Fuego...

Siempre le había encantado el fuego, pero no en ese sueño. Porque sí, sabía que se trataba de un sueño, como siempre. Podía sentir el peso de sus piernas y brazos hundiéndose en la suavidad de su cama, pero era incapaz de despertar. Era incapaz de escapar.

El fuego se extendía por todos lados, lo cegaba, le cortaba la respiración. Su corazón se aceleró cuándo escuchó de nuevo su voz, llamándolo desde el interior de las llamas. Porque aún con el paso de los años, su voz seguía fresca en su memoria, en ese sueño con tintes de pesadilla.

Quiso ir hacia ese sonido tan familiar. Seguirlo al interior de las llamas, pero su cuerpo no se movió ni un milímetro. Pero claro, ese no era su cuerpo, sólo era una proyección de su mente.

Comenzó a sentir que la respiración le faltaba. El fuego comenzaba a llegar hasta él y la voz se alejaba más y más.

Escuchó junto a su oído un sonido similar al pitido de los monitores del hospital, cómo odiaba ese sonido. Jadeó desesperadamente en busca de aire, percibió una última vez desde las llamas la voz, casi cómo un susurro ahogado en el pitido mecánico que ya le taladraba la cabeza. Con la angustia anidando en su pecho tomó una última bocanada de aire.

Despertó de golpe, jadeando sin control y sintiendo el sudor frío caer por su frente. Le tomó algunos segundos tomar consciencia de dónde se encontraba, hasta que los latidos de su corazón se normalizaron luego de reconocer su cuarto y sus cosas. Cerró los ojos e inspiró hondo, buscando un poco de calma en su mente caótica. No sabía qué hora era, pero repentinamente se sentía muy cansado, cómo cada vez que tenía ese mismo sueño. Se inclinó hacía el frente y apoyó su cabeza en sus manos.

Cada vez que tenía ese sueño volvía a sentirse vulnerable, tan indefenso cómo se había sentido seis años atrás, cuándo se había quedado completamente solo. Levantó la mirada y revisó el reloj que colgaba de la pared sobre su escritorio, eran las 3:55 de la madrugada. Dejó caer su cabeza sobre la almohada, apoyando su brazo izquierdo sobre su frente y soltando un suspiro. Los ojos aún le escocían por las lágrimas contenidas, pero había prometido no volver a llorar por eso.

Se quedó mirando al techo un largo rato, pensando en las últimas semanas.

Si bien, tener un vacío mental era agotador y confuso la mayor parte del tiempo, había cosas que le resultaban demasiado fáciles a pesar de no recordar cómo las sabía o cuándo las había aprendido. Nunca se había considerado alguien bueno para estudiar, mucho menos las ciencias duras cómo física o química. Sin embargo, las últimas semanas sentía que se le estaban dando con más facilidad que nunca.

"Pensar que el semestre pasado estuvo a punto de perder mi materia" había escuchado al profesor de química murmurar unos días atrás al entregar el trabajo, lo que le hizo pensar que esa repentina "mejoría" se debía a algo de lo que se había perdido entre las lagunas mentales.

'O alguien...' pensó cuándo un par de ojos dorados se colaron en su mente.

La diminuta chica de grandes anteojos, lengua mordaz y gran inteligencia aparecía en su mente muy a menudo. Se sentía extraño de estar cerca de ella, aunque todo parecía bastante fluído y natural, podía percibir cierta tensión entre ambos. No sabía si eran imaginaciones suyas, pero casi podía jurar que la pequeña Holt tenía una pieza de información que a él le faltaba. Y eso le resultaba extremadamente estresante.

Siempre había tenido una personalidad hermética y solitaria. Había sido un especie de mecanismo de autodefensa que le había funcionado bastante bien durante esos años y, hasta antes de llegar con Shiro y Adam, había procurado no encariñarse con nada ni nadie, pues nada era seguro en su situación.

Por ello era que la mirada inquisitiva de Pidge le resultaba tan intrigante. Esos enormes e inteligentes ojos dorados parecían leerlo a la perfección, cómo si de un libro abierto se tratara. Dudaba de haber roto sus propias reglas con ella antes del accidente, pero le intrigaba el qué sabría ella sobre él que él mismo no recordara.

Una parte de su interior le decía que se alejara, que la alejara. Pero si se alejaba de ella, debía alejarse también de Hunk y Lance a quienes, sorprendentemente, de verdad consideraba sus amigos. Y en el fondo no deseaba hacerlo. Después de todo, se sentía bien finalmente pertenecer a un grupo, aunque jamás lo admitiría en voz alta.

