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.*. 37 Milenium .*.

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- ¿Por qué estas llorando? - pregunto Uranus a Fighter.

Ni siquiera ella se había dado cuenta, a pesar de que las lágrimas ya habían caído incluso sobre su pecho.

-No lo sé- se extrañó limpiándoselas.

La tristeza de Serena- Cosmos- por todas las memorias recuperadas, le estaban calando profundamente, pero la pelinegra no lo sabía, simplemente sentía.

-No te preocupes- dijo Uranus- encontraremos la forma de sacarla de la zona de Cronos, no tienes que ser una llorona.

Fighter hubiera querido defenderse, ella no era débil, siempre fue la más fuerte de las Star Lights, su líder, quien las guio a pesar de ver su mundo perdido, pero, esas lagrimas no sabía de donde salían, y se las volvió a limpiar.

- ¡Unas pirámides! - exclamo Uranus señalando debajo de la montaña, ambas se alegraron, las pirámides siempre guardaban misterios, seguro ahí encontrarían algo que las ayudara a llegar a Serena.

Ambas continuaron el descenso, mientras alguien seguía sus pasos.

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Era bien sabido que las pirámides estaban provistas de trampas, y secretos, ¿por qué había antorchas iluminándolas? ¿encontrarían a alguien ahí dentro?

-Debemos estar atentas.

-Lo es- refunfuño Fighter, le molestaba que la rubia se tomara el papel de líder.

Siguieron caminando a través de los pasadizos, la sombra oculta seguía la luz de la antorcha que tomaron para iluminar su camino, pero al dar una vuelta, solo vio a Uranus caminando.

- ¡Te atrape!

Fighter de una patada lanzo al suelo al misterioso espía, Uranus entonces se giró hacia ellos, e ilumino a la persona.

- ¡Kamui! - exclamaron ambas.

- ¿Qué demonios haces aquí? - cuestiono Fighter enojada.

El chico se limpió el polvo y se levantó para encararlas.

-Actuabas raro y te seguí, quería asegurarme que no te metieras en problemas, sabes que me preocupo por ti- contesto ruborizado sin mirarle a los ojos- y sabes porque me preocupo, ¿o tengo que recordártelo?

Fighter ahora fue quien se sonrojo, era extraño aun para ella recibir esos comentarios de parte del ojimiel, Uranus tosió un poco.

-Bueno, pues espero que seas de ayuda.

-Pues este viaje ha sido una pérdida de tiempo, nunca llegaran a la zona de cronos.

- ¿Qué es lo que sabes? - lo encaro Fighter molesta.

-Pues solo Yue puede llegar ahí, solo las deidades como Cosmos pueden resistir ese ambiente, cualquier ser común, moriría tan solo al mirar la entrada, no tienes que hacer esto- Kamui tomo las manos de Fighter, mirándola intensamente- ella no quiere regresar, no por el momento, pero te aseguro que lo hará, ella volverá a ti.

Fighter se soltó del agarre.

-Seguro lo dices para que no luche por ella, no estoy segura de que digas la verdad.

-¡Juro por el amor que te tengo, que digo la verdad! ¡Cuando vuelvan pueden corroborar lo que digo con Yue o Setsuna!

- ¿Por qué no lo dijiste antes? - pregunto Uranus molesta- nos hubiéramos ahorrado la molestia, y ahora no sabemos cómo salir de aquí.

-No pensé que te arriesgarías de esta manera- contesto Kamui hacia Fighter- bueno, la verdad si lo imaginé.

- ¿Tú puedes ayudarnos a regresar a nuestro mundo? - pregunto la pelinegra menos molesta.

-Si, y en cierta forma no se equivocaron al venir aquí, síganme.

Ambas siguieron a Kamui, no tan confiadas, pero no tenían idea de adonde ir realmente, era una búsqueda a ciegas. Las polvorientas paredes que se presentaban en su camino no tenían jeroglíficos, lo que ellas suponían encontrar ahí.

- ¿Cómo estas tan seguro de adónde ir? - pregunto Uranus.

-Soy un vidente, ¿no lo sabias?

De pronto una brisa fresca, lo cual era muy extraño, pues habían descendido a lo más profundo de la pirámide, y luego, una luz.

