Hola a todos tengo un par de anuncios que hacer antes de continuar, el primero es acerca del concurso temático de aniversario que saqué hace unos días :) espero puedan revisarlo, está en mi página de FB como publicación marcada, en sí consiste en que manden su aporte como dibujo, cosplay o booktrailer para entrar al concurso donde pueden ganar skins de 1350 RP, cajitas, orbes, etc., :) sólo un poco para aquellos que siguen esta preciosa historia desde hace casi 8 años. No olviden participar, incluso para entrar en el sorteo de cajitas de seguidores de aniversario, hagan que los anote, mi página es la misma /StarlingShadow en FB
Eso es todo por ahora, aquí les dejo el episodio, quizás debí llamarlo "soy fan de Tianna parte 2" jajaja pero cambié de idea luego, espero lo disfruten y comenten. Que tengan un excelente día o noche, prometo no tardarme tanto con la próxima actualización un abrazo, cuídese todos y ánimo~
Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Entre La Sangre Y La Luz
Por Clarisce
Capítulo 62 – Promesas a los Caídos
Cualquier pensamiento está lejos de ser positivo, en ese momento su balance fue arrebatado, no sólo porque estaba lejos de la sanidad sino porque el mismo dolor se abalanza sobre sus recuerdos.
Mira una pared, siente el aullar de aquellos vientos helados en Freljord, parece que las voces de aquellos que la abandonaron están ahí. Cuánto sufrimiento, ¿por qué sigue viva? Se pregunta.
Ha visto el escalpelo que el médico guarda entre sus cosas. Hay un pensamiento recurrente, uno que no escapa a su sentir.
— Debo irme, necesito ocuparme de las cosas en casa —le acaricia la cabeza, su hermana parece no reaccionar— Lux, por favor, esfuérzate un poco, tu hija te necesita, Darius no es el único en tu vida que puede darle sentido a esta tragedia, debes salir adelante… —decía Garen para luego levantarse, había decidido despedirse de su hermana antes de volver a Demacia.
Salió de la tienda que armaron para Lux, se encontró pronto con Ezreal, un amigo leal en tiempos de guerra, le agradeció su atención e incluso le dio un abrazo. Se sentía en deuda, luego vio más a lo lejos y notó al soldado noxiano que había ayudado a esta misión, caminó entre la nieve para acercarse a él y le saludó.
— Si no tienes un apuro en regresar, siéntete libre de quedarte.
— El comandante —ojalá no le temblara la voz— me pidió que cuidara de su esposa —iba a llorar pero no podía, no tenía derecho a sentir, sólo era un soldado, no era Dante, no era hijo de aquel comandante caído— mi deber es cumplir con la última misión que me dieron.
— Eres leal, lo aprecio. Te dejaré a cargo de su seguridad —dijo Garen y le puso la mano en el hombro— cuida a mi hermana mientras resuelvo las cosas. Mi tía vendrá en mi lugar. No he tenido noticias suyas, estoy preocupado.
Recordaba lo sucedido con Tianna Crownguard, en el pasado su madre le había mencionado que fue ejecutada por alta traición, quizás si se lo decía a Garen, él podría llegar a tiempo, quizás no, lo que menos quería era intervenir en más eventos. Tan sólo cerró su boca y bajó la cabeza mientras Garen se iba.
Ahora sólo necesitaba cuidar de su propia madre, ella estaba completamente rota y no había seguridad de que no fuera a intentar quitarse la vida.
Era un niño todavía pero sabía que habían heridas imposibles de curar en su interior, cada noche, cuando su madre lo acunaba junto a sus hermanos, ella le decía lo mucho que lo amaba y le besaba la mejilla con cariño.
Ahora que su padre había sido asesinado, ¿sería la misma? ¿Sería la misma que le de un beso y le diga que lo ama? Él estaba perdido y la única en aquella vida era su hermana. Giró su rostro hacia la tienda de campaña que habían armado para la pequeña Crownguard. Se acercó a la misma y asomó su cabeza.
— Buen día —saludó una de las sirvientes que cargaba a la pequeña.
