*Especial Keithtober*
(3 meses antes del accidente)
- Oook... ¡No tengo idea de qué hacer con esto!- exclamó Pidge al aire una vez que tuvo todo lo que necesitaba en la mesa frente a sí.
Sabía resolver ejercicios de cálculo avanzado, sabía las leyes de la física al derecho y al revés e incluso entendía muchas cosas sobre física cuántica. Había aprendido programación desde que era pequeña, a sus catorce años de edad sabía muchas cosas que la mayoría de las personas aprendían hasta la Universidad. No en vano la habían adelantado casi tres años en la escuela, pues sus profesores de secundaria estaban hartos de ella y su capacidad intelectual. ¿Necesitabas un aditivo químico para llenar de humo el laboratorio? Ella lo tenía ¿Tu computadora tenía problemas y no sabías cómo resolverlo? Ella podía resolverlo de un vistazo ¿Querías construir un robot gigante para llenar de pánico a los profesores y perder clases? Ella era tu chica.
Pero jamás de los jamases se había imaginado que se sentiría tan inferior al tener enfrente un montón de harina, azúcar y algunas otras cosas más.
Y es que Pidge no cocinaba. Su mayor interacción con la cocina en su vida había sido ayudarle a su madre a cortar vegetales para la cena o servirse un plato de cereal con leche para desayunar cuándo su madre estaba demasiado ocupada y ella no tenía tiempo para preparar algo más elaborado cómo un sandwich.
¡Un sandwich! Eso era lo máximo que había hecho Pidge en su vida. Y por lo general no se conflictuaba con ese tema. Siempre había dicho que era más que capaz de sobrevivir a base de sandwiches y cereales.
Entonces ¿por qué en ese momento se encontraba frente a un arsenal de ingredientes con la intención de preparar un pastel cuándo no tenía ninguna idea de por dónde comenzar? Suspiró con frustración, considerándolo una vez más.
Se subió las mangas de su sudadera hasta los codos y tomó su tableta con decisión. Revisó la receta una y otra vez antes de decidirse a tocar uno solo de los ingredientes. Le gustaba sentir que tenía el control sobre lo que hacía, que cada uno de los pasos los conocía y los dominaba. Una vez que sintió que entendía bien lo que se suponía que iba a hacer, se decidió a ponerse manos a la obra.
Mientras medía y mezclaba los ingredientes con una calma calculadora y precisa, se dedicó a pensar en el chico por el que estaba haciendo aquel desastre calculado.
Había sido un dolor en el trasero para sus profesores de primaria y secundaria durante la mayor parte de su vida. Siempre cuestionaba cada cosa que decían y refutaba la mayor parte de los temas que los profesores trataban de enseñar y, a menudo, acababa en discusiones vacías en las que la conclusión obvia era que callara y "aprendiera" sin rechistar.
Hasta que una profesora en secundaria sugirió a sus padres la posibilidad de adelantarla algunos años para que se sintiera más cómoda con el nivel educativo. Pidge sospechaba que en realidad se querían deshacer de ella a como diera lugar.
Así fue como, unas semanas atrás, había llegado al segundo año de preparatoria con solo catorce años de edad. No era lo que esperaba, pero era muchísimo más entretenido que su antigua clase, así que se conformaría por un par de años con eso.
Keith era un chico reservado que se sentaba hasta el fondo del salón, lejos de la vista de todo el mundo. Casi no hablaba y, hasta dónde había visto, no se relacionaba con nadie de la escuela. De hecho ella ni siquiera lo había notado, hasta un mes después que la profesora de física les había asignado un proyecto juntos.
Cuándo la profesora mencionó a Kogane, ella no tenía ni idea de quién era el compañero que le había tocado. Se acercó a Lance a preguntarle en medio del revuelo en el que sus compañeros se ponían de acuerdo. Lance puso una mirada extraña y le señaló con la cabeza al chico de cabello negro y chaqueta roja que aún se encontraba sentado al fondo mirando por la ventana con un claro desinterés. Ella suspiró frustrada y apartó la mirada por un momento para juntar valor.
