Advertencia: Contiene escenas violentas. Lenguaje ofensivo (solo poquito)
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–*Mercury*–
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Tan pronto como llego el alba, Healer, Maker y Kakkyu corrieron al bosque.
Cada vez estaban mas cerca, pero el olor, y la vista de una gran columna de humo subiendo al cielo, les dio un indicio de que algo muy malo había pasado. Cuando por fin llegaron, las niñas miraron la casita envuelta en llamas, algunos gemidos ahogados aun venían de adentro.
–No… Seiya– comenzó a llorar Healer.
–Tranquila, ya no podemos hacer nada– Maker la tomo del brazo, temiendo que corriera hacia las llamas.
– ¡Esos rufianes! ¡Barbaros, asesinos! ¿Cómo pudieron quemarlos? ¿Creían que así borrarían todo su pecado? – cuestiono Kakkyu también llorando.
–Ellos no le prendieron fuego a la casa, lo hice yo.
Las tres se giraron, Seiya estaba parado sobre el césped, descalzo, las ropas del niño manchadas de sangre, en su mano aun tenía una antorcha encendida, sus mismos ojos azules parecían tener un fuego misterioso, pero frio, sin vida, era como si algún demonio lo hubiera poseído, ya no era el que Healer había conocido, y eso le dolía en los más profundo de su ser a la pequeña niña platinada, pero fue la primera en acercarse.
– ¿Estas bien?
Trato de tocarlo, pero Seiya se apartó dos pasos.
–Si.
– ¿Tu madre? – pregunto Healer con delicadeza.
–Ella ahora yace en mi memoria, en paz, pues ya me encargué de aquellos que la lastimaron, son ellos los que rechinan los dientes en las llamas del infierno.
Kakkyu se tapó la boca asustada, pues una masa sanguinolenta se arrastró como pudo hasta salir de la casa en llamas, era una cabeza, seguido de un tronco, el cuerpo no tenía extremidades, y al parecer ni lengua, pues de su boca aun salía una cantidad abundante de sangre. Seiya había encontrado su propio poder, aunque demasiado tarde, por eso se odiaba asimismo, poco le falto para quitarse la vida el mismo.
–Creo que, creo que… quiere algo…–dijo Kakkyu tartamudeando.
Lo poco que quedaba de rostro miro suplicante a las niñas, como pidiendo ayuda, pero de un golpe Seiya le partió la cabeza en dos.
–Yo creo que ya no necesita nada– dijo Seiya con frialdad.
–Pero tu si– propuso Maker– Healer, cúralo tiene unas heridas en los brazos.
–Si.
Seiya la hubiera apartado, el ya no necesitaba a nadie cerca, eso quería creer fervientemente, pero la pizca de corazón que aún conservaba miro a la temerosa Healer, por eso le regalo un atisbo se sonrisa.
–Gracias.
Para después ponerse serio nuevamente, pero eso fue suficiente para que la pequeña Healer se sonrosara e hiciera su labor de curación con ahínco.
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Si algo bueno tenía Silver Rayleigh, príncipe del Tercer Reino, era el amor a su querida esposa Lilith, embarazada de su segundo hijo, solo esperaba poder conquistar el universo y hacerla la emperatriz de todo, poner el mundo a sus pies era su anhelo, pero a pesar de todo el poder, parecía que no podía detener la enfermedad que aquejaba a su esposa, por eso mato a todos los inútiles del Primer Reino– lugar natal de Mercury– pero también fue una excusa para probar el poder del cristal dorado.
– Rayleigh– dijo la rubia con trémula voz, se encontraba acostada– por favor, te lo ruego, cuando nazca, por favor haz que viva, si es necesario elegir, sálvale, por favor.
Silver Rayleigh acomodo sus lentes, y con la otra mano tomo la de su mujer, al pie de la cama estaba el pequeño Earth.
–Tu vivirás, serás la dueña del universo.
–Pero yo no quiero eso, solo necesito a mi familia, tu amor, por favor, para ya, porque creo que el castigo del cielo ha caído en mí.
–Yo no creo en dioses, solo creo en mi propio poder.
Rayleigh apretó la mano delgada y pálida con delicadeza.
–Seré el dueño del mundo, y tu estarás a mi lado, querida Lilith.
Ella cerro los ojos cansada, a pesar del gran amor que le profesaba, parecía que la ambición de aquel hombre era mil veces mayor.
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Deimos estaba devastado, su hija, era la primera en su planeta sin nacer con poderes del fuego.
–Esto es obra del demonio– dijo jugueteando con una botella de vino, bebió bastante hasta que se derramo por su boca–, quien quiera que sea– se limpió–, porque es obvio que no era el príncipe al que le cortamos la cabeza.
