Esta escena sucede al final del cuarto libro, cuando Harry cuenta lo sucedido en el cementerio mientras Fawkes está sobre su pierna.


Hufflepuff

Respiró hondo y comenzó a hablar. Pronto llegó a su aparición en el cementerio y el posterior asesinato de Cedric.

—Espera —dijo Sirius, interrumpiéndolo justo antes de que Harry pudiera explicar cómo Colagusano lo había arrastrado a la lápida de Tom Riddle padre—. Los dos escucharon claramente el "Mata al otro", y ¿aún así Diggory no se movió?

—Es que fue muy rápido.

Sirius negó con la cabeza y compartió una mirada de complicidad con Dumbledore, quien asintió.

—Se paralizó, ¿verdad? —dijo el director.

—Claro que no; es que no tuvo tiempo de...

—Oh, vamos, muchacho, no es necesario que mientas —interrumpió Dumbledore, recostándose ligeramente en su silla—. Ambos tuvieron una advertencia justa. Podría entenderlo si hubiera estado incapacitado; pero, a diferencia de ti, no tenía una pierna rota y un dolor de cabeza matador. El chico simplemente se paralizó. Es común en los Hufflepuff.

—¡Eso no es justo! —saltó Harry.

—Claro que sí, Harry —repuso el director—. Un Gryffindor habría atacado, un Slytherin habría huido, un Ravenclaw habría supuesto que debía tocar el traslador inmediatamente para regresar al colegio, pero los Hufflepuff...bueno, ellos no son buenos bajo presión... Ante el peligro, ellos...

—Se paralizan —terminó Sirius—. Seamos claros, no tienen lo necesario para enfrentar el peligro.

—¡Oye, eso no es justo! —protestó Harry— Cedric era valiente. ¡Él no se paralizó!

—Lo hizo, es el pánico del Hufflepuff —contestó el director.

—¿El qué? —preguntó Harry, desconcertado.

—El pánico del Hufflepuff, Harry —repitió Dumbledore—. Es un asunto bien conocido y documentado.

—¡Eso no puede ser cierto!

—Claro que sí, muchacho —contestó un retrato de barba tupida—. Te lo digo como un Hufflepuff, es algo común. No es que estemos orgullosos, pero...

—Son unos cobardes documentados. ¿Nunca escuchaste lo del pánico del Hufflepuff? Es bien conocido —comentó otro retrato.

—Phinneas... —dijo Dumbledore y el retrato cerró la boca.

—¿Están diciéndome que todos los Hufflepuff se paralizan?

—Bueno, hay ovejas negras como en toda familia —contestó Sirius—. Son los que llevan gloria a la casa.

—Pero Cedric era bueno bajo presión. Enfrentó a ese dragón, ¿no?

—Porque sabía lo que le esperaba. De otro modo habría terminado rostizado —respondió su padrino.

—¿Y el lago?

—¿Sirenas inofensivas y un par de Gryndillows? Hasta el mago más inepto podría con ellos, a menos que haya ido a Beauxbatons.

—¿Qué hay con Beauxbatons?

—La educación ha decaído desde que Flamel estudió allí —respondió Dumbledore—. Pongámoslo así: ¿conoces algún mago famoso que haya ido a Beauxbatons en los últimos dos siglos?

—No —admitió Harry.

—Ni tú ni nadie. Y luego de conocer a su campeona entenderás por qué.

—Pero Fleur es... —comenzó Harry, pero Sirius lo interrumpió:

—Es linda. Eso distrae de lo demás.

—Pero...

—Basta muchacho —interrumpió el retrato de Phinneas—. Las cosas son como son: los Beauxbatons son ineptos y los Hufflepuff se paralizan.

—¡Que Cedric no se paralizó! Ustedes no estaban ahí, no...

Phinneas volvió a cortarlo:

—Él no era el de pierna rota, chico, eras tú, pero él no corrió, ¿o sí? Por cierto, Dumbledore, ¿por qué ese bicho tuyo no le arregla la pierna de una buena vez, en lugar de quedarse parado como un idiota?

—¡Oye! ¿Qué tienes contra el fénix? —inquirió otro retrato.

—Nada, pero hace una hora que usa al chico como percha sin moverse, como si le hubiera dado el pánico del Hufflepuff.

—Hablando del pánico del Hufflepuff —cortó el director— ¿qué pasó luego con Cedric?

Harry pensó que era mejor no discutir y continuó con el relato.


N/A: ¡Hola! Estoy de vuelta con otro capítulo. Quiero aclarar que no tengo nada en contra de la casa Hufflepuff, todo es por el bien de la comedia. Espero que hayan disfrutado. ¡Nos leemos!