.

No es mío… —musitó el Ejecutor viendo hacia el pequeño estanque de su jardín.

Tiraba algunas piedras pequeñas mientras se quedaba en la nada, toda su vida era un desastre en curso, al igual que su fracasada existencia. Era ese maldito corazón suyo, se apretó con una mano el pecho, ¡aquel corazón que despertó de un cruento invierno! Lo que le hizo Swain no tenía nombre, ni si quiera la traición de su hermano le valió todo el odio que sentía.

Estaba bien antes, recordaba, cuando ni un ápice de empatía llegaba al corazón. Vivir en lujo, en ovaciones, entre mujeres, una diferente cada noche, una más sensual que la otra, para que al final fuera a enamorarse de aquella que robó el corazón de su hermano.

Ahora que lo pensaba, no podía acusar a su hermano de traidor porque él le había hecho el triple de daño o más, si hacía recuentos podría salir perdiendo.

Lux observó por la ventana al ejecutor, preguntándose lo que pasaba, nunca lo había visto tan aislado de la gente, incluso luego de sus desgracias procuraba estar a su alrededor pero ahora lucía desconectado.

¿Sería demasiado decirle que se va con Darius? Quizás la situación de tenerla cerca lo afectaba, además luego de lo vivido, era mejor poner un espacio. Poco le importaba que Swain supiera que su pequeño era hijo de su matrimonio anterior. Estaba harta de separarse, primero por la absurda guerra de Jarvan y luego por las horribles jugarretas que le habían hecho.

La campana del castillo sonó, alguien los visitaba y no era el momento apropiado. Quiso salir pero recordó que su esposo le había pedido prudencia, incluso para estos asuntos, lo primero era que la protegieran, luego al castillo, así que decidió esperar.

Su sorpresa no fue tan grande como ver a Vi entrar al jardín y caminar presurosa hacia Draven, este no volteaba y claramente le habían hablado.

Pronto él se puso de pie para estar a la par de su compañera, la miró con furia y antes de alzar su mano y abofetearla, intervino Cait sacando su arma de inmediato para darle un culatazo en la cabeza al ejecutor, que para bien merecía todo ese dolor.

Desconcertada Lux dio un pequeño salto al ver tal violencia entre estos; corrió hasta el jardín para averiguar la razón del tumulto, pronto se dejaron oír aquellos gritos furiosos. La rubia llegó antes de que alguien más hiciera algo, Cait no movió ni un pelo y apuntó con su arma al Ejecutor, quien veía con ánimos de destripar a esas dos, a las que consideraba, de plano, arpías.

— ¡Maldita perra! —gritó el castaño a punto de abalanzarse a la pelirrosa empujando a Cait en su camino.

— ¡DETENTE! —gritó Lux, acto seguido este quedó paralizado— ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué tratas así a Vi?

— Esta mujer —musitaba por lo bajo— quiere engañarme, me… toma por estúpido… —tenía baja la cabeza, con cuchillo en mano, temblando de sólo contener su rabia— primero ha golpeado mi orgullo y ahora quiere pisotearme porque no encuentra una mejor manera de encajar al hijo de un fulano en este mundo.

— Lux… —se fue hacia ella con voz quebrada— estoy embarazada, como tú —la miró a los ojos— y es de este bastardo, imbécil, bruto, animal… —lo señaló y terminó.

— Si no quieres al bebé, no tienes que tratarla así —miró desaprobando el comportamiento del castaño.

— NO ES MÍO —gritó fuera de sí el contenido noxiano— el verdadero bastardo es ese engendro asqueroso que ella quiere engancharme. Maldita bruja mentirosa —la miró con rabia.

— Será mejor que te comportes —amenazó Cait poniéndose defensiva frente a Vi presionando el seguro de su arma, un ligero clic se escuchó, ahora sí tenía intenciones de contestar a la violencia— si sigues así, no me dejas más remedio que reportarte y tal vez tomarte en custodia por agredir a un oficial de Piltover —estaba mintiendo, iba a disparar si él volvía a ponerle una mano a su compañera.

— AAAH, ¿DEJAS QUE LA PERRA VENGA A DAR ÓRDENES EN TU CASTILLO LUX? ACASO NO RECUERDAS LO QUE ELLA HIZO, ¿ACASO NO RECUERDAS LA HISTORIA DE MI HERMANO Y ESTA PUTA? —explotó nuevamente.