Su esposa una hermosa mujer de cabello largo, trenzado y adornado por flores miraba a su primogénita en la cuna, lucia tan inocente, sin saber lo que se le vendría encima.
–Mars descansa como una hermosa estrella de la noche.
–Ha nacido con tu hermosura mujer, mas no con tu poder.
–¿Acaso por eso no la vas a querer?
El aventó la botella que tenía en la mano.
–¡Por supuesto que le amo!
Mars comenzó a llorar desconsoladamente, mientras su madre la acunaba en los brazos.
–Lo siento– se apresuró a las dos– pero son tiempos sombríos, y los puristas de nuestro reino le harán la vida imposible.
–Entonces podría ser la hora de mudarnos, no seriamos los primeros, el Tercer Reino ofrece un paraíso de bienestar.
–El Tercer Reino– Deimos arrastro cada palabra con amargura– es una flor carnívora, hermosa por fuera, atrayente, pero solo para devorarte cuando estás ahí.
–¿Entonces?
–La mejor idea sería ir al Quinto Reino.
–Ahí tampoco es seguro– dijo la mujer con tristeza y apretando a Mars en su cuerpo, como protegiéndola del futuro incierto.
Alguien toco a la puerta con demasiada insistencia. Deimos tomo su espada desconfiado, su mujer se apartó a una de las habitaciones de su pequeña casa.
–¿Quién es?
–Fermir.
Le abrió al reconocer su voz, era el escudero de Fobos, pero cuando abrió este cayo en el suelo, estaba muy herido.
–Alguien, nos, tendió… una, emboscadavolví…amos de…
Y fue lo último que dijo, en su mano tenía la espada de Fobos, quien nunca se separaba de ella, era obvio que había muerto.
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Lejos de ahí.
Ganimedes había ido por Júpiter al Tercer Reino
–Pero mi labor no ha terminado–se quejó ella.
–No importa, ya no estas segura aquí.
–Regresare cuando lo considere pertinente.
El tomo fuertemente el brazo de su esposa.
–Fobos está muerto
A Júpiter se le descompuso el rostro.
–Entonces…con mayor razón.
Ganimedes le soltó el brazo, ella se lo sobo.
–La mayoría que nos apoyaba está muerta de miedo– continuo el hombre paseando por la habitación nervioso–, el Cuarto Reino es un caos ahora mismo, los del Segundo Reino se han vuelto incondicionales del Tercer Reino. Y Oberón simplemente ha desaparecido, envié a alguien a buscarlo al Séptimo Reino, y tampoco ha regresado, temo lo peor.
–Oberón – ella se tapó la boca–, si ha caído un caballero del viento entonces si me voy a preocupar– dijo Júpiter.
–Pero igual te quedaras.
–Si.
Ganimedes acaricio la mejilla de Júpiter.
–No te preocupes, tengo el favor de la princesa Lilith.
–Pero ella está muy enferma, no creo que sobreviva.
–Me las arreglare sola.
–¿Qué hay de la pequeña Uranus?
–Ha regresado a su planeta, y me alegro, aquí se está poniendo feo.
–Alla también.
–No entiendo lo que está tramando la persona detrás de tanto caos.
–Quiere acorralarnos, para después aplastarnos como insectos.
Ganimedes tomo por la cintura a Júpiter.
–¿Sigues desconfiando del príncipe Silver Rayleigh? – pregunto Ganimedes mirándola intensamente, deseándola.
–¿Un hombre que solo vive para su esposa? ¿Sin anhelo de poder? ¿débil? Yo no me la creo, ¡por supuesto que algo oculta!
Ganimedes la apretó un poco más, llevándola lentamente a la cama.
–Ya no hablemos de ese idiota, mejor dame un buen recuerdo, porque no regresaras a casa conmigo.
–Oh cariño– contesto ruborizada– tú sabes que no soy buena dándote calor.
–Eres más que buena para este pobre anciano.
Se dejo caer en la cama con ella, enterró su barba en el cuello de Júpiter.
–No eres un anciano.
–Pero me veías como un padre.
–Eso era antes.
–Sonríe un poco mujer, todo estará bien, anda hagamos un retoño.
Ella cerro los ojos con una media sonrisa, y se entregó al placer que le daría su marido.
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Uranus daba vueltas en el jardín, su hermana mayor, Titania, la miraba divertida.
–Si tantas ganas tenías de quedarte en el Tercer Reino, lo hubieras hecho. Supongo que estas así porque extrañas a Lady Júpiter, una hermosa jovencita.
Uranus se sonrojo.
–Si justo eso pensé, te gusta, y como no hacerlo, tiene unas muy hermosas piernas y que decir de ese traser…
–¡Ya cállate! ¡No te burles!
–No me burlo, hasta a mí me gustaba, lástima que Ganimedes me gano.
–Pero, no es muy normal que me guste una mujer, ¿no crees?
