¡Hola a todos! Hay algunas reviews de usuarios que no he respondido, pero debido a la hora, tendré que dejarlo para mañana ¡Lo siento!

NesRedTrebol: No, amigo, nada, ABSOLUTAMENTE NADA, puede vender más humo que Kalos… "Victoria en la Liga Kalos"… Eso sí fue demasiado sucio XD
¡Gracias y por cierto, el anime ya volvió!

¡Ahora sí, pasen a leer!


—Oh, parece que te llaman, Ash.

Delia no se equivocaba. En medio de la habitación del menor de los Ketchum y Lillie, Rotom había pasado a modo llamada, vibrando y pronunciando las palabras:

LLAMADA ENTRANTE.
DE:
HERMANO DE LILLIE, GLADIO.

Esa repetitiva oración llamó la atención de la rubia, quien de inmediato se fijó en la pantalla. Elio, Selene y Ash también se vieron realmente interesados.

Lillie no dudó en tomar la llamada.

—¡Hermano!— exclamó. Delia, Tsukishima, Asahi, Red y el profesor Kukui la observaban en silencio para no interrumpir.

—Hola, Lillie— saludó el rubio, sonriendo levemente— ¿Cómo estás?

Esas palabras iluminaron la mirada de la adolescente. Los ojos de Red se abrieron de par en par.

—¡De maravilla, gracias por preguntar! ¿Qué tal tu día?— preguntó con una amplia sonrisa. Si Ash recordaba bien, esa era la primera vez que Gladio se había detenido a preguntárselo.

—Todo bien, de momento. Lo siento por cortar la conversación, Lillie, pero ¿está Ketchum contigo?

La rubia dejó salir una pequeña risita.

—¿Cuál de los tres?— preguntó, señalando la cámara hacia Red, Ash y Delia.

La adulta saludó a Gladio. Había oído cosas de él por parte de Ash (bueno, casi todo lo que su hijo sabía de él, también lo sabía ella).

Gladio cerró los ojos un momento y suspiró un poco.

—Me refería… a Ash…— dijo. Lillie, Elio y Selene notaron que le había costado un poco decirlo.

El azabache se emocionó por eso.

—¡Aquí estoy!— exclamó.

—Puedo verlo— sus ojos entonces se dirigieron hacia Red—. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación. Quería informarle que una unidad de la Fundación Aether estará esperándolo en el puerto de ciudad Hau'oli. Llegarán en un aproximado de una hora.

Red esbozó una pequeña sonrisa.

—No hay necesidad de ser tan formales. Tú y yo ya nos conocíamos de antes, ¿cierto?— preguntó. Si Pikachu no estuviese recibiendo cuidados en el Centro Pokémon, también lo habría notado.

Todos los presentes se sorprendieron, incluso el propio Gladio. Asintió.

—Hace varios años, sí… No esperaba que lo recordase— admitió.

—De vez en cuando recuerdo tu risa— dijo Red—. Fue una de las más contagiosas que he oído en mi vida.

Gladio, por mucho que trató de contenerla, no pudo evitar soltar una pequeña risita. Lillie sonrió al oír eso.

—Aún recuerdo ese día… Gracias por ese momento, Red.

—No. Gracias a ti.


—Entonces, me voy yendo— dijo Red, haciendo una reverencia—. Profesor Kukui, señores Asutoro, Elio, Selene, Lillie y Rotom, ha sido un placer conocerlos.

Los mencionados imitaron su gesto. Unos de forma más elegante que otros.

Mientras tanto, Pika se despedía de Pikachu. Utilizaron sus colas para ello.

Char y Charizard se dieron un apretón de manos amistoso en el cual pusieron bastante fuerza. Al final, Charizard tuvo que rendirse.

Sceptile y Poliwrath se despidieron con un movimiento de cabeza.

—Ash— Red lo miró fijamente y luego, le tendió una mano—. Nos volveremos a ver. Muy pronto.

—Tienes que enseñarme varias cosas cuando regreses, ¿de acuerdo?— el azabache le dio la mano derecha, sonriendo.

El primogénito asintió y luego, dio media vuelta, subiendo a la lancha de la Fundación Aether, la cual partió.

—¿No vas a ir tú también, Ash?— preguntó Delia, volteando a ver al menor de sus hijos.

Lillie se adelantó a responder.

—Mi hermano cree que no es necesario que estemos ahí. Él dice que con uno de nosotros basta para explicar todo, al menos, de momento.

—Aunque nos quiere en las conferencia de prensa, ¿eh?...— Ash lucía algo decepcionado por ello. Realmente no le entusiasmaba la idea.

—¡Tranquilo, jefe!— exclamó Elio, acercándose a él— ¡Selene y yo somos muy buenos tratando con multitudes, podemos enseñarle a cómo manejarlo si le parece!

—Se nos da bastante bien— aseguró Selene.

—¿Les… importa si me uno?— preguntó la rubia, algo apenada.

—¡Oh! ¿No eres buena con las multitudes tampoco?— preguntó Elio, cruzándose de brazos. Lillie negó con la cabeza.

—Déjanoslo a nosotros, entonces— Selene colocó una mano sobre su hombro.

—Puedo ayudar con ello. Tengo descargados algunos libros que ayudan a dar mejores discursos-Roto.

Ash y la rubia se sintieron mucho más aliviados.

Kukui, Delia y los señores Asutoro voltearon a verse. Rieron.

Por algún motivo, sentían como el vínculo de sus hijos reforzaba un poco más el recién creado entre ellos.


Luego de casi una hora, Gladio volvió al embarcadero.

Saber que Red lo recordaba lo ponía inexplicablemente feliz. Casi todo lo relacionado con los días que vivió con Amapola lo ponía de buen humor, en realidad.

Vio llegar la lancha y en ella, al campeón de Kanto. Los cuatro empleados que habían ido a recogerlo lucían realmente felices, como lo demostraba el sonrojo en sus rostros. Red les agradeció con una palmada en la espalda a cada uno, cosa que los dejó todavía más contentos.

Una ola de murmullos se formó en el lugar, cosa que también había pasado con la llegada de los campeones y con la gran mayoría de los científicos.

Gladio lo permitió por unos momentos y entonces, aplaudió varias veces.

—¡A trabajar!— exclamó— ¡Aún hay muchas cosas que debemos hacer para que nuestros invitados se sientan cómodos!

Él sabía que hablarles así sería contraproducente si no tenía su respeto. Causaría que lo desobedecieran, que se preguntaran quién diablos era el tipo que los estaba mandando de la nada, pero para su suerte, sí que tenía su respeto.

