005 | EQUIPO SAITAMA


La vida de un héroe está llena de riesgos. Sin problemas puedes despertar un día y tener que enfrentarte a una pandilla de gatos radioactivos con habilidades karatecas. No es nada raro para la vasta mayoría de héroes. Pero eso no quita que sea indeseable. Lidiar con el cabello pegajoso por baba de un caracol gigante explosivo y la ropa rasgada por hechicero que convoca tornados de aceite. Un ciudadano de bien no debería lidiar con eso, no.

«No debería», concordó el más fuerte ser humano reconocido sobre la Tierra en términos de capacidad destructiva, King, héroe clase S, rango 7. Ahora mismo estaba dándole tiempo a su enemigo de prepararse mientras él meditaba en un baño químico. Así es como trabaja la élite del heroísmo.

—¡King! ¡He viajado desde la Ciudad P para enfrentarme a ti... en un duelo de cabezasos! ¡Te recuerdo que soy Unwarning Headache! —exclamó un hombre trajeado como un boxeador del siglo pasado y con campanas en lugar de ojos. Sí, los monstruos eran siempre así de raros—. Puedo sentir el King Engine desde aquí, ¡no lograrás asustarme!

«No es justo que sea tan difícil», pensó King, esperando un poco más.

Con suerte algo pasaría y otro héroe lograría distraer al monstruo. Su conciencia no acababa de contentarse con estos desenlaces, pero no tenía de otra. Era aguardar a los refuerzos o morir aplastado por un guante de boxeo.


Lejos de ahí, los alumnos de Saitama recorrían las calles de Ciudad Z.

—¡Genos! ¡Algo me dice que eres el discípulo favorito! ¿Eh? ¡Te reto! —habló Suiryu, patrullando en busca de enemigos con mucha prisa.

—El maestro no necesita una exhibición de sus al- ¿Qué estoy diciendo? Eso le sería de mucho valor documentativo... ¡Dime un día y un lugar!

Ambos mantenían una carrera improvisada por llegar al siguiente monstruo. En breve habrían recorrido la mitad de la Ciudad Z, limpiándola de todo monstruo.

—¡Ahora! Llevo quince victorias hoy, incluso más si contamos a ese grupo de mapaches. ¿Cuánto llevas tú?

—... Calculando... Veinte.

—¡Entonces, el que alcance veintiuno primero será el nuevo favorito de Saitama! —Sonrió esquivando un par de automóviles para seguir corriendo.

—No veo riesgo para mí, sólo necesito una baja más para ganar —razonó Genos, insatisfecho con la dificultad disminuida.

—Entonces no tienes que preocuparte, jeje. ¡No vayas tan confiado...! Ah. ¡Mira, ahí hay un monstruo!


Las personas se escondían debajo de los autos, detrás de bocas de incendios o encima de las fuentes de agua. Todo aquel que fracasó en esconderse temblaba de miedo mientras el monstruo de pelea, Unwarning Headache, amenazaba a King con tomar rehenes si no se presentaba a la pelea.

—¡Te daré un round! Eso es, tres minutos hasta que la primera cabeza ruede a los pies de tu escondite. ¡Sal de tu vestidor público y enfrén...

Las vísceras volaron cuando un par de puños atravesaron a la criatura humanoide. Como si se encendiera un interruptor, la muchedumbre que observaba la situación no pudo evitar con alivio suspirar a coro por que todo se resolviera.

—Bueno, Genos... Le di, ahora me faltan cinco —aseguró viendo el cielo como si saboreara una victoria crucial.

—¿Qué? Mi memoria portátil no miente, fui yo quien acabó con el monstruo catorce milisegundos antes que tú. No me hagas reír... aunque tampoco es que pueda.

—¡¿Qué?! No, no, no, lo sentí en mi puño. El gigante ese estaba intacto cuando lo golpeé, tú ni lo habías rozado.

—¡Serás! Qué necedad. He rememorado la grabación del evento unas diez veces ya y a seis variedades de velocidad de reproducción distintas. En ninguna lo golpeas primero.

Mientras Genos y Suiryu discutían, King sintió que se fue el peligro y salió de su búnker. El enemigo fue neutralizado y su vida salvada, para su suerte. Pronto, la gente no tardó en proclamar con todo fervor que King distrajo al monstruo para que los dos jóvenes lo liquidaran. «Por más que intente, no puedo evitar recibir el crédito. ¿Qué clase de maldición me persigue?».