–Para el amor no hay límites, además a mi también me gustan las mujeres.
–Y… ¿qué opina mamá de eso?
–Por supuesto que ella no lo sabe, ¡imagínate! ¡Su primogénita tras las caderas de otra mujer! Oh no, Uranus, esto es nuestro secreto, como sea, hasta ahora me he salido con la mía y no han logrado casarme con nadie.
–¿Yo también podre librarme de los tontos?
–No sé, pero te apoyare hermanita, regresando a lo anterior, ¿Por qué regresaste?
–Ya me había aburrido.
Eso era mentira, más bien Uranus estaba un poco confundida respecto a lo que estaba tramando Júpiter, y aunque quería formar parte de ello, aun no lograba pulir sus habilidades, pero si le había ayudado mucho el tiempo con Júpiter, le había enseñado a usar las dagas, y ahora Titania quien era una gran espadachina podría seguir instruyéndola, Uranus temía que en un futuro necesitara defenderse, y a los suyos, y tenía toda la razón.
–Aun eres una niña.
–Solo estoy preocupada por que el tío Oberón no aparece, ¡además ya no soy una niña!
Titania dejo de sonreír.
–Yo también estoy preocupada.
–¿Sera cierto lo que dicen los criados? – pregunto Uranus acercándose al regazo de su hermana y descansando su rubia cabeza comento– Que una maldición ha caído sobre los ocho reinos.
–No lo sé, Uranus, no lo sé– contesto Titania acariciando sus cabellos, preocupada.
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En las tierras de Ganimedes se encontró el cuerpo sin vida de Oberón, esto desato la furia de los caballeros del Viento, se sintieron traicionados, pero la muerte de los padres de Uranus en un accidente sospechoso, junto con todas sus hijas, excepto Titania que no los acompañaba, fue la gota derramada, ambos reinos se lanzaron a la guerra.
Deimos quiso ir en ayuda de Ganimedes, pero las cosas en su planeta estaban también caóticas, pues su hija Mars, no solo no tenía el poder del fuego, había nacido con el poder del hielo, tuvo que huir con el bebé y su esposa, pues las sacerdotisas querían sacrificar a la pequeña, la veían como un augurio de infortunio. Finalmente pidió asilo en la Colonia.
Rayleigh no podía ser más feliz, viendo desde lejos como sus enemigos iban cayendo uno por uno.
Júpiter estaba a punto de partir al Quinto Reino, para ayudar a su marido, y porque le tenía una hermosa noticia, pero estaba en eso cuando descubrió lo que deseaba, que Silver Rayleigh tenía ese misterioso cristal dorado, ella se las apaño bien para meterse a la cámara donde lo tenía resguardado, esperaba que esa fuera la prueba suficiente para mostrarlo como el culpable que era, cuando estaba escapando en el bosque con la joya, fue interceptada por uno de los Generales de Rayleigh.
– Nephrite.
–Júpiter, tienes algo que no te pertenece.
–Aun así, no lo entregare.
Ambos comenzaron una lucha, el con la espada, ella con sus dagas, venciéndole.
–Sabía que no eras rival para mí– dijo Júpiter burlona, pero una flecha le dio directo en la espalda, haciendo que soltara el cristal– Maldición– siseo– cobardes…
Nephrite se levantó para atacarla, pero como también estaba herido por ella, la lucha seguía pareja, desgraciadamente otra flecha la atravesó, esta vez en el hombro, ya viendo todo perdido, Júpiter decidió que lo más sabio era huir, le dio una cuchillada mortal a Nephrite, pero ya otros arqueros estaban listos, y sin piedad llenaron su cuerpo de saetas, espalda, brazos, piernas, abdomen– la que más dolió–, no dejo de lanzar cuchilladas a pesar de eso, matando a algunos con sus dagas que volaban acariciando el aire, quedándose sin fuerzas cayo al pasto.
Rayleigh apareció entre los arqueros.
–Es una lástima que una criatura tan delicada como tu fuera mi enemiga– dijo tomando el cristal dorado–, te hubiera dado un trato muy especial en mi lecho.
–Mal…di…to– dijo Júpiter escupiendo sangre.
–No fue nada personal, te había soportado porque eras amiga de Lilith, pero todo tiene su límite. Para que no te mortifique tu dolorosa partida, debo decirte que tu esposo yace en las garras de la muerte, salúdamelo de mi parte.
Júpiter comenzó a cerrar los ojos, sintió un poco de alivio, se encontraría del otro lado con Ganimedes, y le diría con la más encantadora de las sonrisas: Serás padre.
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Pero Rayleigh tuvo un justo castigo, lo que más amaba se fue, Lilith no soporto el parto, y murió, llevándose consigo a la pequeña vida que yacía en su vientre, y había acertado en lo que tendría, una hermosa niña que llamaría Selene, quien nunca vio la luz del mundo.
