¿Qué tal todo? Acá volviendo a la tierra para dejar una actualización, sé que había dicho o calculado que sería cada dos semanas pero la verdad, con el lío de escribir un final a ésta historia y ver qué proyectos tengo pendientes, me distraje.

Algo más que decir, podría ser que he subido un nuevo proyecto o fanfic de dos personajes que son enemigos en el juego, adivinarán si pasan por la historia ;) que espero la disfruten, porque ahí también le meteré un poco de DxL para variar jaja muy aparte de que es más de romance, problemas políticos y tal, pero con la misma calidad que les traigo con éste fanfic por años. Realmente espero que se pasen y disfruten de la lectura ;)

Sólo me queda decirles que disfruten del episodio y que no olviden dejar sus reviews o lo que quieran para apoyar la historia y al autor, para que siga actualizando. Hasta muy pronto ^^!

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Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.

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Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^

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Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 67 – Herederos del Odio

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La historia del hombre es violenta, siempre hay sangre, enfrentamiento entre criaturas con propósitos o personajes meramente violentos por ánimo, nacidos para una guerra interminable en la cual nadie podría seguir viviendo en paz.

"La mano de Noxus" era un nombre difícil de pronunciar por muchos, sobretodo aquellos que se vieron enfrentados en el pasado y en el presente, en menor medida. Pero Ashe, sí, la matriarca reconocía ese nombre y ese rostro por lo que él había hecho y por lo que ella le hizo.

Sus ojos se encontraron con indiferencia asesina, quizás era lo máximo que podrían admitir, si uno de ellos dejara de respirar, el otro se mantendría como si nada hubiera pasado. Ashe parpadeó y giró un poco su cuerpo cruzando los brazos.

— ¿Qué haces en mis tierras? —preguntó tensa.

Darius no respondió, estaba pensativo, quizás… incluso buscaba la respuesta en su cabeza, la pregunta era ¿había sido ella?

Antes de conocer a Lux, hubo un momento oscuro en su vida, uno que lo llevó a creer que nada más importaba, las noches eran frías, inquietantes por las memorias y luego su insomnio sin fin, sus ojeras no eran producto de una vida pacífica, eran sólo retazos de una vaga vida desperdiciada. Su hijo murió a manos de estos salvajes, su esposa luego fue asesinada y su hija… ella… de ella no quería saber más, era preferible hacer como si no existiera, así que se encerró lejos de esto y selló su mente, pero Lux… ella lo hizo volver a vivir, le brindó una nueva perspectiva, iluminó su camino de oscuridad a través del silencio perpetuo de la noche, y no había pensado en eso hasta que la vio.

Cabello gris casi blanco como la nieve a la distancia, ojos gélidos y distantes y finalmente aquel característico arco que la diferenciaba de los demás, no contaba con la postura de una mujer segura y fuerte, no pensaba que fuera tan imponente en esos instantes. Darius no podía expresar lo que quería decir pero si lo dejaran, pondría sus manos alrededor de su cuello y lo quebraría.

— ¡Responde hijo de perra! —le gritó uno de los guardias de Ashe.

Aquel gran hombre cayó al piso pero no se movió, se quedó inmóvil en el piso, ¿le habrán comido la lengua las bestias? No, era muy pronto para decirlo, tampoco se veía en shock, sólo estaba maquinando algo.

— Fue una charla interesante, pero tengo cosas que hacer —dijo Ashe y Darius se levantó para callar, no podía hablar.

Quisiera decir que el trauma de ver a la líder de esa tribu lo había despertado o que la voz que le gritaba que debía regresar con su hijo era más fuerte que la que luchaba por no lanzarse a la mujer de cabellos cenizos, pero era mentira, estaba en conflicto. Sus dos vidas chocaron tan violentamente que no importaba cuánto hablara ella o cualquiera en ese sitio, él no era capaz de evocar una simple palabra.

Su hijo había muerto a manos de esa mujer, ¿podría morir otro en sus manos? Quería decirle a Lux cuánto lo sentía, regresar como un perro, huir de ahí o vengarse, ambas opciones eran válidas, incluso… con el tiempo podría perdonarse.

— Espera —dijo Darius pero ya nadie estaba cerca, estaba solo en la oscuridad, amarrado como un animal y enfrentado con sus instintos.

