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Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 59 – Adiós Julieta*


Así que tembloroso como nunca dejó aquel aferro por la vida que tanto había atesorado, con la sola idea de poder restaurar a quien por tanto tiempo ha cuidado; su amada había sufrido un golpe emocional del cual le sería imposible recuperarse pero él tiene la solución.

¿Por qué cree en él? Se preguntó mientras aquel ser alado le conducía por su castillo hacia otra ubicación, una en la cual pudiera realizar todos sus experimentos, un lugar en el cual pudiera supervisar el resultado de esa locura.

— ¿Vas a matarme aquí? —preguntó Darius pasando a una amplia habitación.

— El dramatismo no te queda —replicó Lúmen y con un movimiento de sus brazos iluminó con su magia aquel lugar.

No había nada más que la oscuridad hubiera ocultado, sólo una gran cama, unos sillones a la distancia y ventanas cubiertas con gruesas cortinas. Darius se dedicó a apreciar la cama, no era simple, parecía estar infestada de magia, ¿para qué será?

— ¿Hay alguna posibilidad de que esto funcione? —dijo lleno de dudas.

—Hay cosas que la magia tarda en recuperar, incluso con alguien tan fuerte como ella, ya sabes que esto fue causado por dos hilos de destino que no debían estar enredados, lastimosamente llegaron a un fin, ambos se cortarían si uno no lo hacía primero, para proteger el hilo del destino de otras personas unidas a estos. Pero eso también creó un anormal resultado, dejando a mi hija incapacitada para ser ella misma —bajó la cabeza— aún cuando vuelvas a su lado, ella será sólo un vestigio, pero si recuperamos la vida de Draven, los hilos del destino se reestablecerán. Pensé que algo malo iba a pasar desde el momento en que sentí que la barrera se apagaba y como no puedo intervenir en su destino de ninguna forma, tuve que poner una red de seguridad por si acaso. Quizás no puedo impedir que la lastimen, pero sí puedo reponer ese hilo de destino enredado —se acomodó en la cama para sentarse a gusto mientras veía a Darius frente a él— no pensaba en dejarte con ella, ni si quiera quería que siguieras viviendo, porque así podría renacer y tener una oportunidad, mas algo cambió, eso me dio esperanza y me hizo creer, no en ti, sino en que esta vida podría ser distinta y si me rendía, ella quizás arrastraría este vacío más allá de su existencia.

— ¿Cómo recuperaste el alma de mi hermano?

— Ya te dije, hice un trato con la muerte, le ofrecí algo que no podía rechazar.

— Si algo sale mal, por favor permite que ella sea feliz —pidió con una pizca de resignación.

— Debes morir y permanecer así por al menos por 240 segundos, luego golpearé tu corazón con mi palma infundida de magia, esto provocará que vuelvas a la vida, creo. Sólo así crearé una chispa de vida que traerá de vuelta al sátrapa de tu hermano.

— Oh… —apretó los labios— pues no parece tan malo, estar muerto unos minutos y… —el reflejo de los malvados ojos de Lúmen lo hicieron detenerse— ¿me revivirás? ¿Cierto? —preguntó otra vez más preocupado que nunca.

— Te diré lo que pasará. Voy a hacer todo esto, con la seguridad de que tú puedas volver y salvar a mi hija, quizás seas lo único que la separa de esa parte oscura que tanto traté de evitar estos años.

— Illumina no puede romper el sello mientras Lux sea consciente de todo lo bueno que le rodea, de la vida, de los seres que más se han preocupado por ella y de sus propios hijos.

Lúmen se puso de pie una vez más y caminó hacia Darius, lo miró con pena, sabiendo que las cosas que pasarían a partir de ese momento no serían fáciles.

— Hay algo más que debo decirte…

Otro requisito para que la chispa de vida se produzca es que el cuerpo sea capaz de resistir una verdad. Lúmen conocía esa verdad y la iba a explicar, si Darius aún sabiendo eso decidiera seguir con ese proceso, entonces… él podría volver a la vida luego de ese sacrificio.

