004 | LECCIÓN DE CAMPO
La ciudad Z aun dormía. Las personas descansaban para llegar con energía a sus trabajos respectivos. No fue el caso de un apartamento abandonado a excepción de algunos inquilinos donde uno de estos se despertó antes que nadie. Vio la tarjeta profesional decorativa en su mano y lo meditó.
«Hmm... No estaría mal celebrar este fin de mes con una cena... Fagaki podría pagarla. Sí, sí, pero no lo hará porque sí, de seguro me pide algo. Aaaagh, ¿por qué no puede sólo invitarnos a comer a Genos y a mí? No tengo nada para ofre- Oh».
De un momento a otro, su nueva escuela de artes marciales servía de solución a sus problemas. Podía invitar a Fubuki a que se uniese, de paso sumar a alguno de los miembros de su mafia, en el proceso sumaría un alumno más y se ganaba una buena cena. Incluso podría conseguir cenas frecuentes, mejor aun.
Genos invadió la sala con su sistema recién encendido y su corriente operación matutina.
—Activar protocolo de lim- ¡¿Maestro?! ¡¿Se encuentra bien?! Usted no abre los ojos hasta las 11:33 con dieciséis minutos de incertidumbre con varianza de 15% en días calurosos. ¡Explique este cambio repentino de 81% de distorsión en su rutina habitual! —informó como una máquina que escupía datos.
—¡Quieto ahí, Genos! Pareces anuncio de teletienda, no te aloques... Tan solo estaba pensativo... y desperté antes —explicó Saitama, recostado en el sofá de la sala.
—¿Pensativo? ¿Por qué? Si puedo saber. ¿Algún alumno ha desobedecido sus lecciones? ¡Qué osado! —comenzó a sacar conclusiones rápidas.
—¡No! No, no. Estaba pensando que... ¿tienes hambre? —preguntó con su atención dividida entre la tarjeta y su aliado rubio.
—Sabe que mi percepción de requisición calórica es variable a la energía sobrante de mis operaciones, maestro. Pero podría decirse que sí, tengo una falta importante de recursos deliberativos —contestó sin entender.
—Entonces está dicho.
Frente a un gran y majestuoso edifico rentado de más de cinco pisos y una elegante entrada para que los vehículos empresariales ingresen a la protección del subsuelo detuvo su caminata un héroe de capa blanca y cabeza calva. Saitama visitó al grupo Blizzard donde la tarjeta indicaba que residían. «Hoy se come», pensó.
Le pidió a Genos que usara su telefonía integrada para llamar al número escrito. Así lo hizo y aparentemente le dieron luz verde para encontarse a una hora dictada. Allí estaba Saitama pues, esperando que alguien saliera a recibirlo. Luego se dio cuenta de que llegó cinco minutos tarde de la hora acordada y que quien lo estaba esperando había ido por un refresco a la tienda de la esquina.
Una pequeña joven llegó corriendo de la otra calle con una gaseosa en la mano.
—¡Oooh! Calvo con capa. Soy Lilly, ¿recuerdas? Miss Blizzard me encomendó recibirte. Anda, vamos por aquí —dijo nerviosa la ejecutiva adolescente de cabello blanco y negro por partes.
—¿Hm? Seguro —aceptó ingresando al edificio tras recibir la bienvenida de Lilly.
—¡He-Hey! Tengo que guiarte yo, espera —llamó ella.
Luego de ver que el "Grupo Saitama" se conformaba de tres héroes clase S, no pudo evitar sentirse intimidada cada vez que visitaban el apartamento del calvo o este se encontraba con ellos por la calle. No esperaba menos de los contactos que rastreaba su jefa para reclutar, por supuesto que alguien que llamó tanto su interés debía ser importante. Pero a tal punto que los únicos clase S que han conocido personalmente fuesen los que Saitama presentó...
«Da miedo».
