Hola :) pues ahora sí no me atrasé en la entrega del episodio, así que se los dejo encomendado, disfrútenlo, así como yo disfruté escribiéndolo. Ya saben que pueden pasar por mi página de FB /StarlingShadow para ver los dibujos que hago para cada capítulo o para simplemente saludar, toda iniciativa es buena. De ahí en más, ¿qué les podría decir? Tal vez que se cuiden mucho, que estén en casa de ser posible, que tomen agua y siempre se laven las manos, debemos estar juntos para vencer estos problemas, pero por ahora, aquí hay una pieza de entretenimiento :) gracias por sus visitas, no olviden comentar o saludar o dar sus impresiones.

Hasta la próxima actualización ;)

Nota extra: He pensado en subir episodios adelantados a mi P a. tre. on pero no sé cómo puedan tomarlo o si les gustaría, espero puedan darme su opinión, sino todo seguirá completamente igual, me encuentran allá como OnlyStarling, ya saben~


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 57 – Esas Mentiras


— Ni una lágrima más, mi niña —dijo Lúmen.

Estaba de cuclillas junto a la dama de luz, la veía llorar afligida y torturada por la realidad, Draven se había ido hacia mucho tiempo pero ella lo abrazaba como si no existiera otra cosa valiosa en ese mundo para ella, ni sus hijos, ni Darius, ni su amor.

Una vida se había desvanecido entre sus dedos y todo porque ella no tenía suficiente para salvarla, por un instante la oscuridad que atesoraba en su interior se esparció, era la madre de Lúmen, implícita, extasiada y hambrienta de más dolor.

— Draveeen… Dra… Draven… —arrastraba su nombre con un congojo incapaz de evitar.

Por un segundo aquel elfo, invisible a la vista de todos tiritó, creyendo que el sello perdía su fuerza, sabía que iba a explotar en cualquier instante mas hasta que se detuvo. Siguió viendo de cerca a su hija, envuelta en oscuridad, con los ojos tan llenos de lágrimas, que creía que jamás volvería a mostrar emoción alguna y de hecho, la notó al borde de la locura, fue entonces que decidió evitarle más dolor y le quitó su consciencia.

No era un espectáculo digno, no iba a robarle sus memorias, sólo le iba a quitarla consciencia, tan sólo para que durmiese un poco y se relajara, luego se hizo palpable y la quitó del lado de Draven para apoyarla contra una pared, le acarició el pelo y le expresó una sonrisa amarga. Ojalá, pensó Lúmen, ojalá pudiese quitarle todo lo que ella había construido en esta vida pero esos niños, aún en su vientre, tenían un futuro, uno en el que podrían vivir sin la presión de Illumina, en el cual podría librar a su hija de todas esas dolorosas reencarnaciones.

Suspiró entonces y tomando una decisión, se marchó de la escena.

Un día entero pasó.

Las molestas luces y ávidos sonidos de aves le despertaron, Grey abrió sus ojos y notó como alguien ya estaba parado frente a él, botas finas, armadura brillante y una peligrosa lanza meciéndose.

Se apartó de este y Jarvan rió ligeramente.

— ¿Crees que te mataría como un cobarde? —ladeó su cabeza.

— Mi señor —dijo Grey fingiendo humildad y reverenciándolo.

— Bueno, supongo que no podría estar más agradecido, eres libre —su voz sonaba complacida, como si estuviera de buen humor, de hecho no sabía si creerle porque viendo sus ojos, aún se mantenía incrédulo.

— ¿Qué ha hecho que su majestad cambie de opinión?

— Tenías razón, ¡bravo! —fingió júbilo.

— ¿Ra-Razón? —tartamudeó confundido.

Era verdad que él había enviado a las fuerzas especiales demacianas a tierras noxianas con mapas y horarios pero no entendía la razón de su alegría. En primer lugar los envió para que fracasan, su plan era… su… plan era que encontraran al Ejecutor noxiano y lo mataran por él.

Entonces por qué Jarvan lo veía de esa manera, como si… abrió los ojos comprendiendo los hechos, Jarvan… no tomó en serio los horarios, eso quería decir que…

— Mi guardia me informó que tuvimos éxito, así que como recompensa, tienes tu libertad.

— ¿Tienen a la dama demaciana? —luchó por no dejar que su voz temblara.

