Pues... las actualizaciones regresan :) espero disfruten del episodio, no olviden dejar sus comentarios o preguntas (si las tienen), ya saben que sus reviews animan al autor a seguir escribiendo, ¿qué más? Pues se reanudar las actualizaciones de este fanfic, todas al 18 o 19 de cada mes. También recuerden que subiré episodios adelantados a mi Pa-tr3-0n (no puedo escribirlo porque fanfiction me borra la palabra), si se suscriben tendrán acceso a episodios adelantados (sólo les aviso). Tengan un bonito día :) gracias por seguir por tanto tiempo esta maravillosa historia.
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 54 – Mentiras a Medias
Imaginación, carecía de la misma pero poder, de eso era capaz de hacerse cargo, pensaba en maneras de recomponer su relación con su pueblo, ya no era tan brillante, ni el favorito de las masas.
Nadie lo culparía por ser paranoico, él mismo se daba de sus actitudes, lo que no sabía era la razón, ¿sería ella? La mujer que permanece en su mente como una obsesión, quien pretendía convertir en su reina, a la cual le fueron entregados en laureles las rosas de adoración demaciana y suya.
Sí, carecía de imaginación y tenía el poder pero este individuo frente a él, tenía la oportunidad que él tanto había deseado. Jarvan observó a su visitante, un delirante soldado noxiano que valoraba el oro más que su propio orgullo.
— Señor —se presentó Grey ante Jarvan.
Este prontamente fue golpeado por los soldados, hicieron que se inclinase de dolor en el piso, quizás le habían dejado moretones por los golpes, se tocó el costado, no estaba sangrando, era una buena señal, pensó el viajero.
— Ten más respeto —dijo uno de los soldados demacianos.
— ¿Me trajo para torturarme? —farfulló con molestia.
Aquel Rey tan sólo siguió los movimientos de este muchacho, no era muy joven y tampoco un anciano, parecía estar en la cúlmine de su mejor momento como adulto.
¿Cómo había llegado este soldado de otro reino a él? ¿Cómo evadió todos los controles hasta aparecer en el castillo más resguardado de Runaterra? Era un misterio pero habrá usado magia, pensó Jarvan, podría castigarlo o torturarlo para ver si sostenía sus secretos en pos de su vida.
— ¿Eres un hechicero? —fue lo único que se le ocurrió.
— Me disculpo por aparecer de esta manera en su palacio, soy merecedor de todos las sentencias que podría darle a un invasor —decía agachado, aún con las manos en el piso— pero podría escucharme, sólo 1 minuto, nada más y podría entregarle lo que más ha buscado.
— Una oportunidad —repitió lo que le fue dicho momentos antes, se rascó la barbilla— guardias —dijo y todos irguieron sus espaldas al llamado de su máxima autoridad— salgan fuera —ordenó Jarvan.
Únicamente el sonido de los pasos le hicieron renuente a su estado, a solas y buscando crear caos en Noxus.
— ¿De qué oportunidad hablas exactamente, extraño?
— Señor, estoy a cargo de la seguridad del castillo de la dama de luz, Luxanne Crownguard, puedo abrir una brecha para que sus guardias recuperen lo que le pertenece a estas tierras sagradas.
— Ya veo, eres un traidor y un hechicero —respondió—. Nada me dice que no seas un mentiroso también. Fuera de aquí —ordenó escéptico.
Como Rey, caminó cercano a su trono y acariciando los bordes de este, decidió sentarse, iba a verlo marchar hacia una carceleta para no recordar nada más en lo que reste de la vida del mismo, quizás también haría que lo encerraran con cadenas mágicas, después de todo no quería ningún incidente en sus catacumbas de prisioneros.
— No ha escuchado mis demandas.
— Te he dicho que te marches por tus propios medios antes de que llame a mi guardia para darte una paliza, loco.
