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Advertencia: Violencia, palabras altisonantes, solo mayores de edad.


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-*Uranus*-

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Voló hasta las sierras donde se ocultaban algunos del Séptimo Reino, esperanzada de encontrar a uno de los más allegados de su hermana Titania- Calibán- que se había escapado de las garras de Silvers Rayleigh. Y todo esto lo sabía por Neptune, porque a pesar de ser la prometida del rey, no tenia idea de nada y es que a ella la habían hecho una simple decoración del Castillo.

Eso por supuesto se había acabado.

Tuvo suerte de llegar hasta donde le había indicado Neptune, pues mientras ella realizaba ese viaje con el corazón estrujado por dejar a la mujer que amaba, Silvers Rayleigh junto con Plut estaban muy ocupados como para ir tras ella, buscaban la forma de despertar a Selene, parecía como si un rayo la hubiera fulminado de muerte, no despertaba y todo su cuerpo ardía, de hecho tuvieron que acostar a la niña en una fría plancha de metal, que al parecer era lo único que no derretiría.

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Plut dejo a Silvers Rayleigh con la niña, camino hacia la celda donde se encontraba Neptune, gritos de dolor salían de ahí, cuando llego, se horrorizo al ver como aún seguían violando a la chica, sus manos la tenían atadas con sus cuerdas de violín, las muñecas sangraban por la presión que ella ejercía al intentar inútilmente luchar.

-¡Ya fue suficiente!

El guardia que estaba aún encima de Neptune se espantó, y los otros cinco, que aún seguían esperando su turno se tensaron, sabían que la dama era la segunda al mando después de Silvers Rayleigh, no podían desobedecerla de ninguna manera. Y ahora mucho menos, pues ella tenia en su poder una extraña esfera, le llamaban el cetro de granate- creado misteriosamente por Selene-, pero aun así los guardias dudaron un poco.

-Pero, el rey dijo que le diéramos fuerte y duro- susurro apenas el que seguía montado en Neptune.

Plut lo señalo con su cetro, y este salió disparado hacia una de las paredes, tan fuerte, que todos sus huesos se rompieron.

-Sáquenlo de mi vista, me quedare con la prisionera.

Después de eso, los otros no dudaron en obedecerla.

Neptune estaba muy golpeada, mancillada, pero entre tanto dolor, su único consuelo era imaginar que Uranus estaba bien, de pronto sintió que su cuerpo desnudo, era cubierto por una delgada tela.

-Mandare a alguien para que te cure- dijo Plut aun de pie.

Neptune la enfoco con el único ojo que no tenía hinchado.

- ¿Por qué me ayudaste? - dijo con voz trémula.

-No te hagas falsas ideas, solo no quiero que mueras de manera innecesaria.

En parte era verdad, pero no cabía duda que como mujer, a Plut le había afectado ver como penetraban sin piedad a la aguamarina.

-Tendrás un juicio justo, el rey es justo.

-Quisiera reírme… de eso- dijo Neptune con dificultad- pero, creo… que, tengouna, costilla rota.

-Todos creen conocer al rey, pero solo yo puedo jactarme de eso, y antes de que recibas otro tipo de tortura, será mejor que me digas, adonde está escondido Calibán, estoy segura que la princesa Uranus ha ido a su encuentro, y no podemos permitir que la prometida del rey salga libre de castigo por traición.

-Uranus escapo- dijo Neptune, respirando aliviada, su cuerpo ya no pudo más, y se dejó caer en la inconciencia.

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Uranus fue interceptada por Calibán, estaba casi sin fuerzas, pero no tuvo descanso, hablo largo y tendido con el nuevo líder de los rebeldes, le pidió ayuda, pero este se negó, pues en las palabras de la rubia había algo que no lo convencía.

-Cordelia entenderá que no podemos ir en su rescate- dijo el hombre de barba roja.

Pero no solo era Cordelia, sino su amante, Neptune.

-Debemos rescatar a mi madre, fue tu reina, tienes el deber tatuado en tu sangre, y también, quiero rescatar a Neptune, no es justo que la dejemos a su suerte.