— Buen… día —dijo un poco triste.
— ¿Quiere sostenerla? Dijo mi señor que usted es quien salvó a la ama Crownguard, todos le estamos muy agradecidos, salvó su vida y la de nuestra señorita —la bebé estaba despierta, aunque no demasiado para abrir sus ojos.
Dante miró con ternura a su hermana y suspiró, con Darius muerto, ¿cómo podía vivir ella sin él? ¿Cómo podría la niña de sus ojos vivir sin aquel que más la había amado?
— Era sólo mi deber y sí —afirmó mientras se disponía a extender sus brazos— me gustaría sostenerla, sólo un momento.
— Gracias —dijo la muchacha y le entregó a la bebé— deme un minuto, voy por su botella de leche.
Los dejó solos, la pequeña sólo hacía breves y cortos ruiditos, y movía su rostro, parecía incómoda con él.
— Lo siento —la arrulló levemente— no soy muy bueno en esto tampoco, ¿verdad?
La niña la respondió resoplando, quizás sus memorias no eran tan malas, en el pasado su hermana y él habían sido mejores amigos, la amaba tanto… tanto que dolía fallarle. Dejó morir a su padre y ahora tenía que enfrentarse a esto, no sabía cuánto duraría en esa época o cuánto debía quedarse, pero volver, volver para vengar lo que les hicieron tal vez no sería tan necesario, ese futuro había cambiado, su padre… su padre…
Lágrimas cayeron de sus ojos pero no podía limpiarse porque usaba ambas manos para sostener a su hermana, cuando la joven sirviente volvió, él la entregó y sin mirarla salió de la tienda.
— Eh… —dijo la joven confundida al ver salir a Dante.
Todo habría cambiado gracias a su incompetencia, ojalá pudiera decirle a alguien lo que sucede, si tan sólo Grey estuviera para consolarlo, ¿o tal vez también había desaparecido por sus decisiones? No estaba seguro de nada.
Pasaron algunos días más y Demacia seguía en un extraño caos, había una seria calma entre los nobles y la casa Real, claro que Jarvan procuraba ignorarlo, lo único que tenía en mente era desaparecer a la criatura que probaba sus fechorías.
¿Pero cómo? Sintió temblar los cimientos de su reinado, si no levantaba sus armas en contra de la casa Crownguard, ese niño seguiría vivo, pero si lo hacía la nobleza de su nación le reclamaría, ¿quién era él para asesinar a un engendro que llevaba la sangre de un noble de aquella santa nación? Chasqueó la lengua, cuánto había sido, ¿3 días? ¿7? No había dormido casi nada, su ojerosa mirada lo delataba.
— Tal vez no hablamos como personas civilizadas —dijo para sí.
Se levantó de su trono y extendió su mano, su guardia alzó armas y el jefe de aquellos se le acercó.
— Su Majestad —respondió al movimiento de su Rey.
— Haremos una visita a los Crownguard.
— ¿No quiere que llame al concejo? —preguntó aquel preocupado hombre.
— Soy prácticamente de la familia, no veo necesario un llamado al concejo —extendió su mano y otro soldado le entregó su lanza— gracias por tu preocupación. Vamos.
Quizás en su mente no planeaba otra cosa más que hablar con Tianna, pero muchas de esas situaciones son imposibles de prever, tal como el si quiera mantener esperando fuera de aquella buena casa al Rey de su nación.
No había sido un camino por largo, cuando el soberano de esas tierras llegó, los simples sirvientes no pudieron evitar que entrara a la casa Crownguard, éste se paseó por el lugar como si fuera su propia cálida morada, no había pasado demasiado tiempo desde que Garen y él jugaban con espadas de madera corriendo por ahí, libres y felices.
Se detuvo en la entrada principal y antes de golpear, Tianna le abrió, no esbozó una sonrisa, ni si quiera una mirada amable, tan sólo se limitó a pararse ahí sin dar paso a su Rey.
— Tía, ¿vienes a recibirme? —dijo Jarvan incluyendo una sonrisa en su hablar.
— Esperaba su visita, su Majestad.