— Me ha hablado de usted, la señora Crownguard, ella sólo busca regresar a su tierra —sembró la duda— eso, sin hacer que la maten. Me ha dicho que recuerda con cariño sus días en el palacio, junto al príncipe que tanto la ha querido durante esos duros años.
— ¿Entonces por qué no ha regresado por su propia voluntad?
— Mi Señor, la violan constantemente, no sólo el comandante, sino su hermano y varios caballeros de las altas esferas. No quiere regresar con la vergüenza. No piensa que sea merecedora de su cariño, ya que usted es un grandioso Rey y ella no es más una doncella. He sido su último recurso, si me encierra… —mentía tan bien, que podría engañar al mismo infierno e ir al cielo.
¿Qué pretendía? Nada bueno en apariencia, así que todo este tiempo Grey pudo ser un traidor, ¿o cuál era su plan? ¿Quién era él al final? Si Dante pudiera verlo lo desconocería completamente. Aquella necesidad de traerlo a esa era, de hacer que conociera sus orígenes, ¿fue todo falso?
— Comprendo —volvió a ponerle atención. Esa historia de la dama en apuros lo convencía.
Tonto.
Un siniestro golpeteo en su corazón hizo que su respiración se pausara, Dante había regresado de aquel viaje al recóndito mundo que tanto había querido seguir manteniendo en las sombras.
— Yo…
— Mi niño —dijo Lúmen y le puso la mano en la cabeza.
Al final, Dante era hijo de Lux, quien a su vez era la reencarnación de la hija que tanto había amado el 3er pilar, en sí era como ver a un familiar, sin duda era parecido a él, quizás no tanto en el rostro pero esos ojos, esos fascinantes y brillantes ojos gélidos eran suyos. Heredados de un Rey primigenio a un hijo de aquellos humanos a los que quisieron salvar.
— Yo nunca fui un huérfano, nunca… —musitó extasiado—. Sufrí, me amaron, me buscaron y nunca —apretó los dientes— ¡nunca quiso decir nada!
— No fue su culpa, no había remedio a tu pérdida de memoria, aunque te lo hubiera dicho, jamás lo hubieras creído, era la maldición que la princesa primigenia puso en ti.
— ¿Por qué no vi su rostro?
— Hay cosas que ni si quiera yo puedo arreglar.
Lúmen lo sabía, su madre era un problema, alguien que tomó por completo la tierra del futuro, lo buscaría de seguro, iba a tomar parte de su poder o hacer que invocara las puertas del paraíso, del reino que su padre había escondido a causa de su maldad.
— Mató a mis padres y hermanos, necesito saber cómo lo hizo y por qué sólo él está vivo.
— Puedes volver a tu era y resolverlo, a mi déjame aquí… —lo soltó para acercarse nuevamente a Darius.
— ¡No! —puso su espada justo en su corazón.
— Eres un perro que no suelta el hueso.
— No dejaré que te lleves a mi padre —volvió a amenazar, presionaba con la punta de su arma al elfo quien lo veía divertido.
— Conozco el remedio a tus males, podrías ayudarme, traer a Luxanne a mi castillo, del resto me encargaría yo, así no tendrías que darme a tu padre para la tarea que le tengo asignada.
— ¿Cómo puedo confiar en ti? Ni si quiera te conozco. Te ocuparás de silenciar su voz tal vez. Yo lo vi, nosotros vivimos en paz y somos felices.
— Hasta que Illumina los encuentra y extermina, ¿verdad?
En medio de lágrimas, de la sombra de su padre siendo ejecutado, de la calmada voz de su madre pidiendo perdón, así recordaba aquellos últimos momentos en que su familia resentía un "adiós".
— Deja a mi padre en paz y… —dudó pero se recompuso— regresaré a mi era y terminaré con aquella princesa primigenia.