Ignoraba por qué en su mente había pasado tanto tiempo, debía ser el tempestuoso y revoloteo pensamiento que lo atormentaba como una picazón, podía abrir sus ojos tan grandes como para ver su realidad. Darius "mano de Noxus", lejos de su tierra, atormentado, aislado en la tundra blanca y en las manos de quien le arrebató lo que él nunca supo que tenía. Se balanceó hacia una pared y se apoyó para dormir o intentar, las pesadillas rondaban su vida y era incapaz si quiera de cerrar sus ojos.

Esa voz que no tiritaba a la furia del tiempo, es la misma que había imaginado en su mente durante tanto tiempo, la que le había pedido… perder, la que pidió paz y a la que a viva y gutural voz respondió que NUNCA habría paz mientras la veía agitar un cuchillo en su imaginación y cortar el cuello del que poco conocía.

Ambos eran iguales, sus dos hijos, uno más grande que otro pero posiblemente con destinos similares. Al menos este niño no tenía un nombre y su madre ya tenía la idea de haberlo perdido, ¿qué le costaba dejar que siguiera así? Era sólo un recién nacido, si lo mataban incluso, no sufriría demasiado, podía escapar de esa cueva y abandonarlo, podía ignorar responder a la bruja de cabello cenizo, así como el trauma de recordar su carta de respuesta y la noticia de que aquel muchacho casi hombre que llevaba su sangre había muerto por su orgullo y ahora éste, que había concebido con tanto sacrificio y amor con Lux, que moriría por su miedo.

Pero el hombre que era le hizo retroceder en sus intenciones, no era el mismo de antes, no estaba lleno de orgullo, ni estaba dispuesto a sacrificar algo por miedo, no era sólo la "Mano de Noxus" hablando, era Darius, el noxiano que había desafiado a su pasado, que cultivó fortaleza a través de sus decisiones.

Se puso de pie y caminó al extremo de la cueva que emanaba luz, era la salida, custodiada por una reja y un par de freljordianos.

— Llamen a su matriarca —pronunció con dificultad, su labios partidos y helados le impedían hablar con propiedad.

Quizás habían pasado algunos días más, todo este repensar, el inquisitivo análisis de lo que fue y lo que debía ser, no importaba más. La resolución era irse, irse con Lux, pero irse… con ella y aquel pequeño que con tanto anhelo esperó, porque era verdad, él deseaba ser el padre de los hijos que le diera su amada, no mintió cuando firmó los papeles que le dio a Lux, cualquier niño nacido de ellos, de su unión, sería su hijo y tendría los mismos derechos que cualquier ciudadano de su gran nación, aunque esto último ya no importaba.

Y durante la celebración de media noche, a alguno de sus dioses antiguos, Ashe decidió ignorar el pedido del extranjero que había encerrado en la cueva de animales, cargaba aquel bebé y lo acunaba en sus brazos con sumo cariño, le había tomado un par de días darse cuenta de que estaba apegada a él, tener un hijo había pasado por su mente tantas veces y ahora era una realidad. Pensó también que ningún extranjero la haría retroceder en su deseo de ser madre, ni si quiera mintiendo, él no podía haber engendrado criatura tan magnífica y hermosa, decía dentro de sí mientras veía a su bebé sonreír.

El festival tenía el propósito de bendecir a los hijos de la tribu, la anciana encargada de esto tenía el permiso de los dioses para dar predicciones y consejos a los padres para su futuro.

Ashe en un momento se acercó junto a Tryndamere, juntos con aquel niño al que querían hacer parte de su tribu, a donde la mujer bendecía niños.

— ¿Llegamos tarde? —preguntó Ashe.

— ¡Matriarca! —alzó la voz la anciana.

— Por favor, sólo vine para que bendiga a este pequeño, se convertirá en mi hijo y no quiero que nada le falte —dijo alegre

.

— Es el famoso niño de la tormenta —la anciana estaba un poco asombrada, le tocó con cuidado y sonrió a la par que el pequeño agitaba sus pequeñas manos.

— Matriarca, ¿ha pensado en un nombre? —preguntó y desvió su mano a la frente del bebé para tocarle la frente con la punta de su dedo índice.

— Sí, lo pensamos —miró a Tryndamere intentando disimular su emoción.

— No debía decirlo —advirtió la mujer mientras sus ojos se iluminaban.

Los dioses le están enviando visiones, ¿verdad? —dijo en susurró el guerrero de cabellera negra a su noble esposa.

— Así es —respondió Ashe, emocionada por ser el primer paso para reconocer a este pequeño.