Un cuerpo fuerte, requiere una mente fuerte y Darius, la mano de Noxus, debía probarlo.

Varias semanas más pasaron tras estos sucesos, entre idas y venidas, todo parecía conjuntarse para llegar a un desastroso encuentro, fuerzas noxianas arremetían con todo su poder en varios puntos cercanos a fronteras demacianas, mientras aquellos de fuerzas especiales se dedicaban a espiar formas de ingresar a la ciudad más protegida de toda runaterra.

El Darius que Lúmen había creado con magia, permanecía aún y se reunía con varios de sus subalternos, tal como lo haría el original, y otros agentes fuertes del ejército, ideando planes, generando ideas, hasta que de pronto un soldado los interrumpió, todos los presentes giraron sus cabezas hacia él.

— ¿Qué sucede? —preguntó levantando la mirada.

— Señor, acaban de enviar un mensajero.

— ¿Los demacianos?

— Sí, señor —afirmó y el comandante salió adelante fuera de aquella tienda de guerra.

Apuró sus potentes pasos, levantando polvo tras él, su capa, roja como la sangre se agitaba al son de su fuerza, sus brazos, curtidos en batalla, parecían haber perdido algo de forma, no había pasado buenos días, no comía bien, no dormía y presentaba claros delirios en ocasiones, pero su más grande mal era aquel humor asesino que lo consagraba como un loco, para algunos.

— Y bien —dijo este a las puertas del campamento, los soldados encargados abrieron la misma con dificultad mientras Darius seguía de frente— ¿qué buscas? —fue lo primero que dijo al estar frente a un delgado demaciano, con una armadura brillante.

— Le traigo este mensaje —extendió un sobre.

— Tiene el sello de Jarvan, interesante —dijo y tomó lo ofrecido al tiempo que la abría.

Esa caligrafía perfecta y palabras rimbombantes, era claro que se había tomado el tiempo para escribirle, Darius rió dentro de sí, pensaba en que el 'principito', a pesar del conflicto conservaba ridículos modales de una corte para con un hombre venido del más humilde origen, ¿sería esto humillante para él? ¿O es que estaba tan desesperado por llegar a un acuerdo luego de la afrenta hecha a su esposa?

Tal vez tenía razón para desesperarse, no era un noble muy querido en su propia nación y menos luego de arrojar a la luz de Demacia a la hostil Noxus, ¿cuántos enemigos se habrá ganado? Si se revelara que Lux fue secuestrada, ¿cuántos nobles le darían la espalda? No faltaría quien quisiera que renunciara a su puesto, no era el Jarvan que todos querían y apreciaban, estaba actuando como un imbécil y todo por un anhelo imposible.

— "Quiere reunirse" —estaba pensativo, miró al mensajero, éste tenía una fija mirada fría y volvió a la carta, simuló seguir leyendo para evitar el incomodo silencio y finalmente le arrojó la carta a este— dile que estaré ahí y… también dile que quiero lo que es mío sin trucos.

— Su Majestad requiere su presencia con un único acompañante.

— Estaré ahí —su voz resonó, era amenazante, el mensajero dio un ligero paso atrás mientras se apartaba— ahora vete con tu amo —dio la vuelta y volvió a entrar a su campamento.

Se quedó quieto por un instante, ¿sería una trampa? Tal vez no debió acceder tan fácil pero si él quería eliminarlo, no lo haría tan obvio, todos en Noxus se habían enterado del mensaje, así que estaba descartado que él quisiera desaparecerlo en privado.

