Advertencia: Contiene escenas violentas.
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Prologo
De aquellos tiempos, en los que Plutón era la luna de Saturno
El sistema solar, en tiempos antiquísimos se constituía por ocho planetas, todos ellos formaban Solárium, y cada uno de ellos era asimismo un Reino.
Planeta Mercurio era simplemente El Primer Reino, gente pacífica y sabia lo habitaba.
Planeta Venus, El Segundo Reino, los más hermosos de todos, su gran capacidad en la arquitectura era su distinción,
La Tierra, El Tercer Reino, su capacidad militar era abrumadora, sus reyes siempre fueron benevolentes- más, sin embargo, uno de ellos sería la perdición de todo Solárium-, la Luna que era habitada por gente sencilla y dedicada a las artes, estos eran sus vecinos circundantes, en ese entonces la Luna era simplemente llamada: La Colonia.
Planeta Marte, El Cuarto Reino, mundo de fuego y sacerdotes.
Planeta Júpiter, El Quinto Reino, rivalizaba en poderío militar con el Tercer Reino, pero ellos tenían un extra: dominaban la electricidad, todo su conocimiento era un secreto para los demás reinos.
Saturno, El Sexto reino, era el otro planeta que tenía una hermosa perla girando a su alrededor, la llamaban Lapsus, una colonia con extrañas piedras preciosas, en un futuro Lapsus se convertiría en el planeta Plutón, y no por obra de la naturaleza, más bien sería un hecho de Caos, una especie de venganza que sufrirían.
Urano, El Séptimo Reino, lo que más caracterizaba a este, eran sus pocos habitantes alados, todos guerreros, se hacían llamar los Caballeros del Viento.
Y por último y no menos importante; Neptuno, El Octavo Reino, sus habitantes dominaban la Música.
Estos fueron los ocho reinos que formaban Solárium, lugar donde descendería Cosmos.
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-*Júpiter*-
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Todos habían sido reunidos en la plaza mayor, el castillo que con tanto esfuerzo habían construido, era el mudo testigo de la despedida de los más fuertes, la razón: su mundo se estaba extinguiendo, necesitaban buscar un nuevo hogar.
El rey de Kinmoku, de barba larga y gris se dirigía a los cuatro grupos, los elegidos de los clanes.
Kenkou, los sanadores.
Asiris, los guerreros.
Kenmei, los eruditos.
Y Gaido, quienes tendrían la gran responsabilidad de buscar en el vasto universo, un nuevo planeta que habitar, tenían el reloj en contra, solo contaban con cincuenta años- antes de que el planeta estallara- , muchos pensarían que era demasiado tiempo, pero era tan poco, si se consideraba que no sabían su destino, y su búsqueda parecía infinita, además algunos tenían que volver a Kinmoku para llevarlos a su nuevo planeta, los que se quedaban esperando solo tenían la oportunidad de un último salto estelar, era solo una oportunidad de vida, no podían fallar.
-Busquen un nuevo Kinmoku- ordeno su rey desde el alto balcón.
El pueblo entero asintió con una reverencia y un grito de victoria.
- ¡Si, majestad!
Todos eran indispensables en ese éxodo desesperado, pero del clan de Asiris se levantaría el salvador o salvadora.
Una pequeña niña de ojos dorados y cabello negro azabache, miraba por última vez a su rey, Fighter seria parte de esa expedición con su familia, pero ella ya no regresaría, sería su descendencia quien sobreviviría, quien salvaría a los suyos.
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Después de muchos años, aquellos viajeros dejaron de llamarse kinmokianos y comenzaron a ser conocidos como los Nómadas Esterales. La niña se volvió mujer, y una guerrera poderosa.
Durante su viaje sufrieron muchas perdidas, pues nadie quería compartir su planeta, la llegada a cada lugar que pisaban era visto como una amenaza. Cada uno de los clanes sufrieron bajas importantes, el millar que salió de Kinmoku, comenzó a reducirse, a pesar de que en su viaje muchos nacieron, esa era una de las razones por las que se retrasaban, las embarazadas no podían dar el salto estelar. Por eso los matrimonios eran controlados y arreglados, tal fue el caso de la hermana de Fighter, Kagome, quien murió en una de esas batallas por el territorio peleado, dando a Fighter la oportunidad de desposar a su viudo: Bankotsu, al principio no se entendieron, es más, se odiaban, pero con el tiempo el amor surgió.
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Ahora junto a su esposo Bankotsu, ella libraba su última batalla, el planeta al que habían llegado era en demasía hostil, y sus habitantes por desgracia muy poderosos.
- ¡Fighter, te dije que te resguardaras! - bufo Bankotsu mientras clavaba su espada en uno de esos gorilas blancos, eran seres primitivos, y adversarios peligrosos.
Ella tenía un enorme vientre abultado, estaba a días de que naciera su primer hijo, unas de las mujeres del clan de Kenkou la había examinado, tendría un niño, y por eso a pesar de las advertencias por la gravidez de su estado, no había parado de luchar.
Mientras la pelinegra cortaba la cabeza de uno de los gorilas blancos, le contesto a su furioso esposo.
- ¡Querías que me quedara en cama! ¡Y perderme toda esta diversión! ¡No te burles de mí!
La batalla se libraba en un valle cubierto de nieve, los más débiles de los nómadas estelares se habían resguardado en uno de los bosques más próximos, y aunque los guerreros del clan de Asiris estaban dando hasta el último aliento en la pelea, estaban oliendo la inminente derrota.
Algunos guerreros estaban bendecidos por el poder de las estrellas, y podían disparas potentes rayos, así Fighter, pero ahora como estaba embarazada no podía hacerlo, aunque sus enemigos los estaban sobrepasando, de pronto, los gorilas blancos sacaron a unas bestias más descomunales que ellos, parecían elefantes, arrasando con sus gordas y duras patas, y por sus trompas salía fuego, comenzaron a reducir en cenizas todo.
- ¡Demonios! ¡Mira que no darnos la oportunidad de salir de su planeta! - se quejó Fighter acariciando su vientre.
Un chico de cabello rojo les hizo señas en medio de la espesura del bosque, anunciando la retirada.
- ¡Ya casi terminan de mover el refugio! ¡Debemos irnos, Fighter!