Rayleigh cegado por la furia, la tristeza y el abismo de sus pensamientos, tomo una de las decisiones más descabelladas: llevaría a la extensión el planeta azul, un enorme meteorito fue atraído por el cristal dorado, Rayleigh logro escapar a la Colonia, llevándose a Earth y a su sequito de aliados, dejando a su segundo hermano, el rey del Tercer Reino morir, no sin antes confesarle que él estaba detrás de todo eso, pues su plan era conquistar los Ocho Reinos de Solárium.
Desde la apacible y blanca Colonia, miro como el fuego consumía al Tercer Reino, junto con todos aquellos detractores de su persona.
Una vez apaciguado sus pensamientos, fraguo un nuevo plan, ¿no eran los sacerdotes del Cuarto Reino, los encargados de mantener una comunicación con el Creador? ¿No eran ellos que se jactaban que tenían en sus oraciones y cantos al Fuego Sagrado, el destino de los Ocho Reinos? Pues bien, todos esos sacerdotes inútiles a su parecer debían morir, y solo se preservaría la vida de aquellos que simpatizaran con su persona.
El derramamiento de sangre continuo, por siete años más. Hasta que no quedo nadie más que se le oponía, o eso pensó.
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Oscuridad.
Dolor.
Miedo.
No sabía que palabra usar para describir lo que sentía en ese momento Cosmos, Yue se había quedado sin energía, su pelea que a su parecer había sido un parpadeo, era un tiempo mucho más largo para los humanos.
Cosmos no tenía lágrimas, pero las hubiera deseado en ese momento, Seiya, el niño de hermosa voz y ojos cual estrellas, cuyo espíritu brillaba más que cualquier constelación que hubiera creado, había dejado su inocencia hacía mucho tiempo, y ella no estuvo ahí para auxiliarle, removió las aguas del pasado con su dedo, Yue la dejo hacerlo, Caos aparto su mirada, enojada con las acciones de sus hijos, no los había creado para pelear, sino para vivir en armonía con ella.
–¡No, no, no!
Miro como había terminado la vida de Lea, y como Seiya había sido testigo de una escena grotesca, todo sin poderlo cambiar, como Seiya había perdido su brillo por completo, ella había amado ese espíritu fuerte, inocente, noble, del cual, al parecer, ya no quedaba nada, y deseo abrazarle con todo su corazón.
De hecho, decidió hacerlo, y esta vez no preguntaría, tomaría forma humana, iría tras Seiya, y no había discusión.
El plan de Cosmos era llegar a la brevedad con su querida estrella, pero solo tenía un problema: ¿adónde podría llegar? ¿Bajo qué forma corpórea, una anciana, una mujer, un hombre?
Pero no podía pensarlo mucho. Había visto algo muy oscuro y mortal acercarse al planeta donde habitaba Seiya, no, no era posible que el chico se quedara más tiempo ahí, y quien sabe si podría escapar, pues había visto como el poder de los nómadas estelares se había casi esfumado, como un tipo de castigo por faltar a su juramento y buscar un nuevo hogar para los suyos. Y la encomienda era tan difícil ahora, cuando al parecer todo el universo estaba desmoronándose.
Yue presintió el cambio de todo, el inicio de un largo y espinoso camino para su hermana. Ella lo miro por última vez.
– Por favor, comprende que para proteger ese maravilloso mundo, necesito vivir con ellos, para entender mejor sus necesidades, tengo que ir, te lo pido, no intentes detenerme, en verdad nunca podría levantar una mano contra ti, lo sabes; sabes que te amo, te amo tanto, que me duele dejarte solo, sin embargo, tengo que ir, nada malo me sucederá, cuida del caldero en mi ausencia, yo prometo regresar, tan pronto como sacie mi sed de conocimiento, solo una vida, solo una vida humana y regresare contigo.
–¿Desde cuándo me mientes? No son tus verdaderas razones, hay una sola verdad, pero no la quiero escuchar– dijo Yue con dolor, por primera vez en su existencia– y tampoco hagas promesas que no cumplirás, ¿o acaso olvidaste que dijiste que nunca levantarías una mano contra mí? La batalla de hace rato no fue una caricia.
–Lo siento– murmuro Cosmos.
Y abrió las puertas prohibidas, y el aire del mundo terrenal la envolvió.
Estaba tan absorta en las palabras de su hermano, que ni cuenta se dio cuando Caos la miro con intensidad.
–Si te vas de mi presencia, nunca volverá a ser lo mismo– sentencio a su hija.
–Ella no cambiara de opinión, no importa lo que digas– dijo Yue secamente, preparándose para lo que venía.
–Entonces ayúdame a detenerla.