Los días que había estado en el Paraíso Aether, Gladio se había desempeñado como un gran líder y daba órdenes realmente precisas que facilitaban el trabajo de los empleados, además de proponer soluciones que solamente lo simplificaban más.

Gladio no tenía favoritos, si gente que le caía mejor, pero no por ello les daba algún tipo de preferencia. Los trataba a todos por igual, regañando a quien era necesario regañar y, para sorpresa de todo el mundo, felicitando a quien debía ser felicitado.

Pedía todo con un "por favor" y siempre daba las gracias luego de cada acción. Cuando daba una orden, lo hacía con un tono de voz autoritario, más nunca grosero o brusco.

Su presencia inspiraba a la gente el querer hacer las cosas bien, principalmente porque todos los empleados a su mando conocían su historia y conocían lo que era capaz de hacer por los Pokémon y, eso mismo, le valió el respeto de la gran mayoría desde el minuto uno.

Los empleados volvieron a sus labores, muchos de ellos mantenían su mirada en Red por el rabillo del ojo.

El rubio finalmente se acercó a él.

—Red Ketchum. Es un placer tenerlo con nosotros— dijo, haciendo una reverencia, cosa que había dejado de hacer hacía mucho tiempo—. Por favor, déjenos al cuidado de cualquier pertenencia que le dificulte una cómoda estancia.

Red, con Pikachu en el hombro, se le quedó viendo.

—No es necesario que seas tan formal conmigo. Somos viejos conocidos, ¿no?— le dijo, poniendo su maleta en el suelo y dándole una pequeña palmadita en el hombro.

Gladio agachó un poco la cabeza.

—Entonces si me lo permite…

—No es necesario que me hables de "usted", no se siente correcto siendo que soy tu invitado.

—Pikachu.

Gladio pensó que se merecía ese trato simplemente por la diferencia de rangos, pero no se negó. Para él también era mucho más fácil hablarle a la gente de "tú".

—Bien. Entonces, por favor, deja que nuestros empleados se adelanten un poco y lleven tus pertenencias al lugar donde se estará hospedando— Gladio se volteó y luego, con la mano, le indicó a dos reclutas que se acercaran. A último momento, pensó que llamarlos a ellos podría no haber sido una idea inteligente.

Para cuando Jessie, James, Meowth y Wobbuffet llegaron, Gladio se dio cuenta de que podría haberlo echado a perder.

Los miembros del Team Rocket se dieron cuenta de inmediato de quien era el que estaba frente a ellos. Los humanos se cubrieron rápidamente los ojos con sus gorras, mientras que Meowth y Wobbuffet comenzaron a tratar de actuar lo más natural posible, el primero empezó a comportarse como cualquier otro de su especie.

—¿Q-Qué es lo que necesita, jefe?— preguntó James, agudizando la voz a propósito.

—Lleven las maletas del invitado al lugar designado, por favor— Gladio también estaba sudando (principalmente por la penetrante mirada que el campeón les estaba dando a los reclutas) pero mantuvo la calma.

—C-Claro, jefe— la voz de Jessie se engrosó un poco más.

—M-Meooowth…

—Si nos… permite su maleta…— James estiró la mano, sin levantar la mirada.

Red se les quedó viendo durante más tiempo y finalmente, accedió. Lucía realmente serio al momento de hacerlo, cosa que hizo que Meowth, Wobbuffet y Gladio sintieran algo de peligro.

—Entonces, si nos permite…— Jessie dio media vuelta y junto a sus compañeros, partió rumbo a la mansión Aether.

Ketchum miró fijamente la ruta por la que se fueron. Pika hizo lo mismo.

—¿Hay algo mal?— preguntó Gladio, temiendo lo peor.

—Oh, no. Todo está bien— respondió, sonriendo un poco.

El rubio contuvo un pequeño suspiro.

—Entonces, por aquí, por favor.

—El desorden que hay aquí…— dijo Red, llamando la atención de Gladio, quien estaba por comenzar la ruta— Fue obra de mi hermano, ¿cierto?

Gladio se sorprendió un poco.

—Fue para ayudar a mi hermana, así que…

—Él me lo contó. Entiendo lo que hizo y por qué lo hizo, estoy seguro de que tomó la decisión acertada pero eso no quiere decir que no le cargó una gran cantidad de trabajo a tus empleados— Red lucía realmente serio—. Quiero disculparme en su lugar.

Gladio asintió.

—Si es lo que quieres…

—Dame unos minutos, lo haré realmente rápido.

Los cuarenta minutos siguientes fueron de Red, yendo hacia algún trabajador e inclinando la cabeza para incredulidad de este. Gladio no se aburrió de verlo ya que con cada persona con la que se disculpaba, decía algo diferente que con la anterior. No repitió la misma disculpa en ningún momento.

Gladio se encontró a sí mismo un tanto fascinado por la capacidad para pensar disculpas. Había oído rumores de que la gente de Kanto era un tanto propensa a pedir perdón, ¿pero a este nivel?

Al final, los reclutas le decían que levantara la cabeza. Ninguno de ellos se enfadó con Red, tampoco actuaron prepotentes al tener a un campeón prácticamente arrodillado ante ellos. Todos le sonreían y, en broma, pedían como compensación un autógrafo y una fotografía, cosa a la que Red accedía sin rechistar.

Finalmente, ese pequeño Meet&Greet llegó a su fin por lo que Ketchum tuvo vía libre para volver. Cuando terminó, los ánimos en el lugar lucían mucho más altos.

—Perdón por hacerte perder el tiempo— le dijo también a Gladio, quien negó con la cabeza.

—Da igual. Viendo lo productivos que son, acabas de ahorrarme algunas horas de trabajo— dijo, dando media vuelta y retomando el camino.

Red caminó detrás de él.

Le dio el tour habitual. Le presentó el embarcadero y su evidente propósito. Le dijo que era libre de utilizar el nivel cuanto quisiera ya que se le otorgaría una tarjeta de acceso nivel uno con la cual podría moverse sin ningún problema entre los pisos del lugar y luego, subieron hacia la recepción.

Una vez ahí, los murmullos volvieron. Esta vez, pasaron de largo.

—¿Quieres ver la Reserva o pasamos directo a la mansión? Ahí te mostraré donde es que dormirás— Gladio le dio a elegir.

Los ojos de Red brillaron por un segundo.

—La Reserva es donde están los Pokémon, ¿cierto?— preguntó, recibiendo un asentimiento— En ese caso, si no es mucho problema, me encantaría verla.

Gladio por fin sintió que Ash y Red eran hermanos. El mayor daba unas pequeñas vibras del menor, sin llegar a ese límite que tanto molestaba al primogénito de los Aether.

—Entonces vamos una planta más arriba— Gladio volvió a introducir su tarjeta de acceso cinco y luego, seleccionó la Reserva.

