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-*Venus*-

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En la noche, en su pequeña habitación, Enus quemo el mensaje con la flama de la vela.

Pensó en la suerte que tenía, en como había librado tantos obstáculos, para llegar a ese punto.

"Por fin puedo relajarme un poco, aunque incluso tengo la certeza de estar en el nido del escorpión, mi misión será ganarme la confianza de la princesa Selene, es tan fácil que hasta podre tomármelo con calma."

Se quito sus ropas elegantes de guardia real.

Se toco el pecho, cubierto de unas vendas apretadas, igual a Mars, igual a ella, sus senos fueron liberados.

"Esto es mejor que ser parte del harem de ese vejestorio y podrido rey, no gracias, yo nací para ser grandiosa", se tumbó en la pequeña cama," para ser Venus, la más soñadora y romántica del Segundo Reino, cuando la rebelión triunfe, volveré a ser libre, y vestiré de largos vestidos, tal vez incluso cuando mi melena crezca", pensó tocándose el cabello corto, "me pondré un moño rojo, enorme y vistoso".

A la mañana siguiente fue a desayunar como siempre, a una parte alejada del castillo, donde otros tres espías como ella se daban cita para mencionar todo lo que habían averiguado, todo para después redactar el informe que oportunamente llevaría "Enus" a "Fire".

-El rey Diablo trae al harem de cabeza, desde que regreso no le da un respiro a sus concubinas- dijo una mujer gorda con traje de mucama- en verdad lo siento por ellas, tan lindas y tiernas, de hecho, el rey últimamente lleva a las más jóvenes a la cama.

-Ese tipo de información no sirve- dijo Adonis, era parte de la guardia real del príncipe Earth, y al igual que Venus, del segundo Reino- por otro lado, me llaman la atención los extranjeros de las estrellas, el rey se esta luciendo con el espectáculo que montara, creo que hasta llevara minotauros al laberinto, en verdad quiere matar a ese tal Seiya, en lo personal, espero que el hombre sobreviva, muchacho, ¿tienes algo que aportar?- pregunto a Venus, pero ella estaba demasiado concentrada garabateando en una hoja-¡Muchacho me escuchas!- golpeo levemente el brazo de Venus.

-¡Auch!

-Dije, que si tienes algo que mencionar, ¿ya sabes como te ganaras la confianza de la princesa?

-No hay ningún problema- bufo mientras se sobaba el brazo- ¡déjenselo al maravilloso Enus!

-Eres muy raro- confeso Adonis- ¿Qué tanto estas dibujando? – cuestiono quitándole el papel- Vaya, eres bueno, serias un gran arquitecto, tu boceto es muy preciso.

- ¡Cuando la rebelión gane, propondré derrumbar el castillo actual, y construiremos uno nuevo, uno que no tenga murallas, donde la gente será libre de ir y venir, con grandes jardines, y columnas blancas!, se llamara: ¡El castillo de Plata! - eran los planos de un distante Milenio de Plata- ¿genial no?

Adonis se le quedo mirando intensamente, de hecho, el hombre comenzaba a sospechar de que Venus guardaba un secreto, la sabia tía de Venus le había dicho que no se lo rebelara a nadie, que solo así se libraría de un oscuro destino.

-Ustedes dos, déjense de tonterías- se levantó la mujer enojada por ser ignorada- y déjense de mirar como si fueran novios, que eso esta muy mal visto, ya ven lo que paso con esa pobre mujer llamada Neptune, y la mismísima princesa Uranus, y muchos otros que gustan de cosas antinaturales- ambos la miraron enojados- ¡ay no he dicho que yo sea una mujer de escaso pensamiento! Solo que debemos concentrarnos en no ser descubiertos, ¿sí?

La mucama, de un mordisco se termino su pan y sacudió las migajas del vestido.

-Tenemos que iniciar el día, vámonos.

-La sabia Yuko, hablo- dijo Adonis levantándose también, la rechoncha mujer solo rodo los ojos, era la mayor de los tres, no la líder, pero si con los pies bien puestos sobre la tierra.

Venus agradeció la intervención de Yuko, pues desde hacía un año que estaba prendada de Adonis, solo que luchaba por ocultarlo, no pudo frenar a su corazón enamorarse, por eso le gustaba mucho dibujar planos, así tenía su mente ocupada con líneas, números y cálculos, de bellas edificaciones.