- ¿Quieres hablar del proyecto?-una voz, suave y calmada, la tomó por sorpresa. Se dio la vuelta para encontrarse con él parado a poco más de un metro de ella, mirándola interrogantemente.
- S..sí...-respondió asintiendo con la cabeza y sonrío. "Es taan emo" pensó ella y ese pensamiento le provocó gracia.
Se reunieron los días siguientes, un par de veces en casa de ella y otras tantas en casa de él. Katie descubrió que si bien, era demasiado reservado con todo lo que tenía que ver consigo mismo, si comenzaba a sentirse en confianza podía sacarle algunos detalles sobre su vida e incluso podía hacerlo reír una o dos veces.
Una de aquellas veces, mientras estudiaban cada uno un libro diferente sobre planetas y Leyes de la Gravitación, sacados de la biblioteca de su padre. Estaban sentados en el suelo de la sala del departamento de Keith, cuando ella tomó un segundo para estirar el cuello y la espalda. Luego de tallarse los ojos le llamó la atención lo concentrado que se encontraba Keith en su lectura. No había movido un sólo músculo desde que habían comenzado a estudiar y, de no ser por el movimiento de sus pestañas y el brillo de su mirada que se filtraba a traves de los mechones negros de cabello que caían sobre su frente, pensaría que se había quedado dormido en esa incómoda posición con la mejilla apoyada en la palma de su mano y su cabeza oscilando sobre el libro.
Sin darse cuenta ya lo estaba mirando fijamente, tratando de adivinar si realmente estaba despierto o se había quedado dormido con los ojos abiertos.
Seguramente él comenzó a sentir su mirada fija en él, porque se removió incómodo un momento y Pidge pudo notar cómo su mirada bailaba de un lado a otro, antes de soltar un suspiro y voltear a verla con una ligera mirada de molestia y una ceja enarcada que le daba un aire severo a sus ojos oscuros.
- ¿Pasa algo?- le preguntó con un tono ligeramente defensivo. Pidge no pudo evitar sonreír en ese momento. Por la forma en que Lance se refería a él, Pidge esperaba que fuera un chico duro y algo agresivo. Pero los últimos días esa idea había ido perdiendo fuerza hasta creer que toda esa fama sobre él era una simple fachada que a él le gustaba mantener. Se había propuesto averiguarlo antes de acabar el proyecto.
Soltó una sonrisa descarada y alzó una ceja con ironía.
- Por un momento pensé que te habías quedado dormido, Mr. Emo.
Los ojos del chico se abrieron sorprendidos para luego fruncir el ceño con disgusto.
- No me llames así.
- ¿Por qué no?-le dijo con un ligero tono de desafío. Él sólo desvió la mirada y zumbó molesto, devolviendo su atención al libro-. No te enfades-dijo ella al cabo de un momento, inclinándose ligeramente sobre la mesa-. Quería sacar conversación, eres muy callado- Keith la miró y ella pudo notar cierta desconfianza en su mirada, aunque también notó un ligero brillo de ¿curiosidad?-... pensé que podríamos descansar un poco, antes de seguir quemándonos las pestañas.
Un suspiro cansado antes de enderezarse le indicó a Pidge que había dado en el clavo. No estaba segura de hasta dónde podría presionar con este chico, pero la curiosidad por este chico la carcomía. Se sentía como si estuviera ante un nuevo algoritmo de programación, ansiosa por desencriptar y saber todo de él.
- ¿Quieres un poco de soda?-le dijo Keith mientras se levantaba luego de estirarse perezosamente, como un gato.
- Sí, por favor- se levantó y lo siguió hasta la cocina del departamento. Keith sacó un par de vasos grandes y les sirvió algo de soda que sacó del refrigerador. Le tendió uno a ella mientras se sentaba distraídamente en la barra de la cocina. Ella intentó imitarlo, pero resbaló ligeramente al tratar de sentarse soltando un ligero grito de sorpresa.