— Exacto, la recuperamos.

— Oh… —dijo fingiendo calma pero su interior enloquecía.

Era un completo idiota.

Para medio día, cuando el sol se mostraba más arriba, estaba la caravana especial de soldados arribando al castillo real. Estos fueron dirigidos a los cuarteles secretos de Jarvan, deseaba tanto saludar a su querida amiga, la iba a abrazar y cuidar hasta que se decantara por aceptar ser suya finalmente.

Cuando los soldados le informaron de todo lo sucedido, de que no sólo trajeron a la dama demaciana sino también al Ejecutor noxiano, unas alarmas sonaron en su interior, ¡¿qué demonios hacía él ahí con Lux?! Frunció el ceño y pidió más informes, lo que siguió le disgustó en sobremanera.

No pudo ocultar su furia, tomó por la solapa al capitán de la operación y pidió a todos que formaran un círculo, para así evitar la huida del noxiano, de estar presente, debía ser reducido y encarcelado, quizás luego enviado a sus tierras.

— Abran la puerta.

El soldado a cargo usó una llave que desactivaba la magia usada para sellar el carruaje, cuando finalmente la puerta se abrió, no hubo ni un solo sonido ni nadie que saliera, del marco para adentro sólo los saludaba la oscuridad, Jarvan se cansó de esperar un loco ataque y lanza en mano entró a la cabina para ver lo que sucedía realmente, tras él un par de sus hombres le seguían con armas en alto.

— ¡Luces! —ordenó y uno de sus seguidores encendió una lámpara especial, ésta iluminó rápidamente el cerrado sitio.

Lo que vio le perturbó más de lo que había imaginado, Lux había despertado luego de estar dormida a causa de Lúmen, ella abrazaba el cadáver de aquel extraño, acariciaba su cabeza como si estuviera en una especie de trance, Jarvan se acercó suavemente a ella y esta no volteó a verlo. Aquel cuerpo yacía en el piso con parte de sus intestinos por fuera, con un pedazo de su costado faltante y nada de vida en aquellos grises ojos inyectados de ausencia.

— ¿Lux? ¿Luxanne? —le llamó por su nombre con cierto cuidado.

Al no obtener ninguna respuesta pasó su mano frente a los ojos de la rubia, al tiempo se quedó observando una vez más al noxiano, con toda esa sangre cubriendo el piso, toda esa sangre derramada alrededor de un día y medio, ya casi seca, en las manos, en la ropa y en el rostro de la rubia, la cual con el pelo desordenado no se movía ni enfocaba nada.

— Quédate con ella —pidió a uno de los soldados y salió de inmediato—. ¡Capitán! —gritó al borde de un ataque de furia— ¿por qué la dejó con aquel noxiano herido? ¿Por qué la dejaron a solas con un- cadáver? ¡QUIERO RESPUESTAS! —gritó al ya casi arrodillado soldado.

— Se-Señor… no sabíamos que estaba herido de gravedad, usted ordenó usar la fuerza mayor y eso quisimos hacer pero aquel noxiano no quiso soltarla, la guardia noxiana llegaban de a poco y… ¡necesitábamos sacar al objetivo!

—¡MÍRALA, MALDITA SEA! MÍRALA… —señaló la cabina con su brazo extendido hacia la entrada— ¡¿CÓMO PUEDEN SER TAN IMBÉCILES?! —apretó los puños; si no estuviera toda esa gente, hubiera echado un grito a los cielos, Lux no parecía la misma, no era vívida, no estaba como una persona normal—. Quiero a todos los culpables de esto encerrados, los juzgaré de acuerdo a sus acciones.

— ¡Su majestad, usted nos ordenó que trajéramos a la doncella Luxanne a Demacia y fue lo que hicimos!

— NO HAY UNA DONCELLA AHÍ, ¿QUÉ LE DIRÉ A LA CASA A LA CASA CROWNGUARD? ¿CÓMO PUEDO ENTREGARLE A LA HIJA DE ESTA TIERRA EN ESE ESTADO? RUEGA, RUEGA… —repitió rígido como una tabla y eufórico como un dragón— PORQUE EL DAÑO NO SEA PERMANENTE —terminó.

