002 | Madera de metal
Los rayos de sol inundaron la habitación del héroe clase S número catorce, Demon Cyborg. Abrió los ojos amarillos eléctricos y se irguió mecánicamente en la maniobra ZED-39B Omega.
Había amanecido bien, cien por ciento de energía. Cerró sus paneles solares en el pecho y se dirigió a la cocina, para hacer el desayuno.
«Me pregunto si el maestro está durmiendo aún», pensó. Si su mentor despertaba temprano, él debería imitarlo. Cuando llegó a la cocina, una brillante calva llamó su atención.
Los sensores térmicos le dijeron que efectivamente, era Saitama madrugando. Se quedó despierto toda la noche entre reflexiones.
—Maestro.
—Genos —respondió entre bostezos.
—¿Se siente bien? Debería ir a dormir, ¿desea que caliente su cama?
El cyborg ya estaba preparando su incinerador de mano. «No creo que sea buena idea», pensó el héroe clase B.
—No es necesario, Genos... ¿Quieres... entrenar? —propuso con una sonrisa maliciosa.
Los radares del rubio se dispararon, ¿sería el día? ¿Acaso era el momento tan esperado? ¿La leyenda era cierta? No podía creerlo, por fin recibiría un entrenamiento físico.
—¡Sí, maestro!
—Vayamos a un sitio apartado.
En las afueras de la ciudad, dos héroes se encontraban cara a cara. Genos no podía ser más dichoso, finalmente pasaría al siguiente nivel entre los héroes.
Por su parte el calvo no dejaría pasar una noche en vela. Se tomó la molestia de investigar sobre los cyborgs y si sus prótesis se conectaban de alguna forma con lo que aprendía su cerebro.
Al parecer, Genos podría configurar su propio sistema de acuerdo a lo que aprendiera su mente. Como un algoritmo, intercambiando caminos de pensamiento según la experiencia.
De esa forma era como podía hacerse más fuerte, nuevos movimientos de combate y mejores estrategias. Pero ese no era el estilo de Saitama.
—Genos, debido a tu ojalatería, dudo que puedas llevar el mismo entrenamiento que yo... Así que pensé en algo especial para ti —confesó Saitama, con la mayor inversión de palabras de la semana, quizá del mes.
Era una ocasión especial. Fueron más de veinte palabras. Entonces le dio un papel, la otra cara tenía una lista de compra y en la que Genos leyó decía:
2.000 disparos de cañón
1.000 misiles teledirigidos
500 incineraciones
80 transformaciones mecánicas
40 kilómetros volando
—Maestro... me sonrojo —dijo viéndolo con seriedad.
—No seas tan raro, haz eso todos los días y en unos meses veremos cómo te vuelves más fuerte. Además te daré enseñanzas reales, ¡vas a ser un héroe SSS! —exclamó su maestro babeando de emoción.
—Uh, ¿se encuentra bien?
Se estaba sintiendo vivo de nuevo, si todo salía bien tendría un nuevo oponente. Haría que Genos se convirtiera en un rival formidable.
—Sí, sí, ahora tengamos un rápido enfrentamiento.
Deseaba ver qué tan fuerte era el cyborg entonces, para estar expectante de su mejora.
—Entiendo.
El rubio despegó del suelo con sus propulsores de talones, llegando detrás de Saitama. Él evadió un disparo de energía y una patada al abdomen.
En un segundo, sostuvo la pierna de metal y la usó como palanca para estrellar a Genos en el suelo. Lo dejó fuera de combate al instante.
—Uh, creo que me emocioné.
—I-IÅńImpreÅësionaćńÁnte.
Sus ojos se reseteaban cada pocos segundos, el sistema estaba algo desorientado. «Sí me pasé». Lo mejor sería que siguiera entrenando por su cuenta, por seguridad.
Saitama dejó que su alumno entrenara y se fue un momento al hospital. Se acordó de otro posible candidato a rival, que incluso soportó uno de sus golpes casi serios, tenía que ver si seguía vivo.
—Hola, ¿Suiryu? —consultó con la recepcionista, quien no supo cómo responder.
Un hombre calvo caucásico con traje de héroe colorido pedía ver a un artista marcial de tez oscura. Hermanos naturales no debían ser, quizás adoptivos... «¿Debería dejarlo pasar?», se lo preguntó.