Dieron varios pasos hacia el castillo, pero Adonis la detuvo un momento cuando Yuko se alejó bastante.

-No se que me pasa contigo Enus- dijo tomándole por la espalda y apoyando su barbilla en el hombro de ella, Adonis era un hombre alto, de cabello rubio y ojos grises- ¿me gustaran los hombres?

Venus se alejó rápidamente de él.

- ¡Estás loco!

Pero se apresuro para que no sintiera el palpitar alocado de su corazón, y no viera lo colorada que se puso, y su sonrisa de felicidad por escucharle decir aquello.

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-Eres un arquero con grandes dotes.

Mars se sorprendió de quien le decía esas palabras, pero aun mas al notar un golpe en la hermosa cara de Uranus.

-Majestad- dio una ligera inclinación tratando de no verse curiosa por el moretón.

Ambas estaban alejadas del campamento rebelde, protegido por una magia poderosa, la de las ultimas sacerdotisas, a Mars por supuesto le dolía no haber podido participar.

-Dime una cosa Fire, y quiero que seas sincera.

Mars se sintió intimidada, jamás había cruzado palabra con la princesa del extinto Séptimo Reino, se irguió todo lo que pudo para verla a los ojos, pues la rubia era mucho más alta que ella.

-Por supuesto princesa.

- ¿Por qué finges ser mujer?

Mars instintivamente tomo una flecha, Uranus endureció su mirada.

- ¿Vas a atacarme?

-Yo…yo…

- ¿Quién eres?

-Si le cuento, ¿Qué planea hacer conmigo?

-Felicitarte- sonrió.

-¡¿Eh?!

-Vamos, siéntate- ofreció Uranus acomodándose en el pasto verde, era una mañana hermosa, lejos del campamento- sabes, la gente de por aquí no es tan perfecta como todos deseáramos, ¿ves este golpe? Me lo ha propinado Calibán, mi santo esposo, me descubrió tomando hierba doncella.

La hierba doncella era un abortivo.

-Pero, no entiendo, creí que usted…y él estaban, ¿bien?, bueno, la verdad no pensé que fueran la gran pareja, perdón- dijo avergonzada Mars.

-Esta bien, me case por obligación, pero no me veo siendo madre de un hijo que no deseo, seria terrible traer al mundo a alguien solo por capricho de otros, un nuevo ser debe ser una bendición de sus padres, no una maldición.

- ¿Por qué me dice todo esto?

-Para que me tengas confianza, y por lo menos tener a alguien de mi lado, aquí casi todos adoran a Calibán como un dios, temo que podría volverse un futuro rey Diablo, aunque es mucho decir, porque Calibán es justo, pero a veces tiene la mente algo cerrada.

-La comprendo, por eso me escondo, mi verdadero nombre es Mars- respondió tocándose el pecho-, sacerdotisa, pero no con el poder del fuego- extendió la mano, formando una rosa de hielo- nací para crear hielo.

-No puede ser.

-Sería un poder útil para la causa, pero los puritanos primero me matarían antes de permitirme ayudar.

-Te entiendo, créeme que conmigo estará a salvo tu secreto.

- ¿Cree que cuando seamos libres, usted pueda apoyarme?

-Por supuesto que sí.

- ¡¿Enserio?! ¡Seria maravilloso, hay un chico que me gusta, y me encantaría presentarme con el como es debido!

-Seria un tonto si no aceptara a la valerosa mujer que has sido, pero por el momento, deberé seguir llamándote Fire.

-Gracias- dijo Mars limpiándose una lagrima liberadora, por fin sentía que las cosas iban acomodándose para bien de ella.

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En los pasillos del palacio, Venus iba escoltando a la princesa Selene con los otros guardias, en total cuatro con ella, realmente la princesa confiaba en ella, cada que podía se escapaban para comer panecillos, hablar de tonterías, como quien era el noble mas gordo, la condesa mas chismosa, el chico mas guapo, y cuando Venus soltó que era Adonis sin lugar a dudas, la princesa refuto que un extranjero era mucho mas atractivo, por supuesto no menciono a Seiya, pero su amistad poco a poco se afianzaba.

Ambas iban pensando en esas cosas, en los hombres que robaban sus suspiros en secretos, cuando se cruzaron con el príncipe Earth.