— No seas tan formal —señaló aquel intentando dar un paso delante mas Tianna se opuso nuevamente.
— Creo que no es buen momento para que su Majestad entre, tenemos cosas pendientes. Podríamos tomar algo en el jardín, si desea hablar.
— ¿Acaso hay algo que no pueda ver? —preguntó.
— Mi Señor, usted no tiene el permiso del amo de la casa Crownguard para pasar.
— Dijiste que Garen está en casa, llámalo, quiero hablar con él. Si no está, por regla, tú deberías ser la ama de esta casa, ¿cierto?
— Uhm…
— Y si tú- —se corrigió— quiero decir usted es la ama de esta casa, podría darme el permiso.
— Podemos hablar de lo que quiera fuera.
— No. Yo quiero pasar.
— Me pone en una posición difícil, su Majestad.
— Tianna Crownguard —acercó peligrosamente su rostro al de ella— déjame pasar —enseñó los dientes furioso— ¡déjame pasar, maldita sea!
— Yo se por qué necesita mi permiso verbal, otra vez contrató magos para eliminar a mi sobrino, conozco el procedimiento. No olvide que yo soy una guardia de la corona.
— Aún sin tu permiso, puedo entrar y eliminar a esa basura por mi propia cuenta —añadió.
— Sólo eres un mocoso haciendo un berrinche —replicó en voz baja, a lo que con furia Jarvan contestó empujándola.
Repentinamente una especie de barrera eléctrica se activó haciendo que aquel soberano retrocediera prácticamente medio metro dolorosamente, todos, incluidos los guardianes que acompañaban a Jarvan levantaron sus armas. El jefe de la cuadrilla salió delante.
— Tianna Crownguard, ha cometido un imperdonable pecado contra la realeza…
Jarvan se repuso del daño y miró furioso a aquella a quien había llamado tía en tantas ocasiones pero mostró un ligero movimiento en sus labios, ¿era una sonrisa oculta?
Por dentro de la barrera, tanto el mayordomo como la jefa de las mucamas veían horrorizados aquella escena, el mago quien permanecía al lado de la criatura parecía estar doblemente impresionado, quizás esto era más culpa suya que de su señora, ya que él había puesto aquella barrera mágica para cualquiera que tuviera intenciones asesinas contra la criatura.
— Un momento —pidió el joven Rey levantando su mano, poco a poco con su mirada hacía que el mismo jefe de aquella guardia real también retrocediera— ¿eso que usaste fue magia? —miró curioso, como si no supiera de ello.
— "Oh no" —pensó Tianna dándose cuenta.
— No puedo creer que estés usando el poder de un mago —giró tras él para ver a sus hombres— llamen a los cazadores —dijo y volvió su mirada a Tianna, quien frunció el ceño.
La nobleza en muchas ocasiones podía pasar por alto a la realeza, siendo ellos quienes formaban parte de ese círculo de poder pero no así los magos, ellos gozaban de un poder único, incapaz únicamente de tocar a la familia Real, mas no a aquellos que yacían abajo, así como los Crownguard. Por ello, si Jarvan no podía entrar, bien podría hacer que sus cazadores investiguen la fuente de ese poder.
— "¿Pero ¿quién le dijo que tengo un mago? ¿Quién? ¿Acaso lo intuyó?" —comenzó a pensar innecesariamente la gran Mariscal.
Quien fuera, había dejado abierta la puerta al peligro, si encontraban al muchacho que contrató, no sólo ella, sino todo su personal sería encerrado, enjuiciado y ejecutado posiblemente. Ahora que esa magia había sido usada para dañar al Rey, ellos tenían la excusa perfecta.
— Jarvan no tienes que hacer esto —murmuró un poco más fuerte lo que debiera.
— Lo siento, tía, no es personal.
— Sí lo es —dijo entristecida pero pronto recuperó su energía y miró furiosa a su Rey— deja en paz a mi sobrino o tendré que declarar que mi casa está en contra de su majestad y sus malvados designios. Sabes que no me importará dividir a la realeza para obtener apoyo y derrocarte.