Miró impresionado la determinación de aquel, Lúmen respiró hondo para luego alejarse de todos. Tristeza se asomaba en su lánguida existencia, un ligero dejo de soledad también; tenía tantas ganas de creer en el heredero de su poder. Su inestabilidad lo hacían un pilar para la nación pero cuando se trataba de lidiar con recuerdos, con… alguien parecido a quien perdió, sus ideales cambiaban.
Flash back.
— Padre, permíteme acabar con esto. Yo puedo enfrentarme a ella. Debe dejar de derramar sangre del pueblo que tanto la ha querido —dijo su adorada hija.
— ¿Crees que si fuera tan fácil no lo hubiera intentado yo? —preguntó molesto.
— Sabía que dirías eso —contestó la pequeña rubia.
— ¿Qué hiciste? —preguntó.
— Ella ya está aquí —susurró pero pronto fue derribada por un proyectil.
Los soldados de la guardia secreta de Illumina rodearon aquella pequeña casa, una que en el prado se escondía con magia, lejos de los intereses sangrientos y despiadados de una criatura que poco entendía de compasión.
Lúmen volteó y acabó con aquellos de un único golpe, volteó entonces para auxiliar a su pequeña pero la misma yacía a los pies de su peor pesadilla.
— Mira qué patética —dijo con uno de sus finos zapatos sobre la cabeza de la pobre niña— ¿hay algo que te pertenezca? —preguntó descarada ante la mirada perdida de Lúmen.
— Ma-Madre —exclamó asustado aquel elfo.
La sangre brotaba de su costado, mojaba el piso dejando un gran charco, brillaba tal como lo hacía el escarlata de los labios de Illumina.
— Dijiste que te habías desecho de ese engendro. Dijiste que me eras leal. Dijiste que… no había nadie que amaras tanto como a mi —la pisó más fuerte.
— ¡Aaaaahhh! —gritó la hija de Lúmen.
— ¿Cómo? —sus temblorosos ojos no preguntaban más que la razón de su presencia en aquel lugar. Nadie lo sabía, había criado a su hija en secreto, así que… ¿quién los traicionó?
— No puedo creer que mi primogénito haya caído en tal estafa, sabes bien que no puedes confiar en los humanos.
Lo sabía, ¡lo sabía! MALDICIÓN, LO SABÍA MEJOR QUE NADIE.
— Padre… —musitó la pequeña con lágrimas en los ojos, mezcladas con la sangre que bañaba su débil cuerpo.
— Adiós —se despidió la princesa primigenia antes de terminar de aplastar aquella cabeza.
Pero la detuvo, no lo había notado, ni si quiera se había dado cuenta del momento en que reaccionó porque tan sólo tenía extendidas sus manos hacia su hija, la cubría con un manto hecho de su propio poder. Illumina vio con decepción a quien nunca se arrodillaría ante su autoridad.
— Cuando mi padre te vio por primera vez, te dio la bendición del libre albedrío, nadie jamás podría obligarte a hacer nada, dijo. Nadie por debajo de él —dijo molesta aquella reina de la maldad.
— Su alteza sólo quería que fuera feliz, en cambio… —usó su poder para atraer a su hija hacia él, la tomó en sus brazos mientras la misma mantenía con mucha dificultad sus ojos abiertos— has abusado de mi cariño, de mi lealtad, de mi amor y de nuestra familia por demasiado tiempo. Mi abuelo dijo que jamás nadie me sometería porque esa era la verdadera felicidad.
— Y aún cuando eras capaz de tomar el mundo en tus manos, te fuiste para criar a esta triste humana. Me engañaste.
— Nunca fue mi intención criarla, jamás estuve de acuerdo con este mundo, mi destino era reinar con su Alteza Real en el reino primigenio pero te corrompiste…
— ¡Y estuviste de acuerdo en ayudarme en todo hasta ahora! Incluso los sacrificios de los "valiosos" seres humanos que representan a esta mocosa.
— Madre, fue suficiente.
— ¡Silencio! —reprendió a Lúmen con todo su poder.
