Hola a todos, espero disfruten del episodio. Estos días han sido algo malos pero recordemos siempre mantener el ánimo y distraernos para no caer en cosas tristes y malas que pasan a nuestro alrededor. Como recomendación les dejo que se laven las manos y no olviden cuidar a sus seres queridos, ahora sí, disfruten de la lectura. Si me adelanto un poco, tal vez suba episodios adelantados a P'a'tr'eon pero ya veremos ;)
¡Cuídense mucho y sean felices! Hasta muy pronto *dijo la autora encerrada en su casa como todos los días*
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 56 – Tormenta de Muerte
El color de la tarde cambió de repente, no era naranja y aquel cálido sentir se despejó con los vientos atormentados del sur. La cabellera suelta no era lo más apropiado, Lux caminaba con el jardín con su amiga, Sona, la misma la detuvo para ofrecerse en trenzarle el cabello, Lux accedió y ambas compartieron un momento, era tan fácil relajarse en una situación así.
— "¿Qué estará haciendo?" —preguntó Lux dentro de sí por su amado.
Quedaba sólo 1 día para poder visitarlo, notó la trenza a un costado de su hombro, Sona había terminado, ambas sonrieron para sí y un sirviente las interrumpió, trajo una manta para la ama de ese castillo.
— Mi señora, el clima empeorará, ¿quiere que prepare un te o chocolate caliente?
— Suena bien, haz un poco de te y también algunas galletas para acompañar.
El sirviente hizo una reverencia y salió corriendo, la mirada de ojos azules se volvió a perder en el cielo, había evocado otro sentimiento, la calma, esa poco valorada calma que tanto había extrañado en días turbulentos como los vividos.
Sona hizo algunos signos y Lux contestó agitando ligeramente su cuerpo, un escalofrío.
¿Qué había sido eso? Giró su cabeza hacia donde el portón del castillo se encontraba, no era nada, un soldado entraba con provisiones para la cocina, quizás el perpetuo miedo que la embargó por un segundo sólo era una idea en su agobiada mente, dispersa en anhelos, sosegada en la paz.
El escenario cambiaba hasta donde Lúmen se encontraba, otra vez atormentando a Darius, espiando lo que decía y cómo se comportaba en soledad, no sabía cómo pero en ocasiones su invitado reaccionaba, como si supiera algo, quizás eran suposiciones suyas.
De repente, algo llamó su atención, una sensación. Alguien sensible a la magia lo había sentido, tal vez no era imaginación suya o de Lux, quien había respondido a aquel momento con un escalofrío, lo más normal en un humano con poderes.
— Tenemos visitas —dijo y dirigió su presencia como un espíritu por todas partes, apoderándose de la vista de las aves.
Y lo divisó, casi en la frontera, una pequeña tropa demaciana, soldados entrenados y encubiertos, algo extraño pasaba, no era una invasión pero parecía ser algo más, así que siendo así, cortó la visión con las aves y volvió a lo suyo, tal vez alguien había presionado las cuerdas del destino más pronto de lo que imaginó, ¿pero quién? Se preguntó.
— Esto no me gusta —admitió Lúmen y desapareció en la misma oscuridad que lo resguardaba.
Volviendo al castillo en el cual la rubia pasaba el tiempo, estaba ella, Sona y Draven, quizás encerrado en su habitación, meditando, ¿qué podía saber la demaciana? Ese hombre quebrado, fingía fortaleza y se derrumbaba en privado, sonreía y derramaba sangre desde las cuencas de sus ojos por dentro, ¿qué podía saber?
Se puso de cuclillas para luego sentarse sobre un montón de pieles, animales que él mismo, orgullosamente, había cazado, pieles usadas para ropa, para alfombras, para todo tipo de ornamentas, tal cual un pájaro coqueteando con la naturaleza.
Había intentado salir del encierro, de encontrarse con su viejo yo, de saludar al mañana con la misma desfachatez con la cual se había dirigido su vida entera pero le era casi imposible, las memorias, los pensamientos, el dolor, se hacía casi real en cada célula de su cuerpo; esa eterna sensación de extinción, de desaparecer en la nada, de encontrarse con algo vacío de volver al pasado.
— "¿Quién era yo?" —se preguntaba Draven.
Sus dedos callosos tocaban la fina piel, la estrujaban, así como el orgullo que escapaba victoriosamente de sí mismo, así escapaba la fina pelambre animal.
