¡Hola! ¡Yo por aquí de nuevo! Hemos llegado al final de la versión de Gladio de su vida y por fin, empezaremos con la excursión al Ultraespacio… ¡Así que celebraré con las reviews anónimas! (Responderé reviews de usuarios entre hoy sábado y mañana domingo, tengo algunas joyitas por ahí).

PendulumGear: Al parecer, muchos de ustedes odiaron a Lusamine por todo lo que hizo sufrir a Gladio y no es para menos ya que yo mismo sentí por un momento que tal vez se me pasó la mano con el pobre rubio pero al final decidí que estaba bien. Pienso que era necesario para que Lusamine fuera una villana creíble, resaltando de los "demás" (espero no estar sonando egocéntrico, ya que sé que mi Lusamine no es para nada perfecta) y dándole su cierta presencia, así como intentar justificar por qué Gladio es cómo es.
A mí, mi Gladio siempre me ha gustado, no por cómo era originalmente, sino que es por todo lo que tiene para aprovechar y explotar. Créeme cuando te digo que el Gladio del inicio no será para nada igual que el Gladio que veremos después. Siento que entre mis manos, tengo el potencial de crear un buen desarrollo de personajes. Espero aprovecharlo al máximo. También algo que me gusta de mi Gladio es lo mucho que ama a Lillie y todo lo que da por ella, aunque él es una mala persona, sólo Lillie puede volverlo alguien decente porque no hay nada que Gladio ame más en esta vida que su hermanita menor.
No he visto la película, principalmente por el estilo de arte (aunque vi Sun&Moon aunque al inicio no me convencía el estilo pero me terminó enamorando así que tal vez debería darle una oportunidad…). Al igual que tú, no siento que pueda aportar mucho más que la original (salvo que en esta si respetan la tabla de tipos) y sobre el doblaje… Creo que el doblaje latino es realmente bueno pero principalmente en juegos, películas y series pero en el anime no es realmente destacable (claro que tenemos joyitas como las de Laura Torres en Dragon Ball con Gohan y Goku). Siento que al querer imitar los ruidos japoneses, se escuchan algo tontos y realmente se siente raro… Por ejemplo, odio el doblaje de Pokémon y algunas veces, llego a no querer escuchar ciertas expresiones de Mario Castañeda como Goku (que aclaro, sus trabajos como Bruce Willis, Jim Carrey, etc, son muy buenos, no le quitemos mérito al hombre).
¡Tu review fue muy buena, eso te lo aseguro! Gracias por tus palabras y espero que mi inspiración también pueda ir a su cien por cien.
¡Hasta otra!

NesRedTrebol: No sé si sea un genio, pero definitivamente me esfuerzo (lo de las cronologías en serio me rompe la cabeza XD).
Lo de las chapas o corcholatas también es algo que he visto aquí en México Mágico, pero era un castigo que dejó de hacerse desde la época en la que mi mamá era una niña (claro que a ella ni a nadie de mi familia les aplicaron ese tipo de castigos).
Lillie tuvo sus castigos, claro que sí, pero los de ella los relataremos después.
En fin… ¡Alola, Nes!

Ahora sí, paseen a leer si gustan.


—Es una bastarda-Roto…

La voz de RotomDex hizo a varios presentes espabilar, coincidiendo todos con lo dicho.

—Al fin dices algo correcto, máquina— dijo Gladio, sacando una bolsa de Pokéhabas de su riñonera.

Nadie más parecía querer hablar hasta que Ash, quien sujetaba la mano de Lillie, tomó la palabra.

—Iremos por ella— afirmó con el ceño fruncido. Selene y Elio (quien acababa de llegar de vomitar) asintieron de inmediato. Si el jefe lo decía, ellos lo hacían—. Debe pagar por todo lo que hizo. Por todo lo que les hizo.

—Es el plan— el rubio se crujió los nudillos—. Es el jodido plan.

Hau se sintió un tanto dudoso. Era cierto que esa mujer era su suegra (bueno, en sus sueños lo era), pero había hecho cosas horribles, sobre todo a Gladio…

Lillie había comenzado a dejar de llorar y en silencio, se limpió las lágrimas. Miró a su hermano.

—Gladio…, perdóname… Si yo tan sólo hubiera hecho algo más… Si tan sólo hubiese sido más atenta a esa edad, estoy segura de que…— la temblorosa voz de la rubia se vio interrumpida.

—Lo haría de nuevo sin dudarlo— dijo Gladio sin cambiar su semblante en lo más mínimo—. Vale la pena morir por ti. Tú vales la pena siempre.

La rubia sintió como sus lágrimas amenazaban con volver a salir pero las contuvo.

—Te amo, hermano— le dijo, con toda la sinceridad de su corazón.

Gladio sonrió y su mirada se suavizó, algo que raramente pasaba.

—También te amo, Lillie— respondió sin dudar.

Elio y Selene voltearon a verse. Se sentían realmente identificados.

—¿Qué harás cuando la tengas en frente, Gladio?— Hau, quien por fin se unía a la conversación, lo miró fijamente— Cuando la derrotemos, estará totalmente indefensa, sin Pokémon que la apoyen. ¿Qué harás en ese momento?

Todos voltearon a ver a Hau.

Gladio había dicho que haría volver a Lusamine y que se aseguraría de que fuera encarcelada, pero nunca había mencionado las condiciones en las que la regresaría.

Lillie se sintió nerviosa. Su hermano había sufrido un infierno y eso hacía que despreciara a su madre, pero, por algún motivo, ella realmente creía que su madre podía volver a ser la de antes…

Ash no dijo nada. Por mucho que no le pareciera la idea de que Gladio dejara casi muerta a Lusamine, era la misma situación que con Hau. Sólo ellos elegirían su camino, el cual los definiría como seres humanos.

Gladio le devolvió la mirada a Hau.

—No saldrá limpia de ahí— aseguró.

Todos se quedaron callados por el simple hecho de que nadie podía reprocharle nada.

Lo que Gladio le haría a Lusamine no sería nada comparado con lo que Lusamine le había hecho a Gladio.

Nadie supo que más decir.

En una situación así, casi nadie sabe que decir.

Excepto Ash.

—Será tu decisión, Gladio— le dijo—. Apoyaremos lo que quieras hacer. Esta es tu misión y lo que tanto has ansiado, no podemos hacer nada que no sea respetar tus decisiones.

El rubio pasó su mirada hacia él, notando que la mano del azabache estaba unida con la de su hermana.

Gladio agradeció internamente eso. Agradecía que fuese él quien reconfortara a Lillie.

—Gracias, Ketchum— expresó su gratitud, algo que dejó sorprendidos a todos, sobretodo porque había sido a Ash.

Ketchum le sonrió.

—¡Para eso están los amigos!

Gladio no dijo nada y simplemente volvió a ver el fuego.

Respetar las decisiones, ¿eh?... Aunque Ash no lo sabía, había dado justo en el clavo, ayudándolo a aclarar su conflicto interno.

Él era el hermano de Lillie y por mucho que no le gustara, debía apoyar a su hermana en su camino por volverse más fuerte. Él mismo lo había hecho antes, ¿no?

Levantó la cabeza.

—Ya hablamos de Lusamine, ahora hablemos de su aliado y todo su sequito— todos tragaron saliva—: Guzma Kiauka, líder del Team Skull.


En su último año en la Fundación Aether, Gladio se había hecho realmente temerario, escabulléndose de la mansión todas las noches, en altas horas de la madrugada.

En el lapso de los trece a catorce años, cuando recibió golpizas cada dos semanas, él se había hecho muchísimo más fuerte en cuanto a pelear se refería.

Lo que para Lusamine fue una tortura, terminó siendo algo que benefició a Gladio.

Hizo varias misiones de exploración, recibió ayuda de dos adultos a los que realmente estimaba y finalmente, trazó un plan para un día, poder destruir toda la reputación de su madre.

Hacía pocos minutos se había despedido de su hermana menor, jurando volver por ella.

Finalmente, el plan se llevó a cabo. Llegó de los laboratorios, adentrándose en lo más profundo, a un lugar que sólo había visto pero al que nunca había entrado. .

Utilizando una larga túnica negra con capucha que confeccionó con ayuda de Lillie (quien no era la mejor, pero sabía hacer cosas simples de costura), logró noquear a uno de los investigadores que estaba en el laboratorio secreto de Aether y con su tarjeta accedió al lugar.

Para suerte de Gladio, no había nadie más ahí por lo que podía proceder a actuar.

A toda prisa, buscó las cosas que Wicke le mencionó y las encontró todas.

No se dio el tiempo de leerlas pero si de imprimir los archivos correspondientes.

En cuanto llegó a una zona específica, se quedó congelado.

Por aquel entonces, Gladio no se imaginaba que uno de los seres criogenizados ahí presentes se convertiría en su leal Silvally.

El rubio sólo había escuchado cosas de la criatura de parte de Wicke, sabía que sería algo raro, pero de todas formas se sorprendió en demasía.

En cuanto la sorpresa se fue, llegó el enojo.

Sabía lo que su madre hacía con los Pokémon que le gustaban y eso simplemente lo repugnó aunque, internamente, se sintió feliz.