-Te veo muy interesado en ella.

-La quiero.

Antes de que Calibán dijera unas maldiciones por semejante aseveración, un caballero del viento llego a la tienda.

-Señor, hay un gran revuelo en el castillo, no solo por la huida de la princesa Uranus- dijo mirándola- al parecer la princesa Selene esta muy grave, Silvers Rayleigh esta en un momento vulnerable, es un momento apropiado para atacar.

Uranus sintió la esperanza resurgir. Tomo una de las espadas, y ante la mirada asombrada de sus compatriotas, se corto el largo cabello rubio.

-Yo por supuesto iré con ustedes.

Su mirada era determinada, nadie la pararía ahora.

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...~…

El ataque al castillo se dio en la madrugada, muchos caballeros del viento cayeron en la batalla, pero lograron sacar a Cordelia, reina del extinto Séptimo Reino, cuando Uranus fue a por Neptune, tuvo que enfrentarse a Lady Plut.

-No saldrás de aquí- se interpuso en el pasillo de la celda.

Uranus estaba sola, en ese punto los otros no la apoyarían, era aprobar que su princesa amaba a otra mujer, eso era impensable para los caballeros del viento, encontraban antinatural su interés por Neptune, aunque había estado trabajando con ellos, no creían que valiera el sacrificio de su princesa.

-Has cometido traición contra el venerable rey, ahora pagaras las consecuencias.

Uranus venia armada con una espada, pero el rayo que le envió Plut la partió en dos.

-Demonios- siseo la rubia.

-Mas vale que pidas clemencia- dijo la peliverde.

Desde el interior de su celda, Neptune grito a Uranus que se fuera, pero esta necia y con un hábil movimiento logro evadir a Plut, cuando llego a la celda, el cuadro que vio, la enfureció, Neptune estaba semidesnuda, solo el manto que le habia dado la peliverde la cubria, y aunque ya la habían curado, aun en su cuerpo se veian las mordidas y golpes, por supuesto, Uranus intuyo lo que le habían hecho. Un calor descontrolado invadió su cuerpo, el grito no pudo llegar a sus labios, la rubia imploro.

"Por favor, si la justicia existe, permíteme llevarme a Neptune, sacarla de este lugar, ella no merece morir aquí."

Plut llego a la celda y sin vacilación lanzo un poderoso rayo en contra de las dos, pero una luz se interpuso, la espada de Uranus se materializo frente a sus ojos, viéndose en igualdad de poder, ambas comenzaron a luchar, cetro contra espada chocaron, pero los pasos de varios soldados resonaron en las mazmorras, Uranus no quiso arriesgarse, corto los barrotes de la ventana, junto con una buena parte de muro, y volando, se llevó a Neptune.

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Ya estando a salvo en el campamento rebelde, Uranus fue convocada por su madre, Cordelia se encontraba al lado de Calibán.

-Madre, me alegra que este a salvo.

Uranus iba a abrazarla, pero la bofetada en su mejilla la hizo retroceder.

-Madre…- dijo sobándose, incrédula.

-Siento no recibirte con un beso, me has salvado, pero, mi corazón esta dolido, Calibán me ha dicho que te has vuelto amante de un plebeyo, y de una mujer para terminar de empeorar la afrenta.

Uranus no entendía, de verdad que no la entendía, su madre debería estar feliz por estar ahí, con ella, a salvo, porque su apariencia desmejorada, denotaba que no la había pasado nada bien en la mazmorra. Y por lo menos Cordelia, debería estar agradecida de que una de sus hijas estuviera aun con vida, pero a veces los prejuicios, desgraciadamente podían más que el amor.

-Vete de mi presencia, ya hablaremos después.

Dolida, Uranus salió de la tienda, se encamino al lugar donde descansaba Neptune, quien la recibió con una mirada triste.

-He escuchado que ya no soy bien vista entre los rebeldes.

- ¿Qué has oído? Incluso aquí ¿te han maltratado? - pregunto Uranus con enojo.

Neptune quiso levantarse para rebatir eso, pero el cuerpo no se lo permitió, de un quejido se volvió a sentar en los cojines que estaban en el piso.