- Maldita sea-gruñó mientras recalculaba su movimiento para poder sentarse adecuadamente en el banco-. Estos bancos son para gigantes- se quejó reacomodándose los lentes y sopló un mechón de cabello que le había caído sobre los ojos. El sonido de una risa contenida llamó su atención. Miró a Keith quien trataba de ahogar una risa presionando su boca con su mano-. ¡Riete! Es divertido-le espetó y ambos se soltaron a reír.
- Lo siento-dijo él al cabo de un rato, llevándose su vaso a los labios.
- No te disculpes, esto me pasa a menudo-dijo ella con una mueca-. Aunque las cosas aquí son más altas de lo normal, ¿Acaso estoy en Brobdingnag?-le dijo con tono irónico. Keith soltó una carcajada involuntariamente, escupiendo el refresco que había tomado un momento antes. Afortunadamente alcanzó a darse la vuelta y no la salpicó. Pidge lo miró entre sorprendida y emocionada mientras él se recomponía y pasaba una servilleta por su barbilla.
- ¿Eso en que me convierte?-le dijo él, entre risas- ¿El granjero?
- Pensaba más bien en la hija del granjero-le dijo pícaramente.
Ambos rieron abiertamente.
- No pensé que te gustará "Los viajes de Gulliver"-le dijo al cabo de un rato.
- Bastante-respondió él, más relajado-. Lo leí de pequeño, junto a mi padre.
- Si es más alto que tú, seguramente si atravesé un portal a Brobdingnag al entrar en tu casa- Keith se tensó y desvió su mirada de ella, quedándose mirando a un punto fijo. Ella lo miró preocupada "¿Ahora qué hice?" se preguntó-. ¿Dije algo malo?
- No... nada- dijo él soltando un suspiro. Cuándo la volvió a mirar ella pudo notar que su mirada había perdido el brillo.- Él murió.
- Ooohhh... lo siento, no sabía.
- Está bien... fue hace mucho...- Keith volvió a darle un sorbo a su refresco, ella hizo lo propio con el suyo ligeramente incómoda.
- ¿Y cuál te parecía más interesante?- Keith la miró-. De los lugares que visitó Gulliver ¿a cuál quisieras ir?
- Mmmm... no lo sé... ¿tú?
- A Liliput- dijo ella sin dudar-. Me encantaría ser más alta que el resto del mundo por una vez en mi vida.
Ambos rieron y continuaron conversando, primero sobre el libro y después sobre alguna teoría conspirativa que se les ocurrió. Luego de un rato volvieron a la sala a seguir con el trabajo.
- Bueno, a seguir quemándonos neuronas-dijo ella. Él le sonrió mientras se acomodaba nuevamente en el suelo frente al libro.
Continuaron estudiando durante un buen rato más, compartiendo algún que otro detalle de los textos que les parecía interesante o útil para el trabajo que realizaban. Cuándo se dieron cuenta ya era tarde y ella debía volver a casa. Katie comenzó a guardar sus cosas en su mochila mientras Keith se estiraba y llevaba sus libros y cuadernos a su cuarto. Ella cerró su mochila y se la colgó a la espalda, metió las manos en los bolsillos de su sudadera y observó el departamento distraídamente hasta que Keith salió de nuevo.
- Vamos, te acompaño hasta la parada del autobús-le dijo él tomando su típica chaqueta roja de un gancho cerca a la puerta.
- Claro-dijo ella y ambos se encaminaron a la salida. Bajaron las escaleras del complejo de departamentos sin prisa y comenzaron a caminar por la vereda uno al lado del otro.- Entonces... ¿cuándo cumples años?-preguntó ella distraídamente.
- ¿Que?
- Tu cumpleaños ¿cuándo es? El mío es el 3 de Abril.