El elevador subió, acercándolos a los rayos del sol que entraban desde el techo del lugar.

Nada más llegar, Red miró con fascinación los alrededores. Los reclutas que estaban por ahí se daban codazos, señalando al campeón entre susurros.

—¿Tienes teléfono, Red?— preguntó Gladio, mostrando su Videomisor.

Ketchum volteó a verlo. Al parecer no lo había oído bien.

—Si no tienes uno, puedes encontrarme preguntando por mí en la recepción— le dijo.

El campeón negó con la cabeza.

—Tengo uno— sacó también su Videomisor— ¿Cuál es tu número?

—777-829-111— dictó de forma paciente.

Red lo anotó y luego, asintió.

—Listo. Lamento darte estos problemas, Gladio— dijo Red. El rubio, de alguna forma supo que él realmente tenía ganas de estar ahí.

—No pasa nada. Aún faltan invitados por llegar y sería mejor que estuviesen todos aquí— volvió su cuerpo hacia el ascensor—. Ya lo sabes. Si me necesitas, llama.

Red asintió, despidiéndose con una mano.

Cuando Gladio desapareció de su vista, su ceño se frunció.

—He visto a esos dos antes— murmuró. Red Ketchum podía jactarse de tener una memoria increíble.


—¿Qué sucede?— nada más llegar a la recepción, el Videomisor de Gladio comenzó a sonar.

—Señorito, se nos acaba de avisar que los campeones Lance, Dianta y Leon han llegado ya a territorio de Alola, también la profesora Magnolia y su asistente— la voz de Wicke y su rostro eran proyectados por el aparato—. El avión de la campeona Dianta está a treinta minutos de aterrizar y el del campeón Lance está por hacerlo.

—Bien— dijo Gladio— ¿Qué hay de Leon y Magnolia?

—Bueno, sobre el campeón Leon…

A Gladio no le gustó nada cómo sonó eso.


Ciudad Kantai. Akala.

El aeropuerto de Kantai, contrario al de Hau'oli, era más pequeño y, en general, muchísimo más exclusivo. Prácticamente todos los aviones que pasaban por ahí eran de uso privado y eran propiedad de una persona o de algún grupo.

Explicado eso, Gladio entendió por qué Leon y la profesora Magnolia habían decidido aterrizar ahí.

No había problema, sí… De no ser porque Wicke le dijo que el campeón se había perdido saliendo del aeropuerto.

El rubio había salido a toda prisa en un helicóptero de la Fundación, el cual dejaron en el helipuerto del lugar.

—¡Señor Gladio!...— un trío de reclutas Aether llegó corriendo hacia él, agitados— ¡Lo sentimos mucho!...

—Tranquilo. Díganme qué fue lo que pasó y veremos cómo solucionar esto— dijo Gladio, bajando del helicóptero.

Por lo que los reclutas le dijeron, Leon había bajado sin problemas del avión junto a dos mujeres, creando un gran público a su alrededor. El trío Aether se había acercado y les habían dado indicaciones sobre el viaje hacia el Paraíso Aether, los tres dijeron haberlo entendido y entonces, caminaron hacia la salida. Cuando los reclutas voltearon a verlos para charlar un poco, el campeón había desaparecido totalmente.

—Eso no soluciona mucho…— Gladio se rascó la cabeza, molesto.

—Lo sentimos, señor Gladio— el único hombre del trío de reclutas bajó la cabeza a modo de disculpa—. Si nos da un poco más de tiempo, entonces…

—Desafortunadamente, no tenemos tiempo— las palabras de Gladio pusieron nerviosos a los empleados—. Tenemos que recoger a muchos más invitados y lidiar con la prensa; al parecer, la gente ya se ha dado cuenta de que algo está pasando.

En el lugar sólo podían oírse las turbinas de algunos aviones pequeños y las hélices del helicóptero, las cuales ya estaban cesando su movimiento.

—Los profesores Aurea y Cedric Juniper van a aterrizar en Melemele. Esperamos a los profesores Sycamore y Sakuragi en Ula-Ula— habló Gladio, haciendo que sus empleados voltearan a verlo—. Los profesores Juniper aterrizan en tres horas. Sycamore en dos y Sakuragi en seis. Movilícense tan pronto como puedan— apuntó al único hombre—. David, vas a ir por los Juniper, una vez llegues a la Fundación, toma una lancha y a otros dos reclutas— señaló a una de las chicas, esta tenía el pelo largo hasta la cintura—. Jenn, tú vas por Sycamore así que tendrás que ser la más rápida. Irás a Ula-Ula en el helicóptero junto a Cecy— señaló a la otra chica, esta tenía el pelo por debajo de los hombros y atado en una trenza— y volverás al Paraíso con él. Cecy, tú solicita una lancha y a otros dos reclutas. Tendrás que esperar un rato en el lugar, así que siéntete libre de pasear un rato pero no descuides tus obligaciones en ningún momento. Si fui muy rápido, puedo explicarlo de nuevo.

Los reclutas se quedaron en silencio. Lucían incrédulos.

—¿Entendieron o pasa algo más?— Gladio se cruzó de brazos.

—Es sólo que…— David se veía algo avergonzado.

—La presidenta ni Faba, ninguno de los dos se aprendió nuestros nombres nunca… incluso a la subdirectora los olvidaba seguido…— Cecy fue quien habló.

Jenn asintió.

Gladio arqueó una ceja.

—Nos presentamos ayer, ¿por qué no recordaría sus nombres?— preguntó.

—Bueno, tiene razón…— murmuró David.

—Entonces, volviendo al tema, ¿quedó todo claro?— Gladio volvió a preguntar.

Los tres se pusieron firmes de inmediato e hicieron un saludo militar.

—¡Como el agua, señor!

—Bien…— el rubio asintió con la cabeza— Una última cosa antes de que se vayan.

—¡Diga, señor!— exclamó Jenn.

—¿Dónde están la profesora Magnolia y su asistente?— preguntó.

—¡Lo están esperando en un restaurante de pizza cercano, señor! ¡El nombre es Squirt's Pizza, señor!— respondió Cecy.

Gladio dio una cabeceada, y luego, media vuelta.

Justo cuando los tres reclutas iban a subir al helicóptero para volver a la Fundación, Gladio habló.

—Gracias por su trabajo— dijo, comenzando a bajar del helipuerto por las escaleras.

Aether no lo supo porque no volteó a verlos, pero sus palabras hicieron sentir realmente felices a unos empleados que con Faba, nunca conocieron el "gracias".

Escuchó el helicóptero irse y luego, lo siguió con la mirada hasta que desapareció en el cielo.