-Supongo que esta tienda es tuya- dijo Neptune sin mirarla- se nota que los caballeros del viento se esmeraron en darle decoro a su princesa.

-Neptune.

-Yo no debería estar aquí, podría descansar entre los caballos, ¿te conté que casi me crie en un establo? Mis padres no eran nobles, fuimos una familia humilde, pero la pasamos bien, fuimos una familia feliz- Neptune se toco las vendas que tenia en las muñecas- hasta que Silvers Rayleigh llego con todas sus artimañas y bajezas, mato a todos lentamente, lo que le estorba lo destruye.

-Neptune, mírame, yo estoy aquí.

-Si, pero, en este momento tu madre y tú, son un símbolo de esperanza, que estoy manchando, aunque, debo agradecer el detalle que confesaras mi amor por ti.

Uranus se arrodillo a su lado, y le tomo las manos con suma delicadeza.

-Te amo, te amo tanto que me duele no haberte librado de…de todo.

La rubia le dio un beso casto a la aguamarina, y la recostó con delicadeza a su lado, hubiera querido llenarle de besos todo el cuerpo, limpiarla por completo, de quitarle esas marcas que otros le dejaron, pero su amada chica necesitaba reposar.

-Duerme, yo te cuidare.

Neptune quería en verdad protestar, se sentía ahora un estorbo, sucia, pero la verdad, era que la calidez de Uranus la cubrió por completo.

Se quedaron dormidas con la poca tranquilidad que las envolvía.

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Ambas recibían los vítores de la gente que aun sobrevivía de los Ocho Reinos.

Había triunfado la luz sobre la oscuridad, el cristal dorado fue destruido, y como las heroínas que eran, ambas fueron coronadas, Neptune con una corona propia de una reina de los mares, y Uranus, con una hermosa corona en forma de alas, la hacia soberana de los vientos, lagrimas de felicidad, era su boda, Cordelia, que al principio se opuso, ahora por supuesto se mostraba complacida con su nuera, ambas marcharon hasta encontrarse con la monarca, se hincaron ante ella.

-Hijas mías.

Le dio un beso en la mejilla a Neptune, aceptándola como la esposa de Uranus.

Después de una larga fiesta, y en medio de fuegos artificiales que se colaban por su ventana en el palacio, ambas se desnudaron, y dieron rienda suelta a la pasión que nació desde el mismo instante en que sus miradas se cruzaron.

Tan bello, pero claro, solo era un sueño, el sueño de Uranus.

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Muy temprano, Neptune se levantó con cuidado, para no despertar a su querida mujer del viento, con delicadeza quito los dedos que asían su cintura, sonrió enternecida, pero luego esa felicidad se le borro del rostro, porque Cordelia la había llamado.

-¡Habrase visto!- exclamo - ¿no es suficiente lidiar con Silvers Rayleigh? ¡Tenías que engatusar a la única hija que me queda, yo pronto necesitare restaurar el Séptimo Reino, Uranus deberá darme un heredero, Calibán es el hombre indicado para mi hija, y tú, tú solo vienes a complicarlo todo!

Eso le dolió demasiado a Neptune, su hermosa Uranus parecía que estaba destinada a nunca ser suya, pero aun así necesitaba tener la cabeza fría.

-Alteza, yo…

-¡Silencio!

-¡Pero yo, alteza, solo vivo para servir a la rebelión, no me vea como un estorbo!

-Bien, pues demuéstralo, quiero que vayas al castillo de Silvers Rayleigh, tu sola, demuestra que vales tanto como tus palabras.

-Si, lo voy a demostrar.

Neptune tomo un par de armas, y se encamino hacia su destino, miro de reojo la tienda en la que aun descansaba Uranus.

"Cuando vuelva, tocare para ti bellas melodías"

Fue su pensamiento antes de partir.

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Un viento misterioso le hizo cosquillas a Uranus en la nariz, abrió los ojos buscando a su hermosa Neptune, se sobre salto al no encontrarla.

-No puedes salir- Calibán se interponía entre la puerta y ella.