-Es ahí- declaro Kamui con la antorcha, el fuego señalando el camino.

Para darles seguridad, fue el primero en entrar, luego Fighter y finalmente Uranus.

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Era de noche, pero definitivamente estaban ya en otro lugar, el ambiente era distinto. Pero no habían regresado.

- ¡Kamui! ¡Nos has engañado, eres…! - exclamo Seiya, pero callo inmediatamente, al notar su voz cambiada, y Uranus tampoco tenía su transformación.

-No te engañe, este lugar es al que debías venir, pronto se cerrara esa puerta a este punto del tiempo, y nunca más será abierta, era el momento preciso.

- ¡Momento para que! - grito Seiya tomándolo por la camisa muy enojado, creyendo que solo jugaba con él para evitarle ver a su bombón.

-Espera tonto- lo detuvo Haruka- este lugar, no es una trampa, es…el Milenio de Plata- señalo a lo lejos el castillo, y la hermosa vista de la Tierra.

Seiya soltó a Kamui, asombrado, porque eso significaba una cosa: la princesa Serenity estaba ahí, lo presentía su corazón.

-Debemos acercarnos- dijo Kamui apretando los puños, no estaba contento por haberlo llevado ahí, pero amaba a Seiya, además, lo que iba a suceder, estaba escrito.

- ¿Yo tengo que ir? - pregunto Haruka- en este lugar algunas personas conocen mi rostro, incluso yo misma vigilo desde lejos, no sé si sea prudente aparecerme.

-Tienes razón- opino Kamui- nuestra visita será corta, pero es necesaria.

-Un momento- replico Haruka- ¿Cómo volveremos? ¿Qué tramas Kamui?

-Solo regresar a nuestro mundo y tiempo, robaremos el cristal de plata para volver.

- ¡EH! - exclamaron ambos.

- ¡Pero como se te ocurre! ¡El Negaverso atacara, sin el cristal de plata! ¡La historia será mucho peor de lo que incluso fue!

-Yo tampoco estoy de acuerdo, debe haber otra manera- se cruzó de brazos Seiya, aunque sus ojos no habían dejado de mirar el hermoso castillo blanco.

-Es la única forma, además solo será un préstamo, lo devolveremos, ¡enserio!

Seiya y Haruka se acercaron para deliberar.

-No confió en el- inicio la rubia.

-Yo, solo un poco, pero, estoy seguro que no haría algo para perjudicarme.

-Tú lo has dicho, a ti te protegería incluso con su vida, pero los demás no contamos, mucho menos Serena.

-Pero no tenemos de otra, ¿o sí? No tenemos poderes, de ser así, buscaría a mi otro yo en Kinmoku para pedir ayuda.

-Si yo intentara pedir ayuda a Uranus, seguro me mataría, siempre fui muy desconfiada- se quejó Haruka acariciándose su barbilla.

- ¿Entonces, que hacemos? Son tus dominios ¿hay algo por aquí con tanto poder que no sea el cristal de plata para ayudarnos?

-Me temo que Kamui tiene razón, solo el cristal de plata podría hacerlo.

-Entonces está decidido.

Seiya y Kamui se encaminaron al palacio, Haruka a regañadientes se quedó esperando, no sin antes advertirle a Seiya que no hiciera algo estúpido.

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Bajando una pequeña colina, ambos se encontraron con una pequeña casita, de la chimenea salía humo.

-Estas demasiado expuesto, deberíamos conseguirte una capucha ahí- sugirió Kamui.

- ¿Pero no sería mejor interactuar lo menos posible?

-Hazme caso- dijo Kamui tocando la puerta.

Al no obtener respuesta, ambos entraron, pero Seiya inmediatamente se apresuró, al ver un anciano tirado en el suelo, al parecer ahogándose con su propia comida, Seiya lo acomodo en una mejor posición y comenzó a hacerle primeros auxilios, pronto el anciano arrojo lo que tenía atorado.

-Gra, cof, cof, cias.

-No se esfuerce- dijo Seiya amablemente mientras lo ayudaba a sentarse en una silla.

Después de un rato ambos le pidieron que les vendiera una capa, si es que tenia de sobra, el anciano agradecido le regalo a Seiya una.

- ¿No tienen hambre? Yo los invito, siento que una capa no es lo suficiente para agradecerles por salvarme la vida.