—¡Saitama! Sí viniste. Ja, entonces has recapacitado. Viste el lujoso edificio y aceptaste finalmente unirte. Perdonaremos tu obstinación original y podrás unirte a una de las filas. La divisón de rescate está algo atareada, claro, han tenido un 10% más de actividad, podrías sumarte y... —Fubuki ya estaba fantaseando con su nueva incorporación y todo lo que podría lograr, vio lo que Saitama era capaz de hacer y no lo iba a desaprovechar, pero fue interrumpida.
—¿Serás mi alumna? Ah, digo, ¿vas a unirte a mi escuela? —preguntó ajeno a las ensoñaciones ajenas.
—¿E?
—¡Más respeto, te estás dirigiendo a tu jefa! —corrigió Pestañas.
—¿Ah? No es mi jefa, no vine a unirme —negó él.
«¡¿Qué?! ¿"Escuela"? ¿Por qué vino si no es para unirse?», se preguntó Fubuki. La belleza psíquica se acomodó el cabello y mantuvo la compostura. Fingió no verse afligida y respondió.
—Jeje, ¿disculpa? No entiendo, viniste a incorporarte a nuestra facción, ¿cierto?
—No, claro que no.
«¡¿Qué?!».
—Vine a ofrecerte ser mi alumna. Te enseñaré a ser fuerte, ¡no! Más fuerte que yo, sí. ¿Quieres o no?
No tenía tanta paciencia, si la chica se tardaba demasiado en responderle, se acabaría yendo. Para peor sus subordinados parecían hervir por la simple idea de que él no sólo rechazara Fubuki sino que la invitara a ser su alumna. El grupo de Blizzard no toleró más este malentendido y apartaron a Saitama de la jefa para recriminárselo por separado.
—¡Miss Blizzard no necesita tu ayuda! ¿Quién crees que eres? —Se indignó Pestañas.
—Alto ahí —dijo ella.
Ahí estaba su equipo defendiéndola de cualquier tipo de ofensa por mínima que sea. Ellos le debían mucho a ella, los había protegido de ser consumidos por la competencia y juntos se ganaron una posición privilegiada en la Asociación. Pero le fue imposible no comparar este apoyo incondicional de sus súbidtos con la protección atosigante de su hermana mayor.
—¡Deberías pedirle disculpas y rogar por que te vuelva a invitar al grupo!
—Alto —repitió Fubuki.
—¡Esper-! ¿J-Jefa? —quiso continuar el héroe, pero su superior lo estaba interrumpiendo.
La heroína de aspecto elegante dio un paso al frente y le ordenó a los suyos que dejaran a Saitama en paz. Luego concentro sus ojos en él, levantó una ceja inquisidora y pidió explicaciones.
—¿Tu alumna?
—Sí.
—Jajaja, ¿y qué gano con eso?
—Uh... ¿ser más fuerte que tu hermana?
Fubuki amplió los ojos como si el calvo de pronto desarrollase poderes psíquicos y hubo leído su mente. Ella misma estaba pensando hacía nada de tiempo en su hermana mayor. Si ella fuera más fuerte... no la protegería con tanta efusividad, sería libre.
El equipo Blizzard rechinó los dientes y Lilly que estaba cerca de ahí intervino para que no continuara insultando a Fubuki.
—¡¿Cómo te atreves a insinuar eso?! E-Es un tema delicado para la alianza —castigó la adolescente y los demás héroes bajaron la cabeza apenados por el asunto.
—¡El grupo Blizzard es fuerte! ¡Y no hay enemigo que juntos no podamos vencer, retráctate!
—¡Así es, puede que tu grupo sea prestigioso en nombres, pero ganamos en número y juntos somos el más fuerte!
Saitama no soportaría mucho tiempo oyendo cómo lo regañaban como si fuera un niño malcriado. Estaba a nada de irse por donde entró, pero Fubuki le envió una mirada suplicante.
—Saitama.
—Fubuki.
Ella sonrió inocentemente porque la llamara por su nombre. Todo el grupo rabioso de Blizzard volteó a ver a su reina y no pudieron creer que ella estuviera feliz o al menos lo aparentaba con su sonrisa.
—¿Qué es lo que ofreces exactamente?