Otro desenlace donde él ganaba fama sin haber hecho nada. Comenzaba a volverse cansador. A los pocos segundos y mentras los dos discípulos todavía debatían, Saitama y Fubuki llegaron por el alboroto. El calvo sintió en su interior que debía hacer algo cuando sus alumnos empezaran a gritarse.

—¡Atención! Eh... Genos, Suitan, al rincón a pensar —ordenó y rostro se volvió serio.

—Es Suiryu, maestro. Si va a confundirse, al menos diga "Suiko" y progresamos un poco.

—¡¿A qué rincón, maestro?! Hay cuatro esquinas en esta avenida —cuestionó diligente el rubio.

—Hombre... No me hagas pensar, ve a la más cercana.

—¡Las cuatro esquinas de un cuadrado son equidistantes al centro, maestro! ¿Acaso considero un cuadrado cuyo centro no sea mi posición actual?

—Guh... Mejor retiro el castigo —decidió muy inteligente.

La mujer esper vio esto confundida, Saitama era mejor maestro cuando no lo intentaba, por raro que se oyese. Después de que Saitama deshiciera su orden, Fubuki miró a King cerca de ahí. Este no parecía con intenciones de irse. Hasta donde ella sabía, el héroe clase S más reconocido por el público sólo pasaba por ahí y dejó que Genos y Suiryu se cargaran al monstruo malo.

—Ah, King, estás ahí —notó Saitama, regresando a su estado tranquilo.

—Agradezco que perdonara mis pecados, maestro —dijo Genos.

—Tómalo con calma, muchacho —aconsejó Suiryu, avergonzado.

—¡E-Eh, Saitama! Ja, qué casualidad... Todos aquí —saludó King, viéndose como un tipo rudo recibiendo la visita de un hermano de armas.

«Ya veo. King-san no sabe de las clases de Saitama. Hm, de todos modos dudo que tenga algo que enseñarle, es un héroe de élite. Podría aprender mucho de él, observándolo. Aunque sea en las pocas ocasiones en las que aparezca», pensó Fubuki.

«U-Uuh... Qué estrééés. ¿Por qué hay tantos tipos fuertes reunidos? ¿Y ese moreno no lo vi en alguna parte? Parece un adolescente de preparatoria, pero derribó a ese bicho tan aterrador. Porque claramente le pegó primero, no Genos. Quiero llegar a casa y desempolvar alguna novela visual, uno de los clásicos», pensó King.

—Bueno, veo que mi ayuda... ya no es requerida, nos vemos —despidió y giró sobre sus pies tan rápido que levantó polvo, no se aguantaba las ganas de irse.

—¡Hey, King!

—¿Hm?

«¡Déjame ir, Saitama! ¡No me quedaré a que llegue más gente poderosa, no más! Si quieres que te preste un videojuego lo pides por mensaje, ahora no. Quiero irme ya».

—Únete a mi dojo.

—...

«¿Eh? Creí haberme limpiado los oídos antes de salir hoy. Ja, nunca me pasó de escuchar algo y entenderlo tan diferente. Mejor dejo que lo repita a ver qué es lo que dijo. Es imposible que haya dicho...»

—¿Te unes a mi escuela de artes marciales o no? No me hagas usar muchas palabras, caramba —insistió Saitama.

—¿A?

«¿Aaaaaaaaaaah? ¿Q-Q-Qué dijo? ¿Desde cuándo Saitama tiene una escuela? ¿Cuándo pasó esto?».

—S-Saitama, dudo que acepte... Es un héroe clase S, no necesita nada que ofrezcamos —le paró los pies Fubuki, nerviosa por lo menos.

—Claro que acepta, está en el equipo

—Tener a King de alumno subiría el prestigio de nuestra escuela, buena elección, maestro —acertó Genos.

Suiryu, que estaba alejado del mundo heroico hasta ahora pero tenía la cultura para conocer a King, estaba impresionado por lo calmado que se dirigía Saitama a una celebridad. Sin dudas era un tipo fuerte.

—King, ¿aceptas? Di que sí o di que no —preguntó Saitama, dispuesto a irse con su clase.

«De acuerdo, tranquilo, dile que no educadamente y retírate de una buena vez. No pintas nada aquí», meditó sabiamente.


...

«¡¿Q-QUÉ PASÓ?!».