Se dió vuelta sobre su costado y dejó que la pesadez que se había instalado en sus ojos se extendiera por el resto de su cuerpo. Aún con todos esos pensamientos en la mente, fue quedándose dormido nuevamente.

"- De verdad eres malo con esto, Keith-le dijo una voz, riendo.

- No te burles, no es tan sencillo...-respondió su propia voz, con un tono de fingida molestia.

- Oohh vamos, no te enojes Mr. Emo. Te explico de nuevo, no es tan difícil ¡en serio!-otra risita.

- Bien... pero no me llames así-refunfuñó..."

- ¿Ves? No es tan complicado- repitió Pidge mientras veía, frustrada, cómo Lance se volvía a rascar la nuca y la miraba con una confusión latente en su rostro. Cuándo la sonrisa cínica bailoteo en el rostro del latino, no pudo más que soltar un bufido y echar la cabeza hacía atrás, derrotada. Llevaban casi una hora en la biblioteca y, a estas alturas, enseñarle el ciclo de Krebs a Lance le parecía más difícil que cuando había sido obligada a ir a un campamento de verano y volvió con el peor brote alérgico de su vida.

Sopló uno de los mechones de cabello que le caían por la frente y regresó la vista al frente.

- Oook... vamos de nuevo-le dijo conteniendo su frustración. Al final del día no era culpa de su amigo, ella había aprendido sobre estos temas desde pequeña, sobre todo por la carrera en bio botánica de su madre, por lo que, en su familia, eran conocimientos tan elementales cómo leer y escribir. Los demás chicos de su edad no aprendían todo eso hasta la preparatoria justo cómo Lance en ese momento. Y si debía ser honesta, la profesora de biología no era muy buena explicando.

- ¿Podemos descansar un momento? Me duele el cerebro...-replicó el moreno, muy concentrado en juguetear con un pedazo de borrador que había sobre la mesa.

- ¡Lance! El examen es el lunes y no puedes ni siquiera nombrarme cuántos ATP se producen durante la respiración aerobia y anaerobia. Si seguimos así, volverás a reprobar.

- Lo sé, lo sé... pero no entiendo esto de "respiración celular" o "metabolismo celular" o lo que sea. Y cuándo creo que por fin lo entiendo tú o la profesora Sander dicen algo que me termina de confundir de nuevo.

Lance hundió la cabeza entre sus brazos frustrado y Pidge se rascó la cabeza con su lápiz, pensativa, tratando de idear alguna estrategia nueva para ayudar a su amigo. Pero su mente viajó al semestre pasado. Se sentaba en esa misma mesa con Keith a estudiar química cuándo se enteró que estaba a punto de perder la materia. Era muy diferente estudiar con él, Keith se tomaba muy en serio el objetivo. Demasiado en serio en algunas ocasiones, pero se esforzaba profundamente hasta que entendía el tema. Lance era un caso aparte, cualquier cosa lo distraía y era muy difícil captar su atención.

Lance la miró por el rabillo del ojo entre los pliegues de su chaqueta y soltó una risita.

- ¿Qué?- le preguntó frunciendo el ceño.

- Nada...-dijo el latino estirándose perezosamente en su asiento-. Qué por la mirada que pusiste, estoy seguro de que estabas pensando en Mr. Emo.

- ¿Qué? ¡Claro que no!-exclamó, ganándose una mirada desaprobadora por parte de la bibliotecaria y un susurro generalizado de parte de los demás compañeros que se encontraban en el lugar.

- Eso sólo me lo confirma ¿sabes?-Lance recargó los codos sobre la mesa con una expresión burlona que la hizo sonrojarse. Levantó el libro en un intento de ocultar su rostro.

- No sé qué tiene que ver él con el ciclo de Krebs-masculló molesta.

- Pues supongo que tiene que ver qué preferirías estar estudiando con él en lugar de conmigo ¿no?

- Tal vez porque él se esfuerza en entender el tema en lugar de jugar con un pedazo de goma.

- Tal vez porque extrañas poder mirar su estúpida cara todo el tiempo sin que se incomode-le remató el latino con su típico humor. Katie sólo hizo una mueca y se cruzó de brazos- ¿Por qué no lo invitas a estudiar contigo? No creo que se niegue.

- No lo sé, Lance...-admitió derrotada. Cuándo se trataba de sentimientos, nada, absolutamente nada, se le escapaba al cubano-. Creo que sería incómodo. Ya de por sí fue muy incómodo cuándo fui a su casa...