Yue lanzo una especie de hechizo sobre Cosmos, pero no le causo ningún efecto, eso fue lo que creyó.
–¡Me has atacado! ¿No estábamos ya en paz? ¡No vas a detenerme! ¡Primero lo hare yo!
–¡Hazlo hermana, o en verdad no me voy a contener!
Cosmos lanzo una bola de energía hacia Yue, lo envolvió y lo mando a lo más profundo del Caldero Primordial, se reencontrarían en un lejano y remoto tiempo.
–¡Insensata! – reclamo Caos sabiendo que no la podría detener, estaban igualadas en poder– ¡Destruiré ese mundo con todo lo que te importa! ¡Porque veo que ya no somos tu familia lo más importante!
–¡No es eso, Madre!
–¡Tus hechos lo demuestran! ¡Si tanto deseas ir tras un simple humano! ¡Adelante! ¡Vete! ¡Pero no con todo tu poder! ¡Iras como una simple y débil criatura! ¡Haber si logras llegar al camino que has elegido! ¡Llegaras tan débil e insulsa como aquello que estimas! ¡Haber si sobrevives a ese mundo lleno de mentiras!
Cosmos estaba tan devastada, por haber encerrado a su hermano, y por las palabras de Caos, que no opuso resistencia al ataque de su madre, su cuerpo vibro como miles de cristales, hasta convertirse en una diminuta luz, pero no todo estaba perdido, Yue no la había atacado, le mando la coordenada de su destino, ahí, en Solárium, se encontraría con Seiya.
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La frialdad de Solárium la recibió, como una estrella fugaz aterrizo en la Colonia, y no pudo haber peor persona que la encontrara. Rayleigh tomo al pequeño bebé en sus brazos, encontrándolo encantador, y en cierta forma le recordó a Lilith su esposa, pero cuando Cosmos abrió los ojos, noto la diferencia abismal, era como una pequeña diosa. Rayleigh sonrió para sí, tal parecía que estaba bendecido por sus obras.
–Llegaste, tal como Lilith quiso.
Se la llevo a su nueva morada, sería la hija que le fue negada en el pasado, y a ella pondría el mundo a sus pies.
Earth vio un nuevo brillo en su padre, y curioso se acercó a ver a la bebé.
–Es hermosa.
–Te presento a tu nueva hermana, Selene.
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La adolescencia había sido generosa con Seiya, era un muy atractivo chico, se había convertido en un cazador de criaturas, las más peligrosas eran sus predilectas, y cobraba lo que quería por sus servicios de protección. El dinero que nunca tuvo, ahora le sobraba, y el recuerdo de una luz diminuta hablándole, solo venia en sueños que olvidaba al despertar.
Justo ahora se limpiaba en las aguas del rio, la sangre de su última cacería, sus bien formados músculos eran acariciados por las gotas cristalinas, mientras que su larga y azabache cabellera suelta, escondía un poco sus encantadores atributos varoniles.
–No me espíes, no es propio de una dama.
Healer casi se cae al rio al verse descubierta.
–Nadie te estaba espiando, ¡engreído!
–Supongo que otra vez pasabas por aquí, me extraña que no te hayas aburrido de mí, no soy la mejor compañía y lo sabes.
Healer con todo y su cara roja le dio la espalda, apretó los puños.
–Solo quería que supieras que algo se acerca a este planeta, Maker dice que algo nos envuelve, como una niebla, que necesitamos pulir nuestro antiguo poder, el salto estelar será necesario.
–¿Crees que eso me preocupa? Por mí, todo, todo se puede ir al infierno.
–¡Como puedes decir eso! ¡Eres un insensible! ¡Y yo aquí perdiendo mi tiempo!
Healer se fue llorando, Seiya apretó los puños.
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Cinco años después.
No era la primera vez, hace tiempo ya había perdido su virginidad, justo con una mujerzuela como la que tenía abajo, no le importaba el color de la piel, aunque había visto ya de muchos colores, y como siempre no las trataba con delicadeza, tampoco había besos– jamás–, de hecho, ni siquiera pasaba la noche con alguna, solo eran meros trozos de carne necesarios para sus necesidades masculinas, así él podía seguir con la cabeza fría.
–Eres un rey– gemía la mujer.
–Cállate– fue la respuesta de Seiya al penetrarla nuevamente.
Como siempre, al pelinegro le costaba llegar a su culminación, aunque las mujeres con las que se había acostado eran hermosas y muy expertas, ninguna lo saciaba en verdad, no podía negar el consuelo que le daban, pero al final, solo quedaba un vacío en su alma, se bajó del camastro, le dejo unas monedas a la morena de enormes curvas, y tras limpiarse un poco con el agua que siempre encontraba en las habitaciones como esa, salió.
La noche era muy fría, y hacia mucho que en el cielo no había estrellas, su corazón se estrujo un poco.