— Cait… —dijo un poco bajo la rubia— por favor, sal de mi casa —pidió amablemente— entiendo que Vi es tu amiga pero no permitiré que des ninguna orden ni amenaces a nadie en mi casa, de hecho no eres bienvenida. Te lo pido amablemente que te vayas.

La castaña levantó la mirada, ¿qué iba a decirle? Podría oponerse, decir que le tendieron una trampa, pero sería una excusa porque ella también ardía en ansias por dispararle a Draven.

Giró sobre sus talones y con toda su dignidad salió del castillo. Ahí quedaron entonces, Vi junto a Lux y Draven frente a ellas.

— Fuera de aquí tú también, zorra —dijo firme el noxiano antes de tomarla por el hombro, forcejear un poco y terminar empujándola al estanque.

No era profundo pero ya podía verse a Vi manchada en barro con algunas algas.

Lux furiosamente tomó a Draven por los hombros, lo giró y le pegó la más fuerte cachetada que pudiera darle a alguien en su vida pero no sólo eso, le dio otra más de revés con la mano contraria, tenía el rostro enrojecido por la furia. Con sus puños hechos golpeó el pecho de este, mas el castaño no reaccionó, dejó que hiciera lo que quisiera con él.

No porque se mereciera los golpes a causa de lo que hizo sino porque sus culpas eran mayores, luego de un rato, Vi salió también del estanque, manchada en barro y con algunas algas, y lo empujó también, con tal fuerza que lo tiró al piso, este ya no reaccionó.

— Haz la prueba de paternidad —pidió con desespero y rabia la pelirrosada.

No iba a tener el valor de negar a su hijo en cuanto saliera la prueba positiva, no lo iba a hacer, no era tan patán para negarlo. Se sorprendió en demasía cuando escuchó la respuesta.

— Vamos ahora mismo —se levantó de un salto.

Nadie iba a continuar esa lucha, Vi apretó los dientes dudosa en seguir al bastardo maniaco tan de cerca.

— Tomemos el carruaje. Prometo comportarme —levantó los brazos al aire pero sin dar la vuelta.

Esa pelea no iba a continuar, no frente a Lux, la única a la que le debía una explicación de algo. Sentía tanto haberla presionado para echar a Cait del castillo, sabía lo doloroso que era tenerla cerca, y más luego del incidente con Darius. El beso luego de la ceremonia no era un secreto pero estaba más sorprendido de que la castaña piltoveriana fuera a aparecer otra vez.

Ojalá esa fuera la única tormenta, por su parte Darius sabía que algo andaba mal, su cabeza no paraba de dar vueltas en una idea y sólo podía culpar a aquel desgraciado elfo, se metió en sus asuntos, no sabía por qué, pero necesitaba… le urgía detener lo que sea que planeara.

¿Preparado?

— ¿Qué es lo que quieres? —decía Darius irritado sin voltear.

Tú sabes lo que quiero.

— Suficiente —giró su cabeza, no vio a nadie en aquella habitación.

¿Se estaba volviendo loco? Por más que quisiera recordar sólo había un vacío, nada que pudiera decir o hacer cambiaba eso, aquel plausible y oscuro silencio basto en sus memorias.

— Se-Señor —dijo una voz tras él.

Su cuartel de repente se convirtió en un refugio luego de todos los incidentes en la ciudad, no había lugar más cómodo que ese, más seguro para su psique. Lejos de los ataques de Swain y el sin número de preguntas que rondaban acerca de su matrimonio.

Lo único que podía decir que odiaba era estar lejos de su esposa, anhelaba poder tomar su mano, su cuerpo y todo lo suyo. Esperaba solucionar el asunto de su matrimonio para cuando su criatura naciera, sin quererlo una media sonrisa se dibujó, tendría un hijo, un pequeño que dependería de él. La experiencia iba a ser totalmente diferente a ser un hermano mayor, iba a dar todo de si para que funcionara, para hacer feliz a su… familia.

— ¿Señor? —dijo nuevamente Dante frente a él, inspeccionando al comandante.

— ¿Qué quiere soldado? —respondió Darius, quien estuvo ausente en sus pensamientos.

Fijó sus ojos en el azul de quien le había hablado, tal vez era su idea pero ese muchacho le recordaba algo, no entendía si era una palabra o una acción.