-Tu sabes algo, y me lo vas a decir.

-Si se, se que estas destinada a ser mi mujer, juntos levantaremos el Séptimo Reino.

El hombre se arrodillo a su lado.

-Mira, si fuera un hombre el que robara tus suspiros, no tendría problema, es normal que la nobleza tome concubinos para satisfacerse, pero una mujer, ¿enserio?, eso afecta mi hombría.

Ella en verdad quería partirle la cara a Calibán, pero no podía, no era fácil, como sea, le ayudo a salvar a su madre, incluso aunque no la apoyo del todo, fue gracias a él, que Neptune pudo ser rescatada, además, el hombre era inmenso, no podía ganarle.

-Neptune ya no está, ¿verdad?

-Tu madre le ha impuesto una encomienda.

-Un suicidio, seguramente, conozco a mi madre, por favor- dijo Uranus- si no me vas a ayudar, déjame ir por ella, si la pongo a salvo, te prometo, te prometo que seré tu mujer.

Eso en verdad sorprendió al guerrero, llego tristemente a pensar que tendría que tomarla por la fuerza, pero ella estaba dispuesta, solo por Neptune.

-¿Tanto le amas? ¿Cómo para entregarte a mí?

-Si – dijo tomándole la mano como cerrando un trato- y te prometo que no, no volveré a estar con ella, solo quiero que ya no sufra más, pienso que ya hizo mucho por esta rebelión.

-Tienes razón.

-Te cubriré con tu madre, si te apresuras, la encontraras incluso antes de que entre al castillo.

-Gracias.

Calibán salió de la tienda, Uranus busco entre sus cosas la espada que habia aparecido misteriosamente frente a ella, la necesitaría, pero no la encontró.

-¿Cómo es posible? La puse aquí- dijo rebuscando nuevamente en un viejo baúl que tenia sus ropas, se tenso un poco, ahora que conocía el poder de Lady Plut pensaba que tenia una gran desventaja- no tengo opción, aun asi ire por ella.

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Pero Neptune era demasiado hábil, conocía pasadizos que incluso no le había mostrado a la rebelión, tenía ideas de donde se encontraba el cristal dorado, camino con cuidado entre pasadizos oscuros, y de pronto una luz.

-Lo conseguí- murmuro victoriosa al notar una luz brillante.

Se encontraba en el centro de una fuente de agua, piso con cuidado, pero, aun así, no pudo evitar ser atrapada en una red de metal, ya no pudo moverse, la trampa realizo un tintineo, Silvers Raleigh fue informado, como estaba tan preocupado por Selene que aún no despertaba, decidió que necesitaba una distracción.

-Miren que tenemos aquí, la bruja del Octavo Reino vino por más- sonrió burlón-, a lo mejor deseas que yo mismo sea el que te de fuerte en el culo- dijo Silvers Raleigh acariciando el trasero de Neptune sobre la red.

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-No llegue a tiempo.

Uranus ya había recorrido dos veces los alrededores del castillo.

-Entrare así me cueste la vida.

-No.

Cuando volteo, miro a varias mujeres aladas, apenas si las había notado en el campamento, eran las pocas guerreras que quedaban.

-¡No me detengan, no quiero luchar en su contra!

-Princesa, conocemos lo que pasa por su corazón, y te apoyamos, Titania, Titania fue mi amante.

-Ariel- dijo Uranus con los ojos bien abiertos.

-Se que te sorprende, siempre fuimos discretas, ella no me perdonaría dejar sola a su pequeña hermana.

Eran solo diez guerreras, pero aun así dieron una buena batalla, y aunque perdieron, eso salvo a Neptune pues el mismo Silvers fue a recibirlas, a todas se les respeto la vida, porque en ese momento, Selene despertó.

-No les hagan nada, déjenme pensar con cuidado un castigo ejemplar.

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-¿Cómo está?- pregunto Silvers a Plut.

-Abrió los ojos, no me reconoció en enseguida y luego volvió a dormir.

La niña tenia un paño en la frente, en un pueril intento de contenerle la temperatura.

-Por lo menos la fiebre bajo, pero paso algo.