Giró sobre sus talones y fue hasta la entrada de la carrosa, inspiró aire y con una mirada más sosegada, volvió a entrar.

— Lux… vamos a casa, ¿está bien? —dijo acercándose a ella, pero la rubia se aferró a Draven— necesito que dejes a ese noxiano, ¿sí? —pero no contestó, Jarvan se arrodilló para ponerse frente a ella, y con una lastimera expresión sintió desvanecerse ante la mujer que ahí se encontraba— te… —se mordió la lengua pero luego reconsideró, ella estaba muy mal, lo suficiente para hacerlo cambiar de idea, estaba destruida, quizás el nombre de aquel hombre la haría reaccionar, al menos lo suficiente para que la aleje de ese cuerpo sin vida— te llevaré con Darius —mintió— ¿está bien? ¿Darius? ¿Te acuerdas de él?

La rubia no asintió ni dijo nada, sus labios partidos y su mirada perdida se hizo más serena, soltó entonces al castaño y Jarvan aprovechó para acercarse y levantarla entre sus brazos, su cuerpo pequeño ahora mostraba una notable barriga de embarazada, la cual procuró no apretar muy fuerte. Al sentir el contacto de su viejo amigo, se apoyó en su pecho, impasible y sin más lágrimas que derramar.

Jarvan todavía recordaba cuando planeaba robarla de aquella tierra maldita, para que finalmente entendiera que su lugar era a su lado y con una corona sobre su cabeza, no a la tierra oscura de Noxus, no como una esclava y menos como el juguete de un noxiano que menos que cariño, le tendría como una carta a usar.

Recuerdos contrarios le atravesaron en medio de aquella insana fantasía, aquellos que inocentes se atrevía a abrazar a la mitad de una noche de odio; la pequeña Lux ya no iba a perseguirlo por los jardines reales, ni inventaría excusas para ver el entrenamiento de su hermano, tan sólo para saludarlo, ya no necesitaría hacerlo, su bella e incondicional sonrisa podía ser sólo suya, pero helo ahí con la niña que tanto quería entre sus brazos, tiritando de miedo, cerrando los ojos atormentada, agitada… destruida.

Tragó saliva y reprimió su llanto. Y lejos de culpar a Noxus por esto, se culpó a sí mismo primero, quién sabe si había sido feliz o infeliz, ella estaba ahí y al mismo tiempo no estaba.

Todo gira de nuevo, nada se detiene, ni el flujo del tiempo, ni las vidas que pasan; sin importar cuánto lo intentara no podía volver a estar presente, todo se veía como si estuviera en un túnel, borroso, ella estaba ahí, dentro, pero arrinconada, lejos de todo lo que tuviera relación con "sentir". Quería ignorar todas las voces que le gritaban que despertara, las de afuera, las de dentro y las de su mismo ser.

— ¿Señorita Crownguad? —preguntó el médico y se sentó en la cama.

El médico real de Jarvan se había quedado junto a ella, esperando que respondiera a cualquier estímulo pero no quería salir de ese estado, si salía tendría que lidiar con todo lo que pasó y no, no estaba lista.

— ¿Cómo esta? —preguntó Jarvan a un lado.

Lux giró su cuerpo hacia una pared.

— Hablemos fuera, su majestad —dijo aquel anciano y se retiró de la habitación, dejando tan sólo a un par de doncellas al servicio de la rubia— su cuerpo ha sufrido un gravísimo trauma —respingó con suavidad— la señora Crownguard tardará unos días o semanas en recuperarse —suspiró esta vez, mientras su Rey apretaba los puños— a veces la mente busca maneras de no lidiar con algo que le es sumamente doloroso, así que… es mi opinión, debe estar en un ambiente tranquilo, con sus seres queridos, sin estímulos negativos y en un entorno que conozca.

— ¿Qué… me recomienda? —dudó.

— Debería enviarla de nuevo a Noxus, he oído que el comandante siente un cariño genuino por-

— ¡Jamás! —gritó en negativa y giró a otro lado— ella no regresará, ¿cariño genuino? Ese hombre, aquel al que le entregué a la dama Crownguard, dejó que altos mandos del gobierno la violasen, ¿cómo voy a permitir enviarla de nuevo? —enfurruñado frunció su ceño y evitó escuchar razones— colaboraría con su muerte…

— Sólo le doy mi opinión en base a lo que el hermano de la señora Crownguard me ha dicho, su majestad.