—Uh... tengo un dojo, tres alumnos y una lista de compras con lo necesario para hacerte fuerte —explicó él, usando la mínima paciencia que no había menguado para responderle.
—... Está bien.
—¡¿Quééé?! —preguntó todo el grupo unido.
—Iré a ver tu clase... y si satisface mis estándares, le podría dar una oportunidad. ¿Tiene... algún precio? —cuestionó, sumamente dudosa de que el calvo se atreviese a cobrarle por asistir a su clase.
—Pues... no sé, depende. ¿A cuánto está una cena cómoda?
«Me lo temía», Fubuki rio por dentro.
En la puerta del dojo de Bang, cuatro personas estaban esperando en las escaleras de entrada a que su maestro llegara. Aunque no lo admitiría, Speed'o'Sound Sonic vino esperando recibir lecciones de Silver Fang, pues aprendió algunos movimientos útiles en la última clase que de alimentarse le darían mucho poder cuerpo a cuerpo para vencer al mismísimo Saitama. Si tenía que soportar las tontas clases del calvo para lograrlo, lo aguantaría.
Por parte de Genos, gustoso fue para adquirir el conocimiento que su maestro estaba dispuesto a darle. Siguió el entrenamiento que le indicó Saitama, pero sorpresivamente no se sintió más fuerte luego de eso, como si sólo hubiera gastado energía. Claro, no se lo diría a Saitama, incapaz de cuestionar de alguna forma las enseñanzas que le dejó. Pero tenía sus dudas sobre continuar esos "ejercicios" si no le estaban dejando frutos.
Suiryu aunque tarde llegó para su primera clase de verdad. Según lo que dijo su maestro el día anterior, hoy sería una clase en vivo combatiendo monstruos. Podría vengarse de la última vez que un maldito monstruo lo hizo pedazos durante el torneo de artes marciales con la seguridad de que Saitama los acabaría si algo ocurría. Pero los dos alumnos a su derecha no parecían tan entusiasmados, quizás porque Genos era un cyborg y Sonic porque en el fondo no estaba ahí por la clase de Saitama.
Pero los tres coincidieron en que la hermosa mujer a su izquierda de hebras verdosas perfectamente peinadas no parecía del tipo que entrenaría artes marciales. No porque fuese una hermosa mujer, más bien porque trajo puesto un vestido ajustado verde en lugar de ropa de entrenamiento cómoda. «¿Habrá sabido que practicaríamos artes marciales?», pensó Suiryu, maravillado por lo bella que era la dama pero a la vez confundido porque en teoría vino por las clases.
—¡Oh! Clase, llegaron —reconoció Saitama apareciendo por la derecha desde una peatonal, como si saliera de hacer un recado al supermercado.
«Llegó tarde», estuvieron de acuerdo los cuatro.
—¡Maestro, agradezco la oportunidad de volver a tener sus cátedras! —confesó Genos emocionado.
—Me quiero ir a... hacer cualquier otra cosa —murmuró molesto Sonic.
—¿A dónde iremos a entrenar? —preguntó Suiryu.
—¿Alquilaron una habitación aquí? —interrogó Fubuki.
—No te emociones. Te oí. A la otra cuadra. No —respondió a cada uno.
—¿Cómo no? —cuestionó ella.
—Es el dojo de Bang —respondió casual.
«¿Q-Qué? ¿Aquí enseña Silver Fang? Woah, ya me parecía muy agradable para ser obra de Saitama», comprendió al instante la heroína. Por otro lado, Saitama vio a sus alumnos y sin más que decirles, se los llevó por la ciudad en busca de peligros.
—Si no hay monstruos, puedes fingir que soy uno y pelear conmigo —bromeó Sonic.
—No te conviene —razonó Saitama siendo justo, pero al ninja le sonó como provocación.
—¿Esto es normal de la profesión heróica? —quiso saber el luchador moreno que estaba interesado en volverse un héroe.
—Los patrullajes son esenciales para subir de rango en la Asociación y percibir ingresos mensuales mayores —respondió Genos, al instante vio a su maestro para recibir su aprobación.