- ¡Hermanito! - se lanzó rápidamente Selene, abrazándolo, apretando inocentemente su pecho un poco mas desarrollado, haciendo que su hermano se ruborizara, pues la vista desde su altura era agradable y generosa.

-Hermana, compórtate, ya no eres una niña.

-Pero hace poco lo era.

-Pero ya no.

-Hace mucho que no me visitas, te extraño, ¿adónde vas?

Earth lanzo una orden silenciosa a todos, tanto la escolta de Selene como la de él, todos se apartaron para darles espacio.

-Estoy preparando un plan de reconstrucción- respondió con voz suave-, he salido a visitar los planetas de los otros reinos, en un futuro me gustaría que volvieran a ser los de antes, incluso nuestro hogar, pero, bueno, aun las tierras son yermas.

-Vas a ser un rey maravilloso, aunque no me gustaría que nuestro padre faltara, pero así es la vida.

-Se nota que has madurado, antes la sola idea te hacia llorar.

-Si he crecido, y bueno, será lindo verte casado, aunque me pondré celosa de quien me robe a mi hermanito preferido.

-Soy el único- dijo Earth acariciando la mejilla de Selene, encontrándola sedosa y apetecible, su entrepierna vibro un poco ante tal sensación, se apartó contrariado, nunca habría pensado eso de su hermana, pero claro, ya no era tan niña- bueno, ahora debo irme.

Se marcho a paso apresurado con su escolta, Adonis le lanzo una mirada significativa a Venus, ella solo se sonroso.

- ¡Que tengas buen día! - grito Selene.

Ya en sus aposentos, espero paciente, por una puerta secreta apareció Venus.

-Pensé que no vendrías, Enus, ¿Qué has averiguado? - pregunto ansiosa al supuesto muchacho.

-Esta noche abren el laberinto, estará inundado de criaturas peligrosas.

Selene se dejo caer en su cama, con las manos abrazándose a sí misma.

-Mi padre no es tan bueno como yo creía, pero Earth, ¿él no dice nada?

-El príncipe Earth fue enviado a las afueras, para seguir buscando la rebelión.

-Entonces supongo que mi hermano no sabe.

-Es demasiado ingenua.

- ¿Disculpa?

-No nada, no dije nada.

-Quiero verlo…

-Se ve que le interesa el tal Seiya, pero si hace eso, va a enfurecer a su majestad el rey.

-Ayúdame Enus, quedare agradecida, después hare cualquier cosa, seré tu esclava.

A Venus se le encendieron todos los focos de su cabeza.

- ¡Déjemelo a mí!

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Seiya era escoltado a la entrada del laberinto, junto a otros diez hombres condenados.

El laberinto era una especie de coliseo, desde arriba se podía disfrutar del espectáculo.

-Fue una excelente idea, majestad- dijo uno de los nobles lambiscones, de largos bigotes oscuros- si solo hubiera metido a ese hombre, la diversión se acabaría rápido.

Silvers Raleigh bebió distraídamente de su copa, hizo una seña y unos enormes tambores dieron inicio, los guardias dejaron la entrada, una gran reja y otra puerta mas se cerro a la espalda de Seiya, iba con el torso desnudo, su melena suelta y un simple palo como arma, hasta los otros reos llevaban mejores armas.

Maker, Kakkyu y Healer estaban sentadas en la grada siguiente, bajo el rey, incluso ya vestidas como concubinas, el rey en verdad esperaba su victoria.

El resto de la multitud grito eufórica por el espectáculo, apenas se podía notar que todos eran de la nobleza, parecían gente sin una pizca de educación gritando, bebiendo, manoseándose entre ellos sin pudor.

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Unos muchachitos delgaduchos, limpiaban en las gradas del otro extremo, medio mezclados con otros nobles que esperaban por el espectáculo, porque si algo tenía Silvers, era que le gustaba rodearse de gente que opinaba y disfrutaba al igual que él, los espectáculos sangrientos, pero esos muchachitos, eran Venus y Selene, de ropas harapientas, sucios de la cara, y hasta por debajo de los codos.

-Enserio que ocultar tu larga cabellera merece un premio- murmuro Venus.

Pero ella no le hizo caso, miro como los once hombres entraban al laberinto, era totalmente de piedra, de pronto vieron emerger del suelo unos orcos, que iban ya en su caza, a Selene se le estrujo el corazón, no había podido aclararle a Seiya nada, tenía miedo de verlo, aparte de que con su padre en el castillo era más fuertemente custodiada, a duras penas se había escapado de Saturn, a quien le dijo que deseaba meditar en el Oratorio del castillo, y ahí supuestamente se había encerrado, para después escabullirse junto con Enus, adonde ahora se encontraban.