-No se preocupe buen hombre, estamos bien- respondió Seiya.

-Yo insisto, pero si tienen prisa…esperen un segundo.

El hombre fue a una de las habitaciones y regreso con un pequeño saquito negro.

-Soy un artesano, es mi mejor obra de toda la vida, lo he llamado Star Locket.

Seiya saco lo que guardaba el saquito, era una hermosa estrella dorada. La abrió, era una caja de música, una melodía preciosa, pero melancólica.

-No puedo aceptarlo, seguramente usted tenía pensado venderlo y obtener algo.

-Mi vida es más valiosa que algunas monedas, yo puedo seguir creando hermosos objetos, pero vivo, no muerto, anda muchacho, llévatelo, algo en mi corazón dice que lo debes de tener tu.

Seiya apenado lo acepto.

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Kamui y Seiya siguieron su camino hacia el Palacio. Cuando en el camino divisaban a alguien se apartaban, no debían interactuar más de lo necesario con las personas.

- ¿Cómo entraremos al palacio? - pregunto Seiya al de ojos color miel.

-Sera fácil, en este momento no hay tanta seguridad.

- ¿A qué te refieres que en este momento? ¿Por lo que haremos cambiaremos eso?

-Nosotros no, la gente de la Tierra pronto comenzará a mostrar sus garras, la reina tendrá que tomar medidas, como ponerle una escolta personal a su hija.

Seiya respiro hondo, la hija de la reina, era su bombón, esperaba verla, aunque fuera de lejos.

De cerca el palacio parecía sacado de una fantasía, y era tal como había dicho Kamui, casi no había guardias, ni grandes muros o torres de vigilancia, el jardín tenía hermosas columnas blancas, de ellas emanaba agua, el sonido cristalino daba mucha paz al lugar, ambos se encontraban agazapados entre unos arbustos al lado de un árbol, y de pronto, una risa infantil, el corazón de Seiya dejo de latir cuando la vio, no era lo que esperaba, pero igual se enterneció, era una muy pequeña princesa, ¿Cuántos años tendría? ¿Tres, cuatro años?

- ¡Princesa Serenity! - gritaba una doncella tratando de alcanzarla.

-Déjala un rato, ¿Quién podría hacerle daño? Todo el mundo la adora- comento un guardia del palacio.

-Bueno en eso tienes razón, me quedare aquí cerca para dejarla jugar libremente.

-Y yo te hare compañía- sugirió coquetamente al guardia.

Seiya dejo de prestarle atención a la pareja, gateo entre arbustos y flores, quería verla de cerca, recordó cuando la conoció en su tiempo presente, justo en la Luna, era una niña, pero no tan pequeña, y también vino a su memoria cuando la vio en el aeropuerto, acompañada de un novio con poco sentido de la moda, nunca se imaginó tener la oportunidad de verla en el Milenio de Plata.

La princesa Serenity estaba muy entretenida tomando algunas flores del jardín, intentando unirlas en una corona. Seiya estaba tan absorto observando cada uno de sus rasgos, que no tuvo cuidado al hacer crujir unas hojas secas con las manos, Serenity dejo de prestarle atención a las flores, Seiya no supo que hacer, obviamente no podía correr, así que lo mejor que se le ocurrió fue taparse bien la cabeza con la capucha que tenía, a su encuentro llego la pequeña princesa, sus grandes ojos azules lo miraron con curiosidad.

- ¿Estas jugando a las escondidas?

El pelinegro no se esperó la pregunta, sonrió sin mostrarle el rostro, y simplemente asintió.

- ¿Puedo jugar contigo?

Era tan adorablemente confiada, como siempre lo fue, Seiya moría de ternura.

-Si, pero- susurro Seiya- juguemos solo nosotros, si alguien más me ve, voy a desaparecer, y no me gustaría, pues he encontrado una dulce niña.

Las pequeñas mejillas se colorearon, simplemente asintió, y ordeno a Seiya contar mientras ella se escondía, el pelinegro pensó que Kamui lo regañaría, pero simplemente miraba de lejos todo, como aprobándolo.

Fue un largo rato de juego, la pareja que se suponía la estaba cuidando no presto atención a lo que, hacia la niña, la veían salir y regresar al jardín, confiaban en que estaría bien, y lo estaba.