Entró y salió del aeropuerto rápidamente, llegando a las calles de Kantai.

Detuvo a la primera persona que vio y le pidió indicaciones para llegar a la llamada "Squirt's Pizza". La mujer que se las dio le mostró la ubicación con un GPS.

Gladio le agradeció y se fue.

Caminar siempre había sido una de las actividades favoritas de Gladio y habría disfrutado mucho de ese pequeño momento de no ser por los distintos murmullos que se oían por donde pasaba.

—¿Ese no es Gladio Aether?...

—Todo lo de los Ultraentes, fue culpa de su madre, ¿no?

—Pobrecito… He oído que él y su hermana sufrieron de maltrato por parte de su mamá…

Desde lo del Incidente Aether, la gente había empezado a reconocerlo más y más hasta el punto en el que su rostro era fácilmente identificable.

Cerró los ojos sin dejar de caminar.

"Ultraentes". Ese término se había hecho tendencia en toda Alola y en algunas partes fuera de esta. Lo único que el público realmente sabía sobre ellos era que: Uno: Eran las cosas por las que los Kahunas y Capitanes habían puesto un toque de queda por varios días, así como los causantes de varios desastres. Dos: Habían sido traídos a la tierra por una "acción misteriosa" de Lusamine. Se dijo al responsable, más no cómo se hizo. Tres: Gladio tenía uno.

La Fundación, los Kahunas y el equipo S&M darían una conferencia televisada al público en varios días. Gladio no se sentía realmente seguro de hacerlo. En general, ni siquiera se sentía seguro sobre volver a Hau´oli ya que, después de todo, ahí…

—No pienses en eso, idiota…— se murmuró a sí mismo, prestando de nuevo atención a sus alrededores y viendo su objetivo.

A ojos de Gladio, el restaurante simplemente estaba ahí, existiendo. Lo que le llamó la atención fue el logo, un Squirtle comiéndose una rebanada de pizza.

Sin pensarlo mucho, entró, dejando sonar la campanilla de la puerta.

—¡Tome asiento, por favor!— escuchó que le gritaron.

El lugar desprendía una vibra que no era típica de Alola. Cómo si ese simple lugar perteneciera a otro plano existencial… O tal vez Gladio simplemente tenía frío. Revisó el aire acondicionado, viendo que estaba en una temperatura algo fría.

Se sobó un poco el brazo, en busca de calor.

—Vamos, cariño… Estoy segura de que a tu abuela le gustaría pasar un tiempo a solas en la ciudad, despejar su mente… Tú sabes.

El tono de voz con las que esas palabras fueron dichas hizo estremecer a Gladio, más que nada del enojo. En el pasado le habían hablado de esa forma varios hombres y alguna que otra mujer (estas, generalmente iban de manera mucho más discreta).

—Nah, la abuela está bien con mi compañía, ¿verdad?— preguntó una voz femenina.

—No realmente…

—¡Abuela!

—¿¡Lo ves?! ¡Salgamos de aquí un momento y divirtámonos un poco!

Gladio entonces volteó. Después de todo, esas personas podrían perfectamente ser a quienes estaba buscando y oh, sorpresa, sí que lo eran.

Se encontró con una mujer mayor de pelo canoso, el cual antes bien podría ser naranja. Su rostro, además de mostrar algunas arrugas que probaban su sabiduría y vejez, tenía una expresión seria e inflexible, rematada por esos verdes ojos que incitaban a cualquiera a estar callado mientras ella hablaba. Su vestimenta era un vestido amarillo debajo de una bata de laboratorio blanca, varios accesorios como un collar, una diadema morada y unas gafas de cristal que se sostenían gracias a un cordel dorado. A un lado de su asiento había un bastón morado con dorado que en su punta mostraba la imagen de un Pokémon que Gladio sólo había visto en fotografías.

La chica que era objeto de los coqueteos tenía probablemente la edad de Wicke e incluso lucía un poco menor. Tal vez rondaba los veinticuatro años. Era realmente hermosa de rostro y cuerpo, mostrando una fiel imagen de lo que seguramente fue su abuela en su juventud. Al igual que la mayor, sus ojos eran de un bello color verde y, al contrario que esta, su pelo mantenía aquella coloración naranja; hablando de su pelo, este se encontraba recogido en una coleta y estaba lleno de unos adornos plateados en forma de corazón. Su blusa era de un color azulado, un poco similar al verde; un bolso negro colgaba de su hombro y cubriendo a ambos, estaba una gabardina de color beige. Sus jeans eran azul claro y tanto sus zapatos como sus uñas eran del mismo color que su blusa. Llevaba unas gafas de sol negras puestas sobre la cabeza y en la muñeca, una gran pulsera con una especie de pantalla.

Gladio identificó a la primera como la profesora Magnolia Prince y si bien, no conocía a la chica de nada, sabía que era nieta de la mujer mayor.

—¡Vamos, preciosa! ¡No me hagas tener que rogarte de rodillas…!

El sonido de una silla arrastrándose se escuchó.

Las dos mujeres y el tipo (un chico vestido con una sudadera larga, jeans negros y pelo negro hasta los hombros) voltearon en dirección al sonido.

—Muchas gracias por haber aceptado nuestra invitación— dijo sin más—. Espero que su viaje hasta aquí haya sido cómodo y sin complicaciones.

—Ey, ¿quién eres…?— el sujeto iba a hablar, pero fue interrumpido.

—¡Ohhh, ¿eres el heredero de la Fundación Aether?! ¡Luces bien, chico! ¡Me agrada tu estilo tan oscu…! ¡Auch!— la pelirroja se vio obligada a callarse por obra de un bastonazo, cortesía de su abuela.

—Lamento mucho la indiscreción de mi nieta. El señor Gladio, ¿no es así?— preguntó Magnolia, viendo fijamente al rubio.

—Yo estaba…

—No hace falta que añada honoríficos, profesora. No he hecho nada para ganármelos— Gladio, aunque no lo demostraba, estaba un poco emocionado. Había escuchado de la profesora Magnolia cuando menor y lo que había escuchado era tan increíble que lo poco que quedaba de su niño interior había resurgido al recordarlo.

—Considérelo una muestra de mi respeto hacia usted y la Fundación de su abuelo. Lo conocí hace muchos años, un gran hombre sin duda y una lástima lo de su fallecimiento— Magnolia era realmente buena con las palabras. Charlar con ella era algo que Gladio pensó, podría hacer sin problemas.

—No conocí a mi abuelo en vida pero estoy seguro de que fue una gran persona. Muchas gracias por sus respetos— Gladio hizo una pequeña reverencia en su asiento.