No podía hacer que se inclinara, ni usar sus poderes mentales en él, tan sólo podía mirar insatisfecha el hecho de que su propio hijo se rebelaba ante sus deseos.
Creó una barrera alrededor de ellos, a la cual Illumina golpeaba para quebrar, la misma aguantaría un poco, Lúmen acostó a su hija en el piso, con mucho cuidado mientras la veía temblar, estaba en shock.
— Dame un minuto y escaparemos con un portal —dijo con seguridad.
— Lúmen… —dijo en un hilillo de voz su hija mientras tomaba el brazo de su asustado padre— no deberías dejar que ella siga manipulando estas tierras, tienes que… —tosió soltando más sangre— acabar con esto.
— Es mejor huir, te curaré y… podremos seguir viviendo como hasta ahora —farfulló con miedo, era miedo a su madre, a perder a su hija, a seguir en este ciclo de abuso.
— No quiero. Yo… leí los libros de sellos que tenías guardados, esos libros… hablan de la marca de Add.
Add había sido un antiguo mago del reino primigenio, sus enseñanzas, tan distantes como la historia del primer humano yacían actuales debido al uso de sellos oscuros que practicaba constantemente, por ello fue ejecutado pero la librería sagrada sólo era permitida a los reyes o herederos del poder del reino primigenio, por ello él tenía unos tomos, sacados de este lugar. Tomos que….
— Ya hice el preparativo —dijo la joven agonizante.
Su torso, con pedazos de tela colgante por el ataque de la guardia de Illumina, se mostraba con algunas marcas, eran oscuras, como si fueran una mancha, eran conjuros escritos en esta, brillando por la preparación y ahí estaba él, viendo como poco a poco se desvanecía aquella oportunidad creada.
— No —dijo sin mirarla, iba a…
— Es lo que quiero —le tomó el rostro con una mano y lo obligó a mirarla— mi destino, no me lo quites, por favor —rogó con poco tiempo de vida.
Iba a regañarla pero se retrajo al instante en que vio sus llorosos y lastimeros ojos sufrir por la constante muerte.
— ¿Tú hiciste todo esto? Me impresionas, mi niña —dijo conteniendo sus lágrimas en tono orgulloso, pero ni si quiera eso podía hacer que ignorara el estruendoso luchar de Illumina destruyendo la barrera que los separaba.
— ¿Puedes prometerme algo? —preguntó.
— Vas a decir una tontería y no quiero escuchar, te curaré ahora mismo.
— Yo vi mi destino, lo vi tan claro como te veo y es este, es… este…
Era el poder con el que había nacido, tener visiones del destino de aquellos que se lo pedían, así que, en secreto, usó este en sí misma para ver donde acabaría. Si cambiaba su destino luego de una lectura, ella moriría perdiendo su alma, era el precio por tal poder.
Por tantos años pensó que esas cosas no eran reales, que las visiones que ella tenía eran imposibles, que nada iba a cumplirse porque aún era lo suficientemente fuerte para protegerla de ese terrible mundo que Illumina creó.
Amaba a su madre, pero ese amor lo agobiaba, lo abstraía al punto de que parecía no quedar nada y por ese mismo amor es que eligió convertirse en un elfo, pudo ser rey, pudo gobernar junto a los seres que habían confiado en su mandato. Su querido hermano Jarvan. Pero convencido de que era un traidor al elegir su lado humano, como su madre se lo había estado mencionando durante toda su vida, optó por hacer a un lado sus lazos.