—Gracias —aceptó él, pasando al ascensor para buscar al residente, sin importarle la contestación de ella.
—¡¿Eeeeeeeh?! ¡N-No puede pasar, señor!
Fue piso por piso hasta encontrar dónde estaba alojado el usuario de Puño Vacío, que conoció en el torneo de artes marciales. Cuando la Asociación de Monstruos atacó, él le pidió a Saitama que lo entrenara, a lo que se negó.
Quizás no era tan mala idea aceptarlo como un discípulo junto a Genos y tener dos rivales de diferentes estilos, premio doble. Estaba tan sumido en sus pensamientos, que chocó con una chica en la dirección contraria.
—¿Ah? Chocamos —reconoció como si nada, una señorita morena de cabello corto estaba en el suelo con sorpresa en sus ojos.
Sintió como un ligero peso que se opuso a él, pensó en un principio que se trataba de una brisa. Pero resultó ser una persona, quien por su parte estaba conmocionada. Alguien la había derribado. «Impresionante». Observó las pintas de la persona frente a ella. Siendo una maestra de artes marciales y reciente heroína clase A, que un héroe lograra derribarla era muy raro. Si fuera un clase S, definitivamente lo habría reconocido.
—Uh... Disculpa, no vi por dónde iba —dijo ella en el suelo.
—No pasa nada, yo tampoco —aceptó él.
Entendió que la chica esperaba algo, así que extendió su mano. «Tal vez no puede levantarse sola», pensó. Ella entendió que el hombre era un caballero y le dio más curiosidad.
—¿Eres un clase S, acaso? —propuso inteligentemente, sabía reconocer la fuerza donde la veía.
Aceptó la ayuda y se levantó, tuvo que desempolvar su ropa casual un poco; con "ropa casual" se refería a su vestimenta de entrenamiento.
—No, soy clase B. Estoy buscando a Suiryu —corrigió, viendo alrededor en su intento de seguir la búsqueda.
Amplió los ojos de conmoción. «¿U-Un clase B? ¿Qué? Soy una de las heroínas más prometedoras de la última generación, ¿cómo un héroe de clase menor pudo enviarme al suelo así?».
—¿Ah? ¿Suiryu? ¡¿Eh?! ¡Conoces a mi hermano! —cayó en cuenta, en el fondo esperaba que él no fuera una amenaza, porque no estaba segura de vencerlo.
—Sí, evité que lo mataran —habló, se estaba retrasando mucho. «¿Me llevará con su hermano o no?».
—¡Qu...! No pareces estar mintiendo, pero... Uh, entonces puedes acompañarme.
Tenía que llevarle agua a su quejoso hermano, no estaría mal guiar a ese calvo con él. Además, le produjo interés, supo hacía tiempo que alguien auxilió a su hermano durante el incidente que lo lesionó de gravedad.
—Qué bien.
Ambos se encaminaron a una habitación cercana individual para el joven moreno. Con el pecho descubierto, se podía ver con facilidad el gran trabajo físico que cargaba detrás.
—Suiko, ya vol... ¿Saitama?
La almohada lo estaba poniendo de mal humor, pero daba igual ahora. Soportó los quejidos de su cuello por si lo estuviera viendo quien al parecer lo estaba viendo. Creyó ver mal: «¿Acaso es él?». En un segundo, intentó verse como un tipo rudo para el héroe calvo.
—Hola —saludó Saitama, ajeno a su búsqueda de atención.
—Hermano, ¿de qué lo conoces? —quiso comprobar Suiko.
—¡Él salvó mi vida! Saitama, no se diga más, tienes permiso de salir con mi hermana —aprobó con una gran sonrisa y el pulgar arriba.
—¡Q-Qué! No digas tonterías —intervino la susodicha, viéndose fuera de la conversación.
Saitama no entendió qué pasaba, parecía una discusión de hermanos. Vio que al luchador aún le faltaba recuperarse, pero parecía en forma. No faltaría demasiado para que regresase a la acción.
—Emm, Suiryu, acepto que seas mi aprendiz. Te enseñaré lo que sé —zanjó el asunto, oír el pleito de hermanos no era su idea para pasar esa tarde.
—¿Eh? —balbuceó ella, no supo si oyó bien.
—¿Hablas en serio?
Suiko vio a Saitama, a su hermano, a Saitama, a su hermano, no entendió. El moreno se apresuró a hablar, no vaya a ser que la oferta fuese declinada.