— No es nada, sólo que usted dijo que le avisáramos cuando terminara la primera ronda de entrenamiento.

— Oh…

Le dio la espalda y aquel muchacho lo siguió, iba a despedir a su tropa, completaron sus horas de entrenamiento y debían hacer sus rondas por la ciudad, cuidar que el cuervo no hiciera algo mientras él yacía absorto en su unidad.

Dante fue el último en salir del cuartel, tenía la esperanza de ver al comandante, tal vez sentía una extraña necesidad de estar cerca, no iba a confesar en voz alta esto pero tenía celos de Grey, tantos que sería capaz de matar por la posición de confianza que le habían dado.

Darius, su padre, aquel hombre que tanto quiso conocer lo ignoraba, ni si quiera podía recordar todos los encuentros que tuvieron, era como si cada vez que interactuaran, reseteara su cerebro para dejarlo atrás.

Las discusiones no eran suficientes para ponerlo en el foco, tal como Grey en ese momento, pero si su lengua soltaba la verdad podría afectar el curso de su propia existencia o llevar un poco de locura a la vida del comandante, así como a su madre; ser un agente fuera de su época resultaba un desafío.

— ¿Olvidaste algo? —preguntó una voz.

El dudoso muchacho levantó la mirada. Hace algunos minutos se había sentado en el piso, fuera de la unidad militar donde prestaba sus servicios, con sus cosas a un lado, mirando un poco a la nada mientras arreglaba una de sus botas, ya que algo no terminaba de calzarle bien, un pedazo de cuero suelto en el interior.

— Señor —respondió a la voz de Darius—. "¡Qué alto es!" —pensó con la sombra de este sobre su rostro—. No es nada, sólo reparaba algo —contestó bajando ligeramente la mirada.

— Ya veo. Tú eres el chico de la otra vez, en el bosque.

— "¡Me recuerda!" —pensó feliz—. Usted me dejó a cargo de la seguridad.

— No creí haberte dicho que fueras a mi castillo pero, en su momento, olvidé compensarte debidamente. Acompáñame, voy a la ciudad a una reunión.

— S-Sí, claro —tomó presuroso sus botas y se las puso como si no hubiera un mañana, cargando su mochila a la par.

Darius iba por delante, marchando como lo que era, el comandante y héroe de la nación mas para Dante únicamente era el padre que nunca tuvo, al que no recuerda, el que jamás llegó para llevarlo de la mano de todos los horrores de su infancia.

— ¿Cómo se encuentra la señora? —preguntó por Lux, quería hacer una plática casual.

Jamás se imaginó así, nervioso, intermitente, tímido, todo lo que sabía de él mismo se esfumó en cuanto lo conoció, a él y a su… madre, a su maltratada madre. La mujer que vio morir, la que lo marcó desde antes de que él supiera que existía.

— Bien, supongo —respondió corto, ni si quiera podía ver a su propia esposa, ¿qué podía decirle a este niño?

— ¿Puedo saber algo? —preguntó con una triste curiosidad.

— Eres muy parlanchín —gruñó Darius.

— ¿Por qué no me eligió a mí? ¿Por qué no me recomendó para cuidar el castillo?

Darius se detuvo por un instante, sus orejas tiritaron al escuchar esas preguntas, como si le hubieran picado con una aguja, no era como si le fuera a responder a alguien importante, era sólo un recluta, uno al que valoraba por haber cuidado de su esposa, incluso cuando nadie se lo pidió.

Así que cuando la pregunta llegó, recordó las palabras de sus otros oficiales y la respuesta era simple, Dante era inestable, no seguía órdenes, no era alguien que si quiera se considerara para un puesto en las filas noxianas. Ellos apreciaban y valoraban la lealtad y el reconocer una clara línea de mando pero, el chico, Dante era sólo un animal responsivo al desastre. Incluso hubo algunos que lo tacharon de peligroso, su accionar durante las misiones de prueba, daban mucho que desear.

A pesar de una clara reprobación para seguir en sus filas, él decidió conservarlo, había algo distinto, un motivo lo movía a ser tan impulsivo y poco fiable pero…

— Las emociones no son la regla que rige nuestras acciones.

— Yo…

— Suficiente.

Señaló Darius sin darle la cara en ningún momento, no iba a darle explicaciones como a un niño aunque éste necesitara más de una palabra. Tenía suerte de si quiera seguir en su mando, si fuera otro lo hubieran enviado a aprender nuevamente lo básico.