Plut le quito el paño de la frente una marca le habia aparecido a Selene, y no era precisamente la marca de Cosmos.

-No solo es esa marca- dijo Silvers- ella, no es mi imaginación, ¿verdad? Parece un poco más alta.

-Seguro lo notarias, Earth a querido verla, pero no lo he dejado.

-Bien hecho, el cristal dorado podría salir de su cuerpo en cualquier momento, Earth aun no sabe de su existencia, no esta preparado- miro nuevamente a Selene-, no quiero perderla, que un doctor la vea.

-Enseguida.

Silver Raleigh no se aparto del lecho de Selene, pues ahora la habían podido cambiar a su habitación. Cualquiera que lo viera, parecía un padre genuinamente preocupado.

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A todas las ataron en postes, al lado de una de las murallas del patio, de vez en cuando los soldados pasaban burlándose de ellas, y relamiéndose los labios, seguro buscando la oportunidad de obtener algo antes de matarlas, pero cierta pareja parecía estar en su mundo, ajenas a todo.

-Neptune, ¿Por qué te fuiste?

-Es obvio, necesitaba terminar mi trabajo, no debiste venir tras de mí, ahora, Ariel y las demás, esto es una gran calamidad.

-Pero Neptune, hubiera encontrado la forma de quitarte ese peso que cargas sobre tus hombros, mi madre parece ya no pensar con claridad, siempre fue dura, pero me temo que sus facultades ya no son las mismas.

-Uranus, en verdad me hubiera gustado tocar el violín para ti.

-Y lo harás, no me digas eso, no te despidas ahora.

-Te amo.

-Y yo a ti, siempre te amare, seremos felices, lo prometo.

Neptune dejo de mirarle, quería llorar, y que Uranus no viera esas lagrimas silenciosas, pero fue inevitable, el temblor en su cuerpo la delato, la rubia apretó los puños impotentes.

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El sonido de unos tambores despertó a Selene, corrió hacia el balcón, miro hacia abajo, estaba tan lejos, que apenas si podía distinguir a las personas, pero le parecían mujeres, encadenadas, no pudo reconocer a Uranus, pues además llevaba el cabello corto.

Silvers le toco su cabeza con cariño.

*–No temas mi pequeña, esas rebeldes recibirán su pronto castigo.

Saturn entro a la habitación.

-Llévala a otro lado, donde no pueda escuchar nada.

La chica asintió espantada, algo realmente grave sucedería.

-Vamos Selene, cocinaron unos pastelillos que te encantan.

La niña llevaba una venda en la cabeza, ocultando su marca, simplemente se dejo llevar, se sentía tan extraña.

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Silvers bajo hasta el patio de armas, las mujeres estaban atadas cada una a un palo, Uranus estaba muy cerca de Neptune, esta última atada de manos, y de pie, al lado de un barril, un verdugo atrás de ella, temieron que le cortara la cabeza, por la gran hacha que tenia el verdugo, pero el retorcido Silvers, tenia una diversión en mente.

-Pues comencemos la diversión.

El barril fue abierto, estaba lleno de agua, cristalina y pura.

El verdugo tomo a Neptune con rudeza, y le hundió la cabeza en el barril.

-¡Neptune!

-¡Maldito!- gritaron las otras- ¡Para ya desgraciado!

-Te tengo una propuesta interesante, querida mia- dijo tomando la barbilla de Uranus con fuerza- ¿quieres salvar la vida de tu puta? Pues tendrás que convencerme con esa boca, y no hablo de palabras precisamente- el verdugo aun tenia la cabeza de Neptune en el barril, ella seguía forcejeando, pero cada vez con menos fuerzas- me la vas a chupar, aquí, enfrente de tus compatriotas.

Silvers hizo una seña al verdugo, este saco la cabeza de Neptune.

-Le hice una propuesta a tu amada, y sabes, no quiero que te pierdas el espectáculo, ¿acaso no soy un rey generoso?

Los soldados se carcajearon.

-Veras, la hermosa Uranus, va a chupármelo, si me da placer, te perdonare la vida, claro, no te emociones, te pudrirás con ella en la mazmorra, pero viva…

-No…Urg…- la pobre apenas si lograba articular palabra.