—¡Y es educado! Hoy en día los chicos sí que son un todo en uno, ¿dónde estaban cuando era más jo…? ¡Auch!— de nuevo, Magnolia había golpeado a la que Gladio había notado, era una parlanchina de primera.

Para ese punto, el tipo se rindió y se fue, pateando el suelo con frustración. Seguramente el chico había pensado que podría conseguir un revolcón rápido simplemente porque sí.

—Y deberías aprender modales. Tienes veinticuatro años, Sonia, compórtate como la adulta que eres— Magnolia confirmó las sospechas de Gladio sobre la edad de la mujer. La profesora carraspeó—. Lamento la indiscreción de mi asistenta.

—Descuide— el rubio se giró hacia la pelirroja—. Gladio Aether, director de sucursal temporal de la Fundación Aether.

—Sonia Prince— la chica extendió su mano hacia Gladio, gesto que este aceptó—. Asistenta de la profesora Magnolia y su nieta, ¡un placer, rubio!

—El gusto es mío.

Gladio en esos momentos acababa de entrar en su modo "Mamá y papá tienen una fiesta con valiosos accionistas y donadores, debemos ser realmente educados si llegan a vernos". Cuando era niño le habían enseñado bastante sobre modales y el correcto trato hacia sus "superiores" y "subordinados". Esa faceta de Aether había resurgido luego de comenzar a monitorear el Paraíso Aether. No era propio de él ser sumiso ante otras personas, pero era propio de él saber cómo comportarse en determinadas situaciones.

—Imagino que está aquí porque sus empleados le dijeron donde deberíamos vernos— supuso Magnolia, recibiendo un asentimiento.

—También me comunicaron del… "problema" que tenemos entre manos— Gladio se recargó en su asiento.

Escuchó un suspiro salir de la boca de Sonia y luego, vio que esta se cubría la cara, apenada.

—Leon es un idiota sin remedio… Te lo aseguro, rubio, nunca conocerás a alguien con peor sentido de la orientación que él.

—Más respeto, Sonia. No hablas con cualquier persona— Magnolia puso un gesto más firme.

Gladio negó.

—No importa, profesora— dijo, dirigiendo su mirada hacia Sonia—. Sobre lo que decías del campeón Leon…

Sonia suspiró de nuevo.

—Nos conocemos desde niños y créeme, es el tipo de hombre que se perdería en una línea recta— aseguró, recargándose en su silla—. Debió de habernos perdido la pista por un segundo y luego tomó otra dirección, es lo más probable. Ahora bien, sobre dónde podamos encontrarlo…

—No son buenas noticias, ¿verdad?

—Eres listo, rubio…

Gladio se rascó la cabeza, sintiendo conflicto. Se quedó pensativo mientras que las Prince recibían una pizza de queso.

—¿Tienen alguna fotografía suya?— preguntó.

Sonia lucía realmente impresionada por la pizza pero tuvo que espabilar por las palabras de Gladio.

—Ah, sí— sacó de su bolso un teléfono celular y luego pulsó la pantalla varias veces—. Aquí.

Era una selfi de ella junto a un hombre de su edad. Era mucho más alto que Sonia, de piel oscura, ojos amarillos y largo cabello morado. Lucía una perilla morada. Gladio se fijó bien en la gorra que tenía puesta y toda la demás vestimenta la dejó de lado.

Eso era todo lo que necesitaba. Se puso de pie.

—Disfruten de su comida, por favor— dijo, grabándose a fuego la imagen del campeón. Cuando Wicke le habló a profundidad de él, vio la imagen de reojo pero no el suficiente tiempo como para memorizar su aspecto—. Iré a buscar al campeón.

—¿Está seguro? La situación fue descuido nuestro, si debemos acompañarlo, lo haremos— dijo Magnolia. La idea no hizo del todo feliz a Sonia, quien realmente parecía querer comer.

Gladio negó con la mano.

—Por favor, que esto no le afecte. Encontraré la manera de resolver el asunto rápidamente— aseguró.

Los ojos de Sonia brillaron y Magnolia se resignó.

—Mucha suerte, señor Gladio.

—Nos veremos en el aeropuerto de la ciudad en una hora si todo sale bien— hizo una reverencia—. Me retiro por el momento, señoritas.

—Chao, rubio— Sonia le sonrió y lo despidió con una mano.

Gladio comenzó a salir del lugar cuando vio algo que le llamó la atención.

No pudo evitar sonreír al ver enmarcada la foto de Elio y Selene junto al aparente dueño de la pizzería.

Salió y, tras alejarse lo suficiente del local, recordó.

El campeón Leon, de Galar, es una persona realmente admirada ahí. Ha tenido el título por más de siete años y tiene un índice de victorias del 98.9% siendo sus únicas derrotas ante otros campeones de su calibre como Red de Kanto y Cynthia de Sinnoh. Ha sido el campeón del Campeonato Mundial Pokémon más de tres veces. Se dice que es todo un showman y que siempre busca dar un gran espectáculo en sus batallas, en las cuales es realmente apasionado.

Esa era la descripción que Wicke le había dado de él.

Si los instintos de Gladio eran correctos, un hombre como Leon no dudaría en aparecer si viera un adversario desconocido ante sus ojos, o, en otras palabras, un reto totalmente nuevo.

Lo sabía porque él tampoco lo dejaría pasar.

—Silvally— dijo, sacando a su Pokémon de la cápsula. La quimera le sonrió— ¿Estás más descansado? Necesito de tu ayuda hoy.

Silvally asintió, permitiendo que su entrenador subiera a su lomo.

Gladio notó que muchos se habían detenido a ver a su Pokémon, otros incluso tomaban fotografías. El rubio no prestó atención y en su lugar, buscó su credencial que lo autorizaba como una persona capaz de utilizar monturas sin equipo, la cual había tramitado en el periodo de tiempo que había tenido libre al recordar el incidente que pudo haber ocurrido con el Capitán Kiawe.

—Corramos por la ciudad, amigo— le dijo, dándole unas palmadas en la cabeza.

Silvally obedeció de inmediato.

Transitaron por las calles, por las mismas por los que pasaban los autos. Ahí por donde pasaban, atraían miradas de curiosos y con ellas, murmullos.

Gladio trató de frecuentar más que nada las zonas más densamente pobladas de Kantai, que era dónde él creía, podría estar Leon. Estuvo así por casi media hora hasta que finalmente, decidió bordear la ciudad.

Iban corriendo delante de la entrada al Túnel Diglett, cuando escuchó una voz.

—Esto no parece un embarcadero…— escuchó que decían.

Era una voz algo gruesa y bastante masculina. Gladio volteó en esa dirección, viendo una espalda ancha y musculosa, así como una larga cabellera morada.