Ya no vería a Lusamine nunca… El infierno se había acabado… Era libre…

Esos pensamientos se fueron de su cabeza cuando recordó la cara de su hermana menor. Frunció el ceño.

Definitivamente volvería a ver a Lusamine, pero sólo para darle una paliza con ayuda de sus amigos Pokémon.

Entonces, pasó. La alarma se activó.

Gladio se puso en alerta máxima, sintiéndose realmente nervioso.

El computador se encendió de pronto, dejando escuchar una voz.

¡Señorito!— llamó Wicke— ¡Lo siento por activar la alarma, es la única forma de que no descubran que usé este computador para ayudarlo!

Gladio lo entendió. Sería muy sospechoso que Wicke fuera la única en la sala de cámaras y no viese al ladrón en la zona más protegida. La alarma debía darse sí o sí.

¿Qué hago ahora, Wicke?— preguntó Gladio, comenzando a ver hacia todos lados.

¡No hay tiempo, señorito, evidentemente nos quedamos sin tiempo!— exclamó— ¡Tome los archivos resaltados en las estanterías y tome uno de los Código Cero!

Gladio asintió aunque Wicke no pudiera verlo y obedeció, con rapidez, guardó todos los archivos en la mochila que llevaba puesta (la cual había sido preparada por Hobbes y escondida para que sólo él pudiera encontrarla al salir de la mansión), junto con los demás.

Gladio miró atentamente a todos lados y reconoció entonces a uno de ellos. A aquel con la máscara derretida. Muchos recuerdos pasaron por su cabeza, como si se tratara de una rápida secuencia de imágenes.

El rubio solamente sabía que ese Pokémon lo había ayudado en un punto.

¡Señorito!— volvió a exclamar Wicke— ¡Dese prisa, por favor!

Por las prisas y la presión, Gladio eligió al del centro.

¡Ahora, rápido! ¡Recuerde el botón que se utiliza para emergencias que, evidentemente, son urgentes!— le recordó la mujer.

Gladio inmediatamente fue a la pata superior, tres centímetros antes de tocar el suelo, sintió un pequeño cuadrado con una textura diferente al resto de la mesa, lo removió y presionó el botón que se escondía ahí.

El suelo sobre donde estaba la mesa se abrió, dejando ver un largo tobogán.

Gladio estuvo por saltar en él, pero justo entonces, se detuvo.

¡Wicke!— llamó, poniéndose un tanto rojo.

La empleada, que desde los monitores estaba realmente nerviosa porque veía como los empleados se acercaban, volvió a hablar.

¡S-Señorito, debe irse y…!

¡Me gustas mucho!— exclamó, para luego, volverse a girar— ¡Sólo quería que lo supieras! ¡Agradécele a Hobbes de mi parte y gracias también a ti! ¡GRACIAS POR TODO!

El rubio saltó en el tobogán, el cual, luego de unos segundos, volvió a bloquearse.

Lo último que escuchó fue un: "¡Repítamelo cuando sea tres años mayor!".

Gladio se deslizaba a toda velocidad por lo que se puso la mochila enfrente.

Tras un largo trayecto, llegó al final. El muro contra el que parecía, chocaría, se abrió, haciéndolo salir directamente en el embarcadero.

Se tambaleó un poco y luego, corrió hacia el lugar donde todo estaba preparado. La cuarta lancha del embarcadero, la cual era especialmente rápida, además de ser "convenientemente" la única que no estaba en "mantenimiento".

Corrió a toda velocidad hacia su destino y en el proceso, la capucha se le cayó por el viento.

Justo cuando estuvo por arribar en la cuarta lancha, un tipo se le puso enfrente.

Por lo que parecía, no era menor que Gladio ni dos años, tal vez era de la edad de Lillie o unos meses mayor (tenía catorce segurísimo, ya que era la edad en la que podían aspirar a un puesto). El rubio notó el miedo en su rostro.

¡A-Alto ahí!— gritó, señalando con un índice— ¡N-N-No dejaré que te lleves el bote, incluso si tengo que p-pegarte! ¡Pero no lo hagas! ¡No m-me obligues a p-p-pelear! ¡Una vez le saqué s-sangre de l-la nariz a u-un…! ¡UGH!

El fuerte derechazo de Gladio, que apuntó directamente a la mandíbula, fue suficiente para noquearlo. Aether se sobó el nudillo.

Realmente le había dolido.

Corrió hacia la lancha y buscó las llaves en la guantera. Nada más tenerla entre sus manos, activó el motor y zarpó.

Cuando estaba a unos veinte metros del embarcadero, montones de reclutas llegaron, intentando usar las lanchas que no estaban activas. Cuando se rindieron, intentaron atacarlo con sus Pokémon pero no sirvió de nada.

Ya estaba a ciento cincuenta o doscientos metros del lugar.

Gladio giró la mirada y frunció el ceño.

Espérame, Lillie…— murmuró.


Una nueva vida empezaba para Gladio. Iniciaría el Recorrido Insular que tanto lo emocionaba de niño, lo completaría y se volvería realmente fuerte.

Ahora era cuando de verdad venía lo bueno, la felicidad.

No lo hizo.

Hobbes le había dado dinero suficiente como para que sobreviviera un mes. Por pura suerte o quizá destino, arribó en ciudad Hau'oli, en Melemele.

Durante un mes, ese lugar se convirtió en el refugio de Gladio, Rockruff, Eevee y Código Cero en lo que el primero aprendía más cosas de Alola y se informaba sobre cómo iniciar el Recorrido.

Había leído los informes, todos y cada uno de ellos.

Además de los Ultraentes y Ultraumbrales (descubriendo al fin, la causa de muerte de su padre), también conoció cosas de Código Cero. Su cerebro tuvo que procesar demasiado las siguientes semanas.

El raro Pokémon, por su parte, siempre veía a Gladio con seriedad. No desconfiaba de él, pero tampoco confiaba en él.

El Pokémon simplemente era totalmente indiferente hacia su nuevo entrenador.

Eso ponía un poco nervioso a Gladio, quien siempre le ofrecía comida, pero este nunca la tocaba.

Pensó que podría ser por la máscara, así que intentó quitarla pero lo único que consiguió fue un ardor en las manos, una barra de metal rota y una botella de lubricante desperdiciada.

Se rindió cuando probó todo lo que probó.

Para buena suerte suya, al menos ese Pokémon era realmente fuerte.

REALMENTE fuerte. Al principio le daba miedo que no lo obedeciera por los informes, pero ese miedo desapareció lentamente conforme pasaron los días.

Hasta ese punto, la vida de Gladio era mucho mejor que en el Paraíso Aether.

En lugar de comerse tres panes duros con agua (lo cual fue gracias a que Hobbes se quejó fuertemente con Lusamine y que este dejó de hacerle de comer) ahora comía comida enlatada como frijoles o duraznos en almíbar.

Incluso se había hecho relativamente conocido en la zona, sobre todo por sus raras características físicas.

Pero pronto, todo se fue en picada.

El dinero comenzó a escasear y Gladio, desesperado, tuvo que recurrir a la opción final.

Vendió la lancha, pero claro que el vendedor no era tonto ni una buena persona.

Aquel tipo de largo cabello y barba negra, vio a un chico desesperado y aprovechó la oportunidad.

Es robado, ¿cierto?— preguntó, cruzándose de brazos y haciendo sudar al adolescente, quien finalmente, frunció el ceño.

No es de su incumbencia— respondió, poniéndose tan firme como pudo— ¿Lo quiere o no? Decida.

El hombre sonrió.

Te daré 100,000 por él.

¿¡100,000?! ¡Eso es demasiado poco para una lancha como esta!— exclamó, sintiéndose estafado de inmediato.

Eevee y Rockruff le comenzaron a gruñir.

El comprador puso una mano sobre su hombro.

Deberías aprovechar la oferta, chico. 90,000 por un bote robado es una ganga, otras personas incluso llamarían a las autoridades— le murmuró—. Considéralo como un regalo.

El rubio frunció aún más el ceño y tras pensarlo, tomó su decisión.

Con brusquedad, apartó su mano de la del hombre.

Bien… 100,000 en efectivo— dijo, extendiendo su mano.

El sujeto se rio.

¡Buena decisión, chico, buena decisión!— sacó su cartera y de inmediato pagó el dinero.

Las llaves le fueron entregadas y de inmediato, se fue con su nueva lancha.

Más tarde, vería en las noticias de las televisiones que ponían en exhibición, que ese hombre había intentado revender la lancha, siendo atrapado por la policía y condenado a diez años de prisión por actos similares.

Gladio sintió gusto en ese momento, pero no le duraría mucho.

Los gastos se repartían en comida y aseo, por lo que no pasó mucho hasta que lo gastó, considerando que debía mantener bien a Eevee y Rockruff para que pudieran darlo todo en sus entrenamientos.

Llegado el momento, Gladio estaba todavía más desesperado.

La gente comenzó a aprovecharse de su desesperación, contratándolo para trabajos pesados en los cuales no recibía casi nada de dinero.

Esos trabajos que hizo por cuatro meses y el entrenamiento poco a poco fueron cobrándole factura al rubio.

De poco en poco, fue perdiendo peso y siempre se sentía cada vez más y más cansado.

Llegó un punto en el que podía ver bien los huesos de sus manos.