Seiya estaba tan encantado de estar jugando con ella de esa manera, se imaginó que de tener una hija con Serena, hubiera sido así, jugaría y reiría igual de feliz, pero eso no podía durar mucho, tenía que regresar a su tiempo, y se le ocurrió una idea descabellada.

-Serenity- ya le había dejado de decir princesa, y aunque quise decirle pequeño bombón no se atrevió- ¿conoces el hermoso cristal de plata?

La niña asintió mientras chupaba una paleta. Seiya comenzó a sentirse eufórico por lo que estaba por pedirle, era tan arriesgado.

- ¿Podrías mostrármelo?

- ¿Te gustan los cristales?

-Si mucho, tengo un problema, creo que podría ayudarme, prometo devolverlo.

- ¿De veritas, me lo devolverás? Mi mami dice que es algo muy importante, aunque es muy bonito, no puedo jugar con él.

-No jugare con él, además- Seiya recordó que tenía una cajita musical en el bolsillo- si me haces ese favor, te regalare algo muy bonito.

La promesa de un obsequio, ilusiono mucho a la pequeña Serenity.

-Pero será nuestro secreto, no debes contarle a nadie que me viste.

- ¿Ni a mi mami? - se quejó la niña.

A Seiya no le gustó la idea de fomentar en Serenity las mentiras, y pensó un momento.

-Bueno, si quieres le puedes contar, pero cuando devuelva el cristal.

A la princesita se le ilumino la mirada, ya sin pensarlo regreso adentro del palacio, la mucama y el soldado corrieron tras ella, al ver eso, Seiya se tensó, no quería que la descubrieran, pensó que fue un error proponerle eso, Kamui se le acerco, le palmeo el hombro, asegurándole que todo saldría bien, y tal como dijo, después de un rato, la princesita regresaba corriendo, sola. Kamui se deslizo rápidamente detrás de un árbol para que no lo viera.

- ¡Aquí está el cristal! ¡Quiero mi regalo!

Seiya saco rápidamente la cajita musical, los ojos de Serenity brillaron emocionados.

-Quiero que confíes en mi- susurro Seiya- tengo que irme y me llevare el cristal, pero lo devolveré, lo prometo.

- ¿Seguro?

-Lo juro.

-Pero, no te conozco.

Fue gracioso para Seiya escuchar eso apenas, justo ahora, después de jugar tan confiadamente con él.

-Pero si hemos convivido como bueno amigos, claro que me conoces.

-Pero ni tu nombre se, y tu si sabes el mío, no es justo- hizo un puchero.

Su nombre, pero ¿cómo Seiya podría decirle su nombre?, no se suponía que se conocieran, no quería cambiar nada, aunque ganas no le faltaban, ¿cómo pedirle? "Cuando crezcas, por favor espera por mí, soy una Sailor de Kinmoku, no te enamores del tonto príncipe de la Tierra", Seiya miro el enorme orbe azul a la lejanía, y por eso, no tuvo de otra que mentir.

-Endimión, mi nombre es Endimión, y vengo de allá- señalo el planeta.

-Oh, no sabía que ahí Vivian personas, creía que era una pelota enorme- dijo la pequeña moviendo los brazos haciendo una forma circular.

-Pues ahora ya lo sabes- dijo Seiya con una sonrisa triste.

-Algún día iré allá- declaro Serenity con alegría- para que juguemos de nuevo- el corazón de Seiya se estrujo ante esa expectativa.

-Estaré esperando- dijo Seiya con la voz un poco quebrada, y tomo la pequeña mano, deposito un beso en ella, la niña se sonrojo.

-Nos vemos… Endimión- dijo Serenity corriendo hacia el palacio mientras se despedía efusivamente con el bracito levantado.

Seiya iba a alejarse lo más rápidamente posible, pero una voz masculina llamando a la princesa llamo su atención.

-Hija.

- ¡Papi! - grito la pequeña mientras se lanzaba hacia los brazos del rey, era rubio y de ojos azules, como ella.

Seiya se vio satisfecho, dejando como ultimo recuerdo de ese momento, la sensación de que ella se quedaba en muy buenas manos, y pronto se reencontró con Kamui.

