Hola a todos, mis disculpas por la demora, tuve unos días muy atareados o más bien me distraje con muchas otras cosas que hice jaja, nada malo, por aquí todo bien :) espero que ustedes también tengan buenos días o noches, recuerden siempre lavar sus manos y usar cubrebocas (o no sé cómo les llamen ustedes en su país, ¡qué curiosidad!).

Espero disfruten del episodio, tanto como yo al escribirlo, recuerden que siempre pueden pasar por mi página de FB, darle un like, ver mis dibujos (que muchas veces le hago portadas a los episodios) y participar en mis eventos, que cuando hay gente activa, los hago seguido jaja

Recuerden comentar la historia para apoyarla, hasta el próximo mes


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 60 – Entre Vidas y Muerte


El viento en su rostro, aquella sensación de falta de gravedad, sus brazos, ligeros y su mente en calma luego de su resolución, todo concordaba con un final, el mismo que todos habían procurado desde el inicio de su romance.

— ¡Sostente! —gritó alguien fuera de aquella burbuja de paz.

Lux abrió sus llorosos ojos y notó como en caída una figura, con el cabello igual de rubio como el suyo le sostenía de la cintura, y rodeaba su cuerpo con firmeza. Entonces el viento fue reemplazado por un ambiente calmado, estaban en la torre aún pero varios pisos más abajo.

Ezreal había transportado en pleno aire a Lux de vuelta a un lugar seguro, la había salvado, los torpes y débiles movimientos de la rubia se volvieron hacia su amigo y lo abrazaron soltando en llanto. Había pasado por tanto, que le fue imposible contenerse, daba gracias a lo divino por poder expresar al menos su sufrimiento, ya que las voces habían sido ahogadas en aquel doloroso fulgor de drama.

— Tranquila, todo está bien, por favor Lux, no llores… me estás preocupando —le decía su compañero al borde de las lágrimas— no puedo creer que pude hacerlo, bueno, todo mi cuerpo duele como si hubiera dado una maratón al infierno, pero supongo que no se puede evitar —sonrió débilmente.

Era cierto, él era capaz de teletransportarse a cortas distancias pero eso no significaba que pudiera pasar paredes de un material tan grueso como lo era la piedra de aquella torre, además estaba la fortificación anti-magia que lo hacía más vulnerable a sufrir las consecuencias del uso de esta.

Su corazón no podría aguantar un esfuerzo más de pasar la pared de ese sitio, tomar a Lux y regresar por el mismo lugar y aunque Garen le habló de las posibilidades, jamás imaginó llevar su cuerpo al extremo.

— "Voy… a morir…" —decía para sí mismo. Pero una cosa era pensarlo y otra hacérselo saber.

Lux quería preguntarle cómo supo que iba a estar ahí pero no hubo tiempo, dado que varios soldados bajaron a toda prisa. Ezreal quien había exprimido todo lo que pudo usó sus últimas fuerzas para transportarse un piso más abajo, en una conveniente habitación cerrada.

Llegando a ese lugar, se separó de la joven que había salvado y se hizo a un lado para expulsar un vómito, pero eso no había sido todo, sangre había salido de su nariz y orejas, procedió a limpiarse rápidamente, tal vez su amiga ya lo había visto, era inevitable.

— Estoy bien, me repondré en un minuto, esto es completamente normal —decía pero no lo era.

La rubia frunció el ceño y suspiró mientras limpiaba sus lágrimas, no podía decir algo o expresar otras emociones, odiaba no poder decir algo más o liberar su interior de aquella extraña maldición.

De pronto, el sonido seco de la puerta los hizo retroceder para ocultarse en una esquina oscura de aquel sitio, puso a Lux tras él y esperó que quien los estuviera interrumpiendo entrara.

— ¡Hey! —dijo una voz conocida entrando a la habitación.

Los ojos de Lux se iluminaron como si hubiera visto el amanecer por primera vez en su vida, Ezreal quien no sabía qué pasaba se mantuvo cauto a pesar de estar débil optó por el combate cualquiera sea el resultado de esa interacción.

