Espero que disfruten del episodio, el dibujo portada del episodio estará en mi página de FB /StarlingShadow, no olviden pasar por ahí. No olviden dejar sus comentarios para así apoyar la historia, hasta muy pronto~


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 55 – Hijo del viento


Las semanas pasaron como si los días no pudieran contarse, eran rápidos, tanto como los pensamientos que embargaban a la rubia, ¿quién podía concentrarse con tanto ruido de fondo? Quería hacerlo, pero a su mente llegaban ideas, mas ninguna trazaba el camino a una solución.

Días atrás supo la resolución del destino de Vi, esta había decidido salir de la ciudad, harta del acoso de su antiguo amante, tal vez la hubiera ayudado pero el hecho de que cargara una criatura que no era suya y que quisiera que Draven la reconociese, aun sabiendo que no tenían relación de ninguna clase, era difícil de defender.

¿Cómo pudo llegar a ese punto? ¿Cómo pudo intentar usar algo tan bajo como un bebé para atrapar al noxiano? Sabía que él era como una mula, jamás aceptaría regresar a una relación tan exigente, no era de los que se ataban, quizás… consideró que Vi era más digna. Se sentía triste porque de alguna manera Draven lucía decepcionado. No era el mismo de antes.

Aunque ello no era realmente por lo de Vi.

Cada día, cada segundo que pasaba era incapaz de respirar, afilaba sus cuchillas pensando en Lux. Draven despertaba en una pesadilla diaria, "Maldito Swain, maldito pajarraco" pensaba limpiando su sudor frío al despertar.

Si él no hubiera traicionado a su hermano, si no hubiera tramado todo eso para acabar con Lux, si quizás hubiera rebanado el cuello de Swain antes de que le introdujera aquella semilla de oscuridad, tal vez se habría salvado del destino de seguir amando a alguien que jamás, pero jamás lo miraría con el mismo amor con el que se dirige a su otra mitad.

Pero durante esos días difíciles, sólo había algo que le devolvía la cordura a cuenta gotas. Por segundos se descuidaba viendo la figura de la rubia cambiar, aquella pancita creía cada día más, tanto que era difícil de ocultar, Lux la ostentaba con tanto orgullo, aquel… retoño parte de ella, parte de él le hacía reconsiderar su posición, su debilidad ahora era su más grande fortaleza. Vivió frugalmente, era el amo del mundo, pero ese mundo se reducía ahora a aquel… ser.

Si no podía tener a Lux, una parte de Lux sería suya, se imaginó por un segundo entonces cómo sería, ¿tendría sus ojos? ¿sería rubio como ella? ¿Sería castaña? ¿Sería un niño o una niña? ¿heredaría la magia de su madre o la fortaleza física de su padre?

— Sona dijo que te avisara cuando llegara la comida —dijo Lux entrando a la habitación del castaño. Este la vio con mucha calma.

— Ahora bajo —se quedó viendo hacia el vientre de la rubia.

— ¿Quieres… tocar? —preguntó ella, estaba curiosa por la forma en que el noxiano había estado observándola.

Si fuera alguien más, jamás se habría acercado de nuevo, pero era Draven, una víctima del poder de la Rosa Negra, un mártir sobreviviente al peligroso mundo de esta sociedad secreta, era su amigo y estaba en un punto en el que necesitaba toda la ayuda posible para salir adelante, lejos de sus problemas.

— ¿Puedo? —preguntó nervioso.

— Claro, es tu sobrino después de todo —dijo sonriendo.

— Eh… si —dijo por lo bajo conteniendo el secreto entre sus labios.

— "Mi niño o niña, hola, soy… tu padre" —dijo mentalmente tocando delicadamente a Lux con la punta de sus dedos.

Y un golpeteo se dejó llegar, era como una respuesta, ¿realmente le había respondido? La alegría sobresaltó al Ejecutor, el cual mostró sus filosos dientes sin ningún reparo, ese había sido un golpe, le respondió.