Suspiró aliviado.

—Quédate aquí, Silvally. Ya vuelvo— de un pequeño salto, bajó del lomo de su compañero—. Disculpe…

Apenas dijo eso, la persona volteó rápidamente.

—¡Ah, gracias a Arceus! Disculpa si molesto, joven pero ¿podrías decirme por dónde se va a…?— Gladio, quien ahora sabía, estaba frente a Leon, lo vio callarse de golpe y abrir los ojos de par en par— Joven… No me lo vas a creer, pero te juro que…

—Su nombre es Silvally, uno de los únicos tres Código Cero que existen. Es un Pokémon artificial— las palabras del rubio atrajeron la atención de Leon— y mi nombre es Gladio Aether, entrenador de este Pokémon y director temporal de la sucursal Aether en Alola.

—Así que tú eres nuestro anfitrión…— Leon sonrió y acto seguido, hizo una reverencia— Un placer conocerte.

—El placer es mío— Gladio imitó el gesto.

—Lamento si te di problemas, creo que metí la pata con las direcciones— Leon rio, rascándose la cabeza.

—Ni lo mencione. Encontrarlo fue sencillo— mentira.

Leon, entonces, comenzó a mirar hacia todas direcciones.

—¿No están Sonia y la profesora Magnolia contigo?— preguntó.

—Acordamos que nos reuniríamos en una hora en el aeropuerto de la ciudad— Gladio sacó su videomisor—. Eso fue aproximadamente hace cuarenta minutos.

Leon sonrió.

—¡Entonces eso nos da veinte minutos!— exclamó, sacando una Pokéball— ¿Qué me dices, Gladio? ¿Tú y Silvally se sienten con ánimos para estirar los músculos?

Gladio lo supuso. Supuso que Leon haría la pregunta y, si era honesto, él también esperaba que la hiciera.

Era su oportunidad para medir su poder en contra de un campeón, tal y como Ketchum lo había hecho esa misma mañana.

—No planeo rehusarme— dijo, caminando hacia su Pokémon—. Será en el momento que usted prefiera.

—¡Bien, me gusta ese ánimo!— lanzó la Pokéball hacia el cielo— ¡Vamos, Inteleon!

Un Pokémon que Gladio apenas conocía apareció.

Era una especie de lagartija realmente alta. Su cuerpo era delgado y su cola, realmente larga. Tenía una gran cresta amarilla, mismo color que compartía con unas membranas que salían desde sus hombros y llegaban por debajo del inicio de su cola (dándoles un aspecto similar a una capa). Sus piernas eran negras por la parte posterior y azules por la interior, así como su torso (a excepción de un pequeño rombo blanco entre en el vientre). Sus brazos, al igual que su rostro, eran celestes. Las manos eran negras y grandes, contrastando con sus delgados brazos.

Gladio pudo ver mejor a su oponente.

Era más alto que él, tal vez estaba cerca del metro noventa. Era bastante musculoso y utilizaba una camiseta negra simple que se le veía algo ajustada. Llevaba unos vaqueros azules y unas deportivas negras con el empeine blanco. Utilizaba una gorra negra que en la visera mostraba un patrón amarillo que recordaba a la cabeza de un Togepi.

—Silvally— dijo el rubio, dejando pasar a su Pokémon.

—Una sola regla— Leon levantó el dedo índice, sonriendo—. El primero en caer pierde.

—Que así sea, pues— Gladio sacó de su riñonera un cilindro.

Ambos se vieron fijamente y luego…

—¡Empecemos a lo grande! ¡Hidrobomba!— exclamó Leon.

El Pokémon llamado Inteleon apuntó con su índice a Silvally, con su mano en forma de pistola, de golpe, un enorme torrente de agua salió disparado.

El rubio se quedó desconcertado por eso, pero se recuperó lo suficientemente rápido.

—¡Tajo aéreo!— ordenó Gladio.

Las ráfagas de viento salieron disparadas, impactando en contra del poderoso movimiento y deteniendo su avance sólo un poco. Aether supo que eso no le serviría para nada.

—¡Esquiva!

Silvally obedeció de inmediato, dando un gran salto que lo sacó del rango de Hidrobomba.

—¡Cambio!— exclamó Gladio, borrando por un momento la sonrisa en el rostro de Leon. Con un rápido movimiento lanzó un CD de color amarillo hacia una ranura que acababa de abrirse en la sien del Código Cero.

El Pokémon se transformó. Su cresta, cola y escleróticas se volvieron de un color amarillento.

—Un misterio, ¿eh? ¡Me gusta!— Leon hizo una especie de pose, señalando a su oponente— ¡Presiona con Hidrobomba!

Inteleon de nuevo repitió el proceso pero no con los mismos resultados.

Gladio ahora tenía un plan.

—¡Multiataque!

Silvally se paró sobre sus patas traseras y con las delanteras, bloqueó el poderoso chorro de agua. Al instante, una corriente eléctrica cubrió por completo el movimiento hasta llegar a Inteleon, electrocutando su mano y haciéndolo dejar de atacar.

Leon soltó un "Ohhh" de sorpresa.

—Un tipo Eléctrico, ¿eh?— preguntó, sonriendo— ¡Nada mal! ¡Hidrobomba!

Gladio repitió su jugada, con resultados idénticos.

Leon sonrió.

—Juegas de forma arriesgada, tomar riesgos puede ser algo bueno— dijo, mostrándose algo confiado.

Gladio frunció un poco el ceño.

—¿Usará Hidrobomba de nuevo? Apuesto a que hay otros ataques que quiere probar— dijo, manteniéndose firme.

La sonrisa de Leon se amplió.

—Me descubriste, ¿eh?

—Simplemente adiviné.

El campeón soltó una carcajada y luego, volvió a ver a Gladio.

—Cómo si fuera a creerme eso— dijo, señalándolos de nuevo— ¡Disparo lodo!

Gladio supo entonces que su juicio había sido el equivocado.

—¡Tajo aéreo!

Las ráfagas de viento partieron exitosamente en dos las lodosas balas que Inteleon disparaba desde sus manos pero, al hacerlo, simplemente creó proyectiles más pequeños y menos letales pero, a fin de cuentas, dañinos.

—¡Silvally, cambio!— exclamó.

El compartimiento en la sien del Pokémon volvió a abrirse, expulsando de inmediato el disco amarillo, el cual salió volando hacia Gladio, quien, a su vez, lanzó uno de color verde.

Los ojos de Inteleon y Leon brillaron.

Si Gladio tuviera visión en cámara lenta, habría visto perfectamente como Inteleon apuntaba de forma perfectamente precisa hacia el centro del CD, disparando una bala de agua que salió disparada en menos de un segundo, pasando justo por el centro. Si bien la bala de agua no tocó el disco, la presión de aire fue suficiente para hacerlo salir volando de regreso a su dueño.