Rockruff y Eevee le insistían en que parara, mientras que él les respondía que debía hacerlo por ellos, que empezarían el Recorrido Insular en cuanto tuvieran dinero suficiente para subsistir por una buena cantidad de tiempo.

Cuando Silvally podía salir, simplemente se le quedaba viendo.

Tres semanas después, Gladio estaba casi sufriendo de inanición. El agua y la comida no llegaban mágicamente y él siempre priorizaba el cuidado de sus Pokémon.

Una noche, regresaba del trabajo hacia su callejón favorito para dormir cuando cayó desplomado frente a una tienda que veía seguido.

El olor a bayas inundó su nariz, haciendo a su estómago rugir con fuerza.

Se desmayó.


Aquel leve aroma ahora era realmente fuerte, haciéndolo levantarse de la suave superficie en la que estaba acostado. Miró alarmado sus alrededores, ¿Lusamine lo había atrapado de nuevo? ¿Lo habían secuestrado?

Nada de eso.

Se trataba de un cuarto con el techo y piso de madera, así como paredes de piedra. Tenía algunos cuadros simples, como manzanas o el cuerno de la abundancia, así como otras fotos donde se veían una joven mujer y lo que parecía ser su marido (los colores no eran tan vivos como los de las fotos actuales).

Una luz se veía encendida por debajo del marco de la puerta por lo que Gladio se apresuró a ponerse de pie con la poca fuerza que tenía.

Para suerte suya, todas sus pertenencias estaban ahí, a los pies de la cama.

Se colgó la mochila al hombro y luego, salió lentamente de la habitación.

Escuchó un tarareo y luego, un fuerte aroma a bayas, incluso más que antes.

Oía como una sustancia borboteaba mientras era agitada.

Trató de ver quien era la persona que estaba, en lo que todo parecía, era un comedor.

Vio una cabellera canosa en un cuerpo algo regordete y bajito. Se trataba de una mujer mayor que a su lado, tenía un Oricorio Plácido.

Tragó saliva al reconocer a la mujer. Era la del puesto de bayas.

Trató salir de manera silenciosa pero cuando avanzó más, sus piernas perdieron fuerza y cayó con fuerza al suelo, alertando a la mujer y a su Pokémon.

¡No deberías de estar fuera de cama!— le dijo, corriendo a ayudarlo a ponerse de pie para luego, hacerlo sentarse en una silla de madera— Podrías haberte lastimado por el esfuerzo…

Gladio la vio más de cerca. Su blanca cara estaba algo arrugada y tenía forma redonda. Sus ojos eran pequeños (aunque lucían un poco más grandes por sus lentes). Llevaba una blusa rosa y una falda morada, así como un delantal. De su cuello colgaba un collar que le recordaba a las frentes de los Litten.

El rubio intentó hablar pero su garganta se sintió realmente seca, por lo que nada le salió.

Eso alertó a la mujer.

Por favor, espera aquí— tras decir eso, fue tan rápido como pudo al fregadero, llenando un vaso de agua y luego, cediéndose a Gladio—. Estoy segura de que debes estar sediento.

Aether se le quedó viendo al agua para posteriormente, beberla de un sorbo.

Su garganta se sintió realmente refrescada aunque todo el líquido había caído en su vacío estómago, lo cual se había sentido fatal.

Estoy haciendo un riquísimo estofado de bayas, por favor espera a que esté listo— le pidió, volviendo a lo suyo.

Gladio se quedó totalmente recargado en su silla, con un solo pensamiento que no tardó en expresar.

¿Quién es usted?...— preguntó tan alto como pudo, considerando la edad de la mujer, quien volteó a verlo de reojo.

La dueña del puesto de bayas, puedes decirme Amapola, si gustas.

Conocer a esa mujer había sido una de sus mayores felicidades pero, al mismo tiempo, lo que había marcado su futuro.


Gladio ni siquiera se dio cuenta del momento en el que se acabó la comida. Se recargó en su silla, sumamente cansado. Eevee y Rockruff simplemente se recostaron en el suelo.

La mujer sólo veía con una sonrisa al muchacho.

Eres realmente trabajador, ¿eh?— preguntó, manteniendo el gesto.

El rubio se vio un tanto confundido.

¿Sabes? Aquí en la zona comercial de Hau'oli, casi todos los vendedores te conocemos— le dijo sin que este preguntara nada—. Tu rubio cabello y lindos ojos verdes no se ven todos los días.

A Gladio le preocupó un poco eso. Tal vez alguien podría relacionarlo con Lusamine.

Se quedaron en silencio hasta que Aether lo rompió.

Le agradezco muchísimo la hospitalidad, señora Amapola— dijo, poniéndose de pie y llevando su propio plato al lavavajillas—. Juro que le recompensaré el favor— volteó a ver a sus Pokémon—. Vamos, chicos.

Los pequeños se pusieron de pie con algo de cansancio y comenzaron a seguirlo. En sus respectivos idiomas, le agradecieron a la mujer mayor.

Cuando estaban caminando hacia la puerta de salida, Gladio trastabilló y terminó chocando contra un perchero que había ahí cerca. Jadeó un poco e intento seguir su camino. .

Todos los días te veías un poco más decaído y cansado— dijo de pronto Amapola—. Nos preguntábamos porque pero al darte un vistazo detallado, puedo confirmarlo por mí misma… Tu ropa que ahora está decolorada por el sol, tu piel casi perfecta que ahora está realmente sucia… Escapaste de casa, ¿cierto?

Por un momento, Gladio sudó frío pero luego, se calmó.

Tengo 15 años, señora Amapola— respondió, encarándola—. Puedo irme de casa en el momento en el que lo desee.

La adulta sonrió y asintió.

Tienes toda la razón, Gladio, absolutamente toda la razón— con una mano, le señaló la silla en la que estaba sentado antes. El chico aceptó un tanto desconfiado—. ¿Sabes qué edad tenía yo cuando abandoné mi casa hace ya tantas décadas?— preguntó una vez que el rubio se sentó. Al no recibir respuesta, lo dijo de todos modos— ¡Nada más cumplir los 14! En mi casa, las cosas eran horribles. Éramos siete hermanos y yo era la mayor. Mi madre tuvo que criarnos sola y yo quería ayudar de alguna manera u otra así que salí de mi hogar para intentar ganar dinero por mí misma, así como debes estar haciéndolo tú.

Gladio pensó en que ese no era para nada el caso.

Las primeras semanas fueron realmente duros, incluso con mi forma de vida previa. Estaba fuera del protector abrazo de mi madre, por mi cuenta. Nadie preparaba mi comida, nadie se aseguraba de mantener mi higiene, nadie me daba hospedaje…— Gladio realmente entendía eso, incluso creía que lo entendía todavía más— pero entonces lo conocí. A mi querido Hernán…

A la mente de Aether llegó la foto del dormitorio.

Me tendió una desinteresada mano porque creyó que yo necesitaba ayuda para superar esa difícil decisión. Claro que enamorarnos y casarnos fue algo que pasó un tiempo después— Amapola se le quedó viendo a Gladio— ¿Sabes por qué te cuento esto, Gladio?

El rubio se hacía una idea por lo que rápidamente negó con la cabeza.

Le aseguro que estaré bien por mi cuenta. Iniciaré el Recorrido Insular en cuanto tenga el dinero suficiente para…

¿Seguro que estarás bien?— interrogó— Piensa en como preocuparás a aquellos que amas, como a estas dos linduras.

Eevee y Rockruff veían un tanto tristes a su entrenador.

El ceño de Gladio se frunció. Ese era un viaje para hacerse más fuerte, no para recibir caridad, pero…

(Si puedo recibir asilo y comida, eso me daría más tiempo para entrenar…)— pensó él, además, sabía que así, sus Pokémon estarían más cómodos y sanos.

Si te incómoda el que vivas aquí gratis, puedo ofrecerte trabajo si gustas— dijo Amapola—. Claro que también puedes ayudar con tareas del hogar.

Gladio se lo pensó y luego, la desconfianza había vuelto a su rostro.

Él no confiaba en nadie que no fuera Lillie, Hobbes, Wicke o sus Pokémon.

¿Por qué hace esto?— preguntó, viéndola con expectativa, tratando de ver si podía distinguir sus verdaderas intenciones— No me conoce de nada y no sabe qué tipo de persona soy…

Amapola negó con la cabeza.

Un chico demacrado con dos Pokémon perfectamente sanos…— pasó su mirada del rubio a los monstruos de bolsillo— Déjame decirte que eso dice todo sobre el tipo de persona que eres.

Gladio se rascó la cabeza y lo meditó un poco más.

Está bien…— suspiró, sonriendo— Contaré con usted mientras ganó el dinero suficiente para irme.

Amapola sonrió.

Y yo contigo, Gladio— dijo, levantándose de su silla y siendo seguida por su Oricorio—, ahora ven. Te llevaré a la habitación en la que te quedarás.

El rubio obedeció.

Llegaron a un cuarto sencillo en donde sólo había una cama individual y un buró junto a esta. El resto estaba totalmente vacío.

Por algún motivo, le pareció realmente acogedor.

Siéntete como en casa— Amapola señaló el interior del lugar.

Gladio se lo agradeció.

Se tomó eso muy en serio.