-Ay por favor, démosle motivación.

El verdugo nuevamente hundió la cabeza de Neptune en el barril.

-¡Ya basta maldito puerco, lo hare!

Un soldado se acerco y corto las cuerdas de Uranus, quedando arrodillada, enfrente de Silvers Raleigh.

Los soldados rieron expectantes, y lanzaron palabras obscenas, cuando Uranus comenzó a buscar entre las ropas de Silvers Raleigh, pronto encontró su objetivo, Ariel giro la cabeza no quería verlo, se imagino a Titania presenciando aquello, por primera vez agradeció que no vivió para ese horrible momento.

Y de pronto, una explosión.

-¡Majestad! ¡Han atacado las mazmorras del lado oeste del castillo!

Donde estaba Calisto, el padre de Júpiter, los secretos del poder del rayo. Ahora que no sabia como sacar el cristal dorado de Selene, no podía darse el lujo de perder eso también.

-¡Encárgate de ellas!- ordeno Silvers a su General Jadeite.

Los demás lo siguieron. Uranus quiso acercarse a Neptune, pero Jadeite la amenazo con un cuchillo en la garganta.

-Quieta preciosa, sabes, en verdad me enciendes, me encantaría que…

Pero de la gran muralla, comenzaron a descender varios guerreros alados, entre ellos Calibán.

Fue tal la sorpresa, que Jadeite ni pudo defenderse, Calibán le hundió la espada en el pecho.

-Disculpa, no pude quedarme quieto, además surgió un imprevisto.

A pesar de alegrarle su llegada, Calibán parecía tener una mala noticia.

-Mejor apresurémonos.

Los demás soltaron a las otras guerreras, pronto abrieron sus alas para escapar, Uranus, corrió hacia Neptune, le tomo la mano.

-Ya podemos irnos- dijo abriendo las alas.

Neptune iba a sonreír, pero una flecha le atravesó el corazón.

-No- gimió Uranus.

Calibán le tomo la mano, y la alzo en el aire, ya nada podían hacer.

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*o*

Cuatro luces habían descendido del cielo, aun planeta no muy azul.

La Erudita.

La Sanadora.

El Guerrero.

La Guía.

-No comprendo- dijo Kakkyu mirando alrededor.

-Ni yo- comento Maker haciendo unas anotaciones- se suponía que este era un planeta lleno de vida, ahora parece un infierno.

Lo que fuera el Tercer Reino, era un lugar inhóspito, olía a muerte, cortesía de Silvers Raleigh

-Alla arriba luce prometedor, parece una perla- dijo Healer señalando al cielo, y comenzó a toser, el ambiente realmente no era apto para la vida.

Seiya centro sus ojos azules en La Colonia.

-Bueno, es cerca, si podremos lograrlo.

Pero tan pronto como llegaron, fueron recibidos por el general Zoisite, antes de que incluso pudieran explicarse, fueron llevados presos, Silvers Raleigh no se encontraba en el castillo, ni Plut, así que su audiencia tendría que esperar, las máximas autoridades habían ido a cazar a los guerreros del viento.

Las chicas fueron llevadas a una mazmorra diferente a la de Seiya, el esperaba que todo saliera bien, porque al parecer, la construcción del castillo era obra de personas civilizadas, además tenia que mostrarse lo mas sereno posible, no tenia fuerzas para pelear, el viaje lo había drenado prácticamente, no tenia energía, su estomago rugió de hambre, esperaba que en cualquier momento, los guardias tuvieran la humanidad de llevarle algo, aunque sea agua. Se agito la larga cabellera suelta, un poco desesperado, aunque por las chicas no se preocupaba, tenia una conexión especial con Healer, no sabia como, pero si ella estaba en peligro él lo sabía, era extraño, pero así era desde que se habían reconciliado.

Se recargo en la pared, en verdad estaba débil por el hambre.