-En marcha- dijo el castaño.

Ya de camino, Seiya no podía evitar mirar de vez en cuando atrás, el palacio del Milenio de Plata era sublime, debía ser honesto, lucia mucho mejor que cualquiera que hubiera visto, parecía flotar en el manto estelar. Pronto lograron encontrar a Haruka.

-Vaya, no se tardaron, ni armaron ningún alboroto- dijo la rubia.

Seiya saco el cristal, y tan simple con desearlo, se abrió una puerta luminosa y redonda hacia su propio tiempo.

- ¿Cómo vamos a regresarlo? - pregunto Haruka.

-Seiya solo debe pedirlo- contesto Kamui.

El pelinegro entrecerró los ojos ante la respuesta, pues una enorme duda lo asalto, pero no era el momento para discutir, así que simplemente soltó el cristal de plata, mientras este levitaba un poco y desaparecía de ahí, con rumbo al palacio, los tres entraron al portal luminoso, y ya se encontraron en casa.

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Seiya se contuvo bien hasta que por fin entraron a la mansión, pero tan pronto se quedó a solas con Kamui, lo aventó a la pared más cercana.

-Eres un manipulador- siseo con el puño levantado, a escasos centímetros de la cara de Kamui.

-Ah, te diste cuenta, que listo, por eso te quiero.

Seiya lo soltó.

- ¡Pudiste haberme dicho que deseara tener el cristal de plata! ¡No teníamos que ir hasta el palacio! ¡Fue innecesario decir que era…otra persona!

-Eso debía pasar- comento Kamui sosteniéndole la mirada- si no, ¿Cómo crees que ella se enamoró del príncipe de la Tierra? Tú le metiste la idea, le proporcionaste el nombre de la persona que la protegería hasta el final, ¡De todas formas no era tu destino en ese momento!

- ¡Dices quererme! - grito Seiya- ¡Pero al parecer solo te gusta verme sufrir porque no te correspondo!

- ¡Ella iba a estar sola! ¡Anhelando algo que desconocía por siempre! ¡Anhelándote! ¿Eso te hubiera gustado? ¿Una princesa triste y solitaria? ¡Tú le diste esperanza!

-No te quiero seguir escuchando- dijo Seiya saliendo de la habitación de Kamui.

-Tengo que irme de aquí- murmuro Kamui con los puños apretados.

Sin decir adiós, se marchó de la mansión, la miro por última vez, tal vez tenía razón Seiya, lo amaba, pero siempre encontraba la manera de hacerle daño.

"Lo mejor es apartarme", pensó con tristeza.

No sabía que rumbo tomar, en realidad ahora ya no tenía un hogar, pero antes de que pudiera dar un paso más, una fuerte energía oscura lo atrapo.

-Te siento diferente- dijo una voz en su cabeza.

-Zagato-murmuro Kamui intentando escapar de esa energía.

-Ahora es cuando puedes volver a servirme, comenzara el juego de nuevo.

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Seiya no tuvo hambre esa noche, Yaten y Taiki no quisieron molestarlo y lo dejaron irse sin preguntar nada, a leguas se veía que necesitaba estar solo.

Acostado en su habitación, con las manos usadas como almohada, se quedó reflexionando su breve estadía en el Milenio de Plata.

-Que imbécil fui- dijo para si- decir que era Endimión, jamás imagine que pasaría por algo así- la sensación era tan reciente, que sintió dolor en el pecho- decir que era mi rival, que patético, bueno, ni tan rival, realmente nunca tuve oportunidad contra él, no fui suficiente, no en ese momento. Como me hubiera gustado ser el primero en conocerte, ser el primero del que te enamoraras, tener un hermoso pasado donde ambos tuviéramos una familia, era solo un sueño, pero ahora, ahora siento que no es tan inalcanzable, todo es diferente- respiro profundamente- mañana me disculpare con Kamui, creo que fui demasiado injusto.

Con dificultad se quedó dormido, y sus sueños comenzaron.

Era una enorme pradera, a su lado, un hombre.

Bankotsu.

-Nos ira bien, no te preocupes- dijo a una mujer de larga cabellera oscura parada a su lado.