Se distrajo otro momento más y terminaron dando vueltas en aquellas ceñidas calles, donde casi no había más que unos cuantos soldados marchando, ¿qué era esto? Se preguntó Dante, miró de reojo a los que los vigilaban, eran enviados de Swain.

— Señor, ¿está seguro de que vamos a la dirección correcta?

— Shh… —le calló— en caso de que suceda lo peor. Huye. Es una órden —susurró al castaño ojiazul.

Este se detuvo a las puertas de un gran edificio, posó su enorme mano sobre el portón y sin tocar la aldaba empujó esta. Otros ojos curiosos le recibieron, más seguidores de Swain, obviamente.

— Chico, no estamos aquí para visitar a un amigo, mantén los ojos muy abiertos.

Los puños de Dante hicieron fuerza para luego marchar al son del comandante, iba a seguirlo hasta el final de esta funesta reunión, de la cual no tenía ni idea si tendrían un final.

— Justo el hombre que quería ver —dijo una voz al fondo del pasillo—. Espero que no vengas a detenerme, otra vez.

— Necesitamos hablar.

— Lo imaginaba, ¿y quién es este polluelo que te acompaña? —preguntó el cuervo haciendo a un lado su cabeza para mirar tras Darius.

— Tan sólo mi seguro de vida —contestó el comandante con mirada seria.

De hecho sólo lo había llevado para vigilar las puertas pero al ver tanto acólito decidió que entrara con él, y pensar que iba a visitar al cuervo en solitario, tenía tanta suerte de haber visto al chico al final del día. Si algo pasaba, si esta reunión salía mal, podría al menos hacer que Lux supiera de las intenciones de sus enemigos.

Incluso si lo atraparan o intentaran matar, Dante podría huir, ésa había sido su primera orden.

— ¿Bebes algo? —preguntó Swain, el interior de su oficina era acogedor, el cuervo la recorrió hasta llegar a unas botellas, desapareciendo de la vista de Darius, quien miró atrás para asentir y hablar finalmente con aquel viejo aliado, actualmente un enemigo.

Las puertas se cerraron tras la mirada del comandante, Dante quiso seguirlo pero un par de acólitos le impidieron el paso, iba a esperar, lo iba a hacer…

— ¿Y?

— No debería haberte contactado pero hay algo que quiero saber.

— Creí que habíamos "terminado" —rio por lo bajo Swain.

— Hay algo más grande que nuestros problemas —replicó Darius.

— Uhm —se sirvió un vaso lleno de su mejor licor mientras giraba alrededor de una mesa— te refieres al 3er pilar.

— No es sólo eso, creo que ha hecho algo, no recuerdo muchas cosas, está jugando con mi mente.

— Siempre fuiste muy perspicaz cuando de magia se trata, aunque no seas un usuario —bebió un sorbo.

— ¿Nos libraremos de él o qué?

— Me tienes mucha estima —señaló el cuervo y acomodó su cuerpo en una silla.

— ¿Cuál es la razón de su autoexilio? ¿Por qué nunca quiso gobernar Noxus? Tenía el poder suficiente para dominarte a ti y a mi, ¿por qué no lo intentó?

— Tienes muchas dudas, Darius —le señaló un asiento frente a él.

— Intentaste secuestrar a mi mujer y te estoy ofreciendo mi perdón, sólo debes responder. Recuerda que el enemigo de mi enemigo es mi amigo —se sentó.

— ¿Crees que es tu enemigo? —preguntó el peliblanco buscando una razón de desconfianza.

— Usa tu verdadera visión en mí, dime que no hay nada raro, rastros de su magia, algo... extraño y cambiaré de idea. Al final, sé que tú tampoco puedes acabar con él, nadie podría —bajó la cabeza— pero si intenta dañar a mi esposa, debo evitarlo. Ya que al final no pude evitar que tu organización la dañara, al menos puedo evitar que él lo haga.

— Nunca te expliqué que no mandé a que le hicieran daño, ¿verdad?

— Sé que si quisieras hacer algo, no serías tan estúpido como para perder mi favor o si hubieras complotado contra su salud, jamás lo sabría —una mueca divertida se mostró.

— Es cierto. Jamás intentaría algo contra la demaciana pero tú conoces mi corazón, mis delitos han sido contra ti, por traicionar nuestros preceptos.