Ambos nacieron como medios elfos, distintos a otros, aunque él guardaba la bendición del Rey Primigenio; en cambio su hermano, conforme con quien era, nació luego de que se cerraron las puertas del paraíso, por lo mismo no recibió nada, nunca fue especial, nunca destacó, sólo tenía ese valor y entereza, suficientes para anteponerse a los deseos viciosos de su madre. Al cumplir los 15 años, los híbridos nacidos con la sangre del Rey Primigenio tienen el derecho a elegir un cambio basado en el deseo de su corazón…
Era natural, pensó Lúmen, ser un elfo le daba el derecho a gobernar su entorno, no vivir rigiendo una tierra a la que poco o nada de cariño le guardaba, a un hermano que objetó todos los designios que la Reina de Demacia había exigido a seres, claramente, inferiores.
Así que derrocó su reinado, se interpuso, la hizo enfurecer más de lo que podría hacer, incluso la encerró con cadenas mágicas, así evitando matarla, porque su hermano… también era justo y jamás derramaría su propia sangre.
— ¡No… —golpeó la barrera mágica— pensé que —dio otro supremo golpe e hizo retumbar todo a su alrededor— fueras como todos los que me dieron la espaldaaa! —gritó para finalmente quebrar lo que los separaba.
Era cierto. La traicionó.
Tarde se dio cuenta de que el abuso no eran sólo los golpes, la violencia que cada día crecía en aquella turbulenta nación o las mismas palabras de horror que dirigía a aquellos que consideró alguna vez parte de su familia. Era su pesado dolor, su oscura personalidad ensombreciendo su existencia, su aprisionamiento, ya que Illumina al final quiso estar siempre en el centro, ser la única amada, ser… todo para él. Y quizás el Rey Primigenio supo esto, quizás… por eso le otorgó el volante de su vida, para que se dirigiera sin el pesar de la fuerza de su madre, una que de a poco fue perdiendo interés en la vida humana que tanto quiso probar a causa de su amor.
Entonces, aquel calvario por el que pasaba pasó a ser un momento de ilusión, crearía un sello que le permitiera a su hija ver el mundo que en esta era se le había negado, reencarnaría todas las veces que fueran necesarias para mantener el alma de Illumina dentro.
Swain, aquel niño que Illumina encontró y enseñó para ser su acólito, comenzaba a tener dudas, su transformación le llevó a encontrar un conocimiento que a humanos normales se les había negado y esa duda, esa misma duda fue la que aprovechó para entrar en su mente y hacer que este le diera el secreto de la princesa primigenia.
Su sangre.
Aquel niño, ignorante a los hechos, increíblemente complaciente, necesitado de atención, creyó encontrar a Lúmen como una extensión de la mujer a la que veneraba.
Lúmen no tenía, ni por asomo, pensado en usar la sangre de su madre para un ritual, sólo quería experimentar con la misma, ver si podría encontrar las puertas del paraíso con estas o tal vez buscar alguna aplicación útil. Pero este era el momento, el que su hija había predicho. Al estar la barrera rota, se dio cuenta de su desventaja, entonces se puso de pie, volteó a ella con la confianza que le habían robado por años y no distrajo su mirar, le enseñó el frasco con aquella sangre que con tanta confianza había entregado a su más fiel seguidor.
— Entrégame eso e ignoraré este acto de rebeldía. Incluso salvaré la vida de tu pequeño engendro —Illumina tenía miedo.
Sabía que estaba perdida, sólo tocaba negociar.
— No tienes todo el poder, ni todas las respuestas, ¿qué se siente? —preguntó Lúmen a una perturbada y poderosa mujer—. ¿Vas a intentar asesinarme como lo hiciste con mi hermano?
— ¿Cómo puedes decir algo tan ruin? Eres mi primogénito, el bendecido por mi padre, el amor de mi alma, lo más valioso que…
— ¡Basta de tanta mentira! —la incordió con furia—. Todos estos años no te han servido para cambiar el discurso de que soy tu preferido. Jarvan me dijo todo.
— ¿Qué puede saber ese humano? —dijo ajena.