— Matriarca —dijo la anciana, sus ojos de un fulgor azul como el fuego se apagaron y se volvieron negros como la misma oscuridad— este niño no puede quedarse en la tribu, los dioses me mostraron el destino de la criatura que es más grande que su responsabilidad o la mía.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó un poco alterada y frunciendo el ceño.

— Su sangre está destinada a bañar la tierra para salvarla, no para ser parte de nosotros. Debe dejar ir a este bebé.

— N-No —contestó tartamudeando la mujer de cabellera gris— ¿quieres decir que… morirá? —preguntó ahora un poco más ansiosa y preocupada.

— Así es —respondió la anciana.

— Pero los dioses y la tormenta respondieron mi pedido, es el bebé de la tormenta, el niño que enviaron para nosotros —dijo Tryndamere interrumpiendo.

Ashe pronto se aferró al pequeño, lo abrazó con un cariño que había nacido de su corazón para una criatura inocente, eran sólo pocos días en los que había tenido aquel bebé en sus manos, pero su cariño y anhelo eran tan grandes como una montaña y estos le guiaron a apegarse a él sin reparo, además ahora le decían que su sangre bañaría esas tierras, no sólo las de Freljord sino del mismo e insaciable mundo.

— ¿Entonces por qué vino a mi? —preguntó Ashe con tristeza, llegando a sentirse resignada.

— Los dioses quieren que encuentres la respuesta por ti misma.

— Morirá… pero si recibe la bendición, ¿ten-tendría una oportunidad? Yo… —negó con la cabeza sin dejar de abrazarlo— no quiero que tenga un destino tan cruel, no puedo dejar que suceda.

— Tal vez los dioses querían bendecirlo para darle mejores oportunidades, el destino que le aguarda no está bordado con hilos de oro y el mal que asecha el mundo es inconmensurable.

No podía escuchar ni una palabra más, podía ser una tontería y ella tendría que entregar al bebé que la tormenta le había dado, no, no iba a hacerlo… Ashe dio la vuelta dispuesta a irse mas una mano le detuvo con cuidado, era Tryndamere, este la miró con sumo cariño y comprensión y la giró para acercarse a ella.

— Perdóname —le dijo suave— fui yo quien sugirió que lo criáramos y ahora no quieres dejarlo ir porque mis palabras te lastimaron, por favor Ashe, siempre hemos escuchado a los sabios y la palabra de los dioses, te pido que no te vayas, hagamos lo que dice, deja que le de la bendición.

— Si hace eso, él se irá y tendrá que enfrentar males tan horribles… no quiero que suceda, sólo quiero que esté a mi lado para criarlo —quería llorar, así que Tryndamere la abrazó sin aplastar al bebé, la rodeó con sus brazos ligeramente mientras ella se decidía.

Al poco tiempo, Ashe le entregó el bebé a su gran esposo, Trynda le sonrió y tomó al bebé, lo acercó a la anciana y ésta empezó al ritual de la bendición, iba a darle el don de la tribu para salud, bienestar y vida, usualmente los padres dan parte de sus dones a los recién nacidos, pero en ésta ocasión, tanto Ashe como Trynda le darían una pequeña porción de sus mejores dones para que el bebé pueda cultivarlas hasta su edad adulta.

De Ashe recibiría parte de su magia ancestral, haciéndolo incapaz de recibir daño mágico, de Trynda recibiría parte de su inmortalidad ante heridas potencialmente fatales, sería incapaz de morir, siendo sólo susceptible a morir por vejez o enfermedades que aparecen con naturalidad en un cuerpo.

— ¿Por qué hacemos esto? —le preguntó la peliblanca a su esposo.

— Tenemos una misión que no podemos ignorar —le tocó con palma abierta la mejilla a su esposa intentando hacer que dejara de poner una expresión entristecida— darle una oportunidad a éste elegido por los dioses, aunque sea un hijo del mundo, llegó a nosotros para ser amado y tendrá que irse para pelear por un mal que querrá acabar con él.

Ashe negaba con la cabeza, su mente le decía que Tryndamere tenía razón, pero su corazón lo negaba con la fuerza de un huracán retumbando en su cuerpo; podía sentir los escalofríos tomar forma, ¿alguna vez los había sentido? Estaba por enfrentar la voluntad de los dioses, pensaba que podría ser mejor negarle aquel destino cruel a este pequeño.

— Ese hombre no merece llevarse a mi pequeño. Si los dioses quieren que se vaya, será bajo mis términos —dijo y Tryndamere irguió su espalda mientras la miraba intrigado.