Levantarse de la cama todos los días, sin miedo a que alguien te hubiera robado o dado una golpiza porque sí, era un sentimiento realmente invaluable. Sentir una superficie acolchonada y suave, en la que su espalda podía descansar… era el paraíso.

Los trabajos que le ponía a hacer Amapola en el lugar eran principalmente trapear o barrer el suelo, limpiar los pocos platos que se acomodaban y muy ocasionalmente, lavar los baños.

Pero pronto, fue introducido al negocio que lo enamoró una vez más de la vida.

Ayudar a vender bayas.

Amapola le había comprado ropa nueva que según ella, lo ayudaría con el negocio para dar una buena impresión, desasiéndose finalmente de la ropa que llevaba usando casi dos meses enteros.

Su nueva ropa consistía, básicamente, en una camiseta blanca con un dibujo de un Eevee cerca del corazón, unos pantalones cortos negros con ciertos detalles marrones y unas deportivas que combinaban el negro y el blanco.

Realmente agradeció el gesto.

Tranquilo, lo harás bien— le dijo Amapola, dándole esa dulce sonrisa que solía hacer desde que se había comenzado a quedar con ella, es decir, dos semanas—. Mientras que yo esté aquí sólo tendrás que ayudar a cargar bayas del almacén y cuando no esté yo…

Hablar con los clientes cortésmente, cobrar su orden y empaquetar el producto— dijo, sudando un poco. Nunca había interactuado realmente con mucha gente del exterior y tener que hacerlo para ganar dinero era… difícil.

Recuerda que tienes una lista de precios debajo del mostrador por si llegas a perderte y recuerda… ¡Una sonrisa es la clave de toda ven…!

El sonido del papel aterrizando en el suelo llamó la atención de ambos humanos, quienes vieron hacia esa dirección.

Ahí había un Litten, sentado con una bolsa de papel frente a él. Lucía expectante.

¿Un Litten?...

Pienso que un Litten te quedaría bien. Ambos son igual de feroces.

Recordar a su padre lo entristeció pero Amapola lo sacó de su momentáneo trance.

¿Podrías traer unas bayas Meloc del almacén, Gladio?— le pidió, tomando con sus manos la bolsa y levantándola del suelo.

El chico aceptó de inmediato y fue hacia el lugar indicado. Tomó diez bayas Meloc y luego regresó con ellas al puesto. Amapola tenía la bolsa abierta frente a él, indicándole que las guardara.

Tras eso, la mujer mayor cerró la bolsa y la volvió a poner en el piso.

Rockruff y Eevee, quienes parecían estar analizándolo, se retiraron. Oricorio se mantenía fuera de todo; como su forma lo demostraba, era realmente tranquilo.

Cuídate, Litten ¡Recuerda traer la bolsa cuando vengas de nuevo!— le dijo. El gato no hizo o dijo nada, ni una sola seña de gratitud.

Galdio vio extrañado al gato y la naturalidad con la que parecía llegar al puesto.

Amapola, por supuesto, notó la expresión en su cara.

Llegó unos meses después que tú— le comenzó a contar—. Lo atrapé robando algunas bayas y terminamos así en cuestión de unos pocos días. Es un Pokémon muy noble, no dejes que su apariencia te engañe.

Una de las cejas de Aether se arqueó levemente pero finalmente, lo dejó pasar.

¿Por eso el collar de Litten?— preguntó, ante lo cual, la mujer asintió.

Creí que con él podría confiar un poco en mí— rio, sujetando el colgante.

Antes de que pudieran decir nada, un hombre mayor se acercó.

Oh, Amapola… ¿Nuevo asistente?— preguntó, viendo a Gladio.

Gladio estará ayudándome por un tiempo, Hosea— le dio unas palmadas al muchacho—. Vamos, ya tienes a tu primer cliente.

El adulto lo veía expectante, con una sonrisa.

Gladio suspiró e hizo su mejor gesto.

¡Bienvenido! ¿Qué llevará?— sintió bastantes nervios. Había pasado un rato desde la última vez que había hecho una sonrisa tan amplia.

Asumió que le había salido bien porque los dos mayores sonrieron más al verlo.

Tres Zidra y cuatro Pabaya, por favor— pidió el llamado Hosea.

Gladio ni siquiera tuvo que volver a leer la lista de precios por el simple hecho de que ya la había memorizado. Tomó las bayas, abrió una bolsa y las vacío con cuidado en el interior. Enrolló la bolsa, de manera que el adulto pudiese tomarla bien y luego, se la cedió.

El cliente parecía satisfecho, así que pagó el dinero y se despidió.

Gladio suspiró. Había sido de cierta forma agotador.

¡Sabía que podías hacerlo!— le dijo Amapola, volviendo a darle unas palmadas— Un rostro guapo siempre atrae a la clientela.

Gladio rio levemente. Que le dijeran guapo luego de casi ocho años de ser llamado "roñoso", "escoria", "sarnoso" u ocasionalmente "montón de mierda", se sentía algo raro pero realmente placentero.

Gracias, Amapola…— murmuró, sonriendo esta vez, genuinamente— Daré lo mejor de mí.

La anciana le sonrió.

Lo harás excelente— dijo—. Estoy segura de que te convertirás en un gran hombre, Gladio.

Tal vez Amapola no lo supo, pero sus palabras lo habían sentirse más vivos de lo que se había sentido en años.

Alguien estaba viendo lo bueno de él y se lo estaba diciendo.

Por un momento, pensó que podría echarse a llorar pero en su lugar, amplió su propia sonrisa.

¡Gracias!— exclamó.

Los Pokémon del rubio se vieron realmente felices por ver a su entrenador sonreír así por lo que comenzaron a correr alrededor de sus piernas.

Amapola y Gladio rieron pero tuvieron que parar al ver llegar a unos clientes.


En los meses que estuvo viviendo con Amapola, todo fue mejor que nunca. Se consideraba a sí mismo, feliz.

Amapola era una persona excepcional. En pocas semanas le había regresado todo el ánimo que había perdido y su cálido corazón lo habían hecho volver a sentirse querido.

Jamás se enojaba con él, lo felicitaba cada vez que hacía algo correctamente e incluso le daba regalos de vez en cuando, cuando el dinero lo permitía.

Charlar con ella era una de las cosas más entretenidas del mundo. Era una mujer que había vivido casi sesentaicinco años, llena de historias y experiencias vividas. Disfrutaba cada noche de cena, cada mañana de desayuno y cada tarde de sentarse en el puesto a la hora de la comida.

Por fin, luego de casi ocho años, Gladio se sentía vivo una vez más.

Veía esperanza y veía un futuro en el que Lillie podría vivir junto a ellos.

Estaba seguro de que su hermana menor se llevaría increíble con Amapola, que compartirían experiencias y que Lillie aprendería mucho de ella. Amapola sería realmente paciente con su hermanita, de eso no cabía duda…

Cuando Gladio terminaba de ayudar a Amapola en el puesto, de trabajar o de entrenar, se ponía manos a la obra con sus propios estudios. Se enteraba de la historia de la región, sus costumbres y todo lo necesario para entrar al Recorrido Insular.

Tal vez su pelo y ojos le serían un problema ya que podían confundirlo con un extranjero, pero estaba dispuesto a insistir tanto como le fuese posible para que lo aceptaran.

Un día, cuando se despertó y salió de su habitación, vio a Amapola cocinando como era habitual. El clásico aroma a bayas que tanto apaciguaba su corazón lo llamó directo a la tabla de cortar.

Oh, Gladio— dijo, viéndolo de reojo pero concentrándose en lo que hacía—. Buen día, ¿tienes hambre? Hoy preparé una rica ensalada de bayas que vi en el recetario que me compraste.

Me vendría genial, Amapola. Gracias— con una sonrisa, le dio unas pequeñas palmadas a la mujer lo cual era su usual gesto de cariño.

Amapola rio, contenta.

Gladio tomó asiento en la mesa, viendo como Eevee y Rockruff jugaban con Oricorio. Le habría encantado que su Código Cero estuviera ahí también pero no le gustaría que a Amapola le diera miedo.

Hablando de ella… La miró. Usualmente, él solía devolverle el favor de los regalos (como había sido el 24 de agosto, en su cumpleaños), comprándole cosas que le vinieran bien para el negocio o para la vida cotidiana como una olla que guardaba genial el calor o el mismo recetario.

Desde hacía unas semanas tenía una sorpresa genial para ella.

Se trataba de una "exprimidora" que Amapola llevaba deseando meses, según ella, usándola podría hacer unos jugos increíbles. Costaba 20,000 Pokédolares pero era poco en comparación a lo que Amapola había hecho por él.

Miró al calendario, sólo para darse cuenta de que ya había pasado casi un año desde que había salido de la Fundación Era dieciséis de noviembre del 2010.

Dos días para su cumpleaños y el de Lillie…

Le daba rabia y tristeza no estar ahí en un día tan especial como ese, en el cual Lillie se volvería una adulta.

Deseó con toda su fuerza volverse más fuerte lo más pronto que le fuese posible aunque al ritmo al que iba, dudaba poder hacerlo…

Casi se podía decir que era un completo novato y por lo mismo estudiaba.

Finalmente, un gran tazón lleno de bayas fue plantado frente a él. Lucía realmente delicioso.