Bankotsu la apresuro mientras cortaba la mano de otro gorila, a su alrededor la nieve estaba cubierta de sangre, de hecho, ambos estaban bañados de carmesí.
- ¡Si no me haces caso, usare mi poder! - la amenazo Bankotsu.
- ¡Si lo haces te convertirás en una bestia igual que ellos! - grito Fighter.
Mas sangre a su alrededor.
Ambos sabían que no podían permitirse ser completamente derrotados, no eran solo ellos, ni los que se estaban escondiendo, eran también aquellos que los esperaban de vuelta en su planeta natal, listos para ser guiados a su nuevo hogar.
- ¡Si no lo hago! ¡Todos moriremos! - ataco Bankotsu.
- ¡No me subestimes por estar panzona!
Fighter seguía terca, así como lo fue su hermana, y aunque Bankotsu falto a su juramento de no derramar sangre, tampoco deseaba que se convirtiera en un asesino sanguinario, ella lo quería ver siempre ajeno a la muerte, aunque era un guerrero, era imposible esa idea, pero no para Fighter, sus ojos dorados miraron determinada a Bankotsu.
-Nuestro hijo merece que uno de sus progenitores sea bueno, en mis manos hay mucha mortandad- dijo Fighter acariciando la mejilla de Bankotsu, ignorando el caos de la batalla, como si esta se hubiera congelado a su alrededor- mi alma no tiene salvación, tú serás el ejemplo a seguir de esta familia, ¿sí? ¿me lo prometes?
Bankotsu asintió levemente, asustado y extrañado de esas palabras, y eso le basto a Fighter, se alejó de el con una inusitada velocidad, como esa que no había visto desde hacía nueve meses atrás, y cuando ella encontró el punto exacto, invoco su poder estelar, en la lejanía Bankotsu grito su nombre, la azabache lo escucho, pero no se detuvo, su poder estelar arraso las fuerzas más letales del ejército de gorilas, también los elefantes escupe fuego, Bankotsu corrió hacia ella, ella que lo miro con una sonrisa ególatra, pues no solo les había dado la victoria a los suyos, su hijo seguía ahí, vivo, moviéndose en su vientre, y ese momento, en que la mirada dorada se conectó con la azul, basto para que ambos bajaran su guardia, y una lanza fuera enviada en contra de Fighter, atravesando su espalda, saliendo por delante de su vientre por la fuerza ejercida, rozando apenas la cabeza de su primogénito en su interior, ella de inmediato escupió sangre de su boca, Bankotsu la abrazo, y mientras el resto de sus compatriotas reducía a los gorilas restantes, la pareja asimilaba que aquello era una despedida, el chico de larga trenza no daba a crédito que le volviera a pasar, pero estaba sucediendo, su esposa estaba muriendo en sus brazos.
-Yo te llevare, los de Kenmei te sanaran.
Con la mano temblorosa, Fighter acaricio la mejilla de Bankotsu.
-Sabes que no podrán, no así, de por si- un poco más de sangre por la boca- es un milagro que nuestro hijo este vivo- ella llevo la mano del padre a su vientre- sácalo, porque si no lo haces, también morirá.
-No, no me pidas eso…yo, por mi culpa…
-Por hacerme caso, lo sé, y no me arrepiento, tu alma buena sigue ahí- Fighter toco el pecho de Bankotsu-, es lo que me importa, serás un buen ejemplo para nuestro hijo, lo llamaras Seiya.
-No me hagas esto- lloro su esposo.
-Por favor- susurro Fighter- salva a Seiya.
En un mar de lágrimas, Bankotsu alzo su espada contra Fighter, y de un corte limpio abrió su vientre ya de por si ensangrentado, un hermoso bebe fue sostenido en sus brazos, mismos que lo acercaron a la madre moribunda.
-Es tan hermoso, mi Seiya…- murmuro Fighter con voz trémula- seguro sus ojos son como estrellas…
Y esto fue lo último que declaro, Fighter, la guerrera de ojos dorados.
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Cosmos se burló de Yue con una mirada.
-Mira nada más en que acabo tu humana patética, simplemente patética, no sé qué le veías.
-Eso dices, pero sí que estuviste interesada en su vida todos estos años, dime, ¿no te da un poco de curiosidad lo que será de su progenie?
Cosmos movió la cabeza, su hermano en verdad le divertía con sus intereses sin sentido.
-Como desees, pero te mostrare algo interesante- propuso Yue.
Una hermosa semilla estelar de color dorado apareció frente a ellos, era la semilla de Fighter de Asiris.
-Ahora esta luz que nació como una simple mortal, se convertirá en ...
Yue saco de su propio caldero, elementos mezclados del universo primigenio.
-Mi primer Sailor, la elegí desde que la vi.
-Enserio hermano, deja ya de perder el tiempo con estos humanos, ¿no has tenido suficiente?
-En absoluto. Recién comienzo, muy pronto vendrá a mi otra semilla elegida, ya puedo oler la sangre derramada.
-Suerte con eso- se despidió Cosmos.
Y se alejó de la neblina que envolvía a Yue, pero cuando estuvo lo suficiente alejada se quedó pensativa, porque, aunque lo negara, sí que le había interesado Fighter y su historia. Cosmos se había intrigado, sobre todo la última entrega de aquella mujer, ¿cómo preocuparse más por otro ser que por ella misma? Además, eso que llamaba hijo parecía un verdadero problema, sin embargo, la pelinegra de ojos dorados había dado la vida por ese pequeño ser en su vientre, la vida de los humanos después de todo, parecía guardar más enigmas de los que Cosmos creía entender.
"Mi hermano, ya me está contagiando, tal vez mire un poco, solo un poco esa vida, Seiya dice que se llamara, si me aburro, considerare echarle un vistazo a ese humano"
-Cosmos.
La voz de su Madre la llamo desde las tinieblas.
-Madre.
Corrió a su encuentro, los brazos amorosos de Caos la envolvieron, después de todo era su favorita y única hija, Yue era demasiado frio y rebelde.
-He sentido una vibración negativa en ti- la acuso Caos.
-Te has equivocado Madre.
-Solo espero que no empieces como tu hermano, Yue no es lo que esperaba, aunque deseo que te entiendas bien con él, después de todo es tu compañero eterno.