Entregó al bebé a uno de los que le seguían y aferrándose a su arco y flecha fue a ver al indigno noxiano. Levantó cada paso como si le siguieran los susurros del viento, iba a ritmo nervioso, llegó a la cueva y notó al noxiano congelándose ahí, con las manos aferradas a los barrotes de la puerta.

— ¿Por qué lo trajeron aquí? —preguntó al ver a Darius con manos casi azules, con nieve en su caótica cabellera.

— Matriarca —dijo uno de los guardias— quisimos apartarlo de la puerta, que se metiera dentro de la cueva, pero no hizo caso, incluso golpeamos sus manos, pero dijo que no se movería hasta que la trajéramos.

— Es bueno que haya llegado —se apartó de estos y se acercó a Darius— actúas como un estúpido —dijo dirigiéndose a él, los ojos del cautivo se elevaron hasta fijarse en ella.

Soltó las barras de la reja e intentó ponerse de pie, tenía congelado todo, pensaba que no aguantaría más pero esta sólo era una medida desesperada.

— Es mi hijo, devuélvemelo… —pidió con voz baja, estaba débil.

— ¿Recuerdas lo que te escribí cuando tus tropas detuvieron a parte de mi pueblo?

— Las batallas en las fronteras —dijo por lo bajo.

— Dijiste que no ibas a perder el tiempo domando a un pueblo salvaje de gente ignorante, que si no aceptábamos a Noxus, nuestro destino era extinguirnos y acto seguido…

— Yo no di esa orden —admitió recordando.

— Junto a esa carta enviaste las cabezas de hombres, mujeres y niños… —la boca de Ashe se quedó ligeramente abierta, respiraba por la misma, indignada por tener que recordar ese oscuro acontecimiento.

— No eran guerreros, sólo eran parte de mi pueblo, un grupo… y tú no moviste un dedo cuando te envié la carta, no diste la orden pero tampoco hiciste algo para detenerlos, tu ambición fue primero.

— Eres una hipócrita —Darius se giró para mirar a otra parte— y luego tomaste como rehén al líder de aquel grupo de soldados y… lo mataste.

— Al contrario de ti, yo puedo admitir que di la orden para que lo hicieran —se acercó a las barras y las acarició mientras recordaba escribir una sangrienta carta con satisfacción, la venganza era embriagante.

— Era mi hijo… —susurró— ¡ERA MI HIJO! —gritó a toda voz dándose la vuelta para encontrar a la mujer de cabellos cenizos.

Era su oportunidad de matarla, pensó Darius, levantó sus manos y preparó sus dedos para aplastar ese blanquecino cuello hasta escuchar un crujido pero algo lo detuvo.

— No lo sabía —le respondió— pero supongo que la sangre de tu hijo fue suficiente para calmar el dolor de las familias que sufrieron pérdidas.

— Querías vengarte, lo hiciste, estamos a mano, ni si quiera preguntaré por los restos, no vine porque quisiera reclamarte. Desde que sucedió, encontré alguien que me dio un regalo, no puedo irme sin él, soy el padre de ese bebé, debes devolverlo conmigo.

— Arrodíllate —pidió Ashe mirando al ya confundido noxiano.

— ¿Qué? —dijo sin saber qué decir.

— Quiero que pongas tus rodillas al piso y me pidas "por favor" que te devuelva a tu hijo.

Ashe sabía en el fondo de su corazón que éste orgulloso y molesto noxiano jamás se humillaría, no lo hizo antes para salvar a su hijo de su cuchilla, no lo haría ahora por un bebé, si freljordianos calificaban como salvajes, ¿qué eran los noxianos? Asesinos y adoctrinadores, miserables incapaces de dar un paso atrás, infelices que queman todo lo que no se somete a su oscura voluntad.

Antes de terminar otro pensamiento, la matriarca de cabellera ceniza giró a ver al noxiano, lo que vio no la dejó respirar por un instante, éste se había puesto contra el piso, con la cabeza puesta en el suelo al igual que las rodillas.

— Devuélveme el regalo que me dieron —dijo sin mover su cabeza del piso.

— ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Dónde está tu dignidad? —preguntó Ashe molesta.

— No soy el mismo —respondió— no perderé a otro hijo por mi orgullo, esto es lo que querías… te lo estoy dando y te pido que me lo devuelvas.

— Levántate —ordenó y Darius se puso de pie con calma.

No iba a dejar que se lo llevara, no sin antes…

— Dejé que ese bebé cayera por la montaña, cumplió el destino que los dioses prepararon. Convertí su cuerpo en cenizas y ahora está en todas partes, ya vete de aquí… está muerto.