Ansiaba sangre, sangre y lágrimas, sangre y dolor, ya no propios sino ajenos, aquellos que mantienen a sus víctimas escurriéndose como viles insectos y él, con frialdad, con desdén, mirando desde un podio apropiado, mirando sin un mínimo de remordimiento pero nuevamente su cabeza giraba y le recordaba que sus emociones despertaron, que la rubia que tanto había amado, era su sentido, y que ese bebé o uno de los que ella esperaba, era suyo…
— "¿Por qué me hago esto? Hijo mío…" —reflexionó— "¿sería mejor si nunca supieras quién soy?" —le preguntó a la nada.
Pero era verdad, Darius, un hombre fuerte, firme en sus decisiones, poderoso y líder de un imperio, él era un padre ideal, un eje de esta historia; el distintivo cariño paternal con el que le había criado le daba la seguridad de que un niño nacido de él o para él, sería afortunado, podría salir adelante y más si añadía una madre así de extraordinaria como lo era Lux.
Había pensado en huir, en quitarle al niño e irse para siempre de esa tierra olvidada pero luego recapacitaba, le haría daño no sólo a Lux, sino a su hermano. En este punto, incluso su propia existencia era un insulto a ellos. Tal vez la demaciana lo había perdonado pero él jamás se perdonaría a sí mismo, ni hoy, ni nunca, sus pensamientos le confirmaban la basura de persona que todavía era, incluso con aquella a quién decía 'amar'.
Pero amar no era sólo el concepto mismo de su necesidad, su deseo de protegerla ascendió junto a estos perpetuamente dolorosos sentires, se imaginaba arrancando por la fuerza ese dolor y no se veía victorioso, siempre había estimado con grandes expectativas sus próximos movimientos pero ahora, con ella, nada era posible.
Vio en su cama una carta, la había escrito desde hacía mucho a su hermano, se tardó demasiado en si quiera pensar en el orden, ¿lo saludaría? No sabía, era un tonto, se rascaba la cabeza y escribía una y otra vez lo que su desordenada y agobiada mente pedía.
Iba a confesar algunos de sus delitos pero el más grave, el peor estaba casi por la segunda página, al terminar sólo dejó las hojas desparramadas, las miraba y pensaba si le faltaba algo más, ¿la fecha? ¿El día? Volvió en sí y se despertó de su letargo, se puso de pie y caminó hasta encontrar el lápiz con el que se condenaba, lo apretó y procedió a poner su propio nombre.
— Jueves… —suspiró.
Sonó su puerta, alguien tocaba. No quiso abrir ni contestar pero la voz al otro lado le persuadió, era Lux.
— ¿Estás ahí? —dijo suave, como un canto, no quería equivocarse e interrumpirlo.
Fue rápidamente a abrirle, se encontró con el rostro de su torturadora, la misma le sonrió y le preguntó si quería acompañarlas, Sona estaba tras ella, con un semblante animado.
— Uhm —pensó— claro, muñecas. Voy en un minuto —cerró delicadamente la puerta sin perder de vista a su acompañante.
Corrió hacia su carta, la guardó en un sobre y la cerró para luego ponerla en la funda de cuero de sus cuchillas, ahí nadie buscaría, pensaba.
La tarde pasó sin más percances, tan sólo un resonante trueno en el lejano cielo, Lux tiritó al tiempo y se apoyó más en Sona, ésta con dulzura le tocó el brazo y le pidió que fueran a descansar, mañana tendrían un día ocupado.
La peliazul se adelantó, no sin antes llevarse unas uvas moradas que iba a terminar en la habitación de su amiga hasta que ella fuera.
En aquel salón, con una mesa enorme en la que no faltaba nada para comer, se quedaron Draven y Lux, estos vieron como la joven artista se marchaba. Lux pretendía pero se detuvo, no dejaba de pensar en Draven, éste parecía algo ataviado, quizás distraído.
— ¿No duermes? —dijo sonriente el noxiano.
— Sí, ya iba, no me agradan las tormentas pero quería hablar de algo.
— ¿Qué pasó, dulzura? —preguntó.
— Vi me escribió, me dijo que necesitaba hablar conmigo de algo pero no tengo idea de lo que quiera, iba a decírtelo cuanto antes, pero no encontré el momento.
— ¿Vendrá a vivir aquí? ¿Es lo que quieres decirme?