-Tendré una aburrida eternidad, además no lo necesito, solo tu Madre, solo estas tú.
-También eres mi todo, hija mía.
-Madre, quisiera saber algo, no es que me importe, pero ¿has repartido las sombras en el universo?
-Dime exactamente lo que te inquieta.
-Nada en verdad, solo que Yue miraba un planeta agonizante.
-Si he repartido las sombras en el universo, pero es normal, es parte de un ciclo necesario, para la vida se requiere la muerte.
-Lo entiendo Madre, perdona si te incomode.
Cosmos se alejó de Caos, sintiendo una extraña opresión en su corazón.
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En El Primer Reino de Solárium, los libros se quemaban, cientos, miles, los habitantes no hacían más que llorar, aunque ocupaban toda el agua posible para detenerlo, este solo crecía más y más, era un fuego azul, un fuego maldito.
- ¡Mami, quiero ayudar!
Una hermosa niña de cabellos y ojos azules llevaba una pequeña cubeta hacia la imponente biblioteca.
- ¡Hazte a un lado, Mercury!
De un empujón la niña fue a dar al suelo, con todo y balde, solo pudo ver como sus padres y los demás habitantes del reino, intentaban apagar el fuego, pero todo fue consumido.
Años después, una terrible enfermedad azoto El Primer Reino, Mercury a sus trece años no sabía nada de artes curativas, todo ese conocimiento se había convertido en cenizas, y siendo tan pequeña cuando ocurrió aquello, no le dio tiempo de aprender, también su hermosa tierra se había vuelto desolada, los que no habían muerto por la enfermedad lo estaban haciendo por falta de alimento, y es que habían cerrado sus fronteras, ninguno de los otros reinos de Solárium podían prestarle ayuda, estaban seguros que esa desgracia, y la muerte prematura de los sabios que estaban redactando nuevos libros, no era obra de la casualidad, desconfiaban de los otros reinos, y no estaban tan errados, uno de los nobles del Tercer Reino, había iniciado su partida de ajedrez , y los habitantes de todo Solárium eran sus peones.
Mercury, limpiaba el cuerpo reseco de su madre, era todo lo que podía hacer, pues ya no estaba viva, pero aun así deseaba darle eso, un poco de dignidad, su padre hacia un mes había fallecido, al igual que sus otros hermanos, pero parecía que la muerte no gustaba de ella, algunos de los habitantes habían desertado a los otros Reinos de Solárium, incluso un joven le había propuesto irse con él, al Segundo Reino.
-Hemos abierto un hueco en la defensa, Mercury, piénsalo, ya nada te ata aquí, nuestro rey está loco, no piensa más, ¿me estas siquiera poniendo atención?
El joven busco la razón en ella, pero no la encontró, ella siguió mirando al piso, pero algo la hizo levantar la mirada, como una chispa de conocimiento, y no lo miro a él, miro las plantas, espinosas, pero de flores blancas, era como si un velo se hubiera levantado, recordó la voz de su abuelo, uno de los bibliotecarios.
"Esta es la flor santa, tiene espinas, pero es un remedio para cualquier enfermedad, lo mejor de todo, no necesita agua para sobrevivir".
¿Cómo pudo haberlo olvidado?
El joven cansado de su negativa, se marchó.
La peli azul miro como perdida el horizonte, hasta que el chico se convirtió en un diminuto punto a la distancia. De pronto, Mercury entro corriendo por un cuchillo, salió nuevamente presa de la desesperanza, se lanzó sobre la planta de flor santa y espinándose las manos, recordó a todos aquellos que ya no la necesitaban, si hubiera recordado eso antes, toda su familia se habría salvado, presa de una locura, destrozo la planta, se sentía culpable, pero la pobre no sabía, que todo era obra de una magia oscura, producto de la ambición sin medida de un príncipe del Tercer Reino de Solárium, que incluso esa magia podía manipular mentes, aunque no todas las mentes que él deseaba.
Ignorante de todo eso, presa de la tristeza, confusión, y con lágrimas en los ojos, Mercury tiñó de carmesí esas plantas. Llevándose un último deseo:
"Algún día atesorare tanto conocimiento, que mi mente se desbordara de júbilo"
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- ¡Princesa! ¡Princesa! ¡niña endemoniada donde estas!
La pequeña aguanto la risa desde adentro del barril, su criandera, la mujer que procuro de ella mientras su madre se ocupaba de las labores de una reina, tenía horas buscándola, y su desesperación no era para menos, los reyes del Séptimo Reino de Solárium- sus padres- daban una gran fiesta, porque no siempre los reyes del Tercer Reino salían a visitas diplomáticas, y aunque no eran tan queridos en Solárium, eran los más fuertes, por ende, temidos.
- ¡Niña! ¡La fiesta está por terminar y nunca diste tus respetos a los invitados, da gracias que tienes otras hermanas, mejor educadas, y que han sabido ocultar tu grosería!
La criandera rechoncha, iba destapando una por una las vasijas. Pero era aún más lista la pequeña Uranus, con sumo cuidado salió de su escondite y logro evadir a la pobre mujer en sus narices.
En el camino, Uranus logro arrebatarle un panecillo a un criado, ambos compartieron una sonrisa cómplices, la pequeña rubia era la más querida de la familia real, siguió su camino hasta las afueras del castillo, la música aburrida en verdad le daba sueño, se adentró en el bosque, y mientras le daba un último mordisco a su panecillo, diviso a una dama en el claro del bosque, era una chica castaña, de vestido verde y muy alta.
"Una tonta que se perdió", pensó Uranus descuidadamente.
Pero de pronto, la joven se quitó el vestido y en sus muslos, amarradas dos dagas, comenzó a manejarlas con una maestría, que haría palidecer a cualquier caballero alado de su reino, Uranus se quiso acercar más, pero al intentarlo, piso una rama saca, entonces una de las dagas rasgo el aire, muy cerca de su mejilla izquierda, y luego se clavó en el tronco atrás de ella.
- ¡Quien está ahí!
- ¡No me mates!
La chica se acercó hasta Uranus.
-Vaya, nunca pensé encontrar a la realeza por aquí.
Uranus tenía las mejillas rojas, la joven no se inmutaba al mostrar sus desarrollados encantos.