¿Cómo vas con ese nuevo trabajo en la constructora local?— preguntó Amapola, sirviéndose comida en un plato.

Gladio hizo lo mismo.

Bastante bien, la verdad— contestó—. Es algo pesado, pero siento que me ayuda a volverme algo más fuerte.

Amapola asintió.

Si sientes que te ayudará con tu objetivo, sólo puedo desearte suerte y salud, Gladio— levantó uno de sus índices y lo agitó— ¡Pero trata de no sobreesforzarte!

Gladio sonrió.

Eso intentaré— aseguró.

Luego de decir eso, comenzaron a desayunar, charlando muy frecuentemente en el proceso.

Entras a trabajar a las dos, ¿cierto?— preguntó la anciana.

Sí, volveré a las diez a más tardar— respondió, dejando su tenedor en el plato para después, tomar los de Amapola y llevarlos al lavavajillas—. Espero que las cosas no se alarguen.

Amapola se veía algo contento por eso.

¿El traje que te dio la constructora está bien? Puedo arreglarlo si sientes que está muy estropeado— le dijo. Recordaba aquel mono largo de color naranja con franjas blancas que brillaban en la oscuridad, así como el casco amarillo.

Está bien, he tenido bastante cuidado al trabajar— respondió— ¡No sería bueno que me lastimara mientras trabajo!

Amapola negó con la cabeza.

Apuesto que a Lillie eso la pondría muy triste— de cierta forma, ese comentario era una motivación para Gladio. Lo hacía querer tener más cuidado para no preocupar a su hermana ni a su tutora temporal.

Gladio sonrió.

¡Lloraría mucho!— exclamó— ¿Sabes? Lillie no siempre fue así, hasta hace cinco años ella era una marimacha de pies a cabeza.

¿Marimacha? ¿En qué sentido?— interrogó, viéndose interesada.

Bueno, ella solía presumir mucho de las cosas que hacía, también solía golpearme cuando se enojaba conmigo… Era muy maleducada con la gente que no le caía bien y siempre corría de un lado a otro— contó, cruzándose de brazos y recordando a la Lillie de ocho años. Era increíble pensar que dentro de unos días, ella ya tendría catorce.

La mujer rio.

Básicamente, ella era una niña común y corriente, ¿no?— preguntó, dejando a Gladio pensativo.

Bueno…— Aether intentó hablar, pero no encontró argumentos. Tal vez era cierto. Tal vez Lillie simplemente había comenzado a madurar.

Se rascó la cabeza, confundido. Por algún motivo, él sentía que ese no era el caso, pero no tenía idea de porque creía eso.

Lamento pedirte esto cuando estás descansando antes del trabajo, Gladio— dijo Amapola, sacándolo de sus pensamientos—, pero ¿te importaría ir a buscar algo que pedí a la Boutique Hau'oli?

El rubio asintió, sin quejarse, sin hacer gestos o sonidos de molestia.

¡Claro! ¿Necesito pagar algo cuando llegue?— interrogó, preparándose para salir.

No, los gastos ya están cubiertos, pagué por adelantado— mencionó.

Dicho eso, Gladio fue a su dormitorio y se alistó para salir. Sus dos Pokémon lo siguieron.

¡Vuelvo en cuarenta minutos!— dijo, abriendo la puerta.

¡Cuídate!

Escuchar eso y luego cerrar la puerta tras de él lo hizo desear con todas sus fuerzas el haber nacido en una familia promedio. Él y Lillie.

Para su desgracia, su padre había muerto y su madre era una loca psicópata.

Sólo podía pensar en Lillie.

En el camino a la boutique, mientras sus Pokémon jugueteaban como siempre, la gente se detenía ocasionalmente a saludarlo al reconocerlo por ser el ayudante del puesto de bayas.

A Gladio le encantaba Hau'oli. Era una gran ciudad pero no había realmente tanto ajetreo como se podría imaginar. Todas las zonas del lugar tenían su propio "algo" especial y le encantaba pasear por sus calles y descubrir cosas nuevas así como conocer a una que otra persona interesante.

Una vez encontró en un restaurante a un sujeto con un Pikachu que decía venir de pasada por Alola. Era alguien serio pero extrañamente era comiquísimo.

Nunca olvidaría cómo disparó leche por los ojos.

Se rio de nuevo al recordarlo.

Antes de darse cuenta ya había llegado al puesto. Antes de entrar, vio de reojo su reflejo en el exhibidor.

Se dio un buen vistazo y sonrió.

Esa camisa roja con la silueta de un Incineroar en la espalda, esos jeans azules y sus deportivas rojas lo hacían sentirse alguien normal.

Alguien realmente normal, no un niño rico y cuidado 24/7 por mayordomos y mucamas. Recordaba como solía estar vestido y se sintió asqueado.

Esos tirantes en sus pantalones elegantes, esas camisetas blancas de manga larga y esos zapatos negros bien pulidos…

En ese año de trabajo duro y agotador, Gladio se dio cuenta de que él solía ser una de las cosas que más odiaba en el mundo.

Una persona llena de lujos y comodidades que no merecía.

Su sonrisa se incrementó.

La felicidad era algo increíble.

Contento con su persona, contento con su vida y contento con su compañía.

Completo, Gladio entró a la tienda.

Caminó hacia el mostrador y luego, se plantó frente a este.

Buen día, Louis— le dijo al chico que había ahí, vestido con su uniforme de trabajador.

¡Buenas, Gladio!— le devolvió el saludo— ¿Te envía Amapola? ¿Cómo está ese rol de canela?

El rubio rio. Mejor descripción imposible.

Dijo que había hecho un encargo— respondió, haciendo que el chico asintiera de inmediato.

Lo traeré de la parte trasera, ¿te importaría echarle un ojo al lugar mientras voy por eso?— le preguntó.

Aquí estaré— aseguró Aether, recargándose levemente en el mostrador.

Gentil como siempre, Gladio.

Hago lo que puedo.

Vio como Eevee y Rockruff analizaban todas las nuevas prendas que había en venta, fascinados. Era increíble como cambiaban cada tres o dos semanas.

Esos dos pequeños lucían realmente felices estando en Hau'oli. Podían andar a sus anchas, jugar tanto como quisieran y adoraban el clima del lugar, así como sus playas. Una vez le pidieron ir por esas tan famosas "Malasadas". Cuando Gladio la probó casi escupió. Estaba demasiado dulce y, para una persona que los últimos años sólo había estado comiendo pan duro, era REALMENTE dulce.

Decidió que sólo compraría para sus Pokémon, él en cambio se quedaría con las Pokéhabas. Tenían un sabor algo amargo pero que al mismo tiempo se volvía salado si sabías como comerlo.

Tras años de no comerlas, volver a hacerlo fue un verdadero gusto, tanto que lagrimeo levemente.

Suspiró y lo decidió.

Cuando sacara a Lillie del Paraíso Aether, ellos dos vivirían juntos en Hau'oli… Quien sabe… Incluso tal vez podrían asentar a la familia Aether en la ciudad.

La idea le agradó… Él, sus Pokémon, su hermana y los posibles compañeros que llegara a atrapar, sentados todos en la playa mientras veían el pasado como una broma y el futuro como un encantador misterio.

Era un escenario de ensueño que pronto haría realidad.

Louis tardó un poco en salir de la parte trasera y cuando lo hizo, regresó con una bolsa algo grande y azul, con varias franjas verticales blancas. Estaba sellada por cinta y una nota que decía: "No abrir de momento".

Aquí está, Gladio— dejó la bolsa de compra en el mostrador.

¡Gracias!— dijo el adolescente, tomando el mandado de Amapola y sintiéndose algo confundido en el interior. Rockruff y Eevee llegaron corriendo a donde él.

Tal vez los vea luego— informó el joven—. Últimamente se me han estado antojando unas cuantas bayas Perasi.

Gladio le sonrió.

¡Te esperamos! Recuerda que esta semana tendremos una promoción.

Dos bayas y te llevas una gratis, ¿eh? Un clásico de Amapola— afirmó, asintiendo.

Gladio no pudo contener la risa.

Los clásicos no mueren nunca.

Mejor dicho imposible, amigo.

El rubio entonces se encaminó a la salida.

¡Nos vemos, Louis!— se despidió con una mano.

¡Adiós!— dijo el cajero, imitando el gesto del rubio.

Salieron del lugar con tranquilidad. El camino de regreso a casa también fue tranquilo.

Finalmente, llegó a la casa. Amapola ya había puesto todo en el puesto e incluso estaba terminando de darle de comer a Litten.

El gato y él cruzaron caminos, haciendo que el tipo Fuego simplemente lo ignorara. Gladio le sonrió y pasó de largo, mientras que sus Pokémon comenzaron a hablarle animadamente. El rubio se detuvo.

Sentía que lo observaban así que se dio la vuelta.

Litten parecía estar viendo la imagen de su espalda. Le dedicó otra sonrisa y esta vez, el gato se fue.

Aether suspiró. Confiaba en que algún día, el tipo Fuego podría llevarse bien con él y todos los demás.

¡Traje las cosas!— anunció el chico, enseñando la bolsa.

¡Oh, muchas gracias, Gladio!— tomó la bolsa y luego, dio media vuelta— ¿Te importaría cuidar mientras voy a guardar esto?