— ¡Ouch! —se contrajo Lux—. Es muy activo, ¿no? Jejeje —rió algo emocionada.

— ¿Te gustaría tener más hijos con mi hermano? —preguntó Draven con la mano completamente extendida en el vientre de Lux.

— ¿Qué? —preguntó la rubia algo sorprendida.

— No sé, gemelos o algo así —dijo por lo bajo.

— No me molestaría tener más de uno, si es lo que quieres saber… —dijo entretenida no sólo con la idea sino con otro pensamiento más que no quería compartir.

— Eso suena bien —susurró el castaño.

— Oh, quería avisarte que saldré con unos guardias a visitar a Darius por la tarde, espero no te moleste.

— Claro que no —respondió con tristeza pero lo disimulaba con su mirada—. Salúdalo de mi parte —ella no iba a hacerlo, sólo lo decía por decir.

Si tan sólo pudieran volver en el tiempo, borrar toda aquella absurda y vergonzosa historia detrás, quizás podrían ser cómplices como lo eran antes, ahora sólo eran una cosa extraña, nada que pudiera describirse con palabras, ni que pudiera ignorarse tampoco.

El silencio durante la comida hizo evidente que aún había cierto sesgo de extrañeza entre Draven y Lux, aún luego de tener conversaciones normales, dejar que ella vea a Darius le parecía inexplicablemente molesto, ¿pero podía protestar? No. El derecho de amar a Lux había sido tomado y jamás sería cedido.

Durante la tarde, el castillo que Katarina le había dado al gigante de Darius era más cálido, y a pesar de una rutina estricta en su unidad, sagradamente se tomaba unas horas para estar exclusivamente y sin ser molestado con su pequeña rubia, la encontraba fuera de su castillo, usualmente escoltada por soldados y en cuanto sus ojos divisaban aquella mirada coqueta no podía evitar correr a tomarla, ya no por la cintura por lo del bebé pero la rodeaba con sus fuertes brazos.

— Llegaste —decía Darius arrodillándose ligeramente para luego oler su cabellera, aquel aroma dulce, aquellas mejillas rojas, aquellos labios finos que le saludaban con un beso.

— Vamos dentro, ¡tengo tanto que decirte! —dijo Lux con cariño, mas su amado no la soltaba, había pensando en ella todo el día.

— ¿¡Da-Darius!?

— Dame un minuto —le contestó con los ojos cerrados, concentrado en recordar ese aroma, porque pasaría mucho hasta volver a estar con ella.

— Yo también te extrañé, luces bien.

— ¿Cómo está el bebé? —preguntó todavía abrazándola.

— Nuestro hijo está bien, se mueve mucho, siempre le hablo de ti.

— Es normal… —decía Darius pero se detuvo de inmediato.

De pronto soltó suavemente a Lux, iba a decirle que era normal que se moviera tanto, ya que su hermano había sido muy activo también, estaba en su familia, recordaba un poco el embarazo de su madre, era muy pequeño pero tenía en su memoria un recuerdo corto de su infancia.

— Eh… tengo algunas cosas que compré para ti y el niño, vamos dentro —la tomó de la mano y eso hizo que la rubia pensara que no había nada grave— también tengo cosas que platicarte.

La reunión de Swain era un tema pendiente entre ellos, era hora de conversar seriamente de qué hacer con todos ellos, no sólo con la Rosa Negra sino también con todos los que habían atentado contra su vida, no sólo Swain, también estaba Cavagnarov, Fraktal y Lúmen.

— ¿Dices que fuiste a ver a ese monstruo? —dijo agitada Lux, como si la sola mención de Swain hiciese que tuviera escalofríos.

— Tenía que hacerlo, hay algo… importante que debes saber —tomó la mano de su amada— Lúmen, está haciendo lo que juró que jamás haría.

— ¿Dominar a la humanidad? —preguntó desde su ignorancia.