- ¿No eres mujer? ¿Por qué te apenas pequeña?
Pero, ¿Cómo podía decir Uranus que había quedado prendada de ella?
- ¿Quién eres? - pregunto anonadada.
-Júpiter.
-Júpiter- murmuro Uranus como grabándose el nombre en el corazón.
-Pequeña Uranus, bueno, ya no tan pequeña, recuerdo que eras un regordete bebé cuando te conocí- dijo acariciando la rubia cabellera- deberíamos regresar al castillo, mantengamos este encuentro en secreto, ¿quieres? - pidió guiñando un ojo.
-Si- contesto Uranus tratando de ocultar los latidos de su corazón, se había enamorado.
La pequeña Uranus pudo llegar a su cuarto sin problemas, mientras que Júpiter se dirigía a otro lado, donde su esposo la esperaba.
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Un hombre maduro de barba oscura y con tintes blancos la esperaba en uno de los pasillos del castillo.
-Esposo mío, disculpa que…
Una bofetada de parte del General del Quinto Reino la silencio.
-Disculpa aceptada, tolero tus ganas de ser una guerrera, pero no aceptare que me dejes en ridículo, algunos preguntaron por ti al final de la fiesta, tuve que decir que estabas indispuesta, ahora quita esa cara de enojo y acompáñame, sabes que no venimos a un simple cotilleo.
Ambos bajaron a un sótano, cuidándose de que nadie más los viera, llegaron a un salón, representantes del Cuarto, Quinto, Séptimo y Octavo Reino se encontraban ahí, todos hombres, por supuesto se molestaron al ver a la esposa del General.
-Ganímedes, si no vas a compartir a tu esposa, será mejor que la regreses a tu alcoba- dijo Deimos- esto es cosa seria.
Júpiter en un movimiento rápido, se plantó enfrente del guerrero, poniendo una de sus dagas en la garganta.
-Yo soy seria.
Otro de ellos comenzó a reír.
-La niña de Calisto resulto ser toda una fiera, quien la viera, tan joven y preparada, saludos a tu padre- Fobos le beso la mano a Júpiter.
- ¡No soy una niña, ya tengo diecisiete! - grito soltándose.
-Ganimedes podría ser tu abuelo.
-No vine a discutir mi matrimonio con ustedes, hay que tener premura- dijo Ganimedes seriamente- ya nos hemos atrevido demasiado a plantar esta reunión en las narices de los representantes del Tercer Reino.
-Los sospechosos para ser exactos- comento Júpiter.
-De acuerdo pongámonos serios- dijo Fobos- uno de los sobrevivientes del Primero Reino declaro cuanto aconteció ahí, y dados los hechos, eso que sucedió ahí fue una especie de magia negra, nosotros también estamos teniendo problemas, algunas de nuestras sacerdotisas están perdiendo su poder, en pocas palabras, comenzamos a tener problemas con el fuego sagrado, este ya no puede revelarnos nada.
-Entonces el asunto es más serio de lo que pensé- dijo Ganimedes acariciándose la barba.
-Pero no tenemos pruebas, la última solo es una leyenda, el Cristal Dorado del Tercer Reino nunca ha sido visto, pero si es tan poderoso como se dice, entonces todos corremos peligro, además, el Tercer Reino ha realizado una serie de reformas en sus defensas, no es fácil ser un espía en su territorio- dijo Oberón.
-Yo puedo ir, nadie sospecharía de una educada jovencita- se ofreció Júpiter.
-Si te atrapan, no contaras con nadie, hasta yo me desentenderé de ti- le contesto su esposo.
-No esperaba menos de ti.
Ganimedes le acaricio la barbilla, mientras le daba un dulce beso.
-Yo en cambio espero todo de ti, y espero que vuelvas de una pieza, tengo un primogénito en mente.
Júpiter se ruborizo, ganándose las burlas de Fobos y Deimos.
Y así fue, durante tres años, Júpiter realizo múltiples viajes al Tercer Reino, como mujer tenía muchas excusas validas: buscar hermosas telas exclusivas de ese planeta, el cotilleo en la corte, aunque su carácter y porte imponente no le dejaba hacer muchas amigas, pero para su fortuna, una pequeña Uranus se le pego como mosca a la miel, la princesa con el pretexto de conocer más acerca de los reinos de Solárium se le unió, Júpiter muy a su pesar, se escudó de la ingenua pequeña, se aprovechó de como la idolatraba para usarla como una excelente fachada de dama frívola e inocente, por eso consiguió mucha información, cada vez más cerca de la verdad, bueno, eso creía, porque todas las pruebas que estaba recabando daban como único culpable al rey del Tercer Reino, siendo que era inocente, mientras tanto, su esposo Ganimedes, Fobos, Deimos y Oberón trataban de salvar las situaciones misteriosas que se daban en sus respectivas tierras natales. Realizando sin querer el juego de uno de los príncipes del Tercer Reino: Silvers Rayleigh.
Júpiter ataviada con un vestido verde que acentuaba su delicada figura, ya de toda una mujer, se dirigió a los jardines, donde se encontraba la esposa de Silvers Rayleigh, la mujer de cabellos dorados y mirada azul observaba a su pequeño hijo jugar.
-¡Earth! ¡No te subas a los arboles! - lo riñó su madre.
-Lilith, dale un poco de libertad.
La mujer casi se cae del susto.
-Júpiter, no te escuche llegar.
-Perdón, Lilith.
-No hay cuidado, pero una madre concentrada en su hijo no tiene cabeza para el mundo.
-Y ya viene otro- Júpiter dirigió su mirada melancólica al vientre abultado.
-No te preocupes, seguro el tuyo vendrá pronto, claro, si Ganimedes no estuviera tan ocupado.
Ambas mujeres se le quedaron viendo al pequeño de cabello negro y ojos azules, viva imagen de la estirpe noble de la futura Tierra: Endimión.
-Earth, quiere una hermanita, yo igual, ya hasta tenemos un nombre: Selene.
-Un bello nombre, espero se cumplan sus deseos.
-Hoy no te acompaña la pequeña Uranus.
-Ya ni tan pequeña.
-Cierto, de a poco su destino la está alcanzando.
-El destino nos alcanza a todos.
-Júpiter, ten cuidado que el destino no te alcance a ti.