—Seh —dijo el calvo desinteresado.
«¡Sí!», pensó extasiado el cyborg.
—Este demente habla de patrullar siendo rango S —farfulló deprimida la heroína clase A.
La ciudad Z por fin despertó y recibió un nuevo día. Mientras las personas salían de sus hogares para atender sus tareas, una masa de lodo comenzó a burbujear en la bajada de una colina. Esta adquirió relieves como garras y se irguió en una forma humanoide ante la vista horrorizada de un niño pequeño que jugaba en los columpios cercanos.
—¡M-M-Mamáááááááááá!
—¡Gyejekejekejeke! ¡Humanidad putrefacta! Soy Drainage King y drenaré cada esperanza de sus ojos. ¡He tomado poder de todas las tuberías de la ciudad y ante solo un pensamiento puedo hundir sus vidas en las profundidades fétidas de las cloacas! ¡Cumplan mis exigencias para poder vivir! ¡Primero, quiero una esposa humana que sea modelo! ¡No escatimen! ¡Luego, una fortaleza solitaria para mí y mi...
De un puñetazo pasajero, Saitama dio fin al discurso interminable del monstruo. Probablemente era un nivel considerable de desastre, pero no tuvo oportunidad de mostrar su valía hasta que fue reducido a un charco sucio. El barro que golpeó Saitama se esparció por todo el área como un nube de polvo amarronado.
Cuando sus alumnos lo vieron sin comprender: —Estaba en el camino y eso era más fácil que rodearlo —se excusó y sacudió los hombros.
«¡Pero-! ¡Lo liquidó de un golpe! Serían necesarios al menos cinco héroes clase B para acabar con esa cosa. N-No, me estoy confiando demasiado, unos diez», pensaba Fubuki, impresionada por la habilidad del calvo.
Y él caminando tan contento.
—¡Ay! Es cierto, ustedes deben ser los que se pongan a prueba. Claro, claro. Uh, irán al frente y limpiarán la zona de todo monstruo que se cruce. Si es demasiado poderoso, me silban y voy —ordenó como buen maestro.
Aunque en el fondo lo veía como una oportunidad de buscar rivales, tampoco era tonto.
—Planeó una estrategia tan rápido... maestro —dijo orgulloso Genos.
—¿A ustedes les pagan por matar a esas cosas? Espero percibir mi parte del trabajo entonces —se defendió Sonic.
—¡Descuide, maestro! Ya estoy en ello —aseguró Suiryu con una sonrisa.
—E-Eh... ¿bueno? —habló con dudas la heroína, nunca había hecho patrullaje, no desde que abandonó la clase C.
La escuela del Puño Plano se dispuso a cumplir su patrullaje. En esa misma calle un chicle de la carretera que fue atropellado por el centésimo automóvil de su vida se cansó y se expandió en un monstruo rosa de burbuja de chicle. Era una esfera fucsia de dientes muy afilados y ojos negros muertos, con una huella de llanta en mitad de la cara.
—¡Soy Gum Bum... —comenzó a decir, pero fue atravesado por un rayo de energía azul cargado por Genos.
No resistió el impacto y se desgarró en láminas rosas. Por su parte, Suiryu y Sonic continuaban su camino. El ninja caminaba a paso despreocupado, sin intenciones de participar de esa tonta clase. Mala fue su suerte que una manada de mapaches mutantes de tres ojos le saltó al cuello y fue sólo por su velocidad que lorgó evadirlos. Antes de poder objetar, el artista marcial de la piel bronceada contrajo su pierna en el aire y en un giro espectacular hundió en el asfalto a los nueve o diez mapaches desquiciados.
—Por favor, dime que eran monstruos —pidió Suiryu, no queriendo herir a unos animales callejeros al azar.
—¿Es un chiste...? ¡Tenían tres ojos! —habló un humillado Sonic.
No sólo un aficionado cualquiera lo superaba en velocidad, ahora un adolescente con el torso vendado decoraba el pavimento con una banda de monstruos antes de que pudiera defenderse solo.