Escucho un quejido en una de las callejuelas. Como otras veces se hubiera dado la vuelta, no estaba para salvar el mundo ni a nadie, pero de pronto reconoció esa voz, se apresuró, ahí en medio de un callejón, un sujeto zangoloteaba a una chica, tenía puesta una capucha verde, pero aun así sus largos cabellos platinados sobresalían. Hacía tiempo que no se veían las caras, pues después que se burló de los vaticinios de Maker, Healer se había ofendido a tal grado, que había prometido nunca buscarlo, y ahí estaba curiosamente, en un territorio peligroso y lejos de su querido hogar de nómadas estelares.
Con un solo golpe, Seiya derribo al gordo atacante, Healer se vio verdaderamente asombrada al verlo. El pelinegro la levanto del suelo, y se la llevo de la mano, haciendo que el corazón de Healer golpeara su pecho como loco, caminaron en silencio, hasta lo más oscuro del bosque, el hogar de Seiya era una cueva, tal como fue con su padre Bankotsu.
–Estas hecha un desastre– Seiya fue por una enorme bandeja de agua y un trapo que aventó a Healer– límpiate un poco antes de volver a tu casa, o Maker te regañara.
Healer comenzó a quitarse el polvo de la cara, no quería agregar nada, Maker era ahora como su madre, pues la de ambas había muerto por enfermedad.
–No es de mi puta incumbencia, pero dime, ¿Qué carajos hacías cerca de los tugurios? No espera, no me digas que deseabas aprovechar tu cara bonita y vender algo más que manzanas.
Healer no se aguantó más, le quería, adoraba a Seiya, pero eso si no, se levantó y le lanzo el agua encima.
–¡Imbécil!
Giro sobre sus talones, pero Seiya la tomo sorpresivamente de la cintura.
–No te vayas, hace rato que no platico con nadie– recargo su barbilla en el hombro de la platinada.
Healer se mordió el labio para no suspirar, pero si atacar al recordar donde le había pillado.
–¡Como creerte! ¡Si cada cuando puedes te vas con alguna lagartona!
Healer agradeció que la tomara por la espalda, o vería el lindo espectáculo que era su cara sonrojada, se había delatado de espiarle.
–Ya no me regañes, es algo natural.
Seiya la soltó. Ella bufo con los brazos cruzados.
–Entonces, ¿me dirás que hacías allá?
–Buscaba a una vieja sanadora, era de nuestro clan, pero se marchó para vivir una vida libertina, – hizo una pausa como si lo que dijera a continuación fuera difícil– hace mucho que no puedo curar a nadie, esperaba un poco de su ayuda, pero llegue tarde, ella murió hace una semana, según me dijeron.
–Que mal.
Healer deseaba quedarse, ser aquella mujer morena que Seiya recién había poseído, un momento, ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no seducirlo? ¿Perdería algo? Si ya hacía muchos años había dado su corazón al pelinegro, aunque este no lo supiera, ella bien que seguía sus pasos, era cierto que era grosero, a veces tornándose en lo absurdo del machismo, pero si se veía el fondo, Seiya no solo era un cazador de peligrosas criaturas, era un héroe, ella lo veía así, el pelinegro no siempre cobraba lo justo, incluso se podía decir que se daba el gusto de casi regalar su trabajo, el niño de hermosa voz estaba ahí, solo faltaba sacarlo, y Healer deseaba ser la afortunada en lograrlo.
Aprovecho los pocos sesos que tenía en ese momento, camino nuevamente adentro de la cueva, y dejo caer la capa verde que la cubría. Sus curvas no eran muy pronunciadas, pero no cabía duda que ahí estaba una hermosa mujer.
–Tengo un poco de hambre– dijo avergonzada de su excusa– ¿será posible que me ofrezcas algo?
Seiya simplemente asintió, fue por un poco de pan y leche, ambos se sentaron en el piso, cerca de una fogata. El pelinegro busco en una de sus alforjas, encontró un puro de excelente calidad, lo olio antes de encenderlo, y miro a la ceñuda Healer.
–No soy un fumador– dijo como contestando el mudo regaño– solo que no voy a menospreciar el obsequio de un viejo aldeano, lo libre de una buena plaga.
Healer se reacomodo en el suelo, quitándose el largo cabello de enfrente, para que Seiya pudiera darse cuenta de sus encantos, saco un poco el pecho.
–No es que te corra, pero será mejor que te vayas– dijo Seiya tirándose sobre el suelo y poniendo sus manos atrás de su nuca, a modo de almohada, cerró los ojos– cierra la puerta cuando te largues.