— ¿Has hablado con Garen?

— Hace mucho.

— Es un traidor, haría cualquier cosa para herirme. No enviaré de vuelta a Noxus a Luxanne y tampoco la regresaré a la noble casa que la entregó.

— Mi señor, si no ayudamos en su recuperación, su situación podría agravarse e incluso duraría más tiempo, sólo le estoy pidiendo que reconsidere, esto no se trata de lo mejor para nosotros o Demacia, es lo que sea bueno para ella.

— Puedes retirarte. Además te recuerdo que está prohibido bajo cargo de traición a la familia real, reportar o informar asuntos de estado a personas ajenas al asunto investigado.

— Lo comprendo —le reverenció y haciéndose un poco para atrás, salió de la escena.

La torre de la familia real era un lugar adecuado para contener a Lux, nadie fuera de él podría verla y cuando se recuperara podría dejar que saliera, pero antes…

Caminó dentro de la habitación de Lux, vio a las jóvenes sirvientas arreglar todo alrededor de esta, ya mucho antes la habían lavado y cambiado, ahora la peinaban. Su figura etérea desbordaba el aura de un ángel en la tierra, con un camisón de seda blanco y hermosos bordados con hilo de oro en las mangas, no era más que una aparición divina.

— Fuera —dijo con su tono de mando y las muchachas salieron a prisa cerrando la puerta tras ellas.

Sus bajos instintos chocaron con sus ansias de tocarla así que se atrevió a tomar su hombro, Lux no contestó, le bajó el camisón por esa parte y acarició su hombro mientras la impasible rubia seguía sin contestar.

La tumbó contra la cama y lejos de reaccionar, aquella bella mujer siguió sin contestarle, Jarvan estaba sobre ella, con las manos sobre su cuerpo, acariciándola, palpándola y ésta se dejaba a gusto, como si no fuera una molestia.

Así que se detuvo, no podría resistir más tiempo, debía esperar a deshacerse de aquella terrible abominación creciendo en su vientre, cuando estuviera libre de ello, haría y desharía con su cuerpo, tendría bellos y puros hijos de Demacia con esta y la amaría con pasión desde el inicio hasta el final de todos sus encuentros.

La besó entonces en la boca para despedirse y salió de la habitación.

Una ligera lágrima brotó de su ojo al tiempo que se giraba y acurrucaba en un rincón para aislarse nuevamente de todo el abuso, la primera semilla le quitó la sana amistad de un aliado, la segunda le quitaba toda dignidad que le sobrara, ¿cuándo acabaría su sufrimiento? Estaba harta…

Pausadamente Darius fijó su mirada en un mapa, sentía una soledad inconmensurable brotando desde su interior, la furia era una cosa, pero la soledad… parecía comerse cada pensamiento que surgiera, bueno o malo, era devorado al son de una canción, la misma que su amada tarareaba en silencio, detenida en aquella torre demaciana. Después de todo, estaban unidos por el hilo de la vida y el destino, unidos para bien y para el mal.

— Darius… —dijo Swain tras él.

Ambos, señores de guerra, se habían encontrado en una carpa noxiana, Swain no tenía un papel en esto pero quizás habría algo de valor para rescatar en esta cruzada suicida, los dos amantes tenían una cuenta pendiente con él, la cordura de Lux debía romperse lo suficiente para crear una apertura y que la dama de la oscuridad surgiera.

— ¿Qué quieres? —gruñó sin mirar, aferrado a esa quebrada hoja de papel.

— Llevas mucho tiempo aquí, necesito saber que el ejército tiene tu atención. Yo puedo guiarlos pero insistes en estar aquí, ¿por qué luchar cuando me tienes a mí?

— Es mi guerra.

— Entonces despierta —replicó Swain.

— Estoy muy atento —la luz de sus ojos, opacada desde hacia mucho, brillaba por el ansia de sangre, padecía del candor enloquecido que perdido entre recuerdos de antaño le gobernaban— y estoy listo para destruir esta ciudad —señaló con su dedo el centro del poder demaciano.

— Esto es una locura pero estoy contigo, mi amigo —se apartó.