El rubio sintió un deja vú y se rio.

Adelante.

Amapola no entendió por qué la risa, pero ella también sonrió.

Esa no fue ni de cerca, una de las últimas risas que tuvieron juntos, pero sí que sería una de las últimas que Amapola haría nunca.

Gladio siempre recordaría el dieciséis de noviembre del 2010, el día en que creyó que podría ser feliz. Uno de los únicos días en el que lo había creído de verdad.


Dieciocho de noviembre del 2010. Cumpleaños de Gladio y Lillie Aether.

Lo primero que pensó al despertar ese día fue en lo mucho que quería felicitar a su hermana, como todos los años. Cruzar aquel pasillo hasta llegar a la puerta de enfrente, abrirla por sorpresa, saltar a la cama de su hermanita y abrazarla mientras le deseaba un feliz cumpleaños, posteriormente, ella le correspondería el abrazo con alegría y lo felicitaría igualmente.

Desde que él aprendió a pensar y razonar levemente, siempre lo había hecho, es decir, desde los cuatro años.

Salió de su habitación, esperando ver la puerta del cuarto de Lillie frente a él pero en su lugar, sólo pudo ver decoración y un gran pastel en la mesa.

¡Felicidades, Gladio!— exclamó Amapola, haciendo volar confeti por todos lados con esas raras "bocinas" que lo expulsaban cual balas de cañón.

La Oricorio de Amapola simplemente comenzó a bailar, siendo esa su forma de felicitarlo.

Los ojos del rubio brillaron y su boca se quedó entreabierta.

¿Cuándo había sido la última vez que había tenido una fiesta?... Unos meses antes de la desaparición de su padre y cuando había querido volver a tener una para Lillie, su madre le había dicho que Mohn había muerto de la peor forma posible.

El rostro de Gladio se enrojeció levemente por la alegría.

Y-Yo…— murmuró, para luego, sonreír ampliamente— ¡N-Ni sé…! ¡No sé ni siquiera qué decir!

Amapola le sonrió.

¡No debes decir nada!— exclamó, abriendo una de las sillas para que Gladio se sentara— ¡Hoy es tu día, Gladio! ¡Sólo se cumplen dieciséis años una vez en la vida!

El rubio, aceptó con una sonrisa en el rostro que conmovió a la mujer.

Espera aquí, ¿sí?— le dijo, dándole unas palmaditas en los hombros.

Gladio asintió, viendo fijamente el pastel de chocolate, decorado con moras por casi toda su superficie. Dejó salir a sus dos Pokémon quienes no parecían entender mucho pero el ambiente y decoración fueron suficientes para hacer que se pusieran a corretear por todo el lugar.

Recordó la segunda semana que se quedó con Amapola. Le parecía realmente injusto que ella contara toda su vida mientras que él, nunca le había dicho nada más que su nombre. Al final, terminaron hablando sobre la vida de Gladio en general, sobre su edad, sus aficiones, gustos culinarios, preferencias musicales, tipo Pokémon favorito, entrenador favorito y también, obviamente, hablaron acerca de su fecha de nacimiento.

Realmente le sorprendió que Amapola lo recordara, siendo que era la única vez que habían hablado de ello (la mujer no hacía muchas preguntas ya que, básicamente, quería respetar la privacidad de Gladio).

Antes de que Aether se diera cuenta, una bolsa fue puesta frente a sus ojos.

La misma que él recogió en la boutique.

Levantó la mirada, topándose con la cálida y gentil mirada de Amapola.

Ábrelo— Gladio así lo hizo.

Quitó la cinta de advertencia y abrió la bolsa, sacando su interior.

Lo extendió en el suelo, dándole una imagen completa.

Aquella ropa frente a él era la que, en un futuro, le daría su tan característica imagen, sólo que… le quedaba grande.

Aunque Gladio notó el detalle, se sintió realmente feliz al ver el obsequio. Le encantaban los colores y el diseño, no sabía por qué. Tal vez porque era todo lo contrario a lo que vestía antes, tal vez porque lucía absolutamente genial o tal vez porque era un regalo de una de sus personas favoritas en el mundo entero.

No quería tomarte medidas porque la sorpresa dejaría de ser sorpresa así que elegí la talla que creí que te convendría más— comenzó a contar Amapola, rascándose la mejilla—. Elegí esa porque estoy muy segura de que en un futuro te convertirás en un muchacho bastante alto, así que quería asegurarme de que te quedara bien por un par de años.

Gladio no pudo hacer nada más que abrazarla con todo su cariño.

Muchas gracias, Amapola… Eres increíble…— murmuró, sintiendo como su voz se quebraba un poco.

La mujer correspondió el abrazo.

Gracias a ti, Gladio, por hacer más felices mis días.

Escuchar esas palabras hizo del día de Gladio algo muchísimo mejor de lo que ya era. Eevee y Rockruff comenzaron a pedir sus abrazos. Gladio no dudó en cumplir su petición.

El rubio volvió a agacharse para guardar su ropa en la bolsa, pensando que le encantaría que Código Cero estuviera ahí con él.

Para cuando volvió a pararse, Amapola ya tenía preparada una cámara fotográfica en la mesa. Ahora estaba encendiendo unas velas con el número "1" y "6". Cuando terminó, le dijo a Gladio que se acercara con la mano y luego le señaló la silla de antes.

El rubio se sentó, de forma que los números se podían ver normales a ojo de la cámara pero para él, lucían invertidos.

¡Tomaremos una foto para recordar este día!— dijo, comenzando a preparar la cámara que tenía.

Gladio analizó su entorno.

Gente feliz porque él había nacido, amigos Pokémon celebrando, un pastel y regalos, una foto de conmemoración y un ambiente festivo.

Algo que, muy en su interior, Gladio siempre había soñado desde su última fiesta.

¿Podía ser más feliz?

Amapola ya estaba a su lado para cuando espabiló, con su Oricorio en el hombro. Rockruff y Eevee se sentaron en el regazo de Gladio, quien los abrazaba.

¡Digan, Mu-mu!

¡Mu-mu!/¡Wooof!/¡Vee!

Un flashazo se vio y nada más hacerlo, Amapola corrió hacia la cámara.

¿Cómo salió, cómo sali…?— se calló en media oración al ver la expresión en el rostro de Gladio, totalmente asombrada, levantó la mirada.

Era exactamente la que seguía haciendo. Una gran sonrisa, un pronunciado sonrojo, los ojos cerrados y más importante aún, lágrimas corriendo por sus mejillas.

Amapola se sintió profundamente conmovida por ello, por lo que se apresuró a secarse las lágrimas con un pulgar.

Oh, Gladio… Mi muchacho, ven aquí…— extendió sus brazos hacia el rubio, quien se levantó rápidamente de la silla (Rockruff y Eevee tuvieron que bajar todavía más rápido) y la abrazó.

Estuvieron así por casi diez minutos. Para cuando se separaron, la habitación estuvo todavía más animada.

Comieron pastel como desayuno (algo que antes, Gladio jamás habría solado con hacer), hablaron de trivialidades como qué Pokémon les gustaría tener si estuvieran en una isla desierta y en resumidas cuentas, celebraron.

Pronto se hicieron las tres y media de la tarde y con ello, la hora de Aether para ir a su trabajo.

El rubio fue de inmediato a cambiarse a su ropa de la constructora para luego, ser despedido por Amapola desde el marco de la puerta.

Se dijeron adiós y otro día común comenzó.

No era un día común.


Gladio caminaba por las oscuras calles de Hau'oli, sólo iluminadas con luces artificiales. Eevee le hacía compañía; Aether lucía realmente feliz.

Estaba demolido por el trabajo, sí, pero eso no podía borrar toda la felicidad que había sentido ese día

Estaba pensando en que dentro de cuatro días tendría el dinero suficiente para regresarle el regalo a su tutora. Esa exprimidora de bayas ya tenía prácticamente escrito "Amapola".

Caminaba tan feliz y despreocupadamente que no se dio cuenta de que lo seguían, misma cosa que, años después, Lillie repetiría.

Incluso los asaltantes eran los mismos, a excepción de una.

Llegó a su casa y abrió la puerta con sus llaves.

¡Llegué!— exclamó, haciendo que Amapola saliera de su cuarto de inmediato. Ella siempre lo esperaba cuando salía del trabajo por la noche.

¡Vee! ¡Eevee!

¡Gladio! ¿Cómo te fue hoy, querido?— preguntó, con una taza de café en la mano.

¡El día pasó realmente rápido! Es casi como si…— cuanto intentó cerrar la puerta detrás de él, sintió que ya no podía hacerla avanzar. Intentó cerrarla de nuevo pero pasó lo mismo por lo que se giró y vio el obstáculo.

Unos ojos azules y un cabello celeste lo miraban fijamente mientras que el cañón de un arma le apuntaba. El resto de la cara del sujeto estaba cubierto por un pañuelo.

El café de Amapola cayó al suelo, rompiendo la taza.

Gladio, en un impulso, trató de cerrar la puerta pero el sujeto lo impidió, empujando con mucha más fuerza y haciendo al chico caer de sentón al suelo. Amapola corrió hacia él para ayudarlo, al igual que Eevee quien repentinamente, salió volando por obra de un Bomba lodo.