Healer miro la entrada de la cueva con nerviosismo, deseo en verdad que hubiera una puerta, y así encerrarse con Seiya, solos, bajo las sombras seductoras de la noche. Dejo el cuenco con leche en el suelo, y se agacho con cuidado hacia Seiya, ¿no estaría tan pronto dormido? Miro sus hermosas facciones de jovenzuelo, se mordió el labio para darse valor, quería besarle.
–Si vas a hacerlo hazlo, por mí, no hay problema– dijo Seiya abriendo los ojos de repente– no es como si fuera la gran cosa.
Healer quiso patearlo hasta el cansancio, pero solo unas lágrimas salieron.
–Y ahí está, la verdadera y patética tú.
Healer se levantó indignada.
–¿Por qué no me extraña esta escena? – pregunto Maker en la entrada de la cueva, la oscuridad solo dejaba ver su sombra.
–¿Qué haces aquí? – pregunto Healer limpiándose los ojos rabiosamente.
–Estamos en la ruina– respondió en tono frio– tu también deberías venir conmigo– señalo a Seiya, se adentró sin permiso, iluminándose con el fuego, Healer ahogo un grito, Maker estaba llena de golpes y con labio partido, tenía vendado con una parte de su vestido un brazo que sangraba– la gente se ha vuelto loca, las sombras oscuras han llegado, y nadie se podrá salvar, ya nadie viajara a las estrellas, Kakkyu se quedó en medio de la trifulca, y yo, yo solo quería verte, hermana, aunque sea por última vez.
Healer la miro desconsolada.
–Las sombras llegaron– susurro Seiya– quiero verlas.
El ambiente no podía ser menos aterrador, una gran columna de humo ascendía hasta el cielo, las sombras mortales se mezclaban con las de los nómadas estelares, los gritos de socorro eran desgarradores, la gente intentaba hacer el salto estelar, pero simplemente el don se había desvanecido, el padre de Healer y Maker se acercó, miro a Seiya, siempre lo desprecio, pero por alguna descabellada razón vio en él un salvador.
–Cui…cuídalas, por favor, cuídalas, has a mi hija Maker tu esposa.
Cayo muerto ante los ojos de ellas, marchitándose rápidamente, cual cadáver podrido, las sombras aspiraban la vitalidad de todos, el planeta muy pronto sería una piedra sin vida. Eran las sombras de Caos, parecía que no había escapatoria.
Kakkyu apareció de pronto en el campo de visión de Seiya.
–¡Hay un llamado poderoso en una dirección, podría guiarlos si pudiera dar el salto! – grito histérica, con los rojos cabellos alborotados– ¡Un hermoso planeta azul nos espera!
Ella lo había presentido antes de que este se consumiera por el meteorito. No sabía lo que encontrarían.
Seiya evoco su poder de Guerrero, un láser estelar salía de sus manos, disipando las sombras, pero no era suficiente, pronto se vieron rodeados, tomo la mano de Maker con fuerza.
–Solo poder llevarlas a ustedes.
Healer y Kakkyu asintieron nerviosas, sosteniéndose de Maker, y como una estrella fugaz, salieron al universo desconocido.
Seiya no pudo llevarlas hasta donde Kakkyu le indico, era fuerte, pero era imposible viajar de esa manera, siendo el único motor, tuvieron que hacer varias paradas, tardarían años en llegar a Solárium, no sabían la anarquía que encontrarían.
Tuvieron que hacer varias altos en distintos planetas, siempre cautelosos, con el paso del tiempo Healer recupero su don de la sanación, Maker como nunca y aun sin todos sus libros, se volvió una fuente considerable de conocimiento, Kakkyu los llevo siempre en la dirección correcta, cada quien realizo su rol, Seiya era su protector, su guerrero, e hizo una cosa que nadie se esperó en una de sus pausas, se casó con Maker, repitiendo así, el patrón que le impuso su difunto padre.
Healer acepto con doloroso silencio la unión de las manos de Seiya y Maker, y aunque no hubo un beso al final de la ceremonia, su corazón igual le dolió, y odio a su hermana, ella no quería a Seiya, ¿Por qué lo había hecho Maker? ¿Por qué la odiaba a ella? ¿Si a Seiya no le importaban los sentimientos, porque entonces acepto a su hermana? A Kakkyu también la vio descompuesta en la sencilla ceremonia y se escondió la pregunta de si a ella también le interesaba Seiya, esas cuestiones rondaron en su cabeza por mucho tiempo, por eso se enfocó en la encomienda de sus antepasados, los cuatro lo hicieron: buscarían un nuevo hogar para los kinmokianos.
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Era una de las reuniones más pletóricas, La Colonia ahora se erigía como el centro de Solárium, Rayleigh fue proclamado un sobreviviente, un salvador, pues los ocho reino habían caído en desgracia, un hecho apocalíptico, sometiéndose a la penosa necesidad de dejar los otro planetas, y encontrar un refugio en la Colonia– La Luna actualmente– todo parecía estar bien, salvo una cosa, tenían que proclamar a Rayleigh el soberano absoluto de Solárium, Deimos, uno de sus más acérrimos detractores había muerto de una terrible enfermedad, sobreviviéndole su pequeña hija Mars y su esposa.
