001 | POR HOBBY
Saitama dejó el mercado luego de sus compras con descuento, estaba feliz por haber ahorrado pero no duró demasiado. No tenía nada para hacer el resto del día, de nuevo se quedó... sin ánimos.
Genos notó cómo su maestro puso la habitual expresión de indiferencia que utilizaba cuando no tenía una actividad que le entretuviera.
Pocas veces lo vio reír o llorar. De hecho, nunca lo vio de esa manera. «Quizás mi maestro guarda sus emociones para no ser vulnerable a los enemigos... Qué astuto», supuso con orgullo, su maestro era muy listo.
No estaba muy seguro y no quería manchar su libreta de enseñanzas con estupideces inventadas, así que pensó en preguntarle directamente a su mentor.
—Maestro, ¿alguna vez rio o lloró? —inquirió inocentemente, para él no era nada demasiado personal, el doctor Stench, quien le dio sus prótesis, sonreía seguido.
Saitama se detuvo.
...
¿Acaso...?
—¿Ese es un yen? —se preguntó, una moneda en el suelo llamó su atención.
No iba a dejarlo desamparado, y se lo llevó a su bolsillo. Creyó haber oído a su compañero preguntar algo, pero quizás había imaginado eso.
—¿Pasó algo, Genos?
¿Reía o lloraba de vez en cuando?
—No, maestro.
Se quedaría con la duda otra vez.
El héroe calvo con capa ingresó a su casa, tuvo que detener a un monstruo mientras regresaba, y Genos recibió un llamado de la Asociación de Héroes. Se encontraba solo.
«Paz», pensó. Podía sentarse a jugar videojuegos que pidió prestados de King, ¿qué más podría pedir?
«Veamos si esta vez derroto al Rey Pulpo Calamar de Cien Ojos Irritados... Supremo». Un sonido llegó a sus oídos desde afuera, y la puerta abriéndose concluyó sus sospechas.
—Hola, Saitama, ¿tienes el Destructor de Realidades V? —preguntó su amigo de clase S, el conocido como más fuerte humano, King.
—P-Pero iba a empezar a jugar ahora mismo —explicó él, ya le cansaba bastante que todos irrumpieran en su casa sin tocar.
—Ah, juguemos juntos entonces. Yo manejo al Espadachín Rojo —declaró tomando un control de la consola.
«¡Pero...!», no tenía forma de objetar. Estaba listo. King le destrozaría el intestino grueso con sus habilidades en el gaming.
Carente de opciones, Saitama suspiró.
Dos amigos de clase S era demasiado para él, aunque Genos lo acompañaba solo para hacerse más fuerte.
Se conocieron durante el ataque de la Chica Mosquito, un monstruo bastante poderoso, que casi asesinó al cyborg... pero el héroe calvo acabó con ella de un golpe.
Todos sus combates terminaban igual, ya era parte de su rutina ganar. Deseaba que por una vez un oponente de verdad apareciera, y lo hiciera volver a sentirse vivo. Ya nada era sorprendente, no había adrenalina, no había temor a la derrota, no había nada que perder.
Podría hacer todo lo que quisiera si se lo propusiera, ser un villano imparable como el conquistador de continentes. Tomar mares, someter potencias mundiales, ya lo había pensado. Si no tenía rivales, nadie podría pararlo pero...
Eso no le interesaba.
—¡Ja! Has vuelto a perder, te falta práctica —celebró King, agitando su mando con alegría.
—¿Eh? Ah. —Se distrajo y perdió.
Tal vez pensaba demasiado en eso, todo el mundo vivía una rutina y no tenían pensamientos tan extremos. Sólo debía esperar, tarde o temprano llegaría alguien que lo retara.
Se concentraría en el juego por el momento.
—Volviste a perder —dijo King.
—¡¿Eeeeeh?! ¡Espera a que esté atento!
—Otra.
—¡No inicies más partidas!
Qué problemática la clase S, de verdad.
Al final su amigo rubio de la cicatriz triple se quedó por una hora más y luego se llevó el juego, lo cual chocó con los planes de Saitama. Cuando se dispuso a patrullar para matar el tiempo, alguien tocó a su puerta.
«Se agradece», pensó, por fin alguien golpeaba antes de abrir. Cuando se acercó a la puerta, ya su espalda temblaba ante el mal presentimiento. Si era ella, acaso. Cuando abrió, dio un largo suspiro.
—Saitama —llamó ella.
—Foguki —respondió él, cansado.
—Fubuki —corrigió ella.
—Saitama —jugó él, ya sabía lo que avecinaba.
—¿No me invitarás a pasar? —cuestionó con molestia, clavada en la puerta.
—En realidad no, pero si quieres...