Posó su mano en el seguro de la puerta y la abrió ligeramente, los ojos del noxiano no se movieron, era como si hubieran pausado su tiempo, no había lágrimas, palabras o algún signo de embate hacia ella. Quería ver su verdadero ser, para así justificarse y tener al bebé para ella y también quería que él la atacara, que lo hiciera para poder matarlo a gusto.

Darius volvió a caer al piso, dejando fuera las expectativas de Ashe, mientras gemía adolorido, llorando por el destino que le había tocado vivir a su hijo a causa de sus pecados, después de todo, él era su padre y cargaba con todo el odio que había generado tras sus acciones, su único error fue haber nacido de él para el mundo.

— Mátame…

Susurró de nuevo su enemigo, ahí en el piso, con el cuello expuesto como si nada, Ashe tomó su arco y flecha, los apuntó directamente a su cabeza y estiró la cuerda para…

— ¿No quieres matarme? He asesinado a dos de tus hijos, deberías querer hacerlo.

— ¿Crees que quiero seguir así? La mujer —reconsideró— la única mujer que me ha amado en este mundo a pesar de todo el odio que he provocado, me dio un único regalo, no pude protegerla de estos peligros y dejé que se la llevaran a Demacia, le quitaron a su hijo y su único delito fue amarme, el delito de mis hijos fue haber heredado mi sangre y lo que conlleva ser un noxiano mixto, no quiero seguir aquí, no puedo ver la cara de…

Escuchó a lo lejos cómo un llanto aún mayor que el suyo resonaba, levantó la mirada y se encontró con la flecha de Ashe aún apuntándole.

— Ya tuve suficiente, verte arrodillado y arruinado, demuestra que realmente has cambiado, si alguien pudo amarte y darte un hijo, supongo que tu sufrimiento no acabará aquí —relajó sus manos y guardó su flecha— me alegra que tengas que sufrir por más tiempo.

Un bebé, arropado en unas mantas, en los brazos de otro gigante con cabellera azabache se acercaba, éste le miraba sin sentimiento alguno.

— ¿Terminaste? —preguntó el buen esposo a la joven de cabellera ceniza.

— Sí —dijo y abrió más la reja donde Darius estaba.

Tomó entonces al bebé en los brazos de Tryndamere para darle un último adiós besando su mejilla, quizás el plan no salió como quería pero al menos vio a Darius rendido ante ella y tiene sus lágrimas para guardar en sus recuerdos, esperaba que él quisiera matarla, y poder responderle con lo mismo, pero nunca tuvo intención de lastimarla.

— Te pertenece —dijo Ashe y Darius se puso de pie para acercar sus manos a aquella manta blanca que se movía.

Primero vio sus manos, pequeñas y regordetas, luego cuando se destapó el rostro, le vio el rostro, era igual a Lux, pensó en primer lugar, sus ojos llorosos con el viento helado volvieron a mostrarse agobiados, era su bebé, el niño que habían concebido él y su amado rayo de luz, lo amaba… su corazón latió de nuevo y no pudo evitar sonreír. Tenía frío, hambre y le dolía todo el cuerpo, pero estaba en frente de su pequeño solecito, quería…

— No quiero que vuelvas a Freljord, no es una advertencia, es una promesa, no te perdonaré de nuevo —le entregó al bebé, y luego le devolvió todas las cosas con las que había llegado, como su abrigo, su hacha y un par de mantas más para la criatura.

— Estamos a mano —dijo el noxiano mientras arrullaba a su bebé— no tengas tan dura la cara —dijo refiriéndose a que ella era demasiado descarada al advertirle algo y amenazarlo, cuando ella también había causado las mismas desgracias a otros.

Ashe se giró sobre sus talones para alejarse mientras escuchaba al bebé que había bendecido con sus dones, Tryndamere volvió a abrazarla cariñosamente, quizás esto pasaría a olvidarse, eso quería, dejar atrás el capítulo en el que dejó ir al bebé que tomó como suyo por algunos días.

Además era cierto, ella mató al hombre que tomó como rehén, era noxiano, eso le bastaba, pero nunca pensó que sería el hijo de "La Mano de Noxus", matar a dos de sus hijos era crueldad. Si los dioses bajan, serán piadosos a causa de sus actos.

— Lux… —dijo Darius bajo mientras se perdían de la vista de los freljordianos vigilantes— voy por ti, espera por favor…

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Fin de Episodio 67
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