— Honestidad, te lo concedo —tomó unas figuras de madera que tenía sobre su escritorio y comenzó a jugar con ellas—. Esperaba algo así cuando me casé con Luxanne; traición, intento de asesinato, burlas e incluso bochorno público. Así que todo el daño que me has hecho a mi, queda perdonado, pero aún me debes haber puesto una semilla de oscuridad en mi hermano.

— No puedo hacerme cargo de las acciones de tu hermano. Al final, las semillas nunca florecen como quiero.

— ¿Cuál era tu objetivo? —preguntó curioso el comandante.

— Que fuera un esclavo de mi organización. Que se decantara por devolver a la extranjera. Ya no te tenía, debía hacer algo para asegurar la línea del comandante y sus tropas a mi favor.

— Pero terminó violando a mi mujer —respondió con una extraña y sosegada furia.

— Eso tampoco recae en mí, no ordené al estúpido de Cavagnarov que chantajeara a Draven, él lo hizo porque es un enfermo —miró con cuidado a Darius, quien balanceaba aquellas figurillas sin prestarle, aparente, atención.

El castaño se puso de pie y caminó hacia un ventanal, los truenos se escucharon a la distancia, como si quisieran comerse el mundo, así de distantes como sus pensamientos.

— Acepto que fue cruel de mi parte mostrarte lo sucedido, aunque hacerte retorcer de dolor fue un pago que recibí por tu traición.

— Quizás es un recordatorio de que soy un humano, al contrario de ti —añadió Darius, quizás pecando de lastimar el ego bestial de Swain— puedo sentir amor y dolor. Eso no me dista de quien soy. Pero así como sufro… puedo destruir todo lo que está a mi alrededor.

— Bien dicho —aceptó, el peliblanco se puso de pie también, dejando su copa en la mesa se preparó para liberar su forma real.

Darius suspiró y esperó aquella clara ráfaga de magia fluyendo cercana a él, volteó y vio a Swain como el demonio que era, con ojos rojos y aspecto surreal, lo rodeaba con sus filosas extremidades, este extendió su mano, como si fuera poco lo tocó con la punta de una de sus garras.

La magia comenzó a mostrarse a través de su cuerpo, Swain todavía transformado podía ver un lugar oscuro en la mente de Darius, de repente una ventisca lo hizo retroceder, ese gélido destello era parte del 3er pilar, magia protectora.

El comandante abrió sus ojos para ver al cuervo estrellado contra una pared, un montón de marcas sobre su cuerpo, así como reflejos de escarcha sobre el rostro del mismo. Swain lo miró con algo de terror, odiaba pensar que él supiera de esto, que él supiera que habían averiguado de la magia dentro de Darius.

Claro que él desconocía los planes de Lúmen, ¿cómo se iba a imaginar que él era un clon mágico? No era el verdadero Darius, por ello una barrera de magia protectora alrededor de este, si Swain entraba en la mente de su antiguo aliado sabría que el vacío que veía, la oscuridad penetrante era razón de su existencia falsa.

Pero aquel destello de magia que explotaba dentro había sido notada por el autor de este misterio, eso lo mandó a moverse a través de Noxus hasta encontrar la fuente de la alteración, llegando a las puertas del lugar de aquella reunión secreta.

Varios acólitos hicieron su máximo esfuerzo para impedir su entrada pero fallaron, Swain también lo sentía, por ello intentó recomponerse al escuchar el bullicio en las puertas, de pronto un silencio.

— Muévete —ordenó Lúmen con todo su poder.

Dante jamás había visto algo así, en toda su vida, no, en toda su existencia jamás había sentido tal poder, una presencia imposible de ignorar, alguien casi perfecto. Al verlo por el pasillo, tan sólo con su mirada haciendo que los demás se inclinaran, aquella criatura no era de ese mundo, se encogió de miedo, no podía evitarlo, su cuerpo reaccionaba a tal presencia.

Aunque estuviera atento e intentando no perderlo de vista, notó la helada mirada de su rival a unos centímetros, como si… se hubiera transportado hacia él sin esfuerzo, no parpadeaba, no respiraba, tan sólo lo observaba.

— ¿Serás un problema? —preguntó Lúmen.