— No te haría algo así. Sólo le pedí que viniera a Noxus, Katarina me dijo que puede asistirla hasta que tenga a su bebé, yo sólo no quería que te tomaras esto a mal.
— Jamás —dijo seguro.
— Aunque no sea hijo tuyo, todavía es amiga mía, no importa los errores que cometa, la quiero, porque cuando todos me dieron la espalda, me ayudó a salvar a Darius, por favor… toma eso en cuenta, sé que por ahora hay un río muy grande para cruzar entre ustedes pero piensa en que ella salvó a tu hermano también. Por eso quiero pedirte que quites la denuncia que tienes en su contra, quiero que pueda volver a Noxus sin problemas.
— Me sobrepasé —confesó Draven— estaba muy enojado y todavía lo estoy pero, en parte, tienes razón, así que si ella se mantiene lejos de mi, no tengo problemas en que vuelva.
— Gracias por comprender —sonrió.
Y fue todo, la habitación se iluminó, su rostro reaccionó al verla y le respondió con otra sonrisa, se veía como un tonto pero… no le importaba. Esa noche iba a dormir con aquella bella memoria, su aroma, tal como las flores, inolvidable y perpetua.
¿Cómo podía ser tan perfecta? Iniguable, espectacular y… todo pasó, era de noche de nuevo en su habitación, acostado mirando hacia arriba, recordando lo que prácticamente había pasado momentos atrás, cruzó sus brazos y sintió su respiración.
Cuánta paz, cuánto silencio… todo se acallaba en su mente así como en una ciudad entera.
Pero el deseo que la calma evocó en aquella conflictiva ciudad fue destruido, porque en toda aquella oscuridad habían fuerzas desconocidas aplicando un peligroso e imprudente peligro a las vidas de los protagonistas de esa trágica historia.
Y así empezaría la madrugada del terror en Noxus.
Eran aún las 4 de la mañana, ni un alma se asomaba en los bosques cercanos hasta que un traqueteo de botas y metal se dejó escuchar; soldados, estos con armas tecnológicas y con armaduras especiales corrieron a toda velocidad hasta dejar el verdor de las tierras pisoteados, decolorados y sin espesor.
Todos guardaban una especie de brújula especial en sus brazos, ésta les indicaba su ubicación, desde la distante noche hasta un radiante amanecer lejano se mantuvieron en marcha, todos con una misma meta.
Antes de que si quiera las luces del horizonte que vieron los alcanzaran, estaban rodeando una propiedad, aún a oscuras, aún con aquel helado sabor a nada, el líder de aquel escuadrón movía sus manos indicando a sus demás compañeros que rodearan el lugar, todos con una envidiable movilidad siguieron las órdenes con una precisión de reloj.
Al rodear y asegurar el perímetro, procedieron a entrar a la propiedad del noxiano mayor, primero se aseguraron de callar a los vigías de las torres, luego a los sirvientes, les disparaban tranquilizantes para luego atarlos.
Era tan fácil que nadie sabría que habían estado ahí, para cuando recuperaran a su objetivo, estarían lejos y cerrarían sus fronteras a cualquier ataque noxiano, algo era seguro en esto y es que la luz de aquella nación no seguiría fundiéndose en más desgracia.
Para cuando la puerta de la habitación de Lux se abrió ella todavía estaba somnolienta, pensó en un momento que era su imaginación o todavía un sueño, Sona, quien había dormido en su habitación desde hacía varios días, seguía dormida a su lado.
Sus entrecerrados ojos vieron la escena como si de un juego se tratase, éstos soldados, cuasi ninjas ingresando en la propiedad del comandante de Noxus, eran sólo eso, un sueño, algo irreal hasta que éste invasor la tomó por el brazo y le inyectó algo.
El dolor del pinchazo era real, abrió sus ojos y boca al instante para gritar pero no pudo, éste soldado le cubrió la misma y la levantó entre sus brazos, peleó por varios minutos hasta que sintió los efectos de lo que le inyectaron recorrerle, tenía… unos mareos que la hacían incapaz a reaccionar, seguía pataleando y gimiendo.
Cuando la sacaron hasta el patio vio con miedo otros varios soldados con rostros cubiertos y armaduras extrañas recibirla, estos no hicieron ningún otro sonido y cuando pasaban casi el portón, un estruendo hizo que giraran sus cabezas.