Seiya se tensó, ahora solo era un fantasma, pero veía claramente todo, sus padres, eran sus padres originales. Fighter, era el nombre de su madre, luego un remolino se llevó todas las imágenes, y una voz, mientras los ojos dorados de su madre lo observaban con cariño.

-Fighter, la primera Sailor que elegí- dijo Yue batiendo sus enormes alas.

Seiya despertó de golpe, una gran revelación le había sido dada, estaba sudando un poco, se levantó rápidamente, necesitaba respuestas, y fue a la habitación de la única persona que se las daría. La puerta estaba abierta, y como si lo estuviera esperando, estaba Yue iluminado por la luz de la luna, sentado en la ventana.

- ¡Tu, tú me hiciste soñar aquello!

-No, no lo hice yo, ¿acaso eso importa?

Yue se levantó, quedando de pie frente a Seiya.

-Tu creaste a las Sailors- declaro el pelinegro.

-Si, lo relate abiertamente a todas.

-Pero, tu habías elegido a mi madre, porque, ¿Por qué no está ella aquí? No lo comprendo- dijo al borde de un ataque.

-Si, si lo comprendes, Seiya Kou, es ahora Sailor Star Fighter, eso lo dice todo.

-Pero, pero, si tú la elegiste a ella, entonces, ¿Cómo es que yo, como es que me quede en su lugar? - pregunto golpeándose el pecho- ¡¿Por qué cambiaste de opinión?!

-Ah, supongo que no hemos tenido esta platica apropiadamente, no se suponía que sería así, pero bueno, de todas formas, tenías que enterarte- contesto sin preocupación alguna- pero no fue mi elección.

- ¿A qué te refieres? ¡Tu creaste a las Sailors! ¡Dime la verdad que ocultas!

Seiya sentía que estaba ardiendo por completo, primero estaba en el Milenio de Plata y ahora, esta gran revelación le era dada, demasiado que asimilar.

-Si, yo las cree, pero no te hice a ti.

- ¡No juegues conmigo! ¡Créeme que no tengo paciencia en este momento! - grito Seiya colérico, su respiración se había acelerado, estaba a punto de escuchar su origen, y algo muy dentro de él, prefería no saberlo.

-Cuando observe a tu madre, supe que era la elegida, tenía todas las cualidades que necesitaba para la primera Sailor en renacer: fuerte, valiente, bondadosa, inteligente, lo prepare todo, cree su semilla Sailor con sumo cuidado, seria especial, pero alguien cambio mis planes, y convirtió a Sailor Star Fighter, en la última Sailor que renacería, no importaría la era, siempre sería la última, como protegiéndote.

-No has respondido a mi pregunta- dijo Seiya con voz temblorosa, necesitaba saber, pero lo temía tanto, casi estaba seguro de la respuesta.

-Mi hermana, Cosmos, se enamoró de un hombre, pero al verlo morir, no soporto la idea de no volver a verlo- los puños de Seiya estaban cerrados, tan fuertemente, que sus dedos se pusieron blancos- ella primero convirtió al hombre en mujer, luego tomo la semilla de Fighter- Seiya dejo de respirar, como si el aire ahora mismo le hiciera daño, como si le congelara hasta el alma- tu madre, ella la destruyo, hasta eliminarla del universo, poniéndote a ti en su lugar, y esa, esa es la verdad.

-Mientes- tembló Seiya con los ojos llorosos- ¡Mientes! ¡No sé de qué vida me hablas! ¡Yo…! – dudo Seiya, si tenía la sensación de una vida faltante y destellos de esta- ¡Ella no pudo…! ¡Tan fríamente! ¡Ella no es así! - chillo Seiya- ¡Es mentira!

Seiya salió corriendo de la habitación de Yue. Sentía que se volvería loco, porque una frase que jamás creo posible estaba haciendo eco en su cabeza.

"Serena mato a mi madre".


Vuelvo a la vida.

Antes que nada, gracias por comentar el capi anterior: Dians, klaudya, fabelliot, Abel Gregov.

Como siempre me quede corta en lo que me falta por contar, fue retomar la historia y comenzar a atar cabos en mi cabeza, el siguiente capitulo aunque no lo crean será bastante divertido, y algo dramático tambien, y espero ya traer de regreso a Serena.

¡Gracias por seguirme leyendo!

Besos de tinta, K.S.