No eran amigos, quizás compañeros pero nunca compartirían una amistad, ¿cómo darle la mano a esta bestia? Corrompió a su hermano y provocó las peores tragedias en su historia, si él no existiera quizás su vida con Lux hubiera sido más fácil; aunque para ser justos, que la élite noxiana se opusiera hizo que se empeñara aún más en su fascinación por estar con su pequeña rubia, era terco y firme, así que cuando alguien le dijo que no, él dijo que sí.

Un amor como el suyo, así de fuerte, así de intenso, no podía haber surgido simplemente de la nada, habían fuerzas ajenas conspirando para que ambos acabaran juntos, si no fuera por ellos, hubiera sido por otra inquietante razón, una aún más loca que imaginar al destino uniendo sus hilos, ¿querría él saber la razón? Bajaba la cabeza y sonreía.

— "Aguanta un poco, sólo un poco más" —se dijo y guardó sus palabras para mas no repetirlas hasta volver a ver el rostro de su amada y de sus preciosos hijos.

Y aquel dejo de esperanza, voló con el viento a su favor, entró por la ventana y surgió como un suspiro. De pronto Lux levantó la cabeza y dejó de ver la pared, ¿era un pálpito? Lo sentía en su corazón…

— ¿Qué tal? —saludó Quinn al soldado en la entrada del palacio de Jarvan.

— Nuestro Rey ha pedido que nadie se acerque a la torre de la familia real —avisó el soldado.

— ¿Dónde puedo encontrarlo? —preguntó.

— Se encuentra en el palacio, en sus oficinas.

— ¿No está en la torre? Extraño… —suspiró— bueno, iré a verle, sigue vigilando —dijo animada y se alejó.

Las preguntas y curiosidad surgieron dentro de aquella interacción, ¿qué habría pasado? Cerró toda el área de la torre y también selló parte del palacio, no parecía la gran cosa pero rumores de caballeros especiales llegando a toda prisa por la madrugada la hicieron alertarse, ¿podrían ser sólo palabras inventadas?

Chocó entonces con algo.

— ¡Auch! —dijo y vio la pared de carne que se había puesto en frente— ¿Garen? ¿Qué haces aquí? —preguntó.

— Quinn —su semblante preocupado, hizo que la joven de cabellera morada pusiera atención— ¿has visto a Jarvan? Y-Yo… —apretó los labios— intento entrar al palacio pero no puedo.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? —preguntó preocupada.

— No podemos hablar aquí —dijo dirigiéndola en otra dirección que no fuera las puertas del palacio real.

Caminaron un par de minutos hasta llegar a un parque, la gente transitaba sin problemas, algunos niños jugaban en la fuente, los ancianos alimentaban a las aves, pero Garen, él caminaba con Quinn hacia una banca alejada de civiles.

— Debes sentarte —dijo él.

— Estoy bien, dime lo que sucede.

— Necesitas sentarte —previó su reacción.

— Esta bien —accedió ante el nerviosismo del castaño.

— Mira, yo no puedo asegurarte que las cosas que vas a oír son fidedignas al 100% pero estoy muy preocupado de igual manera, tengo contactos en la guardia secreta, gente entre ellos inconforme con el mandato de Jarvan —dijo bajando la voz.

— ¡Ah! Sólo traidores, dime sus nombres y los haré entrar en razón —intervino Quinn.

— No es el punto —dijo y se sentó al lado suyo— mis fuentes me dijeron que hubo una operación en Noxus, extracción y rescate pero no me fue informado nada del asunto, tampoco se me dijo que irían por mi hermana. Por la mañana me enviaron un mensaje diciendo que tal vez esté en demacia, aunque no me quedó claro dónde está, si en la torre que acaban de cerrar o en alguna de las unidades especiales.

— Sólo son rumores, ya sabes que Jarvan suele cerrar la torre por refacciones o para estar solo, ¿por qué…?

— Hay un cadáver en la unidad especial, van a cremarlo en unas horas, de eso sí estoy seguro —bajó la cabeza— ¿qué hago si es mi hermana? —musitó en desesperación— ¿qué haré si Jarvan le hizo eso a Lux? ¿Cómo reaccionaré? Mi familia ha protegido la casa real desde sus inicios, la sangre de mis venas con gusto se derramaría por cualquier miembro de esta dinastía, pero… ¿si ese cadáver es mi hermana? ¿¡Qué haré!? —dijo ya desesperado y tomando su cabeza con angustia.