El chico sintió como sus rodillas fallaban, se estaban doblando hasta quedarse en el suelo, luchaba por mitigar aquella sensación pero era imposible. El 3er pilar rió secretamente divertido a tal intento de lucha, lo dejó ahí mientras abría las puertas con sus poderes.

Entró como si fuera dueño de todo, vio a Darius junto a la ventana y a Swain ocultando lo hecho hacía unos momentos atrás.

Aquel plan furtivo de llevar a Lux a su castillo podría ser descubierto.

— Qué sorpresa tenerte aquí, ¿una copa? —dijo Swain pero pronto fue callado.

— Dos complotadores juntos. Creo que me llevaré esto —dijo Lúmen paralizando el tiempo, así ni Swain ni Darius sabrían que se acercaba. Quizás borraría la mente del cuervo para evitar que supiera demás.

— ¡Deténgase! —le gritaron.

El peligroso momento en que giró notó al muchacho que antes había subyugado, tímido, tembloroso pero con fuego en los ojos. Podía decir que este había visto la muerte pasar por sus manos, no era un santo, era como si la tragedia y la fiereza se juntaran en un solo ser.

Giró completamente y esta vez sólo para verlo, lo observó y se preguntó por qué era inmune a su poder, manipular el tiempo era lo mejor que tenía, claro que no podía usarla constantemente, de hecho era un hechizo que requería una gran cantidad de poder, imposible para cualquier ser humano, pero el costo lo valía.

— ¿Qué hace un insecto oponiéndose a la bota? —preguntó.

— No permitiré que se lleve al comandante —dijo y sacó una cuchilla de mano para amenazar al 3er pilar.

Esto provocó una risilla de parte de aquel ser perfecto, Dante pecaba de ser ingenuo, quizás Lúmen creía que era un estúpido, sin embargo, también era interesante, podía estudiar su estructura, sus movimientos pero no pasaba de ser un cachorro. Esa mirada… esos ojos azules, tan fríos como los suyos, algo que veía en su espejo cada mañana, ¿podía ser? Se preguntó.

— No eres normal —añadió Lúmen.

— Us-Usted tampoco —musitó sin fuerza.

Dante había viajado por muchas eras, conocía al pie de la letra sus funciones, incluso la tarea de enfrentar a gente o matar le era indiferente pero ahora, ante sus ojos se mostraba un par, no como él, distinto, no era como una criatura normal, ¡estaba deteniendo el maldito tiempo! Sin mencionar que su sola presencia lo hacía temblar, tiritar de miedo como si fuera un niño sin experiencia.

Se había enfrentado a la misma muerte y ahora le parecía nada. Pero sus ojos, aquellos azules reflejos de horror, mezclados con una sentencia de muerte le parecían conocidos, como si los hubiera visto en algún lado.

— Parece que usé esto en vano —dijo Lúmen y violentamente tomó la cabeza de Dante para leer sus memorias.

— ¡Nooo! —gritó el castaño.

Era demasiado tarde, él sabía quien era, de dónde venía o al menos las pocas memorias que guardaba de su existencia lo delataban, Lúmen quedó impresionado, no sólo porque descubría a alguien nuevo sino porque este niño, era el mismo… el mismo al que le había concedido parte de su poder, por eso era inmune al hechizo del tiempo e incluso, con un poco de práctica podría rechazar sus poderes de dominación, aquellos que hacían que todos se inclinaran.

Un estúpido y pomposo poder.

— Dante… ¿qué has hecho con tu vida? —preguntó Lúmen—. Has pasado tu existencia ignorando tu deber para ahora llegar a mis manos sin aquellas memorias que te han sido bloqueadas.

El castaño, vio hacia su padre y giró también hacia Swain, estos seguían inmóviles, ambos con sorpresa en la mirada, tanto que Lúmen comprendió lo que pasaba.

— ¿Tienes miedo? —preguntó el elfo.

— ¿De qué? —con el ceño fruncido miró desafiante.

— De tu pasado, de todo lo que te fue arrebatado, de tu derecho a ser libre. Viniste a arreglar esta era porque algo te parecía merecedor de tal cambio, tu personalidad, tu miserable ansia por matar ha sido apagadas desde que llegaste.

— No entiendo de qué memorias hablas.

— Creciste en una aldea, tienes más hermanos, sufriste una tragedia y luego, digamos que alguien te robó tu historia para evitar que tomaras el control —dijo refiriéndose específicamente a alguien más poderoso que él y ese alguien debía ser su madre, aquel chico estaba infestado de magia oscura de la princesa primigenia.