Sona despertó y usando sus habilidades sonoras provocó una tonada incómoda que repicó en todo el lugar, pocos de los sirvientes despertaron, pero lo peor fue que el Ejecutor noxiano estaba entre ellos.
Este despotricó contra todo obstáculo hasta salir al patio, descalzo, con tan sólo una de sus hachas, abrió sus ojos furioso al encontrar a la rubia en los brazos de aquellos invasores, Sona salió al encuentro de éste y decidió ayudar a su amigo haciendo que todos los que estuvieran despiertos en el cuartel cercano a la mansión despertaran, tardarían un poco en entender pero irían.
Los soldados especiales demacianos alertados decidieron correr pero Lux se oponía, incluso con sus débiles habilidades tuvo la fuerza para librarse, corrió hacia Draven, el cual luchaba en desventaja contra un par de estos invasores.
Uno de los soldados despejó un área y soltó una especie de cápsula, la cual se convertía en un transporte con un carruaje en forma de capullo, cerrado por completo, perfecto para llevarse al objetivo, quizás para la rebelde demaciana que se negaba a cooperar.
Este transporte tenía una cabina apartada de aquel capullo con puerta abierta dispuesta a recibir a su objetivo, ahora sólo debían atraparla nuevamente pero esta corría hacia el peligroso Ejecutor noxiano.
Demacia no debía provocar ninguna pérdida, ésas habían sido sus órdenes pero… en caso de un posible fracaso, si era necesaria la aplicación de fuerza mayor, debían hacerlo, fue un mandato directo de su rey. Por lo tanto, uno de los invasores de su moderno traje sacó un arma de alto calibre y apuntó, no estaba a la vista de nadie por lo que su tiro sería fácil.
Sona quien se mantenía atenta sintió una especie de aura perturbadora, una sensación extraña dentro de sí y buscó la fuente, sus poderes, muy aparte de aumentar sus habilidades, le hacían percibir cambios en el ambiente y entonces lo supo.
Giró hacia Draven y con su boca gimió su nombre, como si nunca hubiera podido gritar o hablar, gimió con horror pero éste lejos de hacerle caso no quitó su vista de la rubia, la cuál corría hacia él.
Hacer caso a Sona y girarse, era ignorar su destino, aquel que tanto le había pedido dejarla ir, no sólo ese sentimiento sino también ese dolor, por humanidad, por piedad…
— Ya-te-tengo —dijo casi seguido con Lux en sus brazos.
Pero la rubia se apartó de él, miró su propio cuerpo y tenía sangre, la cual salía a borbotones, la sorpresa vino luego, no podía despertar por completo su mente pero… ahí estaba, atormentada y asustada, cuando lo supo ya estaba dentro del carruaje, despertó de un pequeño y tortuoso letargo y en el suelo, a oscuras estaba Draven, tirado como si fuera basura, con los ojos virados, incapaces de parpadear.
Lux arrastró su cuerpo hacia este y con manos temblorosas le tocó, usó sus poderes para iluminar un poco y lo vio, la sangre que recordaba no era de ella, era de Draven. Tenía un enorme hueco en un costado de su cuerpo, la sangre, las vísceras, todo le horrorizó.
— Draven… ¿Draven? ¡¿Draven?! —dijo en tonos distintos, su voz no alcanzaba a decir algo más.
Con el miedo perdió la luz y se hizo para atrás aterrorizada, aquel noxiano gimió para hacerle saber que estaba todavía con vida. Toda esa oscuridad le consumió una vez más, no podía creer lo que había visto, si el castaño seguía con vida era de milagro, pero no aguantaría demasiado con aquella herida.
— ¿Me-Me veo tan mal? —dijo la voz agónica de aquel.
La rubia no contestó pero se arrastró hasta sentarse en el piso, todo estaba mojado… de sangre, la del hombre que yacía en el piso, la de aquel a quien tanto daño le había hecho sentir.
— Yo-Yo… ¡no puede ser! —se cubría el rostro con las temblorosas y sucias manos que se negaban a detenerse.
— No pasa nada, un poco de desinfectante y una venda… me veré como nuevo —bromeó.
— "Debo hacer algo, debo moverme" —pensaba en su desesperación la rubia.
Las piernas no le contestaban, su cerebro se paralizó, no sabía si por lo que le habían inyectado o por el miedo que sentía, había tocado algo viscoso en el piso, no sabía si era parte de Draven o algo más… partes de sus órganos eran visibles, era tan difícil de afrontar toda esa realidad.