— Soy Dante, soy… de Noxus —decía aquel joven vestido con una armadura similar a la demaciana, quizás había imitado a un soldado más, pero gracias a eso, estaba ahí— no tienen que preocuparse.

El explorador no pudo detener a su compañera, la cual salió de atrás de él y corrió hacia el recién llegado, este cerró la puerta y no pudo evitar abrazarla. Aquel calor, la hizo recuperar un poco la compostura que había perdido minutos atrás.

— Usted, usted debe ser Ezreal, ¿no es cierto? —dijo el recién llegado.

— Eh… ah…

No sabía qué decir, quizás porque no lo conocía o porque su amiga de toda la vida había corrido a los brazos de un completo extraño, lo único que sabía era del dolor que poco a poco lo estaba consumiendo, tal como el fuego a un fósforo, su débil corazón lo hacía más vulnerable, estaba a punto de perder el conocimiento quizás.

— ¡Cierto! —dijo el muchacho recién llegado, sacó una bolsa que cargaba a un lado y abriendo uno de los bolsillos, sacó una botella del tamaño de su mano—. Espero no le moleste pero, ¿podría beber el contenido de esto? —le preguntó ofreciendo aquel líquido.

En un principio se negó pero nuevamente Dante insistió, arguyendo que era medicina buena para su cuerpo.

Él lo sabía. Sabía que Ezreal había muerto en el pasado, luego de salvar a su madre y tras un esfuerzo sobrehumano para sacarla de esa torre, el mejor amigo de su madre sacrificó su vida. Al recuperar sus recuerdos de la infancia, una historia volvía a su mente, la de cómo su mejor amigo le dio una oportunidad, la de cómo él sacrificó su historia para devolverla a la paz que tanto había anhelado.

Iba a salvar a su madre y para ello, necesitaba salvar a quienes estaban de su parte, ella no podría iniciar una nueva vida si para que ese camino estuviera construido, hubieran cuerpos y sangre necesarios.

Pero había una razón más por la cual Dante hacía esto y eso se remontaba a un recuerdo más profundo de su infancia, una conversación de su madre, un secreto que hasta ese entonces, recién habría entendido su significado.

— Es un remedio que potenciará sus habilidades y restaurará su cuerpo, por favor, no lo rechace.

— ¿Cómo puedo confiar en ti? —preguntó dudoso el explorador.

— Yo no sé… —dijo nervioso, Dante.

Pero la mano de Lux tomó esta botella y la extendió hacia su amigo, con la mirada le pedía que la tomara, a lo que Ezreal, frunciendo el ceño y girando su rostro a otra parte, volviendo de nuevo al pedido de su amiga, no pudo evitar negarse más. Así que abrió la botella y bebió todo en seco.

Esto aliviaría todos sus dolores y lo salvaría de la muerte prematura que vio en el pasado, pensó Dante, ya feliz con este resultado.

El grupo finalmente se repuso y tomando impulso decidieron salir finalmente de la torre, con Ezreal repuesto, Lux en la espalda de Dante y él alerta ante cualquier otro peligro. Corrieron hasta encontrar la salida pero varios soldados llegaron al lugar, los cuales al ver viva a la dama de la casa Crownguard se sorprendieron, les habían dado la misión de recuperar su cuerpo, pensaban que estaría muerta.

Alzaron sus armas dispuestos a pelear por la custodia de la misma, hasta que llegaron más refuerzos, Garen, quien todavía lucía agotado por sus peleas tiempo atrás, puso en alto su espada haciendo que todos dieran varios pasos atrás.

— Si se oponen a mí, terminarán con sus vidas —dijo él determinado y los soldados que le observaban pensaron un segundo antes de tomar una decisión de muerte.

Los que quedaron se vieron los unos a los otros, apuntaron sus armas y esperando ser víctimas se resignaron a su lealtad, él les saludó mostrándoles consideración, en cualquier otra ocasión los hubiera dejado ir pero no en ese momento, no cuando era su familia quien pendía de un hilo.