Era un juego de palabras, pero la castaña supo notar cierta advertencia, no como alguien que amenaza, sino de alguien que se preocupaba.
-Tendré cuidado majestad.
Cuando Júpiter regreso a su habitación, se encontró en el piso a Uranus, limpiándose unas lágrimas, y con la carta que tenía preparaba para su marido en mano. Era uno de tantos informes que le escribía a su esposo Ganimedes, pero desgraciadamente venia cierta referencia hacia Uranus.
-Perdóname pequeña.
- ¡Ya no soy una pequeña! ¡Me has usado como una careta! ¡Fingiendo ser dulce e inocente a mi lado! ¡Y yo…yo…que!
Júpiter le tapó la boca.
-No del todo es cierto que te use, en verdad te estimo mucho, veo en ti la hija que aún no tengo.
-Pero yo te veo de otra manera.
-Y es todo un honor- dijo Júpiter agachándose para mirarla, aunque solo un poco, pues Uranus ya estaba acariciando la adolescencia.
-No me odies Uranus, pero el fin justifica los medios, algún día lo entenderás
Y claro que eso lo entendería Uranus, es más, aunque olvidara todo, eso la guiaría en sus acciones por siempre.
-Quiero ayudarte, Júpiter.
-Lo agradezco, pero esto pronto acabara, solo guárdame el secreto, ¿quieres?
Y limpiándose las lágrimas, Uranus asintió fervientemente.
Semanas después, con las pruebas que logro reunir júpiter, el consejo supremo de Solárium confronto al rey del Tercer Reino, siendo enviado a la guillotina, uno de sus principales crimines era la extinción del Primer Reino, ahí donde Mercury se quitó la vida, el rey alego hasta el último aliento su inocencia, y culpaba a su segundo hermano de haber orquestado todo para obtener su reino, por supuesto, el rey era inocente, pero aun así murió.
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Y mientras esto sucedía en Solárium, en una galaxia distante estaba por ocurrir otra tragedia.
Bankotsu y el resto de los nómadas estelares, habían llegado a un nuevo planeta, aunque sus habitantes eran pacíficos, no podían compartir los recursos con ellos, y mucho menos con los que aún estaba esperando en Kinmoku, pero les habían dado un plazo razonable para que retomaran fuerzas y continuar el viaje.
Bankotsu y Seiya se encontraban comiendo un poco de fruta, sentados en el pasto, siempre alejados de los demás nómadas, era irónico, pero a pesar de ser la familia de la fallecida heroína Fighter, no eran vistos con buenos ojos, al contrario, ambos eran vistos como aves de mal augurio, como si ellos tuvieran la culpa de haberse quedado sin su mejor guerrera, aunque no era su culpa, pero no era para menos el sentir de la gente, pues desde entonces su suerte se había tornado negra.
-Seiya, mira nada más, ya estas todos sucio.
Bankotsu lo cargo.
-Tendremos que bañarnos en el rio.
-Papi, el agua no me gusta.
-Y a mí no me gustan los niños mugrosos.
- ¡No quiero lavarme! ¡Tengo miedo!
-Te lo aguantas…
Bankotsu iba a agregar algo más, pero una fuerte vibración venida desde el cielo lo hizo callar, era una luz brillante, un gigantesco meteorito iba en contra de ese planeta. El hombre de larga trenza dejo a su hijo, a lo lejos pudo ver las tiendas remolineándose por el movimiento de la gente, ese meteorito acabaría con todos, él podía tomar a su hijo, Bankotsu si tenía las fuerzas suficientes para huir, pero no los demás, y con ese conocimiento tuvo una difícil decisión, miro al inocente Seiya que acababa de tomar una mariposa con sus manos, ofreciéndosela.
-Eres el mejor papi del mundo.
Su hijo apenas tenía cuatro años, y aunque lo detestaran, entre los suyos aún se encontraba la familia de ambas esposas, y por lo tanto la familia de Seiya.
-Eres un niño listo.
Se agacho hasta acariciar la cabeza de Seiya.
-También un niño fuerte, pero ahora tendrás que serlo mucho más, ¿me prometes que vas a seguir siendo un niño fuerte?
- ¡Si papi!
Bankotsu lo cargo, y le beso la coronilla, era el fruto de su amor con Fighter, era su todo.
-Vas a ir al campamento, y le darás esto al jefe.
Bankotsu escribió algo rápidamente y le dio el papel a Seiya, ahí redactaba lo que estaba a punto de hacer y suplicaba que cuidaran de su pequeño.
Usando todas sus fuerzas, Bankotsu se disparó hacia el espacio, y empleando todo su poder al límite, destruyo aquel meteorito, una gran luz lo envolvió.
-Cumplí, mi amor, usé todo mi poder, pero no para destruir, sino para preservar.
Su cuerpo se disolvió con los restos del meteorito.
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- ¡Porque no me dejaste detenerlo, era tan fácil! - grito Cosmos a Yue- ¡Ahora el pequeño Seiya se ha quedado sin padres!
-Eso no te incumbe, ¿o sí? ¿quieres hablar con Madre sobre esto?
Cosmos desvió su mirada, hacia la imagen del pequeño Seiya, quien por andar distraído perdió el papel en el arroyo, cayendo en él, Yue observo inquisitivamente a su hermana, ¿ella se atrevería a salvar al pequeño humano? ¿descendería al mundo mortal? ¿Cuándo cambio tanto Cosmos?
Pero no hizo nada, simplemente miro a Seiya casi ahogarse, aferrándose a un tronco, a rastras salió del rio, quedándose dormido, sin nadie que lo cuidara, con ropa húmeda, tan frágil, pero luego se levantó, y anduvo errante, hasta que por fin dio con el campamento.
- ¿Dónde está el vago de tu padre? - le dijo una mujer vieja, una pariente suya- casi morimos, pero gracias a los dioses estelares sucedió un milagro, pero seguro a él ni le importo, si no le importa su hijo, vete, vete…
La vieja empujo a Seiya, y así fue tratado por todos, hasta que finalmente decidió salir del campamento, ya sin papel en mano, no tenía razón para ver al jefe, busco el claro del bosque, adonde su padre se despidió, pero no lo encontró, cansado, hambriento y con moretones, se quedó pegado a un árbol, lobos comenzaron a rodearle.