Tenía un día para prepararse, asumió que querría hacer un trato, pero el único trato que estaba sobre la mesa era uno en el que Lux estaba integrada, con ella de vuelta a sus brazos, no habría nada que él quisiera hacer, más que regresar a Noxus, ¿estaba loco? Sí, pero no demente, al menos aún le sobraba cierto raciocinio, algo que lo hacía capaz de querer terminar con este conflicto por el bien de su esposa. Había pensado antes en que podría seguir con su sangrienta campaña pero la muerte de su hermano no era suficiente, no lo quería vivo y tampoco muerto, era un… daño colateral, su mente estaba en el punto en que simplemente le daba igual la muerte de un violador, así como le daría igual si Swain muriese también. Lo único que necesitaba era que su esposa estuviera lejos de las garras de los ambiciosos y codiciosos dedos de Jarvan.

Mas su contraparte tenía un conflicto, así es, él aún era presa de Lúmen, el verdadero Darius y no la copia que vivía la vida sin saberse creado con un propósito.

Ya no estaba confinado a una celda de oscuridad, era libre de cadenas y de paredes mágicas que ocultaban hasta el más mínimo susurró de odio. Aquel elfo le dio una habitación y sirvientes que se ocuparan de él, en una mansión oculta en Noxus, éste no podía salir aún al exterior, necesitaba darle una respuesta a la pregunta que le fue hecha varios días atrás.

— Tu ejército está cada vez más cerca —decía Lúmen distraído porque usaba su visión verdadera para vigilar todo lo que sucedía.

— Esa copia es muy útil —dijo Darius girando hacia una ventana, la luz que iluminaba la habitación era plana y no llegaba hasta él, dándole cierta sombra.

— ¿Qué has decidido? Ya no hay mucho tiempo, la energía para mantener la copia llegara a su fin y con ello, la fuerza vital que le diste, también se extinguirá y sabes bien que necesitas TODA tu energía antes de iniciar el ritual.

— Necesito pensar —bajó la cabeza— ¿cómo puedes esperar que lo decida así?

— La tormenta que tienes, le da valides al ritual, necesitas tener suficiente fortaleza mental para soportar que te traiga de nuevo a la vida. Creo que ya te lo dije antes.

— Dame este día, mañana tendré una respuesta —pidió el noxiano juntando sus manos— quiero poner mis pensamientos en orden y decidir lo que haré.

— ¿No amabas tanto a mi hija?

— Aún sabiendo la verdad, la amo demasiado y quiero que se recupere pero…

— Está bien —dijo Lúmen y se caminó a la salida— te daré hasta mañana, Mano de Noxus.

La disposición que sentía por cometer grandes locuras a causa de su pasión, eran válidas, creía que su actuar era demasiado para un sentir que poco o nada valoraría un noxiano común, pero él no era de esos, él no iba a renunciar por una simple piedra. Pero ahora que sabía aquella verdad, algo en él se detuvo. Quiso seguir avanzando y algo pasó. Tal vez ese delirio que sentía por Lux no era suficiente; sentía y ya no podía verse sintiéndolo más, era un tonto porque quizás ella sería más feliz lejos de aquellas manos, que en lugar de protegerla, la convirtieron en una presa fácil del deseo de otros.

Su debilidad tenía consecuencias, ¿qué haría?

Ella guarda dos criaturas dentro de sí, una es tuya, pero la otra… fue concebida aquel trágico día. Podrás reconocer esa abominación porque tiene una marca de nacimiento en el brazo.

Las palabras de Lúmen le calaron hondo, ¿abominación? Así lo llamó, porque una criatura nacida de un abuso al amor tan sincero que se tenían ambos, era eso, una abominación a los ojos del hombre que permitió que sucediera.

Entonces se preguntó también, ¿cómo será capaz de ver a ese niño a los ojos? ¿Será que verá a Draven en él? ¿o será que verá el producto de esa violación con un creciente odio por sí mismo? La fuerza lo era todo, y si alguien tan poderoso como él, no podía hacer el simple trabajo de proteger a quien más quiere, no quedaba nada. Era un inútil, "Mano de Noxus" le decían, una mano tan frágil como la suya no era capaz de seguir al lado de una sobresaliente mujer como Lux, no luego de haberle fallado de esa manera.