— Él podría hacer eso con sólo su voz pero prefiere hacerlo a la antigua, quiere divertirse, someter a sus rivales por fuerza, pienso que traerá de vuelta a su ejercito sagrado.

— ¿Quiénes son esos? Jamás había escuchado de algo así.

— El ejército sagrado son la antigua guardia real de noxus, él les dio el poder y la vida eterna a cambio de su total lealtad. Entonces dejaron de ser la guardia de Noxus y pasaron a ser el ejército sagrado. Reclutados a lo largo de varias centurias, hombres con capacidades increíbles… un ejército de esas criaturas, únicamente dormidas por órdenes de su amo.

— ¿Pero por qué los despertaría ahora? —preguntó la rubia.

El sillón era bastante cómodo, Lux acomodó sus rodillas para subirlas y su espalda al respaldar de este, frotando su vientre como de costumbre al son de las palabras de su esposo.

— Últimamente he tenido pesadillas, las palabras de ese bastardo en mi cabeza, tuve que pedir una tregua con Swain para que me ayudara a entender su voluntad pero cuando íbamos a averiguarlo apareció y nos quitó esa oportunidad.

— No puedo creer que hayas pedido su ayuda —frunció el ceño.

— Esto ya no es una guerra entre nosotros, sólo hay una razón por la cual le pediría esto a ese bastardo y es porque Lúmen quiere que te lleve a un lugar —señaló con su dedo su cabeza— está aquí. Pero no dejaré que te lastime —bajó la cabeza— nadie hará nada contigo de nuevo, así tenga que vender mi alma al diablo.

— Basta —dijo Lux y bajó sus piernas del sillón para acercarse a su esposo, apoyar su cuerpo en su pecho y besarle la mejilla en la cual su cicatriz se marcaba— no permitiré que hagas todo eso por una corazonada. También me encontré con él, no pienso que tenga intenciones malvadas, le… —pausó.

— ¿Qué? —preguntó curioso el noxiano.

— Le… ehm… le… dio un don a nuestro hijo —susurró con temor.

— No es posible, ¿cómo sucedió?

— Lo encontramos en la ciudad —su mirada perdida odiaba recordar el temor que le causó— pensé que iba a dañar a nuestro bebé —Darius la abrazó— pero ni Sona ni yo pudimos alejarnos. Luego mencionó que le había dado un don, no dijo más, sólo… mencionó eso, temí lo peor y por eso fui a que un médico me revisara, pero aparentemente todo esta bien. Y tengo otra cosa más —dubitó mordiendo ligeramente sus labios.

— ¿Qué es? —dijo curioso.

— Pues no es algo que le haya dicho a alguien más, de hecho quería que fueras el primero —apoyó su cabeza en el pecho de su amado— porque nuestro niño no viene solo —sonrió.

— ¿¡AH!?

Se alejó con los ojos completamente abiertos, mirando estupefacto a su joven esposa, la cual sonreía dulcemente a la respuesta.

— Tendremos dos hijos, ya lo confirmé con otro médico, me siento… —miró a Darius expectante— con mucho miedo pero también, estoy feliz.

— Es inesperado —respondió Darius y la contuvo entre sus brazos al más ligero dejo de nerviosismo— perdón.

— ¿Por qué? —preguntó ella.

— Por hacerte pasar por algo tan terrible sola, por darte el doble de trabajo y… gracias, por ser tan fuerte como para haberlos protegido hasta ahora —confesó lo que su mente había maquinado desde hacía mucho.

— Jajaja no te pongas sentimental —añadió dándole un beso— nuestros hijos son fuertes, dales crédito —sonrió y se alejó para verle el rostro— y deja de fruncir esto —le tocó el ceño.

Relajó su rostro y se quedó contemplando a su amada, la quería demasiado, ¿cómo podría protegerse de este sentir? No hay armadura que le evite lo que ella pudiera hacerle en ese instante. Lux tenía la capacidad de hacerle todo el daño que quisiera y él aún miraría su agraciado rostro con el mismo ánimo que un cordero en el matadero.