—¡Claro! No te aburrirás de mí, descuida, me haré muy fuerte —aseguró en júbilo, hizo un mal movimiento y tuvo que soltar un tejido.
—¡Esperen, esperen! Hermano, es clase B, ¿de verdad crees que puede enseñarte algo que no sepas? Entrenar conmigo sería más productivo, ¡e-el abuelo así lo habría querido! —se interpuso su hermana, era una locura, todo iba muy rápido.
—¡Oh, vamos, Suiko! ¡Él podría ser tu esposo mañana, trátalo bien! Venció a un monstruo gigantesco de un golpe, es mejor que cualquier otro héroe que conozca, confía.
Ella ignoró lo que dijo sobre casarse y se concentró en la imagen que su hermano tenía respecto al calvo. «¿Será verdad?», no pudo creerlo. Tendría que seguirlos de cerca, para que no estafaran a su tonto hermano.
—Bien... Empecemos el entrenamiento —declaró Suiryu, cambiando a un rostro serio.
—No seas loco, estás herido —trajo a Tierra Saitama.
—¡Momento! Yo los acompañaré, comunícate conmigo, Saitama, te daré mi número y te avisaré cuando él esté instalado en casa —decidió ella, sacando su teléfono del bolsillo trasero y echando miradas desconfiadas hacia el héroe por hobby.
—Suiko, no tienes que mentir sobre esto, admite que quieres estar en contacto con él. Ya los veo... —soñó el herido, viendo las interacciones de ambos.
—Si no estuvieras así, te enseñaría a respetar. —Vio a Saitama, no parecía comprender el intercambio de contactos—. Ten —dijo, entregándole una nota con su número de teléfono.
El héroe no se animó a revelar que no tenía teléfono, así que él no podría llamarla aunque supiera el número. Sólo tomó el papel y lo guardó en un bolsillo. «Podría darle el número de Genos», se le ocurrió después.
—Mejor te doy el mío —prefirió Saitama, a punto de anotar el contacto del cyborg rubio pero no tenía dónde.
Así que reutilizó el que había recibido de Suiko y anotó en el otro lado del papel. Ella vio eso incrédula, semejante falta de organización y pretendía entrenar a su hermano. «Intentan engañarlo, qué confianzudo es. Si sigue así va a acabar mal», se quejó.
Una vez hecho el "intercambio" de contactos, el calvo se despidió rápidamente de Suiryu y abandonó el hospital. Quizás Genos ya había terminado. Meditó que sería divertido tomar prestado un videojuego de King.
Entonces, como si contradijera sus deseos, una presencia a la velocidad del sonido lo acechó. Un zumbido en su oído que lo condujo a voltear, estaba cruzando la calle pero su rival Sonic Sound no reparaba en eso.
Detuvo una patada supersónica con su mano y de una palmada estrelló en el suelo al atacante. Se trataba de un ninja de traje negro y morado, con una ninjato detrás de la espalda y su larga bufanda que escondía su presencia.
—Dios, otra vez —lamentó, el ninja andrógino lo molestaba de nuevo.
—¡Pelea conmigo, Saitama! No permitiré otra derrota similar... ¡En guardia! —aseguró, poniéndose en una postura genial de pelea.
El héroe sólo siguió caminando, no estaba interesado en lo que propuso Sonic. Este, olímpicamente ignorado, lo interceptó en la próxima esquina.
—Je, ya viste lo rápido que me he vuelto, ya no te será tan fácil respirar en frente de mí... ¡A pele-
—Sí, ya te vi.
Saitama continuó su camino, dejando plantado a Sonic por segunda vez. Este, olímpicamente re-ignorado, se interpuso una calle más adelante.
—¡Hmp! ¡No es una opción huir! ¡Ponte en guardia o te haré polvo de hornear! —amenazó enloquecido.
Suspiró. Lo conoció cuando él era guardaespaldas de Zeniru, un viejo rico, y acabó con esa banda de hombres de brazos explosivos. Desde que bloqueó dos ataques suyos, al parecer se enamoró de él.
—Sonic, no quiero jugar, déjame pasar —pidió cansado. «Quizás otro día».
—¿Jug...? No es un juego. ¡Es un duelo!
El calvo no tenía extrema paciencia, menos con ninjas insistentes. «Quiero llegar, maldición». Levantó sin ganas sus brazos, como lo que sería una sugerencia de postura de combate. Fue suficiente para que Sonic se le abalanzara.