— No desesperes —puso su mano en su hombro, también preocupada— estoy segura de que nuestro Rey jamás haría algo así. De haber traído a Lux a Demacia, la casa Crownguard sería informada, Jarvan es muy prudente, tampoco creo que pudiera ocultar que la mataron, mira, te ayudaré a entrar a la unidad especial, comprobaremos que esos rumores son falsos —mostró una sonrisa de ánimo— vamos a hacerlo.

— "Así es, cae Quinn, cae con Jarvan a este abismo" —pensó dentro de sí, con una peligrosa armadura de manipulación — gracias, es un alivio contar con alguien aún.

— No lo digas —negó halagada— ni si quiera puedo imaginar por lo que estabas pasando, me sorprende… no puedo creer que haya un cadáver en la unidad especial —replicaba algo nerviosa.

— "Hermana, iré por ti, no importan las consecuencias, no voy a abandonarte" —pensó.

Era imposible para él ingresar a sitios que Jarvan había designado como prohibidos para él pero con la ayuda de Quinn, quizás alcanzaría, no a su hermana pero sí a su plan.

Temprano en la mañana, el líder del comando secreto envió un ave mensajera a la casa Crownguard, eran amigos después de todo, ¿cómo Garen no iba a saber de aquella incursión? El líder de la operación tenía miedo, después de todo enfrentarse a los Crownguard, era enfrentarse al juicio de toda la nobleza reunida en Demacia, si callaba lo sucedido, era posible que lo sentenciaran a muerte. Atentar contra la vida de un personaje tan distinguido podía pasar los límites del poder de la protección de Jarvan, mas si él mismo los había amenazado. Así que dijo poco y Garen ofreció el 'perdón' por lo que hubiera sucedido a cambio de la información completa.

Así fue como se enteró de que trajeron a su hermana a la ciudad, pero no sabía dónde la habían ocultado, pero aquello que llamó su atención fue la noticia del noxiano muerto, sabía quien era y sabía a quién podría interesarle.

Garen aún recuerda la historia, ha pasado un par de años, Quinn había caído bajo el encanto o mejor dicho embrujo del joven príncipe, aunque no sintiera una lealtad hacia él por motivos románticos, su lealtad estaba basada en ideales, porque a sus ojos, Jarvan era el monumento al espíritu demaciano. Así mismo, durante las negociaciones del tratado de paz entre Noxus y Demacia, ella se enredó en una historia poco favorable, acusando incluso a Draven de haberla abusado sexualmente, cuando claramente fue un intento de arruinar los tratados. El viejo Rey Jarvan sabía de su descontento, aunque estaba más consciente de la ira de su hijo, quien con mucho interés manipuló las elecciones de una tierna Quinn.

Otra cosa que sabía, era de un extraño cariño, sincero y real por aquel noxiano acusado, un noxiano llamado Draven.

¿A dónde nos lleva esto? Quinn había vivido resentida y atormentada por aquella decisión, no consideraba que Jarvan fuera el culpable puesto que ella también deseaba romper con los tratados de paz pero… al final se dio cuenta de que lastimó a alguien que no lo merecía. Draven había calado en su interior, tanto como para hacer que se odiara a sí misma, alguna vez confesó haberse enamorado pero ese 'algún' estaba en discordia con su lealtad a Demacia.

Era muy difícil enfrentarse no sólo a los prejuicios sino al recuerdo de que durante una invasión noxiana, liderada por ese hombre, su hermano había muerto.

Así que en ese momento, lo único que Garen necesitaba para tener un aliado que todavía se encontrara en el círculo de confianza del nuevo Rey, era romper la ilusión. Viendo marchar a Quinn delante suyo le hacía pensar más y más en que lamentaba tener que darle ese golpe emocional, pero si quería su lealtad total y que le ayudase a salvar a su hermana, debía mostrarle, enseñarle de lo que es capaz…

— Finalmente… —decía en voz baja abriendo una enorme puerta— esta es la entrada secundaria a los cuarteles especiales —caminaron por un pasillo oscuro, habían antorchas encendidas a los lados pero tenían un fulgor muy bajo, quizás por el tiempo de ambiente.