Esta era una alegría doble, quizás era mejor que no supieran o que nadie les dijera el secreto de uno de sus pequeños, este amor que los dos sentían se multiplicaba sin conocer barreras a pesar de todos los terribles obstáculos.

— Grey, ¿así te llamas? —preguntó Jarvan.

La distante soledad agravió al cordero alejado del rebaño, este, negro como la noche huyó a donde nadie podría reconocerlo o quererlo. Se distanció porque en su cabeza sólo tramaba un final para la única persona culpable de ese vacío en su corazón.

— Sí, señor.

Respondió el muchacho en una esquina, confinado en una carceleta situada en la torre más alta en Demacia, custodiada por un sinfín de soldados. Su única esperanza era seguir con su plan.

— He pensado en todo lo que me has dicho y enviaré un grupo de soldados a la frontera de Noxus, más te vale que sea como dijiste.

— No puedo asegurar que sea como dije si no estoy ahí para asegurarlo.

— ¿Crees que ganarás tu libertad de este modo?

— Vine aquí con nada mas que mis intenciones por ayudar a la dama Crownguard. Usted está matando al mensajero.

— Comprobaré que dices la verdad cuando mis soldados lleguen a la frontera, si pasan sin problemas, te liberaré.

— Agradezco su infinita bondad —le hizo una reverencia.

No lo hacía, sólo rogaba porque llegue el día en que pudiera atravesar su escudo y llegar a su corazón, esta era la pantalla que podría cubrir su verdadero propósito, usaría al príncipe infectado por su utilidad. El destino que no espera al dueño de su historia.

El sueño supliría su más básico deseo, aquel que aguardaba lejos de sus buenas intenciones y de pronto sólo había oscuridad, dormiría un poco, sólo un poco más.

La rutina de Luxanne Crownguard era simple. Todas las mañanas de los lunes salía del castillo a encontrarse con su amor, los martes salía de compras con Sona y algunos soldados, los miércoles se quedaba a dormir hasta tarde, los jueves hacía algunas actividades simples, como coser o bordar o leer un buen libro, sobre todo porque se preparaba para la llegada de sus dos criaturas, los viernes salía toda la tarde para pasarla con Darius y el fin de semana se quedaba en el castillo, no hacía nada.

Así era el horario de simple hasta que supo de su estado y para que nadie supiera que ella iba al médico en solitario, sacrificaba su tarde de viernes con Darius para hacerse las correspondientes revisiones y regresaba, a veces, ligeramente temprano.

Grey le había entregado a Jarvan un horario, el estricto horario de la dama de la luz, sin contar con que tal vez ella habría cambiado su rutina…

— Te veré pronto —dijo Darius despidiendo a su amada, la misma subía a su carruaje.

Cada vez era más difícil soltar su mano, la sostenía con suma delicadeza, pero al mismo tiempo parecía que pudiera aferrarse a su cuerpo.

— Más te vale —le dijo Lux con voz fuerte, al tiempo que el carruaje avanzaba.

Sacó su mano por la ventanilla entonces para agitarla, todo junto a una hermosa sonrisa, la cual le decía que no debía esperar demasiado. Era curioso como le recordaba a sus días en aquella grieta, cuando hacían que sus citas valieran cada segundo, encontrándose furtivamente sin saber qué era ese sentir, sus manos entrelanzadas o sus cuerpos apoyándose para dormir… simples interacciones que definieron este futuro.

Volvió al interior del castillo, ¿qué iba a hacer? Se preguntó, nada más le quedaba pensar en cómo lidiar con Lúmen luego de las revelaciones que le hicieron.

— "Elfo desgraciado" —pensó Darius.

Y aquellas palabras volvieron como eco a donde nadie podía escucharlas, nadie más que…

— ELFO DESGRACIADO —dijo el otro Darius a la oscuridad.

