La caja de Pandora

Hermione le clavó el colmillo. Me pareció que debía ser ella. Todavía no había tenido el placer.

—Sí, claro —repuso Harry con sarcasmo.

—¿Qué quieres decir?

—Vamos, Ron. ¿Dejaste que Hermione lo hiciera «porque no había tenido el placer»? Tenías miedo, amigo, acéptalo.

—Yo no... Yo no tengo miedo —contestó Ron con tono avergonzado.

—Él fue muy valiente en la Cámara, Harry —intervino Hermione.

—La cámara que ya no supone ningún peligro porque el basilisco está muerto. Seguro estaba temblando mientras te deshacías de la copa —contestó Harry.

—¡Esas cosas se defienden, ¿está bien?! —saltó Ron— Por supuesto que estaba aterrado, así que dejé que ella lo hiciera —dijo, cubriéndose la cara con las manos— ¡Soy un maldito cobarde! —exclamó de pronto, rompiendo en llanto.

Harry estaba pasmado:

—Lo siento, Ron. Yo sólo estaba bromeando.

—¿Por qué le haces eso? —saltó Hermione enfadada.

— Lo estaba molestando por el caramelo longuilargo que me dio hace tres días. No quería abrir la caja de Pandora. ¿Cómo iba a saber que reaccionaría así? —se defendió Harry.

Su amigo no se calmaba.

—Vamos, Ron. Harry no lo decía en serio.

—¡Pero sí soy un cobarde! —gritó Ron.

—El Sombrero no te habría puesto en Gryffindor si fueras un cobarde —razonó Hermione.

—Yo le pedí que me pusiera en Gryffindor. No quería ser la vergüenza de mi familia. Hasta lo amenacé con quemarlo si me ponía en otra casa —dijo Ron entre sollozos.

—Pero ese mismo año te sacrificaste en el ajedrez de McGonagall, ¿recuerdas? —intervino Harry.

—Sabía que Dumbledore no permitiría que nadie muriera. No lo dije para impresionarlos.

—Destruiste el relicario —replicó Harry.

—Fue un accidente. Estaba sujetando la espada sobre mi cabeza, pero estaba pesada y no la pude sostener...

—Pero me salvaste la vida en el lago y conseguiste la espada.

—Estabas a dos centímetros de la superficie. Estiré la mano y te saqué. La espada se había enganchado con la cadena del relicario.

—¿Qué dices? Si estabas empapado...

—Era agua de mi cantimplora. Me empapé antes de que despertaras, para que creyeras que me había metido y volvieras a ser mi amigo.

—¡Vaya, Ron! —exclamó Harry sorprendido—. Tienes muchos problemas de autoestima.

Su amigo seguía sollozando. Harry no se dio por vencido:

—Pero volviste, ¿no? Eso no es de cobardes.

—Volví porque Fleur me hacía lavar la ropa. Pensé que acampar en un bosque era mejor —contestó Ron y volvió a esconder la cara entre las manos.

Harry no sabía qué hacer, así que dijo:

—Hablaremos luego. Tengo que destruir la diadema.

Y echó a correr, agradecido de poder escapar de la situación.


N/A: ¡Hola! Estoy de vuelta. Quiero aclarar que admiro y amo mucho a Ron, así que esto no debe interpretarse como bashing. ¡Espero que les guste! ¡Nos leemos!