— Nunca fuiste a la guerra, aah… esto… no es nada —decía él.
Se arrastró otra vez y volvió a usar sus poderes para iluminarlo, quería ver la gravedad de las heridas de Draven pero éste le tomó la mano para acercarla a su rostro.
— No mires, muñeca —pidió— no quiero que sea mi último… recuerd-recuerdo…
— ¡Qué dices! —gritó sin aceptarlo—. Te… curaré —con otra mano preparó un hechizo para ayudarlo, pero éste sólo retardaba el efecto de la inminente muerte.
— Dormiste mucho, ¿no? Cariño, al principio dolía como… ¿cómo? —se preguntó como si perdiera las palabras— como el demonio, pero… luego… ya dejé de sentirlo —sonrió— así que ya no lo hagas, no quiero que afecte al bebé —dijo tocando el vientre de Lux, la cual se echó a llorar—. Shhh… shhhh… cariño…
— Esto es terrible, terrible, no puedo, no quiero… no quiero que mueras, ¡no es justo! —las fuerzas en sus piernas volvieron y se puso de pie para golpear las paredes de metal del transporte pero nadie la escuchaba— ¡AYUDAAAA! ¡AYUDAAAAAAAAA! POR FAVOR, SE LOS PIDO, HARÉ LO QUE QUIERAN, LO QUE SEA —golpeó con todas sus fuerzas.
Era en vano, los soldados habían asegurado la cabina con magia para que ni si quiera un sonido se escuchara, así transportarían el objetivo sin que despertara sospechas. Los gritos de Lux duraron hasta que la voz de esta perdió fuerza, se había quedado afónica de sólo gritar por casi una hora, estaba cansada, temerosa y enojada, si no fuera porque su magia era débil, destruiría esa cabina como si nada.
— Lux… Lux… L-Lux… —llamaba Draven a la rubia, la cual casi ya no golpeaba las paredes, tan sólo se quedaba pegada a estas.
Giró su rostro y fue de nuevo hasta él, casi resignada tomó aire y levantó parte de su cuerpo para apoyarlo ligeramente en sus piernas, no había nada que pudiera hacer, lo que le inyectaron inhibió en gran manera sus poderes mágicos, tanto como para hacerla incapaz de escapar y el tiempo que tuvieran que estar encerrados era indefinido, por lo tanto…
— Draven… ¿me escuchas?
— Sí…
— ¿Necesitas algo? ¿Quieres que le diga algo a Darius? —dijo y acto seguido limpió con el dorso de su brazo sus lágrimas.
— No.
— ¿Puedo hacer algo más?
— Puedes… ah… —gimió perdiendo contra la pérdida de sangre— puedes… actuar como si… —sabía que eran sus últimos momentos— como si… fueras mi esposa, por una vez, sólo… una vez…
— Yo… claro, claro que sí —respondió al instante Lux—. Uhmm ¿te gustaría hacer algo cuando volvamos a casa?
Su sueño se hacía realidad, cuando tenía la seguridad de una vida por delante jamás se planteó jugar una charada tan cruel pero era su último deseo, quería ser el protagonista de esa historia, aunque sea una mentira.
— Podemos salir al teatro, comer en casa y… y….
— ¿Y? —preguntó con tal de seguirlo.
— Y tomarnos de las manos para dormir juntos —decía con los ojos iluminados, estos ya no veían nada más que sombras, en su caso, sólo una luz como si fueran luciérnagas perdidas en el cielo.
— No puedo creer que el "Ejecutor" de Noxus quiera algo tan simple.
— Cierto, quisiera también llevarte a la arena, ya sabes… presumirte con la gente, decir… miren a mi espectacular espo-esposa…
— Exageras —rió fingiendo estar halagada.
— Es cierto, es… todo cierto —dijo serio— Lux, perdóname por todo el daño —una lágrima se asomaba en su ojo— que les hice a ti y a… mi hermano, nunca pensé que llegaría a esto, pero…
— Por favor no te esfuerces —pidió y él continuó.
— Pero sólo quiero que sepas que… te amo —las palabras contenidas en su fiero corazón rebozaron como una cascada sin detenerse— y te… y…
— No digas más —lloraba.
— Podrías… podrías… decir… ah… —se detuvo en seco.
— ¿Draven? ¡¿Draven?! ¡Despierta por favor, Draven! —le agitó y este recuperó su consciencia, parpadeó y la lágrima que se asomaba cayó por su mejilla.