En ese momento ya no había nadie cerca, pudieron ingresar sin problemas, caminaron de cuarto en cuarto hasta encontrar el área de depósito, en estos habían uniformes desechados o sucios, había un grupo especial de limpieza que se ocupaba de organizar lo que quedara luego de una misión.

— Ya… llegamos —dijo ella viendo directamente un cuerpo cubierto con un mantel gris, este estaba lleno de sangre— Garen, ¿de verdad quieres verlo?

— N-No puedo —dijo girando su rostro a otra parte— ¿podrías revisar? —cerraba los ojos fingiendo estar atormentado.

— Esta bien, lo haré —tragó saliva y fue acercándose a aquel cuerpo, no podía ver bien porque todo estaba ensombrecido, además si encendían las luces podrían llamar la atención de cualquiera que apareciera en el cuartel general sorpresivamente.

Tomó aquella manta y la levantó lentamente, pronto notó que no era una mujer, se sintió aliviada y suspiró ligeramente antes de continuar, mas luego su respiración se detuvo por unos segundos, aquellas piernas y brazos grandes le recordaban a alguien; así fue como descubrió después el rostro.

Por un momento no dijo nada, el castaño apretó los dientes, estaba esperando la reacción, cuando volvió la mirada notó a la demaciana de rodillas en el piso, viendo aquel cuerpo destrozado, estaba destrozado y había tanta sangre seca que parecía que lo hubieran atropellado varias veces.

Quinn tomó la mano de aquel, estaba un poco tiesa, ¿cuánto hacía que había muerto? Estaba fría. El recuerdo de su hermano llegó como una pila de ladrillos, se juró a sí misma que no debía llorar otra vez, pero… esto la puso en la posición ideal. Muy aparte de aquella dolorosa similitud estaban los recuerdos, si era sincera jamás pensó en querer algo o a alguien más que a su propio hermano o familia; pero Draven era, ¡oh, Draven! Él era algo distinto, desde la primera vez que hablaron hasta la última, tenía un significado, ¿así era haber querido?

Pero luego estaba la traición, los ojos del vengativo noxiano, estos que desde un inicio habían buscado quererla, la veían con desprecio, un profundo y triste desencanto que palabras no podían describir. Lo traicionó y jamás pensó que ella significaba tanto para él como él para ella. Pasó de ser un alma libre a estar lleno de prejuicios, a causa suya, por su maldita búsqueda de ideales.

Pero debía ser honesta, ella jamás lo hubiese amado porque amaba más a Demacia que la idea de tener una vida con un desvergonzando amante.

Entonces, si jamás lo hubiese amado más que a su ciudad natal, ¿por qué? ¡¿Por qué dolía tanto?! Sus ojos llenos de lágrimas quisieron gritar, mas aguantaron la agonía, no entendía por qué estaba ahí, aquel a quien tanto daño le hizo, aquel que se fue con un corazón roto, ahora volvía inerte y destrozado.

— ¿Qué hace aquí? —dijo con voz temblorosa.

— No es mi hermana… —fingió alivio—. No sé que decirte —giró su rostro a otra parte.

Quinn se puso de pie y caminó con brusquedad hacia él, lo miró investigando su expresión.

— Sabías que él estaba aquí, ¿verdad? Entonces, ¿por qué dices que no sabes?

— Es sólo que no quería que supieras la verdad. Mi hermana tenía un matrimonio arreglado con la Mano de Noxus, lo sabes, pero lo que los demás no sabían era que durante el enfrentamiento en las minas, lo declararon muerto allá, no permitieron que supieran que estaba vivo, mi hermana quería quedarse en Noxus hasta tener los restos de Darius pero su vida corría peligro al no tener el apoyo y valor que le era dado por el comandante.

— ¿Por qué no sabíamos de eso? Debió volver a Demacia, ¡no tenía que quedarse allá!

— Darius no murió en el incidente de la mina, yo estuve con él, nos salvamos apoyándonos, pero cuando él regresó, su hermano tomó a Lux como su esposa, es una tradición allá, para preservar el tratado de paz mi hermana mantuvo un matrimonio falso con aquel —mostró su desagrado— no sé cuánto haya sufrido —bajó la cabeza— Jarvan dijo que iba a vengarse de Draven porque pensaba que fue quien fraguó el incidente en las minas para quedarse con el poder de su hermano y con Lux, estaba furioso cuando lo supo, tanto que me expulsó de su gracia, eso lo sabes…

— ¿Fue por eso que él y tu dejaron de hablar? —dijo limpiando su rostro.