—No pienses que te daré las gracias —advirtió el velocista, que por su orgullo herido se unió a la clase y empezó a buscar a la velocidad del sonido enemigos a la redonda.
—... ¡Jaja! Qué simpático.
Genos y Suiryu continuaron para acabar en las próximas dos calles con un muñeco de nieve malvado que buscaba asesinar niños y un pulpo-jaguar que escupía fuego y sólo Dios sabía qué circunstancias le dieron la vida. Fubuki vio cómo se las arreglaban ellos dos por su cuenta; se sintió terrible y profundamente débil. Débil como la vez que fue derrotada por el Equipo Saitama y tuvo que pagarles una cena. Débil como la vez que Child Emperor desarrolló un lector de poder y la clasificó por debajo del rango C. Débil como toda su infancia cuando su hermana Tatsumaki la salvaba de las burlas.
«Odio esto».
Si su grupo Blizzard estuviera ahí, le darían esa sensación de grandeza que ellos adoraban proporcionarle. No se sentiría tan débil.
—¿Pasa algo? —preguntó una voz detrás.
La heroína se giró para ver cómo Saitama la observaba con un deje bastante sutil de preocupación. Él era incapaz de notar su inseguridad, así que Fubuki descartó que se tratara de eso. Nadie se había dado cuenta de esos miedos que tenía sobre su propia fuerza, nadie. «Es algo con lo que debo lidiar yo sola».
—Oye, Fubuki, no me respondiste —insistió el calvo, llamándola por su nombre correcto de nuevo.
Ella por alguna razón desconocida sonrió un poco por eso. Segundo siguiente regresó a su rostro indiferente.
—Estoy espléndidamente, ¿qué te hizo creer lo contrario? —espetó tajantemente.
—Murmurabas sobre Child Emperor y Tatsumaki por cerca de treinta segundos mientras mirabas a Genos y Suiko a la lejanía.
«Es Suiryu», corrigió en su cabeza ella.
Saitama señaló al horizonte donde esos dos seguían compitiendo por cazar monstruos como si eso afianzara su argumento.
...
...
«Espera un momento».
—¡¿M-Me escuchaste?! ¡Pero fue un pensamiento! —preguntó desesperada, nadie podía saber de su complejo.
Tomó a Saitama de los pliegues de su ropa y lo acercó para encararlo.
—¡Prácticamente me lo gritaste! Pensé que me lo estabas contando a mí, pero no te callabas y entendí que era un pensamiento en voz alta, excepto que no estabas sola para oírlo.
—¡¿Y no se te ocurrió dejar de oír?!
—¡Haberlo pensado antes de hablar!
«¡No puede ser, no puede ser! Ahora se lo dirá a todo Blizzard y me odiarán por haberlos usado para satisfacer mi orgullo roto. Maldición, todo el imperio que levanté se desmoronará en mis manos. No volverán a hablarme y me quedaré sola... solo tendré a mi hermana, de nuevo y mi vida será un infierno».
—¿Te calmaste? —preguntó Saitama, para ese momento Fubuki ya lo había soltado.
—¿E-Eh?
—No sé qué te sucede, pero si estás mejor puedes regresar a la clase —dijo su "maestro", con la actitud de uno de verdad.
«¿N-No... no harás nada con esa información?», preguntó en su mente Fubuki.
—Bueno, vamos, no queremos quedarnos atrás —indicó él y comenzó a trotar lo más suave que pudo en la dirección que se perdieron Genos y Suiryu.
—¿Ya está?
—¿Eh?
—¿No... no piensas usar lo que escuchaste?
—¿Qué cosa?
Fubuki no supo si fingía ignorancia o realmente no lo escuchó. Cualquiera de los dos escenarios la reconfortó y le subió el ánimo en una ligera dosis. «Te estás tomando en serio lo de ser mi maestro, ¿no?».
Saitama se quedó sin ideas y llevó a su clase a una lección al aire libre. Qué inovador.