— ¿Puedes decirme si me… amas? —preguntó.
Era una mentira, lo sabía pero quería escucharlo, de sus labios, no de su imaginación, de la verdadera Lux y no de otra alucinación.
— Te amo —dijo ella sosteniendo la cabeza del noxiano, la acariciaba al tiempo que sentía el último aliento de este desvanecerse.
— "Me ama… mi pequeña demaciana me ama" —pensó antes de cerrar sus ojos.
Era la última vez que lo hacía, no estaba loco, no estaba soñando, una sonrisa se dibujó en su rostro y finalmente dejó de luchar contra esa sensación incómoda en su cuerpo, como si su alma luchara por irse y él estuviera dispuesto a pelear por quedarse. Vio entonces como una figura oscura entraba en aquel carruaje, Lux era incapaz de verlo porque estaba viva.
— Nos volvemos a ver —dijo Karthus, Draven se levantó del piso con renovadas fuerzas y ladeó su cabeza, era curioso, se sentía en paz.
— Voy a patearte tu huesudo trasero si me llevas ahora. Ella me necesita —dijo pero sabía que su cuerpo no aguantaría su espíritu más tiempo.
— No estoy para negociar. Ya no eres parte de este mundo —dijo la muerte— te diré lo que le prometí a la otra decirte —refiriéndose a Sona— el destino de ustedes está unido, como si fueran dos hilos, pero al terminar este camino, uno termina rompiéndose, si decides quedarte, puedo permitirlo pero debes saber las consecuencias…
— ¡Oh! —reaccionó como si se diera cuenta y algo llamó su atención lejos del resplandor de Karthus.
Volteó y vio como Lux lo abrazaba contra su pecho, lo apretaba fuerte y le decía que lo amaba cada vez más fuerte hasta hacerse un grito, cada vez más adolorida, con aquel pesar en su cuerpo que le decía que quizás si lo hacía él tendría la determinación de no morir. Draven sonrió nuevamente, enternecido por ver quién realmente era Lux al final. Tanto la había juzgado, tanto la había maltratado y ahora… sus palabras lo llevaban al paraíso, uno que creía que le había sido negado.
Pero ya no sentía esa agónica ilusión en conjunto a la desesperanza de no ser amado. Karthus entonces abrió una puerta con sus poderes, y extendió su mano mostrándole el camino al castaño, este se acercó y fue hacia el portal para desaparecer, dejando finalmente la escena y el mismo mundo que le vio crecer.
Un "no" se repetía en un eco, uno que no se escuchaba mientras la crisis resonaba en los cielos como la furia del noxiano mayor, quien aún no sabía las intenciones de tal ataque. Sin pensarlo dos veces llamó a todos los líderes de comandos de Noxus, envió un mensajero a Swain y se dirigió a su castillo una última vez, necesitaba tener todos los detalles.
Pero ingrata fue su llegada al ver a Sona caminando por encima de las banderas ondeantes del castillo, justo en lo más alto de la torre de una de las alas de su hogar, abrió sus ojos impresionado y corrió hasta encontrar la ventana más cercana a la dama de pelo azul. Ésta absorta en la nada, viendo el cielo, con lágrimas secas y los labios partidos.
¿Pero qué había llevado a esa mujer a tal determinación? Sacó su cabeza por la ventana y caminó por el delicado techo, cuando Sona lo vio, no cambió de expresión, tan sólo siguió desolada.
— Ven hacia mi —dijo Darius.
— …
Bajó la mirada y decidió otra vez ignorar sus propias reglas, miró a Darius y le habló mentalmente.
— "Todavía puedo salvarlo" —le dijo.
No entendía las acciones de esa mujer.
— Estaba muy enojado pero no vine aquí por alguna represalia.
— "No te tengo miedo, pero Karthus vino a visitarme" —dio un paso adelante, muy cerca del vacío— "me dijo que iba a tomar el alma de alguien a quien yo le debía mi vida"
— ¿Qué? —dijo haciendo resonar su tosca voz con la sincera ignorancia o negación tocando su entendimiento.
— "Me dijo que había dos hilos unidos, pero uno tendría que romperse, era inevitable si estaba en su destino" —cerró sus ojos con rabia—. "Yo sabía que si no se lo decía…" —se refería a Draven— "…él nunca se iría y perdería la razón para siempre"
— ¿Por qué? ¡¿Por qué dejarías a mi hermano morir en lugar de Lux?! —sabía que Sona amaba a Draven y que nunca hubiera permitido eso.