King, Genos, Suiryu y Fubuki patrullaban al atardecer mientras Saitama los observaba desde atrás. De alguna forma que no lograba entender, el hombre más fuerte con vida aceptó unirse al dojo del calvo. Este acontecimiento le trajo estremecimientos por las próximas horas, pero todos creyeron que era el King Engine actuando. No hubo mayores complicaciones y en total lograron ocupar media Ciudad Z, abarcando unos cincuenta monstruos. Fubuki en persona aseguraba para sus adentros que en sus mejores días el grupo Blizzard no pasaba de los treinta y los equipos de patrulla eran de más de diez héroes. Genos y Suiryu compitiendo ya superaron a su mafia heroica. Aunque desapercibida, ella contribuyó venciendo a dos monstruos.

«Realmente estoy detrás de ellos, ¿no?», pensó. Esperando no haber cometido el error de pensar en voz alta dos veces, vio en la dirección de Saitama para recibir su reacción. Casualmente, él miró en la dirección de ella como parte de su clase y las miradas se cruzaron. Esto al calvo le pareció extraño, «¿Acaso me ha estado mirando sin que lo notara?». A Fubuki la inundó una terrible vergüenza.

—Buena clase la de hoy, alumnos —opinó Saitama, complacido.

—Eh, ¿ya está? Pero no nos has enseñado nada todavía —intervino Suiryu.

—Maestro, gracias por dedicar su tiempo a nosotros —agradeció de corazón Genos, tapándole la boca al artista marcial moreno para que dejara de quejarse.

Ambos comenzaron a discutir poco después.

—Uh, Saitama, ¿así concluyen todas tus clases? Mira que si no me voy satisfecha, no volveré a venir —advirtió Fubuki, realmente insatisfecha.

—Fua... Bueno, no se pongan así. Si vienen mañana, no, pasado mañana, les enseñaré... esto... mi libreta —prometió nervioso.

Los radares de Genos se dispararon y torció el cuello con furia para ver a su maestro.

—¿Tiene libreta, maestro?

—Sí, claro, era una lista de compras, pero anoté mi rutina de entrenamiento en ella. Se las daré y podrán alcanzarme algún día. Aunque bueno, Genos, creo que a ti no te funcionará —explicó rascándose la calvicie.

Cada rostro era un poema por sí solo.

Genos brilló en júvilo y supo en su corazón que había llegado a la próxima etapa de su entrenamiento heroico, lograría recibir las lecciones avanzadas de Saitama y ganar la fuerza necesaria para enfrentar al androide que arrasó su aldea. Aunque no pudiera seguir las instrucciones de la libreta, pues su entrenamiento no era tanto físico sino mental, algún que otro aprendizaje obtendría.

Suiryu se frotó las manos entusiasta. Si todo salía bien, volvería a retar a un combate a Saitama pronto para ver qué tanto había mejorado desde su última vez. En el dojo con su hermana no habría podido conseguir la planilla de entrenamiento del calvo. También se preguntó qué clase de entrenamiento siguió.

Fubuki quedó boquiabierta. Desde que conoció a Saitama, nunca esperó que revelara tan tranquilo sus secretos para la fuerza sobrehumana. Si conseguía ese poder, incluso su hermana no sería un oponente imposible. «Tal vez estoy sobrevalorando este entrenamiento... pero si fuera posible». Vencer a Tatsumaki era motivación suficiente para volver a venir a las clases de Saitama.

King, que se mantuvo aislado todo el patrullaje, de pronto abrió los ojos de par en par. Había oído que Saitama se sometió a un entrenamiento infernal, mas jamás recibió los detalles pertinentes para recrearlo. No tenía la voluntad para llevarlo a cabo, pero su curiosidad picó lo suficiente para plantearse asistir a las clases. Aunque su cobardía le impediría pasar del umbral de la puerta.

—Es asombroso, maestro, así valió la pena patrullar —dijo Suiryu, sonriente.

«Podría finalmente vencer a Suiko con el entrenamiento que hizo Saitama... Desde que tenemos ocho no he vuelto a vencerla, se volvió bastante engreída, hm».

—Entonces, si no hay más para agregar, eh, ¿no me faltan alumnos? —habló Saitama, en su cabeza algo no andaba bien.

—¡Maestro Saitama! —llamó Suiryu con un aura angelical.

—¿Huh?

—No quiero compartir esa libreta con estos tipos —pronunció aún sonriente, lo que irritó a Genos y descolocó a Fubuki, que por fin estaba despertando interés en la clase.

—¿"Estos tipos"? No puedes impedir que Saitama nos... eh, enseñe... sus métodos —se quejó la psíquica, pero tampoco quiso demostrar que pensaba volver a asistir al dojo.