El hombre teñido de celeste entró, seguido por otro, uno gordo y de pelo castaño junto a un Garbodor.

No hace falta decir que esto es un jodido asalto— dijo el de pelo celeste, apuntando su arma al techo.

Ya escucharon al hermano, idiotas— el gordo le siguió la corriente.

Gladio se quedó estático al igual que Amapola. Los conocían.

El Team Skull.

Unos pequeños pasos se escucharon, provenientes del cuarto de Amapola.

Cuando intentaron advertirle a Oricorio de que se alejara, este ya lo había hecho pero por obra de otra Bomba lodo que, a pesar de no ser efectiva, la dejó totalmente debilitada.

¡Uricornio!— exclamó Amapola, totalmente preocupada.

¡EY!— gritó el hermano— ¡Guarde silencio, anciana a menos de que quiera un plomazo en la cabeza!

Amapola se quedó totalmente estática.

Gladio intentaba proteger a la mujer con su cuerpo pero, al final, fue al revés. Él fue quien terminó siendo protegido por el abrazo de Amapola, quien no permitía que su cara se volteara hacia los Skull.

Ve a buscar en los cuartos, Big-J— le ordenó el teñido, recibiendo un "A la orden, hermano". Un ruido de una Pokéball absorbiendo un Pokémon se escuchó.

Gladio no podía ver nada, sólo sentir y oír. Escuchaba los pasos del tipo de pelo celeste, quien parecía estar vigilándolos y sentía como su cuerpo y el de Amapola temblaban incesantemente.

Si Gladio tan sólo pudiera tomar a Código Cero de su mochila y dejarlo salir… Estaba seguro de que no podría hacerlo ya que lo matarían al mínimo intento.

He oído que es usted una vieja con una buena fortuna escondida, ¿es cierto?— preguntó el teñido.

Silencio y pasos.

Supongo que el negocito de las bayas debe de ir viento en popa, ¿eh?

Silencio y pasos.

No me haga ponerme violento, señora… Sólo dígame donde está el dinero y nos ahorraremos todo esto.

Otra vez, silencio y pasos.

Está en el…

El sonido de algo cayendo interrumpió a Amapola, Gladio pudo ver de reojo como el perchero cercano a la entrada había caído al piso junto con un pedazo de tela negro y blanco.

¡Mierda!— exclamó el hermano con fuerza, haciendo que Big-J volviera corriendo.

¿¡Qué sucede, herma…?! ¡Tú pañuelo!— exclamó, sonando realmente alterado.

Me vieron…— murmuró. Gladio oyó el sonido de un click metálico— Hay que matarlos.

El corazón de Gladio se detuvo por un momento y luego, escuchó como el de Amapola latió todavía más rápido.

¡A mí, por favor!— exclamó Amapola, desesperada— ¡Hagan lo que quieran conmigo pero no lo lastimen a él! ¡Por favor, al niño no!

Los ojos del rubio comenzaron a lagrimear. Abrazó con fuerza a Amapola y tratando de levantar la cabeza con todas sus fuerzas, pero esta lo impedía para sorpresa de Aether.

¡NO LO HAGAN!— su grito sonó amortiguado— ¡DÉJENLA, NO LA TOQUEN!

Un sonido de irritación se escuchó.

Voy a meterle un tiro a este rubiecito.

¡No, hermano! ¡Míralo! La vieja obviamente no lo dejó ver nada. Un disparo podría confundirse con una falla, pero dos serían demasiado obvios. No queremos a la policía siguiéndonos los talones…

Hubo un momentáneo silencio.

Tienes razón, Big-J… Siempre la tienes.

Mientras esos dos hablaban, Gladio forcejeaba con la misma Amapola hasta que, sintió como su pelo se mojaba.

Lo siento tanto, querido… Tendré que dejarte sólo de nuevo— su voz sonaba increíblemente serena.

El terror se apoderó de Gladio… ¿Estar sin Amapola? Hasta hace casi un año, no se imaginaría que esa sería una de sus peores pesadillas.

Su cuerpo perdió toda fuerza. Era tan débil…

¡NOOOOOOOOO!— gritó Gladio con desesperación— ¡NO LA APARTEN DE MI!

Una patada, entonces, fue conectada contra su espalda.

¡Cállate ya, gusano! ¡Tienes suerte de que sea la zona comercial y de que el hermano sea tan piadoso o ya estarías muerto!— le dijo Big-J.

No, era precisamente lo opuesto, el estar en la zona comercial significaba que no había casi nadie ahí a esas horas ya que la gran parte de las propiedades ahí eran rentadas para poner negocios y puestos.

En otras palabras, nadie iría a ayudarlos.

Ese pensamiento quebró a Gladio.

¡Lo siento tanto, Amapola!— comenzó a decir, llorando fuertemente— ¡Todo es mi culpa! ¡No debí llegar jamás a este lugar! ¡No debí de conocerte! ¡TODO ES MI…!

Me hiciste feliz, querido…— Amapola lo abrazó todavía más fuerte— En estos últimos meses, me recordaste lo que era la vida y lo feliz que puede llegar a ser… Me devolviste el sentido de la vida y por eso, haz sido lo mejor que ha pasado en mi vida en muchísimos años… Saber que estarás bien me da la paz suficiente para irme…

El moco salía de la nariz de Gladio al igual que sus lágrimas. Por lo profundo de su llanto, le salían pequeños hilillos de baba ocasionalmente.

¡AMAPOLA, YO… YO…!

Te amo, Gla…

Un fuerte sonido interrumpió el hablar de Amapola. Un fuerte estruendo, un disparo.

Gladio sintió como todo su cuerpo se colapsaba y ese sentimiento incrementó aún más cuando dejó de oír el latir del corazón de Amapola.

Aquel disparo se había llevado la vida de Amapola.

Odio la mierda emocional…— dijo el hermano, para voltear a ver a Big-J— ¡Olvidemos este lugar! ¡Hay que largarnos!

¡Sí, hermano!

Pasos se escucharon y luego, el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose.

Gladio continuó llorando por lo que le parecieron horas pero entonces, su cerebro comenzó a reaccionar y maquinar sin darse cuenta.

Inconscientemente, pensó en las consecuencias.

La policía llegaría a casa de Amapola y lo verían a él llorando junto a su cadáver. Sería considerado como testigo y luego, posiblemente, transmitido por televisión. Su madre vería las noticias e iría por él, volvería a aquel lugar.

No podría salvar a Lillie.

Mientras seguía llorando, Gladio soltó a Amapola y la recostó en el piso. Vio en hueco que había en el espacio entre ceja y ceja. Dejó de mirar, totalmente asqueado por lo que veía. El miedo, la tristeza y el enojo lo hicieron vomitar todo cuanto había comido ese día, incluso aquel delicioso pastel.

Se apresuró a ir a su habitación y retirar la manta que cubría su cama; con ella cubrió el cuerpo de Amapola.

Su cuerpo se movía por sí solo, haciéndolo descolgarse la mochila y guardar todo lo importante, como la Pokéball de Rockruff y al mismo perro. Fue por la ropa que le regaló Amapola, toda prenda y todo calzado, cuando se dio cuenta de que no todo cabía, dejó lo menos importante.

Obviamente se llevó primero su regalo de cumpleaños.

Tenía casi todas sus pertenencias consigo, como el dinero que tanto había ahorra, hasta que reparó en la mesa del comedor. Vio una foto en ella, enmarcada.

Era la foto de esa misma mañana, en la que estaban él y casi todos los habitantes de esa casa.

La tomó e instintivamente, miró el reverso donde si había un texto: "Memor..s fel..es para ..adio. 18/11/10". La guardó sin dudarlo.

Tomó a Uricorinio y la cargó con sus brazos, sin importarle la sustancia morada de la que estaba cubierta.

Se agachó hasta que pudo estar frente a frente con el cadáver de Amapola y le dio un beso en la mejilla. La sabana (ahora manchada de sangre al igual que el piso y algunas partes del cuerpo de Gladio) recibió el beso en lugar de la misma Amapola.

Abrió la puerta y luego, le dio un último vistazo al que había sido su hogar por más de ocho meses. No pudo ver bien ya que sus ojos llenos de lágrimas se lo impedían.

Apagó las luces y se fue, caminando por las calles de Hau'oli llorando y sollozando.

Hizo eso hasta que salió de Hau'oli y llegó al bosque, donde sabía que nadie lo encontraría. Se derrumbó frente a un árbol con Uricorio en brazos y lloró ahí por horas y horas hasta que finalmente, el cansancio físico y mental lo terminaron desmayando.


Despertó, sobresaltado.

Olió el aroma a bayas y esa sensación acolchada en su espalda, además de ver a sus Pokémon reunidos con él.

Había sido un sueño… Únicamente un sueño, una horrible pesadilla…

El aroma de las bayas era porque estaba en un bosque, la superficie acolchada era su mochila y sus Pokémon estaban con él porque ellos lo habían movido ahí con ayuda de Código Cero.

Gladio abrazó sus piernas y de nuevo, comenzó a llorar. Rockruff estaba totalmente confundido, mientras que Eevee y Uricornio tenían recuerdos casi nulos junto a aquel extraño dolor. Código Cero observaba.