— ¿Es una amenaza?
Preguntó divertido, estaba tan ahogado en poder que le parecía imposible que ella pudiera dividir a su reino por un simple bebé.
Tomó entonces el brazo de Tianna y la haló, ella no resistió, estaba apretando los dientes, por furia, por rabia, por… intentar no permitir que esto escalara, así que él la haló y dejó en medio de todos sus hombres, pero sin bajar la mirada, aún digna siguió manteniendo su vista en él.
— Es tu última oportunidad, ¿vas a permitir pasar a tu Rey? —preguntó Jarvan.
— No —dijo cortante, entonces Jarvan levantó su arma— por el título que me fue heredado por mi padre y el padre de su padre, yo, Jarvan IV, te condeno a…
— ¡ALTO! —gritó una voz fuera de ése círculo de soldados y Jarvan.
Todos voltearon inmediatamente para ver a la persona que había detenido al Rey, no era más que un simple muchacho, un pequeño y escuálido muchacho que no pasaba de los 20.
— Fuera de aquí, niño —dijo el jefe de la cuadrilla intentando alejar a aquel de esta escena.
— ¿Es él? —preguntó Jarvan a Tianna, ésta quiso disimular su mirada pero no pudo evitar sentir nervios en medio de la situación.
— ¡¿Qué haces aquí?! Tenías sólo un trabajo, niño estúpido —gritó Tianna con voz fuerte.
El mago, incapaz de ver una ejecución a causa de sus pecados, supo desde un principio que esto iría a pasar pero nunca pensó en ver a la ama de una casa noble sacrificarse por él. Fue su magia la que lastimó a Jarvan, fue su magia la que lo llevó ahí y no iba a dejar que eso hiciera que ejecutaran a una dama como Tianna.
— Eh… ah… —empezó a temblar— Su Majestad —dijo tembloroso, cuando fue golpeado por un soldado.
— ¡Abajo la mirada!
¿Quién era para oponerse a su Rey? Un simple plebeyo, sin ningún título o poder superior más que su magia heredada. Sus padres le dieron un regalo y tal regalo podía decirle que Jarvan no era sólo un gobernante. Había algo más en él y lo veía tan claramente, ¿por qué nadie se oponía a un hombre envenenado por una maldición?
Su cuerpo consumido en un negruzco oleo maldito, su mirada llena de furia, su cerebro, apenas funcional, quizás a tan sólo meses de su destrucción, porque las maldiciones están hechas para destruir a los hombres y él, en su condición de plebeyo, sólo tenía una ventaja.
— Jarvan, es lo último que te diré, puedes ejecutarme, no tendré arrepentimientos y no lo dejaré para ti, pero permite que este muchacho vuelva dentro de casa —tragó saliva— no es a quien tú quieres…
Mientras aquella estoica mujer daba su vida a cambio de la salvación de su casa, el niño agachado corrió a su máxima capacidad y fue hasta ellos, saltó sobre Jarvan y tomó su cabeza mientras se tumbaban en el piso, Tianna estaba estupefacta, pensando en quitar al niño ella misma pero algo la detuvo, ella veía, veía esa masa oscura salir de Jarvan.
— SEÑORA AYÚDEME, ¡ÉL TIENE UNA MALDICIÓN!
Los soldados estuvieron a punto de acercarse pero Tianna sacó de detrás de sí una daga suficientemente larga como para oponerse a que ellos se acercara.
— ¡Aléjense! —dijo amenazante—. Quien de un paso delante, será asesinado.
Los soldados presentes no lo pensaron dos veces hasta que fueron a las armas contra ella, esta se las arregló para alejarlos del muchacho que luchaba para quitar esa maldición de Jarvan, algunos sirvientes más salieron en la defensa de Tianna pero eran atravesados por espadas, también ella recibió varias heridas graves, las cuales le quitaban el aliento, pero no estaba dispuesta a retroceder.
— ¡Quítale la maldición! —dijo la noble Crownguard creyendo rápidamente en lo que le habían dicho— PERO HAZLO RÁPIDO —un sirviente se acercó a ella y le entregó una de sus espadas—bien, ¿quién es el próximo? —dijo para sí misma y fue a la pelea.