Pero si permanecía a su lado, ella pronto lo sabría, sus ojos no tendrían el contento de ver a aquel niño crecer, sabría la verdad eventualmente y él, que no podía vivir con su orgullo aplastado, la dejaría morir en la más profunda soledad.

Si su intención antes era revivir a Draven para reponer el lazo que había sido quebrado, ahora quizás su más grande motivación era revivirlo para dejar que él se hiciera cargo de esa responsabilidad. Lúmen también le dijo que dadas las circunstancias, Draven era un mejor candidato para criar a esos niños, él vería con agrado a su hijo e incluso al hijo de su hermano, eso sin contar con que aún prevalecía en él aquel amor puro que por fuerza fue provocado.

Lo daría todo por ella, renunciaría al futuro agrio que le ofrecería, a los niños que no vería crecer y que teniendo una madre como Lux, estarían mejor sin un hombre como él, lleno de resentimiento.

Sí, así debía ser. Se resignó.

Terminando de haber recorrido el inmenso pasillo de pensamientos que tenía tras enterarse de que uno de los niños de Lux no era suyo, se determinó a buscar un mejor final para todos, ahora ya, sin un ápice de desesperación, iba a revivir a su hermano y darle una oportunidad, con suerte ellos lo recordarían como un pasado.

Pero las luchas no eran sólo en Noxus o en Demacia, sino también peleas internas provocadas por este incremento de acción. Por ejemplo, Garen y Swain, dos seres tan alejados de su propia naturaleza, personajes que luchaban intensamente por guardar su poder y sus deseos de que prevalezcan sus intenciones.

Por una parte Swain, ultimando los detalles de su plan, uno que parecía tener relación con detener esa guerra y obtener beneficios, y por otra estaba Garen, quien buscaba aliados, dentro y fuera de su familia, llegando a crear un plan para recuperar a su hermana.

— ¿Está encerrada en la torre? —preguntó el recién llegado, Garen se aproximó y le puso la mano al hombro.

— Ella confía en ti y por eso te entrego esta responsabilidad, Jarvan está fuera de la ciudad, yo crearé una distracción y tú entrarás a la torre a salvarla. Sólo… te pido que la saques de ahí, yo me encargaré del resto —pidió casi en un hilillo.

— Estuve tanto tiempo lejos, que no imaginé los problemas que habría a mi regreso, siento tanto no haber apoyado a Lux —se lamentó el rubio— pero es peor saber que un Rey tan honorable como Jarvan está tras este asunto.

— Ezreal, hazlo por ella. Si tuviera la posibilidad en mis manos, créeme que lo haría pero si entro, no saldré con mi hermana.

— Gracias por llamarme, daré mi mejor esfuerzo —sonrió confiado.

— Eso creí —respondió el castaño.

Con Quinn cuidando que nadie intervenga en el rescate, él encargándose de los guardias y Ezreal sacándola de ahí, no había forma de fracasar. Esos recursos eran suficientes en ese momento.

Y por su lado, Swain, claro en sus ideas, confiado en su destino, optó por iniciar su plan. Sin que nadie supiera, se reunió con Fraktal, para cambiar a todos los soldados a cargo de la seguridad del campamento y al tiempo, de Darius. Además de editar las cartas de Jarvan, cuando en primer lugar, fue él quien inició el pedido de reunión con el Rey Demaciano.

Darius iba a una trampa creada por Swain, este quien no perdió tiempo hizo un trato mucho antes con el jerarca de aquella nación por un nuevo tratado de paz, uno que implicara la sangre de Darius puesta como ofrenda, ¿pero qué ganaría? Swain camufló sus verdaderas intenciones, mostrándose codicioso exigió varias tierras en suelo demaciano donde tuviera control total bajo una identidad oculta, claro que todo era para cubrir lo que realmente quería y eso era el despertar de su maestra.