- 23 de Octubre-respondió él secamente. Ella asintió mientras seguían caminando, luego se detuvo al caer en cuenta de algo.
- ¡Es en menos de dos semanas!-exclamó, apresurando sus pasos para volver a alcanzar al chico.
- Emmm... si...-respondió él pensativo-. Eso creo.
- Falta muy poco-le sonrió- ¿cuántos cumples?
- Diecisiete...- se quedó callado un momento en el que pareció meditar algo- pero en realidad no es como que me importe mucho que digamos.
Ella lo miró con curiosidad. Continuaron el resto del camino en silencio hasta que llegaron a la parada del autobús. Intentaba decidir si preguntar o no lo que tenía en la mente, cuándo la voz del chico rompió el silencio.
- Hace años que no celebro-dijo mirando fijamente hacia el horizonte-. Antes lo hacía, pero cuándo murió mi padre... simplemente perdió importancia.
- Entiendo...-dijo ella, jugueteó con sus dedos en un intento de no mirarlo fijamente-. Lo siento mucho.
Él volteó a mirarla y le dedicó una sonrisa tímida.
- No te preocupes. Está bien. Eso pasó hace mucho, ya no es importante.
- De acuerdo-dijo ella, aunque no estaba segura de creerle. Luego se le ocurrió - ¿Y el pastel?-le dijo enarcando una ceja, él frunció el ceño- ¿No te gusta el pastel?
- Ahhh eso-le dijo soltando una ligera risa contenida-... claro, aunque hace mucho que no tengo uno de cumpleaños.
- ¡¿QUÉ?!-le dijo ella con un tono exagerado que los hizo reír a ambos-. ¡No es posible que digas eso! ¡No es cumpleaños sin pastel, Mr. Emo!
- Otra vez-le dijo él riendo-. ¿Por qué me dices Mr. Emo?
- Esto...-ella se mordió el labio tratando de ocultar una sonrisa burlona y girando los ojos en un gesto divertido-. Sólo se me ocurrió.
Él sacudió la cabeza con una sonrisa. Pidge pensó que iba a decir algo, pero en eso vieron el autobús que iba llegando y se despidió apresuradamente para subirse.
Un rato después sacó su teléfono del bolsillo de la chaqueta y decidió enviar un mensaje.
Today:
Tú: ¿Chocolate o vainilla? :thinking: [20:03]
Kogane: ¿? [20:05]
Tú: ¡Pastel! ¿Qué más? :eyes:
Tú: ¿Chocolate, vainilla, fresas, mantequilla? ¿Cuál te gusta más? :eyes:
Kogane: Mmmm... no lo sé... [20:07]
Kogane: Mientras sea pastel, supongo que es bueno [20:08]
Pidge rodó los ojos ante esa respuesta.
Tú: Ok, Mr. Emo. Supongo que tienes razón [20:09]
Kogane: :man_facepalming: [20:10]
- ¿¡KATIE!? -la voz sorprendida de su mamá la trajo de vuelta a la realidad. Era su tercer intento de hacer la masa. Las dos anteriores se habían acabado en un desastre lleno de grumos y de un aspecto poco apetecible. Esta le estaba quedando mucho mejor de lo que esperaba y comenzaba a tener una sensación de triunfo.
- ¿Qué pasa, ma?-respondió ella, buscándola con la mirada. Colleen acababa de entrar a la cocina con una bolsa de compras y la miraba con una expresión entre la sorpresa y la ironía.
- ¿Qué estás haciendo, hija? Nunca entras a la cocina a menos que sea para comer un cereal o un sándwich- se acercó a ella y le puso la mano en la frente cómo buscando fiebre- ¿Acaso estás enferma, hija? -le dijo ahogando una risita irónica. Katie enarcó una ceja e hizo una mueca de disgusto con la boca.
- Ja-ja-ja...-le dijo con sarcasmo, luego soltó una risita divertida- Sólo intento hacer un pastel, mamá ¿qué tiene de raro?