Miró a su hermana y suspiró con alivio; todo había valido la pena hasta ese momento, desde la manipulación, hasta la misma mentira que dijo para ganarse la lealtad de Quinn, y aunque tuviera el dolor de haber sucumbido a tales ardides, sentía alivio de ver a su hermana viva, sólo que ella no había reaccionado a su presencia, no decía nada y sus ojos lucían sin vida, como si vieran la nada. Esto le asustó.

Dante había previsto muchas cosas, a sabiendas de su pasado, pudo incluso ayudar al mejor amigo de su madre, ella le había hablado de éste pero no con alegría, sino con una profunda tristeza, quizás sus males se hubieran curado si no se hubiera sacrificado tanto en el camino.

La mejor parte de esa reunión, era que finalmente podía conocer a Garen, lo veía admirado desde la distancia, podía incluso decir que sus habilidades físicas eran más que excepcionales, era una fuerza distinta, tal como lo es su padre, un poder brutal, Garen era un poder adquirido desde la estrategia, previendo movimientos y ganando incluso a rivales más fuertes.

Quizás, todo había salido demasiado bien, pensó Dante, al menos para ellos.

Una sombra, lejos de ser sólo eso, se convirtió en una oscuridad peligrosa, tomó forma y buscó seguir a la joven que había participado en toda esa extraña revolución en contra de Jarvan.

Quinn caminó por varios minutos a través de un pasaje secreto hacia una pradera, se dirigía, según lo acordado, a una montaña para abandonar la criatura que Lux había dado a luz, pero tan pronto estuvo fuera de la vista de cualquier otra persona, pudo ver cómo aquel callado bebé hacía pequeños ruidos, anunciado su vida.

La pelimorada, distraída le sonrió y no pudo evitar devolverle aquella alegría, mas algo la distrajo, como si de un golpe se tratara, era un tajo directo, contrajo la respiración y giró su cuerpo, aquella mujer que había enfrentado días atrás estaba a su lado, con una mano en su hombro y un puñal en el otro.

— Tú… —musitó Quinn antes de sentir desfallecer.

La muchacha le propinó otro seco golpe con la cuchilla de mano y entonces la giró en sus carnes para causarle mayor daño, esto hizo que la joven caballera se descompusiera y le diera una oportunidad para quitarle al bebé de sus manos. El niño comenzó a llorar.

— ¿Por qué? —preguntó sin entender, aunque era más obvio que Jarvan probablemente supiera de su traición.

— Estúpida demaciana —dijo la doncella que cuidó de Lux durante todos sus días de encierro, pero esta careta se diluyó como pintura, dejando ver el rostro pálido y ojos oscurecidos de maldad de una ruin entidad llamada LeBlanc.

Quinn cayó al piso sosteniendo sus heridas, quizás pecó de pensar que esa mujer era sólo eso, pero ahora que lo pensaba, su altivez y falta de decoro al tratar con una caballera lo hacía notar.

— Maldita… —se arrastró por el suelo pero cuando la maga estuvo a punto de desaparecer de su vista, Valor cayó sobre ella, rasgando su rostro con sus garras— ¡eso es Valor! —gritó Quinn y pateando a la maga le quitó al bebé de sus brazos.

Entonces corrió y corrió por aquella pradera esperando encontrar algo con que apoyarse, necesitaba alejarse lo suficiente, curar sus heridas y regresar a ese pequeño con su madre. Si tan sólo pudiera llegar a Demacia, pero las fuerzas no le bastaron, apoyó su cuerpo desangrándose en un árbol y sin poder evitarlo más cayó sentada; no quería soltar a ese bebé, lo miró una última vez antes de desfallecer y lo acomodó de modo que no resbalara.

— Lo siento…

Quizás morir como Draven lo había hecho, era lo que se merecía después de todo lo que lo había hecho sufrir, suspiró rogando porque la bruja esa no lo encontrara, Valor bajó de los cielos para acurrucarse al lado de su ama, aquel bebé que había parado de llorar hacia un rato.