Unas horas antes de iniciar aquella operación, el ambiente cambió de repente, ¿no era Demacia un eterno resplandor de primavera? Se preguntó el comandante, quien había llegado a un punto de encuentro, mucho más cercano a las murallas demacianas de lo que imaginó, aquel campamento cuasi desierto le hizo pensar que Jarvan iba en serio en sus intenciones. Pidió entonces a varios de aquellos hombres que esperaran cerca, nadie más lo seguía cuando se internó en aquel lugar, entonces lo recibió un soldado que lo guiaría al encuentro que había esperado.

Pronto una notoria silla brillante se mostró y en ella al orgulloso muchacho que se decía Rey le saludó con una sonrisa.

— ¿De qué querías hablar? —preguntó sin si quiera saludar, Jarvan arqueó las cejas y con un movimiento de manos hizo que un grupo de soldados escondidos salieran a rodear al comandante.

— Eres un estúpido —dijo Jarvan.

Pero Darius no se quedó quieto, agitó su gran hacha y haciéndola a un lado, llamó fuertemente a su compañía, aquel grupo de soldados que llegaron con él, pero estos, luego de varios intentos siguieron sin aparecer, entonces se dio cuenta. No estaban como iguales.

— ¿Qué les has hecho? —preguntó Darius.

— Se fueron.

— ¿Qué? Son parte de mi ejército, jamás abandonarían su deber.

— Tal vez debiste revisar mejor —se puso de pie— todavía sabes lo que han hecho.

— ¿¡Qué diablos estás insinuando!?

— Fuiste vendido. Nunca creí que Swain fuera así de codicioso —se dijo a sí mismo para luego voltear a su invitado— pero veo que no me equivoqué…

— ¿Swain? ¡Él no haría esto! Fue gracias a él que pudimos llegar tan lejos, ¡tenías miedo de que divulgara la verdad! Por eso acordaste la reunión.

— No acordé ninguna reunión. Ha sido todo obra de aquel maldito vastayan de sangre mezclada.

— ¿Qué te pidió? —preguntó.

— Tierras en suelo demaciano para trabajar en algunos experimentos y restaurar el acuerdo de paz, con beneficios comerciales más favorables para Noxus, al menos por un par de décadas.

— ¿Y qué le pediste tú?

— No te voy a asesinar como un cobarde si es lo que piensas —extendió sus manos e hizo un gesto para que todos se apartaran— vamos a tener una pelea, si yo gano me llevaré tu cabeza y si pierdo, te devolveré a Lux y te daré pruebas de la traición de Swain, así regresarás como todo un héroe y con el apoyo de tu nación para destituir a aquel insulso demonio.

— En verdad crees que puedes ganar —rió para sí, orgulloso de sus habilidades— te voy a desgarrar la piel en frente de tus hombres y me haré un abrigo con lo que quede de ti.

— Tentador —fingió ánimo, estaba nervioso por todo lo que había apostado, no era muy de su estilo— ser parte del adorno de otro noxiano no está en mis planes, pero vamos —preparó su lanza y caminó hacia Darius, dejando que sus hombres hicieran un círculo alrededor de ellos— ¡dame todo lo que tienes, Mano de Noxus! —le gritó al tiempo que se lanzaba al ataque.

Ambas armas resonaron en el aire al chocar, haciendo que el mismo suelo temblara por el poder de las mismas, los soldados de Jarvan se hicieron ligeramente para atrás al movimiento, quizás pensaban que una lucha de dos grandes fortalezas, como lo eran estos, harían estragos lo que estuviera cerca.

Darius dio hizo una rotación completa sobre sí mismo y giró su hacha al tiempo que el nuevo Rey se apartaba, si hubiera fallado un poco más, ahora mismo estaría partido por la mitad, suspiró de alivio al tiempo que se impulsaba para aprovechar que el noxiano le había dado la espalda para apuñalarlo, mas este, consciente de aquel fallo, soltó su arma para tomar el golpe de la lanza y con el brazo libre preparar un poderoso puño, que golpeó el fino rostro del heredero al poder de aquella nación.

Este golpe hizo que Jarvan retrocediera varios metros, pero lejos de quedarse, abrió la boca muy grande, como una fiera, tenía dispuesto su animal interior, quería destruir a su rival, tal como Darius.