— ¿Aún despierto? —preguntó Lúmen sin mostrarse.

— ¿¡ESTÁS BROMEANDO, MALDITO!? NADIE PODRÍA DORMIR EN ESTE ASQUEROSO SITIO. NECESITO SALIR… NECESITO SAber de Lux… —dijo fuerte al inicio pero se derrumbó al nombrar a su amor.

— Ella no te necesita en este momento.

— ¿Quién eres para decidirlo? ¿Por qué me odias tanto? —la agonía de la ignorancia comenzaba a quitarle la razón— ¿Por qué le haces esto? Necesito estar a su lado, protegerla… no quiero que la lastimes…

— Es tarde para eso —dijo Lúmen para luego desaparecer su esencia.

Y otra vez volvía a estar solo por varias horas, aferrado con cadenas mágicas a un lugar en el que no pertenecía, la locura venía gratis con este sentimiento de abandono. La mujer que había jurado proteger, iba a ser… despojada de todas sus memorias, ella no iba a recordarlo más, ¿cuánto duraría? Lúmen había dicho que sería dentro de poco pero ese "poco tiempo" se tornó en días… interminables y bastos días llenos de incertidumbre, de no saber qué pasará y de dejar que esté con un clon creado por ese loco peliblanco.

Pero su plan inicial de llevarse a la rubia falló no porque no pudiera manipular a su clon sino porque descubrió al muchacho del futuro, aquel a quien no podría hacer a un lado, uno que no sabía que ese Darius que por ahí marchaba como si nada, era sólo una pantalla, un sirviente dormido, esperando a despertar para llevar a cabo su tarea, llevar a Lux a él sin que nadie lo supiera y quitarle las memorias de su amor.

Aunque podría haberse adelantado, debió pensar un poco porque no podría olvidarse de ese "amor" sin antes deshacerse de aquella criatura en su vientre. Si no conociera a su amor y se viera en ese estado, despertaría más alarmas y la curiosidad es la que trae el desastre.

¿Esperaría hasta que diera a luz? Se preguntó el elfo blanco viendo desde la comodidad de su ventana hacia su jardín secreto, uno protegido por una barrera mágica, el lugar que había elegido para traer de vuelta a su hija secreta, algún día… cuando pudiera deshacerse de la maldición de su madre, cuando surgiera un remedio capaz de romper el sello y enviar la voluntad de la princesa primigenia al más allá.

Dante también era un problema, pero era bueno haber despertado sus memorias pasadas, el futuro lucía desolador y si éste le daba una oportunidad de hacer frente a sus pesadillas, quizás podría recuperar a su hija. Sin duda, ser perfecto no aseguraba que no hubiera resquebrajos de un pasado difícil de sobrellevar.

— ¿Qué harás ahora mi niño? —se preguntó en voz alta pensando en Dante.

Esa frugal esperanza le colmó de pronto, el don del muchacho del futuro podía afectarle, después de tantos años agazapado en su rincón del mundo, algo era seguro, nada sería igual…

— Por fin se lo dije —murmuró Lux con su propia boca.

El carruaje que la llevaba aún no llegaba a su destino, una brisa soplaba; para ser honesta, había olvidado lo que se sentía el calor, esa dulce sensación a tibieza en su cuerpo, después de todo, sus helados días en Noxus no se comparaban a aquellos en que se llenó de incertidumbre.

— Mis pequeños —sonrió.

Por algún motivo Darius permanecía animado y positivo, ¿quién lo iba a imaginar? Aquel que en algún punto se negaba a tener hijos con ella por miedo al desastre, ahora era quien más feliz la recibía, quien más esperaba el momento en que pudiera tenerlos en sus brazos, se notaba muy claramente su disposición. Hay quienes necesitan estar con sus criaturas para convertirse en "padres", pero él… él ya lo era.