- Pero, en esa ocasión él no sabía que irías. Y tú no sabías lo que le había pasado. Es normal que haya sido incómodo. Anímate, no es cómo que lo fueras a invitar a una cita.

La sola idea removió en el interior de Katie sensaciones encontradas. Por un lado se apoderó de ella un pánico indescriptible ante la mención de 'una cita', pero por el otro su corazón se retorció con anhelo. Era verdad que había pensado en eso antes del accidente, pero la situación era muy distinta en esa ocasión.

Sacudió la cabeza tratando de volver a la realidad y al problema que necesitaba resolver en ese momento. Comenzó a decirle algo a Lance, pero pronto se dio cuenta de que la atención del latino se le había escapado por completo. Su amigo estaba mirando hacia un punto fijo con una expresión bobalicona y los ojos muy abiertos. Pidge dirigió su mirada a dónde estaba clavada la mirada del chico y entendió el porqué había perdido tan bruscamente su atención.

- Si yo fuera Allura ya te habría metido un reporte por acoso- le susurró por lo bajo a su amigo, quien salió de golpe de su ensoñación.

- ¿Qué dices?-le susurró con tono alarmado-. No la estaba mirando.

- Si, claro...-respondió ella con ironía-. ¿Por qué no simplemente vas y le hablas? No pierdes nada, Lance.

- ¡No juegues, Pidge! No es tan simple...-trató de excusarse el latino, volteando el rostro para que su amiga no notara el sonrojo.

- ¿Ahh no?-Pidge lo miró alzando una ceja y, acto seguido, se medio incorporó sobre la mesa, levantó su mano y la sacudió para llamar la atención de la chica a unos metros de ellos-¡Allura!

La chica volteó y le dedicó una sonrisa amable, se acercó a la mesa mientras Lance sentía cada vez más crecer el sonrojo en su rostro.

- Hola Katie, ¿qué haces tan temprano en la escuela?

- ¿Recuerdas a Lance?-le dijo señalando al chico que parecía haberse paralizado en su sitio-. Nos reunimos para estudiar para el examen de biología. ¿Y tú, qué haces aquí?

- Ahh si, hola Lance-le saludó la chica con una media sonrisa, Lance emitió un "Hola" apenas audible en respuesta antes de que la atención de Allura volviera a su compañera-. Vine a buscar un libro que necesito para mi clase de arte.

- Genial-respondió la castaña con una sonrisa-. Por cierto, tengo algo que seguro te llamará la atención. Te lo muestro en la clase de matemáticas avanzadas ¿está bien?

- Grandioso-le dijo la chica antes de levantarse-. Nos vemos de rato, Katie. Hasta luego, Lance-se despidió con una sonrisa y se perdió entre los pasillos de la biblioteca.

- Vale. Hasta al rato, Allura-respondió Pidge. Una vez la chica se perdió de su vista volteó a ver a su compañero que seguía paralizado en su asiento-. ¿Ves? No es tan difícil.

- No vuelvas a hacer eso, Pidge-le reclamó el chico hundiendo la cara entre sus manos.

- Ohhhh vamos, Lance. No es tan malo. Seguro ya lo olvidó.

- No creo-gimió el chico desde su posición. Katie rodó los ojos y sacó su celular, sólo para darse cuenta de que ya tenían cerca la hora de su primera clase.

- ¡Ooooh no! Lance, se nos hace tarde-exclamó mostrándole la hora en su pantalla a su amigo, quien saltó de la mesa. Ambos comenzaron a recoger sus cuadernos, libros y lápices, amontonándolos en su mochila frenéticamente. Caminaron rápidamente hacia la salida, pero en la puerta de entrada algo cruzó por la mente de la chica.

- Demonios, me olvidé-dijo palmeándose la cara.

- ¿Qué pasa?

- Tengo que buscar un libro que me pidieron en la clase de física aplicada-dijo frunciendo los labios-. Ve tú a la clase, al profesor no le importará si yo llego tarde, pero a ti si te va a amonestar.

- De acuerdo, con cuidado enana. Te veo en el salón-se apresuró a despedirse Lance, echando a correr hacia el edificio en el que tenían sus clases.

- ¡NO ME DIGAS ENANA!-le reclamó antes de meterse de nuevo en la biblioteca.