"Seiya no mueras", fue el pensamiento de Selene, pero también de Healer.

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Los orcos iban armados con unos garrotes cubiertos de picos de acero, letales, pronto ambos bandos chocaron, Seiya uso el palo diestramente para perforar el ojo de uno, el orco chillo de dolor, después con una poderosa patada lo envió directo a otro orco, que estaba a punto de matar a uno de los reos, derribándolos a ambos, el pobre hombre murmuro "un gracias", en esa batalla se vio claramente quien era el mejor guerrero, para el pesar de Silvers Raleigh, Seiya era por mucho el mas hábil, a duras penas lograron acabar con los orcos, quedaron solo seis, incluyendo a Seiya, quien pronto se hizo de la espada de uno de los muertos.

-Sera mejor movernos- ordeno Seiya, los otros viendo lo fuerte que eran no chistaron en seguirle.

Llegaron a un punto del laberinto donde se encontraron con ciclopes, al igual que ellos poseían espadas, Seiya fue el primero en encararlos, estaba aun muy enojado, deseaba quitar su ira, desde que había mirado a Selene no como la chica de las mazmorras, humilde y sincera, sino como la princesa de ese reino patético, se había enojado muchísimo, y aun no comprendía el porqué, durante su vida había sufrido muchas decepciones, sin sabores, tratado no como un hombre, sino como una criatura detestable, el sabia lo que era el engaño, y aun así.

Sangre.

"Aun así."

Mas sangre.

Los reos y el rey miraron atónitos como el solo había acabado con los ciclopes.

"Duele"

¿Por qué a Seiya le dolía el engaño de la princesa?

Claro. El pelinegro le había abierto su corazón, pero ni siquiera ahora se daba cuenta de ello.

-Sigamos- ordeno nuevamente todo bañado de sangre.

A Selene se le oprimió el corazón, verle así, no era el hombre tranquilo que conoció en la mazmorra, le dolía verle violento. Pero al mismo tiempo agradecía esa fuerza monstruosa, porque así se estaba salvando.

-Envíen a todas las criaturas- ordeno Silvers- esta diversión se pondrá mejor.

Y así lo hicieron, pero Seiya no les daba tregua, incluso cuando enviaron a los minotauros, Seiya les hizo frente.

A cada uno de los minotauros los corto en pedacitos, incluso si las criaturas se rendian, no tuvo clemencia, ahora Seiya volvía a ser el mismo hombre oscuro, agradeció a Silvers recordarle cual era el orden en el mundo, el caos que reinaba en todo el universo, la oscuridad.

Healer y Kakkyu miraron emocionadas su avance a la salida del laberinto.

-Prepárense para pelear- murmuro Maker- no creo que a Seiya le den la victoria.

-Pero, mira- susurro Healer- ya va a la salida, el rey dijo…

-No, mira, los arqueros.

Seiya y los otros reos salieron del laberinto.

-Sin ti no lo hubiéramos logrado- dijo un hombre pelirrojo, con la mano extendida hacia Seiya.

-No lo hice por ustedes, lo hice por mi- contesto dejando al otro con la mano estirada.

- ¡Fuego!

La orden vino de arriba, Seiya solo atino a mover su espada con una velocidad antinatural, pero los otros reos no tuvieron la misma suerte, todos fueron perforados por cientos de flechas.

- ¡Ya habíamos ganado maldición! - protesto.

Muchos soldados rodearon a Seiya con lanzas.

-El trato solo fue contigo- dijo Silvers con su sonrisa retorcida en medio de su barba blanca- ellos de todas formas iban a morir.

- ¡Padre!

La voz de Earth fue escuchada con fuerza en el coliseo.

- ¿Qué sucede aquí? Creí que liberarías a este prisionero…

Earth miro el rastro de sangre sobre todo el laberinto, los pedazos de carne que antes fueron monstruos y los reos acribillados de flechas en el suelo.

- ¿Qué haces aquí? - cuestiono Silvers a su hijo- pensé que ya estabas donde te mandé.

-Pues iba a medio camino cuando, supe de esto…padre, disté tu palabra de liberarlos, ¿piensas faltar a tu palabra?