Titania era de las pocas que veía la oscura verdad en los ojos del proclamado emperador, pero no decía nada, no cuando ya nadie la apoyaba, y por eso, estaba ahora de rodillas ante el hombre de anteojos, la barba del hombre comenzaba a tornarse gris, sus hijos, Earth y Selene se encontraban a su lado, Earth ya era un chico que recién había adquirido su mayoría de edad, y a Selene, su cabello le había crecido cual cascada de oro, era muy pequeña para comprender lo que ahí se diría– y tampoco conservaba sus recuerdos como la hija de Caos–, pero a su padre le placía tenerla a su lado, era la joya más valiosa de su palacio, aunque ni siquiera hablaba bien.
En la primera fila de los asistentes de doradas armaduras y vestidos largos, se encontraba su prima Lady Plut, quien le quería como un hermano, y la media hermana de la peliverde, Saturn, se complacía de los logros de su primo, perdonando sus métodos, porque ella bien sabia de la existencia del cristal dorado, pero creía que Rayleigh había hecho bien, pues todo parecía tan armonioso, teniéndolo a él como soberano absoluto, y como tal, necesitaba una emperatriz a su lado.
–Titania– dijo Rayleigh callando el bullicio de los presentes– te he convocado, a ti y a tu hermana – la rubia era ahora una hermosa mujer, pero el brillo de sus ojos se había apagado, cuando se enteró de la trágica muerte de Júpiter, muerta en un misterioso accidente, o por lo menos ese fue el rumor que se corrió– hemos perdonado a los tuyos, sus acciones bárbaras en la guerra sin sentido que mantuvieron, son parte del pasado, y aun más extenderé mi gracia, tomando como mi esposa, a Uranus.
Solo en ese momento, Uranus levanto el rostro, sus temerosos ojos se conectaron a los perversos, ella por supuesto que no quería casarse con ese hombre, Titania quiso blandir su espada, ¿Por qué el emperador no la tomaba a ella si lo que deseaba era humillarlos más? Porque bajo las órdenes de Rayleigh fueron saqueados, quemados y destruidos los palacios del Séptimo Reino, su hogar, y asesinados todos los caballeros del viento, solo respetando la vida de niños, ancianos, y claro mujeres, todo por su "magnanimidad".
Rayleigh quería una puta en su cama, y que mejor que una de las descendientes de los vientos sagrados, pero ella no podía sacar su espada, y aunque le dolía, tenía que dejar a su hermana, aunque en el pasado le aseguro protegerla, pero de alguna forma, ella encontraría el modo de salvarla de ese asqueroso destino.
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Oh my gash, haber recapitulare: Rayleigh por fin destruyo los ocho reinos (incluyendo el suyo para no levantar sospechas) Cosmos ha descendido y se ha convertido en Selene, su hija, Júpiter fue asesinada por este (gomenasai!), y ahora tomara como su mujer a Uranus (debo decir que no importa la diferencia de edad, es como una época medieval donde hombres muy maduros se casan con adolescentes, guacala)
Mars nació con el poder del hielo, veremos como funciona esto.
Plut y Saturn son parientes del malvadin, están un poco confundidas, espero hacerlas entrar en razón.
Y por último Seiya en un triangulo amoroso, o casi cuadrado, Kakkyu como que esta medio metida ahí. Por cierto, ¿alguien se alegro de que todos los demás nómadas estelares se murieron? Yo si, bola de desgraciados, bien pudieron ayudar a la madre de Seiya, eran muchos contra un puñado de bandidos, además que poco les importaba la suerte de los que esperan por un nuevo planeta, fue justicia pues.
No me avienten piedras por dejarlo aqui, se que te mata la curiosidad de lo que pasara o que por lo menos te maree con tanta información, quería contar que sucede en el presente, pero no me dio tiempo, en el siguiente capi lo hare, y tambien se conocerán por fin Seiya y Serena (Selene en este caso), no estoy haciéndola lenta, enserio he tratado ser lo mas concisa en el ambiente que trate de armar.
Y como siempre agradezco sus maravillosos reviews: Guest, Fatima Rivas , Emily Vargas L, Serenalucy, Gabiusa Kou, Ashley Kou, gregorioabel.
Y si, cambie el rated a M, creo que era necesario, gracias por la recomendación.
El titulo solo fue como homenaje a nuestra querida Ami, quería mencionar una cosa al respecto en el tiempo actual, pero como que no me cuadraba en este capitulo que fue muy apocalíptico.
Hasta el próximo pues!