— Me dijo que lo elegiste a él, que siempre fue él. El día del cambio, cuando íbamos a decidir nuestro destino, tu querías a un elfo puro en el trono, tú querías vivir en la tierra con el reflejo de mi padre, pero incluso cuando deseó ser humano permaneciste a su lado. Creías que yo era sordo, para no oír tus rezos por su vida, creías que yo era ciego para no ver que fui la última opción. Me manipulaste para desear estar lejos de todos porque no me quisiste nunca en el trono, para que todos me odiaran, para que todos fueran distantes o renuentes a la idea de mi reinado. Querías a Jarvan sólo para ti…
— Sinsentidos —respondió Illumina sin un ápice de culpa. Todo era verdad.
Lo demás pasó a ser historia. Lúmen completó el sello, para que funcionara debía dejar que la existencia de su hija pasara desapercibida, ya que a pesar de haber acabado con Illumina, su legado permaneció y un alma oscura, corrompida luego de la traición se dio cuenta de sus errores. Swain era la semilla que la Rosa Negra luego florecería para traer destrucción.
Fin del Flashback
— Vamos a dejarlo así —dijo el elfo blanco, desapareciendo todo, incluso su mismo ser en la nada.
El tiempo volvió a su cause, Swain y Darius vieron al soldado con un arma caer, la ausencia de Lúmen les hizo darse cuenta que había desaparecido, no estaría cerca, el cuervo inspeccionó con sus poderes y era cierto, ni un rastro, ni un poco de aquella esencia mágica en el aire.
— ¿Qué sucedió? —preguntó Darius al muchacho, este con ojos casi húmedos, no pudo contener su emoción e inclinándose salió de aquella oficina.
Reconocer a su propio padre al recordar este futuro había sido tan duro como lo imaginó, no era un pequeño pero quería llorar en el regazo de este. Su pasado como criminal le llegó como un balde de agua a sus nuevas memorias, aquellos delitos causados por el ser en que se había convertido le llevaban a pensar que esto fue planeado, ¿pero quién? Ahora mismo, la princesa del pasado era como veneno que infectó su perfecta infancia, destruyó todo… incluso sus memorias y con ello también su vida.
Se había enlistado porque algo no lo dejaba en paz, era como tener una espina, tan diminuta que no puedes verla pero lo suficientemente molesta como para no ignorarla, así… esa maldita espina incrustada en su alma.
Estaba a punto de correr hacia el castillo, donde estaba su madre pero no podía dejar a Darius desprotegido, aún caminaba entre lobos, Swain era lo segundo más peligroso luego de Lúmen. Salió fuera de aquel edificio y apoyó su espalda contra la pared. Pensando estar solo dio el suspiro más profundo y a su lado, con un ceño sin fruncir, una mirada, quizás por primera vez, amable le recibió. Había dicho que podría caer en su regazo y llorar, cuando más atormentado se sintió, una gran mano se posó sobre su cabeza, le acarició y sin decir nada esperó que éste se recompusiera.
El comandante pensaba que la experiencia sola de enfrentar a ese elfo, le había perturbado, lo entendía porque sus piernas todavía temblaban. Se preguntaba qué había hecho mientras los mantuvo bajo sus poderes y por qué aquel muchacho lucía tan desprotegido; si fuera otro, jamás se hubiera planteado ir tras él, pero tenía una curiosa necesidad de consolarle luego de ver aquellos sosegados ojos estar al punto de las lágrimas.
— Vamos, muchacho, todo estará bien —dijo Darius intentando consolarlo.
Pero Dante, inmerso en sus recuerdos, abrazó no sólo metafóricamente a su padre sino también físicamente, lo abrazó tan fuerte que el mismo comandante no tenía idea de su respuesta.
— Papá… —musitó el muchacho.
¿Qué iba a decir? Estaba loco, ese muchacho sólo decía incoherencias, ¿le habría afectado tanto Lúmen? ¿Lo habría hechizado?