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-Yue, puedes decirle a Madre que mirare de cerca el mundo mortal.
-Ella se va a enfadar.
-Lo siento.
Y Cosmos hizo lo que nunca imagino, tomo una forma de luz, y viajo hasta ahí, se apareció encima del pequeño, su luz protectora hizo huir a los lobos que estaban listos para devorarse al pequeño pelinegro, su calidez envolvió a Seiya, secándolo, curándolo.
-Vive, vive mi niño.
Se quedo cuidándole toda la noche, deseando por primera vez en su existencia, poder ser mortal, y acariciar el hermoso rostro de Seiya.
Esa escena se repitió durante varias semanas, pero Seiya nunca la veía, aunque presentía a Cosmos, pues sentía su calidez, y un aroma dulce que siempre la envolvía, hasta una noche que se hizo el dormido, y cuando ella descendió, pudo verla.
- ¡Lucecita!
Cosmos no supo que hacer, jamás le había visto de cerca y despierto, y tal como la madre de Seiya había dicho, los zafiros de Seiya parecían miles de estrellas.
- ¡Lucecita, te quiero!
El corazón de Cosmos se removió, era una sensación tan avasalladora, que no supo que decir, se quedó flotando simplemente en silencio.
-Te hice una corona de flores- dijo Seiya levantándola- pero no veo donde ponértela, no tienes cabeza.
Seiya hizo un puchero tan adorable, que Cosmos no pudo evitar reírse.
- ¡Lucecita, no te burles de mí!
-Perdóname pequeño.
- ¡Hablas, hablas!
-Si, pero tu más. Gracias por las flores, aunque no las puedo tocar, puedo olerlas.
-Pero tampoco tienes nariz.
-Pero si muchos trucos.
- ¿Por qué solo me visitas de noche?
-Estoy contigo a toda hora, pero es cuando las estrellas brillan, cuando tengo más poder.
-Ah.
-Sabes, he visto una buena mujer, creo que ella podrá cuidarte, no es de tu gente, pero creo que mientras estés aquí te será de ayuda.
- ¿Ya no vas a estar conmigo?
-Si, pero, no tanto como desearía, mi Madre está molesta, necesito contentarme con ella.
-Le puedo hacer una corona de flores, para que se contente.
-Es tan tierno de tu parte, lo tendré en cuenta.
-Entonces, ¿no te veré?
-Si, si volveré, pero estoy preparando un regalo, digamos que he estado buscado un hogar para ti, pero no lo hay, así que he decidido crear un nuevo Kinmoku.
- ¡Yupi! ¡Les diré a todos!
-No van a creerle a una criaturita como tú, pero no te apures, yo los guiare.
- ¡Genial!
-Así que ahora, ve al norte, busca a una mujer llamada Lea, cuidara de ti, solo una cosa más, ya no cantes esa canción tan triste.
Seiya, que apenas hablaba con propiedad, compuso su primera canción, y era dedicada totalmente a Cosmos, cuando se sentía solo la cantaba, nunca se imaginó que realmente su canto si atraía a la hija de Caos.
-Ah, esta:
Quisiera tener una luz que ilumine mi espíritu,
Pero yo soy solo polvo en la oscuridad,
¿Cuándo mis lagrimas se convertirán,
En azúcar salada que pueda probar?
Extiendo mis manos hacia el cielo de noche,
Pero mis ojos no pueden mirar,
Ya que mi alma no para de llorar
Porque solo soy polvo en la oscuridad.
Pero las estrellas también son polvo,
Y estas brillan también en la oscuridad.
Quisiera pensar, que yo también puedo brindar
Esos mágicos destellos en las sombras
Una luz al cosmos yo quiero otorgar
¿Voltearías a verme?
¿Me escucharías?
¿Te parezco cálido?
cuando atravieso el firmamento siento frio,
Creo que te falta calor,
Yo te ofrezco un poco del mío…
- ¡Si esa! ¡No es propia de un niño de tu edad!
-La cantare si me pongo triste.
-Yo espero que eso no suceda más.
Cosmos envolvió a Seiya con su poder, para que llegara con bien a su destino, después de todo, era muy pequeño, apenas cinco años.
-Te estaré protegiendo en la distancia- prometió Cosmos.
.:.
Cuando volvió al lado de Yue y Caos, solo encontró furia, ambos estaban decepcionados, de que ella usara su valioso tiempo para hablar con un mortal.
-Te di a Yue para que hablaras con alguien de tu nivel- le recrimino Caos- es inaceptable tu comportamiento.
-Perdóname Madre, hermano, no volverá a pasar, solo déjenme preparar un nuevo planeta.
-Tu nunca te has interesado en eso.
-Solo me place hacerlo y ya, no hay grandes explicaciones.
-Es por el humano- dijo Yue con rencor.
-Pues es tu culpa, tú me metiste en esto.
-Pero yo solo veía en la distancia, has cruzado la línea.
-Si la he cruzado, ¿piensas interferir con mis deseos? ¿quieres pelear?
-Pues si es necesario para que entres en razón, lo hare.
Caos miro atónita, los truenos y rayos envolver su hogar, como sus amados hijos peleaban por primera vez, y todo por culpa de un simple e insignificante humano, fue cuando su odio hacia el mundo terrenal nació.
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.***.
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Seiya llego al lugar indicado por Cosmos, encontró a una mujer amable, hermosa, joven e inexplicablemente sola, pero ella así lo había querido, nunca se entendió con ningún hombre, ni tampoco le apeteció tener un hijo de alguien.
Era valiente, casi una guerrera, vivía tranquila, fue fácil para ambos quererse con los años, como madre e hijo.
- ¡Ya me voy, Mami! - grito Seiya tomando un morral café de la mesa.
- ¡No regreses tarde, no me gusta cenar sola!
A veces Seiya se daba sus vueltas al campamento de los suyos, con el tiempo las tiendas se convirtieron en casas, y al parecer, las jóvenes generaciones olvidaron su mandato, y los habitantes de ese planeta también se acostumbraron a ellos, todo parecía ir tan bien, solo parecía.
Con tan solo siete años de edad, Seiya era casi independiente, y quería mucho a Lea, su nueva madre.