Volvieron a la pelea, ésta vez Jarvan se quitó parte de su armadura para aumentar su velocidad de movimientos, vio por el rabillo del ojo al noxiano y mostrándole una mirada siniestra tomó su lanza velozmente y avanzó, con el lado no puntiagudo logró golpear como una punzada el estómago de Darius, mientras éste, lejos de hacerse para atrás o mostrar dolor, fortaleció su musculatura en esa área y soltando su propia hacha, tomó la lanza para quitársela.

Jarvan sorprendido se hizo para atrás, al mismo tiempo permitiendo deslizar su arma para quitársela, ese movimiento había sido peligroso, no podía darse el lujo de darle esa ventaja de tener dos armas.

Aquel notorio reflejo de respiración nerviosa de Jarvan hizo que Darius se riera, muy fuerte y muy claro, los soldados de Jarvan tuvieron algo de miedo y viéndose los unos a los otros, temieron por un instante el peor de los resultados.

— Te vas a arrepentir de todo —dijo Darius.

— Veremos —replicó el nuevo Rey.

Volvieron a chocar sus armas, separándose una vez más y acercando sus armas, Darius pudo cortar parte del costado de Jarvan, esto hizo que se inclinara ligeramente, la sangre brotó de esta herida y viéndose vulnerable, lejos de temer la victoria del retador, levantó su arma más arriba, dando un ligero impulso con su cuerpo lanzó ésta, activando uno de sus poderes, más velocidad para atacar, el noxiano sin preocuparse respondió a esto girando su hacha para cortarlo aún más, provocando más cortes y por ende más sangre.

— "Sólo un golpe más" — pensó Darius y sonriendo vio su oportunidad.

Jarvan lucía agitado luego de haber luchado cuerpo a cuerpo con aquella mole, pero no iba a descansar hasta vencerlo, quizás si dudaba perdería, no iba a dejar su sangre en aquel campo por nada. Sin embargo le costaba mucho evitar la realidad, sólo unos movimientos y ya estaba agotado por la falta de sangre, pronto el subidón de adrenalina pasaría y fue cuando se preparó para recibir el último golpe.

— "Es todo" —dijo Darius cantando su victoria, con el hacha entre sus manos, con su fuerza palpitante y su deseo por ver a su amada siendo desvanecidos por algo que no podía controlar. Su vista se opacó y pronto cayó al piso, a los pies de Jarvan.

Había caído, aquel vasallo del mal estaba a sus pies, ¿qué estaba pasando? Se preguntó el antiguo príncipe pero después de pasados los minutos de sorpresa, sus soldados lo ovacionaron, mas antes de tomar la gloria como un animal, se acercó al hombre caído, se agachó y con sus dedos buscó su pulso en el cuello, no tenía.

— Traigan a un médico —ordenó y dejó su lanza al cuidado de otro mientras esperaba el resultado.

Efectivamente, estaba muerto, dijo la voz de su médico personal, este se apartó y Jarvan volvió a pedir su lanza, con la punta, filosa como cuchilla la hundió en el cuello del caído.

— "No me culpes, si hago esto es porque ya no eres parte de este mundo" —pensó mientras decapitaba a su rival.

Lejos de ahí, Lux podía notarlo, esa energía que siempre los había unido parecía desvanecerse, ¿cómo? Se preguntó, su respiración agitada se volvió contra la ventana, fue hasta la misma y miró a través hasta donde su vista le permitiera, pudo ver humo, sólo eso… ¿eso era un campamento? ¿Había pasando algo? La sensación de peligro, ahogo, sufrimiento, pesar la convirtieron en un manojo de nervios, se tomó la cabellera desordenada y comenzó a llorar, algo no andaba bien, ¿dónde estaba Darius?

Su vientre comenzó a doler, era una punzada ligera al inicio pero luego una presión más fuerte seguida de dolores, su cuerpo no aguantaba su propio peso, era como si algo dentro de ella la estuviera apretujando, ¡quería ignorarlo!