— Ni si quiera- pude cumplir- algo tan- simple-

Su voz seca y cortas palabras le anunciaban un trágico desenlace, uno que quizás merecía, a la distancia algo la llamó, la dulce voz del Rey Jarvan, éste le decía "mi niña", una cándida sonrisa lució su arrepentido rostro y finalmente exhaló un último suspiro bañada en sangre.

Aquel nublado cielo, en la ciudad de luz se iluminó nuevamente, parecía que las amenazas de lluvia se desvanecían por un ligero ventarrón, aquel bebé, sólo en la tierra, únicamente tenía una misión y era vivir, por lo mismo sintiendo aquel viento comenzó a llorar nuevamente, Valor se quejó de esto pero tan pronto se levantó notó como aquella bruja había llegado hasta ellos, decidida a matarlos.

— Ya te moriste, es una lástima, tendré que divertirme con tu mascota —alegó resignada pero siniestramente.

Quiso acercarse al bebé pero Valor respondió violentamente, fue a ella con toda intención de atacarla pero LeBlanc reaccionó de igual manera y con sus cadenas la atrapó para arrojarla lejos, Valor luchó con sus alas pero no lograba liberarse, LeBlanc quería ahogarla y así lo iba a hacer hasta que alguien más la interrumpió golpeándola.

— Nos encontramos de nuevo —dijo Grey, éste apareció de la nada y la hizo volar lejos de aquel bebé.

— ¡NO PUEDE SER, OTRA VEZ TÚ! —gruñó la maga.

Grey se agachó con cuidado y tomó al bebé, lo miró como si estuviera arrepentido de haber llegado tarde, quizás también adverso porque ahí estaba esa criatura que al mismo tiempo era su querido hermano Dante. No iba a dejar que nada le pasara y menos a causa de esa mujer.

— ¿No te cansas de acecharnos? ¿Qué tienes que ver con este bebé?

— Cállate, eso no es de tu interés —respondió ardiendo en rabia— y devuélvemelo, es mío.

— ¿Se comió tu casa de jengibre o qué? —preguntó.

— Hijo de perra —murmuró preparándose para lanzar otros hechizos.

Si no podía matarlo, por lo menos lo aturdiría para llevarse a aquel bebé, lo necesitaba para controlar a Swain, aparentemente la sangre de ese niño sería útil para una invocación especial que éste había preparado desde hacía tiempo.

Quizás no conocía de Illumina o de la historia tras el linaje de aquel niño o de los poderes que le habían sido otorgados por Lúmen, lo que sí sabía era que sería importante tener algo de interés.

Y así, surgió el amanecer, tras un día revuelto en pesares, peleas y decisiones que podían cambiar la misma vida de los involucrados. Tanto Garen como Lux pudieron escapar de aquella lucha, huyeron de la ciudad junto a sus aliados.

El único lugar que podía aceptar estas almas descarriadas de ambas naciones era Freljord, claro que sin supervisión en fronteras, lograrían pasar en unos días más o menos. El clima era furioso, intenso, frío, las manos heladas, las narices rojas, los ojos cansados.

Una caravana escoltada de fieles sirvientes de la casa Crownguard acompañaba este viaje, Garen aún con fuerzas lograba supervisar todo este asunto. Lo único que le interesaba, era alejar a Lux de la corrupta Demacia, a un lugar donde pudiera estar segura y con las comodidades suficientes para vivir, al menos hasta que él mismo pudiera resolver ese asunto.

Como cabeza de la familia, Garen Crownguard, debía volver a su nación, debía… enfrentar a un Rey que atentó contra la salud mental de su amada hermana y debía hacerlo evitando dejar correr la sangre de su mejor amigo. Aunque no podía mentir, este asunto había cobrado demasiadas víctimas, la guardia de Jarvan y la confianza de Quinn.

A la sexta semana, la caravana se detuvo en un paraje inhóspito, muy cercanos a una comunidad freljordiana amistosa, no faltaba mucho para llegar a ellos pero tuvieron una emergencia.