Los nómadas estelares comenzaron a prosperar, y por eso, enviaban cosas útiles a la basura, y era ahí donde luego se dirigía Seiya, siempre encontraba algo que le pudiera servir a Lea, ya fuera ropa o utensilios. Muchos lo veían pasar sin importarles, algunos incluso, ya habían olvidado quienes fueron sus padres, solo era un simple huérfano, pero una mirada esmeralda comenzó a seguirlo, sus pequeños pies la guiaban curiosa al chico de ojos zafiro y larga cabellera azabache. Healer gustaba de espiarle a la distancia, recriminándose así misma por hacer semejante tontería, pero igual no lo dejaba, tampoco se podía dar una amistad, ella era hija del jefe de los nómadas estelares, era una niña importante, no como ese mendigo, aunque era cierto que si le cambiaran las ropas a Seiya se vería como un príncipe, pero eso jamás sucedería.
-Otra vez estas aquí- la regaño Maker.
-No hables fuerte.
Seiya seguía buscando entre la basura.
-Pues ven conmigo. Alguien te tiene que cuidar, ni siquiera sabes bañarte sola.
-Pero acabo de cumplir seis. Tan solo soy un año menor que tú.
-Nuestra madre está ocupada, me dejo a cargo, así que obedece, regresa a la casa.
-Pero…
-El niño ya se fue.
Era cierto, Seiya se había marchado.
-Y no lo vuelvas a seguir- le ordeno Maker.
Healer hizo un gran berrinche, porque alguna vez escucho a Seiya cantar, y le pareció la voz más bonita que hubiera escuchado. Así que por supuesto, no le haría caso a Maker, y nuevamente buscaría una oportunidad para escucharle cantar. Por eso, días después, se encontraba siguiendo a Seiya en el bosque, pero esta vez, no conto con que él se daría cuenta.
- ¡Te atrape! - dijo Seiya lanzándose sobre Healer.
- ¡Auch!
Seiya se quitó de encima a Healer, quien lucía adorable con sus mejillas encendidas.
-Creí que eras una musaraña-dijo Seiya riendo.
- ¡No soy ninguna musaraña!
-Pero eres rara.
- ¡Como que rara!
-Pues nadie de los nómadas me habla, creo que eres la primera.
Nuevamente las mejillas de Healer se sonrojaron.
-Pues no te creas tan importante, solo pasaba por aquí.
-Claro, claro- se burló Seiya.
-Este, y, hoy, ¿no vas a cantar?
- ¿Me has escuchado? - ahora Seiya era el que se sonrojaba de pena, solo recordaba haberle cantado a su madre Lea, porque los recuerdos sobre una hermosa luz que lo cuidaba se le antojaban de fantasía, simples sueños.
-Pues no cantas mal.
-Bueno, de acuerdo, cantare.
Con la luz brillante del medio día, Seiya entono una linda canción, Healer quedo muy impresionada, demasiado, se despidieron después de eso.
-Mami ya llegué.
-Seiya, estaba a punto de cenar sola.
-Lo siento.
-Te veo diferente, ¿paso algo?
-No, nada.
- ¿Seguro?
-Seguro.
Solo había pasado que Seiya había hecho su primera amiga.
-Veo que trajiste muchas cosas, pero no me gusta que vayas por allá, esa gente no es tan amable como antes.
-Pero son mi familia.
-No lo parecen, ahora yo soy tu familia.
- ¡La mami más linda del mundo! – corrió Seiya a abrazarla- Aunque de peinado chistoso.
Seiya acaricio los odangos castaños, las largas coletas de Lea llegaban hasta su cintura.
-Quien necesita un corte de cabello eres tú- le dijo su madre.
-Pero me gusta largo- hizo un puchero Seiya.
-Por lo menos deberías amarrarlo.
-No quiero, seguro parecería niña.
Lea comenzó a reír.
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Al pasar los días, Healer buscaba la oportunidad de ver a Seiya, escabulléndose de Maker, una linda amistad se formó entre ellos.
Ambos niños se encontraban tirados en el pasto, Healer hacia una corona de flores, Seiya se le quedo mirando.
-Creo que una vez hice una.
- ¿Cómo?
-Una corona, aunque no recuerdo para quien.
-Esta ni creas que es para ti.
-Y yo que me estaba emocionando.
Healer se sonrojo, siempre se sonrojaba cuando Seiya la miraba intensamente con sus zafiros.
-Eres un buen niño Seiya, espero que siempre seas así.
-Tu eres muy cursi, Healer.
Ella le saco la lengua, el siguió riendo, sin saber que sería la última vez en mucho tiempo que vería a Seiya de esa manera.
De pronto se escucharon risas de hombres.
Ambos corrieron a esconderse entre los arbustos.
Seiya presintió algo malo, esos hombres se dirigían al camino que llevaba a su casa.
-Tengo que ir con mi mami, tu regresa a casa.
Healer asintió temerosa, a ella no le gusto tampoco la pinta de aquellos sujetos.
Seiya se apresuró por un atajo, logrando llegar primero, Lea se encontraba cortando leña con un hacha.
-Mami, mami, vienen hombres.
-Siempre pasan hombres aquí, estamos de camino al pueblo más cercano ¿Por qué te asustas?
Tan solo termino la pregunta, aparecieron los nueve, no eran hombres ordinarios eran mercenarios, en su cara se les veía la lascivia pintada. Caminaron amenazantes hacia Lea y Seiya.
-Miren nada más, que linda cosita tenemos aquí.
Lea levanto el hacha.
-Tenemos hambre mujer.
- ¡Yo no soy su criada, lárguense por donde llegaron!
-Lo haremos, pero antes nos gustaría tener un poco de diversión.
El hombre que acababa de decir aquello se lanzó sobre ella, pero un hachazo le hizo un corte en la mejilla.
-Les dije que se fueran.
Otros dos se acercaron, mientras el herido tomo a Seiya.
-Si te portas mal, tu pequeño la pagara, y quien sabe, esta tan bonito, que igual y hasta nos divertiríamos con el también.
- ¡No se atrevan!
Furiosa, Lea propino un machetazo más, arrancándole la mano.
- ¡Seiya corre!
- ¡No mami! ¡No!
- ¡Si me quieres huye!
Con lágrimas en los ojos, Seiya comenzó a correr, pero no abandonándola, más bien fue por ayuda.