Darius… un buen padre, un amoroso y feliz esposo. Era para reírse. Si alguien le hubiera dicho a Lux que tendría este romance tan novelesco, no lo hubiera creído, pero era igualmente feliz y esperaba que esto fuera a mejor con el nacimiento de sus niños.

Lamentablemente no era lo mismo para todos, ya que había quienes disfrutaban la dulce espera y otros simplemente… esperaban.

— Me haré un aborto —le aseguró Vi a su compañera.

— ¿Por qué tenías que hacer todo ese alboroto? Ir a la casa de ese idiota, enloquecer y pedirle que reconozca a la criatura aún cuando sacaron los resultados. Debiste decirme la verdad.

— ¡Te dije la maldita verdad! Este… niño es de él, ¡falsificaron los resultados! —gritó Vi a su compañera con toda su rabia.

— Los resultados no dicen lo mismo, incluso hiciste un segundo análisis y yo estuve ahí para comprobarlo, nadie lo falsificó —le respondió Cait con algo de enojo también.

— No puede ser cierto, Cait, yo… sólo estuve con aquel estúpido, tienes que creerme, eres mi compañera, no te mentiría, no a ti… —dijo en tono lastimero, casi agarrando de la solapa a la piltoveriana.

— A ver… —se puso a pensar— ¿no recuerdas si estuviste con nadie más?

— No, te juro que no sé, yo… trato de pensar —se alejó y se tomó la cabeza— trato de que mi cabeza funcione, ¡que me diga algo!

— La guardia de Noxus nos sacó de la ciudad por todo este problema. Tuve que usar mis influencias en la Liga para que no te encarcelaran, pero si vas a hacer esto, adelante… te apoyaré, no pueden llevarte al infierno por este escándalo. Este bebé es… es de nadie.

La pelirrosada lloraba al son de aquellas palabras, no podía creerlo ella misma, estaba molesta, no, más que eso, ¡estaba furiosa! Con todos y sobretodo con ella misma, ¿qué se había hecho? Ni si quiera podría recordar al padre de este bebé, era una idiota, perdió a Draven, a Lux, su reputación… y la confianza de alguien a quien quería tanto.

Todavía podía recordar a su amiga, los resultados y aquella mirada desencajada, como si la opinión que tenía de ella se hubiera roto en pedazos, como si la hubiera decepcionado con sus acciones. La quería mucho y ahora sólo era la "amiga loca" que inventó un bebé.

— ¡Cait…! —dijo casi sin aire y luego no supo más.

Se había desmayado, ahí en medio de su habitación, en un hotel barato, en la frontera con Noxus, el único lugar que todavía las podía tener, sin problemas con oficiales de la ciudad.

Despertó como si no hubiera pasado nada de tiempo, ante sus ojos aparecía la dama de pelo castaño, la miraba preocupada, con algo de tristeza podría decirse. Usualmente Cait sólo la juzgaba con aquellos felinos ojos pero ahora… tan sólo sostenía su mano.

— ¿Qué pasó? —preguntó Vi— ¿Dónde estamos?

— Te desmayaste, estás en el hospital —contestó Cait.

— Oh… sí, ahora lo recuerdo, ¿perdí al bebé? —fue lo primero que se le vino a la mente.

— No, todo está bien.

La cama parecía ser más pequeña de lo usual y esas mantas que la cubrían, eran más frías de lo que jamás imaginaría, Vi tan sólo suspiró y le dio la espalda a aquellas palabras, desentonadas, inexplicablemente grises como estos momentos.

— Vi… —comenzó a hablar nuevamente.

— ¿Qué? ¿Ahora qué? —dijo Vi volteando a otra parte.

— Tuviste una amenaza de aborto pero como te dije, todo está bien con… ella o él —decía Cait— el problema fue que…

— Tengo 1 año de vida y moriré, gracias —se burló.

— ¡No bromees con algo así! —dijo con mucho enojo la castaña y Vi la volteó a ver asustada.

— Perdón.