— No. Yo crecí en una población minera, soy huérfano, he vivido como he querido toda mi vida y nadie me ha robado nada.

— Eres un viajero con la sangre infectada, nadie puede salvarte de tu propia ignorancia —señaló el peliblanco extendiendo su mano a Darius para llevárselo.

— ¡Detente! —gritó pero sus músculos le impedían reaccionar.

— Dejaré a tu "papi" en paz, si dices en voz alta que quieres recuperar las memorias de Illumina.

— ¿Qué significa eso? No diré nada así —levantó su cuchilla en pose de pelea.

Parecía un muñeco con las articulaciones sucias, las movía con dificultad, hasta parecía que respirar era complicado.

— Entonces me llevaré a Darius y no podrás hacer nada para evitarlo —amenazó con un amague el tocar al noxiano.

Rápidamente reaccionó a aquella acción, poniéndose casi a rastras a los pies de aquel a quien había considerado padre desde su llegada.

— ¡Lo diré! —le gritó como si estuviera sordo.

— No me ayuda que suenes a que te fuerzo, debes quererlo de todo corazón, desear recuperar las memorias que te fueron arrebatadas.

¡Qué complicado! ¿Cuánto había pasado desde la última vez que le preocupaba aquel oscuro pasado? No era más que un niño criado en los peores lugares, adiestrado para ser cruel y ahora, ahora todo cambiaba, sentía a alguien más dirigiendo su andar. Comenzaba a creer que su alma real yacía dentro de todas aquellas buenas intenciones.

— ¡Quiero lo que Illumina me robó!

Se quedó en blanco, fue como si el flash de una cámara le destellara directo en los ojos, luchaba por ver lo que estuviera frente a él, se frotó los ojos una y otra vez hasta que algo aparecía frente suyo.

Una casa en el campo no muy lejana, varias otras alrededor o a cierta distancia, la calmada brisa en su rostro le recordaba que estas visiones no eran tan falsas como creía, se sentía como un fantasma.

Su espíritu fue arrastrado dentro de este cálido hogar que le llamaba, entró y vio a una mujer en una mecedora, su cabello largo y rubio adornando sus hombros, en aquel regazo un pequeño durmiendo, mientras otros dos jugaban con muñecos y cubos en el piso.

La puerta se abría, alguien daba pasos estruendosos, miró con atención y se congeló a notar cómo aquel gigante pasaba de largo e iba tras la mujer rubia, a la cual daba un beso para despertarla.

Tomó al niño del regazo en sus brazos y se lo llevó a la cama, los otros dos le seguían, así como el visitante quien sólo se detuvo a ver a la dama que yacía descansando, estaba embarazada, al parecer.

¿Quiénes son? —se preguntó Dante. Sus rostros no eran claros.

Haz el intento de recordar, uno a uno —le dijo Lúmen, sólo era su voz.

Se concentró entonces, aquel hombre, aquel gigante… era su padre, Darius, bastante obvio en aquel punto; sus ojos se alegraron al ver una cara conocida, giró entonces para ir casi corriendo a ver a la mujer de pelo rubio, esta cantaba una canción de cuna, acariciaba su vientre con cariño mientras veía hacia su esposo, ella era…

Madre… —musitó con una tierna voz, reconocería a Luxanne en cualquier parte, era cierto.

Volvió entonces hasta donde los pequeños se acostaban para dormir, su padre, Darius, los hacía descansar sin ningún pesar, se le veía el gusto. Los vio y aunque le costó más pudo ver sus rostros, el primero… era él, era él… ¡era él mismo!

Su sorpresa no cabía en sí, ¿cómo podía ser él? Siempre fue huérfano, ¿qué hacía en aquella hermosa y cálida casa? Tenía más preguntas que respuestas. Giró hacia el otro niño que se acostaba a su lado, ese tenía que ser… su hermano. Usó el poder de Lúmen y se forzó para revelar el rostro de aquel hermano que tenía…

No puede ser… —susurró pero ahora con miedo.

Ninguna palabra o acción se presentaba en su cabeza, esta persona, este… este otro niño, aquel que dormía en el regazo de su madre y quien fue dirigido con mucho cariño por su padre para ser acostado en la cama era-

— Grey…

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..

...


Fin de Episodio 53