— ¿Qué pasó? —preguntó Garen asustado.

— ¡No lo sé! Estaba acompañándola y de repente comenzó a llorar, llamé al médico pero dice que ella no lo deja acercarse —decía Ezreal.

— ¡Diablos! —gruñó Garen entrando a la tienda de su hermana.

Estando ahí, las dos jóvenes sirvientas y el médico de la familia Crownguard se giraron ante este, estos avanzaron hacia él como si buscaran ayuda.

— Señor, no podemos continuar, la señora no ha parado de gritar y ha presentado un sangrado.

— Dijiste que podía con el viaje —habló Garen algo molesto, de fondo los gritos de su hermana lo distraían.

— Señor, de acuerdo a lo que pude observar, la joven había dado a luz, ella misma no me ha permitido revisarla correctamente pero no entendemos por qué sigue así, tal vez hay algo que salió mal.

— Ha pasado demasiado tiempo, ¿cómo puede salir algo mal a estas alturas?

— Tal vez… —decía una de las jóvenes— tal vez todavía hay otro bebé —era poco creíble, de hecho una locura, ¿cómo podía dar a luz luego de varias semanas?

— Mi hermana tuvo gemelos, ella tardó una semana en dar al luz al otro, claro que el primero nació prematuro —se encogió esperando una reprimenda.

— Eso es posible —susurró el médico pensativo.

— No sabemos las condiciones en las que mi hermana fue extraída de Demacia, tampoco sabemos nada de su embarazo, sólo sabíamos que dio a luz pero el niño desapareció —pensaba pero por dentro sabía que Jarvan mandaría a matarlo, estaba horrorizado por no poder compartir esa información con los demás— y ahora sólo podemos confiar en esto, por favor, preparen a mi hermana, si tiene síntomas de dar a luz otro bebé, ¡asístanla! —ordenó y fue de inmediato a verla.

La pobre rubia lucía desolada, agobiada, incapaz de levantarse, con todo su cuerpo temblando, insuficiente para poder contener todo ese dolor que sentía en su parte inferior.

— Hermana, por favor, deja que te ayuden, es posible que tu bebé… —se acomodó al lado de ella mientras gritaba— hazlo por Darius —pidió y ésta ablandó su sufrido mirar.

Se alejó y el médico pudo finalmente tocar a Lux.

La revisión fue corta, ella sí estaba en labor, bajo los curiosos ojos de los asistentes y el médico, la rubia finalmente pudo dar a luz a su segunda criatura, incluso en un clima como ese, furioso como su soledad y frío, como su propio corazón herido.

Garen fuera de la tienda escuchó que los gritos de su hermana habían parado, Ezreal también lo sintió y se vieron el uno al otro, esperando algo más y fue el llanto del recién nacido.

La tempestad había pasado y al tiempo que esperaban, el médico salió con un pequeño bulto, con sólo su rostro al descubierto, un pequeño y rosado rostro.

Los labios de aquella criatura, rosáceos como un durazno se vieron y conquistaron el corazón de los presentes.

— Señor, le presento a la joven ama —dijo el médico.

— Mi sobrina —murmuró.

Garen conmovido la tomó entre sus brazos con sumo cuidado, pensando que era tan delicada, que podía lastimarla con sólo un soplido, estaba despierta y haciendo pequeños ruiditos. Ezreal se puso a su lado y emocionado comenzó a contener sus lágrimas, habían pasado por tanto y ahora… algo lo lanzaba a querer echar su corazón por fuera.

— Lo siento —se disculpó saliendo de la tienda.

— "¿Qué le pasa?" —se preguntó Garen pero regresó su mirada a aquella criatura de inmediato— mi niña, todo estará bien —vio al médico— ¿mi hermana pudo sostenerla? —preguntó curioso.

— Eh… —la respuesta no era fácil.

En cuanto la bebé nació, Lux se negó a cargarla o si quiera verla, no quería tenerla a su lado, ellos insistieron en cuanto nació pero ella se negaba, no decía nada, ni si quiera expresaba otra cosa.