Pero claro, como Aether no tenía cámaras por ojos, él simplemente vio algo salir disparado hacia adelante y para cuando se dio cuenta, ya tenía su disco de tipo Planta de nuevo en las manos.

Se quedó frío por un momento.

—De vuelta a la normalidad, ¿eh?— Leon se llevó una mano a la perilla.

—Lo descubrió, ¿cierto?...— Gladio frunció el ceño.

—¡Qué va! Simplemente lo adiviné— el campeón sonrió.

—Cómo si fuera a creerme eso…

Ahora el combate se había tornado más peligroso para Gladio. Sin ventaja de tipo, estaba, claramente, en desventaja.

Si bien ya había descubierto la estrategia de Leon de hacerlo mostrar todos sus ataques mientras él solamente mostraba uno, ahora las cosas se habían tornado en su contra. Aquel extraño movimiento sería un verdadero reto a superar.

—¡Pulso umbrío!

Inteleon esta vez sí que se movió y era rápido. Demasiado rápido.

Gladio lo perdió de vista en un instante.

—¡Tajo aéreo en área!— gritó por puro instinto ya que no sabía si Silvally siquiera podría hacer algo así.

Pero, para su sorpresa, la quimera sí que pudo hacerlo.

De la cresta de Código Cero salieron disparadas las cuchillas de viento hacia todas direcciones. A los lados, en diagonal, hacia el frente y hacia atrás.

El rubio se quedó sorprendido por eso.

—¡Buena velocidad de reacción!— dijo Leon al ver como Inteleon tenía que frenar de golpe para evitar uno de los proyectiles— ¡Disparo lodo!

El ceño de Gladio se frunció. Si Tajo aéreo podía hacer algo como eso, entonces…

—¡Tajo aéreo hacia el frente, tres filas!— exclamó.

En la cresta de Silvally se creó una hilera de tres cuchillas que salieron rápidamente disparadas hacia las balas de lodo. Era una sucesión realmente rápida y numerosa pero, evidentemente, más débil.

Gracias a la pérdida de poder, Tajo aéreo cubría un área mayor que permitía partir las balas en pedazos mucho más pequeños hasta el punto en que se convirtieron en bolitas del ancho de un lápiz.

El tajo del centro, el que salía disparado primero, partía a la mitad la bala y los otros dos se encargaban de partir esas dos mitades, convirtiendo lo que antes era una bala en una pequeña circunferencia.

—Fascinante...— dijo Leon, sin perder la sonrisa.

Gladio estaba realmente sorprendido de que Silvally hubiera podido hacer eso, saliendo ileso del movimiento de Inteleon. Sonrió por inercia.

—¡Vas a hacer que te muestre mi as en la manga, Gladio!— exclamó el campeón, levantándose un poco la visera de la gorra— ¡Disparo certero!

Gladio apenas abrió la boca y para cuando la primera letra salió de ella, Silvally ya se hallaba retrocediendo por un impacto que ninguno de los dos había visto llegar.

Los ojos del rubio se abrieron de la sorpresa.

—¡Pulso umbrío!

Una vez más. Inteleon desapareció. Gladio, en lugar de quedarse perplejo, sonrió con más amplitud.

Esa misma situación era la que le había dado dos nuevas armas con Silvally por lo que nadie podía culparlo por esperarla con ansias ahora que se presentaba de nuevo.

—¡Tajo aéreo y luego golpéalo con Tijera X!

Las cuchillas de viento salieron disparadas una vez más y apenas salieron, Silvally se paró sobre sus patas traseras y con las delanteras, alcanzó a golpear por los pelos los proyectiles.

Al golpearlos, estos rápidamente chocaron contra el suelo, liberando una ráfaga de viento hacia el frente, siendo el área abarcada un cono que se hacía más extenso conforme se alejaba de Silvally. Tuvieron la suerte de que Inteleon estaba a pocos metros, justo al borde de dicho cono.

La lagartija de detuvo por menos de un segundo pero para Gladio, eso fue suficiente.

—¡Cabeza de hierro!

Silvally corrió hacia su oponente y luego, saltó hacia él con un cabezazo.

Inteleon logró esquivarlo fácilmente, colocándose en su retaguardia.

—¡Multiataque con las patas traseras!— gritó Gladio, comenzando a emocionarse más.

Leon se mostró realmente interesado por eso así que no dijo ni una sola palabra.

Entonces, las patas traseras de Silvally se elevaron rápidamente, cubiertas en un aura blanquecina y con ellas, golpeó el rostro de Inteleon, haciéndolo retroceder varios metros.

Gladio habría celebrado eso de no ser porque su Pokémon perdió el equilibrio, cayendo de costado al suelo.

—¡Nada mal!— dijo Leon, cruzándose de brazos— ¡Me agrada tu improvisación…!

De pronto, algo comenzó a sonar.

Se trataba del Videomisor de Gladio. Se repetía la hora una y otra vez.

—Son las: 12:25. Son las: 12:25. Son las: 12:25— decía constantemente.

—Mierda…— murmuró Gladio, algo molesto— Quedan 15 minutos…

—¿Puedo preguntar qué tan lejos está el aeropuerto?— Leon arqueó una ceja, poniéndose un poco más serio.

—Como a diez minutos, tal vez un poco más. Está en la otra punta de la ciudad— dijo, desactivando su alarma. Sonrió de nuevo— ¡Sigamos peleando!

Leon se quitó la gorra y luego, suspiró. Lucía dudoso.

—No quiero llegar tarde… Sonia es especialmente molesta con la puntualidad…— murmuró, dándole golpecitos al suelo con el pie— Pero el combate es interesante…

—¡Quien baja la guardia, pierde!— gritó Gladio— ¡Multiataque!

—Aunque si es rápido…— Leon sonrió, dando con la respuesta— ¡No tiene nada de malo si terminamos el combate rápido!

Silvally comenzó a correr hacia Inteleon, quien se mantenía inmóvil en su posición a falta de órdenes de su entrenador.

—¡Vamos en serio, Inteleon!— exclamó Leon con energía— ¡Acabemos este combate en menos de dos minutos!

Y fueron esas palabras. Esa convicción. Fue eso lo que desató aquella poderosa aura que inundó los cuerpos de Gladio y Silvally.

Y lo que sintieron no fue nada más y nada menos que miedo.

A ojos de Gladio, Leon e Inteleon habían pasado de medir el metro noventa para, de un momento a otro, ser tan altos como un edificio.

Tanto él como Silvally se sintieron pequeños a su lado, como presas cuyo depredador ha decidido dejar de jugar con su comida.