Cuando llego, imploro al primer nómada que fuera con él.
- ¡Están atacando a mi madre!
- ¡Vete de aquí! Nosotros solo cuidamos de los nuestros.
El hombre lo aventó, pero con el escándalo que estaban haciendo otros se acercaron.
- ¡Pero yo soy un nómada también! - grito desde el suelo.
- ¡No eres más que un sucio huérfano!
- ¡Por favor! ¡Nunca les he pedido nada! ¡Soy de los suyos y nunca me tendieron una mano! ¡Ayúdenme!
-Elocuentes palabras para alguien tan pequeño- Maker se acercó a Seiya, Healer venia también y una pelirroja.
-Yo vi a esos hombres, se veían como asesinos- dijo Healer a Maker.
-Me desobedeciste.
-Pero no eres mi madre.
-Yo si lo soy, y Maker solo hace lo que le pido.
Una mujer alta de cabellera platinada y ojos verdes llego con su marido.
- ¿Qué está pasando aquí?
-Seiya necesita ayuda- imploro Healer.
-Deberíamos ayudar- comento Kakkyu.
-Ustedes solo son unas niñas sin criterio, no vamos a exponernos a represalias de la gente de este planeta, mejor que hagan de las suyas por allá esos bandidos.
- ¿No tienen corazón? - chillo Seiya.
-Por favor papá, haz algo- suplico Healer.
-Creo que mi hermanita tiene un poco de razón- la apoyo Maker- somos extranjeros en este planeta, no barbaros.
- ¡Cállense ya! ¡Y tú! - se dirigió el señor a Seiya- será mejor que te quedes aquí, por lo menos no te pasara nada, es lo justo, y es mi última palabra
-Pero, pero, ¿y mi madre?
-Esa desdichada mujer no es tu madre, ¿lo sabes verdad?
-Pero la quiero como si lo fuera.
Viendo que solo estaba perdiendo el tiempo, Seiya regreso sobre sus pasos, aun mas rápido de lo que se fue.
Healer quiso seguirle, pero su madre se lo impidió.
Cuando estuvo a unos metros de la cabaña, vio el fuego salir de la chimenea, todo parecía tan tranquilo y normal.
- ¿Mami?
Una olla se calentaba en el fuego.
- ¿Mami donde estás?
Un hombre apareció atrás de él, lo jalo hasta la olla, y cuando la abrió, la cabeza de su madre se encontraba ahí, Seiya vomito de la impresión.
-Se puso difícil, era tan molesta, le quitamos la parte parlanchina, pero los otros todavía están disfrutando del resto.
El hombre jalo a Seiya hasta el cuarto y ahí, en la cama, estaba el desnudo cuerpo de su madre, siendo ultrajado.
-Te quedaras tranquilo disfrutando del espectáculo, o el próximo serás tú.
-Aun esta taaan tibia- gimió el hombre que en ese momento la penetraba.
Seiya sintió que la cabeza le estallaría al ver aquello, apretó los ojos, sacando abundantes lagrimas, pero los sonidos del rechinar de la cama, los jadeos del hombre encima del cuerpo inerte de su madre, sin poder hacer nada, todo su dolor era tan inmenso, que prácticamente se quedó sin voz.
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Serena pensaba seriamente en si habría una forma eficaz de morir, le había fallado a Seiya de muchas maneras, sentía que no obtendría su perdón, que perdería su amor, su devoción, cuando el pelinegro se enterara de aquel trágico pasado.
Si tan solo Caos pudiera eliminarla por completo, pero era Cosmos, era inmortal, enamorada perdidamente de un humano, un humano que ella había traicionado en cierta forma.
Y cerro sus ojos, luchando con todas sus fuerzas por no ver más del pasado, pero eso no sucedería, pues apenas estaba comenzando su tormento.
…
Tengo mucho que explicar, antes de que se me olvide remarcare que Earth es parte del árbol genealógico de Endimión, como su tatataratatarabuelo, asi que cuando hable de él, imagínenselo como Darién, jejeje.
Kakkyu no es la princesa, noporo, aquí solo los que tienen muchas vidas son las Sailors, y las excepciones que ya mencione con Yue, asi como Earth, solo tome el nombre prestado, para que vean mejor al personaje, pero si, ella será parte del árbol genealógico de la nobleza de Kinmoku.
Para mas información de los padres de Seiya, lean mi crossover Corazones Cruzados.
Ah, y como se habran dado cuenta, la acción ocurre aquí en dos lugares diferentes: uno es el sistema solar, alias Solarium, y otro, un planeta distante donde anda nuestro querido Seiya, que llegara a Solarium, no comas ansias.
Mercury, es la primera que me despache, ¡Gomenasai! Y si, esta si fue la primera vida de nuestra querida Ami, corta y trágica, pero no se apuren, todas tendrán sus trage…cof cof, digo sus vidas, como vieron apareció aquí Jupiter y Uranus, en el siguiente agregare a las otras.
Y otro detalle es que no todas son adolescentes, como ejemplo aquí Jupiter es mucho mayor que Uranus. Y Venus apenas andara naciendo en el siguiente capitulo, las edades van a variar un poco.
Healer y Maker, tambien son sus primeras vidas, ya en el siguiente habran pasado mas años y las veremos creciditas, y tal como ya se dieron cuenta, Yaten y Taiki fueron mujeres originalmente, Yue ya les hecho el ojo y claro que serán Sailors.
Y bueno, ya no advertiré nada de aquí en adelante, espérense lo peor.
Iba a mezclar un poco con el presente, pero este capítulo definitivamente tenia que ser de esta manera, tratare de suavizar las cosas lo mas que pueda, pero si la historia lo requiere, tendre que seguir en plan malvado.
En verdad lo siento por Seiya, pero en ese pasado necesito un Seiya oscuro :V
Y bueno muchas gracias por sus reviews, los atesoro en verdad: Emily, Serenalucy, Guest, alejasmin kou, Stefany Murillo, kima, Ashley Kou, Taliz Luna ( te respondi por Face, bueno eso intente XD ) fabelliot, gregorioabel.
Quien ha leído otras historias mias, inconclusas créanme, las terminare, asi sea lo ultimo que haga, jejeje.
¡Hasta el próximo!
