Cap 12
(Musica de ambiente: La tristesse du diable- Meimuna)
El castaño sentía con Pacifica algo que nunca había sentido, los días se hicieron semanas, por su parte su prometida lo llamaba pero él no contestaba ya.
―Pacifica no debes amarme, soy malo.
―¿Por qué siempre dices eso?
―Porque lo soy, y si me separan de ti, soy capaz de destruir el mundo.
―Olvidalo, nuestro destino es estar juntos desde esa tarde.
―Pacifica, no quiero perderte.
Dipper abrazó con fuerza a Pacifica, lo que no sabía es que su prometida iba en camino alcoholizada.
―Oye vamos rápido al asado de mi hermana.
―Sí.
El asado iba con calma, hasta que una chica elegante pelirroja entró en el lugar junto sus empleados, se paró en el centro del lugar y gritaba el nombre Manson, inmediatamente el castaño salió.
―¡Hasta que sales! ¡Eres un maldito Manson!
―¡Cálmate, Alice!
―¡No me calmó descarado!― gritó Alice mientras el lanzaba todo lo que encontraba al castaño.
―¡Cálmate, seguro estas drogada de nuevo Alice!
―Sí, es verdad pero es tu culpa, bastardo, te vas a casar conmigo, porque te acostaste con la zorra de Paula, esa maldita era mi mejor amiga, sabes que es lo peor ella me lo confeso diciéndome que no te casaras conmigo por ella, lo negaras todo, además para todos los que están aquí y las zorras con las que te hayas acostado, te vas a casar conmigo, la razón por la que has viajado aquí es porque necesitabas dos testigos, ahora ya no los necesitas, sabes porque te casaras conmigo sin necesidad de eso.
―¡Cállate, maldita sea Alice!
―¡No lo hare! ¡Vendrás ahora conmigo para casarte!
Dipper inmediatamente enfoco su vista en Pacifica, esta simplemente se alejó llorando.
―¡Si vas tras esa rubia destruiré su orfanato! ¡Y no es una advertencia! ¡No era lo que deseaba Doctor Manson! ¡Poder, dinero, lo tendrás! ¡Pero a cambio tendrás que estar conmigo lo quieras o no! ¡No me hagas hacer algo que afecte a tu familia y a esa rubia! ¡Súbanlo al auto muchachos!
―¡Esta bien iré! ¡Lo siento familia, mentí! ¡Pero díganle que lo siento a Pacifica! ¡No me toquen, ya voy!― gritó el castaño mientras lo subían a la camioneta.
―¡Les deseo una feliz tarde, familia de mi prometido! ¡Adiós!
La camioneta marchó, dejando atrás un corazón roto y llevándose uno desesperado