A los pocos segundos de decirlo se apartó de golpe, se cubrió el rostro y quiso limpiar sus lágrimas, su rostro mismo era un desastre. Ahora sentía una suprema vergüenza, abrazar a su comandante y luego llorar frente a él, ¡qué tontería!
— Per-Perdone, señor.
— Todo está bien —respondió Darius mirando compasivo al niño frente suyo.
Confesar que era su padre, que lo había perdido, que recuperó todas sus memorias, que era un viajero del tiempo, ¡era tanto! Su madre casi perdió la razón al saber todo eso, no iba a lastimar a nadie más con verdades que nadie puede contener.
Así que volvió a limpiar su rostro para intentar verse digno.
— Ya terminé aquí, te invitaré una copa —intentó decir algo para compensar aquel desdichado encuentro.
— No es necesario —quiso excusarse Dante para huir de esa situación.
— Vendrás, es una orden —dijo Darius, le palmeó el hombro y fue por delante— sígueme —ordenó.
Algo en él le parecía tan familiar, sus ojos, no dejaban de darle escalofríos, no porque dieran miedo sino porque tenían un extraño parecido a su yo anterior, aquel que no dejaba pasar los errores, aquel que no podía dormir por la noche, ése que reencontró su humanidad en los laureles de su vida.
Deseaba tanto ver a Lux, ojalá pudiera quedarse a su lado, hablarle de todo esto, contarle los tortuosos detalles que su vida expelían, su mal habido encuentro con Swain, el enfrentamiento secreto contra Lúmen y otras cosas más que no podía explicar.
La separación era dura, intentaba consolarse con la idea del nacimiento de su hijo, a veces sonreía con una culpabilidad férrea dentro de sí, ¿estaría siendo absorto en este mundo nuevo? Ser padre… era algo nuevo, dirigió entonces una mirada de reojo al joven soldado que lo acompañó, Dante era un niño, ante sus ojos, que lo había llamado "papá", lo dijo con una soledad que embargaba hasta sus propios pensamientos, siendo así no pudo evitar dejar que éste lo abrazara.
Rió de nuevo, este niño estaba loco, pensó con una pizca de ternura.
Y mientras la noche los cubría con su manto, otro par tenía una conversación poco agradable, a diferencia de esta. Draven y Vi llegaban hasta el consultorio médico que los atendería, estos tenían sus laboratorios algunos pisos abajo del edificio. Los silencios mientras caminaban por los pasillos eran incómodos, insufriblemente… difíciles luego de las agresiones, de los golpes, de… las ganas asesinas que tenía el ejecutor, que contenía con éxito gracias a los modales que Lux le exigió.
Cuando llegó el momento de realizar los análisis, Vi fue dirigida lejos, a otra habitación mientras el ejecutor se quedaba en la misma, nadie podía decir que estuviera feliz, tenía el corazón roto, no sólo por sus errores sino porque ese niño que la pelirrosada esperaba no era suyo, tenía tanta rabia, en el fondo, el deseo que palpitaba hasta su corazón era ser padre pero no así, no con Lux.
Su pequeño sería odiado por todos, incluso ahora no es deseado por el único que conoce su existencia, en otra circunstancia, una en la que Darius no estuviera involucrado todavía, él hubiera sido realmente dichoso pero ahora, mirando su propia existencia, era miserable, un bastardo miserable, bañado en cuantiosa soledad.
Una enfermera se encargó de sacarle sangre, extraerían el ADN de esa muestra y la compararían con el ADN del bebé que Vi reclamaba era suyo, él sabía el resultado, no iba a quedarse ni un solo minuto.
— Ya está todo, gracias por su cooperación, Gran Ejecutor —dijo la admiradora cegada por el brillo de este.
— ¿Cuánto durará? —se cubrió los brazos con una chaqueta que trajo a todas prisas.
— Un par de horas, pero puede esperar en nuestra sala, si gusta… puedo enseñarle el camino —dijo coqueta.