— El médico dijo que vendrá a verte, por favor no le hagas nada, no quiero usar mi placa de nuevo, ¿bien?

— Te preocupas demasiado —mostró una ligera sonrisa— creo que hubiera sido mejor que perdiera a esta cosa, estoy cansada de vivir en el pasado —musitó.

La puerta de la habitación se abrió delante de ellas, vieron al hombre de bata blanca acercarse, estaba acompañado de una enfermera, una muchacha ya casi adulta con ojos fríos, ¿acaso todos los 'mata-sanos' eran así? Se preguntó Vi por dentro.

— Dígame doc, ¿qué tal va mi pastelillo? —rió la pelirrosada.

— Señora —sacó su libreta— Vi, ¿puedo llamarla así? —preguntó aquel.

— Para usted, soy la Oficial Vi —respondió burlona.

— Bueno, Oficial Vi, Oficial Cait —acomodó sus gafas para leer mejor y volvió su mirada a la pelirrosada— ya leí los resultados de sus estudios, me temo que no podremos someterla a un aborto, el desmayo fue causado por una inusual arritmia cardiaca, la cual por ahora está controlada, en palabras simples, las hormonas producidas durante su embarazo están ayudando a que esta arritmia no escale a proporciones que, como médicos, no podríamos controlar. Si decide hacerse el aborto, las hormonas que produce su embarazo y que detienen el progreso de este extraño problema en su corazón, podrían llevarla a una condición irreparable, no sólo a usted sino a su propio flujo sanguíneo.

— Es un chiste, ¿verdad? Jaja… ja ja ja… ja… —lo vio casi como si fuera un sueño, en cualquier momento iba a despertar, se pellizcó el brazo para saber si era verdad— ¡AUCH!

— ¡Ya basta Vi! —le pidió Cait molesta.

— ¿Me curaré? ¿Y si llego a tener este bebé moriré? ¿Eso es lo que me dice?

— Aún nos quedan más estudios por hacer. Para estar más seguros podríamos trasladarla al hospital central de su preferencia, en una ciudad avanzada, quizás en Piltover.

— ¡NO ASEGURAS NADA! INÚTIL BASTARDO… —gritó furiosa con los puños hechos— ESTÁS INVENTANDO TODA ESTA TONTERÍA PORQUE DE SEGURO TE CONTRATO EL IMBECIL DE DRAVEN, PORQUE SABE QUE ESTE HIJO ES SUYO PERO QUIERE QUE LA HUMILLACIÓN QUE RECIBÍ SEA REAL, ¡MALDITO BASTARDO NOXIANO DE MIERDA!

No era así.

— Señora, estoy haciendo todo lo posible, su condición podría empeorar con altos niveles de estrés…

— ¡QUE AUMENTE! CARAJO, QUÉ AUMENTE Y QUE ME MATE DE UNA VEZ, CUÁNTO MEJOR, ASÍ NO TENGO QUE VER TU CARA AMORFA FRENTE A MI, ¡FUERA DE AQUÍ! —buscó algo para lanzarle, encontró sólo un florero en una mesita al lado de su cama.

Cait la tomó por las muñecas mientras le pedía al médico que saliera de la habitación, al tiempo que la pelirrosada seguía intentando matar a aquel que con condescendencia le había dado tales noticias.

Cuando éste y la enfermera salieron, la castaña quiso encarar a su compañera, la obligó a mirarla, pero Vi… ella tan sólo quería morir, sus lágrimas eran tan reales como aquella sádica indignación. Si sus intenciones pudieran ser escuchadas en aquel cielo que tanto imaginaba como un lugar de buenas personas, si tan sólo pudieran escuchar sus gritos, su soledad y su privación de esperanza… ellos le concederían una oportunidad.