Era triste pero no había dicho una palabra desde que salieron de Demacia, incluso después, lo peor era que despreciaba a su niña, sería por el trauma, por el dolor o porque estaba desapegada emocionalmente, no sabría explicarlo y lo poco que entendía lo dio a conocer al joven Crownguard.

— Ya veo, por favor, cuiden de la niña mientras llegamos a nuestro destino. No la dejen sola ni un minuto —la entregó al médico y fue a ver a su hermana.

Los pasos de Garen se fueron haciendo más y más lentos, estaba a punto de reclamarle a un alma quebrada la razón de su descontento pero ella no había hablado desde que la encontró, estaba como una vasija vacía, apareció entonces junto a su cama, ésta no giró su mirada ni reaccionó, tenía sus manos sobre su vientre y lo frotaba.

Aquel niño que perdió no le permitía seguir presente y también estaba el trauma de saber que su esposo había sido asesinado, podía entender eso, dado que al salir de la ciudad, varios de sus soldados le comentaron el asunto; Jarvan había dado un paso difícil de seguir por varios en la ciudad, pero también era ovacionado por otros, dado que para ellos Darius era un demonio a ser detenido.

Le tocó el hombro y lo frotó con cariño, subió su mano a su cabeza y ella no dijo nada, tan sólo se giró para no verlo, para no pensar, para seguir cerrada en aquel mundo interior al que la confinaron por fuerza.

— ¡LUUUUX! —gritó de manera desgarradora una voz desde muy lejos.

Había despertado en una cama ajena a la suya, con gente extraña sirviéndole, miró para todas partes esperando encontrar una razón, quiso buscar su filosa hacha y salir de ahí pero no encontraba fuerzas, le dolía su pecho y no entendía la razón. Despertar con aquel nombre en sus labios, despertar y querer… encontrar a la razón, era desesperante.

— ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella? —preguntó pero nadie respondió, por lo menos no estaba encerrado con cadenas mágicas pero necesitaba una respuesta.

— Finalmente despertaste —dijo Lúmen apareciendo de la misma nada.

— ¿Qué pasó? Yo… ¿desde cuándo estoy aquí? ¿Dónde está Lux? —preguntó Darius.

— Estuviste dormido todo este tiempo, debías recuperar la energía que gastaste para ayudarme a crear la chispa de vida, ¿lo recuerdas? —cuestionó Lúmen y acto seguido se sentó en la cama junto a su invitado.

— No, no recuerdo nada, sólo… quería… —bajó la cabeza— sólo quería irme.

— Puedes irte, ¿pero tomaste una decisión? —preguntó.

— Eso depende, ¿qué pasó con mi hermano?

— Está vivo, pude recuperar sus restos, repuse su cuerpo y con la chispa de vida, logré reestablecer su alma. Sólo que no he logrado arreglar su mente, todavía sigue confundido, ¿quieres verlo? —preguntó.

— Siempre ha sido así de tonto, no tenías que arreglar nada, pero sí, quiero verlo —había algo de duda en aquella acción.

Ambos se pusieron de pie y avanzaron hacia la puerta, Lúmen caminó descalzo, parecía estar lánguido o soñoliento, Darius podría tomar ventaja y atacarlo pero por alguna razón, no le pareció justo, incluso si su naturaleza le pedía cobrarse con su sangre.

— Aquí —mencionó y abrió una enorme puerta de madera.

De estar en una menguada oscuridad, las luces de las lámparas los saludaron, un encorvado ejecutor giró su rostro, al ver a su hermano no pudo evitar mostrarle una triste sonrisa, quería… pedirle perdón y también salir huyendo.

— Idiota —dijo Darius y le golpeó el hombro con suavidad.

Draven apretando los puños y los labios para evitar su desespero y emoción, rápidamente se puso de pie y lo abrazó. Lúmen le había dicho todo lo que hizo, incluso después de las cosas que habían pasado, ellos eran hermanos y el verdadero Darius, sólo quería una cosa, y era que él estuviera bien, lejos de haber sido parte de un plan para lastimar a Lux, lejos de todo.