Keith se detuvo un momento en la entrada de la clase, tallándose el rostro con la mano en un vano intento de disipar el cansancio del que se sentía preso. No había podido dormir muy bien después de despertarse a mitad de la noche con aquella pesadilla tan conocida y su cuerpo le estaba reclamando la falta de descanso.

Afortunadamente parecía que el profesor no había llegado aún, así que tenía unos segundos para tratar de espabilar antes de la clase.

Aún con los ojos cerrados, soltó un bostezo largo y, de pronto, sintió un cuerpo pequeño colisionar contra su propio cuerpo de manera abrupta. Abrió los ojos y sus brazos se cerraron alrededor del cuerpo que lo golpeó, en una reacción instintiva, evitando que quien lo había golpeado cayera al suelo debido al rebote del impacto. Le tomó un momento darse cuenta de que se trataba de Pidge.

Ella, aún con los ojos cerrados y sobándose la frente, recuperó el equilibrio murmurando una disculpa.

- Lo siento, creo que no estaba mirando-le dijo, para luego levantar el rostro y mirarlo. El rostro de la chica pareció mostrar sorpresa por un milisegundo-... ¡Keith! Hola.

Él suavizó su expresión.

- Descuida, yo tampoco estaba mirando-le dijo. Ella se asomó al salón y soltó un suspiro aliviado, quizá de darse cuenta que aún no aparecía el profesor-. ¿Estás bien?

- Sí-respondió ella, dedicándole una sonrisa sincera-. Es que me entretuve en la biblioteca y pensé que llegaría tarde. Y tú, ¿estás bien?- la mirada de la chica cambió a una más analítica e incluso inclinó la cabeza a un lado con curiosidad-. Te ves terrible.

- No dormí muy bien-se sinceró, sabiendo que a ella nada se le escapaba.

- ¿Pesadillas de nuevo?-le preguntó ella, sinceramente preocupada, y un escalofrío recorrió su espalda a la vez que una sensación desagradable se instaló en la boca de su estómago, alertándolo. En ese momento la chica saltó alarmada y, antes de que pudiera decir otra cosa, ella lo tomó de la mano y lo jaló al interior del salón y hasta su asiento. La miró extrañado hasta que vio entrar al profesor al aula y comprendió la actitud de su amiga.

Volteó a verla y ella le guiñó el ojo en respuesta. con una actitud relajada.

...

Las horas le pasaron Keith cómo en un sueño, en parte por el cansancio acumulado y en parte por la preocupación.

"¿Pesadillas de nuevo?" esa pregunta en labios de la chica de ojos miel no dejaba de repetirse en su cabeza una y otra vez. ¿Cómo sabía ella sobre las pesadillas? Nunca se lo había contado a nadie, ni siquiera a Shiro con quién siempre hablaba de las cosas que le preocupaban. Aquello que pasaba en sus sueños durante la noche era un secreto casi sagrado consigo mismo. No había manera de que él se lo hubiera contado a ella ¿o si?

La cabeza comenzó a dolerle por el esfuerzo de intentar acceder a esos recuerdos bloqueados tras el accidente.

Cuándo llegó la hora del almuerzo salió velozmente del aula, sin molestarse en esperar a sus amigos y fue a sentarse debajo de las gradas. Agradeció el aire fresco y el calor de un par de rayos de sol que se filtraban a través de las gradas. Eso lo relajó un poco, pero no disipó la preocupación que anidaba en su pecho.

En la tarde, al llegar a casa, se dejó caer en la cama y sus ojos se cerraron casi automáticamente. Descansó unas cuantas horas en un sueño ligero pero reparador. Se despertó ya entrada la noche al escuchar a Shiro llamarlo para cenar desde la cocina. Se sentó en la cama y se estiró con los brazos hacia el techo, soltando un largo bostezo.

- ¡Keith! ¡Ya está servido!-la voz de Adam se escuchaba ligeramente impaciente, por lo que supuso que ya tenían un rato llamándolo.

- ¡Voy!-respondió, mientras revisaba su celular. Tenía un mensaje nuevo de Pidge.

Today

Pidge: ¡Hola! ¿Cómo estás? [17:35]

Pidge: [Este mensaje ha sido eliminado] [18:15]

Pidge: Quería saber si te gustaría que estudiaramos juntos. Noté que biología te está costando un poco y el exámen es pronto. ¿Te parece? [19:02]

Frunció los labios antes de teclear rápidamente una respuesta y se levantó de la cama apresuradamente para ir al comedor.