- Que tú nunca haces pasteles, hija. ¿Que mosco te picó?
- No es nada-se encogió de hombros-. Es para un amigo.
Colleen sonrió comprensiva y despeinó a su hija, que gruñó en respuesta.
- Bueno, te ayudaré un poco-le dijo acercándose para revisar lo que hacía.
Keith llegó a casa de Katie cinco minutos antes de la hora que habían quedado. Tocó el botón del timbre y esperó pacientemente afuera. Le agradaba la chica genio de su clase, en las últimas semanas se había convertido en su amiga y, aunque una parte de él aún estaba renuente a aceptar la cercanía, era muy sencillo hablar con ella. Se sentía cómodo y le agradaba tener a una amiga de nuevo.
La madre de Katie abrió la puerta.
- Ahh, hola Keith. Pasa-lo saludó con la misma calidez que la caracterizaba. Él sonrió y entró en la casa-. Katie ahora viene, le avisaré que llegaste.
- Gracias-respondió en voz baja y se sentó en la sala pensativo.
- Katie-gritó ella caminando al interior de la vivienda-. ¡Pidge! Tu amigo llegó.
- ¡Ya voy!- se escuchó la voz de Katie desde el interior. Keith sonrió.
Esa mañana, cómo cada año, Shiro le había preguntado insistentemente qué quería por su cumpleaños. Y él, cómo cada año, le había dicho que prefería dejar todo así.
No es que le gustara rechazarlo, pero simplemente no se sentía cómodo pidiendo más de lo que ya recibía. Shiro y Adam lo habían recibido en su casa luego de cinco años de ir de hogar temporal en hogar temporal y cada que llegaba a uno nuevo se sentía más atrapado que en el anterior. Contaba los minutos para cumplir la mayoría de edad y poder hacerse cargo de sí mismo.
Ellos habían sido de lo más pacientes, aún ante sus peores arrebatos de ira. Con el paso del tiempo se había vuelto a sentir seguro y en calma. Pero seguía sintiéndose inhibido cuándo se trataba de ese tipo de situaciones. Tenía más cosas de las que había creído que volvería a tener desde que había perdido a su padre, no necesitaba más.
Suspiró melancólico y giró la cabeza buscando algún rastro de su amiga.
Se suponía que le ayudaría a estudiar para su exámen de matemáticas, porque estaba en riesgo de perder la materia y necesitaba al menos una B- en los siguientes dos parciales si no quería pasar las vacaciones de verano en la escuela. Y realmente no tenía nada de ganas de pasar el verano en la escuela, sólo por eso le había pedido ayuda a Katie.
- Happy Birthday to you...-la voz de Katie lo sacó de sus pensamientos. Volteó la mirada hasta el lugar de dónde provenía la voz y su corazón dio un vuelco-... happy birthday to you... Happy Birthday, Mr. Emo-ella soltó una risita al decir aquello y él también rió-... Happy Birthday to you... -ella terminó la canción y se rió. Estaba hecha un desastre, con harina y manchas en el rostro y en la ropa. Estaba casi seguro de que también tenía algunas manchas en el cabello pero no estaba lo suficientemente cerca para comprobarlo. Llevaba en las manos un pastel mediano decorado con glaseado blanco y rojo, que llevaba una velita color rojo encendida y escrito en la cubierta "Feliz Cumpleaños, Mr. Emo" Sacudió la cabeza con diversión, resignado al ridículo apodo que ella le había puesto. La miró sonriéndole tan entusiasmada y sintió un nudo en su garganta-. Vamos, ¡pide un deseo!-le instó, emocionada. Se lo pensó un segundo, cerró los ojos inclinándose hacia el pastel y sopló la vela para apagarla. En ese justo momento ella levantó el pastel, provocando que se le embarrara un poco del glaseado en la nariz y la barbilla. Volvieron a reír mientras ella apoyaba el pastel en la mesa de la sala y se acomodaban en el suelo justo al lado.