— Me temo que debo irme —interrumpió Lúmen.

— ¿Qué? —dijeron Darius y Draven al unísono.

— Tengo los minutos contados. Le di mi energía vital a Karthus. No moriré pero… entraré en una fase de hibernación por los próximos años, me recuperaré. Quizás no esté cuando puedan arreglar las cosas pero, habré hecho lo suficiente para salvar el destino de mi hija, les pido que… —sus ojos entrecerrados le pedían marcharse a gritos— cuiden de ella, independientemente de lo que decidan. Que mi madre —apretó los puños en secreto, oculto tras su ropa— no reviva, la oscuridad dentro de Lux no debe ser traída a este mundo… —comenzó a desvanecerse— …nunca.

Desapareció ante los sorprendidos ojos de sus invitados, muchas de las cosas en la mansión desaparecieron, así como la viveza de los muebles, que dejaron de lucir nuevos, los sirvientes también fueron desvaneciéndose, dado que habían sido creados a partir de magia. La mansión se volvió una vez más en una silenciosa tumba.

— Ese idiota se fue —dijo Draven interrumpiendo los pensamientos de su hermano.

— Salvó tu vida, ten más respeto —le golpeó el hombro.

— ¡Ouch! ¿Por qué tienes que hacerme eso? —preguntó como un niño quejoso.

— Hermano, hay algo de lo que quiero hablar, creo que es hora —comenzó enseriando su rostro.

— Te escucho —dijo atento el ejecutor haciendo atrás su revuelta cabellera.

— Lux, sé que ella… —su mirada entristecida comenzaba a descargar todo aquello que había escondido— sé que ella ha dado a luz a tu hijo, siento mucha rabia pero luego de haber pasado por tanto, pienso que no puedo juzgarte o juzgarla a ella por caer en el juego de la Rosa Negra o de Swain o de la gente que dejé que los cercara.

— ¿Lo sabes? —preguntó Draven asustado, había esperado otro tipo de reacción.

— Sí y no creo que pueda vivir con ella, al final no la protegí, no pude evitar que te lastimaran a ti también —parecía haber entendido que él no era un criminal solamente sino una víctima— pude detener a Swain, pude unirme a ustedes desde un inicio pero creo que no quería ver caer el sistema de nuestra nación. Ese cuervo estúpido es un pilar importante para nosotros, así que yo… fui descuidado y creí que culpándote sólo a ti, podría recuperar mi vida como lo era. Yo sólo… sé que estoy dando vueltas pero quiero que le des la felicidad a Lux, esa que no pude darle, quiero que vayas a buscarla, no me opondré.

— Darius —le puso la mano al hombro— es mucho pedir pero no te culpes, ambos estamos en esto y aunque mis sentimientos han surgido de esta manera, conozco el futuro de esa vida.

— ¿A qué te refieres?

— Sé que no me creerás pero hacía unos días volví a recuperar la consciencia y entonces conocí a un hombre, Lúmen lo trajo a mí, decía que había estado rondando la mansión desde hace tiempo.

— ¿Quién era?

— Era yo.

La sorpresa invadió la mente de su hermano, tanto que giró su propio cuerpo para ver más atentamente el relato.

— Yo volví a este mundo de una manera en la que debo pagar por mis culpas, si elijo evitar mis deberes, la vida cobrará sus deudas. Aquel hombre venía de un mundo en el que yo elegí a Lux y también, elegí ignorar tu sentir. Me contó que me casé con ella y tuvimos muchos más hijos, pero todos ellos murieron, todos, menos… tu hijo, quien no pudo luchar en contra de la oscuridad que consumía el mundo. Me dijo que hay un poderoso mal acechando la realidad como la conocemos y yo creo que trabajaré en Noxus para evitar que esto se expanda. Claro que viviré a mi manera pero lejos de ella, por ti, por mi… —suspiró— no creo que sea necesario decirte que te quiero más de lo que quiero arruinar la vida de todos.