En medio de su llanto, Gladio recordó el momento en el que se enteró de la muerte de su padre. Había sido horrible y decidió que no lo haría igual.

Con todas sus fuerzas, trató de dejar de llorar, lográndolo quince minutos después. Sus ojos estaban totalmente rojos al igual que sus mejillas y nariz.

Trató de sonreír pero cada vez que lo hacía, se le torcía la boca por lo que, al final, su sonrisa fue una extraña mueca.

O-Oigan…— les dijo, tratando de sonar tan comprensible como pudiese— De-debo decirles algo…

Los Pokémon se le quedaron viendo.

-Ve-Verán… Amapola, ella está… Bueno… Ama… Amapola no va… no va a poder se-seguir con nosotros… En la madru-madruga… da… llegaron unas per-personas muy malas que q-querían dinero, p-pasó algo y por… por eso, Amapola dio su v-vi-vida para salvarme…— sus ojos volvieron a lagrimear incesantemente— No fui… lo suficientemente fuerte para… para ayudarla… yo…

Los Pokémon tenían la mirada perdida (a excepción de Código Cero).

Uricorio no dijo nada y simplemente dio media vuelta.

¿-U-Urico…?

El pájaro se quedó quieto hasta que comenzó a batir las alas. Despegó del suelo, volando hacia los cielos.

¡Espe…! ¡URICORIO, NO TE VAYAS!— trató de alcanzarla, pero cayó de cara al suelo. Levantó la cara de la tierra y luego, golpeó el suelo— Mierda… ¡MIERDA! ¿¡POR QUÉ SIEMPRE PASA LO MISMO?! ¿¡POR QUÉ NO PUEDO SER FELIZ?!

Siguió golpeando el suelo tan fuerte como pudo y luego, clavó sus dedos en este, contrayéndolos de nuevo hacia la palma.

¡AMAPOLA!... ¡AMAPOLA NO, JODER! ¿¡POR QUÉ NO LUSAMINE?! ¿¡POR QUÉ TE LLEVASTE A AMAPOLA?! ¿¡POR QUÉ A MI MADRE?!— gritó, viendo al cielo, mientras lloraba de ira.

Rockruff y Eevee lloraban juntos, recordando a aquella mujer que tanto los quería.

Gladio tenía las venas de la cara y del cuello marcadas. Se puso de pie y con los ojos inyectados en sangre, miró a Código Cero.

Tú… ¡Tú me ayudarás a encontrarlos!— dijo, sujetándolo de la máscara con delicadeza a pesar de la cólera que sentía— ¡ME AYUDARÁS A VENGARLA!

Código Cero no dijo nada ni se movió.

Mi aliado… mi aliado de plata… Silvally…— murmuró, abrazándolo— ¡VAMOS A MATAR A ESOS HIJOS DE PUTA! ¡VAMOS A HACERLOS SUFRIR UN INFIERNO! ¡VOY A TORTURARLOS, LES ARRANCARÉ LAS EXTREMIDADES Y LOS MATARÉ CUANDO HAYAN SENTIDO EL MÁS PROFUNDO SUFRIMIENTO Y DESESPERACIÓN! ¡VOY A MATAR A CADA JODIDO MIEMBRO DEL TEAM SKULL QUE VEA! ¡NO PODRÁN LIBRARSE DE MÍ NI EN LA MUERTE!

Montones de palabras y juramentos salieron de la boca de Aether.

Su odio por el mundo había llegado a un nivel enorme.

El mundo no lo dejaba ser feliz, el mundo le quitaba lo que amaba, el mundo lo jodía constantemente. El mundo lo odiaba y él odiaba al mundo.

Aquel joven que veía la vida con ilusión y alegría, que por fin veía un futuro brillante para él y su hermanita, había desaparecido.

Sólo quedaba el chico que odiaba al mundo con todo su ser, que odiaba a su madre y a esos pandilleros que no conocía de nada, que habían salido de la nada. Ya no le importaba lo que tuviera que hacer para salvar a lo único que amaba en la vida. Para salvar a Lillie, haría todo cuanto estuviera a su mano, sin importar la moral o ética.

Gladio Aether había dejado de existir, ahora era solamente Gladio.


— Me fui a Akala para que nadie pudiera identificarme por lo de Amapola en Melemele e inicié finalmente el Recorrido insular para encontrar pistas de los del Team Skull y porque quería el Litostal Z para Lycanroc que da Olivia. Dos meses después me encontré con unos Skull, pelee contra ellos y fue difícil pero sabía que con Silvally no perdería. Les gané y luego los torturé porque quería información sobre Seymour y Rony, al final los maté. Fue la primera vez que maté, así que no pude dormir bien por más de un mes… Me fortalecí mientras encontraba a miembros del Team Skull, maté a otros cuantos. Si quería hacerlo rápido, los interceptaba cuando estaban distraídos y si quería hacerme más fuerte los enfrentaba. Una vez, me encontré con Guzma, quien ya sabía era su líder. Quería matarlo pero me dijo que me ofrecería un puesto como su guardaespaldas. Consideré los contras y los beneficios y noté que haciéndome su guardaespaldas podría descubrir a los asesinos de Amapola así que acepté. Me pagó bien siempre, aunque sean unos rastreros sin dinero. En resumen, Guzma da asco porque tiene un sequito lleno de asesinos de inocentes humanos y Pokémon, así como de ladrones, estafadores y demás ratas de cloaca. Un asesino como yo no puede criticarlo pero créanme que es mucho peor de lo que yo llegaré a ser. Tanto tiene culpa el que mata al Miltank como el que lo paraliza.

Gladio dejó de hablar, para luego, voltear a ver a todos.

Rostros de incredulidad se veían en las caras de los presentes.

No había lugar para pensamientos ligeramente chistosos, pero todos notaron como Gladio había resumido de forma sumamente breve lo sucedido con los Skull. Tal vez no quería que Lillie lo escuchara o tal vez no quería recordarlo.

Al final, el pensamiento se fue al igual que las palabras de todos.

Nadie y esta vez NADIE, sabía que decir.

Escuchar todo eso era… simplemente devastador.

El cambio de Gladio, la muerte de Amapola…

Era imposible escuchar eso y quedar indiferente.

Ash, quien había sentido compasión por ellos una vez, los comenzó a repudiar aún más. Ellos habían destruido la vida de Gladio. Su visión sobre él no había cambiado, incluso sabiendo que era un asesino.

Lillie estaba cabizbaja. Su hermano había hecho más por ella que ningún otro ser vivo… Ella le debía todo a su hermano y se había atrevido a hablarle de esa forma… Su visión sobre él no había cambiado, incluso sabiendo que era un asesino.

Elio y Selene estaban algo asustados pero igualmente, tristes. La vida de Gladio sonaba como una completa basura, por lo que admiraban todo el coraje que había tenido que sacar para no tirar la toalla nunca. Su visión sobre él no había cambiado, incluso sabiendo que era un asesino.

Hau, por su parte, había hablado mucho de Gladio y lo había juzgado sin siquiera pararse a conocerlo o comprender su historia. Se sentía horrible consigo mismo y sentía demasiada admiración por Aether. Su visión sobre él había cambiado y no por el hecho de que pudiese confirmar que era un asesino.

De pronto, Gladio se puso de pie.

—Deberíamos irnos a dormir— dijo, girando hacia donde sería su lugar de descanso—. Ya hablé lo que quería hablar.

Aunque todos querían decir algo, nadie pudo.

Gladio se fue, dejando a todos completamente mudos. Los únicos que lo siguieron fueron sus Pokémon y Torracat.

El rubio vio de reojo al tipo Fuego.

—También la querías, ¿cierto?

Torracat no dijo nada.

Recordó aquella vez que fue por vayas y sólo encontró gente reunida. Pensó que era un desperdicio de tiempo y se fue. Al día siguiente, no había absolutamente nada más que unas cintas amarillas por lo que también se fue. Pasó lo mismo por casi tres semanas hasta que finalmente se rindió.

Él jamás se habría imaginado esa historia.

En el Altar del Eclipse se acaba de contar una historia.

La historia de un hombre que una vez fue feliz.

Tiempo para el rescate de Lusamine: 8 horas y dos minutos.


¡Ey! Terminé y en sólo un par de días.

Este capítulo es por así decirlo, el porqué de la radical transformación de Gladio. Podríamos decir que lo perdió todo y eso lo llevó un camino de venganza y sangre. Sé que se quedaron con ganas de ver más del pasado de Gladio con los Skull y tranquilos, se los mostraré, pero será en unos cuantos capítulos.

Sobre "Amapola" (Anela en español e inglés y Moani en japonés), la elegí a ella porque pensé en su momento que tenía las características necesarias para confortar a Gladio y hacer que volviese a sentir que era parte de algo ya que, después de todo, ¿quién mejor para eso que una abuelita? Su nombre lo elegí mucho antes de que se revelara el nombre del personaje oficialmente y para cuando lo revelaron, yo ya la había mencionado de esta forma.

Por cierto… Ash si atrapó a Gengar y Scorbunny evoluciona mañana… ¡Que emocionante! Lo diría con más emoción, pero realmente es tarde y quiero dormir…

Así que lo dejaremos hasta aquí…

¡Adiós, chicos!