En otra ocasión hubiera dado rienda suelta a sus deseos, pero ni esos tentadores labios, ni miradas furtivas iban a distraerlo de este momento, de hecho no sentía deseos sexuales, era raro, siempre había sido tan activo, la pasión que su cuerpo desbordaba era incapaz de ser controlada y ahora, ahora nada más veía la vida pasar, ¿esto era lo que llaman 'depresión'?
No sentía ganas de hacer algo en particular, de hecho prefería sentarse a ver el estanque en el castillo, porque esa ni si quiera era su casa, la mujer que vivía ahí tampoco era su mujer y el hijo que esperaba… no merecía la existencia que le daría la vida.
Caminó por su cuenta a la sala de espera, vio a su antigua compañera llegar acompañada por otra enfermera, la veía lejos, parecía victoriosa; sus días felices le pasaron por la mente, pero en lugar de verlos con el filtro de oro, lo hacía con aquel tenue gris que ataba su vida últimamente. Ahora recordaba con tristeza todo, su cariño por la pelirrosada, sus más apasionados momentos, aquellas miradas agonizantes durante los más álgidos puntos de placer, sus manos entrelazadas juntas.
Hubiera deseado que todo fuera diferente, quería acercarse, de a poco la ira se desvaneció, pasó algunos minutos pensando en cómo caminar y hablarle, otros varios minutos pensó en frases o palabras que decir y cuando por fin decidió hacer todo distinto y quizás, sólo quizás… decirle cómo se sentía realmente, llegó el médico encargado, llevaba un sobre, ¿cuánto tiempo habrá pasado? Se preguntó, pero vio hacia el reloj de la pared y notó que las horas se desvanecieron como nada.
Dos horas en puras cavilaciones sin sentido.
Tanto Vi como Draven se acercaron a este galeno, quien abrió el sobre de los resultados, sacó el examen cuidadosamente.
— Uhm…
— "Por fin, no podrás seguir ignorando tu responsabilidad" —pensó Vi.
— Hay un 99.99% de probabilidad de que… —decía impasible el médico— el producto no tenga ninguna relación genética con el sujeto A, que es usted —miró hacia Draven.
El resultado no podía ser otro, detuvo por un segundo su respiración en seco y volvió en sí.
— Gracias por su tiempo, envíe los costos a mi castillo, se le pagará en brevedad —contestó el castaño girando sobre sí mismo y saliendo de aquella escena.
— ¡QUÉ DEMONIOS! —exclamó con rabia Vi— ¡¿ARREGLASTE LOS RESULTADOS?! —le gritó, esta vez a Draven, quien ya daba sus pasos hacia la salida— ESTO NO PUEDE SER CIERTO.
— No vuelvas a contactarme —dijo de último el Ejecutor saliendo por la puerta que daba al pasillo de la salida.
— Esto no es cierto… —murmuró Vi, miró al doctor, tomó a este de la solapa y lo empujó contra la pared— ¡esto es un error!
— Señora, hicimos el examen correctamente, usted vio claramente como extrajimos su sangre y cómo la analizamos junto a la de nuestro señor Ejecutor.
— Este bebé tiene un padre, es… —lo soltó de golpe y miró sus propias manos— es… ese idiota, es él, no puede haber nadie más… ¡no estuve con otra persona! LO JURO, LO JURO… —gritó entre lágrimas.
No se conformaba con lo que aquella tormenta de problemas le había arrastrado, sus pies… comenzaba a sentirlos débiles, ¿podía sostenerse a sí misma? Su cabeza giró y giró hasta que tuvo que sostenerse de una pared.
Si tan sólo su mente pudiera recordar aquellos resquebrajos perdidos, aquella única noche en que rompió el silencio de su dolor y dejó que la rabia encendiera su pasión…
¿Quién era el culpable de su estado? Escuchaba una voz en su cabeza, pero quizás sólo era el eco de su ignorancia o la razón de su destrozada vida.
Fin de episodio 54