Estaba sentada en su escritorio resolviendo los ejercicios que la profesora de matemáticas avanzadas le había dejado. Se suponía que tenía más tiempo para hacerlos, pero en ese momento necesitaba relajarse un poco y resolver matemáticas era, a menudo, su manera de relajación favorita.

Su teléfono sonó desde el mueble de al lado, dónde solía ponerlo a cargar. Levantó la mirada del cuaderno por primera vez en ¿dos? ¿tal vez tres horas? y se estiró hasta el librero para alcanzar el aparato.

Today.

Keith: Hola. Estoy bien, gracias. [20:11]

|Tú: Quería saber si te gustaría que estudiaramos juntos. Noté que biología te está costando un poco y el exámen es pronto. ¿Te parece?

Replied: Creo que estudiaré por mi cuenta por ahora. Pero gracias por preguntar. [20:12]

Katie suspiró frustrada. "Ahora sí la regué." se recriminó a sí misma, recordando el incidente de la mañana y la expresión que Keith había puesto cuándo se le escapó aquel comentario sobre pesadillas.

Tú: Ok, está bien :) [20:16]

Si necesitas ayuda con algo no dudes en decírmelo ¿de acuerdo? [20:17]

Dejó el teléfono a un lado y recargó su barbilla en su mano, pensativa. El recuerdo de una de sus reuniones de estudio, de meses atrás, vino a su cabeza.

...

Estaba cansada, demasiado cansada. La noche la había pasado entre pesadillas y despertares agotadores. El hecho de que siempre fueran las mismas pesadillas no la ayudaba. Ya habían pasado casi ocho años de aquel evento, pero seguía apareciendo en su subconsciente.

Bostezó por enésima vez en la tarde y se estiró tratando de desentumecer un poco su mente. Sintió la mirada intensa del chico sentado a su lado posándose insistentemente en ella.

- ¿Qué?-preguntó inocentemente.

- Nada, es sólo que...-Keith dudó unos segundos-. ¿Estás bien? Te ves cansada.

- No es nada-dijo volviendo a estirarse-. Es que, no dormí bien anoche.

- Podemos seguir mañana, si quieres- le dijo Kogane, haciendo ademán de comenzar a guardar sus libros. Ella lo pensó por un momento y asintió.

- Sí, creo que sería lo mejor-accedió luego de rascarse la cabeza-. Perdona, no estoy nada concentrada hoy.

Keith la miró, dejando de lado por un momento la tarea de guardar sus libros. Ella sintió que esos ojos oscuros podían leer su mente y se sonrojó ligeramente.

- ¿Segura que estás bien, Katie?

"Katie" no supo porqué, pero le gustaba su nombre en la voz de su amigo. Sin embargo, el recuerdo de las pesadillas de la noche anterior se instaló en sus pensamientos cómo una sombra oscura. Suspiró, derrotada.

- Si, estoy bien Keith. Es que, suelo tener pesadillas en las noches de tormenta cómo la de anoche-dijo forzando una sonrisa-. Pero no es nada, espero hoy descansar bien.

- Entiendo...-susurró el chico, devolviendo su atención al contenido de su mochila-. Yo también tengo pesadillas a veces-susurró en un tono apenas audible, pero lo suficiente cómo para que ella lo escuchara. Se quedó sorprendida por un momento por aquella confidencia.

- Las pesadillas son un dolor de trasero-respondió en un tono refunfuñón que le sacó una sonrisa al chico. Terminaron de recoger sus cosas y ambos se levantaron de la mesa estirándose perezosamente a la par.

- Bueno... ¿nos vemos mañana?-le preguntó el chico con una mirada relajada.

- Claro, Mr. Emo, te veo mañana aquí-le dijo dándole un golpecito en el brazo, mientras ambos caminaban hacia la salida de la biblioteca.

- ¿Algún día dejarás de decirme así?-le refunfuñó el chico.

- Mmmmm...-ella fingió pensarselo por un rato-. Nop-respondió riendo y arrancándole una risa también a él. Ella notó que él quería decir algo, pero en eso vio el autobús que usaba para volver a casa acercándose a la parada, por lo que apresuró el paso para alcanzarlo. Él se quedó mirándola hasta que subió al autobús y ella se despidió por la ventana con una mano antes de que él comenzara a caminar en la dirección opuesta en la que había llegado el autobús.

Unos minutos después ella sacó su teléfono del bolsillo de su campera para enviar un mensaje.

Today

Tú: Descuida, Mr. Emo. Tu secreto está a salvo conmigo ;) [17:02]