- Katie, yo...-no sabía qué quería decir, las palabras se le habían acumulado en el pecho, atoradas por el nudo en su garganta. Ella le sonrió y llevó su mano a su rostro y quitó algo del glaseado con su dedo, para después llevárselo a los labios con una expresión divertida.
- Me quedó muy bueno-exclamó ella-. Tienes que probarlo, Mr. Emo.
Ambos rieron. Ella tomó un cuchillo y hasta ese momento Keith se dio cuenta de que en la mesa había puesto unos platos, cucharas y un par de vasos junto a una botella de soda. ¿Eso estaba allí cuándo llegó?
- Entonces...-dijo enarcando una ceja al recordar algo- ¿Pidge?
- ¡AYYY NOOO!-se quejó ella entre risas-. Bueno, en algún momento a alguien se le iba a salir. Es un apodo que me pusieron en la familia-le dijo mientras cortaba un par de rebanadas al pastel.
- ¿Por qué 'Pidge'?
- Por qué cuándo era más pequeña, me pasaba la vida en el tejado observando el cielo con mi telescopio de juguete que me trajo Santa Claus una navidad. Y decían que de tanto tiempo en el tejado me iba a acabar convirtiendo en un ave-rodó los ojos. Keith rió ante la idea-. Antes me molestaba mucho ese apodo, pero creo que está bien. Es original.
- Entonces ¿puedo llamarte Pidge?-preguntó con diversión. Katie lo apuntó con el cuchillo en un falso gesto de amenaza.
- No tientes a tu suerte, Mr. Emo-exclamó divertida.
- Oye... si tú me llamas Mr. Emo, creo que es justo que yo pueda llamarte Pidge.
Ella fingió pensarselo un segundo.
- Bien, supongo que es justo, Kitty Rose-le dijo con una sonrisa pícara.
- ¡Hey!-reclamó- ¿Desde cuándo se te ocurrió ese?
- Casi al mismo tiempo que Mr. Emo.
Keith se llevó la mano a la cara con frustración.
- ¡Me rindo! Dime cómo quieras.
- ¡Yaaay!-exclamó ella alzando los brazos en señal de victoria-. Hay que tomarnos una foto-se le ocurrió de repente, sacando su teléfono y encendiendo la cámara. Se acercó a él y extendió el brazo para tomar un par de selfies. Keith no se resistió e inclinó su cabeza sobre ella-. Listo, te las paso al rato-dijo guardando el teléfono y terminado de servir las rebanadas de pastel.
- Pidge...-la llamó al cabo de un rato. Ella zumbó en respuesta con la cuchara en la boca y volteó a mirarlo con curiosidad-... Gracias.
Ella sólo le sonrió y continuaron comiendo el pastel.
Una cálida sensación se instaló en el pecho de Keith. Se sentía bien.
(Presente)
Pidge se quedó mirando la fotografía en su computadora por un largo rato, recordando el desastre en la cocina que tuvo que limpiar después y la felicidad que sintió al ver la alegría en los ojos de Keith.
- Te extraño, Mr. Emo-dijo más para sí que para nadie en especial.
Su celular vibró y ella se apresuró a leer el mensaje.
Today:
Keith: Hola [19:32]
Tú: Hola [19:33]
No hubo respuesta por un rato y ella pensó que se habría arrepentido.
Keith: Perdona que moleste, pero... ¿me podrías ayudar con física? [19:45]
Keith: Necesito una C+ y no entiendo los últimos temas. No quiero perder la materia... [19:46]
Pidge sintió como si viviera un deja vú. Tecleó velozmente la respuesta.
Tú: Claro, sin problema. [19:48]
Tú: ¿Quieres venir el lunes a mi casa? [19:51]
Keith: Si, está bien. [19:53]
Keith: Gracias, en serio. [19:53]