— "Perdón" —pensaba viendo el adolorido rostro de la pelimorada—. Es toda la verdad.

— Entonces Lux estaba viviendo con él, la invasión y extracción fue para matar a Draven, ¿por qué tendría que matarlo? No comprendo, no suena a Jarvan.

— Hay rencillas que él guardaba luego de tantos años, yo pienso que se sumaron las culpas, el hecho de que te haya violado y luego haber tomado por esposa a una de las damas más respetables de Demacia, fue lo que detonó aquella orden. Para él… jamás ocurrió un perdón.

La joven se retrajo al instante en que Garen mencionaba el asunto de la violación, creyendo que él, como todos en el círculo de poder de Demacia, sabía de la injusticia que vivió por un noxiano; injusticia falsa, cabe resaltar. Su mentira le quemó la boca y pronto los labios, que lejos de aceptar sus errores, se los tragó llena de arrepentimiento. Jarvan le había dicho que no lo iban a lastimar, no mientras él viviera y ella aceptó con todo gusto ayudarlo pero rompió su promesa, dijo que las mentiras que dijera no afectarían a nada más que el tratado pero años después, quiso acabar con aquel a quien tanto dijo no despreciar.

Le había mentido. Jarvan era… Jarvan…

— No… —gimoteó con el dolor tocando su alma— él no podía haberme hecho esto, él dijo que no lo iba a lastimar nunca, que no significaba lo suficiente para nuestra causa, Draven sólo era una rueda en nuestra búsqueda por romper aquel tratado, además- además- yo… es decir, Jarvan sabía que mentí, mentí cuando dije que él había sobrepasado sus límites conmigo —estuvo a punto de derrumbarse cuando Garen la sostuvo.

— Lamento mucho que él guardara rencor por algo así, no sabía que era una mentira, yo creí que él hablaba en serio cuando mencionaba aquello de hacer justicia. No pensé que llegaría tan lejos —la abrazó suavemente mientras la joven comenzaba a llorar— y todo para cubrir su maltratado ego.

No se arrepentía de nada, Quinn necesitaba esta mentira. Jarvan jamás haría algo así, tenía razón, Draven fue un daño colateral, no fue planeado, pero que trajeran el cadáver en esas condiciones ayudaba a reforzar la idea de que un Rey herido y enfermo de poder quería acabar con viejas rencillas ahora que no debía rendirle cuentas a nadie, de paso traer a Lux y acabar con el tratado de paz, que ahora era menos que un papel desechable.

— Tranquilla —la consolaba con pequeñas palmadas.

— ¿Cómo pudo? —murmuraba.

Ya no era un día soleado en Demacia y tal vez, pronto en ningún lugar lo sería.


Fin de Episodio 57


Nota de la Autora:

Sólo quería decir dos cosas, la primera que pienso en Garen como alguien familiar, pienso que si en un punto crítico le pidieran decidir, él se voltearía siempre a Lux, es mi opinión personal como autora. Así que no puede directamente enfrentarse a la monarquía y tampoco quiere que los demás nobles condenen a Jarvan, por lo mismo no se opone públicamente, aunque las campanas suenan sin necesidad (que la sociedad de Demacia se está dando cuenta de los líos que causa el nuevo Rey). Así que él hace lo que tiene que hacer para salvar 2 cosas, a su hermana y la reputación de Jarvan (un poquito xD).

Otra cosa, no creo que Jarvan sea un "villano" en toda la regla pero como sabemos tiene una semilla de la oscuridad, por eso está actuando muy fuera de sus propios límites, incluso mandando a secuestrar a Lux (sólo que sabemos que esto fue por culpa de Grey, que no sabemos lo que realmente quiere). Así mismo, creo que eso es un mal hecho a partir de manipulación.

En cuanto a Grey, realmente creo que hay algo muy turbio en su pasado para que él haga las cosas que hace o hay algo que él sabe y los demás no, pero cuando Dante se entere, quién sabe lo que vaya a pasar.

Eso era todo u.u hasta la próxima actualización.