Un cielo oscuro se detuvo ante ellos, la lluvia iba a llegar, no sabía si esto era para bien o para mal, si creer en las palabras de alguien más la llevarían a la horca o si esto era para ayudar a un Rey que claramente no estaba en sus cabales.
Arrastró su espada y se sentó en la tierra, junto al cuerpo de su Rey, el muchacho frente a ella, ese mago estaba asustado pero parecía tener la satisfacción de decirle que había quitado toda la maldición, ¿qué quería decir eso?
Quizás, imaginó, la maldición es como un balde de aceite negro pegado a toda parte del cuerpo, algo que conforme pasaba el tiempo se derramaba cada vez más. Miró a Jarvan y le acarició el rostro, su pequeño legado, aquel joven que había entrenado durante su niñez, a quien el Rey había designado como su legado.
— ¿Se pondrá bien? —preguntó.
— Mi Señora, tardará, al menos un par de días —dijo tembloroso— tenía una…
— Maldición —se adelantó la rubia— lo dijiste, te creí.
— ¿Por qué me creyó? ¿No pensaba que quería matarlo también? —preguntó el muchacho temeroso.
— ¿Por qué harías algo así? Pudiste quedarte dentro de la casa, a salvo.
— ¡No iba a ver como la ejecutaban! —gritó de inmediato.
— Mi vida no era relevante, la tuya sí, contaba contigo para que protegieras a mi sobrino pero… saliste como un tonto a salvarme.
— No quería que muriera por algo que hice —confesó— he perdido a mucha gente así… —dijo triste.
— No lo hacía por ti, lo hice por mi sobrino. No seas estúpido —le dijo apartando la mirada.
En realidad no quería confesar que estaba aliviada de poder ayudar a Jarvan, de que él hubiera salido a intervenir, tenía mucho valor para ser un mago tan joven e inexperto, ¿en serio creyó que ella se sacrificaría por él? Miró de reojo al muchacho, parecía querer una reafirmación.
— …gracias —dijo Tianna y se levantó— ahora quiero que vayas dentro de nuevo, pronto llegarán más tropas, no podré convencerlos de que no intenté matar al Rey. Y ahora sí quiero que cumplas con nuestro trato.
— ¡Yo les explicaré! —dijo en grito el muchacho y la rubia rió muy fuertemente hasta que se detuvo.
— Jajaja… espera a mi sobrino Garen, él sabrá que hacer. Si me ejecutan, estoy con la consciencia tranquila, Jarvan despertará de esa locura y reconsiderará sus actos, mi sobrina ya no estará en peligro, ni su pequeño hijo.
¿Quién más podrá defender a esta familia? Pensó como si fuera la única poniendo de su parte, tenía mucha suerte de haber encontrado a ese mago, ¿quién pensaría que sabía tanto de maldiciones? Esos ojos eran privilegiados, casi tanto como los que ella quería ocultar, ella también veía magia en otros pero nunca lo dijo o lo aceptó. No era tan tonta como su sobrina, quien exponía a gusto sus poderes a los demás, ¿quién más podría defender a esta familia si no era ella?
— Es hora de irnos, Jarvan —dijo al inconsciente Rey que yacía dormido.
Lo levantó para ponerlo en su espalda y cargarlo como a un niño y caminó hacia la calle ante la mirada de sus sirvientes, los que aún seguían con vida.
— Lleven a los soldados nuestros carruajes de carga al palacio —ordenó.
No había matado a nadie, tan sólo los había dejado inconscientes, a diferencia de ellos. Quizás su pena sería mínima por respetar la vida de quienes quisieron proteger al Rey, pero no estaba segura, en todo caso, la condena que recibiera, la merecía y la pasaría estoicamente.
— Estoy cumpliendo con mi palabra…
Murmuró a la suave brisa, al horizonte, al anochecer, al pasado… a quienes estaban pero se fueron. Quizás pensó también que la madre de Lux estaría feliz con esto, quizás…
Fin de Episodio 62