Del otro extremo Selene miraba la escena, nunca Earth había encarado de esa manera a su padre, ¿Qué había cambiado? No sabia que ella misma sin querer lo había cambiado.

Después Earth miro a las tres kinmokianas, y al notar el tipo de vestimentas que traían en verdad se enojó, no creía que era la forma de tratar a unos extranjeros que habían tenido ya un penoso viaje, y que aun necesitaban terminar su camino, en pro de otros, a costa de sus vidas, si algún día Earth seria rey, de ya tenia que ir cimentando las bases, los cuchicheos de las personas a su alrededor no se hicieron esperar, unos de acuerdo con el príncipe, otros de acuerdo con el asesinato sin sentido.

-Le prometiste a Selene que lo harías.

Esa fue la estocada final, si al rey le tenia sin cuidado el parecer de su hijo, el sentimiento que le evocaba su supuesta hija era enorme.

-Solo me estaba divirtiendo, pero ya, ya se acabó, liberen al prisionero, y a las mujeres- ordeno con fastidio.

Selene respiro aliviada, y apresuro a Venus a que se fueran, ya había desafiado demasiado su suerte.

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Seiya y las chicas fueron escoltadas a las afueras del castillo, por el mismísimo príncipe Earth, pero a petición de Silvers, se quedarían en la aldea que rodeaba el castillo, quería mantenerlos vigilados mientras se marchaban.

Seiya aun estaba bañado en sangre, el rastro de los monstruos.

-Espero que su estancia de aquí en adelante sea llevadera- dijo Earth a Seiya- y perdonen a mi padre, supongo que los nervios los tiene destrozados, no sabe cuánto más durara la rebelión.

Las chicas y el pelinegro vieron ese intento de disculpa con puños crispados, pero prefirieron no decir nada.

-En la posada del Galopante se pueden quedar, ya di las ordenes, un guardia los escoltara.

-Gracias- dijo Maker, la única que saco fuerzas de no se donde para contestar sin intentar romperle la cara a alguien, mucho menos a ese príncipe que los salvo.

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- ¡Padre! - Selene se apresuró corriendo a abrazarlo en el gran comedor- ¡Gracias!

El rey sabia porque agradecía, eso aun lo tenia mal, antes de llegar ahí, tuvo que mandar a llamar a tres de sus concubinas para que le amielaran el momento, pues su corazón estaba empodrecido, pero no lo lograron, sin embargo, el ver los ojos resplandecientes de su hija, eso si que le animaba el espíritu.

-¡Hermanito!

Ahora corría hacia a Earth.

- ¡Hace mucho que no cenamos juntos!

Le tomo un brazo, mientras sonreí ampliamente, el corazón de Earth se descoloco otra vez, ¡le gustaba su hermana!

Saturn y Plut también se encontraban en el comedor, después de todo, eran parte de la familia real.

Cenaron tranquilos, y mas aun felices, cuando comenzaron a platicar sobre la fiesta de Selene, pues según los cálculos de Plut, la princesa ahora era una chica de catorce años. Por lo tanto, la fiesta no podía pasar tan privada como deseaba Silvers, no quería exponer a su hija ante nadie, era un padre celoso, pero según dictaban las costumbres, la princesa era ya apta para ser escogida para el matrimonio, aunque el casamiento podrían aplazarlo hasta un año.

-Pero su crecimiento ha sido obra de magia, no es natural, no creo que debamos seguir el protocolo normal- protesto Earth levantándose cuando tocaron el tema de encontrar futuros prospectos para la princesa, vaya, ni el que era doce años mayor había escogido esposa.

- ¿Hermanito? - Selene lo vio contrariada.

-Yo también perdí el apetito- se levanto el rey, y fue tras su hijo, había notado algo, el hueco que sintió, fue como el de un horno de herrero, apresuro sus pasos, y solo hasta que estuvo lo suficiente cerca lo encaro- Earth, te veo diferente, ¿Qué sucede contigo?

-No quiero que mi hermana busque marido, no hay nadie digno de ella.

-Si, estoy de acuerdo contigo, no se si se encuentre alguien digno de ella.

-Yo, yo soy digno de ella.

Y la cara de Silvers perdió color por completo.

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Mientras tanto en las afueras del castillo.