La peliazul apretó los labios, con el secreto quemando como veneno su garganta, quizás era demasiado para digerir por eso no diría lo que encontró a Darius. Éste todavía aturdido por la noticia.
Flashback
— Las mujeres tienen una alta probabilidad de morir durante el parto, incluso cuando tienen un cuidado excepcional —decía Draven viendo por la ventana a Lux.
— ¿?
— He pensado en esto, sé que eres su amiga y estarás de acuerdo, pero si alguna vez tienes que decidir por Lux, por favor, sálvala a ella, siempre a ella. Con todos estos problemas, sólo quiero que siga viviendo e incluso si se trata de mi —volteó a Sona y le tocó la cabeza con cariño— sacrifícame para salvarla —pidió con total seriedad— ¿esta bien?
Fin del Flashback
Era incapaz de entenderlo, sus palabras, meros garabatos de un enloquecido soñador, un secreto en medio de delirios de soledad y ella sin poder impedir que él hubiera encantado su corazón. Draven sabía que uno de los niños que Lux tendría era suyo pero también sabía que nunca le devolvería la paz si lo supiera en momentos de crisis.
Por eso…
— ¡No saltes! —gritó Darius.
Sona apostó por cerrar su corazón, lo había decidido desde una tierna edad, nadie la conmovía tanto como su música, nadie… era suficiente hasta que llegó él.
¿Por qué se enamoró? ¿Por qué le dio su corazón a alguien así? Ni si quiera fue capaz de confesarle sus sentimientos, todo era en vano, incluso su mismo respirar, tomó un último aliento y sin detenerse a escuchar al noxiano mayor se dejó caer.
Al instante Darius la agarró por el brazo y cayó junto a ella, rodaron por unas tejas gracias a que el gigante castaño chocó contra unas, rodaron furiosamente hasta llegar al suelo, Sona cerró los ojos y al abrirlos vio a Darius, gimiendo adolorido, con un ojo cerrado y el otro bien atento.
— ¡No te vas a morir, maldita! —dijo furioso y la levantó por los hombros.
La miró indignado, casi como si quisiera cachetearla, la agitó y la hizo responder a su entorno.
— ¿Qué quisiste decir con salvarlo? ¿Qué querías hacer?
La joven peliazul le explicó que Karthus y ella tenían un trato, si de todos modos debía entregar un alma, quería que fuera la suya, así mantendría el alma de Draven hasta encontrar un cuerpo adecuado. Ella moriría pero era un deseo demasiado altruista y más sabiendo que su amor nunca podría ser considerado como motivo de sacrificio.
— ¿Qué ha pasado? ¡Dime algo! —pidió casi con enojo.
— "Se llevaron a Lux" —dijo y agachó la mirada para llorar— "creo que le dispararon… no lo sé, pero los metieron a ambos a una carroza protegida con magia" —se tomaba los cabellos con desesperación— "Darius de verdad lo siento" —volvió a llorar como si sintiera que todo fuera culpa suya, desde la invasión, hasta su misma protección para con Draven.
— Eres una imbécil —la soltó del golpe y se puso de pie mientras se sacudía el polvo de su capa, no miraba a Sona— pero no es culpa tuya, tu vida vale lo suficiente como para que yo te haya salvado, eres la… mejor amiga de mi esposa, así que ni se te ocurra volver a intentar algo así —apretó los labios reprochándole su acción— sólo hay un culpable y pagará con su sangre.
Esto sólo lo llevaba a una dirección, tomar su hacha, llevar a su ejército y declarar la guerra a quien antes debió destruir, no era necesaria una negociación, iba a desolar cada campo, a exterminar cada ciudad y a destruir todo lo que representara oposición a su voluntad.
Nadie, absolutamente NADIE viviría para contar esta afronta hacia su sangre y su indudable amor por Luxanne Crownguard.
Fin de Episodio 56
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Nota de la autora:
Aaay mis lágrimas ;_; no sé ustedes pero hasta lloré mientras editaba esto. Lo único que quisiera decir aparte de eso es que Darius, omg, sé que se porta como un c*bron pero está enojado y desesperado, muy aparte ella era la cómplice de Draven :v así que eso no se le olvida y ni hablar de lo que le hizo a su propio hermano por lo de Lux, aay dio'mio.
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