Se hizo a un lado para que la bella dama pasara. No faltaría mucho para que lo invitara a unirse a su grupo de héroes, una de las "facciones" que ella decía. "No puedes ascender solo" aseguraba cada vez que lo visitaba.
La única razón por la que no la echaba de su casa como si fuera un intruso era porque de alguna forma le daba curiosidad. No era normal que una persona se interesara tanto en él siendo de un rango superior, exceptuando Genos, pero él llegó a clase S cuando ya eran conocidos.
Habitualmente otros usaban su tiempo, tanto queriendo conseguir su fuerza como pagar algún tipo de deuda personal. Genos quería hacerse fuerte y King en parte se sentía culpable por recibir el crédito de sus éxitos, así que ella era la única que buscaba invitarlo a ser parte de algo.
Requerirlo a él, más que intentar aprovecharse de la situación, se sentía un poco más orgánico. Interesante, diría él, sí, encajaba bien en el molde.
—Saitama... —Observó el desorden de su casa—. Vine para darte una propuesta —informó tomando asiento.
Tuvo que retirar una ropa sucia que ocupaba medio sillón. Acogedor.
—Genos está ocupado —se excusó él, notó cómo la heroína inspeccionó su apartamento.
—Entiendo ¿Aceptas unirte a...?
—No.
Lo sabía, todos los martes sin falta llegaba Fubuki para hablar de su gran Blizzard Group. Las maravillosas instalaciones en el centro y sus miembros de alto nivel, con un fabuloso sistema de cupones para que ser héroes se volviese rentable para la clase B.
Ella ofreció el paquete entero y, aunque lo último era tentador, siempre se negaba. Simplemente no estaba interesado en trabajar con otras personas. Ya ganaba poco luchando solo, si dependía de un grupo se volvería pobre. De hecho, ¿dónde guardaba Genos sus ingresos de clase S?
Fuera de eso, no le gustaba el contexto mafioso de la heroína psíquica de cabello verdoso. Presionar a los héroes que llegaban a clase B para que se unieran a su grupo no era de su agrado.
—¡Pero no he terminado! Saitama, no consideras los beneficios. Podríamos darte una habitación en la sede, auxilio si te lesionas durante un rescate heroico, ¡sólo piénsalo!
Mientras ella promocionaba su mafia, la empujó hasta la puerta, con la delicadeza para no herirla... mortalmente. Fubuki siguió con su discurso.
—Tú eres especial, Saitama —dijo ella mientras se oponía sin éxito al empuje del héroe—, la Asociación aún no lo nota, pero... eres un monstruo como los clase S y A, por algo Demon Cyborg te ve con admiración. En mi grupo serás valorado por tu esfuerzo... Piénsalo, en serio —pidió como última voluntad, dispuesta a marcharse, y puso en su mano una tarjeta de contacto.
La vio irse Saitama, leyó un momento la carta.
"Grupo Blizzard - Contacto: +408 382 492 3351 / blizzardgroupreal mail / Av. Sur - Calle Flor"
«Esta chica en serio no se rinde», pensó Saitama. En el fondo le divertía que lo visitara, al menos era interesante. Además, aunque no lo quisiera, el Saitama Salaryman del pasado quedaría encantado por su belleza.
Se preguntó qué pasó con esa faceta suya, menos conformista y más proactiva a la diversión. Quizás hubiera sido más feliz si continuaba con su vida normal. En medio de su pensamiento, Genos llegó sin golpear, había acabado sus labores por ese día.
—Maestro, ¿sucedió algo?
No le daría tantas vueltas.
—No, Genos... No.
El mecánico rubio tomó su libreta para repasar algunas cosas, y Saitama lo vio. A veces se preguntaba qué tanto alcanzaba a anotar si él no le enseñaba en lo absoluto.
¿Por qué seguía viéndolo como su maestro? Era un caso perdido. Incluso había alcanzado el rango de élite entre los héroes, ¿por qué no abandonaba a Saitama a su suerte? El calvo se lo preguntó.
No sabría si realmente le serían útiles sus consejos. Siendo que se trataba de un cuerpo metálico, no humano. Entre la broma se preguntó, «¿Qué tan fuerte sería Genos si entrenara como yo?».
...
...
...
Qué tan... fuerte.
En caso de que el cyborg siguiera la rutina que llevó a Saitama a su máximo nivel, ¿qué pasaría? ¿Siquiera podría hacer la misma rutina y que funcionara?
Una idea llegó a su mente. «¿Él también podría alcanzar mi nivel?», pensó. Si llevara a Genos a su máximo potencial... ¿sería capaz de enfrentarlo? ¿Podría divertirse luchando con él? ¿Volvería a sentirse vivo?
—Maestro, no hay huevos, ¿quiere que compre? —se ofreció el cyborg con un delantal.
—Ah, vaya que sí... —respondió en su transe.
Una idea brillante llegó a él.