Se había quedado sin palabras, parecía que el aliento le faltaba y si no fuera porque estaba exagerando, le daría un ataque; siempre había considerado que Draven, aunque fuera de su sangre, no era un personaje responsable, pero en este momento demostraba lo contrario, era valiente y se hacía cargo de las cosas que creía haber causado, era increíble. Lo único que lo hacía dudar un poco era la alucinación de haber conocido a un Draven de otra realidad, ¿qué era eso? Ciencia ficción para niños, al parecer. Creía que se había dormido demasiado tiempo y que despertó con una contusión que le hizo alucinar cosas.

— ¿Qué hay con tu hijo? ¿No piensas conocerlo?

— Pensé en que podría llevármelo conmigo pero ¿no sería demasiado cruel separarlo de su madre? —respondió pensativo.

— Tienes razón pero yo tampoco puedo hacerme cargo, no podré mirarlo a los ojos, no después de todo lo que te hice y le hice a ella. Este dolor nos consumirá como un veneno, terminaré destruyendo todo y no quedará nada, seré como él —pensó en su propio padre.

— Eres un estúpido si crees que te pareces, tú serás un grandioso padre, yo me conformo con la despedida que Lux me dio. No es necesario abrir más heridas —apretó los puños y gruñó— maldita sea —estaba a punto de golpear a su hermano— quiero que veas las cosas como las estoy viendo; yo… me ocuparé de Noxus y la "Rosa Negra" por mi cuenta, ahora que 'morí' me es más fácil moverme. Ni si quiera debería ser necesario que la demás personas sepan que sigo vivo. Sabes muy bien que la organización debe pagar por todo lo que hizo y por lo que planea en el futuro.

— ¿Qué quieres decir?

— Que seguiré muerto para Lux y para el mundo, al menos hasta que pueda ocuparme de ciertas cosas.

— Eres un loco e idiota.

— Me basta con entenderme yo. Ve y procura que ella esté bien, no te resignes y date al menos una oportunidad más. Cuenta con que nada de esto pasó por algo que hicieras algo mal.

— Sólo quiero que esté segura o que tenga la seguridad de tener una vida tranquila. Pienso que mientras Swain siga vivo, ella nunca estará en paz.

— No dejaré que ese cuervo se salga con la suya. Sólo ve con ella, no te preocupes por nada más; aún me falta recuperar algunas… funciones —alzó uno de sus brazos— digo no siento mis extremidades, están aquí —la agitó— pero no lo siento, creo que es una consecuencia de haber estado tanto tiempo completamente inactivo.

— Recupérate, Draven —se alejó de su hermano e hizo un gesto de despedida con su mano— iré por mis cosas. Sólo iré para asegurarme de que ella esté bien, créeme.

— Serás un estúpido si vuelves, cuida de ella para siempre —dijo el ejecutor viendo marchar a su hermano.

Darius iba a quedarse sin resistencia en cuanto la viera, estaba seguro de eso, en cuanto sus destellantes ojos azules le pidan que se quede, él lo hará, estaba seguro.

Por otra parte, pensó, la iba a extrañar demasiado pero era mejor que revivir aquella vida en la que ambos se juntaron y desconocieron el verdadero destino de sus vidas. Lúmen fue muy claro en ese asunto, él sólo era un timón quebrado de un destino hórrido.

Lo único que Darius ignoraba en ese momento era que su amada lo necesitaba más que nunca y que había más por resolver que simplemente un niño de por medio.

El sello había comenzado a romperse, las lunas de sangre serían más comunes en aquella tierra helada llamada Freljod, Darius tendría que lidiar con más que el sufrimiento de su propia y nueva familia y también, estaba el hecho de que el bebé de Lux, Dante, todavía seguía perdido con el viajero del tiempo llamado Grey.

¿Serían capaces de verse otra vez? ¿Sería capaz de unir a su familia en medio de este desastre?

— "Allá voy… Lux" —pensó y dio un paso a su travesía.


Fin de Episodio 60