Necesitaba saber qué pasaba, su interior, aún sano, pensaba en posibilidades pero su exterior apenas podía decir una palabra, de pronto tuvo miedo, ¿y si algo le había pasado a su amor? La misma respiración se le detuvo, ¡odiaba esto! ¿POR QUÉ NO PODÍA ESTAR CON ÉL? Todos se habían opuesto y ahora la hacían pagar, ¡los odiaba!

Estaba tan sola que comenzaba a temblar, la sirviente que Jarvan había designado para ella entró a la habitación, jadeó con sorpresa al verla parada frente a la ventana con las piernas temblando y sangre bajando por las mismas.

— ¡SEÑORA CROWNGUARD! —gritó preocupada, fue hasta ella y luchó para llevarla a la cama.

— Darius… —dijo Lux.

— Necesito llamar a un médico, por favor quédese en la cama… ¡oh Dios mío! —dijo para sí misma, alborotada por encontrar ayuda.

El médico estaría en el castillo principal, por lo que debía salir de la torre e ir de inmediato, necesitaba buscar ayuda, así que corrió lo más rápido que pudo, a la salida pudo notar cómo una comitiva de soldados llegaba por el pasadizo secreto de la torre en la planta baja, Jarvan salía de este e iba de inmediato al piso más alto de la torre. Había vuelto muy pronto.

— Su majestad —se acercó la joven haciendo reverencia.

— ¿Qué sucede? —dijo su Rey.

— La ama requiere asistencia médica, iba a buscar ayuda.

— No es necesario, el médico real está conmigo, espera aquí, te llamaré si es necesario.

— Sí, su Majestad —volvió a reverenciarlo, al tiempo pudo notar cómo llevaba en su mano una especie de bolsa chorreante de sangre, quizás volvió de batalla y no le había dado tiempo a dejar sus cosas…

La habitación se tornó fría, mientras la rubia no paraba de preguntarle la razón de su desespero, no podía pensar en nada más, necesitaba salir de ese estado pero le era tan difícil, si tan sólo alguien le dijera… si pudiera moverse, pero su propio cuerpo no respondía.

Escuchó entonces el chirrido de la puerta y pudo ver a su Rey entrar, la bolsa que colgaba de su mano no era nada discreta y destacó de todo, él le sonrió abiertamente mientras pedía a sus demás seguidores esperar fuera.

— Ha acabado —dijo con alivio aquel Rey cerrando la puerta tras de sí.

— "¿?" —miraba a Jarvan y no entendía aquel tono feliz con ese lamentable rostro.

— Finalmente seremos sólo tú y yo —acercó la bolsa y dejó caer el contenido al piso.

Los ojos de la rubia se ensancharon hasta dolerle y su corazón paró de latir, tal vez un segundo o dos, eso podía asegurarlo, miró a Jarvan, miró al piso, miró a Jarvan y otra vez al piso, ¿por qué? Se preguntó, ¿por qué no podían dejarlos ser felices?

Un pedazo del sello en su interior cayó. La oscuridad, así como el odio y las ganas de destruir todo alimentaban ese sufrimiento.

La cabeza de Darius en el piso… su amor, su único y fiel cariño estaba ahí, desecho como basura, y estos niños que guardaba en su interior eran lo único que los mantenía unidos, quería… gritar, morir… sí, eso era, quería morir, ya no había ninguna razón, ¿por qué nadie quería dejarla vivir libre? ¿Eso era? Sólo la pertenencia a una nación, sólo un símbolo de paz y luz, sólo un ideal creado en cristal y quebrado, así de inservible. Jarvan la quería como un dije, un botón, algo que adornara su existencia, sí… tal vez sólo era eso.

Bajó la mirada y volvió a soltar otro tanto de sangre de su interior, mezclados con fluidos, sus niños se habían adelantado, se tomó el vientre y sin poder expresar ninguna lágrima se acostó en la cama al tiempo que Jarvan se acercaba para abrazarla.