"Bueno, igual y no son muy civilizados"

Había llamado a los guardias, pidiendo un poco de agua, pero parecía ser el único en esa oscuridad, una antorcha lejana apenas daba un poco de luz, se quedó dormido, el viaje sí que lo agoto. Cuando despertó, encontró un pequeño saco al lado de la celda, un agradable olor llego a sus fosas nasales, era comida, y mucha, agradeció a la divina providencia y se puso a comer, eso se repitió en los siguientes días, nadie lo había ido a ver, en una de esas incluso apareció una manta para el frio, ya llenándose de curiosidad, por aquella persona que le dejaba las cosas, hizo un plan, se haría el dormido, aguantaría todo lo necesario, no solo para verle, sino para agradecerle.

Ya entrada la noche, unos pasos hicieron eco en el piso, Seiya estaba recargado en la pared, con los brazos cruzados en sus bien esculpidos pectorales, incluso para hacer la actuación mas creíble, ronco sin pudor.

Semi abriendo los ojos, entre sus espesas y oscuras pestañas, los zafiros vieron a la persona, era pequeña.

"¿Un enano?"

Ya iba a marcharse después de dejarle la comida, pero Seiya fue mas rápido, le atrapo uno de los pies, un grito ahogado de sorpresa.

-No te hare daño, solo quería agradecerte- dijo soltándole.

Llevaba una capucha, y le daba la espalda.

-¿Quién eres?- silencio, solo la respiración acelerada de la otra persona- No muerdo, solo quería decir gracias, no somos malas personas, venimos en paz, nos iremos, si así lo piden.

Seiya sintió como su corazón se aceleró, cuando comenzó a girar la persona, incluso se quitó la capucha, una larga cascada dorada, unos ojos azules, grandes y hermosos, era una niña, casi le dieron ganas de llorar, como si fuera ese momento el que hubiera estado esperando toda su vida, incluso esa mazmorra, parecía que hubiera adquirido un poco de color.

Por su parte, Selene no podía quitar los ojos de Seiya, ni siquiera había parpadeado, quería tocarlo, pues a pesar de ser casi una niña, no podía negar que el hombre tenía un hermoso semblante, como un dios, estaba segura que lo había visto antes, pero eso era impensable para ella, por que de ser así, por lo menos sabría su nombre.

-¿Estas herida?- pregunto con sincera preocupación.

Seiya señalo la venda de la cabeza de Selene.

-No.

-¿Eres la encargada de la comida?

Seiya no podía adivinar el rango de ella, pues Selene vestía humildes ropas, una costumbre que hacia poco habia adquirido.

-Si.

-Muchas gracias.

Selene dio dos pasos alejándose, la presencia de Seiya le estaba afectando demasiado, deseaba tocarlo, abrazarlo, como si muy en el fondo tuviera ese deseo reprimido, y le dio un poco de miedo no saber de donde provenían esos sentimientos, y más cuando él se levantó.

-Oye, ¿has visto a mis amigas? ¿Están bien?

-Si.

-Debo irme.

-Claro, por cierto, mi nombre es Seiya.

Dijo ofreciendo su mano, sacándola de entre los barrotes, cuantiosas lagrimas salieron de los orbes celestes, ni ella misma supo el porqué, salió corriendo del lugar, dejando a Seiya sorprendido.

-Es la primera vez que espanto a una niña- dijo apesadumbrado.


Corriendo dejo esta bomba, muchísimas gracias por el apoyo a mis historias, por sus reviews, los leo todos, prometo que con calma en el próximo capi respondo a todas sus dudas, no me abandones, ya mero acaba este fic, solo 15 capitulos :V , espero o menos si logro hacerlos largos y abarcar todo lo que quiero, como cuando regresemos al presente, y ahora llega Seiya, y llego para quedarse, jejeje.

*Esta escena la mencione en el capitulo 14.

El siguiente capítulo, espero que sea de Mars, y claro, mucho mas de Seiya y Selene.

Ah, ¿cuantos años se llevan? No quieres saber, pero si son varios.

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Feliz 2018, que tus metas se cumplan.

Paz y amor.

Mucha comida.

Mucho anime.

Y muy buena vibra.

Abrazos de Kamisumi Shiroshoshi