Seiya se encontraba en una tina, la sangre de las bestias había sido limpiada por el agua cristalina, se levantó exponiendo su hermosa anatomía, se envolvió una toalla y entro a la habitación, la mirada de Healer al verle fue un poema.

- ¡Vístete!

-No estoy desnudo.

-Alla abajo sí.

-Pues déjate de imaginarte cosas.

-No peleen- suplico Maker- tenemos que andarnos con cuidado, recuerden que no podremos irnos hasta dentro de una semana.

Kakkyu tomo con fuerza la mano de Maker.

-Eso será una eternidad, en verdad no confió en ese rey.

-Yo no confió en nadie- soltó Seiya, su pensamiento evoco a la princesa, la enigmática princesa Selene que de a poco se estaba convirtiendo en mujer.

-Por el momento, solo nos queda esperar, y descansar- propuso Maker.

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-Enus.

Mars se encontraba en el claro del bosque, donde siempre se veían para intercambiar información.

- ¿Fire? ¿Qué haces aquí? – pregunto Venus.

-No sé, tal vez lo mismo que tú, igual y necesitaba caminar un poco para despejar la mente.

Venus rio ante la contestación.

- ¿Un poco? El campamento queda a varias horas de aquí.

-Pero valió la pena, porque te he visto- dijo Mars acortando la distancia, Venus se sonrojo.

-He tenido un día difícil.

- ¿No estarás preocupada por perder algo importante? - Mars le enseño una de sus hojas garabateadas, desde el primer encuentro la vio, pero justo ahora, y después de la platica con Uranus tenia el valor de llegar lejos.

- ¡Uno de mis planos! ¡Gracias! ¡Que cabeza la mía!

-Tienes mucho talento, no me sorprendería si encontrara otros más- dijo Mars coquetamente, Venus se sonroso.

-No digas eso, como veras, soy un poco despistada, y ahora, casi indigente- señalo su disfraz divertida.

-Se nota, con esas ropas de limosnero sería difícil reconocerte, pero bueno, yo si te reconocería.

- ¿Por qué me dices eso?

-Porque te quiero.

Sin previo aviso, Mars tomo a Venus de la espalda, y la atrajo hacia ella, le planto un beso, casto al principio, pero viendo que no le era indiferente al supuesto rubio, se aventuró más, con sus dedos abrió su boca con delicadeza, dándole paso a una danzarina lengua, que exploro y relamió, le nervio del momento, la armadura que llevaba Mars, siguió ocultando su secreto, solo el sonido del viento a través de los arboles se escuchó.

Cuando por fin se separaron, vieron sus mejillas rojas, sus labios hinchados.

-Mi primer beso.

-El mío también.

Nuevamente se besaron, pero esta vez se tiraron en el pasto, Venus siempre se imagino que ese momento lo viviría junto a Adonis, pero, extrañamente para ella, eso se sentía demasiado bien, pero cuando la mano de Mars quiso tocar su pecho, se apartó.

-No, esto, es demasiado para mí, soy virgen.

-Yo también.

Ahora ambas estaban de rodillas en el pasto.

Pero también tenían miedos, los mismos, si proseguían todo se descubriría.

La mas temerosa era la mas joven, Venus se levantó apresurada, pero también la más determinada.

-Mañana, a esta misma hora, en este mismo lugar, tengo que decirte algo.

Y corrió lejos de Mars, quien se acaricio sus propios labios, rememorando lo que tanto había deseado hacer, besarle.

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Venus entro a su habitación, estaba cansada, había sido un día de vida o muerte para ella, porque si la encontraban con la princesa en esa situación, seguro Silvers la hubiera despellejado, era del conocimiento público que el rey adoraba a su hija, y, por otra parte, casi era descubierta por Fire, aunque de una forma bastante agradable, sonrió como una niña traviesa, se mordió los labios soñadora por ello.

Se apresuro a quitarse los harapos del disfraz, lanzo todo al suelo, quedando desnuda.

-Lo sabía.

La aterciopelada voz la hizo saltar, ocultando sus pechos con los brazos, pero ya era demasiado tarde.

-Adonis…

-Calma.

Se levanto hasta quedar a un palmo de ella, le tomo ambos brazos para verle mejor.

-Eres hermosa, se mía.


(Huye antes de que la pateen)

Ah, y muchas, muchas gracias por sus comentarios: fabelliot, Maitiuska Kou, Emily Vargas L, gregorioabel, Ashley Kou, dians moon.