— En cuanto nos libremos de estas "cosas" —dijo refiriéndose a sus bebés— podrás tener una nueva vida como consorte real, tengo recursos que ayudarán a que olvides todo esto —su rostro junto a la desolada expresión de Lux era despreciable, le besó la mejilla y tomando su trofeo, la cabeza de Darius, salió de ahí.

Ahora iba a ser atendida, el médico ingreso, así como la muchacha encargada, pero había un último encargo de Jarvan, uno aún más cruel.

Tras unos dolorosos minutos y sin más esfuerzo, uno de los pequeños nació, no parecía moverse, claro que Lux veía todo borroso por el dolor, así que no podía confirmar nada, ni si quiera le acercaron a su criatura, sólo se lo llevaron, la joven encargada del bebé lo sostuvo por unos momentos hasta que la puerta de la habitación se abrió, entró en ella Quinn, quien bajo órdenes de Jarvan, había sido electa para llevar a cabo una misión especial.

— ¿Está muerto? —dijo Quinn—. Bueno, sólo me lo llevaré de aquí —miró a Lux, quien con desespero rogaba porque no fuera así— lo siento —salió de la habitación con aquel bebé que no lloraba.

— ¿Y el otro? —dijo la asistente.

— Me temo que murió mucho antes en el vientre de su madre, sólo debemos esperar a que lo expulse —dijo aquel hombre sin el menor reparo— necesitaremos más mantas y un tranquilizante más fuerte, está medio despierta.

Era un monstruo, aquel hombre sin ética pensaba que la rubia estaba inconsciente por el dolor pero tan sólo estaba aturdida, en ese momento lo había perdido todo, ya no le dolía tanto el vientre, si como decían, aquel bebé en su interior estaba ya muerto, no valía la pena seguir viviendo.

Tanto el médico como la asistente salieron de la habitación para buscar más suplementos, como toallas y medicinas, pero Lux, lejos de estar dormida, se puso de pie, las fuerzas que había extraído de su interior eran increíbles, miró por la ventana, y aún no podía sentir esas ganas de gritar fluir.

No valía la pena seguir siendo un trofeo en esa lucha de naciones, ser el objeto del deseo de Jarvan tampoco valía la pena, quería morir, quería deshacerse de todo ese suplicio, de los pensamientos dolorosos, de las… imágenes que la atormentaban.

Darius muerto, Draven muerto, Jarvan vivo.

Abrió la ventana entonces, y apoyándose como podía, se subió al borde de esta, el viento agitaba su camisón y cabellera, una lágrima comenzó a surgir de uno de sus ojos, la misma recorrió permisivamente su mejilla, eso era todo, se dijo. Tocó su vientre y pidió perdón al bebé muerto, que en su interior se pudría… y girando, hacia el interior de la habitación vio como entraban otras personas que sin aliento la veían desaparecer cayendo de espaldas por la torre.

Eso había sido todo para ella y para su no deseado amor.

¿Por qué el destino la había guiado hacia él? ¿Por qué lo había matado? Nunca le había pedido demasiado a la vida, todo lo que tenía lo obtuvo por logros propios, era una mujer fuerte, inteligente y vivaz, ¡todo le había sido arrebatado! Quería gritarle a Jarvan, pero no podía culparlo por la semilla de oscuridad en su interior, él sólo era otro peón de la Rosa Negra. Si tuviera otra vida, si pudiera volver al pasado, los haría pagar.

Riendo para sí misma, se sintió mal por su debilidad, al menos, en medio de este suplicio, se encontraría con Darius, su mal destinado amor, su creciente pasión y su pareja en el adiós.

Samar… me gusta ese nombre —murmuró.


Fin del Episodio 59


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Nota de la Autora:

(*) El título de "Julieta" hace referencia al trágico final de "Romeo y Julieta", dado que uno pensando que el otro está muerto, procede a provocar su muerte. Sólo eso :)