La sonrisa se borró del rostro de Gladio e, instintivamente, retrocedió al igual que su Pokémon.

—¡Disparo certero!

Ni Gladio ni Silvally pudieron actuar para evitar el ataque, el cual dio de lleno en contra de la quimera, quien a pesar de resentir el impacto, no hizo el más mínimo movimiento para oponerse.

La boca de Gladio, gradualmente, iba abriéndose más y más.

Disparo lodo, Pulso umbrío, Disparo certero, Pulso umbrío y, para cuando lo notaron, Silvally ya estaba lleno de magulladuras, tambaleándose para mantenerse en pie.

—¡Terminemos con esto!— Leon hizo una pose rara. Se abrió de piernas, alzando el brazo izquierdo y levantando los dedos pulgar, índice y medio. Su cabeza miraba hacia el suelo— ¡Disparo certero!

Un balazo final que hizo caer a Gladio de sentón al suelo.

Pistolas y un terror sobrehumano. Era una combinación que, inevitablemente, lo hacía recordar el asesinato de Amapola por lo que pasó de disfrutar el combate, a arrepentirse de haberlo tenido con cada fibra de su ser.

Se quedó en el suelo, con los ojos abiertos como platos y temblando un poco.

Nunca había sentido nada así simplemente por la presencia de una persona. La de Kukui y la de Ash, las más fuertes que había sentido, no eran nada a comparación de la de Leon.

¿Era ese el nivel de los campeones? ¿Era ese el nivel que había fuera de Alola?...

¿Alola… era tan débil?...

—Lamento si me excedí…— Leon ya había llegado hacia él, tendiéndole una mano. Incluso Silvally se había vuelto a poner de pie, viéndose jadeante— ¿Te lastimaste, Gladio?

—No…— y entonces, el terror se fue casi por completo— Estoy bien…— mintió, tomando la mano del campeón y poniéndose de pie— Deberíamos irnos.

Leon se rascó la cabeza, avergonzado.

—Silvally era nuestro transporte, ¿no?— preguntó, riendo un poco.

—No se preocupe— dijo Gladio, sin mirar a Leon a la cara—. Tengo otro método de transporte.

De una rara Pokéball (a ojos de Leon), salió una enorme criatura.

Los ojos de Leon e Inteleon se abrieron como platos.

—Gladio… ¿Es tuyo?...

—Su nombre es Kaguron. Un Ultraente.

—Ultraente… Lo que decía en el correo que nos enviaron, ¿cierto?— el campeón se acercó al ser, lleno de curiosidad.

—Se lo explicaré cuando todos los invitados estén reunidos— aseguró Gladio, guardando la Pokéball de Silvally y comenzando a trepar—. Suba, por favor.

—¡Estoy ansioso!— Leon trepó con una facilidad increíble. Parecía que las actividades físicas se le daban especialmente bien, o eso denotaba su musculatura— Entre tanto, ¿podrías contarme más sobre Silvally? Estoy realmente curioso sobre esos CD's.

—Con gusto.


El aterrizaje a puertas del aeropuerto evidentemente llamó la atención de todos los transeúntes por lo que Gladio se apresuró a devolver a Kaguron a su Ente Ball. Leon la despidió con una sonrisa.

Entraron al aeropuerto con todavía más prisa para evitar atraer otra multitud hacia el campeón. En el lugar había poca gente y por ende, casi nadie se había enterado del extraño Pokémon que había aterrizado apenas a unos metros de distancia.

Y precisamente, por esa poca gente, identificaron fácilmente a Magnolia y a Sonia.

—¡Ey!— exclamó Leon, llegando a donde sus acompañantes— ¡No van a creerme lo que me contó Gladio, él tiene un…!

—¡Leon!— Sonia se acercó, casi echando humo por la nariz— ¡Llevo más de diecinueve años diciéndote lo mismo!— le picó el pecho con un índice— NO. TE. ALEJES. DE. MÍ. ¡No es tan difícil de comprender!

—¡No, esta vez tengo una explicación!— aseguró el campeón, viéndose realmente convencido de ello.

—¡Entonces quiero oírla!

Los dos se enfrascaron en una conversación donde Leon contaba su versión de los hechos y Sonia lo escuchaba con una cara de molestia.

—Agradezco que lo encontrara, señor Gladio— Magnolia se acercó a él—. Tiene mis respetos simplemente por haberlo hecho— sonrió un poco, esperando que el rubio respondiera a su broma, pero este no lo hizo. Magnolia volvió a su gesto serio— ¿Algún problema?

—Ninguno, profesora— aseguró el rubio—. Si fuera tan amable de seguirme hacia el helicóptero…

—Con gusto— Magnolia no insistió más.

El grupo conformado por Magnolia, Sonia, Leon y Gladio, encabezado por este último, caminó hacia el helipuerto.

Gladio no volteó hacia atrás en ningún momento.

Hacía casi dos meses, Kukui lo había hecho sentir como un pequeño bicho, pero ahora, Leon lo había hecho compararse a sí mismo con una bacteria. La más inofensiva e inútil de las bacterias.

Pero claro que no podía decir eso.

El viaje de Gladio Aether para ser el más fuerte aún está muy lejos de terminar…


¡Hola! Al fin terminé este capítulo XD

No me resultó especialmente difícil escribirlo, sólo que últimamente he estado REALMENTE viciado al Smite y por dios, es una droga totalmente fuera de este mundo… El juego ni siquiera es tan bueno pero es tan adictivo que debería ser ilegal…

¡Sobre el anime de Pokémon! ¡ESTOY MUY FELIZ!

Le agradezco al de arriba que haya devuelto la serie a su emisión… Realmente la extrañaba y el capítulo fue bastante bello por sí mismo. Me encantó que todos los Pokémon de Go tuvieron participación y todos tenían una personalidad propia. Ahora que se ha retomado la transmisión… ¡QUEDAN DOS SEMANAS PARA LA LUCHA CONTRA KORRINA!

¡Curiosidad del capítulo, pero antes…! ¡Una pregunta!

¿Les gustaría que añadiera algo más al apartado del final? ¿Que retome las fichas de personajes? ¿Una idea que se les ocurra? ¡Gracias a los que lleguen a dejar sugerencias :D

Curiosidad:

El combate de Ash contra Red ha sido, de lejos, el más largo del fic, contando con una duración de tres capítulos y más de 10,800 palabras, siendo seguida, muy de cerca, por el combate contra Lusamine (el cual debería ocupar el puesto pero entremedio tiene muchas conversaciones y, además, es un Battle Royale). Incluso podría tener su propio mini-arco y todo XD

¡Nos leemos!