Resultó, obviamente, en él estrellado en el suelo por segundo trago. Pudo continuar su camino, menos mal, pero una mano desde los escombros lo tomó del pie.
—Cómo... —murmuró el espía.
—Dónde.
—¡¿Cómo no puedo vencerte?! ¡Ya dejó de ser divertido! ¡Me estás cansando! —preguntó con media cabeza en la superficie.
—¡Yo qué sé! ¡Suéltame!
Tiraba de su pierna, pero no se soltaba.
—¡Dime tu secreto! ¿Por qué eres más rápido que yo? ¡¿Cómo?!
—¡Entreno, no sé! ¡Qué pesado eres!
«Entrenar», pensó Sonic. ¿Esa era la respuesta? No podía ser. Era "el Fin", estudiante de la Aldea ninja más poderosa, alcanzando velocidades superhúmanas, viviendo la vida a máxima velocidad. Y un calvo aleatorio con entrenamiento... ¿logró alcanzarlo? ¡¿Incluso superarlo?!
—¡Me niego! No puede ser, me estás mintiendo... ¿Qué entrenamiento hiciste?
—Que me dejes, por todos los cielos, ¿si te digo me sueltas? —intentó, no tenía ganas de romper la calle para quitárselo de encima.
—¡Sí! ¡Dime!
—Uh... lo tengo anotado en una lista de compras en casa, no sé. Otro día te muestro —recordó, esperó que funcionara.
—Está bien... Te permito escapar, pero... ¡Me mostrarás esa técnica que usaste! —declaró, soltando el pie de Saitama.
Casi al instante, echó a correr. Por fin lo dejó en paz, qué alivio. Ahora tenía que enseñarle a Sonic también, qué molestia. Suiryu, Genos, ahora Sonic, tenía demasiadas personas esperando sus enseñanzas...
Se preguntó si así se sentía Silver Fang todos los días, su anciano amigo de clase S. En su dojo recibía muchos estudiantes, antes de que el último de ellos los redujera a uno.
Garou...
Ahí cayó una luz en su cabeza, un faro de idea que lo hizo detenerse. Tantos estudiantes... Silver Fang deseando nuevos estudiantes que no estuvieran asustados de Garou...
—Hoy estoy creativo, huh.
—¡Maestro! ¿Dónde estuvo? Se tardó —abrió un reloj metálico en su muñeca con muchas gráficas y contadores— ocho con dos segundos más que lo usual a su velocidad estándar.
Acababa de llegar al departamento y Genos ya empezó con sus acusaciones de alumno celoso. Se quitó los guantes sucios de sangre verde y estiró un poco.
—Me encontré con un monstruo en el camino y con Sonic, me pidió que le enseñara. Además fui a visitar a Suiryu... y le di de comer a unos patos.
El cabello rubio se levantó como un radar. «El maestro está buscando más alumnos ahora que encontró su motivación interior... Debo apresurarme».
—¿Está consiguiendo nuevos estudiantes, maestro? —cuestionó el cyborg, escudriñando a su tutor con sus diferentes visiones mecánicas. Rayos X, nocturna, térmica, todo.
—No hagas una escena... Estoy, uh, iniciando una escuela de ¿cómo se dice? Artes marciales —explicó Saitama, apartando delicadamente al chismoso clase S.
—¡U-Una escuela! Así que compartirá su sabiduría con el mundo, qué bondadoso... ¡Guh! Debo anotarlo —dedujo y al instante sacó su libreta.
Saitama lo vio como algo natural y pasó a la cocina, vería qué tenían para cenar. Se hizo bastante tarde.
—Ah, maestro, yo cocino —informó, no podía permitir que su maestro le hiciera de comer.
Su teléfono celular integrado sonó en su brazo y vio que se trataba de un número desconocido. Su base de datos lo identificó como un "Suiko". Como no sabía qué era eso, lo ignoró y ayudó a preparar la comida.
"Llamada perdida"
—Maldito calvo —refunfuñó la morena, sabía que sólo estafarían a su hermano.
Suiko se encontraba inhalando aire refrescante en el balcón mientras Suiryu dormía. Vio la cantidad de luces en la ciudad y regresó al hospital. Tenía mucha responsabilidad.
Comenzó el camino de Saitama como maestro, veremos cómo le va.