Había imaginado terminar con ese embarazo y nunca se le pasó por la mente que aquel bebé era quien la mantenía con vida, quien la estaba salvando, ¿por qué le pasaba eso? ¿Qué clase de broma era? Antes de todo, ella estaba bien, pero ¿cómo? Es decir, ¿cómo una persona sana podía enfermarse de esa manera con un simple embarazo? Estúpidos médicos, pensaba Vi, estúpido Noxus, estúpidos todos aquellos que la hicieron llegar a ese punto.

Así que la cosa era enfrentarse al mundo y terminar con este embarazo o darle una oportunidad a ese bebé de mantenerla con vida y dejarlo nacer para luego luchar por su propia existencia.

— El médico me dijo que durante el embarazo te mantendrán con un tratamiento especial, ¡vas a estar bien! Podemos volver a la unidad, buscar el mejor hospital y… —le dijo casi en grito y con lágrimas también.

— Yo pensé que… las cosas serían diferentes —se imaginó con Draven y aquel bebé que posiblemente no vería— pero ahora me voy a morir —se acarició el vientre.

— No es así, no dijeron que morirás, sólo que esa condición cardiaca extraña que tienes puede ser tratada durante el embarazo y al final, estoy segura de que podrán arreglarlo, encontraremos una manera de sustituir todas aquellas hormonas artificialmente o también podemos pedirle a Sona, sí… esa muchacha…

— Jamás.

— ¿Qué? —dijo asombrada la castaña.

— ¿Crees que le pediré a la fan de mi ex que me cure? ¿Crees que ella estará de acuerdo? Esa mocosa jamás me verá rogarle.

— Estás siendo ridícula, Lux podría pedírselo también, esto ya no se trata de riñas y peleas por un muchacho, esta podría ser tu oportunidad de omitir un largo tratamiento luego de que tengas al bebé.

— Sí, tendré este bebé, pero no le pediré a Sona ni a Lux ayuda, eso implicaría volver a ver a Draven y él estaría feliz de saber todo esto.

— Nunca en mi vida conocí a alguien tan testaruda y orgullosa.

— Estoy cansada de ti, Cait —dijo casi por lo bajo pero elevando su voz— cansada de que me juzgues, de que seas la molesta voz en mi oído diciéndome qué hacer siempre y que todo en mi vida está mal; nuestra amistad se termina aquí.

— No digas eso, es el momento, verás que si duermes un poco y piensas en lo que te digo, sabrás que tengo la razón.

— Ese es el problema, siempre creer tener la razón, eres un fastidio. Por favor, vete.

— Vi…

— ¡QUE TE VAYAS HE DICHO! —gritó y se levantó de la cama para empujarla.

— Te dejaré sola, pero… tranquila, volveré mañana, traeré algo de comer y…

— YA VETE DE UNA VEZ…

A empujones la sacó de la habitación y al tenerla fuera le cerró la puerta. No quería saber nada más de sus "buenas intenciones", sabía muy bien que su amiga, tal como lo era, incluso si ella dijera que "no", buscaría a Lux y a Sona para curarla, pero no iba a permitirlo.

Así que ese mismo día, más tarde, tomó sus cosas y salió del hospital sin que nadie la viera, Cait nunca dejaría de insistir con volver a Noxus, con pedir ayuda a quienes más había lastimado, debía desaparecer, quizás ir a una tierra donde nadie la conozca, quizás… tan sólo esconderse o tal vez buscar alguien que pudiera entenderla.

Una habitación vacía saludó con un tinte de soledad a Cait a la mañana siguiente, la cama bien tendida y una nota sobre la almohada. Así era como lidiaba con sus problemas, esa pelirrosada sin malas intenciones quería escapar a todas las consecuencias de sus palabras pero la estaban subestimando, ella era la Sheriff de Piltover y más importante, era su amiga, siendo así… no estaría desaparecida por mucho tiempo.

Cait se acomodó para sentarse sobre la camilla de hospital, con los pies colgando, algo encorvada aún leyendo la triste nota que su amiga le había dejado, con un "Adiós." escrito y un sentimiento abandonado.


Fin de Episodio 55