—El maestro es un alma caritativa que no sucumbirá a tus pretensiones egoístas, el conocimiento del Puño Plano debe ser común a todos los discípulos. ¡Lo dice en mis apuntes de clase! —contradijo Genos, ofuscado.

—¡¿Por qué siquiera sacaste apuntes?! —chilló confundida Fubuki.

—¡Bah! Así no es entrentenido, quiero sacar ventaja de ustedes. Al único que le permito ganarme cuando se trata de artes marciales es quizás a mi hermana y a ti, Saitama. Tienen eso en común.

—El comentario final está sobrando —dijo el maestro, indiferente.

En su interior pensó: «Pero un momento, si los pongo a competir para ser quien lea la libreta, que no tengo idea de por qué les despierta tanto interés, podría separar al "mejor" del resto de la clase. Así aceleraría la selección de aquel que me haga sentir algo al pelear. ¡Un alumno al que dedicarle más tiempo! Eso es».

Mientras los discípulos debatían por la libreta, Saitama dio un paso al frente y detuvo la charla.

—Se cancela la próxima clase.

Con la mirada nublada, Genos se llevó la mano al pecho: —¡¿Eeeh?! Maestro, que su mente no considere las palabras tercas de... no sé su nombre. ¡Él quiere separarnos!

—No lo hagas sonar tan raro, hombre —pidió Saitama, apenado—, la clase se cancela porque necesitarán tiempo para ustedes. En una sem- No, en un mes organizaré un Torneo de Puño Plano.

Genos recompuso su postura: —¿Torneo...?

«¿Nos harán pelear? Aaaaagh, definitivamente no vendré de nuevo», pensó King, asustado.

—El que gane será el primero en tocar la libreta y es su decisión compartirla con quien sea. Pueden informarme de su participación para cuando llegue el momento. Fubuki, Genos, Suiko, King y... ¿Sonic? Sí, ese también, ustedes tendrán que demostrar que merecen este conocimiento más que cualquiera. ¡Y ya me cansé de hablar tanto, carajo, saben que me estresa!

Un grupo de pisadas sonaron a la vuelta de la esquina. Alcanzando esta calle donde dialogaban, un hombre sudoroso y cansado recobraba aliento mientras dejaba caer una pila de cabezas de monstruo a sus pies. Con su ninjato ensangrentada y su cabello revuelto, Speed-'o'-Sound Sonic regresaba de su patrullaje. Con media Ciudad Z a sus espaldas, cruzó las cejas y se rio por lo bajo.

—Media ciudad para ustedes... y media ciudad para mí. Creo que yo merezco esa jodida libreta —declaró confiado.

Fubuki abrió la boca y la cerró de sorpresa: —M-Media Ciudad Z... ¿Tú estabas patrullando también?

—En solitario, qué ineficiente de tu parte —dijo Genos.

—¡Ja! De pronto se puso interesante —habló Suiryu, quien tenía en mente desde antes un torneo entre alumnos.

Sonic vio a Saitama a los ojos y con determinación dictó sus deseos.

—Yo recibiré esa rutina de entrenamiento. Verás cómo me vuelvo más rápido que tú... Sólo espera, calvo.

El cyborg levantó el dedo contra el ninja: —¡Irrespetuoso!

Para sorpresa de todos, Saitama sólo rio. Una risa sincera.

—Ahora sí, cada uno a su casa.

Todos los que esperaban poseer la libreta o bien perdieron sus ganas o bien encontraron más emoción aun en el proceso. Fubuki vio a King temblando a un lado de Genos y tragó saliva. «Enfrentarme a héroes clase S... ¿Cómo podré prepararme para eso?». El propio King en realidad temblaba de los nervios, en su mente ya decidió no asistir a torneo alguno.

—Entonces nos vemos, serás mi oponente final, Saitama —juró Suiryu, con su radiante sonrisa.

Cada quien se marchó por su lado. Perdiéndose de vista el uno con el otro. La clase concluyó entonces y Saitama, que se iba junto a Genos, le dijo de paso: —Mejor tú organiza el torneo.

—Me lo temía —confesó el rubio.


Suiryu regresaba a su hogar con el espíritu ardiendo, cuando le llegó un mensaje al teléfono.

—¿Eh? Ah, es Suiko.

8 llamadas perdidas de [Hermanita ʕ•́ᴥ•̀ʔっ ]

—Ups.

A Saitama le duró poco la paciencia y decidió poner a pelear a sus alumnos.